Documento sobre Calasanz, Portada - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Agosto 13, 2008 20:11 - 0 Comments

DE LA UTOPÍA ROMANA A LA ESCUELA POPULAR

DE LA UTOPÍA ROMANA A LA ESCUELA POPULAR
Dionisio Cueva. Escolapio

La Cátedra San José de Calasanz ha tenido este año la categoría de extraordinaria. Y lo ha sido por muchos con­ceptos. Incluso por el título general elegido para sus acti­vidades. Sonaba así: Calasanz, cómplice de los pobres. Lo fue de verdad, como iremos viendo. Y en esa misma línea de complicidad quiere ir mi ponencia. Al final tu verás si Calasanz fue cómplice solamente o algo más que cóm­plice. 

Curiosamente en esa misma línea de acercamiento a los pobres se han movido las autoridades al recordar en sus intervenciones y escritos los 450 años del nacimiento de San José de Calasanz. Basten para probarlo estos tres tes­timonios:

1. El R Jesús María Lecea, Superior General de las Escue­las Pías, en un artículo sobre los amores de Calasanz, se pregunta: “Cuáles fueron los amores de San José de Calasanz?” Los reduce a tres, que considera fundamen­tales: el amor a Dios, el ¨únicamente amado”, el amor al ministerio de educar y “el amor a los niños pobres porque su pobreza les impide acceder a la educación”, (1)

2. Benedicto XVI, en Carta al R General, fechada el 25 de agosto de 2007, afirma: “Calasanz revindicó y fue el pri­mero que promovió en el niño su derecho a la instruc­ción y a la educación, comenzando por los niños pobres”. (2)

3. Y Mons. Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferen­cia Episcopal Española, en una solemne homilía en la ca­tedral de Barbastro, dijo: “Calasanz fue el iniciador de un movimiento de reforma en la Iglesia y la socie­dad a través de la educación en la escuela de los niños pobres Y un poco después: “De esta intuición radical­mente evangélica, vivificada y conectada en contacto con la pobreza de las calles de Roma, nace la obra origi­nal de San José de Calasanz como escuela para los niños pobres”. (3)

LA ROMA DE CALASANZ

Calasanz llegó a Roma en febrero de 1592 para arreglar algunos papeles de su diócesis, conseguir una canonjía que asegurase su posición económica, y volverse pronto a España. Gobernaba la Iglesia el Papa Clemente VIII, de la rica y poderosa familia Aldobrandini. La Ciudad vivía un tremendo afán constructivo: nuevos barrios, nuevas ca­lles, nuevos palacios señoriales, nuevas iglesia y basíli­cas… ¿Pensaban ya en la preparación del Año Santo 1600? Sabemos también cuántos eran sus habitantes. Un censo de 1593 señala la cifra de 99.627. En 1600 ascendían a 107.000. El censo de 1605 los rebaja a 100.000. Una ciu­dad bien poblada, más que las ciudades de España en esa época, si exceptuamos Sevilla.

Y contra la idea común de que en la Roma del arte y la santidad no cabían sufrimientos, entre 1591 y 1594 pade­ció una delicada crisis financiera, y la mayoría de sus habi­tantes padecen hambre. En carta a don José Teixidor, párroco de Peralta, se lo contaba Calasanz el 25 de no­viembre de 1592:

“Aquí…el año tenemos muy caro y las provisio­nes muy ruines, y si de la tierra del Rey no vie­nen, se espera muy mala primavera; valdrá ya la carga de trigo dessa tierra aquí a 10 escudos. Des­pués que murió Sixto V (+ 1590) es la ciudad más cara que ay en Italia y padece mucho la gente común”. (4)

Miles de familias viven en la indigencia. En 1595 estaban registradas en Roma 19 categorías de mendigos. Un atento observador del momento, escribe en 1601:

“Por Roma no se ve otra cosa que pobres mendi­gos y en tan gran número que no se puede estar ni ir por las calles, sin que continuamente se vea uno rodeado de ellos, con gran descontento del pueblo y de los mismos pordioseros”. (5)

Para más datos sobre la situación social en Roma durante el fi­nal del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, cfr. Gyórgy SÁNTHA, San José de Calasanz. Obra pedagógica, 22 ed., Ma­drid 1984, pp. 27- 52; Severino GINER, San José de Calasanz, Maestro y Fundador, Madrid 1992, pp. 355-357; Givanni LAN­DUCCI, Utopía y realidad en la opción de Calasanz, Analecta Calasanctiana, Madrid 2007, n. 99, pp. 269-271.

Una ciudad, pues, llena de mendicantes adultos y de ni­ños callejeros, alrededor de 10.000, el 40% de ellos meno­res de 15 años.

Para la instrucción de este ejército de niños romanos esta­ban abiertas 13 escuelas rionales una por barrio, con maestros pagados por el Municipio y por los mismos alum­nos. En ellas, maestros muy elementales y generalmente con poca vocación y muchas deudas, enseñaban a grupos reducidos de alumnos leer, escribir, ábaco y en casos aisla­dos también los primeros elementos de la lengua latina. Las humanidades se impartían desde 1551 por los Padres jesuitas en el Colegio Romano: un bachillerato de tres años, con estudios serios de latín y nociones de griego y hebreo, que preparaban para acceder digna­mente a la Universidad. También aquí el número de alum­nos era necesariamente reducido.

REACCIÓN DE CALASANZ

Calasanz es rico, viste de seda, presta dinero…Vive en el aristocrático palacio Colonna. Ha llegado a Roma con el título de Doctor en Teología. Rico en monedas y en sabe­res. Entre 1592 y 1597 se ha pateado Roma, barrio por bario, de este lado y del otro de Tíber. Ha palpado la rea­lidad sangrante y ha quedado impresionado. Un puñado de ricos insensibles y una multitud de familias necesita­das y de niños callejeros. Deduce que algo hay que hacer. Y concluye con esta intuición genial: hay que reformar la sociedad, utilizando como instrumento la escuela. Esta idea, motor desde ahora de toda su actividad, la codifi­cará años más tarde en su Constituciones. Dice textual­mente:

“Concilios Ecuménicos, Santos Padres, filósofos de recto criterio afirman unánimes, que la re­forma de la Sociedad Cristiana radica en la dili­gente práctica de esta misión. Pues si desde la in­fancia el niño es imbuido diligentemente en la Piedad y en las Letras -hoy traduciríamos en Fe y en Cultura-, ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de su vida”. (6)

Calasanz es un hombre práctico. Ve, medita y actúa. Se acercó a los maestros y les pidió que admitiesen algunos muchachitos más en sus escuelas. Respuesta: Imposible por evidentes razones económicas. Primera decepción. Subió al Capitolio y expuso a los regidores de Roma la si­tuación, con números concretos. Pidió a continuación que subiesen los sueldos de los maestros para que éstos pudie­sen admitir más alumnos en sus escuelas. Le contes­taron que el presupuesto es el presupuesto y que las finan­zas municipales no permitían esa subida para los trece maestros rionales. Segunda decepción. Del Capito­lio bajó al Colegio Romano. Conocía y apreciaba a los hijos de San Ignacio desde sus años de Peralta y, sobre todo, desde su paso por las Universidades de Lérida, Va­lencia y Alcalá. Expuesto el problema, le contestó muy amablemente el Prefecto que ellos no aceptaban en sus aulas sino a los muchachos ya iniciados en la lengua latina y que, además, no podían llegar a todos. La decepción tercera fue más amarga que las dos anteriores. Tal vez para consolarse un tanto, se acercó a la Minerva, iglesia y seminario de los Padres dominicos. Los dominicos no po­dían echarle una mano en cuestiones escolares. Le prome­tieron, eso sí, estar a su lado y rezar. Lo hicieron allí mismo Calasanz y el P. Felipe Angelini, “un gran hom­bre de espíritu y doctrina”. Juntos y por tres veces, dije­ron: Muestra, Señor, a quién has elegido. No fue una cuarta decepción. Había llegado la hora de actuar. (7)

EL AÑO 1597 EN EL TRASTEVERE

Sí, había llegado la hora. Calasanz no es un filósofo teori­zante. Es un cristiano práctico y consecuente. Si hay que elevar a los pobres, hay que partir de un mismo plano de pobreza. Cambia sus vestidos de seda por una ruda so­tana y sus zapatos de cuero fino por unas sandalias elemen­tales. Abandona el palacio Colonna y fija su domici­lio en la escuela. En una palabra, se hace pobre con los pobres.

Cuando algunos años más tarde el Rey de España le ofrezca un pingüe canonicato en la catedral de La Seo de Zaragoza, se acercará a la Embajada, dará las gracias al Duque de Sesa y responderá con estas palabras históricas:

¨He encontrado en Roma mejor modo de servir a Dios, ayudando a estos pobres muchachos. No lo dejaré por nada del mundo¨.

Había quemado las naves. La catedral se quedó sin canó­nigo, pero los niños encontraron un maestro. Se perdió un Doctor, pero se ganó un educador.

Todo había empezado en la escuelita de Santa Dorotea, en el Trastevere, el barrio más pobre de Roma, y en no­viembre de 1597. ¿Por qué lo hizo? Nos lo dice él mismo, según declaraciones de Mons. Judischi, canónigo polaco:
 
“El motivo que tuve para fundar las Escuelas Pías no fue otro que la disolución que ví en los pobres muchachos de Roma, que no teniendo buena educación por la pobreza de sus padres. Reflexionando sobre las palabras del salmo: ‘a ti se ha encomendado el pobre, tú serás el amparo del huérfano, consideré esta sentencia como di­cha a mí mismo, y empecé’. (8)

En efecto, las Escuelas Pías nacieron en Santa Dorotea, y allí crecieron durante tres cursos. Pero aquellas escuelas no eran totalmente gratuitas y en 1600 las trasladó a Roma. Otra vez hay que echar mano del testimonio del miso Calasanz, quien en carta al historiador P. Vicente Berro le decía el 20 de mayo de 1644:

“Respecto al principio de las Escuelas Pías, yo me encontré con dos o tres de la Doctrina Cris­tiana que iban al Trastevere a dar clase a ciertas escuelas que se hacían en Santa Dorotea. Y dado que en ellas gran parte de los alumnos pagaba cada uno un tanto al mes y de los compañeros unos venían por la mañana y otros por la tarde, cuando murió el Párroco, que nos prestaba una salita y una habitación en la planta baja, me de­cidí a pasarlas a Roma, conociendo la gran po­breza que había, por haber visitado durante seis o siete años los barrios de Roma. (9)

Fue el gran regalo de Calasanz a Roma en este Año Santo de 1600. Las escuelas fueron rodando de sur a norte hasta encontrar el centro, Y lo encontraron final y definitiva­mente en el palacio de San Pantaleón, calle por medio de la Plaza Navona.

UN DECÁLOGO DE LUJO

A sus escuelas las dotó Calasanz de una pedagogía mo­derna, creativa y práctica. Te la sintetizo en un sencillo decálogo. Copiando sus mismas palabras, así quiso Cala­sanz que fuera la enseñanza en sus colegios:

  • Pública, popular y gratuita
  • Obligatoria y graduada
  • Universal, ajena a toda segregación de raza y reli­gión
  • Para la felicidad del Hombre y la reforma de la So­ciedad
  • Principalmente para los pobres
  • Desde los más tiernos años
  • Con este programa y lema: Piedad y Letras
  • Con métodos didácticos, renovados, fáciles, útiles y, en lo posible, breves
  • Con maestros especializados
  • Con educadores, idóneos cooperadores de la Verdad

Añado tres breves aclaraciones. Cada uno de estos enun­ciados da para una tesis. Conviene recordar, en todo caso, la idea fija en Calasanz sobre la reforma de la socie­dad y la felicidad del hombre, que había surgido en su mente ante el impacto que le produjo el abandono en que malvivían los niños romanos. Ya quedó dicho arriba que el lema Piedad y Letras calasancio puede traducirse ahora por fe y cultura. Y finalmente, en sus escritos se refiere numerosas veces a los maestros como “cooperado­res de la Verdad”, solo que esta última pala­bra la escribe indistintamente con mayúscula o minús­cula, refiriéndose así o a la verdad científica, o Dios mismo.

PRINCIPALMENTE LOS POBRES

Del anterior decálogo hay que destacar el número cinco: “principalmente los pobres”. Dada la pobreza en que se debatía Roma, Calasanz exigió a las familias de sus alum­nos durante algunos cursos el certificado de pobreza, fir­mado por el párroco. Pero solo en Roma y solo durante unos años. Luego, evitando toda discriminación, concretó su línea de acción con el “praecipue pauperes”, principal­mente los pobres, acuñado en sus Constitucio­nes. Y esta atención preferencial a los pobres permane­cerá, sin torcerse un ápice, en la conducta de Calasanz hasta su muerte.

Comentando el texto de sus propias Constituciones, es­cribe:

“El Prefecto debe recibir con toda caridad a los pobres, aunque estén descalzos, o con vestidos rotos y sin capa, ya que principalmente para és­tos ha sido fundado nuestro Instituto”. (10)

Y diez años después, cuando lleguen los días de plomo de la supresión inocenciana, escribirá 26 de abril de 1647 al Rector del Colegio de Palermo, P. Baltasar Cavallari:

“Estén ahí todos con ánimo esforzado para servir al Señor en sus miembros que son los pobres. Para que podamos oír a su tiempo: cuanto hicis­teis a uno de de estos hermanos míos más peque­ños, a mí me lo hicisteis”. (11)

PARA ELLOS SE FUNDÓ NUESTRO INSTITUTO

Un Instituto, nuevo en la Iglesia, con categoría de Orden Religiosa y con dos características esenciales: fundado en “suma pobreza” y con un cuarto Voto de Enseñanza, aña­dido a los clásicos de Castidad, Pobreza y Obediencia en la Vida Consagrada.

El nuevo Instituto se va a titular de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Y nace con un total radicalismo de pobreza en una Roma de nego­cios, de intrigas, de nepotismo y corrupción. Esa “suma pobreza” de las Constituciones debe ser vivida “tanto en común como en particular”. De hecho los escola­pios viven y mantienen sus escuelas, pidiendo li­mosna. Con sobrada razón pudo escribir el 15 de diciem­bre de 1634 a un limo, Comisario de Cámara en la Curia romana:

“No hay Religión más pobre que la nuestra y que se ocupe más en servicio y beneficio de los po­bres”. (12)

Y en cuanto al servicio, consecuencia de esa pobreza prac­ticada con generosidad y del cuarto voto profesado, los escolapios prestarán a sus alumnos, además de la ense­ñanza gratuita, otros dos importantes servicios:

  • - el acompañamiento -las famosas filas- por las ca­lles desde el colegio a sus casas. El mismo Santo llevó durante años una de esas filas y que duraron en España, al menos hasta el año 1965.
  • - el regalo, al entrar por primera vez en clase, de un librito de lectura, papel, tinta y pluma.

Este regalo de las plumas merece una sencilla explica­ción. No cualquier pluma resistía la influencia de una tinta fuerte. La auténtica pluma debía ser de oca. Y Cala­sanz tuvo la genialidad de fundar un colegio -el de Ce­sena- con un criadero de ocas en la huerta vecina. Él las solicitaba después al Superior, las preparaba con el corta­plumas en el Colegio de Roma y las distribuía con generosi­dad a los niños pobres de los demás colegios de Italia. Así, por ejemplo, le dice el 24 de enero de 1625 al Rector del Colegio de Frascati, P. Pedro Cananea:

“Le mando un poco de papel y algunas plumas para que puedan obsequiar a los alumnos más po­bres”. (13)

Es un simple ejemplo, porque en sus cartas el regalo de plumas es un ritornelo constante.

Y como se preocupó de la pobreza de los niños, se pre­ocupó también de la pobreza de sus maestros laicos. Des­taca, entre todo, su solicitud hacia la persona y la familia de Ventura Serafellini, maestro de caligrafía en el Cole­gio de San Pantaleón y autor de la famosa inscripción TU ES PETRUS… en la cúpula de la Basílica de San Pedro. Padre de muchos hijos, Serafellini, pasaba continuos ago­bios económicos. Leyendo las cartas de Calasanz he ido descubriendo su preocupación, cuando está fuera de Roma, para que se le abone el sueldo al Sr. Serafellini, “antes de que llegue el fin de mes”. Y estando en Roma, más de un a vez los religiosos vieron a su Fundador salir del Colegio con un canastillo y seguir por una estrecha calle hasta la casa del insigne y pobre calígrafo…

LA UTOPIA HECHA REALIDAD

El invento calasancio creció y se multiplicó en Italia y cen­tro Europa. Lástima que no prosperase su último in­tento de fundación en Zaragoza en 1648. En el curso 1646 - 1647 funcionaban a buen ritmo 37 Colegio escolapios con 500 Religiosos entre maestros y ayudantes. Más da­tos: En 1614 el Colegio de San Pantaleón cuenta con 1.200 alumnos y en el curso de 1619 su matrícula as­ciende a 1.500; este último año el Colegio de San Lorenzo in Píscibus, también en Roma, suma 250 alumnos; y el colegio de Nápoles oscila entre 800 y 1.000 alumnos.

Todavía funcionaba en Roma otro Colegio escolapio, ver­daderamente excepcional, el llamado hasta hoy Colegio Nazareno. Tenía solamente 12 alumnos, todos becados y superdotados. Para esos 12 alumnos destinó Calasanz una plantilla de 8 profesores especializados y él mismo dirigía el Colegio, como Rector. (14)

Estos triunfos encresparon la envidia y desencadenaron la tragedia. La utopía se ha hecho realidad. El hijo del ba­rrendero de Roma es tan hombre y tiene los mismos dere­chos que el sobrino de un Cardenal. El hijo del pescador de Nápoles sube escalas y es ya profesor y sacerdote… En el ámbito social, económico y eclesiástico, se ha abierto una peligrosa brecha en la muralla. Consecuen­cia: hay que cortarle el cuello a la utopía.

EL VIACRUCIS

En 1643 comienza el Viacrucis para Calasanz y sus Escue­las Pías. Los golpes vienen de dentro y de fuera. Dentro hay algunos Religiosos ambiciosos. Fuera están los envidio­sos, los recelosos y buena parte de la Curia Ro­mana. Los golpes que vienen de dentro son débiles. Pero son muy fuertes y certeros los que llegan de fuera. Una moderna y rigurosa investigación llega a la conclusión de que sin el apoyo de fuera, el ruido de dentro se habría sosegado muy pronto.

Calasanz, ante el peligro, reacciona con firmeza. No le importa los insultos a su persona, ni que le lleven preso, como a un malhechor, desde San Pantaleón al palacio del Santo Oficio, pero le importa mucho el derecho de los niños pobres a una educación digna. Inmediatamente buscó apoyo en algunos Cardenales amigos, en la Congre­gación de Propaganda FIDE, que tan buenas noticias venía recibiendo sobre la acción de los escolapios en Germania, del Almirante de Castilla, del Embajador de Toscana, del rey de Polonia…

Preparó, a la vez, un equipo jurídico de defensa. Las acu­saciones eran muchas y este equipo las fue rebatiendo con argumentos sólidos en siete Memoriales, preparados entre 1643 y 1645. Las acusaciones atacan fundamental­mente a las Escuelas Pías y al derecho de los niños pobres a la educación. Calasanz y su equipo fueron respon­diendo. Resumo a continuación el contenido de esas res­puestas y te las presento ordenadas en otra especie de decálogo:

  • 1. Los pobres no deben ser olvidados pues son mayoría en la sociedad.
  • 2. También los pobres han sido redimidos por Cristo.
  • 3. En una sociedad bien ordenada la educación es necesa­ria y por eso contrata maestros que enseñen a los pobres, sin miedo a que desaparezca el artesa­nado, o que los pobres se vuelvan viciosos o perezo­sos.
  • 4. Esa educación es válida para todos, ricos y pobres.
  • 5. Como la mayoría de ciudades y personas son pobres, no pueden ocuparse de la educación de sus hijos, otros deben suplirlos.
  • 6. Si los pobres aprenden a leer, escribir y cuentas, eso redunda en beneficio de todos.
  • 7. Los pobres deben recibir educación, porque el ta­lento no depende de la riqueza sino de la naturaleza. También los pobres pueden tener talento.
  • 8. Para muchos pobres no es inoportuna la lengua latina, pues con ella pueden ejercer como secretarios, copis­tas, quirurgos, drogueros, boticarios y otros oficios.
  • 9. Si a las Escuelas Pías se les impide enseñar latín, re­clamarían muchos pueblos y ciudades, donde hasta ahora se enseña con éxito, y sería declarar ignorantes e imprudentes a los Papas Clemente VIII, Paulo V, Gre­gorio XV y Urbano VIII al aprobar las Constitucio­nes de las Escuelas Pías, que permiten su enseñanza.
  • 10. Aunque la enseñanza viene ejercitada desde hace un siglo por la Compañía de Jesús, la experiencia demues­tra que no puede satisfacer a todos, y ni puede fundar en ciudades pequeñas y pobres, en las que sí pueden fundar las Escuelas Pías de los Pobres de la Madre de Dios según su carisma y la suma po­breza que profesan. (15)

FIN DEL DRAMA

Visto lo expuesto, uno puede preguntarse cuándo apa­rece más grande Calasanz, si en la fundación de la pri­mera escuela pública, popular, gratuita del mundo o en esta defensa de los indefensos, proclamando a todos los vientos y ante las autoridades supremas de la Iglesia el talento de los pobres y su derecho a la misma instrucción y educación que los ricos.

Pero la fuerza, a veces, puede más que la razón. Y en la noche del 17 de marzo de 1646 don José Palamolla leyó ante la comunidad, reunida en el Oratorio, el Breve del Papa Inocencio X, que lleva por título Ea quae pro felici, escrito y firmado el día anterior. Infelizmente, a pesar del título, suprimía de un plumazo las Escuelas Pías, ce­rraba colegios y mandaba a la calle a profesores y alum­nos.

En el silencio del Oratorio, se oyó al anciano Calasanz, quien en voz alta y confiada exclamó: Dominus dedit, Do­minus abstulit. Sicut Domino placuit, ita factum est. Sit nomen Domini benedictum. Traducido, suena así: “El Señor dio, el Señor quitó. Como plugo al Señor, así se hizo. Bendito sea el nombre del Señor”. Y subió a su habi­tación para dar ánimo a sus Religiosos lejanos en una carta, llena de esperanza.

Le quisieron hundir y no pudieron. Intentaron anular para siempre los derechos de sus niños pobres y tampoco lo logaron. Y es que las ideas auténticas no se matan con Breves pontificios. Ni mueren los profetas perseguidos. Hoy, siglos después, la idea de Calasanz sigue abriendo caminos. Porque todavía hay pobres sin escuela. Y tam­poco los gobernantes pueden con la escuela estatal resol­ver todos los problemas.

SIGNOS ACTUALES

Han vertido los ríos muchas aguas en el mar desde aque­lla genialidad de Calasanz. Pero los Estados tardaron en comprender su lección proyectiva. La Ley Moyano, que establece la gratuidad de la enseñanza estatal en Es­paña, se publicó en 1857.

¿Y cómo están las cosas en este momento?

En Europa: la enseñanza pública ha entrado en un pe­ríodo de crisis institucional. Así de claro lo asegura un entendido, un experto en la materia. (16)

En África: un estudio del Banco Mundial manifiesta una tendencia descendente a nivel de escolarización, y serias dificultades en dar cauces nuevos a las estructuras escola­res, a la investigación educativa, a la edición de libros, a la formación de docentes y a su destino eficaz. (17)

Para este año 2007 el 2° objetivo de Desarrollo que se ha fijado la ONU propone “lograr la enseñanza primaria uni­versal”. Y en su meta 3 añade: “velar para que en el año 2015, los niños y niñas del mundo puedan terminar un ci­clo completo de enseñanza primaria”. Hay que reconocer que los propósitos son excelentes. Pero la meta es difícil. Porque aún quedan en el mundo 121.000.000 de niños sin escuela. A esa cifra puede sumarse esta otra, no menos estremecedora: como todos los días mueren de hambre en el mundo 25.000 niños, en este año en que vivimos morirán de hambre 9.125.000.

¡El hambre y la falta de escuelas! Como en los años aque­llos de Calasanz. Él se jugó la vida para remediar el ham­bre de pan y de saber de los niños pobres. Eso mismo, y con la misma generosidad, nos corresponde hacer a noso­tros.

NOTAS

1 Jesús María LECEA, Los “Amores” de Calasanz (Un 25 de agosto a los 450 años de su nacimiento), Ephemerides Calasanctianae, n. 7-8, pp. 285-292.
2 BENEDICTO XVI, carta al Reverendo Padre Jesús María Lecea, Superior General de las Escuelas Pías - Padres Escolapios, Ib, n.9-10, pp. 470-472.
3 Ricardo BLÁZQUEZ Homilía el 21.X. 2007.
4 Epistolario di San Giuseppe Calasanzio, Roma 1951, vol. II, c. 4, p. 37.
5 C. FANUCCl. Trattato dI tutte le opere pie dell’alma cittá di Roma, Roma 1601, p. 31.
6 Constituciones de la Congregación de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, escritas por San José de Calasanz, ed. Española, Madrid 2004, p. 21.
7 Sobre estas entrevistas con maestros, Capitolio, colegio Romano y Minerva, cfr. Severino GINER, op. cit. pp. 389 - 394.
8 Adolfo GARCÍA DURÁN, Itinerario espiritual de San José de Calasanz De 1592 a 1622, Barcelona 1967, p. 73.
9 Severino GINER y otros, cartas selectas de San José de Cala­sanz, Salamanca 1977, vol. II, p. 315, c. 4185.
10 Dichiarazioni circa le nostre costituzioni, Regole e Riti co­muni, Roma 1637, p. 33r.
11 C.L. MONCALERO y Gíuijana LIMITI, II codice Calasanziano Palermitano (1603-1648), Roma 1965, c. 288, p. 333
12 Epistolario di San Giuseppe Calasanzio, Roma 1953, vol. V, c. 2304, p. 441.
13 Epistolario… Roma 1951, vol. II, c. 285, p. 281.- Para más datos sobre el colegio de Cesena, fundado en 1622, cfr. Diccio­nario Enciclopédico Escolapio, Salamanca 1990, vol. 1, PP. 391-392.
14 Sobre el colegio Nazareno, fundado también en 1622, cfr. el cit. Diccionario Enciclopédico Escolapio, pp. 716-718 y Pasquale VANNUCCI, II Collegio Nazareno. Roma 1930. En cuanto a las Aca­demias mensuales del colegio Nazareno y algunas composiciones latinas en verso y prosa de sus alumnos, dedicadas “al Revmo. P. José (Calasanz) de la Madre de Dios, Superior General de las Es­cuelas Pías”, cfr- O. SÁNTHA, op. cit. p. 458, nt. 42.
15 Para una mejor y más completa información sobre las acusacio­nes antiescolapias y el contenido de los Memoriales cfr. Giovanni LANDUCCI, op. cit., pp. 274-276, y especialmente Vicente FAU­BELL Nueva Antología Pedagógica Calasancia, Salamanca 2004, pp. 65-104.
16 NIQUE y LELIÉVRE, LA República no educa ya. Fin del mito de Ferry, París 1993
17 Prioridades y Estrategias para la Educación, Washington 1995


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