Nombres propios - Written by Archivo Calasanz on Martes, Agosto 12, 2008 2:10 - 0 Comments

Claudio Moyano y Samaniego

CLAUDIO MOYANO Y SAMANIEGO

Juan Carlos Polo (2006)

http://www.fuentelap.com/otros%20temas/peryper/mo­yano.htm

Claudio Moyano es uno de los personajes más importantes de la España del siglo XIX. Baste pensar que la Ley de Edu­cación que llevó su nombre permaneció en activo, con escasas variaciones hasta el año 1970.

Mucho se ha discutido sobre el lugar de nacimiento, pues tanto Fuentelapeña como La Bóveda de Toro se han dispu­tado dicho privilegio.

La realidad es que, según señala José María de Vicente en su obra La Bóveda de Toro. Memorias y documentos,-pese a que sus padres residían en Fuentelapeña, una serie de circunstancias fortuitas, hicieron que el alumbramiento se produ­jera en La Bóveda.

La madre, próximo ya el parto, se trasladó a dicho lugar a visitar a la familia, cuyas casas se conservan en la Plaza Mayor.

Cuando regresaba a Fuentelapeña vieron una partida de franceses que merodea­ban el lugar, razón por la que se vió forzada a volver a dicho lugar para evitar el peligro.

Antes de que la partida de franceses abandonara los alre­dedores de La Bóveda se produjo el alumbramiento, el día 30 de octubre de 1.809.

Días después volvieron madre e hijo a Fuentelapeña, donde el niño fue bautizado en la iglesia parroquial con en nombre de Claudio.

También se ha señalado a veces que la familia residía en La Bóveda y que el tras­lado a Fuentelapeña se produjo al incendiarse la casa familiar pocos días des­pués del naci­miento, lo que no creemos, pese a que se sigue conser­vando la vivienda de los Moyano-Samaniego en la Plaza de la primera de dichas localida­des.

También se ha tejido una cierta leyenda en torno al naci­miento de don Claudio en el pago de La Manga, donde rompen término los lugares de La Bóveda, Fuente­lapeña, Vadillo de la Guareña y Guarrate.

Su padre, Silverio Moyano, fue alcalde y regidor de La Bó­veda de Toro en diver­sas ocasiones entre 1.795 y 1.819 y alcalde constitucional de 1.820 y 1.823.

Estudió latinidad y filosofía en la Universidad de Sala­manca y luego en la de Valla­dolid, donde se doctoró, en 1.833, con tan sólo 23 años, en ambos dere­chos.

Pese a la tradición familiar, no desarrolló una intensa acti­vidad política ni en sus años de estudiante ni en los primeros de profesional.

Tras ejercer durante dos años la abogacía, en 1.835 fue nombrado catedrático de Instituciones Civiles de la univer­sidad de Valladolid. Un año más tarde lo sería de Economía Política.

COMIENZA SU ACTIVIDAD POLÍTICA

Poco a poco fue introduciéndose en la actividad política. Y así, unos meses más tarde, fue nombrado capitán de la milicia vallisoletana.

En 1.841 fue elevado al cargo de alcalde constitucional de Valladolid, lo que le granjeó una gran popularidad.

Poco tiempo después lograría el rectorado de la Universi­dad.

Aprovechando el gran tirón popular, fue Diputado a Cor­tes por Valladolid en ese mismo año 1.843.

Tan pronto como se suspendieron las sesiones parlamenta­rias, regresó a la ciu­dad donde ejercía, dando un fuerte impulso a la Universidad.

Así llevó a cabo unas grandes reformas, estableció un gabi­nete de Física e Histo­ria Natural, un laboratorio de Química; mejoró los instrumentos de los gabinetes de Me­dicina y Cirugía; y construyó una nueva Biblioteca Uni­versitaria.

En 1844 fue elegido diputado por Zamora. Destacando por su oposición a Nar­váez, más por motivos de procedi­miento que de fondo, pues cada vez se iba aproximando más a grupo moderado.

Fue separado temporalmente del rectorado de la universi­dad vallisoletana como consecuencia de las disposi­ciones legales que traspasaban esas funciones a los jefes políticos, aunque sé mantuvo en su cátedra.

En las siguientes Cortes, de 1846, fue elegido diputado por Toro. Desde entonces alcanzaría siempre un acta par­lamentaria por su distrito natal.

Ocupó, desde 1850, el cargo de rector de la Universidad Central de Madrid, en la que introdujo interesantes refor­mas; sin embargo, fue cesado al año siguiente.
Alcanzó gran notoriedad como orador parlamentario en 1851 al acusar de inmorali­dad al ministerio Bravo Murillo.

En 1853 fue nombrado Ministro de Fomento con el go­bierno del general Lersundi, aunque dejó el cargo por es­tar en desacuerdo con su jefe.

En 1856 volvió otra vez a ser Ministro de Fomento con Nar­váez, impulsando las obras públicas, sobre todo el ferrocarril, y la ley de reforma de la enseñanza que toma­ría su nombre. Cesó al año siguiente.

En 1864 volvió a la cartera de Fomento, por tercera vez, bajo la presidencia de Arrazaola.

Pero Moyano fue perdiendo su influencia al no unirse a Cánovas al producirse la Restauración, ya que nunca quiso renunciar a sus principios.

Principios férreos y puritanismo ideológico que le granjea­ron una aureola popular ya que sus compañeros nunca se sintieron seguros junto a él.

ÚLTIMOS AÑOS

Moyano era un hombre de fino humor, aunque algunos de sus actos (¿no?) serían fácilmente justificables en la actua­lidad. Así, se dice que, en 1853, poco después de tomar posesión como ministro de Fomento, traslado al Conserje del mismo a una dependencia donde no le viera el público, pues, hombre poco dotado por la naturaleza, había hecho saber que a feo no le ganaba nadie en el Minis­terio.

En 1881 fue elegido senador por la Universidad de Ma­drid, cargo que repitió en 1883.

En 1886 fue nombrado senador vitalicio por el gobierno de Sagasta, lo que le garan­tizaba su continuidad en la actividad política hasta el final de sus días.

De su actitud en estos tiempos, se señala que, con mo­tivo del primer matrimonio de Alfonso XII, pronunció un gran discurso en contra de aquel acontecimiento, aunque para salvar la dignidad de la reina, hizo de ella un cum­plido elogio.

Fue miembro numerario a la Academia de Ciencias Mora­les y Políticas desde su fundación, en la que participó acti­vamente, así como Presidente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Incluso el Congreso Pedagógico celebrado en Madrid lo eligió para que presidiera sus sesiones en homenaje a su gran aportación a la enseñanza y a la educación española.

Dirigió el periódico El Liberal.

Entre otras distinciones, desde 1864, estaba en poder de la gran cruz de Carlos III.

Su muerte se produjo en Madrid el 7 de marzo de 1890.

Su cadáver fue expuesto durante dos días en la Academia de Jurisprudencia.

Su traslado desde esta Institución hasta la estación de ferrocarril del Norte consti­tuyó una sentida manifesta­ción de duelo.

Sus restos fueron trasladados al panteón familiar de la familia Moyano en Fuentela­peña, su pueblo amado aun­que no naciera en él, donde se han seguido rin­diendo homenajes a su persona desde hace más de cien años.

SU PENSAMIENTO POLITICO

Claudio Moyano fue descrito, en 1851, por F. Vargas Ma­chuca y por V. Lobo Ruiz-Pérez en su obra El libro de la verdad o semblanzas de los diputados al Congreso de 1850, como un trabajador infatigable, que jamás faltaba a su clases de econo­mía política, de carácter afable y con una sólida formación, más propia de un hombre del siglo XVIII.

Pero tampoco olvidan que su tez oscura y su enorme boca le daban una aparien­cia poco grata, por lo que no dudan en señalar:

“Dice que aunque tiene agrado buen humor, prudencia rara y aunque las quejas separa y aunque no tiene mosta­chos causa susto a los muchachos que lo miran a la cara.”

Miguel Ángel Mateos Rodríguez en su artículo “Claudio Mo­yano (1809-1890), sem­blanza de un moderantista, ima­gen de una generación. La defensa del constitucio­nalismo político como sistema del régimen liberal”, publicado en Mode­rantismo y Educación en España. Estudios en tomo a la Ley Moyano, Zamora 1995, ha hecho una síntesis de su pensamiento político y de sus realizaciones.

Claudio Moyano puede ser considerado como un político liberal. Como tal defen­día el régimen constitucional como única vía para poder ejercer el gobierno, limi­tando el poder que hasta entonces había desarrollado la monar­quía absolu­tista.

Era partidario de la triple división de poderes y del desa­rrollo de la Hacienda Pública para una correcta administra­ción y reparto del erario público.

Aunque siempre tuvo claros sui objetivos, su carrera polí­tica se vio inmersa en los vaivenes de la política del mo­mento, de ahí que en un principió se adscri­biera al grupo liberal renovador de Madoz, Sagasti o Caballera para, más tarde, pasarse a la corriente centrista donde formará parte de la Unión Liberal.

Sin embargo formará gobierno posteriormente con uno de sus rivales más odia­dos, a partir de 1853, nos referimos a Narváez. Desde entonces defendió el Isabe­lismo mode­rado, y cuando Cánovas lo llama para formar el nuevo equipo de gobierno al partido de la Unión Liberal, no acep­taría porque se sintió traicionado por la mayoría de los que se decían sus amigos, por pasarse a defender los inter­eses del general Serrano en contra de los intereses de la monarquía.

A lo largo de estos años fue elegido Senador por la Univer­sidad Central, partici­pando en las legislaturas desde 1881 a 1883, siendo nombrado Senador Vitalicio a perpetuidad en 1886. Defendía además la propiedad pri­vada como único sistema de poder realizar el sistema polí­tico que convenía a la nación.

Pese a sus ideas, se sabe que defendió a Fernando VII en la Universidad de Sala­manca y de Valladolid en varias oca­siones.

Se consideraba a sí mismo un enciclopedista pues creía que la reforma del es­tado y el reparto equitativo de los bienes tenían que estar basados en una co­rrecta forma­ción del individuo.

Recordemos como dato curioso, que refleja su poder en la provincia de Zamora, que llegó a aparecer Claudio Mo­yano, en 1870, en la lista de los mayores contribu­yentes por contribución territorial el vigesimocuarto y que diez años antes de morir era el décimo.

Tenía una clara influencia y poder en Zamora y provincia ya que además de po­seer ese vasto patrimonio, llegó a ser catedrático de varias universidades y minis­tro de Fo­mento, a través de cuyos cargos, sobre todo de este úl­timo, controlaba ayudas gubernamentales y las posibles inversiones.

Por todo ello los ciudadanos se organizaron en dos grupos claramente diferencia­dos, los que apoyaban incondicio­nalmente a Claudio Moyano y sus detractores.

En el primero nos encontramos a amigos y compañeros de la Universidad, familia­res y otros políticos, tales como la familia Samaniego, los Montesinos, los Pedreros, los Avedi­llo o los Requejo.

Entre sus detractores nos encontramos sobre todo a oposi­tores políticos, entre los que destacaba en la ciudad el presidente del grupo moderantista autoritario Antonio de Jesús Arias, cuyo mecenas fue el conde de San Luis, en cuyo gobierno sería nombrado subsecretario; el juez José Sabater; Braulio Rodríguez, Genaro Rodríguez, diputado provincial por el distrito, Luis Casaseca o Fernando Piorno, entre otros.

SUS OBRAS

Numerosas inversiones en obras e industrias que consi­guió y dejó hechas este político zamorano en la ciudad y en la provincia, entre las que caben destacar:

  • El proyecto de vía férrea de Medina a Zamora pa­sando por Toro. Proyecto que contemplaba su pro­longación a Galicia, pasando por Alcañices, y a Oporto, por Braganza. Moyano llegó a prometer cor­tarse una mano si no lo­graba la prolongación de la vía férrea entre Zamora y Orense.
  • La mejora de la carretera de Valladolid a Zamora pa­sando por Tordesillas.
  • La mejora también de las carreteras Toro-Alaejos y Zamora-Fuentesaúco.
  • El proyecto de la continuación del Canal de Castilla desde Medina de Rio­seco a Toro, y que desgraciada­mente no se llevó a cabo.
  • La potenciación de la industria harinera,
  • La restauración de la iglesia parroquial de Santa Ma­ría de los Caballeros de Fuentelapeña, a la que posteriormente se le repararía la torre y se le añadi­ría un nuevo cuerpo, obra de Segundo Viloria.

Fuera de los estrechos límites provinciales zamoranos -y dejando al margen la ley de Instrucción Pública a la que luego nos referiremos-, Moyano impulsó gran­des obras públicas en toda España. Entre ellas destacan los proyec­tos de moderni­zación de Madrid, con la reforma de la Puerta de Sol, el nacimiento de los planes de ensanche y la construcción de barrios residenciales como Argüelles o Chamberí y la realización de las Rondas.

LA LEY DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA DE 1.857, O LEY DE MOYANO

Pese a su extraordinaria actividad intelectual y política, toda su obra se ha visto eclipsada por la Ley de Instruc­ción Pública que tomó su nombre.

Entre todos sus proyectos como político -y aunque abarcó numeroso temas, como Hacienda Pública, Urbanismo, Eco­nomía o Enseñanza-, adquirió especial importan­cia el Proyecto de Ley, por el que autorizaba al Gobierno para formar y promulgar una Ley de Instrucción Pública con arreglo a las bases en él conteni­das, recogido en el Diario de Sesiones de Cortes de 13 de mayo de 1857, la cual fue aprobada un mes antes de la caída del gobierno de Mo­yano y seguiría vigente con ligeras reforma hasta la de Villar Palasí en 1970.

En un solo año, durante su segundo nombramiento como Ministro de Fomento, fue capaz de arbitrar el suficiente consenso para sacar adelante una ley que di­era estabili­dad a la enseñanza en España. Esfuerzo que adquiere ma­yor dimen­sión si se tiene en cuenta que su aprobación, el 9 de septiembre de 1857, se pro­dujo pocos días antes de su cese, que finalmente se llevó a cabo el 15 de octu­bre de ese mismo año.

Agustín Escolano Benito, en su trabajo “Claudio Moyano y la Ley de Instrucción Pública de 1857″, publicado en Mode­rantismo y Educación en España. Estudios en torno a la Ley Moyano, Zamora 1995, ha hecho una síntesis de lo que representó esta ley en España.

En el siglo XIX la educación primaria dependía del munici­pio, no así la media y superior que dependían del estado y a la que sólo tenían acceso los hijos de las clases acomodadas.

Los ayuntamientos apenas daban importancia a la educa­ción de los niños, lo que ocasionaba que las deudas en las escuelas alcanzaran cifras alarmantes, dejándo­las sumir en la mayoría de los casos en un total abandono. A ello se unía la falta de asistencia de numerosos alumnos a las aulas, lo que agravaba aún más dicha situación.

Por ello, y como una medida para solucionar el problema, a la vez que se inten­taba modernizar al país y regene­rarlo moralmente, se propuso la potenciación de la educa­ción. A tal fin se aprobarían nuevas normas legales.

A fin de conseguir el mayor consenso se presentó una ley de bases, que definiera grandes principios y estructuras, que después sería desarrollada reglamentaria­mente, en vez de una norma legal muy detallada.

También sirvió para limar asperezas el que Moyano asu­miera en gran parte el proyecto elaborado por el progre­sista Alonso Martínez

Todo ello explica que la ley se aprobara en una sola se­mana, ya que el debate se desarrolló entre el 17 y el 20 de junio de 1857 y la votación en que fue aprobada el 23 de dicho mes.

Lo más importante fue que no se trató de una ley de par­tido sino de consenso entre las diversas fuerzas políticas, incluida la mayoría conservadora. La única oposición ta­jante a dicha ley fue la del grupo de neocatólicos, funda­mental­mente en lo que se refería al derecho de inspec­ción de la enseñanza por parte de la Iglesia, que había sido establecido en el Concordato con la Santa Sede de 1851.

Para calmar los ánimos y poder llegar a un acuerdo, el mismo Moyano se declaró católico antes de empezar los debates de dicho proyecto, pero sostuvo la pos­tura de que no hacía falta incluir ninguna referencia a la religión, ya que todo ello estaba reconocido en los Sagrados Cáno­nes y en el Concordato.

Por otro lado se opuso a aquellos que querían una depura­ción del profesorado que se había decantado en el bienio progresista por ideas revolucionarias.

El sólo quería que el consenso al votar dicha ley trajera como consecuencia la perdurabilidad y no el estar pen­diente cada cambio de gobierno de un nuevo cambio en Educación.

Esa perdurabilidad fue uno de los aspectos más importan­tes de la ley, del que el propio Moyano se sentía muy orgu­lloso. Así a finales de la década de los ochenta, el antiguo ministro llegaba a decir en el Senado: “Lleva mi ley treinta años en vigor… Esta ley ha durado y durará muchos años porque dicha ley, y esto puedo decirlo muy alto, fue una ley nacional, no de partido…”

Tras la puesta en marcha de la Ley Moyano, las tasas de escolarización se mantu­vieron muy bajas. Así, si, en 1860, era del 44,91 por ciento, en 1870, bajaba al 41′95 y, en 1931, sólo alcanzaba el 51′80 por ciento. Los índices de escolarización femenina eran aún mucho más bajos: En 1860, el 35; en 1870, el 39; y, en 1931, el 50 por ciento.

El 11 de noviembre de 1900, concretamente diez años después de su muerte, el que tenía el honor de ser el pri­mer ministro español de Instrucción Pública y Bellas Ar­tes, Antonio García Alix, inauguró un monumento a dicho político zamo­rano dedicado por el magisterio en la plaza de Atocha de Madrid, obra de Agustín Querol. En ella figu­raba la inscripción: Por los grandes servicios presta­dos a la Instrucción Pública.

Uno de los relieves que presenta en su base era suma­mente ilustrativo. Repre­senta el Ángel de las Escuelas y en él aparece la reina Isabel II y el Congreso de los Diputa­dos en el momento en que Claudio Moyano pre­senta la ley que llevaría su nombre.

Años después fue retirada de dicho lugar y llevada a un colegio, de donde fue rescatada en 1982.

El 28 de marzo de ese año, tras ser restaurada, fue colo­cada de nuevo en las cercanías de la plaza de Atocha en el inicio de la Cuesta de Moyano, uno de los lugares de más solera de Madrid, donde los libreros, tanto de libro antiguo y oca­sión como de novedades, exponen su mercan­cía para la venta de forma perma­nente en unas típicas casetas.

DON CLAUDIO MOYANO EN LA RED

De entre las numerosas páginas que hacen referencia a nuestro personaje, desta­camos, entre otras, la del Se­nado, que nos permite acceder a los documentos origina­les que se conservan en el archivo y dejan constancia de su toma de pose­sión como Senador en tres ocasiones.

http://www.senado.es

MOYANO SAMANIEGO, Claudio Antonio

Expediente personal del Senador D. Claudio Moyano Sama­niego, por la Universi­dad de Madrid y Vitalicio.

SIGNATURA: HIS-0307-03

Descriptores EUROVOC: Cámara Alta, parlamentario, sena­dor designado, universi­dad, Madrid (Madrid), senador vitalicio

CONTENIDO:

LEGISLATURAS 1882-1883

(SENADOR POR LA UNIVERSIDAD DE MADRID)

01 Carpetillas y relación de documentos presentados.

1 Acta electoral (1883-01-11). Copia certificada.

2 Dictamen de la Comisión permanente de actas (1883-01-12). Publicado en el “Diario de las Sesiones de Cor­tes. Senado”. Aprobado en sesión de 15 de enero de 1883.

3 Certificación de juramento (1883-01-22). Minuta.

4 Oficio de petición de devolución de documentos (1883-02-09).

Tarjeta con nota relacionada con los documentos presenta­dos.

LEGISLATURA 1884-1885 (SENADOR POR LA UNIVERSIDAD DE MADRID)

02. Carpetilla y relación de documentos presentados.

5 Acta electoral (1884-05-08). Copia certificada.

6 Dictamen de la Comisión permanente de actas (1884-05-23). Publicado en el “Diario de las Sesiones de Cor­tes. Senado”. Aprobado en sesión de 24 de mayo de 1884.

7 Certificación de juramento (1884-05-28). Minuta

LEGISLATURA 1886 (SENADOR VITALICIO)

03. Carpetilla y relación de documentos presentados.

8. Nombramiento (R.D. 1886-04-25):**Real Orden trasla­dando el Real Decreto de nombramiento al Presidente de la Comisión permanente de Gobierno Interior del Se­nado (1886-04-25).

9 Dictamen de la Comisión permanente de actas y exa­men de calidades (1886-05-11). Publicado en el “Diario de las Sesiones de Cortes. Senado”. Aprobado en sesión de 12 de mayo de 1886.

10 Certificación de juramento (1886-05-18). Minuta.

11 Fallecimiento (Madrid, 07-03-1890):

  • Comunicación de Carolina Moyano, sobrina del Senador, notificando el fa­lleci­miento de su tío (1890-03-08).
  • Acuse de recibo en el Senado de la comunicación del fallecimiento del Sena­dor (Sesión de 8 de marzo de 1890).
  • Lista de los Senadores a quienes ha correspondido formar parte de la Comi­sión que ha de acompañar el cadáver del Sena­dor.
  • Minuta de Oficio comunicando que le ha corres­pondido formar parte de la Co­misión que ha de acompa­ñar el cadáver del Senador (1890-03-08).**Minuta de Oficio al Presidente del Consejo de Mi­nistros dando cuenta del fallecimiento del Senador (1890-03-08).

TEXTOS:

D. Leopoldo Soler y Velches, Jefe honorario de Administra­ción civil y en comisión Secretario general de la Universidad Central, Certifico: que entre los documen­tos que obran en el archivo de la Secretaría general de mi cargo, hay una acta de la sesión celebrada por el Claustro de esta Universidad en el día de la fecha, que á la letra dice así: “En Madrid a once de Enero de mil ochocientos ochenta y tres, reunido el Claustro extraordinario de la Universidad Central, en el Para­ninfo de la misma, a las diez en punto de la mañana bajo la presidencia del Ilmo. Sr.Don Francisco de la Pisa Pajares, Rector de la Universi­dad Central, a los efec­tos del Real Decreto de diez y nueve de Diciembre último y de la Ley para la elec­ción de Senadores de ocho de Febrero de mil ochocientos se­tenta y siete y de­signados por el mismo como Escrutado­res a los señores Don Mariano de la Paz Graello, Catedrá­tico de la Facultad de Ciencias y Don Adolfo Cervera y To­rres, Doctor en medicina. Y de acuerdo con ellos, nom­brado el que suscribe para ejer­cer las funciones de secreta­rio en el mencionado acto, se dio lectura del refe­rido Real Decreto y de los artículos de la citada Ley para la elección de Senado­res y de la Constitución del Estado que tienen relación con este acto, verificado lo cual, se procedió a la votación. Hecha por el Secretario, por tres veces, la pre­gunta de si quedaba algún individuo por vo­tar, no habiéndose presentado ninguno, el Sr. Presidente dio por terminada la votación a las once y media de la mañana, resultando que habían tomado parte en la misma doscientos sesenta y dos electores. Acto seguido se procedió al escrutinio dando este el siguiente resul­tado: Don Claudio Moyano, ciento treinta y seis votos. Don Eduardo Palau, setenta y cuatro votos; Don Laureano Figuerola, veinte y ocho votos; Don José Luis Retortillo, veintitrés votos, y el Señor Marqués de Retortillo un voto; total de votantes doscientos sesenta y dos. En su conse­cuencia y con arreglo al artí­culo veinte y dos de la mencio­nada Ley, el Sr. Rector Presidente, proclamó Sena­dor por la Universidad Central al Ilmo. Señor D. Claudio Moyano, terminándose el acto, sin protestas ni reclama­ción de ninguna especie. De todo lo cual y en unión del Sr. Rector Presidente y secretarios escrutadores, certifico como Secretario en el mencionado acto e individuo del referido Claustro. El Rector Presidente, Fran­cisco de la Pisa. El Secretario escrutador, Mariano de la Paz Graello. El secretario escrutador, Adolfo Cervera y Torres. El Secre­tario, José de Masa. Hay un sello en tinta que dice : Universidad Central”. Y para que conste, en cumplimiento del artículo veinticuatro de la Ley de ocho de Febrero de mil ochocientos setenta y siente, que es mencionada en la preinserta acta, expido la presente autorizada con el visto bueno de Ilmo. Sr. Rector y el sello de esta Universi­dad de Madrid a once de Enero de mil ochocientos se­tenta y tres.

Vº.Bº. El Rector. Pisa. (Rubicado)

Leopoldo Soler (Rubicado)

Base documental d’Història Contemporània de Catalunya.

CLAUDIO MOYANO SAMANIEGO (1809-1890)

Font: DD.AA.: Enciclopedia de Historia de España,vol IV (Diccionario biográfico). (1991). Madrid: Alianza Edito­rial. 910 pp.

Nació el 30 de Octubre de 1809 en Fuente de la Peña o Bóveda de Toro (Zamora). Estudió en Salamanca y en Va­lladolid las carreras de filosofía, latín y leyes. Ejer­ció la abogacía y se dedicó a la enseñanza, siendo catedrático, primero, de institu­ciones civiles, y después, de economía política, en Valladolid. En 1841 es elegido alcalde de di­cha ciudad. Dos años después es rector de la Universidad de Valladolid, donde hizo grandes reformas, y diputado a Cortes por el partido de centro. En 1844 lo será por Za­mora, e iniciar un acercamiento a posiciones mode­radas. En 1846 es diputado por Toro, y cuatro años más tarde es rector de la Universidad de Madrid durante un años. En 1853 se inicia su paso por el Ministe­rio de Fomento. Se opuso, en las Cortes, a la desamortización municipal de­cretada por Madoz en 1855. En 1856, siendo ministro de Fomento, dio una ley reguladora de la enseñanza que tiene dos partes: La Ley de Bases, autorizando al go­bierno para formar y promulgar una Ley de Instrucción Pública (17-VIII-1857), y la Ley de Instrucción Pública ( 9-IX-1857). Esta ley fortaleció la autoridad cen­tral, pero no tuvo innovaciones importantes. Se destacó por la rápida aprobación de los expedientes de ferrocarriles. Ministro en 1864, diputado por Toro durante la Restauración, es elegido senador por Madrid en 1881, y vitalicio desde 1886. Murió en la capital de España el 7 de marzo de 1890 (JMIG). ( 595 p.)

Claudio Moyano Samaniego

Político español (Bóveda del Toro, Zamora, 1809 - Madrid, 1890). Tras estudiar Derecho y Filosofía en las universida­des de Salamanca y Valladolid, obtuvo en esta última la cátedra de Derecho Civil en 1835 (luego llegaría a rec­tor). Su mili­tancia política liberal le llevó a ser alcalde de la ciudad en 1841 y diputado en 1843; pero en aquel mismo año participó en el movimiento contra Espartero, que acabaría por dar el poder a los moderados durante diez años (1844-54). De esa época data su acercamiento ideológico al partido moderado, al que se manten­dría fiel el resto de su vida. Bajo la administración moderada fue diputado (desde 1846), rector de la Universidad de Ma­drid (desde 1850) y ministro de Fo­mento (con Lersundi en 1853, con Narváez en 1856-57 y con Arrazola en 1864). En este último cargo hizo aprobar una Ley de Instrucción Pú­blica (1857), poco innovadora pero importante porque definió la organización de la educación en España hasta 1970. Durante la Restauración siguió siendo diputado por Toro y de­fendió las posiciones del antiguo partido mode­ra



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