Año con Calasanz (Asiain), Documento sobre Calasanz, S. José Calasanz - Written by Archivo Calasanz on Martes, Octubre 7, 2008 19:57 - 0 Comments
ENERO (1a. quincena)
MIGUEL ANGEL ASIAIN
EL AÑO CON CALASANZ
Un camino de experiencia espiritual
A todos los laicos que se han sentido llamados al seguimiento de Jesús en la escuela de Calasanz.
Cubierta:
San José de Calasanz, detalle de «Milagro de Frascati» EMPOLÍ - Florencia. Anónimo
© PUBLICACIONES I.C.C.E.
ISBN: 84-7278-135-6
Depósito legal: S. 403-1991
Imprime: Gráficas Ortega, SA.
Polígono El Montalvo - Salamanca, 1991
PRESENTACION
1. El libro que tienes en tus manos, responde a un deseo, el de ayudar a recorrer el camino espiritual de la mano de José de Calasanz. Se han querido articular diversos elementos en una síntesis que señale el proceso de vida espiritual como seguimiento de Jesús en la escuela de José de Calasanz.
2. Tres son los componentes fundamentales del libro. Primero, la doctrina de Ca-lasanz. El santo escribió cartas los 366 días del año. Por eso hemos titulado el libro «El año con Calasanz». Cada día se han escogido los textos más significa-tivos que salieron de sus manos ese día, no importa el año que fuere. No se han tomado frases sueltas, sino que más bien se ha buscado, en lo posible, pá-rrafos amplios que dieran a conocer la sicología, espiritualidad y pedagogía de Calasanz. Se indica la persona a la que va dirigido el texto, el lugar de resi-dencia, el año en que fue escrito y el número de la carta. Ocupa las páginas pares y tipográficamente se resalta con letra algo mayor – Aquí están inmedia-tamente después de la fecha del día y no se cambia el tamaño de la letra -.
Segundo, elementos de comprensión de lo que dice Calasanz. Aparece en las páginas impares – Aquí después de los textos de S. José Calasanz -, en la parte inferior, señalado con el n.° 2. Quieren aclarar, brevemente, los textos del santo. Se centran en tres aspectos, elementos históricos, pedagógicos y reli-giosos. En este sentido, se da una síntesis muy apretada de la vida de los reli-giosos que más contacto tuvieron con Calasanz, de los aspectos pedagógicos que más importancia tuvieron en sus escuelas, y de los elementos religiosos que más configuraron su personalidad. Un índice final facilita la visión global de todo ello.
Tercer componente del libro, un proceso espiritual a lo largo de todo el año. Aparece en las páginas impares – Aquí después de los textos de S. José Cala-sanz -, en la parte superior, con el n.° 1. Tipográficamente estas páginas van en letra algo menor – Aquí no -. Este componente requiere una mayor aclara-ción:
— A lo largo de todo el año se recorre el camino espiritual.
— Las fases principales del mismo son: el conocimiento personal, el encuentro con Dios, las realidades fundamentales de la existencia, la figura de Jesús y su seguimiento, el proceso del discípulo, el Reino, el Misterio Pascual, la vi-da nueva, el trabajo por el Reino, la experiencia calasancia.
— No se quiere ofrecer cada día un desarrollo espiritual, sino que se dan pistas que ayuden a la persona a hacer su propio camino. Por eso el subtítulo es: «Un camino de experiencia espiritual».
3. Sobre el hilo conductor que está en el trasfondo de todo el libro:
— la vida de seguimiento de Jesús no se hace por acumulación de elementos espirituales o por búsqueda de identificación, sino por procesos de discer-nimiento
— en los que la primacía la tiene la «palabra»; después de todo la fe viene por el oído; esa «palabra» a lo largo del libro es la de Calasanz;
— pero para que la palabra no lance a la persona a falsos idealismos y le haga engañarse, es preciso que se confronte con la propia vida, en procesos de discernimiento; es la razón por la que se ofrecen a lo largo de todas las fa-ses pistas de discernimiento;
— todo lo cual ha de acabar en obediencia de fe, es decir, tiene que conducir a que la vida personal recorra el camino marcado por Dios al ritmo que El im-prime por medio de su Espíritu.
4. Este libro va dirigido a cuantos se sienten llamados al seguimiento de Jesús en la escuela de Calasanz. A todos aquellos que desean «andar en verdad», reco-rriendo un camino en el que disciernen el querer de Dios. A quienes buscan vi-vir su vida al ritmo que les marca Dios y no llevados por el simple deseo reli-gioso. A aquellos que han comprendido que no hay mayor gozo que cumplir la voluntad del Padre. A quienes llegan a intuir que se tiene de bienaventuranza lo que se tiene de pobreza. Y a todos los que se encuentran con la vida rota, deshecha; a quienes no pueden superar una debilidad, y se creen casi maldi-tos; a aquellos que no encuentran un camino de salida a su situación, y a lo mejor piensan que el seguimiento de Jesús no es para ellos: quizás encuentren en estas páginas el medio de convencerse que no están lejos de la verdad, del Reino, de lo que Jesús quiere hacer de todo hombre, una alabanza a la gloria del Padre.
5. Somos conscientes de las opciones que dirigen estas páginas y por eso mismo de las limitaciones que presentan. Hemos optado por un proceso de integra-ción de la experiencia espiritual con el camino humano, y es que ciertas des-proporciones que se constatan tantas veces en la vida de los cristianos condu-cen a situaciones sin salida. Hemos querido también iluminar lo más posible el proceso espiritual desde la experiencia personal de Calasanz, y en este senti-do, articular siempre que sea posible el proceso personal con la doctrina del santo. Hemos optado por las líneas de una espiritualidad en las que se resalta el proceso frente a la identificación, el discernimiento frente al deseo religio-so, el ritmo de Dios ante la megalomanía del afán personal de conseguir. Hemos optado por una manera de ver las cosas ante Dios que lleva a la lectura positiva de todo lo que tantas veces hemos considerado negativo y maldito.
Con todo lo cual hay limitaciones. Algunas: no todos los días existe un equili-brio en los textos del santo; hay días en los que abundan —y hemos tenido que omitir algunos interesantes—, y otros en los que faltan —y hemos tenido que citar algunos menos importantes que los omitidos días anteriores—; no siempre aparecen textos del santo que encajen con el momento preciso del proceso; etc.
6. El libro puede usarse de distintas maneras:— siguiendo día a día el pensamien-to del santo; así el lector se va introduciendo en el conocimiento de la perso-na, pedagogía y espiritualidad de Calasanz;
— sirviéndose de los índices finales que siguen temas distintos, y de esta ma-nera uno puede encontrar los aspectos más característicos del santo;
— haciendo un camino espiritual que se detalla día a día; si se busca el simple conocimiento, se puede seguir el calendario; si en cambio se quiere realizar un camino espiritual de verdad, hay que comprender que el ritmo de la per-sonalización de los elementos que se indican, no puede ser medido por el ritmo del calendario; cada uno busque ante Dios la sabiduría espiritual que le dice cuándo ha de pasar página;
— finalmente, viviendo el proceso, pero iluminado por la doctrina del santo.
7. Este libro no es de investigación, sino de exposición de un camino espiritual. Por eso debe muchas cosas a algunos que se citan como fuentes a continua-ción:— Para un conocimiento exhaustivo de las cartas del santo: L. Picanyol: Epistolario di S. Giuseppe Calasanzio, vol. I-IX, Roma 1950-59. C. Vilá: vol. X, Roma, 1988.— En castellano para las cartas más representativas del santo con breves resúmenes de aspectos ilustrativos de las mismas: AA.VV. Cartas selec-tas de S. José de Calasanz, Salamanca 1977.— Para el conocimiento de los re-ligiosos: J. Santha: Epistulae ad S. J. Calasanctium ex Europa Centrali, Romae 1969. Idem: Epistulae ad S. J. Calasanctium ex Hispania et Italia, vol. 1-II, Romae 1972.— Para la obra pedagógica del santo: J. Santha: S. J. de C. Obra Pedagógica, Madrid 1985.— Para el proceso espiritual: J. Garrido: Una espiri-tualidad para hoy, Madrid 1988.**Y a algunos les puede servir: F. Riera i Figue-ras: Ejercicios espirituales en la vida ordinaria. Para comunidades de laicos. Santander 1990.
Salamanca 31-3-1991
Pascua de Resurrección
Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con el que nos amó, es-tando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados— y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venide-ros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con noso-tros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe (Ef 2, 4-9).
«Busca méritos, busca justicia, busca motivos; y a ver si encuentras algo que no sea gracia» (S. Agustín)
1 de enero
1. Es bueno recibir algunas mortificaciones, sobre todo de los seglares, que sue¬len acrecentar en nosotros la santa humildad (Al P. Cherubini, Nápoles, 756-1628).
2. En la fundación de las casas es necesario que se pro¬cure dar buen ejemplo, tanto en las cosas de espíritu como de letras. Se suele decir que una persona vale por cien, y cien no valen por una; habiéndole elegido el Señor para esa ciu¬dad, ayúdese con la oración, pi¬diendo ayuda a Dios, y a la Virgen Santísima su interce¬sión (Ibídem).
3. Pongan todos gran empeño en ayudar mucho a los más pobres, que ellos con sus oraciones conservarán la obra. (Al P. Alacchi, Venecia, 1943-1633).
4. La Religión debe mirar a su propia utilidad más que a agradar a otros (Al P. Fe¬dele, Nápoles, 3001-1639).
5. Es una pésima señal que en la casa en que reside Vues¬tra Reverencia se haya llegado a tal relajación que no quieran ser gobernados sino a su antojo; la ley penal no se pone para los justos, sino para los transgresores, y así sucede en to¬das las religiones; y también entre los seglares, que a cada clase de pecado se le impone una pena (Ibídem).
6. He escrito al P. Provincial que obedezca al médico. Creo que lo hará. Si lo ne-ce¬sita en adelante, que lo obe¬dezca siempre (Al P. Cherubini, Nápoles, 756-1628).
7. Hagan oración por la salud de todos aquellos lugares que no tienen la peste, y por aquellos que la tienen para que Nuestro Señor los quiera librar (Al P. Casti¬lla, Frascati, 1284-1630).
8. Es preciso dar buen ejemplo a los seglares, lo que se conseguirá si se atiende con mucha diligencia al prove¬cho de los escolares, y no sólo en las letras, sino lo que más importa en el santo temor de Dios. Si obran así, nuestro Instituto será muy requerido, más buscando no¬sotros sólo la comida sencilla y el ves¬tido. Entre tanto, recomiendo a V.R. lo más ardientemente posible la santa ob¬servancia y que exhorte a todos los nuestros a dar buen ejemplo (Al P. Peri, Carmañola, 3002-1639).
1 El inicio del camino
a) A lo largo de este libro tratamos de exponer el camino espiritual cristiano. Te¬niendo como fondo los textos que rezuman la experiencia viva de Calasanz. Pero hay que tener muy en cuenta un elemento si alguien quiere vivir lo que aquí se dice, que se trata de experiencia es¬piritual, no de contenidos religio¬sos. Quien no esté dispuesto a entrar en una experiencia, cierre el libro; no con¬tinúe.
b) El hilo conductor es el proceso, no la asimilación de ideales. Hablamos, por eso, de camino, no de identifica¬ción. El trabajo está en coger la propia reali¬dad y desde ella, al aire de la donación del Espíritu y por gracia, realizar un ca¬mino de misericordia. Que atienda a la voluntad de Dios sobre la propia exis¬ten¬cia. Que no dé lugar a los idealismos del deseo reli¬gioso que quiere apropiarse de lo que brilla y da relum¬bre.
c) Esto supone tener una historia. Por eso el libro en su estructura global no está dirigido a los demasiado jóve¬nes. Sólo teniendo historia es posible captar el desig¬nio de Dios. Esto normalmente. Es verdad que también Dios hace historias incomprensibles con quienes siendo jóvenes de edad, tienen la sabiduría de los ancianos.
d) Es tu momento si ya la realidad te ha hecho entrar en conflicto con tus idea¬les. Si has notado que el mundo se te tambalea por dentro. Si has vivido el que se te ha caído la imagen que tenías de ti mismo, y te has encon¬trado sin saber qué hacer. Y has comprendido que la solución no está en retomar tozuda¬mente, una y otra vez, los idealismos pasados.
e) Son esas «mortificaciones» que nos humillan, de las que habla Calasanz, las que nos hacen comprender mu¬chas veces que es el momento de iniciar el ca¬mino.
2 P. Juan Crisóstomo Peri
Entró en la vida religiosa escolapia el ‘19 de marzo de 1631. Dos años después emitió la profesión de votos solem¬nes. En el año 1634, el 23 de septiembre, es orde¬nado sacerdote. Fue a lo largo de su vida superior en diver¬sas ocasiones: de Savona, de Puerta Real en Nápo¬les, de Génova. Además fue nombrado Provincial de Roma por Calasanz para que pudiera asistir al Capítulo General de 1641. Pos-te¬riormente lo será de Liguria, por nombramiento del P. Pietrasanta y Cheru¬bini Tuvo la suerte de hacer de secretario del Fundador de septiem¬bre de 1643 hasta abril de 1644. Después de la primera reintegración de la Orden, fue nom¬brado de nuevo Provin¬cial de Liguria. Murió el 8 de junio de 1661.
2 de enero
1. Nosotros no podemos inmiscuimos en asuntos de matri¬monios, aunque es sa-cra¬mento grande y santo, por¬que así lo prohiben las Constituciones (Al P. Che¬ru¬bini, Roma, 572-1627).
2. Los religiosos no se deben inmiscuir en cosas de segla¬res, ya que las Constitu-cio¬nes dicen que «las cosas secu¬lares déjense a los seglares»; a causa de esto sue¬len surgir inconvenientes como los dichos y aun mayo¬res (Ibídem).
3. Vuestra Reverencia sea el primero en revisar y ayudar a las escuelas, y en el caso que faltase algún maestro, sus¬titúyalo hasta que sea preciso, lo que yo he hecho en varias ocasiones, sin perder nada de mi dignidad (Al P. Fedele, Nápo¬les, 2791-1638).
4. Procure Vuestra Reverencia no sólo con las palabras, sino mucho más con los hechos y el buen ejemplo, atraer a los novicios a la santa observancia de nues¬tras Constituciones, pues al tener Vuestra Reverencia inten¬ciones óptimas, sin duda alguna será ayudado en todo por Dios bendito. Y puesto que el General y toda la Reli¬gión le han encomendado este ejercicio del novi¬ciado, procure que sea de mucho mérito ante Dios y de buena opinión y estima ante los Superio¬res. Por mi parte haré especial oración (Al P. Novan, Lipnik, 2792-1638).
5. Mando la respuesta que trajo aquel gentil hombre que dijo ser el embajador de Persia; la carta era del conde de Altan, que es el más alto cargo que go¬bierna todo el estado del emperador, al cual le hará partícipe de los bienes (es¬pirituales) de nuestra Religión (Al P. Gra¬ziani, Roma, 571-1727).
1 Presupuesto anterior
a) El camino o proceso está apoyado en ciertas crisis por las que pasa o ha pa¬sado la persona. En el fondo, el de¬nominador común es que se trata de crisis de idealis¬mos. La persona recibe una luz especial en la que se da cuenta que ha vivido del deseo religioso, no de la auten¬ticidad personal; que su trabajo ha estado impul¬sado por el afán de apropiación, no por el discerni¬miento perso¬nal; que ha buscado sobresalir como sea, no andar en verdad; que su fe se re-su¬mía en contenidos religiosos, no en experiencia de liberación.
b) El gran peligro de toda vida espiritual está siempre en que se presta a que uno viva de imaginaciones, de de¬seos, de ilusiones o ideales, en una palabra de la fanta¬sía del deseo. Y ahí está la trampa. A veces el cristiano vive más de lo que se imagina, que de la verdad de su ser, y ése es el engaño: no vivir su ver¬dad y creer que vive lo que imagina. Es preciso que Dios le haga descen¬der al lugar que le corresponde.
c) No huir la propia verdad, por más pobre que uno se descubra, eso es autenti-ci¬dad.
d) Calasanz lo dice en esta contraposición: «con hechos y el buen ejemplo, no con palabras». Es el camino por el que hay que conducir a los demás, pero an¬tes ha de ser camino personal.
2 P. Alejandro Novari
Nació en un pueblecito de Liguria el año 1607. Entró como escolapio en Génova en 1625 y en 1631 era ya sacer¬dote. Después de unos pocos años pasados en Ná-po¬les, es enviado a Alemania sin haber cumplido aún los treinta, y allí perma¬nece hasta su muerte. Ocupó todos los cargos de la Orden: maestro de novicios, superior lo¬cal, Vicario provincial y Provincial. Trabajó intensamente entre los herejes, como celoso apóstol. Querido y esti¬mado por sus Superiores, las cartas que recibe de Cala¬sanz son de ánimo en los momentos difíciles por los que pasó cuando la reducción inocenciana. Fue uno de los más eficaces y fieles hijos de Calasanz que a la hora de la verdad supo mantener unida y floreciente a la Or¬den en Centroeuropa. Murió en Polonia en 1657.
3 de enero
1. Me causa gran admiración oír que muchos muchachos se van a escuelas de pa-go, y si es por alguna causa que se pueda remediar, Vuestra Reverencia hace muy mal si la sabe y no me avisa (Al P. Castilla, Roma, 60-1621).
2. Además diga al P. José que, si la Misa le dura más de media hora, será casti¬gado adecuadamente: observe el reloj, y la primera vez se le quitará el vino y si no se enmienda se le aumentará el castigo, pues debe confor¬marse con una honesta mediocridad para que los seglares y los alumnos puedan oír su Misa y de mi parte adviértale que debe enmendarse, como espero que lo hará (Al P. Castilla, Frascati, 1286-1630).
3. Procure dar buen ejemplo de sí mismo, y antes de co¬menzarlas considere bien todas las acciones que va a emprender para que resulten bien (Al P. Alacchi, Ve¬ne¬cia, 1731-1632).
4. Desearía que todos los religiosos, en especial si son sacerdotes, tuviesen di-ver¬sas habilidades para ayudar al prójimo. (Al P. Peri, Savona, 2657-1637).
5. Es muy mentiroso aquel religioso que pudiendo servir para dos, tres o más co¬sas en la Religión, se contenta con una y bastante mal hecha (Ibídem).
6. Sabe Dios con cuánto afecto le deseo a V. R. la asisten¬cia continua del Espíritu Santo, de modo que tratando con él «clauso ostio», al menos una vez o dos al día, sepa guiar la navecilla de su alma por el camino de la perfección religiosa hacia el puerto de la felicidad eterna, siendo éste el primero y principal asun-to que debe tratar cada uno de nosotros, y si va bien, todos los demás se re-solverán con feliz éxito en la presencia de Dios, aunque parezcan de otra ma¬nera a la pruden¬cia humana. Sería de gran satisfacción para mí si en es¬tas cir-cunstancias de tantos disturbios mostrara V. R. gran valor de ánimo para so¬portar con paciencia todas las cosas por amor de Dios, a quien rogaré en parti¬cular para que le dé la gracia de hacer mucho bien al pró¬jimo con el talento que para ello le ha dado (Al P. Ri¬dolfi, 3858-1642).
7. Aquí se hace oración continua por la paz universal. Vues¬tra Reverencia mande hacerla en esos lugares, con mucha devoción para que el Señor envíe la paz a la Cris¬tiandad, que es su pueblo, y en particular a Italia que es la Provincia ele¬gida por Dios bendito para la Je¬rarquía eclesiástica (Al P. Conti, Cracovia, 4080-1643).
1 Ruptura de los sistemas de seguridad
a) Emprender este camino, el del proceso, es entrar en una decisión de riesgo. Normalmente en el pasado han funcionado a la perfección los sistemas de se-gu¬ridad. De una manera especial en el camino espiritual. El de¬seo religioso, da seguridad. Los ideales, dan seguridad. El orden religioso-moral, da seguri¬dad. Las propias obras, dan seguridad. La oración, da seguridad. Hasta los sa¬cramentos han sido vividos como seguridad: «¡Qué suerte, recibió los últimos sa¬cramentos!».
b) Ahora se van a romper los sistemas de seguridad. Es el gran desafío de este camino. La seguridad constituye la gran idolatría de los sistemas religiosos. El mayor cebo que ofrecen. El hombre descansa en lo que le ofrece se¬guridad. Y el hombre religioso en la seguridad de su salvación. ¡Está a salvo el gran pro¬blema de la vida!
c) Por eso le cuesta entrar en este camino, porque in¬tuye, y se le dice, que esa seguridad ha de ser hecha añicos, y que lo que se privilegia en este proceso no es la búsqueda de seguridad, sino la vivencia de la autenti¬cidad. Con frecuen¬cia la seguridad es la inauten¬ticidad.
d) Detrás de la decisión que pone en movimiento al hom¬bre, está el Espíritu San-to. El texto de Calasanz es uno de las cumbres de su experiencia. El Espí¬ritu es el que lleva el proceso: quien da el primer impulso, quien con¬duce día a día, quien da fuerzas para superar las difi¬cultades, quien levanta de las caí¬das, quien ayuda en las situaciones límites de la vida, quien otorga inten¬sidad de luz para comprender, quien consuma en el Amor. Hay que tratar con él «a puerta cerrada».
2 La extrañeza de Calasanz
La extrañeza que manifiesta el santo en carta al P. Casti¬lla es muy natural. Las escuelas eran gratuitas, ¿cómo es que se van muchos muchachos a las de pago? Algo tiene que ocurrir. Se trataba además de las escuelas de Fras¬cati, que él había creado antes de la fundación de la Con¬gregación Paulina, y a las que ama-ba intensamente.
4 de enero
1. Yo procuraré poner en esa casa una comunidad que no se tenga que cambiar en mucho tiempo, para que no di¬gan en Frascati que cada día cambia de maes¬tros, no siendo cierto que los principales maestros, que son el de gramá¬tica y el de escribir se cambien, como dicen al¬gunos, sino solamente los que enseñan a leer, para lo cual todos los nuestros son idóneos (Al P. Cananea, Fras¬cati, 32-1619).
2. Por lo tanto, con el parecer de muchos, he decidido para tranquilidad del P. Gaspar, que no es apreciado ni respetado ahí por los alumnos como él se me¬rece, que se vuelva a Roma, en donde se le espera con mucho de¬seo, y donde estará también mejor que en Frascati, y en su lugar irá ahí el P. Pedro Andrés que se llamaba an¬tes P. Escipión; conviene que se le considere ahí como gran siervo de Dios y muy inteligente y diligente, como lo es verdaderamente en en¬señar, y espero que sea de muchísimo provecho; lo quito de ir a casa del Du¬que Altemps y pierdo seis escudos al mes que nos daba por ir dicho Padre a en-se¬ñar a su hijo, pues como enseña con tanta diligencia no quería a otros (Ibí¬dem).
3. Escríbame en particular cómo se comportan estos her¬manos en cuanto a la obediencia porque donde no se ob¬serva no se da más que el nombre de Reli¬gión. Qui¬siera saber si algunos huyen aún la pobreza, porque de¬searía introdu¬cirla como la tienen los capuchinos (Al P. Tencani, Nursia, 135-1623).
4. Quiero que se tenga mucho cuidado del Noviciado, y que ofreciéndose la oca¬sión admitan al mismo personas adecuadas, no como en el pasado, que da la sen¬sación que han escogido los más pobres; muchos de ellos han ocasionado a la Religión más dificultades que utilidad por ayudar a sus padres (Al P. Ministro de Nápoles, 3864-1642).
5. Por el especial afecto que siempre le he tenido, he pe¬dido al Señor que lo haga gran siervo suyo, e imitador antes que nada interno de su santísima humil¬dad, en donde descubrirá los misterios escondidos a los sabios y pruden¬tes del siglo y reservados para los humildes (Al P. Juan Scazzi, Nikolsburg, 4521-1648).
6. Me escribe el P. Jerónimo una larga carta muy decidido a pasarse a otra Reli¬gión más tolerante; siento muchí¬simo que dicho Padre no sepa vencer sus pa-sio¬nes y vi¬vir en la paz y tranquilidad con que todos pueden vivir en su pro¬pia Religión, mortificando sus pasiones y haciendo penitencia por sus pecados, habiendo dicho el Espíritu Santo por Salomón «tempus plangendi et tempus ri¬dendi»; quien no sepa distinguir entre esta vida y la otra se hallará engañado (Al P. Andolfi, Chieti, 3860-1642).
1 Personalizar la propia historia
a) Lo primero que hay que hacer es enfrentarse con la propia historia. No hay fundamento seguro para un pro¬ceso espiritual más que en la aceptación re-conci¬liada del propio pasado.
b) No siempre es fácil; casi se puede decir que siempre cuesta. Y aun a veces que resulta difícil. Porque toda persona tiene capítulos oscuros en su vida, O hechos que ha procurado olvidar. O acontecimientos que le ha costado un triunfo relegar al subconsciente. Todo por¬que no llega a aceptar lo que ocurrió o cómo sucedió en su vida. Su imagen queda rota. Y no lo puede sopor¬tar.
c) Estos quistes psicológicos y espirituales son tan malos o peores que los biológi¬cos. Pueden producir semillas de muerte. Están al inicio de muchos desquicia¬mientos espirituales, y a veces aun humanos. Por lo tanto, el único modo de en¬trar como se debe en el proceso espiri¬tual es acercándose a la propia histo¬ria, conside¬rándola como lugar de la historia de Dios, aceptarla con corazón sen¬cillo, reconciliarse con todo lo ocu¬rrido, no renegar de nada puesto que uno no quiere ni puede negar nada de sí mismo. La única manera de en¬con¬trarse a sí mismo es no renegar de sí mismo. Llegar a percibir que la historia per¬sonal es el lugar de las ma¬ravillas que Dios ha hecho con uno.
d) Por eso Calasanz se queja del P. Jerónimo Laurenti; es incapaz este padre de aceptar la historia concreta en la que vive, la personal y la colectiva. Cree que en otro lugar estará mejor. El problema no es de lugar, sino de mirada de cora¬zón.
e) ¿Hay algo en tu vida que no lo has personalizado? ¿Cómo saberlo? Responde: ¿Preferirías que algo no hubiera existido? ¿Romperías feliz algunas páginas del libro de tu vida? ¿Por qué? ¿No ves en ellas la mano de Dios?
2 Pobreza social de los pretendientes a las Escuelas Pías.
Fue uno de los grandes peligros que padeció la Orden du¬rante la vida de Cala¬sanz, la aceptación entre sus miem¬bros de personas demasiado pobres. El santo se dio cuenta a qué conducía esto. Una vez dentro del Instituto, esas personas se dedicaban a cuidar de sus familiares, a atenderles en sus necesidades, con lo que decaía su obser¬vancia y preocupación por las escuelas. De ahí las palabras del santo: «… no como en el pasado, que da la sensación que han escogido los más pobres; muchos de ellos han ocasionado a la Religión más dificultades que utilidad, por ayudar a sus padres».
5 de enero
1. Si le parece conveniente usar zapatos de madera los días de lluvia, lo puede hacer; procure que todos ten¬gan debajo de la sotana la ropa necesaria, y otra ropa interior para que puedan resistir el frío (Al P. Tencani, Nursia, 100-1622).
2. Su Divina Majestad, con personas pobres y de poco va¬lor, suele ordinariamente hacer grandes obras en los de¬más (Al P. Castilla, Frascati, 382-1626).
3. ¡Oh si supiera cómo me traspasa el corazón el hecho de que el hombre trabaje toda la vida para ayudar al prójimo y un desgraciado eche a perderlo todo! (Al P. Castilla, Frascati, 760-1628).
4. No puedo dejar de recordar en todos los correos que se atienda con todo cui¬dado a las escuelas aunque debi¬eran dejar alguna vez otros ejercicios, pues éste de las escuelas es nuestro instituto propio y cuando esto no va bien nos des¬viamos del camino verdadero de nuestra salvación; toca al Superior vigilar y ayudar con la pro¬pia fatiga. He oído que muchos del pueblo no están lo satis-fe¬chos que deberían; sin duda habrá en las escue¬las alguna falta ya que los se-glares no las aprecian como solían. Espero que este año se atenderán con toda diligencia (Al P. Reale, Cárcare, 1287-1639).
1 El nuevo horizonte de sentido
a) Pero, ¿es posible aceptar todo? ¿Es posible personalizar aun lo negativo? ¿No es algo que supera al hombre? Sí, es posible. Lo importante no son los porqués de lo ocu¬rrido, sino dar sentido a todo. Ahora es posible hacer lo que no se hizo en otro tiempo: revivir todo, pero de¬ntro de otro horizonte de sentido. Es po-si¬ble vivenciar el pasado, dándole un nuevo sentido. Entonces no hay por qué negarlo. Si lo niego, me niego a mí mismo. Si lo revivo dentro de otro hori¬zonte de sentido, lo asumo, me reconcilio y crece la paz de la persona.
b) Entonces uno puede dar gracias a Dios por todo. No se centra en lo bueno y lo malo, todo es historia santa de Dios, en la que siempre el bien tiene la victo¬ria. Con lo cual, una vez ocurrido, ni siquiera deseo que no ocu¬rriera, porque ahí y en eso he comprendido el corazón de Dios. Por eso mi historia no es mal¬dita, está llevada por un designio de amor. Que no concuerda con nues¬tras ideas, pero, ¿por qué ha de concordar con ellas?
c) Hay una ley psicológica que es preciso descubrir viven¬cialmente: donde te pa-rece tener una desventaja tie¬nes que percibir también una ventaja; todo de¬pende de la lectura que hagas. ¿Te educaron en una gran repre¬sión? De acuer-do, la desventaja. Pero, ¿por qué crees que tienes esa sensibilidad espe¬cial pa-ra el Abso¬luto? Es la ventaja. Y así eh todo.
d) Desde ese subsuelo se entiende a Calasanz, que Dios hace grandes obras con personas que se tienen por po¬bres y de poco valor. Y este ¨tenerse¨ no es una espe¬cia de pirueta en el vacío; es que él ha conducido a esa experiencia, De lo contrario, si no hay experiencia, todo es caldo de cabeza. Por eso el camino de Dios en la historia de cada uno ha de ser leído no con nuestras categorías, las del orden religioso- moral, de seguri¬dad, de buenas obras, sino con las su¬yas: llevar a cada uno a la aceptación sosegada de la vida como catapulta de lo que hará en el futuro.
2 Casi en la muerte
Un día tal como hoy Calasanz estuvo en las puertas de la muerte. Era el año 1630. Lo narra él mismo: «Hace tres noches el Hno. Pedro, pensando que me hacía gran servi¬cio, cuando me iba a la cama hacia las seis, me llevó un poco de fuego en un brasero, y habiéndome encontrado dormido, puso el brasero junto a la cama; cuando me des¬perté me encontré con que todo me daba vueltas, y lla¬mándolo vomité un poco, y se me pasó el mareo, pero estuve en gran peligro».
6 de enero
1. Procure cada semana tratar con los otros sacerdotes de las cosas que se refie-ren a la verdadera observancia de nuestras Reglas, porque es verdad que «ubi multa consi¬lia ibi salus», y «plus vident oculi quam oculus». Procuren ser muy humildes y hacer que las escuelas va¬yan muy bien, pues éste es nuestro prin-cipal ministe¬rio. El superior debe enseñar más con el ejemplo que con las pa-labras. Escribo esto, porque deseo que en esa casa se alabe y se sirva mucho a nuestro Señor. El les bendiga siempre a todos (Al P. Reale, Cárcare, 1035-1629).
2. Aunque la puesta en escena de representaciones espiri¬tuales suele ser de gran satisfacción para el pueblo, sin embargo, suele ser también de mucho daño a los alum¬nos, porque ponen en ello demasiado interés y dejan atrás el trabajo de las letras. Por eso procure que se tenga sólo dos veces al año, aunque en algunas partes se suele tener sólo en los carnavales (Al P. Cherubini, Nápoles, 1036-1629).
3. Estoy seguro que la próxima semana, o a más tardar la siguiente, se tendrá la declaración de los Eminentísi¬mos sobre nuestros asuntos; la espero más a favor que en contra a pesar de las grandes oposiciones que han existido contra nues-tro Instituto. Mientras, oremos to¬dos para que resulte a mayor gloria de su Di-vina Majes¬tad y a mayor utilidad del prójimo, sobre todo de los pobres (Al P. V. Berro, Nápoles, 4324- 1646).
4. Si Dios me concede la gracia de volver ahí, yo haré que los convalecientes se atengan a unas normas y no recae¬rán tan fácilmente, porque todo proviene de des¬orden (Al P. Graziani, Roma, 576-1627).
5. Me disgusta mucho que nuestros clérigos demuestren tan poco deseo de aprender. La razón es que no cono¬cen la utilidad grande que procurarían a los alumnos si fueran aptos para enseñarles juntamente las letras y el espíritu. Pero siendo negligentes, no serán aptos ni para lo uno ni para lo otro. Exhórte-los de mi parte a que se porten diligentemente, porque eso me causará gran consuelo y para ellos será de muchísimo provecho (Ibídem).
1 La vigilancia del corazón
a) El proceso que vas a recorrer no se programa. No se trata de ponerse metas y buscar alcanzarlas. Así se cae en los viejos esquemas. Es cuestión de vigilancia de co¬razón. Porque no es la voluntad la que va consiguiendo. Es la misericor-dia de Dios que se derrama. Con lo cual no se olvidan las realidades activas de la persona. Tiene que haber vigilancia. Pero no la moralista, aque¬lla que quie-re hacerlo todo bien. Es la existencial, la que atiende a los movimientos del Espíritu; la que está atenta al querer de Dios.
b) Este proceso tiene un itinerario. Lentamente, sin darte casi cuenta, irá cam-biando el escenario. A lo largo de todo el año irás pasando por los diversos mo¬mentos de tu camino hacia Dios. Pero recuerda siempre que no se trata de contenidos religiosos que asimilar, sino que se te indican manifestaciones de una experien¬cia. Déjate llevar por dentro. Deja que El lleve las riendas del proceso.
c) Los diversos momentos del camino tienen una lógica espiritual de progreso. No están elegidos por la riqueza de su contenido, ni por el brillo de su mani-festación; obedecen a la lógica evangélica de la entrada del Rei¬nado de Dios en este mundo. Y a lo que El ha hecho en su Hijo.
d) Si te dejas coger por dentro y caminas al aire del movi¬miento del Espíritu, un análisis certero de tu ca¬mino te hará descubrir distintas fases. Es lo normal. Pa¬sarás por una primera confusión; te darás cuenta luego de que algo cambia por dentro; experimentarás después que lo hermoso es que vas siendo otro a nive¬les de fundamentación y libertad, aunque a veces no cambien demasiado los elementos externos; poco a poco podrás ir dando nombre a los diversos elementos que van apareciendo en ti; llegará el ¨aburrimiento y cansancio¨ del ¨siempre lo mismo¨ o apariencia de que no avanzas; y estallará —por gra-cia y amor— la eclosión de su amor en tu vida.
e) Necesitarás una mano amiga; te lo dice hoy Calasanz: «la salvación donde hay consejo», o ¨más ven dos ojos que uno¨.
2 El discernimiento de la obra de las Escuelas Pías
A lo largo del año aparecerá repetidas veces la alusión a una Congregación de cardenales. Esta es la historia. A fi¬nales de agosto de 1643 o principios de sep-tiembre fue nombrada esta Comisión o Congregación de cardenales para exami-nar los resultados de la visita apostólica de Pietrasanta y dictaminar sobre el fu-turo de las Escuelas Pías. Esta Congregación ¨deputada¨ como se le llama es¬taba constituida por los siguientes cardenales: J. Roma, presidente, B. Spada, J. Fal-conieri, M. Ginetti, J. Bta. Pamfili, y los Monseñores F. Albizzi y F. Paolucci, se-creta¬rio. Hasta entonces la Orden dependía directamente del Sto. Oficio. En adelante dependerá de esta Congrega¬ción.
7 de enero
1. Me parece que no hay cosa mejor que dirigir a los jóve¬nes por la senda del temor de Dios, haciéndoles co¬nocer y aborrecer la gravedad del pecado y cuán suave es permanecer en gracia de Dios (Al P. Cipo¬lletta, Nursia, 1558-1631).
2. Sobre las comidas de Porta Reale V.R. procure que no les falte el pan en la mesa, una buena sopa y vino sufi¬ciente, como usamos aquí; la pitanza que no exceda lo mandado por las Constituciones: la de la mañana po¬dría ser un poco más abundante, reduciendo la de la no¬che, porque la cena debe ser más ligera que la co¬mida; los días festivos puede darse una cuarta cosa con¬forme a las Constituciones. Si los nuestros fueran hombres de oración, podría dárseles mu-cho más, pero no siendo hombres de espíritu, su pensamiento se cen¬tra en el sentido, como demuestra el resentimiento ante una minucia de poca impor-tancia. Nunca darán fruto ni para sí ni para el prójimo, mientras no sean mor¬tificados y devotos en la oración. Vea, ahora, qué obra puede progresar sin es-píritu. Sin embargo, entre todos los que están ahí habrá siempre dos o tres que se entreguen al servicio de Dios y a la utilidad del prójimo y éstos pocos mantienen el Espíritu Santo para que no abandone la casa (Al P. Graziani, Ná-poles, 2175-1634).
3. Espero que Vuestra Reverencia se porte con justicia y caridad con todos por-que de otra manera el daño sería para Ud. que como superior está obligado a ser irrepren¬sible (Al P. Ministro de Florencia, 3230-1640).
4. No se pueden mantener las casas si no se visten novi¬cios a propósito (Al P. V. Berro, Mesina, 3867-1642).
1 La propia historia lugar de Dios
a) Las resistencias ante la propia historia se diluyen cuando se penetra en el co-razón de Dios. El ha asumido antes que yo mi propia historia. La ha llevado so-bre sus propios hombros. La ha acogido en su corazón. ¿Por qué esa oposición tozuda a la aceptación? ¿Qué indica? ¿Qué trasfondos están ahí implicados? ¿Por qué me niego?
b) ¿Cómo enfrentarse con la propia historia? Repasándola. Sería conveniente que releyeras tu vida:
— o bien repasándola en acto de oración: desde lo más antiguo que recuer-des hasta el momento ac¬tual, o al revés, iniciando en el hoy para con-cluir en el seno materno;
— o bien escribiéndola: esto te obliga a una mayor re¬flexión, a un recuerdo más atento, a un volver sobre cada uno de los acontecimientos.
c) Lo importante no está en el hecho desnudo, sino en el sentido que tiene en tu vida. Descubre el hilo conduc¬tor de tu existencia. Date cuenta de qué se fra-guaba por debajo de los hechos en sí. Sólo de esta manera lle¬garás a experi-mentar un Amor que te ha perseguido durante toda la vida.
d) Para todo eso hay que ser hombre de oración, afirma CaIasanz; si gana el sen-tido, todo se oscurece.
2 El P. Santiago Cipolletta
La vida del P. Cipolletta estuvo tejida de contratiempos con Calasanz. Era de Frascati, y uno de los primeros que entró en la Orden, el 25 de febrero de 1618. Venía orde¬nado sacerdote el 11 de abril de 1626. Aprendió latín con el P. Drago-netti. En Savona fue admirado por Calasanz y el obispo por su habilidad en ense-ñar la doctrina cristiana y el latín a los niños. Los conflictos le acompañaron toda la vida: superior en Nursia, en 1631 fue depuesto del cargo; en la Duchesca —Nápoles— Calasanz le permite con¬fesar los días de fiesta y predicar sólo a los ni-ños. Nombrado superior de la casa, debe dejar el cargo y la ciudad en julio de 1635 por alguna falta que desconoce¬mos. En Mesina, 1640, Calasanz le prohibe confesar. Por la oposición que tuvo con el rector debe dejar la casa bajo pena de excomunión. En los años 1645-46 es supe¬rior de Narni contra el parecer de la comunidad. Y per¬mite la ordenación de algunos hermanos con la oposición de Calasanz. Murió en Frascati el 9 de febrero de 1649.
8 de enero
1. Que el P. Hilarión, a quien escribiré en otra ocasión, procure acrecentar el ca-pital de la santa humildad, que es la verdadera moneda que circula en la casa de Dios (Al P. Reale, Cárcare, 763-1628).
2. Dígale al P. Pedro Pablo que no he tenido tiempo para ver la caligrafía de los escolares; si logran aprovechar, él conseguirá un premio grande del Señor (Ibí-dem).
3. Procure humillarse y reconocerse indigno de un oficio tan grande (sacerdocio) para que el Señor le conceda la disposición interna necesaria para tal dignidad (Al P. Alacchi, Venecia, 1948-1633).
1. La estructura del camino
a) Para personalizar el camino espiritual y vivir una exis¬tencia cristiana, son pre-cisos tres elementos. Que en el plano intelectual se pueden separar; es la me-jor ma¬nera de conocerlos. Pero que se dan estrechamente uni¬dos en el desa-rrollo de la vida, si se quiere hacerla en cristiano.
b) Lo primero es la escucha. Oír la Palabra. Porque tiene la supremacía. Palabra que nos llega de muy distintas maneras. A nosotros de una manera privilegiada en los textos que rezuman la experiencia espiritual de Cala¬sanz. Por eso nos acompaña día a día. No son pretex¬tos. En ellos late el espíritu cristiano. Pero hay muchas maneras de oír la Palabra: la biblia, los acontecimien¬tos, una con-versación, que has intuido algo que te da nueva luz, el sufrimiento, una sepa-ración desgarra¬dora, la muerte de un ser querido, la experiencia de la impo-tencia, etc.
c) Para que la Palabra no se diluya en deseo religioso, o no despierte la megalo-manía del afán, o no haga aflo¬rar simplemente los idealismos, en una palabra, para no caer en la trampa religioso- moralista, es necesario confrontarla con la vida. Por eso no hay camino sin dis¬cernimiento. De otra manera, caminar es discernir. De otra manera aún, el discernimiento se convierte en el único modo de seguir el camino cristiano.
d) Y para que el discernimiento no quede en simple análi¬sis, tiene que terminar en obediencia de fe. Ahí se de¬canta la verdad de los momentos anteriores. No es la eficacia controlable la que mide la verdad del proceso, sino la obediencia de un corazón que se entrega.
e) Los consejos de Calasanz al P. Alacchi insisten en lo que es el proceso: la es-cucha, el discernimiento perso¬nal, para llegar a la donación de Dios.
2 El P. Hilarión Preterari
Era de Finale, en Liguria. Fue uno de los primeros religio¬sos que vistieron el hábito en esa provincia, en 1623. Se ordenó sacerdote en Savona, el 7 de marzo de 1626. Tuvo diversos cargos, y como vocal de la Provincia de Li¬guria asistió al Capítulo General de 1637. Fomentó la actitud rebelde de los Hermanos recla-mantes por lo que fue llamado a Roma en 1639. Al año siguiente lo en¬contramos en Savona desempeñando el oficio de con¬fesor de ciertas damas ilustres de la ciudad, y de mu¬jeres conversas. No se entendió con el superior y Ca¬lasanz quiso mandarlo a Cárcare, pero no lo consi¬guió. Murió en Savona a los 45 años de edad.
9 de enero
1. En cuanto a realizar obras dentro, lo había decidido ya, porque habrá mayor tranquilidad sobre todo para la oración mental, puesto que ahora estando cer-ca del ca¬mino se sufren algunas molestias debido a los mu¬chos carros y cabal-gaduras que a menudo pasan por ahí (Al P. Graziani, Roma, 573-1627).
2. Desde luego la Santidad de Clemente VIII, de feliz me¬moria, ordenó santa-mente que en los conventos no hubiera menos de doce, porque de otra suerte al poco tiempo se relajan y sirven más bien de escándalo que de buen ejem-plo, no observando ni tiempo fijo de ora¬ción, ni capítulos de culpas, ni ayunos, ni otras mortifi¬caciones necesarias para conservar el espíritu. Y la San¬tidad de Urbano VIII me parece que ha puesto la obliga¬ción de que, donde se funde ca-sa con menos de doce religiosos, queden sujetos al Ordinario. Esto es lo que me parece entender por cartas de Génova (Ibí¬dem).
1 La imagen de Dios
a) El camino cristiano supone que la persona ha intuido de alguna manera que su vida ha de centrarse en Dios. De lo contrario no tiene sentido comenzar una pedago¬gía de personalización. Quiere decir esto, que si al¬guien estuviera do-minado por necesidades inmediatas, no sería éste el momento de iniciar el camino que pro¬ponemos.
b) Lo primero que aparece es la necesidad de personali¬zar la imagen de Dios. ¿Quién es Dios para ti? Porque to¬dos hablamos de Dios, pero no hablamos del mismo Dios. Todos oramos, pero no al mismo Dios. Por eso, ¿quién es tu Dios? Hay que discernir la imagen que tie¬nes de Dios. No sea que el camino parta en una direc¬ción equivocada.
c) El tema de la imagen de Dios es fundamental. Necesita ser bien aclarado. En esa «tranquilidad para la oración mental» que hoy cita Calasanz. Es preciso dejar que sea la misma Palabra la que descendiendo como rocío nos haga ver quién es Dios. No a niveles conceptuales; ni tampoco de emotividad. A niveles de profundidad in¬terior, porque las grandes experiencias no son objeti¬vables.
d) Hay que reconocer que eso requiere tiempo y pasar por el aburrimiento. Aquí, por necesidad de la estruc¬tura del libro, vamos siguiendo los días del año. Pero se comprende que el camino no se hace por días natura¬les sino por el tiempo que requiere la personaliza¬ción de una realidad. Que depende de mu¬chas va-riables; sin duda de Dios y de ti.
e) Pero sobre todo hay que saber ser pobre ante Dios.
2 Número de religiosos en la Comunidad
El Papa Gregorio XV, con fecha 17 de agosto de 1622, pro¬mulgó un decreto, que en el tema que nos interesa con¬firmó posteriormente Urbano VIII el 21 de junio de 1625. En ellos se exigía que en cualquier fundación de religio¬sos tuviera que haber al menos doce para no caer bajo la jurisdicción del Ordinario del lugar. Ca-lasanz quiso mante¬ner siempre a sus casas independientes de la juris¬dicción de los obispos; luchó constantemente por esa inde¬pendencia; por eso se preocupó mucho del cumpli¬miento de semejantes decretos pontificios. Lo veremos en otras ocasiones.
10 de enero
1. En cuanto a la ya larga indisposición de Vuestra Reve¬rencia (citaremos así: V.R.), todos debemos recibirla de la mano del Señor, quien nos mortifica cuán-do y cómo quiere, y todo para nuestro bien (Al P. Tencani, Nikolsburg, 2494-1636).
2. V.R. me escribe que el edificio está muy adelantado, refiriéndose al material, pero si el espiritual de la santa observancia y unión no va bien, el material nos servirá de poco. Y sobre este particular, toda la impor¬tancia está en la cabeza, de tal modo que si las cosas van bien, el honor y el mérito son de la cabeza, y por el contrario si las cosas no van bien el deshonor y perjui¬cio ante Dios son de la cabeza. Así pues, vea cuánta paciencia, cuánta caridad debe tener quien está al frente de una de nuestras casas. En esta materia el que cree saber me-nos, sabe más y el que cree saber más, sabe menos; porque Dios ayuda a los humildes y a los que sólo confían en él y no en sus fuerzas (Al P. Alac¬chi, Pa-lermo, 2660-1637).
3. Me gustaría que V.R. se comportara de tal manera, que nadie pudiera acusarle con razón de parcialidad o de negligencia, como conviene a un Superior; V.R. debe amar y favorecer a cualquier religioso que sea ob¬servante, aunque no sea del país, y hay algunos tan ape¬gados en perjuicio de sus almas, que les parece que no están tranquilos sino en su propia patria, lo cual es un gran defecto pa-ra los religiosos, que cuanto más le¬jos están de sus parientes y de su patria tanto más sue¬len confiar en el auxilio de Dios, que no falta nunca a quien le es fiel dondequiera que esté. Y digo esto, por¬que habiendo querido cambiar a al-gunos de ese lugar, han preferido dejar la Religión antes que la propia pa¬tria, como ha ocurrido a muchos, y creo que ocurriría a otros si yo quisiera obligar-les a salir de ese lugar, siendo esto un engaño muy grande y craso, pues nues¬tra verdadera patria es el paraíso, y en esta vida somos todos peregrinos; el religioso debe despojarse de todo para caminar más ligero por el camino del paraíso, que es nuestra patria. Y V.R. debería enseñar esta verdad a todos sus súbditos (Al P. Trabucco, Nápoles, 3869-1642).
4. Aquí esperamos algo a favor de nuestro Instituto, habiendo pasado el P. Este-ban de los Ángeles a la otra vida ayer a las 19 y esta tarde a las 23 se ha ente-rrado en nuestra iglesia de S. Pantaleón, al cual tanto du¬rante su enfermedad cuanto después de su muerte to¬dos nuestros Padres le han mostrado particular caridad y benevolencia con mucha satisfacción de sus parientes y amigos. V.R. no deje de hacerle ahí los sufragios y avise a las demás casas para que hagan lo mismo (Al P. Grien, Nikolsburg, 4522-1648).
1 El único Viviente
a) El Dios de los cristianos es el Dios vivo y verdadero. No una superconciencia. Ni un superideal. Es más vivo que cualquier otra realidad o persona existente. A veces se hace de él simplemente el que da sentido global a la existencia, O alguien que justifica la utopía cristiana. Convertirlo en todo eso es no llegar a saber quién es el Dios cristiano. Porque El no tiene que justificar nin¬guna ideo-logía, es ¡el Único Viviente! Nosotros justifi¬camos a Dios por nuestras grandes ideologías y, sin em¬bargo, Dios es Dios, no es otra cosa.
b) Para personalizar a ese Dios hay que percibir la vida a otros niveles. Y para ello es preciso experimentar el riesgo de la propia existencia. ¿Y lo percibi-mos? ¿O lo te¬nemos todo perfectamente ordenado? Para percibir la vida como riesgo hay que haber experimentado que sólo el amor es capaz de arriesgarse. Si uno no se ha arriesgado en el amor, no sabe qué es la vida. Y resulta que con frecuencia el hombre tapa los fondos porque tiene miedo a encontrarse con lo incontrolable. Y así ocurre el gran absurdo, la religión nos sirve muchas ve¬ces para evitar el riesgo y, sin embargo, es lo contrario.
c) Esta personalización de Dios no depende de ningún sa¬ber teológico o humano. Conviene recordar lo de Cala¬sanz: «En nuestra materia el que cree saber me-nos, sabe más, y el que cree saber más, sabe menos, porque Dios ayuda a los humildes y a los que sólo confían en él y no en sus fuerzas».
2 El cómputo del tiempo.
Según la costumbre romana del tiempo, el punto de par¬tida para contar las horas del día era el toque del «Ange¬lus» por la tarde, el cual solía tocarse media hora des¬pués del ocaso del sol, variando según las estaciones. Por ejemplo, a partir del mes de noviembre el «Angelus» se tocaba a las 17 horas, indicando el co-mienzo del día; en marzo y septiembre a las 18,15; a mediados de mayo a las 20,15. Según el horario actual al P. Cherubini murió a mediodía y fue enterrado hacia las cuatro de la tarde.
11 de enero
1. Procure acabar con las deudas de los acreedores de casa, de lo contrario me encontraré obligado a ir para hacerlo yo. Con tanto tiempo y tantos recuerdos ten¬dría que tomar con mayor empeño este asunto, porque a mí me desagrada no saber si debo o no (Al P. Castilla, Frascati, 1040-1629).
2. Deseo por último que se tenga mucho cuidado en la observancia de nuestras Reglas, que se observe el silen¬cio en casa, que no se entre en el cuarto de na¬die sin permiso expreso del Superior, que en los recreos se trate de las cosas que mandan nuestras Reglas y, que, cuando hay alguna falta, el Superior que debe leerlas a menudo, avise que nuestras Reglas dicen así; si se cum¬ple esto, se logrará gran provecho en todos y si algunos son contumaces se les castigará justamente; pues si no se atiende a las cosas pequeñas, en seguida se vendrá a caer en las grandes, como es el contradecir al Superior o mostrarse poco obe¬diente. Se me avisará y yo inter¬vendré desde aquí con fuertes castigos ya que la perfec¬ción de los religiosos consiste en la observancia completa de las Re¬glas que ordinariamente son cosas pe¬queñas (Al P. Cherubini, Nápoles, 1294-1630).
3. No teniendo para dar clase a otro más que al H. Carlos, de poco espíritu y de pocos buenos ejemplos, no debe¬rían haberla dado; he escrito que hasta nueva orden no abran las escuelas (Al P. Alacchi, Palermo, 2323-1635).
4. Acerca de las órdenes dadas para Mesina, está bien que no escriban sobre los fallos ni a seglares ni a los nues¬tros, pero falta una cláusula: «excepto al P. Ge¬neral»; añadiendo otra cláusula que diga «quien escriba algo de alguien al General, que tenga la certeza de poder probarlo, de lo contrario sufrirá la pe-na que debería im¬ponerse al reo acusado» (Ibídem).
5. V.R. cuide de no engañarse al ver la necesidad de confe¬sores que hay por ahí, pues nuestro principal insti¬tuto son las escuelas, de modo que si ha de sufrir uno de los dos ministerios, es mejor que lo sufra el de la confesión que el de la escuela, pues confesores no fal¬tan, mientras los maestros son tan pocos que a veces no hay más que uno, sobre todo para latín (Al P. Be¬retta, Cárcare, 3871-1642).
1 Dios revelándose en acto
a) Ordinariamente nosotros hemos orientado nuestra vida hacia Dios no desde un proceso de personalización, sino desde un sistema ideológico. Nos dijeron que lo im¬portante era Dios y a eso unimos nuestra sicología que tiende a buscar sis¬temas de seguridad en lo reli¬gioso. ¿Qué sucede? Que si Dios es necesidad espiritual, piadosa, de sensibilidad religiosa, estructura desde fuera, entonces la fe es ideología, superestructura. No la realidad viviente del hombre. Por eso es preciso des¬cubrir a Dios como sentido radical de la existencia.
b) Hay que escuchar la Palabra no desde un saber sobre Dios, sino percibirle a El revelándose en acto en la Pala¬bra. En el primer caso la Palabra se convierte en formulación abstracta, de la que se obtiene un con¬junto de consecuencias. Y la biblia es texto ideológico. Y toda palabra de Dios, en su multiforme varie¬dad, es ideología. Hay que escuchar la Palabra en atención pa¬siva, experimen¬tando realmente las señales que ha dado. Constatando los actos donde se ha ma¬nifestado. Percibir cómo Dios se ha manifestado de forma opera¬tiva. Aquí no sirve el fervor, ni el sentido religioso. La fe no inventa a Dios; lo capta co-mo El se nos ha manifes¬tado, en toda su gloria, su poder creador.
c) No puede haber autenticidad de existencia creyente si uno no está fundamen¬tado en esta experiencia del Ab¬soluto. Lógicamente llegar a eso es donación de Dios, pero el hombre necesita esa docilidad que es más que moral, es la capa¬cidad de percibirle a El como es. Cala¬sanz, con el lenguaje de su tiempo nos dice hoy que se debe atender a las cosas pequeñas, porque si no «ense¬guida se vendrá a caer en las grandes».
2 Las deudas de Calasanz
La lectura seguida de las cartas del santo produce una sensación de extrañeza al constatar la suma pobreza en la que vivían aquellos primeros escolapios. No sólo po¬bres, sino con deudas. Estas no angustiaban al santo. Con¬fiaba en la Providen¬cia, que nunca le dejó tirado en el camino; pero acudía a cuantos remedios en-con¬traba para salir de apuros. El tema aparecerá con frecuencia. Calasanz acep-tó lo que le daban, pero prefirió la paz con los demás a tener que pleitear en los tribunales por cues¬tiones de dinero. Pero una cosa no soportaba, el descono¬cer el estado de las cuentas, el no saber si debía o no y cuánto. Y todo para salvar la justicia con los demás.
12 de enero
1. En tiempos pasados se lamentaban los seglares de que V. R. no ponía buena cara a nadie, sino que parecía le sentaba mal que fueran ahí. Corríjase en es-to, muestre aprecio a los seglares, y tenga con ellos todas las aten¬ciones posi¬bles (Al P. Tencani, Nursia, 101-1622).
2. Crean que aprecio esa casa de la Duchesca más que cualquiera otra de las que tenemos, excepto ésta de Roma, a la que estoy obligado a asistir personal¬mente por los negocios que continuamente aparecen (A los complatearios de Ná¬poles, 1295- 1630).
3. Mi promesa fue la de enviar gente ahí no a comienzos de marzo, sino a fina¬les, y así se hará después de Pas¬cua, ya que antes no puedo tener gente dispo-ni¬ble. Si los demás toman una palabra por otra, la culpa no es mía, que hablo con claridad (Al P. Cherubini, Ancona, 1950-1633).
4. Todavía me gusta menos que acepten regalos, porque después surge el deseo de corresponder a las atencio¬nes recibidas y no teniendo derecho alguno a dispo¬ner de los bienes encomendados a nuestro cuidado, a la fuerza se come¬ten pecados de robo, de propiedad y de escándalo para sí y para la Religión. Para su gobierno, tenga en cuenta de no sobrepasar los límites religiosos, ni que¬rer condimentar las comidas espléndidamente con gran cantidad de aceite, de mantequilla, de queso o cosas semejantes en contra de las Constituciones. Cuando se tenga la cosecha se verá claramente que, si no ha tenido éxito, se debe a nuestra mala administra¬ción, o al despilfarro que han hecho los nues¬tros (Al P. Sorbino, Cesena, 1951-1633).
5. Donde baste con dos candiles no se enciendan más; (si la mitad de la leña bas-ta) para hacer el fuego, no echen toda. Si un trozo de leña o dos son suficien¬tes, no usen cuatro y lo mismo en los demás casos. Aunque les parez¬can baga-telas al decirlas o leerlas, sin em¬bargo, al cabo del año suman no po¬cas pérdi-das. Lo mismo la comida debe acomodarse a nuestro Instituto (Ibí¬dem).
1 Los reflejos psicológicos
a) Personalizar el tema de Dios, como cualquier otro, exige relajar nuestros re-fle¬jos psicológicos. Porque la conversión a la fe, si quiere coger el corazón del hom¬bre, supone experiencias donde el hombre descubre la libertad y la gra¬tuidad de la Palabra. Para eso se requie¬ren órganos receptores de la misma. Capacidad de percibirla. No tener obturados los sentidos espiritua¬les. Sin duda que estos órganos integran lo ra¬cional como un elemento más. Porque en este proceso no se puede marginar lo racional. Pero no se olvide: el hilo con¬ductor de todo el camino no es lo racional, sino el encuentro personal con Dios. Una advertencia: si se está acostumbrado a órganos de eficacia, de utili¬dad, es preciso pedir que El descienda como lluvia tem¬prana, empape el cora¬zón, baje a iluminar la propia existencia para conocer dónde está la eficacia cris¬tiana.
b) La experiencia de un Dios vivo y verdadero, real, lleva al hombre a percibir que en El ha aparecido lo abso¬luto, lo incondicional. Por eso, hay que sentirse cria¬tura suya y hay que percibir la propia fundamentación en Dios. Porque a la luz de quién es El, el mismo hom¬bre es el que se descubre en su ser, como cria¬tura. Pero como criatura amada. Sólo en la presencia de un Dios vivo el hom¬bre se sabe como resultado de un desig¬nio personal, que es un designio de Amor abso¬luto. Consecuentemente descubre que ese Dios le ama a él perso-nal¬mente, tiene un designio único y absoluto sobre él. Entonces se siente fun-damentado en el amor.
2 Los «complatearios» de Nápoles
En el día de hoy aparece una de las nueve cartas que el santo dirigió a estos se-ño¬res. Se conservan tres de ellos a Calasanz. En la fundación de las dos casas de Nápoles, influyó de manera decisiva desde el punto de vista econó¬mico una aso-ciación cívico-religiosa, constituida por personas influyentes y ricas de la ciu¬dad. Se les llama «complatearios». Dada la importancia que tuvieron en la funda¬ción de las escuelas napolitanas, no es de extrañar que se atribuyeran cier¬tos dere-chos en asuntos relaciona¬dos con ellas. El Fundador procuró siempre comprender y atender sus ruegos, y procuró suavizar algunas tensiones surgidas entre ellos y los religiosos.
3 1632: Urbano VIII nombra a Calasanz General vitalicio.
13 de enero
1. Me gustaría que si conoce alguna falta de caridad en algunos Hermanos, ro¬gase al Señor por ellos y procu¬rase acrecentarla siempre en usted, a fin de que pueda suplir las faltas de los demás. Esto será señal de gran perfección, que debe ser el fin de todas las acciones del religioso. Procure también demostrar gran caridad con los niños, lo que agradará mucho al Señor y se lo pa¬gará pronto. El les bendiga siempre a todos (Al Hno. Pietrangeli, Génova, 1042-1629).
2. Procuren dar todos buen ejemplo a los seglares y conse¬guir la perfección reli¬giosa que es lo que importa sobre cualquier otra cosa (Al P. Reale, Cárcare, 1043-1629).
1 Criatura hasta el fondo
a) Esta experiencia viva que va teniendo el cristiano es muy portante. Porque sólo ahí se descubre el hombre como persona, y que Dios no anula al hombre. Y es que su problema es éste: desde las ciencias humanas se ve cómo el hom¬bre busca realizarse, madurar llegar a la plena realización de sí. Pero ¿cómo mantener esto con la idea de Dios? Si Dios es creador, absoluto, ¿qué hago yo? O uno se rebela desde lo más profundo de sí mismo, o tiene la fe de Santa Ma¬ría Virgen, o no hace la experiencia de la libertad. Pues bien, sólo cuando lo más íntimo de la propia libertad es fruto de la crea¬ción, se supera la dialéc¬tica. Por eso es experiencia ori¬ginalísima el ser consciente de ser persona y a la vez experimentar la libertad como creación de un amor per¬sonal que llama a la existencia. A la base de la pro¬pia existencia está la experiencia de la gra¬cia.
b) De ahí que la experiencia última es que Dios funda en el amor. No se tiene de-re¬cho a nada. Por uno mismo no se es nada. Todo está transido por la gracia. Hasta la propia libertad no es libre sino por la gracia. Por eso el hombre se en¬cuentra fundamentado en el amor. Lo úl¬timo y lo primero es el amor.
c) La perfección, de la que habla hoy repetidamente Cala¬sanz, es ésta. Perfec¬ción no es el encumbramiento del hombre, sino el saberse fundamentado en la gracia, y aceptar feliz esa realidad.
d) El sentido de nuestra existencia es confesar, celebrar que El es.
2 El Hno. Julio Pietrangeli
Fue uno de los hermanos más queridos por Calasanz, y al que dirigió algunas de las cartas más hermosas que salie¬ron de su mano. Pese a todo, en octubre de 1646 obtuvo el Breve para pasar al clero secular, y dejó la Orden. Era de Mori¬cone y había vestido el hábito calasancio como hermano operario en 1621. Emi¬tió los votos solemnes en Narni en 1624. Después de varios destinos, el curso 1629 - 30 lo encontramos en su pueblo natal tratando de introdu¬cir los «Rudi¬menta» de Gaspar Scioppio. Entró en el grupo de aquellos que habiendo emitido la profesión antes de los 21 años, ambiciona el clericato, y a finales de 1643 fue ordenado sacerdote. Fuera ya de la Orden se pierde noticia de él.
14 de enero
1. Pediré siempre que le aumente con abundancia su di¬vino espíritu para que pueda ayudar al Instituto para glo¬ria de su Divina Majestad, quien no permitirá que sea destruido como pretende el enemigo infernal, sino que con su santí¬sima gracia se arreglará (Al P. Grien, Palermo, 4521- 1645).
2. Las últimas palabras que me escribe diciendo que cuanto antes mande perso¬nal preparado porque «peri¬culum est in mora» me molestan un poco; tengo que hacer venir a dos o tres de Nápoles, pero no podrá ser hasta el mes de marzo. Si, pues, el asunto es tan ur¬gente que no puede esperar hasta dicho tiempo, debe ser signo de que el Señor no quiere ahora la obra en esa Serení¬sima República. Haga el Señor su santísima voluntad (Al P. Alacchi, Venecia, 1952-1633).
3. Por amor de Dios, cuídese de conocer a los sacerdotes antes de darles el hábi-to, porque el año pasado entra¬ron cuatro o cinco que me parece no servi¬rán sino para decir misa (Al P. Graziani, Nápoles, 2177-1634).
4. Aquí hemos hecho y seguimos haciendo oración por la salud y felicidad de Mon¬señor Arzobispo, al cual no pu¬diéndole yo servir personalmente, me ten¬dría que susti¬tuir V.R., haciéndole cuantos servicios le fueran po¬sibles (Al P. Ministro de Chieti, 3233-1640).
5. En lo que se refiere a nuestras cosas, espero que no se destruya la Religión como van diciendo algunos poco ob¬servantes, sino que se arreglará aunque tarde un tiempo (Al P. V. Berro, Nápoles, 4250-1645).
1 La personalización de la imagen de Dios
En la confrontación con la propia vida es preciso repasar algunos aspectos que citamos a continuación:
— mira si la imagen que tienes de Dios responde o no a la revelación, o si acaso manejas a Dios como sistema de seguridad;
— mira si tu sentimiento de criatura es espontáneo; si es necesidad psicológica o descubrimiento gozoso de lo más grande de tu libertad, que es el ser amado gra¬tui¬tamente por Dios;
— mira si has tenido la experiencia gozosa de Dios como fuente de libertad, y si la propia libertad ha integrado la dependencia;
— mira dónde fundamentas tu experiencia de Dios; y re¬cuerda que la experiencia no se fundamenta desde el análisis, sino desde la misma experiencia;
— examina cómo te ves a la luz de Dios;
— mira si reconociendo el valor de las causas segundas, puedes percibir su orde-na¬ción a Dios, porque la natura¬leza no es sólo naturaleza, es creación;
— mira si acaso manejas a Dios a tu medida.
2 El miedo de la supresión
Por dos veces manifiesta hoy Calasanz la esperanza de que el Instituto no será destruido. Sin embargo, el 8 de septiembre de 1645 se reunía por cuarta vez la «Congrega¬ción deputada». El secretario, cardenal Roma, informaba que por ex¬preso deseo de Inocencio X las Es¬cuelas Pías debían ser reducidas a Congrega¬ción, y que se tenía que estudiar el modo concreto de hacerlo. Para ello habría una quinta sesión. Se insinuaron algunos puntos para concretar la reducción, pe-ro dado que todo ello de¬bía ser estudiado y definido en la quinta sesión, de esta cuarta nada se supo en concreto. Y este silencio oficial fue tomado por signo del mal agüero, sembrando sospe¬chas e inquietudes, contra las que el santo en sus cartas aconsejaba serenidad y paciencia hasta que se supiera la ver¬dad.
3. 1614: unión de las Escuelas Pías con la Congregación de la Madre de Dios o «lu¬queses».
15 de enero
1. Puesto que si pasa a levante tendrá que caminar por tierras de infieles, le mando el permiso para cambiar de vestido mientras esté en esas tierras. Si toma esta pe¬regrinación como remisión de sus pecados y para ayu¬dar al pró¬jimo donde encuentre ocasión, el Señor estará siempre en su compañía, sobre todo si camina en presencia de Dios y de los hombres con paciencia y humildad grandes (Al P. Alacchi, Moricone, 1298-1630).
2. Creo que el no haber recibido el correo a su tiempo, se debe a que los nues¬tros no han dado propina a los carte¬ros (Al P. Fedele, Nápoles, 3012-1639).
3. He visto los escritos que me han enviado de los que no han renovado los votos y demuestran que aun en el caso de ser declarados aptos, no son dignos de ser admi¬tidos a las órdenes por su soberbia, pues en ma¬nera alguna se perjudica¬ban con la renovación, en or¬den a ser declarados clérigos; pues si son declara¬dos clé¬rigos, lo serán tanto los que han renovado como los que no, pero éstos han demostrado soberbia y los otros humildad (Ibídem).
1 El Dios salvador
a) Nuestro Dios no es sólo un Dios creador. Es mucho más. Es un Dios que ha hecho historia. Un Dios que participa en la vida del hombre. Nuestro Dios no es un Dios que se mantiene omnipotente y lejano; que gobierna y manda. El ha en¬trado en la aventura humana. Se ha su¬mergido en lo que es la historia de los hombres.
b) ¿Que cómo ha intervenido en la historia humana? ¡Sal¬vando! El Dios cristiano en un Dios salvador.
c) Es lo que hay que personalizar los días siguientes, el Dios salvador. Es preciso decirlo muy sinceramente, nunca hemos conocido quién es Dios y cómo es El más que cuando lo hemos visto actuar y salvar a los hom¬bres. Por lo tanto, de lo que se trata es de descubrir ex¬periencialmente a un Dios vivo, sí, pero ac¬tuante, que ha intervenido en la historia humana.
d) Por eso, ¿en qué medida tienes experiencia del Dios de la historia? No basta conocer la historia sagrada. ¿Expe¬rimentas, por ejemplo, en la liturgia que Dios camina en la historia? La eucaristía de cada día, ¿es ese camino de Dios haciendo historia, acompañando al hombre, dán¬dole fuerzas, salvándolo de los precipicios, creando caminos de futuro?
e) Desde esa experiencia fundamental del Dios salvador es posible vivir el con¬sejo de Calasanz en el día de hoy: caminar en presencia de Dios. Caminar en su presencia es caminar en su luz, en su verdad, en su amor. Le¬yendo todo es-to más con categorías teológicas que no moralistas. Por muy inclinados que es¬temos a las segun¬das. Que así se nota en las dos líneas que subraya el santo el día de hoy, la humildad que, como veremos, es sobre todo conocimiento y aceptación de uno mismo en su total pobreza, y la paciencia que es paz en el co¬nocimiento de sí.
2 El P. José Fedele
El juicio histórico sobre su persona no ha sido muy favora¬ble. Hombre ambicioso de poder que pretendió potenciar la autoridad de los Asistentes Generales mien¬tras él lo fue, creando muchas dificultades al Gene¬ral, pero al ser elegido General, obró de manera contraria. Elección que consiguió con intrigas, contra la voluntad del Capítulo, que prefería al P. Onofre Conti. Pero todo esto fue des¬pués de la muerte del santo. Antes ocupó numerosos cargos aunque Cala¬sanz en repetidas ocasiones se dio cuenta de que no marcha¬ban las cosas y tu-vo que enviar visitadores a las Provincias en las que estaba el P. Fedele. Du¬rante la re¬ducción inocenciana procuró guardar amor filial al Fun¬dador y obe¬diencia a los nuevos superiores. Murió en 1683 a los 78 años de edad y 62 de vida religiosa. Había nacido en Sezze, en el Lacio.
3 1643: Calasanz es suspendido de su cargo de General.
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PERALTA - Jul 8, 2011 10:22 - 0 Comments
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