Magisterio - Written by Archivo Calasanz on Viernes, Agosto 29, 2008 18:28 - 0 Comments

EVANGELICA TESTIFICATIO

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA DEL SUMO PONTÍFICE PABLO VI
Sobre la Renovación de la Vida Religiosa según las enseñanzas del Concilio
29 de junio de 1971

Nota: Al final está el texto original. Al interior del original están las notas

INTRODUCCIÓN

Testimonio evangélico en medio del Pueblo de Dios

Amadísimos hijos e hijas en Cristo:

1. Testimonio evangélico
EL TESTIMONIO EVANGÉLICO de la vida religiosa manifiesta claramente a los ojos de los hombres la supremacía del amor de Dios con tal fuerza, que debemos dar gracias por ello al Espíritu Santo. Con toda sencillez, como ya lo hizo nuestro venerado predecesor Juan XXIII en vísperas del Concilio, (1) quisiéramos deciros qué esperanza suscita en nosotros, como también en todos los Pastores y fieles de la Iglesia, la generosidad espiritual de aquellos -hombres y mujeres- que han consagrado la propia vida al Señor en el espíritu y en la práctica de los consejos evangélicos. Deseamos asimismo ayudaros a continuar vuestro camino de seguidores de Cristo siendo fieles a las enseñanzas conciliares.

2. El Concilio
Con ello, nos proponemos dar una respuesta a la inquietud, a la incertidumbre y a la inestabilidad que se manifiesta en algunos, y alentar igualmente a aquellos que buscan la verdadera renovación de la vida religiosa. La audacia de algunas transformaciones arbitrarias, una exagerada desconfianza en el pasado, aun cuando ofrece un testimonio de la sabiduría y del vigor de las tradiciones eclesiales, una mentalidad demasiado preocupada por conformarse precipitadamente a las profundas transformaciones que agitan nuestro tiempo, han podido inducir a algunos a considerar caducas las formas específicas de la vida religiosa. ¿No se ha llegado incluso a hacer abusivamente apelación al Concilio para ponerla en discusión, hasta en sus mismos principios? Y sin embargo es bien sabido que el Concilio ha reconocido a “este don especial” un puesto escogido en la vida de la Iglesia, porque permite, a quienes lo han recibido, conformarse más profundamente “a aquel género de vida virginal y pobre que Cristo escogió para sí y que la Virgen, su Madre, abrazó”. (2) El Concilio le ha indicado también el camino para su renovación según el Evangelio (3)

3. La tradición de la Iglesia
La tradición de la Iglesia -¿es necesario recordarlo?- nos ofrece desde los orígenes este testimonio privilegiado de una búsqueda constante de Dios, de un amor único e indiviso por Cristo, de una dedicación absoluta al crecimiento de su Reino. Sin este signo concreto, la caridad que anima a la Iglesia entera correría el riesgo de enfriarse, la paradoja salvífica del Evangelio de perder en penetración, la “sal” de la fe de disolverse en un mundo de secularización.

Desde los primeros siglos, el Espíritu Santo, junto a la heroica confesión de los mártires, ha suscitado la maravillosa firmeza de los discípulos y de las vírgenes, de los eremitas y de los anacoretas. La vida religiosa estaba ya germinando y advirtió progresivamente la necesidad creciente de desarrollarse y de articularse en formas diversas de vida comunitaria o solitaria para responder a la invitación insistente de Cristo: “No hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por el Reino de Dios, que no lo recobre multiplicado en el tiempo presente y en el siglo venidero la vida eterna”. (4)

¿Quién se atrevería a sostener que tal llamada no tiene ya hoy día el mismo valor y vigor; que la Iglesia podría prescindir de estos testimonios excepcionales de la trascendencia del amor de Cristo, o que el mundo podría dejar indemnemente apagar estas luces, las cuales anuncian el Reino de Dios con una libertad que no conoce obstáculos y que es vivida cotidianamente por millares de sus hijos e hijas?

4. Estima y afecto
Amadísimos hijos e hijas, que mediante la práctica de los consejos evangélicos habéis querido seguir más libremente a Cristo e imitarlo más fielmente, dedicando toda vuestra vida a Dios con una consagración particular, que se arraiga en la consagración bautismal y la expresa con mayor plenitud: ¡Oh, si pudiéseis comprender toda la estima y todo el afecto que nosotros os reservamos en el nombre de Cristo Jesús! Os encomendamos a nuestros queridísimos hermanos en el Episcopado, los cuales junto con los presbíteros, sus colaboradores en el Sacerdocio, sienten la responsabilidad frente a la vida religiosa. Y pedimos a todos los seglares, a quienes “de manera propia, aunque no exclusiva, competen los compromisos y las actividades temporales”, (5) que sepan comprender cuán precioso estímulo suponéis vosotros para ellos en la búsqueda de la santidad, a la cual están llamados ellos también por su bautismo en Cristo, para gloria del Padre. (6)

5. Renovación
Ciertamente, no pocos elementos exteriores, recomendados por los fundadores de Órdenes o de Congregaciones religiosas, aparecen hoy día superados. Algunas sobrecargas o rigorismos, que se han ido acumulando a lo largo de los siglos, tienen necesidad de ser aligerados. Deben llevarse a efecto adaptaciones y también pueden buscarse e instituirse nuevas formas con la aprobación de la Iglesia. Este es precisamente el objetivo al cual, desde hace algunos años, se está dedicando generosamente la mayor parte de los institutos religiosos, experimentando, a veces con demasiada audacia, nuevos tipos de constituciones y de reglas. Lo sabemos muy bien y seguimos con atención este esfuerzo de renovación, querido por el Concilio. (7)

6. Discernimientos necesarios
En el ámbito mismo de este proceso dinámico, en que el espíritu del mundo corre constantemente el riesgo de mezclarse con la acción del Espíritu Santo, ¿cómo ayudaros a realizar los necesarios discernimientos? ¿Cómo salvaguardar o alcanzar lo esencial? ¿Cómo beneficiarse de la experiencia del pasado y de la reflexión presente, para reforzar esta forma de vida evangélica? De acuerdo con la responsabilidad peculiar que el Señor nos ha confiado en su Iglesia -la de “confirmar a nuestros hermanos”, (8) nosotros quisiéramos por nuestra parte estimularos a proceder con mayor seguridad y con una más gozosa confianza a lo largo del camino que habéis escogido. En la “búsqueda de la calidad perfecta” (9) que guía vuestra existencia, ¿qué otra actitud cabría en vosotros sino la de una disponibilidad total al Espíritu Santo que, actuando en la Iglesia, os llama a la libertad de hijos de Dios?. (10)

LA VIDA RELIGIOSA

7. Las enseñanzas del Concilio
Queridos hijos e hijas: con una libre respuesta a la llamada del Espíritu Santo, habéis decidido seguir a Cristo consagrándoos totalmente a El. Los consejos evangélicos de castidad ofrecida con voto a Dios, de pobreza y de obediencia son ya la ley de vuestra existencia. “La autoridad de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo -como nos lo recuerda el Concilio- se ha preocupado de interpretarlos, de regular su práctica, e incluso de fijar formas estables de vivirlos”. (11) De este modo reconoce y da carácter de autenticidad al estado de vida constituido por la profesión de los consejos evangélicos: “Mediante los votos u otros vínculos sagrados -por su propia naturaleza semejantes a los votos-, con los cuales se obliga a la práctica de los tres susodichos consejos evangélicos, el cristiano hace una total consagración de sí mismo a Dios, amado sobre todas las cosas… Por el bautismo ha muerto al pecado y está consagrado a Dios; sin embargo para obtener de la gracia bautismal frutos más copiosos, por la profesión de los consejos evangélicos trata de liberarse de los impedimentos que podrían apartarle del fervor de la caridad y de la perfección del culto divino, y se consagra más íntimamente al servicio de Dios. Esta consagración será tanto más perfecta cuanto, por vínculos más firmes y más estables, represente mejor a Cristo, unido con vinculo indisoluble a la Iglesia, su esposa”. (12)

Estas enseñanzas del Concilio ponen bien en claro la grandeza de esta donación, decidida por vosotros libremente, a imagen de aquella hecha por Cristo a su Iglesia y, como ella, total e irreversible. Precisamente pensando en el Reino de los Cielos, vosotros habéis hecho voto a Cristo, con generosidad y sin reservas, de estas fuerzas de amor, de esta necesidad de poseer y de esta libertad para regular la propia vida, cosas todas ellas tan preciosas para el hombre. Tal es vuestra consagración que se realiza en la Iglesia y mediante su ministerio, ya sea el de sus representantes, los cuales reciben la profesión religiosa, ya sea el de la comunidad cristiana, cuyo amor reconoce, recibe, sostiene y circunda a aquellos que en su seno hacen donación de sí mismos como un signo viviente “que puede y debe impulsar eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana… y manifestar ante todos los creyentes que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo”. (13)

I - Formas de la vida religiosa

8. Vida contemplativa
Algunos de vosotros habéis sido llamados a la vida, denominada “contemplativa”. Una atracción irresistible os arrastra hacia el Señor. Asidos fuertemente por Dios, os abandonáis a su acción soberana que os levanta hacia El y os transforma en El, mientras os prepara para la contemplación eterna, que constituye nuestra común vocación. ¿Cómo podríais avanzar a lo largo de este camino y ser fieles a la gracia que os anima, si no respondierais con todo vuestro ser, por medio de un dinamismo cuyo impulso es el amor, a esta llamada que os orienta de manera permanente hacia Dios? Considerad pues cualquier otra actividad, a la que no obstante debéis atender -relaciones con los hermanos, trabajo desinteresado o remunerado, necesario descanso-, como un testimonio, ofrecido al Señor, de vuestra íntima comunión con El para que os conceda aquella pureza de intención unificante, tan necesaria para encontrarlo en el momento mismo de la oración. De este modo contribuiréis a la extensión del Reino de Dios, con el testimonio de vuestra vida y con “una misteriosa fecundidad apostólica”. (14)

9. Vida apostólica
Otros están consagrados al apostolado en aquella que es su misión esencial: el anuncio de la Palabra de Dios a aquellos que El pone en su camino para conducirlos a la fe. Tal gracia requiere una profunda unión con el Señor, la cual os consentirá transmitir el mensaje del Verbo Encarnado, aun con un lenguaje que el mundo puede entender. ¡Cuán necesario es pues que toda vuestra existencia os haga participar en su pasión, en su muerte y en su gloria! (15)

10. Contemplación y apostolado
Cuando vuestra vocación os destina a otras funciones al servicio de los hombres -vida pastoral, misiones, enseñanza, obras de caridad, etc.- ¿no será ante todo la intensidad de vuestra adhesión al Señor, lo que las hará fecundas, justamente según la medida de esta unión “en el secreto”? (16) Si quieren seguir siendo fieles a las enseñanzas del Concilio, “los miembros de todo Instituto, buscando a Dios ante todo”, ¿no deben “unir la contemplación, mediante la cual se adhieren a El con el corazón y el espíritu, y el amor apostólico que se esfuerza por asociarse a la obra de la Redención y por extender el Reino de Dios”? (17)

11. Carisma de los Fundadores
Sólo así podréis despertar de nuevo los corazones a la verdad y al amor divino, según el carisma de vuestros fundadores, suscitados por Dios en su Iglesia. No de otra manera insiste justamente el Concilio sobre la obligación, para religiosos y religiosas, de ser fieles al espíritu de sus fundadores, a sus intenciones evangélicas, al ejemplo de su santidad, poniendo en esto uno de los principios de la renovación en curso y uno de los criterios más seguros para aquello que cada Instituto debería emprender 18. El carisma de la vida religiosa, en realidad, lejos de ser un impulso nacido “de la carne y de la sangre”, (19) u originado por una mentalidad que “se conforma al mundo presente”, (20) es el fruto del Espíritu Santo que actúa siempre en la Iglesia

12. Formas externas e impulso interior
Es precisamente aquí donde encuentra su medio de subsistencia el dinamismo propio de cada familia religiosa, porque, si la llamada de Dios se renueva y se diferencia según las circunstancias mutables de lugar y de tiempo, requiere sin embargo constantes orientaciones. El impulso interior, propio de cada una, suscita en el seno de su existencia ciertas opciones fundamentales. La fidelidad a sus exigencias es la piedra de toque de la autenticidad de una vida religiosa. No lo olvidemos: toda institución humana está asedia da por la esclerosis y amenazada por el formalismo. La regularidad exterior no bastaría por sí misma para garantizar el valor de una vida y su íntima coherencia. Por tanto es necesario reavivar incesantemente las formas exteriores por medio de este impulso interior, sin el cual quedarían convertidas bien pronto en una excesiva carga.

A través de la diversidad de las formas, que dan a cada Instituto su fisonomía propia y tienen su raíz en la plenitud de la gracia de Cristo, (21) la regla suprema de la vida religiosa, su norma última, es la de seguir a Cristo según las enseñanzas del Evangelio. ¿No es quizá esta preocupación lo que ha suscitado en la Iglesia, a lo largo de los siglos, la exigencia de una vida casta, pobre, obediente?

II - Compromisos esenciales

13. Castidad consagrada
Sólo el amor de Dios -es necesario repetirlo- llama en forma decisiva a la castidad religiosa. Este amor, por lo demás, exige imperiosamente la caridad fraterna, que el religioso vivirá más profundamente con sus contemporáneos en el corazón de Cristo. Con esta condición, el don de sí mismos, hecho a Dios y a los demás, será fuente de una paz profunda. Sin despreciar en ningún modo el amor humano y el matrimonio -¿no es él, según la fe, imagen y participación de la unión de amor que une a Cristo y la Iglesia? (22) la castidad consagrada evoca esta unión de manera más inmediata y realiza aquella sublimación hacia la cual debería tender todo amor humano. Así. en el momento mismo en que este último se halla cada vez más amenazado por “un erotismo devastador”, (23) ella debe ser, hoy más que nunca, comprendida y vivida con rectitud y generosidad. Siendo decididamente positiva, la castidad atestigua el amor preferencial hacia el Señor y simboliza, de la forma más eminente y absoluta, el misterio de la unión del Cuerpo místico a su Cabeza, de la Esposa a su eterno Esposo. Finalmente, ella alcanza, transforma y penetra el ser humano hasta lo más intimo mediante una misteriosa semejanza con Cristo.

14. Fuente de fecundidad espiritual
Por lo tanto os es necesario, queridos hijos e hijas, restituir toda su eficacia a la espiritualidad cristiana de la castidad consagrada. Cuando es realmente vivida, con la mirada puesta en el reino de los cielos, libera el corazón humano y se convierte así “como en un signo y un estímulo de la caridad y una fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo”. (24) Aun cuando éste no siempre la reconoce, ella permanece en todo caso místicamente eficaz en medio de él.

15. Don de Dios
Por lo que a nosotros se refiere, nuestra convicción debe permanecer firme y segura: el valor y la fecundidad de la castidad, observada por amor de Dios en el celibato religioso, no encuentran su fundamento último sino en la Palabra de Dios, en las enseñanzas de Cristo, en la vida de su Madre virgen, como también en la tradición apostólica, tal como ha sido afirmada incesantemente por la Iglesia. Se trata, efectivamente, de un don precioso que el Padre concede a algunos. Frágil y vulnerable a causa de la debilidad humana, él queda expuesto a las contradicciones de la pura razón y en parte incomprensible para aquellos a quienes la luz del Verbo Encarnado no haya revelado de qué manera el “que haya perdido su vida” por El, “la encontrará”. (25)

16. Pobreza consagrada
Siendo castos en el seguimiento de Cristo, vosotros queréis también vivir pobres, según su ejemplo, en el uso de los bienes de este mundo necesarios para el sustento cotidiano. Sobre este punto, por lo demás, nuestros contemporáneos os interpelan con particular insistencia. Ciertamente, los Institutos religiosos han de realizar una importante tarea en el marco de las obras de misericordia, de asistencia y de justicia social; y, al llevar a cabo este servicio, deben estar siempre atentos a las exigencias del Evangelio.

17. El grito de los pobres
Más acuciante que nunca, vosotros sentís alzarse el “grito de los pobres”, (26) desde el fondo de su indigencia personal y de su miseria colectiva. ¿No es quizá para responder al reclamo de estas creaturas privilegiadas de Dios por lo que ha venido Cristo, (27) llegando incluso hasta identificarse con ellos?. (28) En un mundo en pleno desarrollo, esta permanencia de masas y de individuos miserables es una llamada insistente a “una conversión de la mentalidad y de los comportamientos”, (29) en particular para vosotros que seguís “más de cerca” a Cristo (30) en su condición terrena de anonadamiento. Esta llamada -no lo ignoramos- resuena en vuestros corazones de una manera tan dramática que, a veces, algunos de vosotros sienten también la tentación de una acción violenta. Siendo discípulos de Cristo, ¿cómo podríais seguir una vida diferente a la suya? Ella no es, como bien sabéis, un movimiento de orden político o temporal, sino una llamada a la conversión de los corazones, a la liberación de todo impedimento temporal, al amor.

18. Pobreza y justicia
Y entonces, ¿cómo encontrará eco en vuestra existencia el grito de los pobres? El debe prohibiros, ante todo, lo que sería un compromiso con cualquier forma de injusticia social. Os obliga, además, a despertar las conciencias frente al drama de la miseria y a las exigencias de justicia social del Evangelio y de la Iglesia. Induce a algunos de vosotros a unirse a los pobres en su condición, a compartir sus ansias punzantes. Invita, por otra parte, a no pocos de vuestros Institutos a cambiar, poniendo algunas obras propias al servicio de los pobres, cosa que, por lo demás, ya muchos han actuado generosamente. Finalmente, os impone un uso de los bienes que se limite a cuanto se requiere para el cumplimiento de las funciones a las cuales estáis llamados. Es necesario que hagáis patente en vuestra vida cotidiana las pruebas, incluso externas, de la auténtica pobreza.

19. Uso de los bienes del mundo
En una civilización y en un mundo, cuyo distintivo es un prodigioso movimiento de crecimiento material casi indefinido, ¿qué testimonio ofrecería un religioso que se dejase arrastrar por una búsqueda desenfrenada de las propias comodidades y encontrase normal concederse, sin discernimiento ni discreción, todo lo que le viene propuesto? Mientras para muchos ha aumentado el peligro de verse envueltos por la seductora seguridad del poseer, del saber y del poder, la llamada de Dios os coloca en el vértice de la conciencia cristiana: esto es, recordar a los hombres que su progreso verdadero y total consiste en responder a su vocación de “participar, como hijos, a la vida del Dios viviente, Padre de todos los hombres”. (31)

20. Vida de trabajo
Vosotros sabréis comprender igualmente el lamento de tantas vidas, arrastradas hacia el torbellino implacable del trabajo para el rendimiento, de la ganancia para el goce, del consumo que, a su vez, obliga a una fatiga a veces inhumana. Un aspecto esencial de vuestra pobreza será pues el de atestiguar el sentido humano del trabajo, realizado en libertad de espíritu y restituido a su naturaleza de medio de sustentación y de servicio. ¿No ha puesto el Concilio, muy a propósito, el acento sobre vuestra necesaria sumisión a la “ley común del trabajo”? (32) Ganar vuestra vida y la de vuestros hermanos o vuestras hermanas, ayudar a los pobres con vuestro trabajo: he ahí los deberes que os incumben a vosotros. Pero vuestras actividades no pueden derogar la vocación de vuestros diversos Institutos ni comportar habitualmente trabajos tales que sustituyan a sus tareas específicas. Ellas no deberían llevaros, de ninguna manera, hacia la secularización con detrimento de la vida religiosa. Sed pues diligentes con el espíritu que os anima: ¡qué equivocación sería si os sintierais “valorizados” únicamente por la retribución de trabajos profanos!

21. Participación fraterna
La necesidad, hoy tan categórica, de la participación fraterna debe conservar su valor evangélico. Según la expresión de la Didaché, “si compartís entre vosotros los bienes eternos, con mayor razón debéis compartir los bienes, perecederos”. (33) La pobreza, vivida efectivamente poniendo en común los bienes. comprendido el salario, testimoniará la espiritual comunión que os une; será un reclamo viviente para todos los ricos y aportará también un alivio a vuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados. El legítimo deseo de ejercer una responsabilidad personal no se expresará en el goce de las propias rentas sino en la participación fraterna al bien común. Las formas de la pobreza de cada uno y de cada comunidad dependerán del tipo dé Instituto y de la forma de obediencia que allí es practicada: así se realizará, según las particulares vocaciones, el carácter de dependencia, inherente a toda pobreza.

22. La exigencia evangélica

Vosotros dais constancia de ello, queridos hijos e hijas: las necesidades del mundo de hoy, si las sentís en íntima unión con Cristo, hacen más urgente y más profunda vuestra pobreza. Si os es necesario, evidentemente, tener en cuenta el ambiente humano en que vivís para adaptar a él vuestro estilo de vida, vuestra pobreza no podrá ser pura y simplemente una conformidad con las costumbres de tal ambiente. Su valor de testimonio le vendrá de una generosa respuesta a la exigencia evangélica en la fidelidad total a vuestra vocación y no solamente de una preocupación por aparecer pobres, la cual podría quedar demasiado superficial, evitando de todas maneras, formas de vida que denotarían una cierta afectación y vanidad. Aun reconociendo que ciertas situaciones pueden justificar el quitar un tipo de hábito, no podemos silenciar la conveniencia de que el hábito de los religiosos y religiosas siga siendo, como quiere el Concilio, signo de su consagración (34) y se distinga, de alguna manera, de las formas abiertamente aseguradas.

23. Obediencia consagrada
¿No es la misma fidelidad la que inspira vuestra profesión de obediencia, a la luz de la fe y según el dinamismo propio de la caridad de Cristo? En efecto, mediante esta profesión, vosotros realizáis el ofrecimiento total de vuestra voluntad y entráis más decididamente y con más seguridad en su designio de salvación. Siguiendo el ejemplo de Cristo que ha venido a cumplir la voluntad del Padre, en comunión con Aquel que “sufriendo ha aprendido la obediencia” y “se ha hecho siervo de los propios hermanos”, vosotros estáis vinculados “más estrechamente al servicio de la Iglesia” y de vuestros hermanos. (35)

24. Fraternidad evangélica y sacrificio
La aspiración evangélica a la fraternidad ha sido puesta muy de relieve por el Concilio: la Iglesia se ha definido como “el Pueblo de Dios”, en el cual la jerarquía se pone al servicio de los miembros de Cristo, unidos entre sí por la misma caridad. (36) Dentro del estado religioso, como en toda la Iglesia, se vive el mismo misterio pascual de Cristo. El profundo sentido de la obediencia se revela en la plenitud de este misterio de muerte y resurrección, en el que se realiza de manera perfecta el destino sobrenatural del hombre: es, efectivamente, a través del sacrificio, del sufrimiento y de la muerte como éste llega a la verdadera vida.

Ejercer la autoridad en medio de vuestros hermanos significa, pues, servirlos (37) según el ejemplo de Aquel que “ha dado su vida para remisión de muchos”. (38)

25. Autoridad y obediencia
Por tanto, la autoridad y la obediencia se ejercen al servicio del bien común, como dos aspectos complementarios de la misma participación a la ofrenda de Cristo: para aquellos que están constituidos en autoridad, se trata de servir en los hermanos el designio de amor del Padre, mientras, con la aceptación de sus directrices, los religiosos siguen el ejemplo de nuestro Maestro (39) y colaboran a la obra de la salvación. Así, lejos de estar en oposición, autoridad y libertad individual proceden al mismo paso en el cumplimiento de la voluntad de Dios, fraternamente buscada, a través de un confiado diálogo entre el superior y su hermano, cuando se trata de una situación personal, o a través de un acuerdo de carácter general en lo que atañe a la entera comunidad. En esta búsqueda, los religiosos sabrán evitar tanto la excesiva perturbación de los espíritus, como la preocupación por hacer prevalecer por encima del sentido profundo de la vida religiosa el atractivo de las opiniones corrientes. Es un deber de cada uno, pero particularmente de los superiores y de cuantos tienen una responsabilidad entre sus hermanos o sus hermanas, despertar en la comunidad la certeza de la fe que debe guiarlos. La búsqueda tiene como fin profundizar esta certeza y traducirla a la práctica en la vida diaria según las necesidades del momento y no ya ponerlas de algún modo en discusión. Este trabajo de búsqueda común debe, cuando sea el caso, concluirse con las decisiones de los superiores, cuya presencia y reconocimiento son indispensables en toda comunidad.

26. En las necesidades de la vida cotidiana
Las modernas condiciones de la existencia influyen naturalmente en vuestro modo de vivir la obediencia. Muchos de vosotros, efectivamente, realizan una parte de sus actividades fuera de las casas religiosas y ejercen una función en la cual tienen una especial competencia. Otros se sienten inclinados a colaborar en grupos de trabajo con régimen propio. El riesgo inherente a tales situaciones, ¿no es una invitación a confirmar y a profundizar el sentido de la obediencia? Para que esto sea verdaderamente beneficioso es necesario respetar algunas condiciones. Se debe, ante todo, comprobar si el trabajo asumido está en conformidad con la vocación del Instituto. Conviene también definir claramente los dos ámbitos. Sobre todo, es necesario saber pasar de la actividad externa a las exigencias de la vida común, preocupándose de garantizar toda su eficacia a los elementos de la vida propiamente religiosa. Uno de los deberes principales de los superiores es el de asegurar a sus hermanos y hermanas en religión las condiciones indispensables para su vida espiritual. Ahora bien, ¿cómo podrían cumplirlo sin la confiada colaboración de toda la comunidad?

27. Libertad y Obediencia
Añadamos también esto: cuanto más ejerzáis vuestra responsabilidad, tanto más necesario resulta renovar, en su pleno significado, la donación de vosotros mismos. El Señor impone a cada uno la obligación de “perder la propia vida”, si quiere seguirlo. (40) Vosotros observaréis este mandato aceptando las directrices de vuestros superiores como una garantía de vuestra profesión religiosa que es “ofrenda total de vuestra voluntad personal como sacrificio de vosotros mismos a Dios”. (41) La obediencia cristiana es una sumisión incondicional al querer divino. Pero la vuestra es más rigurosa porque vosotros la habéis hecho objeto de una dedicación especial y el horizonte de vuestras opciones se ve limitado por vuestros compromisos. Es un acto completo de vuestra libertad que se halla al origen de vuestra condición presente: es deber vuestro hacerlo siempre más vivo, ya sea por vuestra propia iniciativa, ya sea con el asentimiento que prestáis de corazón a las órdenes de vuestros superiores. Así, el Concilio enumera entre los beneficios del estado religioso “una libertad corroborada por la obediencia”, (42) subrayando que tal obediencia “lejos de disminuir la dignidad de la persona humana, la conduce hacia la madurez, haciendo desarrollar la libertad de los hijos de Dios”. (43)

28. Conciencia y obediencia
Y sin embargo, ¿no es quizá posible que haya conflictos entre la autoridad del superior y la conciencia del religioso, “ese santuario, en el cual el hombre está a solas con Dios y en el cual su voz se hace entender?” (44) Es necesario repetirlo: la conciencia no es por sí sola el árbitro del valor moral de las acciones que inspira, sino que debe hacer referencia a normas objetivas y, si es necesario, reformarse y rectificarse. Hecha excepción de una orden que fuese manifiestamente contraria a las leyes de Dios o a las constituciones del Instituto, o que implicase un mal grave y cierto -en cuyo caso la obligación de obedecer no existe-, las decisiones del superior se refieren a un campo donde la valoración del bien mejor puede variar según los puntos de vista. Querer concluir, por el hecho de que una orden dada aparezca objetivamente menos buena, que ella es ilegitima y contraria a la conciencia, significaría desconocer, de manera poco real, la oscuridad y la ambigüedad de no pocas realidades humanas. Además, el rehusar la obediencia lleva consigo un daño, a veces grave, para el bien común. Un religioso no debería admitir fácilmente que haya contradicción entre el juicio de su conciencia y el de su superior. Esta situación excepcional comportará alguna vez un auténtico sufrimiento interior, según el ejemplo de Cristo mismo “que aprendió mediante el sufrimiento lo que significa la obediencia”. (45)

29. La Cruz, prueba del más grande amor
Todo esto para decir a qué grado de renuncia compromete la práctica de la vida religiosa. Debéis pues experimentar algo del peso que atraía al Señor hacia su cruz, este “bautismo con el que debía ser bautizado”, donde se habría encendido aquel fuego que os inflama también a vosotros; (46) algo de aquella “locura” que San Pablo desea para todos nosotros, porque sólo ella nos hace sabios. (47) Sea la cruz para vosotros, como lo fue para Cristo, la prueba del amor más grande. ¿No existe quizá una relación misteriosa entre la renuncia y la alegría interior, entre el sacrificio y la amplitud de corazón, entre la disciplina y la libertad espiritual?

III - Estilo de vida

30. Dar testimonio
Admitámoslo, hijos e hijas en Cristo: en el momento presente es difícil encontrar un estilo de vida que esté en armonía con estas exigencias. Demasiados estímulos contrarios os impulsan a buscar, ante todo, una acción humanamente eficaz. Pero, ¿no toca a vosotros dar ejemplo de una austeridad gozosa y equilibrada, aceptando las dificultades inherentes al trabajo y a las relaciones sociales y soportando pacientemente las pruebas de la vida con su angustiosa incertidumbre, como renuncias indispensables para la plenitud de la vida cristiana? Los religiosos, en efecto, “tienden a la santidad por el camino más estrecho”. (48) En medio de estas penas, grandes o pequeñas, vuestro fervor interior os hace descubrir la cruz de Cristo y os ayuda a aceptarlas con fe y amor.

31. Según el ejemplo de Cristo
Con esta condición vosotros daréis el testimonio que el Pueblo de Dios espera: si sois hombres y mujeres capaces de aceptar la incógnita de la pobreza, de ser atraídos por la sencillez y la humildad, amantes de la paz, libres de compromisos, espontáneos y tenaces, dulces y fuertes en la certeza de la fe, esta gracia os será dada por Jesucristo en proporción a la donación completa que hagáis de vosotros mismos, sin pretender retirarla jamás. La historia reciente de tantos religiosos y religiosas que han sufrido generosamente por Cristo en diversos países es una prueba elocuente de ello. A la vez que les expresamos nuestra admiración, los presentamos a la admiración de todos.

32. Fortalecer el hombre interior
En este camino, una preciosa ayuda os ofrecen las formas de vida que ha impulsado a adoptar la experiencia, fiel a los carismas de los diversos Institutos, y de los cuales ella ha cambiado la síntesis, proponiendo además continuamente nuevas transformaciones. Aunque las modalidades sean diversas, estos medios están siempre ordenados a la formación del hombre interior. Y ha de ser el empeño por fortalecerlo el que os ayude a reconocer, en el ámbito de tan diversos estímulos, las formas de vida más adecuadas. Un excesivo deseo de flexibilidad y de espontaneidad creativas pueden, en efecto, llevar a tachar de rigidez aquel mínimo de regularidad en las costumbres, que exigen ordinariamente la vida de comunidad y la maduración de las personas. Impulsos desordenados, al reclamo de la caridad fraterna o de lo que se considera moción del Espíritu, incluso pueden llevar a la ruina las mismas instituciones.

33. Importancia del medio ambiente
No se debería, por tanto, menospreciar la importancia del medio ambiente tanto en la orientación habitual de todo el ser, tan complejo y dividido, en la dirección del llamamiento divino, como en la integración espiritual de sus tendencias. ¿No se deja arrastrar frecuentemente el corazón por lo que pasa? Ahora bien, muchos estaréis obligados a conducir vuestra existencia, al menos en parte, en un mundo que tiende a desterrar al hombre de sí mismo y a comprometer, a la vez que su unidad espiritual, su unión con Dios. Es necesario pues que aprendáis a encontrarlo aun en esas condiciones de vida, marcadas por ritmos siempre más acelerados, por el ruido y por los estímulos de las realidades efímeras.

34. Para fortalecerse en Dios
¿Quién no ve toda la ayuda que os ofrece, para llegar a esa unión, el ambiente fraternal de una existencia regulada, con sus normas de vida libremente aceptadas? Estas aparecen cada día más necesarias a quien “entra en su corazón”, (49) en el sentido bíblico de la palabra, que expresa algo de lo más profundo de nuestros sentimientos, de nuestras ideas y de nuestros deseos, y está penetrado por la idea del infinito, del absoluto, de nuestro destino eterno. En la perturbación presente, los religiosos deben dar testimonio de ese hombre, al cual la adhesión vital al propio fin, es decir, al Dios viviente, ha realmente unificado y abierto, mediante la integración de todas sus facultades, la purificación de sus pensamientos, la espiritualización de sus sentidos, la profundidad y la perseverancia de su vida en Dios.

35. Necesario retiro del mundo
En la medida, por tanto, en que vosotros realizáis funciones externas, es necesario que aprendáis a pasar de estas actividades a la vida recogida, en la cual se vuelven a templar vuestras almas. Si realizáis verdaderamente la obra de Dios, notaréis en vosotros mismos la necesidad de momentos de retiro, que, junto con vuestros hermanos y vuestras hermanas de religión, transformaréis en momentos de plenitud. Dadas las excesivas ocupaciones y las tensiones de la vida moderna, conviene dar una particular importancia, junto al ritmo de la plegaria cotidiana, a esos momentos más prolongados de oración, que estén distribuidos a intervalos en los diversos períodos, según las posibilidades y la naturaleza de vuestras vocaciones. Si además, según vuestras constituciones, las casas a que pertenecéis practican ampliamente la hospitalidad fraterna, tocará a vosotros regular la frecuencia y el “estilo”, con el fin de evitar cualquier perturbación inútil y facilitar a vuestros huéspedes la unión íntima con Dios.

36. Iniciación espiritual
Este es el sentido de la observancia que señala el ritmo de vuestra vida cotidiana. Lejos de considerarla bajo el aspecto único de obligación de una regla, una conciencia vigilante la juzga por los beneficios que aporta, al asegurar una más grande plenitud espiritual. Es necesario afirmarlo: la observancia religiosa requiere, mucho más que una instrucción racional o una educación de la voluntad, una verdadera iniciación orientada a cristianizar el ser hasta lo más profundo, según las Bienaventuranzas evangélicas.

37. Doctrina de vida
“Una doctrina probada para el logro de la perfección” (50) es considerada por el Concilio como uno de los patrimonios de los Institutos y uno de los beneficios más grandes que ellos os deben garantizar. Y como esta perfección consiste en avanzar siempre en el amor de Dios y de nuestros hermanos, es necesario entender tal “doctrina” de manera bien concreta, es decir, como una doctrina de vida, que debe ser efectivamente vivida. Esto quiere decir que los esfuerzos de búsqueda, a los cuales se están dedicando los Institutos, no pueden consistir solamente en la realización de ciertas adaptaciones, determinadas por los cambios del mundo; por el contrario deben favorecer un nuevo descubrimiento fecundo de los medios indispensables para conducir una existencia toda ella penetrada por el amor de Dios y de los hombres.

38. Edificación del hombre nuevo
Por consiguiente se impone la necesidad, tanto para las comunidades como para las personas que las constituyen, de pasar del estado “psíquico” a un estado verdaderamente “espiritual”. (51) “El hombre nuevo”, del cual habla San Pablo, ¿no constituye acaso como la plenitud eclesial de Cristo y, juntamente, la participación de cada cristiano a esta plenitud? Tal orientación hará de las familias religiosas el ambiente vital que desarrollará el germen de vida divina, injertado por el bautismo en cada uno de vosotros y al cual vuestra consagración, íntegramente vivida, consentirá producir sus frutos con la mayor abundancia.

39. Sencillez acogedora de la vida comunitaria
Aun siendo imperfectos, como todo cristiano, os proponéis sin embargo crear un ambiente apto para favorecer el progreso espiritual de cada uno de los miembros. ¿Cómo se puede llegar a esto, si no es ahondando en el Señor vuestras relaciones con vuestros hermanos, aun las más ordinarias? La caridad -no lo olvidemos- debe ser como una activa esperanza de lo que los demás pueden llegar a ser gracias a nuestra ayuda fraterna. El signo de su autenticidad se comprueba por la gozosa sencillez con que todos se esfuerzan por comprender lo que cada uno anhela. (52) Si algunos religiosos dan la impresión de haberse quedado como apagados por su vida comunitaria, la que por el contrario hubiera debido hacerles abrirse, ¿no ocurrirá esto, porque falta en ella esa cordialidad comprensiva que alimenta la esperanza? Es indudable que el espíritu de grupo, las relaciones de amistad, la colaboración fraterna en un mismo apostolado, como también el apoyo mutuo en una comunidad de vida, elegida para servir mejor a Cristo, son otros tantos coeficientes preciosos en este camino cotidiano.

40. Pequeñas Comunidades
Desde este punto de vista, van surgiendo algunas tendencias ordenadas a crear comunidades más reducidas. Una especie de reacción espontánea contra el anonimato de las concentraciones urbanas, la necesidad de adaptar el edificio de una comunidad al habitat exiguo de las ciudades modernas y la necesidad misma de estar más próximos, por las condiciones de vida, a una población que ha de ser evangelizada, son motivos que inducen a algunos Institutos a proyectar preferentemente la fundación de comunidades con un reducido número de miembros. Estas pueden favorecer también el desarrollo de relaciones más estrechas entre los religiosos y una asunción recíproca y más fraterna de las responsabilidades. Sin embargo, si un determinado esquema puede efectivamente favorecer la creación de un clima espiritual, sería ilusorio creer que ello baste para desarrollarlo. Las comunidades pequeñas, más que ofrecer una forma de vida más fácil, se revelan por el contrario más exigentes para sus miembros.

41. Grandes Comunidades
Por otra parte, sigue siendo verdad que las comunidades numerosas son particularmente convenientes para muchos religiosos. Pueden ser exigidas además por la naturaleza de un servicio caritativo, por determinados trabajos de carácter intelectual o por la actuación de la vida contemplativa o monástica: reine siempre en ellas la unidad perfecta de corazones y de almas, en plena correspondencia con el fin espiritual y sobrenatural al cual tienden. Por lo demás, prescindiendo de sus dimensiones, las comunidades grandes o pequeñas, no podrán ayudar a sus miembros más que permaneciendo constantemente animadas por espíritu evangélico, alimentadas por la oración y generosamente marcadas por la mortificación del hombre viejo, por la necesaria disciplina para la formación del hombre nuevo y por la fecundidad del sacrificio de la Cruz.

IV - Renovación y crecimiento espiritual

42. Deseo de Dios
¿Cómo no vais a desear, queridos religiosos y religiosas, conocer mejor a Aquél que amáis y queréis manifestar a los hombres? ¡Con El os une la oración! Si hubierais perdido el gusto por ésta, sentiríais nuevamente el deseo poniéndoos humildemente a orar. No olvidéis por lo demás el testimonio de la historia: la fidelidad a la oración o el abandono de la misma son el paradigma de la vitalidad o de la decadencia de la vida religiosa.

43. Oración
Descubrimiento de la intimidad divina, exigencia de adoración, necesidad de intercesión: la experiencia de la santidad cristiana nos demuestra la fecundidad de la oración, en la cual Dios se manifiesta al espíritu y al corazón de sus siervos. El Señor nos da este conocimiento de si mismo en el fuego del amor. Son múltiples los dones del Espíritu, pero ellos nos permiten siempre gustar este conocimiento íntimo y verdadero del Señor, sin el cual no lograríamos ni comprender el valor de la vida cristiana y religiosa, ni poseer la fuerza para progresar en ella con la alegría de una esperanza que no decepciona.

44. El espíritu de oración penetra la vida fraterna
Ciertamente el Espíritu Santo os da también la gracia de descubrir el rostro del Señor en el corazón de los hombres, que El mismo os enseña a amar como hermanos. Y os ayuda a recoger las manifestaciones de su amor en medio de la trama de los acontecimientos. Con la atención humildemente dirigida hacia los hombres y hacia las cosas, el Espíritu de Jesús nos ilumina y nos enriquece con su sabiduría, con tal de que estemos profundamente penetrados por el espíritu de oración.

45. Necesidad de vida interior
¿No es quizá una de las miserias de nuestro tiempo el desequilibrio “entre las condiciones colectivas de la existencia y las exigencias del pensamiento personal y de la misma contemplación”? (53) ¡Muchos hombres -y entre ellos muchos jóvenes- han perdido el sentido de su propia vida y están ansiosamente en busca de las dimensiones contemplativas de su ser, sin pensar que Cristo, por medio de su Iglesia, podría dar una respuesta a sus expectativas! Hechos de este tipo os deberían llevar a reflexionar seriamente sobre lo que los hombres tienen derecho a esperar de vosotros, que os habéis comprometido formalmente a vivir al servicio del Verbo, “la luz verdadera que ilumina a todo hombre”. (54) Tened pues conciencia de la importancia de la oración en vuestra vida y aprended a dedicaros generosamente a ella: la fidelidad a la oración cotidiana seguirá siendo para cada uno y cada una de vosotros una necesidad fundamental y debe ocupar el primer puesto en vuestras constituciones y en vuestra vida.

46. Silencio
El hombre interior ve en el tiempo de silencio como una exigencia del amor divino, y le es normalmente necesaria una cierta soledad para sentir a Dios que le “habla al corazón”. (55) Es necesario subrayarlo: un silencio que fuese simplemente ausencia de ruido o de palabras, en el cual no podría templarse el alma, estaría evidentemente privado de todo valor espiritual y podría por el contrario servir de perjuicio a la caridad fraterna, si en aquel momento fuese urgente entrar en contacto con los demás. En cambio, la búsqueda de la intimidad con Dios lleva consigo la necesidad verdaderamente vital de un silencio de todo el ser, ya sea para quienes deben encontrar a Dios incluso en medio del estruendo, ya sea para los contemplativos. (56) La fe, la esperanza, un amor a Dios dispuesto a acoger los dones del Espíritu, como también un amor fraterno abierto al misterio de los demás, implican como exigencia propia una necesidad de silencio.

47. Vida litúrgica
Finalmente, ¿es necesario recordaros el puesto especialísimo que ocupa en la vida de vuestras comunidades la liturgia de la Iglesia cuyo centro es el sacrificio eucarístico, en el cual la oración interior se une al culto externo?. (57) En el momento de vuestra profesión religiosa, habéis sido ofrecidos a Dios por la Iglesia, en íntima unión con el sacrificio eucarístico. (58) Día tras día, este ofrecimiento de vosotros mismos debe convertirse en realidad, concreta y continuamente vivida. La comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la fuente primaria de tal renovación; (59) vuestra voluntad de amar verdaderamente y hasta la donación de la vida se robustezca incesantemente en ella.

48. La Eucaristía, corazón de la Comunidad y fuente de vida
Reunidas en su nombre, vuestras comunidades tienen de por sí como centro la Eucaristía “sacramento de amor, signo de unidad, vínculo de caridad”. (60) Es pues normal que ellas se encuentren visiblemente reunidas en torno a un oratorio, donde la presencia de la sagrada Eucaristía expresa y realiza a la vez lo que debe ser la principal misión de toda familia religiosa, como, por otra parte, de toda asamblea cristiana. La Eucaristía, gracias a la cual no cesamos de anunciar la muerte y la resurrección del Señor y de prepararnos a su venida gloriosa, trae constantemente a la memoria los sufrimientos físicos y morales que agobiaron a Cristo y que sin embargo habían sido aceptados libremente por El hasta la agonía y la muerte en la cruz. Las pruebas que vais a encontrar, sean para vosotros la ocasión de llevar juntamente con el Señor y ofrecer al Padre tantas desgracias y sufrimientos injustos que afligen a nuestros hermanos y a los cuales sólo el sacrificio de Cristo puede dar, en la fe, un significado.

49. Fecundidad espiritual para el mundo
De esta manera, también el mundo está presente en el centro de vuestra vida de oración y de ofrenda, como el Concilio ha explicado vigorosamente: “Y nadie piense que los religiosos, por su consagración, se hacen extraños a los hombres o inútiles para la sociedad terrena. Por que, si bien en algunos casos no sirven directamente a sus contemporáneos, los tienen sin embargo presentes de manera más íntima en las entrañas de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificación de la ciudad terrena se funde siempre en el Señor y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quienes la edifican”. (61)

50. Participación en la misión de la Iglesia
Esta participación en la misión de la Iglesia -insiste el Concilio- no puede lograrse sin una apertura y una colaboración a sus “iniciativas y a los fines que ella persigue en los varios campos, como en el bíblico, litúrgico, dogmático, pastoral, ecuménico, misionero y social”. (62) Preocupados por tomar parte en la pastoral de conjunto, lo haréis ciertamente, siempre “en el respeto del carácter propio de cada Instituto”, recordando que la exención atañe sobre todo a su estructura interna y que no os dispensa de someteros a la jurisdicción de los obispos responsables “en cuanto lo requieran tanto el cumplimiento del cargo pastoral de éstos, como la debida ordenación de la cura de almas”. (63) Por lo demás, ¿no debéis vosotros, más que nadie, recordar sin descanso que la acción de la Iglesia continúa la del Salvador en beneficio de los hombres sólo cuando entra en el dinamismo de Cristo mismo que devuelve todo a su Padre: “Todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios”?. (64) La llamada de Dios, en efecto, os orienta, de la manera más directa y más eficaz, en el sentido del Reino eterno. A través de las tensiones espirituales, inevitables en toda vida que sea verdaderamente religiosa, vosotros dais testimonio “en forma luminosa y singular, de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas. (65)

LLAMAMIENTO FINAL

51. Para una auténtica renovación de la vida religiosa
Queridos hijos e hijas en Cristo: la vida religiosa, para renovarse, debe adaptar sus formas accidentales a algunos cambios que atañen, con una rapidez y una amplitud crecientes, a las condiciones de toda existencia humana. Pero, ¿cómo llegar a eso, manteniendo las “formas estables de vida” (66) reconocidas por la Iglesia, sino mediante una renovación de la auténtica e íntegra vocación de vuestros Institutos? Para un ser que vive, la adaptación a su ambiente no consiste en abandonar su verdadera identidad, sino más bien en robustecerse dentro de la vitalidad que le es propia. La profunda comprensión de las tendencias actuales y de las exigencias del mundo moderno debe hacer que vuestras fuentes broten con renovado vigor y frescura. Tal compromiso es exaltante en proporción a las dificultades.

52. Necesidad de testimonio evangélico en el mundo de hoy
Una pregunta apremiante nos abruma hoy: ¿cómo hacer penetrar el mensaje evangélico en la civilización de masas? ¿Cómo actuar a niveles donde se elabora una nueva cultura, donde se va creando un nuevo tipo de hombre, que cree no tener ya necesidad de redención? Estando todos llamados a la contemplación del misterio de la salvación, os dais cuenta del serio empeño que de tales interrogantes deriva para vuestras existencias y qué estímulo para vuestro celo apostólico. Queridos religiosos y religiosas: según las modalidades que la llamada de Dios pide a vuestras familias espirituales, vosotros debéis seguir con ojos bien abiertos las necesidades de los hombres, sus problemas, sus búsquedas, testimoniando en medio de ellos, con la oración y con la acción, la eficacia de la Buena Nueva de amor, de justicia y de paz. La aspiración de la humanidad a una vida más fraterna, a nivel de las personas y de las naciones, exige ante todo una transformación de las costumbres, de las mentalidades y de la conciencias. Tal misión, común a todo el Pueblo de Dios, es vuestra por título particular. ¿Cómo cumplirla si falta ese gusto del absoluto, que es el fruto de una cierta experiencia de Dios? Esto equivale a subrayar cómo la auténtica renovación de la vida religiosa sea de capital importancia para la renovación misma de la Iglesia y del mundo.

53. Testimonio viviente del amor del Señor
Este mundo, hoy más que nunca, tiene necesidad de ver en vosotros hombres y mujeres que han creído en la Palabra del Señor, en su Resurrección y en la vida eterna hasta el punto de empeñar su vida terrena para dar testimonio de la realidad de este amor que se ofrece a todos los hombres. La Iglesia no ha cesado de ser vivificada en el curso de la historia y de alegrarse por tantos religiosos y religiosas que, en la diversidad de sus vocaciones, fueron testimonios vivientes de un amor sin límites a Jesucristo. Esta gracia, ¿no es para el hombre de hoy como un soplo vivificador venido desde lo infinito, como una liberación de si mismo en la perspectiva de un gozo eterno y absoluto?

Abiertos a este gozo divino, renovando la afirmación de la realidad de la fe e interpretando cristianamente a su luz las necesidades del mundo, vivís generosamente las exigencias de vuestra vocación. Ha llegado el momento de esperar con la máxima seriedad una rectificación de vuestras conciencias si fuera necesario y también una revisión de toda vuestra vida para una mayor fidelidad.

54. Llamamiento a todos los Religiosos y Religiosas
Contemplándoos con la ternura del Señor cuando llamaba a sus discípulos “pequeña grey” y les anunciaba que su Padre se había complacido en darles el Reino. (67) Nosotros os suplicamos: conservad la sencillez de los “más pequeños” del Evangelio. Sabed encontrarla en el íntimo y más cordial trato con Cristo o en el contacto directo con vuestros hermanos. Conoceréis entonces “el rebosar de gozo por la acción del Espíritu Santo” que es de aquellos que son introducidos en los secretos del Reino. No busquéis entrar a formar parte de aquellos “sabios y prudentes”, cuyo número tiende a multiplicarse, para quienes tales secretos están escondidos. (68) Sed verdaderamente pobres, mansos, hambrientos de santidad, misericordiosos, puros de corazón; sed de aquellos, gracias a los cuales el mundo conocerá la paz de Dios. (69)

55. Irradiación fecunda de vuestro gozo
La alegría de pertenecer a El para siempre es un incomparable fruto del Espíritu Santo que vosotros ya habéis saboreado. Animados por este gozo, que Cristo os conservará en medio de las pruebas, sabed mirar con confianza el porvenir. Este gozo, en la medida en que se irradiará desde vuestras comunidades, será para todos la prueba de que el estado de vida escogido por vosotros os ayuda, a través de la triple renuncia de vuestra profesión religiosa, a realizar la máxima expansión de vuestra vida en Cristo. Mirando a vosotros y a vuestras vidas, los jóvenes podrán comprender bien la llamada que Jesús no cesará jamás de hacer resonar en medio de ellos. (70) El Concilio, en efecto, os lo recuerda: “El ejemplo de vuestra vida es la mejor recomendación del Instituto y la más eficaz invitación a abrazar la vida religiosa”. (71)

Además, no hay duda de que demostrándoos profunda estima y gran afecto, obispos, sacerdotes, padres y educadores cristianos despertarán en muchos el deseo de caminar en pos de vosotros, respondiendo a la llamada de Cristo que no cesa de resonar en sus discípulos.

56. Oración y María
Que la Madre amadísima del Señor, bajo cuyo ejemplo habéis consagrado a Dios vuestra vida, os alcance, en vuestro caminar diario, aquella alegría inalterable que sólo Jesús puede dar. Que vuestra vida, siguiendo su ejemplo, logre dar testimonio de “aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, asociados en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres”. (72) Hijos e hijas amadísimos: que el gozo del Señor transfigure vuestra vida consagrada y la fecunde su amor. En su nombre, de todo corazón, os bendecimos.

Vaticano, en la Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 1971, noveno de nuestro Pontificado.
Pablo VI

EVANGELICA TESTIFICATIO

Uniuscuiusque religiosae familiae in catholico orbe sodalibus: de religiosa vita secundum Concilii Oecumenici Vaticani II renovanda praeceptiones.

ADHORTATIO APOSTOLICA PAULI VI
DILECTI IN CHRISTO FILII ET FILIAE SALUTEM ET APOSTOLICAM BENEDICTIONEM

1. Evangelica testificatio vitae religiosae oculis hominum aperte manifestat primas partes Dei amori tributas ac quidem tali cum vehementia, pro qua gratiae Spiritui Sancto agantur oporteat. Animo simplici - ut Ioannes XXIII, Decessor Noster rec. mem., fecit sub Concilii Oecumenici Vaticani II celebrati?nem (Adhortatio ad universi orbis catholici sanctimoniales et sacras virgines II tempio massimo: AAS 54 (1962), pp. 508-517) - vobis enuntiare velimus, quantam spem in Nobis excitet, perinde atque in cunctis Pastoribus et fidelibus Ecclesiae, spiritualis magnanimitas illorum, qui, sive viri sive mulieres, Domino vitam suam consecrarunt, consiliorum evangelicorum spiritum et usum servantes. Optamus etiam vos iuvare, ut, doctrinae Concilii Vaticani II inhaerentes, iter Christi sectatorum, a vobis susceptum, pergatis.

2. Quod quidem agentes, eo consilio ducimur, ut inquietudini, incerto animorum statui, inconstantiae occurramus, quae nonnulli ostendunt, et ut e?s pariter confirmemus, qui veram expetunt vitae religiosae renovationem. Quaedam enim mutationes, audacius et ad arbitrium inductae, nimia diffidentia praeteriti temporis, etiamsi hoc sapientiam vigoremque traditionum ecclesialium testetur, habitus mentis plus aequo eo c?ntendens, ut quis ad magnas immutationes, quibus aetas nostra concutitur, festinantius sese conformet: haec omnia nonnullos fortasse moverunt, ut peculiares vitae religiosae formas existimarent caducas. Nonne quidam eo sunt progressi, ut contra ius fasque ad Concilium provocarent, id intendentes, ut illam quoad ipsum eius principium in controversiam adducerent? Verumtamen constat omnino Concilium huic peculiari dono locum singularem in vita Ecclesiae tribuisse, quatenus illi, qui id acceperunt, eius ope magis conformantur ad genus vitae virginales et pauperis, quod sebi elegit Christus Dominus, quodque Mater eius Virgo amplexa est (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, cap. VI, 46: AAS 57 (1965), p. 52). Concilium praeterea vias ostendit, quibus idem domum secundum Evangelii praeceptiones renovaretur (CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis: AAS 58 (1966), pp. 702-712).

3. Traditio autem Ecclesiae - numquid in memoriam id redigere oportet? - ab ipsis suis initiis, hanc eximiam perhibet testificationem constantis Deum quaerendi studii, amoris unici et indivisi erga Christum, ardoris regni eius incrementis absolutissime se devovendi. Hoc quidem dempto signo visu manifesto, periculum est, ne ipsa caritas, qua Ecclesia universa vegetatur, frigescat, mirabilis Ille vulgarique opinioni contrarius hebescat nuntius salvificus Evangelii, sal fidei in mundo evanescat, qui hac aetate ad saeculares accedit condiciones.

Spiritus Sanctus a primis saeculis, praeter martyres Christum heroum in modum confitentes, discipulorum et virginum nec non eremitarum mirandam fortitudinem excitavit. Quod quidem fuit iam quaedam adumbratio vitae religiosae, quae magis in dies adducebatur, ut progressione quadam effloresceret ac diverses distingueretur formes vitae communes aut solfitariae, ut instanti Christi invitationi responderetur: Nemo est, qui reliquit domum aut uxorem aut fratres aut parentes aut filios propter Regnum Dei, et non recipiat multo plura in hoc tempore et in saeculo venturo vitam aeternam (Lc 18,29-30).

Quis audeat affirmare eiusmodi invitamento non amplius eandem vim atque vigorem inesse, Ecclesiam carere posse praestantissimis eiusmodi testibus Christi amoris naturam transcendentis, vel mundum sine sui detrimento pati posse haec lumina exstingui, quae Regnum Dei annuntiant ea cum libertate, quae non obstruatur impedimentis et cotidie a mille filiis eius filiabusque vivendo exprimatur?

4. Dilecti filii et filiae, qui, consilia evangelica perficientes, liberius Christum sectari ac pressius imitari voluistis - tota vita Deo devota per peculiarem consecrationem, quae in baptismali consecratione ut in radice fundatur eamque plenius manifestat - utinam mente conplectamini egregiam existimationem ac dilectionis affectum, quo vos in nomine Christi Iesu prosequimur! Carissimis Fratribus in episcopatu vos commendamus, qui una cum presbyteris, suis in sacerdotio c?operatoribus, conscientiae officium circa vitam religiosam percipiunt. Omnes etiam laicos, quibus proprie, etsi non exclusive, saecularia officia et navitates competunt (Cf CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 43: AAS 58 (1966), p. 1062), rogamus, ut intellegant, quam valide a vobis impellantur, ut eam exquirant sanctitatem, ad quam et ipsi baptismo suo in Christo vocantur in gloriam Patris! (Cf CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, cap. V: AAS 57 (1965), pp. 44-49)

5. Non paucas res externas, a Conditoribus Ordinum et Congregationum religiosarum mandatas, his ipsis temporibus obsoletas esse procul dubio apparet. Nonnullae, saeculorum decursu coacervatae, quibus vita religiosa onerata est atque obriguit, alleventur oportet. Sunt quidem efficiendae accommodationes, novae possunt, probante Ecclesia, formae inquiri atque induci. Hoc ipsum est propositum, quod plures iam annos maior Institutorum religiosorum pars alacriter persequitur, novi generis constitutionibus et regulis - interdum audentius - experimenti causa invectis. Hoc quippe compertum habemus hosque renovationis conatus, a Concilio expetitos (Cf Litt. Apost. motu proprio datae Ecclesiae Sanctae: AAS 58 (1966), pp. 757 ss.; S. CONCR. PRO RELIGIOSIS ET INSTITUTIS SAECULARIBUS, Instr. Renovationis causam: AAS 61 (1969), pp. 103 ss.), diligenter attendimus.

6. Quomodo vero in hac ipsa dynamica progrediente incitatione, in qua semper periculum est, ne spiritus saeculi cum actione Spiritus Sancti admisceatur, vobis opitulemur, ut recte, quemadmodum necesse est, res discernatis? Quomodo id, quod est essentiale, in tuto collocetur aut assequendo obtineatur? Quomodo in proprium usum convertatur experientia aetatum praeteritarum et id, quod his temporibus est recogitatum, ut haec evangelicae vitae forma corroboretur?

Pro singulari munere et officio, quod Deus Nobis in Ecclesia sua imposuit - ex eo enim fratres Nostros confirmemus oportet (Cf Lc 22,32) - vos pro parte Nostra adigere volumus, ut securioribus animis et laetiore cum fiducia in via procedatis, quam elegistis. In perfectae caritatis prosecutione (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 1: AAS 58 (1966), p. 702), qua vestra regitur vita, quo alio modo vos geratis oportet nisi eo, quo parati sitis penitus obsequi Spiritui Sancto, qui, in Ecclesia agens, in libertatem filiorum Dei vos vocat? (Cf Gal 5,13; 2 Cor 3,17)

7. Dilecti filii et filiae, invitamento Spiritus Sancti libere respondentes, Christum sequi statuistis, eidem vos prorsus devoventes. Consilia evangelica castitatis Deo consecratae, paupertatis, oboedientiae iam leges vitae vestrae evaserunt. Iamvero, quemadmodum Concilium monet, ipsa … auctoritas Ecclesiae, duce Spiritu Sancto, ea interpretari, eorum praxim moderari et etiam stabiles inde vivendi formas constituere curavit (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 43: AAS 57 (1965), p. 49). Ita vero ea agnoscit et authenticum reddit vitae genus, quod professione consiliorum evangelicorum efficitur: Per vota aut alia sacra ligamina, votis propria sua ratione assimilata, quibus christifidelis ad tria praedicta consilia evangelica se obligat, Deo summe dilecto totaliter mancipatur … Per baptismum quidem mortuus est peccato, et Deo sacratus; ut autem gratiae baptismales uberiorem fructum percipere queat, consiliorum evangelicorum professione in Ecclesia liberari entendit ab impedimentis, quae ipsum a caritatis fervore et divini cultus perfectione retrahere possent, et divino obsequio intimius consecratur. Tanto autem perfectior erit consecratio, quo per firmiora et stabiliora vincula mages repraesentatur Christo cum sponsa Ecclesia indissolubili vinculo coniunctus (Ibid., 44, p. 50).

Haec doctrina Concilii in claro lumine ponit huius doni magnitudinem, quod ipse dare libere decrevistis, quodque - simile doni a Christo Ecclesiae suae impertiti - perinde ac hoc, absolutissimum est et irrevocabile. Propter ipsum Regnum caelorum Christo magnanimiter et sine ulla exceptione devovistis vires amandi, possidendi cupiditatem, liberam facultatem propriam vitam disponendi, quae tam praeclara sunt homini bona. Huiusmodi vestra est consecratio, quae in Ecclesia et per eius peragitur ministerium sive eorum, qui illius gerunt personam quique professionem religiosam accipiunt, sive communitatis christianae, quae amanter agnoscit, excipit, fovet, circumdat eos, qui in eius gremio se Ipsos impendunt quasi vivum signum, quod omnia Ecclesiae membra ad offìcia vocations christianae impigre adimplenda efficaciter attrahere potest ac debet . . . siquidem status religiosus bona caelestia iam in hoc saeculo praesentia omnibus credentibus manifestat (lbid., pp. 50-51).

8. Aliqui ex vobis ad vitam contemplativam, quae dicitur, sunt vocati. Vis alliciens, cui nequit resisti, vos trahit ad Dominum. A Deo apprehensi, eius actioni p?tentissimae vos permittitis, qua ad eum elevamivi et transformamini in ipsum, dum eadem ad illam componimini aeternam contemplationem, quae communis est vocatio nostra. Quomod? fiet, ut in hac progrediamini via et gratiam, quae vos animat, fideliter custodiatis, nisi tota anima et vita vestra, dynamica vi, cuius impulsus est amor, permoti, huic obsequimini invitamento, quod stabili modo in Deum vos dirigit? Itaque aliam quamvis actionem proxime vobis utque exsequendam cuius generis sunt necessitudines cum fratribus, opus gratuitum vel quaestuosum, necessaria animi remissio hisque similia testimonium existimate intimae cum Deo c?niunctionis, quod ei reddatis, ut vobis illam tribuat intentions puritatem, in unum omnia redigentem, tam necessariam, ut ei quis iungatur tempore orationis. Sic operam ad Regnum Dei dilatandum conferetis ipso vitae vestrae testimonio atque arcana fecunditate apostolica (CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 7: AAS 58 (1966), p. 705).

9. Alii autem ap?st?latui sunt addicti ac quidem eius officio praecipue eo pertinenti, ut illis annuntient divinum verbum, quos Deus ipsis obviam mittit, eosdemque ad fidem perducant. Eiusmodi gratia familiarem cum Deo consuetudinem postulat, qua fulti nuntium Verbi Incarnati prodere possitis, sermone quidem usi, quem homines intellegere queant. Quantopere ergo necesse est, ut tota vita vestra consortes vos reddat eius passionum, mortis et gloriae! (Cf Phil 3,10-11)

10. Quodsi vocatione vestra ad alias partes in hominum servitio obeundas adducimini - cuius modi sunt vita pastorales, sacrae missiones, institutio scholastica, caritatis opera hinque similia - nonne ardor animi, quo Deo adhaereatis, ea munera fecunda imprimis efficiet ac quidem pro ratione huius cum Deo coniunctionis, quae fit in abscondito? (Cf Mt 6, 6) Si Concilii doctrinam fideliter cupimus servare, nonne cuiuslibet instituts sodales, Deum prae omnibus et unice quaerentes, contemplationem, qua ei mente et corde adhaereant, cum amore apostolico, quo opens Redemptionis adsociari Regnumque Dei dilatare nitantur, coniungant oportet? (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 5: AAS 58 (1966), p. 705)

11. Solum hoc modo animos hominum ad veritatem amoremque divinum amplectendum erigere poteritis secundum charisma Fundatorum vestrorum, quos Deus in Ecclesia sua excitavit. Concilium non aliter religiosis utriusque sexus officium iure merito inculcat fideliter servandi spiritum eorum Conditorum horumque propositi evangelica et exempla sanctitatis; quod unum e principiis agnoscere debent renovationis nunc perficiendae atque unam e rationibus certissimis operis, quod unumquodque Institutum aggrediatur oporteat (Cf CONG. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 45: AAS 57 (1965), pp. 51-52; Decr. Perfectae caritatis, 2b: AAS 58 (1966), p. 703). Re enim vera charisma vitae religiosae, nedum impulsus quidam sit exortus ex sanguinibus vel ex voluntate carnis (Cf Io 1,13) aut ex habitu mentis qui huic saeculo conformatur (Cf Rom 12, 2), fructus est Spiritus Sancti, in Ecclesia semper operantis.

12. Hinc profecto unaquaeque Familia religiosa propriam dynamicam vim hauriet, siquidem vocatio divina, hcet secundum mutabilia locorum ac temporum adiuncta renovetur et distinguatur, semper tamen constantem quendam cursum exposcit. Ardor animi, ei congruens, in ipsa hominis vita quasdam primarias praecipuasque aperit vias, quae eligantur. Fidelitas autem iis rebus servita, quae per hasce vias postulantur, tamquam obrussa est authenticae naturae, qua vita religiosa commendetur. Ne hoc obliviscamur: quodlibet institutum humanum quasi illi morbo est obiectum, quo articuli durescunt, atque periculo vanae cuiusdam observantiae urgetur. Externa enim legum diligentia ad praestantiam alicuius vitae eiusque constantem rationem in agendo tuendam per se non sufficit. Qua de causa eiusmodi formae externae sine intermissione vivificentur oportet interna hac animi contentione, sine qua illae nimium onus confestim efficerentur.

In hac varietate formarum, quae unicuique Instituto indolem propriam tribuunt et in plenitudine gratiae Christi (Cf 1 Cor 12,12-30) nituntur, pro summa vitae religiosae regula et norma certissima habenda est sequela Christi secundum Evangelii doctrinam. Nonne huius studio per saeculorum cursum factum est, ut vita casta, pauper, oboedientiae dedita postularetur?

13. Unus amor in Deum - id repetere oportet - homines permovet modo maximum habente momentum ad castitatem amplectendam. Qui amor caritatem fraternam tam imperiose deposcit, ut religiosus altiore ratione in Christi corde cum aequalibus vivat. Hac servata condicione, donum sui ipsius, quo quis Deo aliisque se devovet, fons erit pacis tranquillae. Nequaquam despecto amore humano et matrimonio nonne hoc, secundum fidem, imago est et consortium unitatis amore effectae, qua Christus Ecclesiae iungitur? (Cf CONG. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 48: AAS 58 (1966), pp. 1067-1069; cf Eph 5,25 et 32) - castitas Deo consecrata hanc unitatem propius revocat illamque perficit sui ipsius superationem, ad quam omnis amor humanus contendat oportet. Hac ipsa igitur aetate, qua is ut alias numquam erotismo vastatore (Cf Allocutio ad sodales consociationum v. d. «Equipes Notre-Dame» e variis nationibus, habita die 4 mensis Maii, anno 1970, n. 4: AAS 62 (1970), p. 429) infestatur, castitas nunc cum maxime comprehendi debet et in vitae usu coli animo recto atque magnanimo. Castitas, virtus prorsus positiva, dilectionem testatur, qua ceteris Deus praefertur, ac modo praeclarissimo et absolutissimo significat mysterium coniunctionis Corporis mystici cum eius Capite necnon Sponsae cum Sponso eius aeterno. Ea denique hominem afficit, transformat, pervadit ad intima animi eius penetralia pertingens, per arcanam quandam similitudinem cum Christo.

14. Necesse igitur habetis, dilecti filii et filiae, christianae disciplinae spirituali castitatis Deo consecratae totam restituere efficaciam. Haec virtus enim, cum in vitae usu propter Regnum caelorum reapse servatur, cor hominis liberat atque sic tamquam signum et stimulus caritatis, ac quidem peculiaris fons spiritualis fecunditatis in mundo evadit (Cf CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 42: AAS 57 (1965), p. 48). Quamvis ab hoc non semper agnoscatur, ea nihilominus in mundo mysticam suam exserit efficientiam.

15. Ad nos autem quod attinet, animi nostri sententia firma et certa maneat oportet: nempe praestantiam ac fecunditatem castimoniae, propter Dei amorem in caelibatu religioso servatae, in verbo Dei, in doctrina Christi, in vita Matris eius Virginis, necnon in traditione apostolica, ab Ecclesia constanter asseverata, ut in fundamento postremum inniti. Agitur enim de dono pretioso, quod Pater quibusdam largitur. Quod quidem fragile et facile vulnerari cum sit ob humanam infirmitatem, contradictions rationis purge est obnoxium atque, ex parte, ab iis nequit comprehendi, quibus luce Verbi Incarnati non sit revelatum, quomodo is, qui perdiderit animam suam propter Ipsum, inveniat eam (Cf Mt 10, 39; 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 21; Io 12, 25).

16. Casti qua Christi sectatores, pauperem etiam vitam ad eius exemplum intenditis degere quoad usum bonorum huius mundi, quae cotidianae sustentations vestrae sunt necessaria. Ceterum hac de re aequales nostri peculiariter vos urgent interrogando. Institutis religiosis magni ponderis munus sine dubio est implendum in operibus misericordiae, auxilii aerumnosis praebendi, iustitiae socialis; quo in ministerio versantia, haec Instituta semper oportet ea attendant, quae Evangelium postulat, eo consilio ut praesentibus necessitatibus sese accommodent.

17. Clamorem pauperum (Cf Ps 9, 13; Iob 34, 28; Pr 21, 13), qui numquam fuit instantior, edi auditis ab iis, qui ipsi sunt indigentes et qui coniunctim miseria premuntur. Nonne ut invocations eorum, Dei nempe filiorum quasi quodam iure praecipuo fruentium, obsecundaret, Christus venit (Cf Lc 4, 18; 6, 20), eo progressus, ut par fieret cum illis? (Cf Mt 25, 35-40) In mundo, qui maxime progreditur, hae, quae permanent, multitudines et hi singuli homines miserabiles mentis et habitudinis conversionem (CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 63: AAS 58 (1966), p. 1085) vehementi monitione deposcunt, quae ad vos potissimum pertinet, qui Christum propius in terrena eius condicione exinanitionis sequimini (Cf Mt 19, 21; 2 Cor 8, 9). Quod invitamentum in animis vestris - ut Nos minime ignoramus - resonat tam incitate acriterque, ut nonnulli ex vobis etiam ad actionem violentam interdum sollicitentur. Sed, ut Christi discipuli, quomodo viam ingrediamini aliam ab ea, qua ipse incessit? Haec enim, quemadmodum nostis, non est politica quaedam aut temporalis opinio ac navitas, sed hortatio ad cordis conversionem, ad liberationem a quovis impedimento terreno, ad amorem.

18. Quomodo ergo clamori pauperum in vita vestra respondebitis? Is vobis imprimis interdicat oportet, ne respectu cuiusvis iniustitiae socialis medium quiddam teneatis. Idem praeterea officio vos obstringit hominum conscientiam exsuscitandi, gravissimo casu miseriae ac postulationibus iustitiae socialis, quam Evangelium et Ecclesia docent, prae oculis habitis. Aliquos ex vobis ille clamor movet, ut pauperes in ipsa condicione eorum contingatis acerbosque eorundem participetis angores. Rursus non pauca e vestris Institutis vocat ad certa quaedam opera sua ita convertenda, ut pauperibus prosint; quod quidem a multis iam est generose peractum. Ille demum bonorum usum vobis imponit, terminis earum rerum circumscriptum, quae functione munerum, vobis implendorum, exiguntur. Oportet, ut in cotidiana vita vestra documenta, etiam externa, detis germanae paupertatis.

19. Quod vero testimonium perhibet religiosus, qui studio sui commodi se trahi patiatur cuique omnino consentaneum esse videatur, ut, sine ullo discrimine ac moderatione, sibi sumat, quidquid ei proponatur, idque in humana vitae cultu atque in mundo, qui mirando prorsus cursu incrementorum materialium paene infinitorum denotantur? Cum igitur multi maiore in periculo versentur, quo contingit, ut illecebra ac securitate possessions, scientiae, potestatis irretiantur, Dei invitamentum in summo veluti fastigio conscientise christianae vos collocat, quatenus homines moneatis oportet veram et absolutam e?rum progressionem in eo positam esse, ut vocationi suae respondeant, qua non secus atque filii vitam Dei viventis, omnium hominum Patris, participent (PAULI VI, Litt. Encycl. Populorum progressio, 21: AAS 59 (1967), p. 268).

20. Pariter querimoniam percipitis tot vitarum humanarum, quae quasi in turbine implacabili v?lutantur labores ad quaestum faciendum, lucri ad voluptates comparandas, rerum, quae consumuntur, et quae vicissim virium contentionem interdum inhumanam imponunt. Una igitur e primariis rationibus paupertatis vestrae erit testificatio sensus humani lab?ri proprii, qui cum animi libertate geratur atque naturae suae restituatur, ex qua est subsidium ad vitam sustentandam atque servitium. Nonne Concilium peropportune edixit vos necessario obnoxios esse communi legi laboris? (CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 13: AAS 58 (1966), p. 708) Hoc ergo est officium, quo devincimini: vitae vestrae et fratrum aut sororum est vobis consulendum atque pauperes relevandi labore vestr?. Sed non licet actionem vestram adversari vocationi variorum Institutorum vestrorum, ac labores ex more inferre, qui eiusmodi sint, ut pro peculiaribus muneribus, eorundem propriis, substituantur; ita enim necessario fiet, ut vos quodammodo ad saecularem vitae rationem ineundam, cum vitae religi?sae detrimento, perducamini. Estote igitur de spiritu sollicita, qui vos movet; profecto quod naufragium pateremini, si solum mercede e profanas negotiis percepta vos commendare putaretis!

21. Necessitas, tam firmiter hodie asseverata, fraternae consortionis vim evangelicam suam retineat oportet. Ut in Doctrina Duodecim Apostolorum scriptum est: … si in immortalibus consortes estis, quanto mages in mortalibus? (IV, 8, Patres Apostolici, I, rec. Fr. X. FUNK, Tubingae, 1901²) Paupertas, quae vivendo reapse ad usum transfertur, prout bona, mercede non excepta, in commune congeruntur, spiritualem communionem, qua coniungimini, testatur; ea veluti vehemens est hortatio, quae omnibus divitibus adhibetur, et levationem quoque fratribus vestris et sororibus affert, qui inopia vexantur. Studium, quo unusquisque legitime fertur, officia in se recipiendi, non propriis reditibus fruendo, sed communia bona fraterno animo participando manifestatur. Formae autem paupertatis singulorum et cuiusque Communitatis e natura Instituts et oboedientiae forma pendent, quae ibi servatur; ita, secundum peculiarem cuiusvis vocationem, indoles subiectionis, quae in omni inest paupertate, ad effectum adducitur.

22. Quemadmodum vos, dilecti filii et filiae, compertum habetis, hodiernae hominum consortionis necessitates, si eas cum Christo coniuncti experimini, paupertatem vestram magis urgent et perfectiorem reddunt. Quamquam ratio habenda est, ut patet, hominum, inter quos degitis, ut modum vitae vestrae iis aptetis, tamen paupertatem vestram non licet tantum ac simpliciter conformare ad eorum consortionem. Vis enim testificandi ei obvenit ex magnanima obtemperatione praecepto evangelico - dum plena cum fidelitate vocations vestrae inhaeretis - non solum e quodam studio paupertatem ostendendi, quod nimis leve ac fluxum esse potest. Attamen vitandae sunt externae vitae rationes, quae cultum fusto mundiorem ac vanitatem redoleant. Quibusdam in rerum adiunctis - id agnoscimus quidem - probari potest formam vestis religiosae deponi; tamen silentio praeterire nequimus, quantopere conveniat, ut habitus religiosorum religiosarumque sit, quemadmodum Concilium voluit, signum consecrationis eorum (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 17: AAS 58 (1963) p. 710), atque a formes aperte saecularibus quadamtenus distinguatur.

23. Nonne eadem fidelitas vestram professionem oboedientiae inspirat in lumine fidei et secundum ipsam vim impellentem caritatis Christi? Hac quippe professione voluntatem vestram integre immolatis atque certius et tutius in eius consilium salvificum penetratis. Exemplum Christi secuti, qui venit, ut faceret voluntatem Patris, et cum eo coniuncti, qui didicit ea his quae passus est oboedientiam et fratribus ministravit, vos Ecclesiae servitio atque fratrum arctius devincimini (Cf ibid., 14, p. 709; Io 4, 34; 5, 30; 10, 15-18; Haebr. 5, 8; 10, 7; Ps 40(39), 8-9).

24. Evangelica illa appetitio fraternitatis a Concilio significanter est expressa, siquidem Ecclesia se esse Populum Dei definivit, in quo Hierarchia membres Christi, eadem caritate inter se consociatis, deservit (Cf CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, capp. I-III: AAS 57 (1965), pp. 5-36). In statu religioso, perinde ac tota in Ecclesia, idem mysterium paschale Christi vivendo colitur. Altissimus oboedientiae sensus plenitudine huius mysterii mortis et resurrectionis declaratur, in quo supernaturalis sors hominis egregie prorsusque perficitur; etenim homo sacrificio, dolore, morte ad veram vitam accedit. Auctoritatem igitur inter fratres vestros exercere idem est ac iisdem ministrare (Cf Lc 22, 26-27; Io 13, 14) exemplo eius, qui dedit animam suam redemptionem pro multis (Mt 20, 28; cf Phil 2, 8).

25. Auctoritas ergo et oboedientia, bono communi servientes, tamquam duae rations complentes eiusdem actus participandi Christi oblationem exercentur: ii, qui auctoritate praediti agunt, oportet in fratribus consilio Patris, amoris pleno, obsecundent; religiosi autem, eorum praeceptionibus obtemperantes, exemplum Magistri nostri sequuntur (Lc 2,51) atque operi salutis sociantur. Itaque auctoritas et cuiusque libertas nedum inter se repugnent, in voluntate Dei implenda una simul procedunt, quae fraterno more exquiratur per colloquium, fiducia nixum, inter superiorem eiusque fratrem, cum de re personali agitur, aut per consensionem indolis generalis, cum res ad totam spectat Communitatem. In hac vestigatione religiosi abstineant tum nimia animorum concitatione, tum sollicitudine efficiendi, ut vis attractive opinionum, quae in dies ventilantur, praevaleat altissimo sensui vitae religiosae. Unusquisque, praesertim vero superiores et quotquot inter fratres suos aut sorores munera gerunt, officio tenentur refovendi in Communitatibus fidei certitudinem, qua hae regantur oportet. Vestigationi enim illi propositum est, ut eiusmodi certitude penitius percipiatur atque in vitae cotidianae usum transferatur secundum temporis necessitatem, nullatenus tamen ut ea in controversiam adducatur. Hoc opus communis perscrutationis finiendum est, si casus fert, iudicio ac voluntate superiorum, quorum praesentia, ut talis agnita, cuivis Communitati est prorsus necessaria.

26. Houmdiernae condiciones vitae momentum habent, ut liquet, ad modum, quo oboedientiam exercetis. Multi enim ex vobis partem operum suorum extra domos religiosas exsequuntur atque munera obeunt, ad quae propter peculiarem peritiam sunt apti. Alui vero inducuntur, ut coetibus, certo cuidam operi addictis atque propriae moderationi obnoxiis, se socient. Nonne periculum, quod in eiusmodi imminet rerum adiunctis, suadet, ut sensus oboedientiae confirmetur ac diligentius excolatur? Ut autem hoc veram afferat utilitatem, nonnullae condiciones serventur oportet. Explorandum est enim imprimis, num opus susceptum cum Instituti vocatione congruat. Convent etiam utramque provinciam accurate definire. Potissimum vero ab actione externa transeundum est ad ea, quae vita postulat communis; qua in re curae sit, ut in tuto ponatur plena efficacitas illorum veluti elementorum vitae religiosae, quae proprie vereque dicitur. Est enim unum e praecipuis, quibus superiores obstringuntur, officiis, eo pertinens, ut fratribus aut sororibus in religione illae provideantur condiciones, quae ad eorum vitam spiritualem sunt necessariae. Quomodo autem id agere possunt, nisi tota Communitas fidenter cooperetur?

27. Hoc etiam addere libet: quo magis muneris vestri partes obitis, eo magis necessarium est, ut donum vestri, quoad plenam eius significationem, renovetis. Dominus cuique praecipit, ut perdat animam suam, si vult post eum venire (Cf ibid., 9, 23-24). Hoc praescriptum observabitis, si normas superiorum vestrorum accipietis quasi praesidium professionis vestrae religiosae, quae est plena propriae voluntatis dedicatio veluti sacrificium sui Deo oblatum (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 14: AAS 58 (1966), p. 708). Oboedientia christiana est absoluta omnisque condicionis nescia obtemperatio divinae voluntati. Verumtamen vestra oboedientia est restrictior, quia per eam vos Deo specialiter dedidistis, atque vestra eligendi facultas officiis per vos susceptis quasi finibus continetur. Vestra autem condicio, in qua nunc versamini, originem ducit ab actu integro libertatis vestrae; quapropter eum oportet semper vividiorem reddatis sive ipso inceptu vestro sive assensu, quem praeceptionibus superiorum praebetis. Concilium in bonis status religiosi numerat libertatem per oboedientiam roboratam (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 43: AAS 57 (1965), p. 49) atque haec verba proferens monet: oboedientia religiosa, nedum dignitatem personae humanae minuit, illam, ampliata libertate filio rum Dei, ad maturitatem adducit (CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 14: AAS 58 (1966), p. 709).

28. Attamen, nonne fieri potest, ut auctoritas superioris et religiosi conscientia, illud scilicet sacrarium hominis, in quo solus est cum Deo, cuius vox resonat in intimo eius (CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 16: AAS 58 (1966), p. 1037), inter se confligant? Oportet hoc repetamus: conscientia non est una et sola arbitra qualitatis moralis actionum, quas suggerit, sed ad normas obiectivas debet referri, et, si necesse sit, corrigi recteque dirigi.

Praeterquam cum aliquid iniungitur, quod legibus divinis vel constitutionibus Instituti manifesto adversatur, aut quod malum grave et certum secumfert - tunc enim oboediendi obligatio deest - superioris deliberationes provinciam respiciunt, in qua aestimatio boni maioris secundum modum rem considerandi potest variari. Si autem colligitur, eo quod iussum ex ventate minus bonum appareat, id non esse legitimum et conscientiae contrarium, hoc idem foret ac non intellegere - modo quidem quo e re minus recte iudicatur - non pauca humana esse obscura atque in utramque partem valere. Praeterea oboedientiae recusatio crebro damnum grave infert ipsi bono commun. Ne facile igitur religiosus affirmet iudicium suae conscientiae a superioris sententia discrepare. Talis ceteroquin casus singularis nonnumquam verum animi doborem commovebit secundum ipsius Christi exemplum, qui didicit ex sis quae passus est oboedientiam (Hb 5, 8).

29. Hoc ideo dicitur, ut recte intellegatur, quantam sui abdicationem exercitatio vitae religiosae postulet. Proinde experiri debetis quiddam illius ponderis, quo Dominus ad crucem suam alliciebatur, ad illum scilicet baptismum, quo erat ipse baptizandus, ubi ignis ille accenderetur, qui vos quoque inflammat (Cf Lc 12, 49-50); quiddam etiam illius insipientiae, quam nobis omnibus S. Paulus exoptat, quippe quae sola nos reddat sapientes (Cf 1 Cor 3, 18-19). Esto igitur vobis crux id, quod Christo fuit: comprobatio summi amoris. Nonne arcana quaedam coniunctionis necessitudo inter renuntiationem atque laetitiam intercedit, inter sacrificium atque animi magnitudinem, inter disciplinam atque spiritualem libertatem?

30. Confiteamur oportet, filii et filiae in Christo Iesu, hoc ipso tempore difficile reperiri vitae ducendae modum, qui cum hac necessitate congruat. Nimis multa enim contraria incitamenti vos impellunt, ut operam ex humana ratione efficacem imprimis conquiratis. Verumtamen nonne vestrae sunt partes, ut exemplum austeritatis laetae et aequabilis praebeatis, dum difficultates ipsi lab?ri et necessitudinibus socialibus insitas amplectimini atque asperitates vitae cum omni eius sollicita incertaque condicione toleratis quasi totidem renuntiati?nes ad christianae vitae plenitudinem prorsus necessarias? Religiosi enim arctiore via ad sanctitatem contendunt (Cf CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 13: AAS 57 (1965), p. 18). In mediis ergo hisce curis et incommodis, magnis parvisve, intimus animi ardor vester facit, ut Christi crucem inveniatis, v?sque adiuvat, ut eam cum fide et amore suscipiatis.

31. Hac vero condicione testimonium perhibebitis, quod Populus Dei exspectat: ex quo viri et mulieres incognitos casus paupertatis accipere valent, qui simplicitate et humilitate queunt capi, qui pacis amantes et a mediis consiliis alieni, absolutae sui rerumque abdications se devoventes, liberi simulque oboedientes, alacres ac tenaces, mites et fortes sunt in fidei suae s?liditate. Haec quidem gratia vobis a Christo tribuetur pro rati?ne pleni doni, quo vos ipsos impenderitis, id numquam reposcendo. Cuius rei luculentum datur documentum recentioribus vicissitudinibus tot religi?s?rum ac religiosarum, qui magno promptoque animo in varus nationibus passi sunt pro Christo. Dum palam iis admirationem Nostram testamur, omnibus eos ad imitandum proponimus.

32. In hac autem via plurimum vobis adiumenti illae vitae formae suppeditant, quas experientia, charismatibus cuiusque Instituti adhaerens, invexit, quas vario modo c?mpaginatas exhibuit quarumque continenter novas suadet progressiones. Quantumvis modi inter se discrepent, tamen haec veluti subsidia e? semper spectant, ut homo interior conformetur. Studium autem hunc corroborandi vos iuvabit ad dignoscendum, tot inter diversa incitamenta, quae sint vitae formae aptiores. Nimia enim cupiditas cuiusdam flexibilis mobilitatis et liberae facultatis effectrices inducere possunt, ut rigiditatis accusetur etiam minima pars constantis ordinis in consuetudinibus servandis, quam vita Communitatis et sodalium perfectio pro more expostulant. Mentes intemperanter incitatae, quae ad caritatem fraternam provocant vel ad ea, quae afflatu Spiritus Sancti insinuari putantur, Instituta ad interitum possunt perducere.

33. Quapropter - ut experiundo probe novistis - non est minons aequo aestimandum pondus et momentum ipsius vitae consortionis tum ad consuetam rationem totum hominem, tam multiplicem ac divisum, secundum viam vocationis dirigendi, tum ad complementum spirituale eius proclivitatum. Nonne cor saepe trahitur rebus fluxis atque caducis? Iamvero multi ex vobis vitam transigere debent, saltem ex parte, in mundo, qui in tendit, ut hominem a se ipso abalienet eiusque cum Deo conunctionem, una cum spirituali eiusdem unitate, in discrimen adducat. Opus igitur est, ut etiam in eiusmodi vitae condicionibus eum invenire discatis, quibus maior in dies concitatio, strepitus ac tumultus, rerum evanidarum illecebrae insunt.

34. Quis igitur non perspicit, quantopere ad illam coniunctionem assequendam fraterna adiuvet societas vitae constantis cum vivendi disciplina libere suscepta? Haec vero magis ac magis unicuique necessaria videtur, qui revocat animum ad se (Cf Is 46, 8), secundum biblicam significationem huius locutions, quae profundius quiddam nostrorum affectuum, cogitationum, consiliorum declarat, quaeque sensu infiniti, absoluti, sempiternae sortis nostrae pervaditur. In hodierna perturbatione religiosi sua testificatione hominem ostendant oportet, qui vitali ratione adhaerens proprio fini, qui est Deus vivens, reapse unificavit et patentem apertamque reddidit altitudinem et perseverantiam vitae suae in Deo per omnium facultatum coniunctionem, mentis purificationem, spiritualem sensuum conformationem.

35. Pro modo igitur, quo munera externa obitis, oportet ab eiusmodi actione ad vitam abditam divinisque rebus deditam transeatis, qua animae vestrae reficiantur. Si vero ad operam Dei causa incumbitis, ipsi necessitatem temporis in recessu traducendi animadvertitis, quod quidem una cum fratribus et sororibus vestris in tempus commutabitis bonis refertum. Quoniam nimiae sunt in vita hodierna occupationes contentionesque animorum, convenit, ut peculiare momentum hisce intervalles longioribus tribuatur, quae cotidiano precationum cursui adiunguntur; quae intervalla varie distribuantur in tempora, secundum condicionem et naturam vestrae vocations. Quodsi domus, ad quas pertinetis, hospitalitatem fraternam ample exercent, vestrum erit assiduitatem et modum eius constituere, ut omnes inanis agitatio devitetur et expeditior hospitibus vestris reddatur intima cum Deo coniunctio.

36. Haec profecto est vis et significatio consuetudinum, quibus vitae vestrae cotidianae ordo disponitur. Conscientia vigil et attenta, nedum eas consideret tantum ex unica ratione regulae obligantis, eas ex utilitatibus, quas afferunt, pensitat, quatenus maiorem comparant plenitudinem spiritualem. Id autem necesse est affirmare: observantiae religiosae, potius quam institutionem rationi consentaneam vel voluntatis educationem, veram poscunt initiationem, eo pertinentem, ut homo, in intima etiam animi conscientia, ad christianam vitam secundum evangelicas beatitudines conformetur.

37. Concilium doctrinam ad perfectionem prosequendam probatam (Cf CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 43: AAS 57 (1965), p. 49) quasi patrimonium Institutorum habet atque unum e maximis bonis, quae ea vobis debent impertire. Quoniam vero haec perfectio in iugiter augescente progressione ad amorem Dei fratrumque nostrorum consistit, ea doctrina intellegenda est modo prorsus certo ac definito, id est veluti doctrina vitae, ad usum revera adducenda. Unde efficitur, ut vestigationes illae, quibus Instituta insistant, nequeant solum in quibusdam accommodationibus verti, quae respectu habito mutationum mundi perpetrentur; sed adiuvare debeant ad ea iterum fruigifere invenienda subsidia, quae omnino necessaria sunt ad vitam ducendam Dei hominumque amore penitus perfusam.

38. Quam ob rem necessitas tam Communitatibus quam personis, quae eas efficiunt, imponitur transeundi a statu psychico, ut aiunt, ad statum, qui vere sit spiritualis (Cf 1 Cor 2, 14-15). Nonne novus homo, de quo S. Paulus loquitur, tamquam ecclesialis plenitude Christi est simulque participatio huius plenitudinis, ad unumquemque pertinens christianum? Talis vitae instituendae voluntas Familias religiosas vestras quasi loca efficiet vitalia, ubi germen vitae divinae efflorescat, unicuique vestrum insitum per baptismum, et, per consecrationem vestram, vivendo absolute expressam, fructus edi possint copiosissimi.

39. Licet imperfectione, ut quivis christianus, laboretis, tamen vitae condiciones inducere intenditis, quae aptae sint ad spiritualem profectum cuiusque sodalis fovendum. Quomodo vero hoc assequi datur, nisi arctiores in Domino reddantur rationes, etiam communes et usitatae, quibus cum singulis fratribus vestris coniungimini? Caritas enim - ne hoc obliviscamur oportet sit veluti spes actuosa illarum rerum, quibus alii adiumento nostro fraterno provehantur. Signum vero authenticae eius naturae in laeta invenitur simplicitate, qua omnes ea intellegere nituntur, quae unicuique sint cordi (Cf Gal 6, 2). Quodsi religiosi quidam tales apparent, ut vita sua communi oppressi esse videantur, quae, contra, eos debuit augere, nonne id propterea accidit quod ei deest illa benignitas et comitas, quibus spes alitur? Non autem est dubium, quin spiritus coetus cuiusdam proprius, amicitiae necessitudo, fraterna cooperatio in eodem apostolatu exercendo necnon mutuum auxilium in communion vitae, propterea electae, quo melius Christo serviretur, multum valeant ad hanc cotidianae consuetudinis viam.

40. E quarum rerum consideration quaedam emergunt animi inclinationes ad minores constituendas communitates. Quasi quidam nisus, spente erumpens, contra conglobationem hominum ignotorum in urbibus, item necessitas Communitatis domum ad parvae habitationis sedes in hodiernis urbibus accommodandi, voluntas propius contingendi, ipsis vitae condicionibus, populum Evangelii luce collustrandum: haec omnia in causis recensentur, quibus Instituta quaedam moventur, ut Communitates, parvo sodalium numero constantes, condere proponant. Hae profecto arctiores necessitudines inter religiosos et mutuam magisque fraternam officiorum susceptionem possunt fovere. Verumtamen, si adumbrata quaedam forma spiritualem convictum revera potest inducere, fallaciter aliquis credat illam satis esse ad hunc promovendum incrementisque augendum. Parvae enim Communitates, ut patefit, potius difficiliora a sodalibus poscunt, quam vitae genus praebent facilius.

41. Praeterea verum exstat multis religiosis Communitates membrorum numero frequentes peculiari modo convenire. Eaedem autem ut instituantur, exigi potest sive ipsa natura alicuius servitii ad caritatis officia pertinentes, sive operibus quibusdam, quae ingenio exercentur, sive etiam vitae contemplativae vel monasticae institutione; semper vero ibi perfecta unitas vigeat cordium et animorum, proposito spirituali et supernaturali plane congruens, quo contenditur. Ceterum, ut praetermittamus modum Communitatum, hae, sive parvae sunt sive magnae, sodales nequeunt adiuvare, nisi spiritu evangelico constanter vegetentur, precatione alantur atque veteris hominis mortificatione cum animi magnitudine distinguantur necnon disciplina ad novum hominem formandum necessaria et Crucis sacrificii fecunditate.

42. Quomodo, dilecti religiosi et religiosae, Eum penitius cognoscere non exoptetis, quem amatis et hominibus vultis manifestare? Ipse quippe vos iungit oratio! Cuius si gustatum non amplius habetis, eius desiderio exardescetis ad precationem vos humiliter revocando. Neque obliviscamini historiae testimonium, fidelitatem videlicet orationi servatam aut eius neglectionem esse veluti paradigma vigores aut occasus vitae religiosae.

43. Est autem oratio intimae cum Deo consuetudinis inventio, adorandi studium, voluntas intercedendi: experientia sanctitatis christianae fecunditatem ostendit orationis, in qua Deus spiritui et cordi suorum famulorum se manifestat. Multiplicia quidem sunt Spiritus dona, sed semper efficiunt, ut hanc intimam veramque Dei cognitionem gustemus, sine qua neque bonum ipsum vitae christianae ac religiosae percipere possumus, neque viribus pollemus ad proficiendum in ea, gaudio spei, quae non fallit, perfusi.

44. Spiritus Sanctus sine dubio etiam gratiam vobis impertit Deum in cordibus hominum reperiendi, quos Ipse vos docet ut fratres diligere. Idem vos adiuvat ad significationes sui amoris in eventuum veluti intextu deprehendendas. Si humiliter ergo ad Nomines resque intendimus animos, Spiritus Iesu nos illu minat suaque locupletat sapientia, dummodo spiritu orationis penitus imbuamur.

45. Nonne una ex huius aetatis miseriis illa est inaequalitas inter condiciones vitae collectivas et requisita cogitationis personales, immo et contemplationis? (CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 8: AAS 58 (1966), p. 1030) Multi homines - in qui bus iuvenes non pauci - sensum vitae suae amiserunt solliciteque rationem contemplativam sui ipsorum exquirunt, ignorantes Christum, per Ecclesiam suam, suae praestolationi posse respondere! Huiusmodi res vos impellere debent, ut serio de iis recogitetis, quae homines iure a vobis exspectant, qui expresse definiteque officium suscepistis vitam ducendi in famulatu Verbi, lucis verge, quae illuminat omnem hominem (Io 1, 9). Conscii ergo sitis oportet momenti, quod oratio in vestra obtinet vita, in eamque alacriter discatis incumbere; etenim cotidiana precatio, fideliter facta, pro unoquoque et unaquaque vestrum, primaria esse pergit necessitas; quapropter priores partes in vestris constitutionibus et vita ei sunt tribuendae.

46. Homo interior tempora silendi quasi requisita quaedam amoris divini esse animadvertit; cui quaedam solitudo pro more necessaria est, ut Deum audiat ad cor suum loquentem (Cf Os 2, 14). Est autem monendum silentium, quod non aliud sit quam rumoris sermonisque vacuitas et in qua anima nequeat recuperare vigorem, liquido omni vi carere spirituali, quin immo obesse posse cantati fraternae, si, eodem tempore, commercium cum aliis opus sit habere. Verum intimae cum Deo coniunctionis exquisitio necessitatem infert silentii totius hominis, sive agitur de iis, quibus Deus in strepitu et tumultu est inveniendus, sive de iis, qui sunt contemplations addicti (Cf S. CONGR. PRO RELIGIOSIS INSTITUTIS SAECULARIBUS, Instr. Venite seorsum: AAS 61 (1969), pp. 674-690; Nuntius Monachorum vitae contemplativae addictorum ad Synodum Episcoporum, datus die 10 mensis Octobris anno 1967: La Documentation Catholique, t. 64, Paris, 1967, coll. 1907-1910). Fides enim, spes, Dei amor, dona Spiritus Sancti accipere paratus, necnon fraterna dilectio, mysterio aliorum patescens, important, ut postulatum quoddam, necessitatem silentii.

47. Num oportet denique momentum singulare in memoriam revocemus, quod in vita Communitatum vestrarum liturgia Ecclesiae habet, cuius centrum est Eucharisticum Sacrificium, in quo precatio interna cum cultu externo conectitur? (Cf CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium: AAS 56 (1964), pp. 97-134) In ipsa professione religiosa Deo ab Ecclesia estis oblati, cum Sacrificio Eucharistico arcte coniuncti (Cf Ordo Professions Religiosae). Haec oblatio vestri singulis diebus veritas evadat oportet, reapse continenterque renovanda. Cuius renovations fons praecipuus est communio Corporis et Sanguinis Christi, qua voluntas vestra vere amandi et usque ad vitae immolationem progrediens assidue vegetetur (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 15: AAS 58 (1966), p. 709).

48. Communitatum vestrarum, eius in nomine congregatarum, centrum per se est Eucharistia, sacramentum pietatis, signum unitatis, vinculum caritatis (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 47: AAS (1964), p. 113). Est igitur consentaneum, ut manifesto circa oratorium consocientur, in quo praesentia sanctissimae Eucharistiae id significat simulque efficit, quod potissimum munus cuiusvis Familiae religiosae esse debet, perinde ac christiani cuiusque conventus. Eucharistiae, per quam non desinimus mortem et resurrectionem Domini annuntiare et ad eius reditum in gloria nosmet componere, in memoriam vestram indesinenter dolores corporis et animi redigit, quibus Christus est discruciatus, quos tamen libere subiit usque ad agoniam et mortem in cruce procedens. Acerbitates, quae vobis occurrunt, opportunitatem praebeant una cum Christo tolerandi Patrique offerendi tot calamitates et cruciatus iniustos, qui fratribus nostris infliguntur solumque e sacrificio Christi, fide praelucente, significationem possunt accipere.

49. Sic ergo etiam mundus praesens adest in intimo sinu vitae vestrae, orationi et immolations deditae, ut Concilium vehementer asseruit: Nec quisquam aestimet religiosos consecratione sua aut ab hominibus alienos aut inutiles in civitate terrestri fieri. Nam etsi quandoque coaetaneis suis non directe adsistunt, profundiore tamen modo eos in visceribus Christi praesentes habent atque cum eis spiritualiter cooperantur, ut aedificatio terrenae civitatis semper in Domin? fundetur ad Ipsumque dirigatur, ne forte in vanum laboraverint qui aedificant eam (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 46: AAS 57 (1965), p. 52).

50. Haec vero participatio muneris Ecclesiae implendi - ita Concilium instantius monet - nequit haberi nisi religiosi amplectantur ac foveant eius incepta et proposito ut in re biblica, liturgica, dogmatica, pastorali, oecumenica, missionali et sociali (CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 2c: AAS 58 (1966), p. 703). Sollicita circa doctrinam et actionem pastoralem coniunctam, huic operam navabitis, semper quidem salva Instituti indole, memores exemptionem ordinem eius internum potissimum respicere neque vos eximere iurisdictione, cui subiaceatis, Episcoporum, ad quos pertinet, prout horum pastorale munus perfungendum et animarum rite ordinanda curatio requirunt (Cf CONC. VAT. II, Decr. Christus Dominus, 35, 3: AAS 58 (1966), p. 691). Ceterum nonne vos magis quam alii constanter cogitare debetis actione Ecclesiae continuare actionem Christi in hominum commodum, tantummodo quatenus ipsum Christi cursum vivendi sequunini, qui omnia ad Patrem suum reducit: Omnia enim vestra sunt . . . Vos autem Christi, Christus autem Dei (1 Cor 3, 22-23; cf CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 37: AAS 58 (1968), p. 1055). Vocatio enim Dei modo proximo et efficacissimo vos in viam dirigit ad Regnum aeternum ferentem. Per spirituales contentiones, quae in quavis vita, quae vere sit religiosa, nequeunt vitari, praeclarum et eximium testimonium redditis mundum transfigurari Deoque offerri non posse sine spiritu beatitudinum (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 31: AAS 57 (1965), p. 37).

51. Dilecti in Christo filii et filiae, vita religiosa, ut renovetur, formas accidentales ad quasdam mutationes debet accommodare, quae, augescente cum velocitate et amplitudine, condiciones cuiusvis vitae humanae afficiunt. Sed exsequi id non poteritis, formas vivendi stabiles (Cf ibid., 43, p. 49), ab Ecclesia agnitas, servantes, nisi renovatione germanae et integrae vocations Institutes vestris propriae. Accommodatio enim cuiusvis animantes ad ea, in quorum ambitu degit, non est in eo posita, ut veram suam dimittat identitatem, sed in eo, ut se confirmet vitali vigore sibi peculiari. Hodiernas animorum propensiones et postulationes hominum, qui nunc sunt, alte percipientes, id agere debetis, ut e fontibus vestris veluti lymphae nova vi pollentes exsiliant. Huiusmodi officium aptum est ad animum accendendum, et quidem ratione habita difficultatum.

52. Quaestio acerrima nos hodie sollicitat, id est quomodo nuntius evangelicus in civilem cultum, multitudinum proprium, insinuetur; quomodo agendum sit iis in ordinibus et partibus, ubi nova animi cultura conficitur, in qua novum exemplum hominis instauratur, qui se iam non indigere redemptione arbitratur. Quoniam omnes votati sunt ad mysterium salutis contemplandum, probe intellegitis, quam grave officium ad vitam cuiusque vestrum ducendam et qualis impulsio ad studium vestrum apostolicum exercendum ab hisce quaestionibus promanent! Dilecti religiosi et religiosae, secundum modos, quos divina vocatio a vestris Familiis spiritualibus postulat, intentes animes contueri debetis hominum necessitates, eorum difficultates et vestigationes, in medio eorundem precatione et actione efficacitatem fausti nuntii amoris, iustitiae et pacis testantes. Studium, quo universa hominum familia vitam ducere exoptat mages fraterno amore perfusam, sive inter singulos sive inter nationes, imprimis postulat, ut mores, mentis habitus et conscientise transformentur. Huiusmodi munus, quod universo Populo Dei est commune, ad vos peculiari ratione pertinet. Quomodo autem illud rite absolvi poterit, si deest rerum supernarum delectatio, quae ex quadam Dei experientia proficiscitur? Hoc manifesta in luce ponit germanam religiosae vitae renovationem praecipuum habere momentum ad ipsius Ecclesiae ac mundi renovationem per agendam.

53. Si alias umquam, hodie potissimum mundus viris ac mulieribus indiget, qui Verbo Domini, Resurrectioni eius ac vitae aeternae fidem praestiterunt, ita quidem, ut totam terrestrem suam vitam impendant ad veritatem testificandam huius amoris, qui omnibus hominibus offertur. Ecclesia, historiae suae decursu, numquam desiit vivificari ac recreari sanctitudine tot religiosorum religiosarumque, qui alii aliam evangelicae perfectionis formam sectantes, vita sua infinitum amorem Christum Dominum sunt attestati. Nonne haec gratia hominibus, qui hodie sunt, veluti divinus ac vivificans afflatus habendus est, ac veluti sui ipsius liberatio, quae aeternam absolutamque beatitatem portendit? Cum ad huiusmodi divinum gaudium prospicitis, iterum fidei veritates affirmantes atque ad eerum normam christiano modo necessitates huius mundi interpretantes, generoso animo postulata vocationis vestrae in vitae usum traducite. Tempus est, ut maxima cum diligentia conscientiae vestrae reformandae, si opus fuerit, operam detis atque etiam toti vitae vestrae recognoscendae ad maiorem fidelitatem consequendam.

54. Suavi illo vos intuentes amore Christi, qui discipulos suos pusillum gregem appellavit iisque nuntiavit complacuisse Patri dare ipsis Regnum (Cf Lc 12, 32), vos enixe rogamus, ut simplicitatem minimorum, de quibus in Evangelio agitur, servetis. Assequi eam studete in intima et familiarissima cum Christo necessitudine aut in commercio, quo fratres vestros proxime contingitis. Tunc enim gaudium animi exsultantis Spiritu Sancto experiemini, eorum proprium, qui in secreta Regni sunt introducti. Nolite niti numero aggregari illorum sapientium et prudentium, ad quos multiplicandos omnia conferunt, et a quibus eadem secreta sunt abscondita (Cf ibid., 10, 21). Estote revers pauperes, mites, sanctitatis sitientes, misericordes, mundi corde, tales denique, per quos mundus pacem Dei cognoscat (Cf Mt 5, 3-11).

55. Gaudium, inde haustum quod in omne tempus Domini estis, incomparabilis est fructus Spiritus Sancti; quo gaudio frui iam datum est vobis. Hac laetitia perfusi, quam Christus vobis etiam inter asperitates servabit, fidenter ventura prospicite. Modus, quo haec laetitia e Vestris Communitatibus emanat, omnibus est documento statum vitae, a vobis electum, vos adiuvare, per triplicem renuntiationem in professione religiosa vestra insitam, ad vitam vestram in Christo quam maxime dilatandam. Vos vitamque vestram conspicientes, iuvenes incitamentum recte capere poterunt, quod ut inter eos exsonet, Iesus numquam desinet curare (Cf ibid., 19, 11-12; 1 Cor 7, 34). Concilium autem de hoc ipso vos monet: Meminerint vero sodales exemplum propriae vitae optimam commendationem esse sui instituti et invitationem ad vitam religiosam capessendam (Cf CONC. VAT. II, Decr. Perfectae caritatis, 24: AAS 58 (1966), p. 712).

Non est ceteroquin dubium, quin Episcopi, sacerdotes, parentes, educatores christiani, egregia existimatione et magno amoris affectu vos prosecuti, multos desiderio sint inflammaturi vobis se comites adiungendi, qui sic invitamento Christi, quod in discipulorum eius animis resonare non cessat, obsecundabunt.

56. Amantissima Domini Mater, cuius exemplo vitam Deo consecrastis, vobis in cotidiano vivendi cursu illud impetret gaudium immutabile, quod Iesus tantum potest largiri. Utinam vita vestra, ad eius composita exemplum, testimonium reddat materni illius affectus, quo cuncti in missione apostolica Ecclesiae cooperantes ad homines regenerandos animentur oportet (CONC. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 65: AAS 57 (1965), p. 65). Dilectissimi filii et filiae, gaudium Domini vitam vestram ei consecratam transfiguret eiusque amor frugiferam efficiat. Cuius in nomine Benedictionem Apostolicam vobis ex animo impertimus.

Datum Romae, apud Sanctum Petrum, die XXIX mensis Iunii, in sollemnitate Sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, anno MCMLXXI, Pontificatus Nostri nono.
PAULUS VI

AAS 63 (1971), pp. 497-526



Leave a Reply

Comment

Índice Documental Mensual

PERALTA - Jul 8, 2011 10:22 - 0 Comments

PERALTA

More In Noticias


PERALTA - Jul 8, 2011 10:22 - 0 Comments

PERALTA

More In Noticias


PERALTA - Jul 8, 2011 10:22 - 0 Comments

PERALTA

More In Noticias