Año con Calasanz (Asiain), Documento sobre Calasanz, S. José Calasanz - Written by Archivo Calasanz on Martes, Octubre 7, 2008 23:18 - 0 Comments
ENERO (2a. quincena)
16 de enero
1. El Señor le ha concedido una gracia grande al dejarlo con vida para que reciba como purgatorio lo que le su¬cede, si sabe conformarse con la voluntad del Se¬ñor (Al P. Cherubini, Narni, 574-1627).
2. En cuanto al joven propuesto por el P. Caravita, si le parece a Vuestra Reve-ren¬cia que es a propósito, puede aceptarlo; pero siendo nosotros pobres y en-cima ahí con algunas deudas, debe procurarse las cosas necesa¬rias para el pro-pio hábito (Al P. Graziani, Roma, 576-1627).
3. Me disgusta mucho que nuestros clérigos demuestren tan poco deseo de apren¬der. La razón está en que no se dan cuenta de la utilidad grande que pro¬curarían a los alumnos si fueran aptos para enseñarles juntamente las letras y el espíritu. Pero siendo negligentes, no serán ap¬tos ni para lo uno ni para lo otro. Exhórteles de mi parte a que se porten bien que eso me causará gran con¬suelo, y para ellos será de grandísimo provecho (Ibi¬dem).
1 La intervención de Dios en la historia humana
a) La gran gesta de Dios, en la que queda plasmada de modo arquetípico ese Dios salvador, es el Exodo. Ahí se encontraron los israelitas con un Dios distinto. Ahí lo percibieron como «su» Dios. Ahí experimentaron su sal¬vación. Leer una y otra vez Ex 14-15 es darse cuenta de la maravilla asombrosa a la que se asomó Israel. Y desde entonces fue el Pueblo «de» Dios. Genitivo de per¬tenencia. Que no quiere ser exclusivo, sino afirma¬tivo. Y es lo que específica a Israel. No otras cosas. Ni el número de miembros —hay que recordar el censo de David—, ni la extensión del territorio, ni la riqueza de ciertos momentos —Salomón—. No, lo específico es que se trata del Pueblo ¨de¨ Dios.
b) Desde el Exodo, hay un montón de gestas, de interven¬ciones maravillosas que salpican la historia de Israel y que llegan a formar la historia santa. Cuando uno se acerca a los textos que narran semejantes maravillas, puede sufrir la ten¬tación o bien de no aceptarlos, o bien de considerarlos metafóricamente, como si única¬mente quisieran enseñar algo. Y no. Eso sería desvir¬tuar la histo¬ria de Dios, su intervención. El problema que se plantea ahora no es un pro¬blema racional —hay que rebajar racionalmente lo que ahí se dice?— sino otro muy importante: ¿por qué ha intervenido Dios en nuestra historia humana?
c) Esta lectura salvífica de los acontecimientos estaba muy grabada en la expe-rien¬cia de Calasanz. Y lo vemos hoy. Así hay que entender la interpreta¬ción que hace él, escribiendo al P. Cherubini. Dejarle con vida es una gracia in¬mensa. Porque así sufre en esta vida lo que ten¬dría que sufrir en la otra. Una cosa se requiere: conformarse con la voluntad del Señor. Esta percepción de la presencia de Dios más allá de lo que dictan los sen¬tidos es necesaria si se quiere hacer un camino cris¬tiano.
2 El P. Pedro Caravita
Nos habla hoy el santo de él en una de sus cartas. Era je¬suita, y muy conocido en la Roma de aquel tiempo. Presi¬dente del Oratorio de S. Javier y Consiliario de la Cofra¬día de la Santísima Comunión General. Fue un gran entu¬siasta de Calasanz y su obra, y por lo que leemos en esta carta debió encauzar algunas vocaciones jóvenes hacia las Escuelas Pías. El día de la muerte del santo improvisó ante la puerta de la iglesia de san Pantaleón un arreba¬tado panegírico, escuchado con emoción y entusiasmo por la multitud que había ido a venerar los restos morta¬les del santo.
17 de Enero
1. En cuanto al P. Gaspar deseo que venga a Roma el do¬mingo, que mandaré la carroza. Esto lo hago por el ma¬yor bien de la Congregación y también por el ma¬yor honor del P. Gaspar. Puede decirle que no le penará el venir; no he que¬rido importunarlo ya que le tengo el res¬peto que se debe a un hermano y compa¬ñero tan be¬nemérito y antiguo (Al P. Cananea, Frascati, 22-1618).
2. Sí hay persona que lo lleve seguro, enviaré el crucifijo del P. Antonio María, quien lo tendría que llevar como su guía y patente auténtica de superior como hacían los Apóstoles cuando iban a provincias lejanas a predi¬car el santo Evan-ge¬lio. Cuantas menos cosas lleve con¬sigo es señal de que se fía más del Cruci-fijo y cuantas más cosas, menos, y si el Señor le diere esa confianza en él le haría gran beneficio y gracia para hacer mucho bien al prójimo. Así no es de maravillar que en la pa¬sada peregrinación a Santiago fueran robados varias ve¬ces, porque el Señor quiere sus ministros a la apostó¬lica como verdaderos após¬toles o embajadores suyos y en esta confianza verdadera consiste después el fruto de las fatigas hechas por amor a El (Al P. Alacchi, Mori¬cone, 1301-1630).
1 El Dios de la historia personal
a) Lo que se dijo ayer hay que personalizarlo Nace así esta otra pregunta: ¿por qué Dios ha intervenido en mi historia humana, en mi historia personal? ¿Es que no has notado semejante intervención? ¿Es que no has per¬cibido cómo tu historia está sembrada de la presencia de Dios?
b) Es cierto que son precisos ojos nuevos para experimen¬tar todo eso. Y esos ojos los da Dios. Pero antes que nada es necesario tener siempre un telón de fondo que ayude a no espantarse por el hecho de la entrada de Dios en tu historia. Cuando el Amor es infinito no mide sus actos, ni sus promesas, ni la locura de intervenir en la historia de los hombres. Y entonces, ¿cómo pararle los pies? ¿Quién puede adivinar los caminos que va a se¬guir? ¿Quién puede vislumbrar de lo que es capaz?
c) Ante lo que creemos intervención de Dios en nuestra vida, nuestro raciona¬lismo busca explicaciones causa¬les. Y hay que hacerlo. La experiencia de la pre¬sencia de Dios, de su actuación no se contrapone a esa bús¬queda racional. De lo contrario nos haría menos hom¬bres. No se puede renunciar a la razón si no se quiere re¬nunciar a ser hombre en toda su consistencia. El gran desafío está en percibir cómo la razón no orilla la pre¬sencia de Dios, sino que es preci¬samente esa presencia la que da consistencia al ser racional del hombre.
d) Cuando uno ha llegado a experimentar esa verdad puede vivir en la confianza de la que hoy habla Cala¬sanz. Porque sabe que su vida está en buenas manos. Porque más allá de todo lo que ocurre está fundamen¬tado en un Amor que se ha manifestado más grande que todo lo que sucede.
2 Gaspar Dragonetti
Aunque jurídicamente nunca fue escolapio, siempre se le consideró como tal y como uno de los más entrañables colaboradores de Calasanz. Habia nacido en Lentini (Sici¬lia) hacia 1513. Recibió la tonsura y obtuvo un canoni¬cato, pero no pasó de ahí. Después de dedicarse a la ense¬ñanza privada de nobles, abrió es-cue¬las públicas en Roma. Enseñó humanidades durante diez años a los cléri¬gos camilos. En 1603 pidió a Calasanz que le admitiera como maestro de sus escue¬las. La extrema pobreza e inse¬guridad de los inicios le hicieron pensar en aban-do¬nar las Escuelas Pías, pero el santo le ayudó a superar la cri¬sis y permane¬ció en ellas hasta su muerte. No emitió vo¬tos públicos en el Instituto, aunque sí qui-zás privados de castidad, obediencia y enseñanza. Fue considerado ofi¬cial¬mente como un miembro más de la Orden, con todos los privilegios y obligacio¬nes. Hombre afable, sencillo, angelical, devotísimo de la Virgen, los Santos, y del miste¬rio de Navidad. Murió a los 115 años de edad.
18 de Enero
1. Me desagrada que el H. Ángel haciendo bien a los de¬más se haga mal a sí mismo, al no procurar ser más humilde, más obediente y más devoto, y que no se en¬miende con oraciones y mortificaciones, sino que se en¬durezca más. Es preciso acudir a la oración, y crea que Dios lo permite para mayor virtud de Vuestra Reve¬rencia, pero dé gracias al Señor ya que no durará dema¬siado la aflicción (Al P. Cananea, Moricone, 139-1623).
2. Diga al p. Bernardino que procure con toda diligencia el aprovechamiento de los escolares en las letras y en el espíritu, que notarán enseguida el premio del ciento por uno, y a todos, que permanezcan vigilantes en la ob¬servancia de las reglas, que es lo que importa (Al P. Cananea, Frascati, 282-1625).
3. A nosotros nos ha de mantener en pie la confianza en Dios y no en los hom¬bres; procuremos servirlo y confiar en El, que nuestros asuntos irán bien (Al P. Castilla, Frascati, 388-1626).
4. He visto las cartas de Narni que manifiestan un gran conocimiento de nuestra pésima inclinación, y quien la conoce puede guardarse fácilmente de ella (Al P. Casti¬lla, Frascati, 770-1628).
5. Por lo que me escribe el P. Bagnacavallo, veo que va a ser difícil introducir ahí nuestro Instituto; haremos las diligencias posibles, y si no resultan pensaremos que no es voluntad de Dios, y, por consiguiente, seguro que no es conveniente para nosotros (Al P. Alacchi, Venecia, 1562-1631).
6. El verdadero libro en el que todos debemos estudiar es la pasión de Cristo, quien otorga el saber propio al es¬tado de cada uno (Al P. Busdraghi, Nápoles 1563-1631).
7. Los caminos que tiene el Señor para conducir las almas al paraíso son todos santos y misteriosos, y todos son rectos con suma y paterna providencia, pero no deja a nadie sin cruz, que en algunos su sentido la hace muy pesada, pero con paciencia el espíritu encuentra gran suavidad. Vuestra Señoría tenga por cierto que todo el poder que tienen las medicinas lo reciben de la mano del Se¬ñor, quien en la santa comunión puede y con pa¬ciencia suele dar salud más perfecta que las mejores medicinas del mundo. Vuestra Señoría se encuentra sin el remedio de las medicinas quizás porque quiere que recurra a él como ver¬dadero médico y medicina, pidién¬dole le devuelva la salud y la alegría. An-de con fe viva y persevere en la petición. Que si le concede la salud será para su mayor gloria. Y si no se la concede, le dará paciencia, con la cual el Se¬ñor le proporcionará no sólo mérito grande, sino consuelo extraordinario (A la Sra. A. di Falco, Nápoles, 1565-1631).
1 La rebelión del hombre ante el hecho de la salvación
a) La experiencia que va teniendo quien recorre el ca¬mino espiritual viene pro-cla¬mada de esta manera: nues¬tro Dios es un Dios de salvación. El hombre mo¬derno tiene una especial dificultad en aceptar este hecho de un Dios que sal-va. Porque entonces quiere de¬cir que el hombre por sí mismo no puede reali¬zarse en plenitud. Si necesito de alguien, es que por mí mismo no puedo. Y es-to el hombre moderno no lo con¬siente. La salvación sería la alienación de la propia res¬ponsabilidad. Un Dios que me salva es un Dios que me aliena, por¬que es el recurso a una especie de Dios infan¬til.
b) Y es cierto que se ha manipulado con frecuencia a Dios. En cierta medida el hombre no necesita a Dios para las cuestiones técnicas —ha llegado con sus fuer¬zas a la luna—, ni lo necesita para lograr un cierto equi¬librio —hoy se ha realizado la unión de Alemania — ni siquiera para alcanzar una humanidad un poco más justa. Dios ha sido utilizado para muchas de esas cosas, como expli-ca¬ción causal de fenómenos, como terapia de apoyo en problemas psicológi¬cos, etc.
c) Pero es que el hombre no es sólo la suma de esas reali¬dades. ¿Hemos descu¬bierto que la vocación del hombre es una llamada al infinito? ¿Hemos descu¬bierto que es pasión de absoluto? Ahí entra el Dios salvador. En conse¬cuencia no se trata de desembarazarse de Dios, de condenarlo a la inactividad, sino de comprender cuál es su auténtica presencia salvadora.
d) Esta dialéctica está presente en la carta de Calasanz a la sra. A. di Falco. Hay que releerla muchas veces sin caer en ninguno de los dos extremos: ni en una presen¬cia de Dios que inutiliza lo humano, ni en una preven¬ción ante él que dificulta comprender cómo es de ver¬dad salvador.
2 Familia «di Falco»
Familia muy ligada a la Orden en Nápoles y destacados bienhechores de la mis-ma. En 1626 Calasanz es huésped de esta familia, en cuya casa abre la pri¬mera escuela na¬politana de leer y ábaco. El padre se llamaba Aniello, su esposa Delia Tagliaferro. Angélica, a quien el santo dirige hoy una preciosa misiva, era her-mana de Aniello. En un momento determinado hubo dificultades internas en el matrimonio, y el esposo convivió con otra mujer. Lo que motivó diferentes car¬tas del santo.
19 de Enero
1. Al recitar el rosario vuelva a la costumbre que tenía¬mos antes, en primer lu¬gar por las necesidades de la santa Iglesia y luego por las necesidades de nues¬tra Reli¬gión (Al P. Cherubini, Nápoles 1049-1629).
2. Me gustaría que el P. J. Pedro se preparase a padecer por Cristo y no sólo de palabra, sino que desearía oír al¬gunas acciones laudables. El Superior, más que nadie, tiene que ser el primero en todas las virtudes con el ejemplo (Al P. Ci-po¬lleta, Nursia, 1302-1630).
3. No está bien que riñan entre Vds. tan fácilmente, pues siendo sólo dos con¬viene que vivan en paz por todos los medios y si ocurre que uno corrige al otro, tome la ad¬vertencia con buen corazón y enmiéndese sin reñir, ni pensar que procede de rencor o de odio. Vd. que es más antiguo en Religión debe, con el ejemplo más que con las palabras, dar crédito a las correcciones y si al¬guna vez él le corrige de su mala educación o de que habla más como seglar que como religioso, hágale caso y procure enmendarse, porque entre los malos hábitos de la vida aseglarada y el hallarse tanto tiempo lejos de la convivencia religiosa puede fácilmente caer en abusos de malas costumbres o en palabras poco edifican¬tes e incluso escandalosas. Ayúdense mutua¬mente, y soportando las imperfecciones del compa¬ñero, rivalicen en paciencia, humildad y caridad. Es¬pero en la benignidad del Señor que vivirán como bue¬nos y santos religiosos (Al P. Sorbino, Cesena, 1953-1633).
4. He leído su carta, y en el futuro en vez de decir: «Rmo. P. en Cristo observan-tí¬simo», pondrá, como lo hago yo, en el ángulo izquierdo: «Pax Christi», y lue-go un poco más abajo comenzará la carta (Al P. Sorbino, Cesena, 3014-1639).
5. Respecto a la carta escrita al p. General, deseo que otra vez guarden mayor reverencia a los PP. de la Com¬pañía, pues nosotros no somos dignos de ser sus servido¬res por muchas razones y hemos de superar to¬das las cosas con santa paciencia. Recuerdo que dichos Padres han superado son paciencia contradic-cio¬nes no sólo de ciudades principales, sino de reinos enteros, y como he dicho hemos de tratarles con toda reverencia (Al P. Andolfi, Chieti, 3886-1642).
6. Procuren observar con mucha diligencia las reglas, y que las escuelas vayan bien, que el Señor no dejará de darnos la ayuda necesaria (Al P. Reale, Cár¬care, 1303-1630).
1. El drama del hombre: la imposibilidad de realizarse en plenitud
a) El punto crítico de esta comprensión se encuentra aquí: si el hombre puede por sí mismo alcanzar la pleni¬tud. La respuesta cristiana, del hombre bíblico, es que no. Y no es una respuesta precipitada. La experien¬cia la tenemos todos los días y constante¬mente: el hombre no puede liberarse de la muerte, de su impotencia, de la angustia de su finitud, de la fuerza destructora del mal y del pecado, sin la gracia de Dios.
b) Descubrir al Dios de la salvación es descubrir que al¬guien de tal manera se ha comprometido con el hom¬bre que ha hecho de la existencia humana lugar de su ac¬tuación. El drama del hombre está en que por sí mismo no puede alcan¬zar la auténtica plenitud humana. Y Dios interviene obligándole a que deje sus sis¬temas de seguridad. El hombre se da cuenta de que no puede. Y así, en esa historia suya, historia de perci¬bir lo que no puede, historia que descubre la pre¬sencia de Dios, descubre también qué es creer: hacer la aven¬tura más radi¬cal de la libertad, pero de una libertad que no puede alcanzar la plenitud. Y ahí viene a fiarse de quien le ama. El hombre se fía, se apoya, se en¬trega a quien ha entrado en su vida obligándole a rom¬per cualquier otra seguridad. De esa manera la fe no sólo compromete la propia y personal autorrealizacíón, si-no también la capacidad de aventurar la libertad a la medida del plan de Dios.
c) La «ayuda necesaria» que Dios no dejará de prestar a las Escuelas Pías —de eso habla hoy Calasanz—, hace que el santo viva diariamente apoyado en la Pro¬viden¬cia. Es la presencia cotidiana de Dios que no desfigura lo humano.
2 Los Padres Jesuitas
No fueron fáciles las relaciones entre escolapios y jesui¬tas durante la vida de Ca-lasanz. Pero se puede constatar el gran aprecio en que los tenía el santo, y se verá en otras ocasiones. «Y advierta a los nuestros que procuren con todo cui¬dado no dar disgusto alguno a los PP. Jesui¬tas, a los que respeto con grandísima humildad y afecto desde que era jovencito, y deseo que los nuestros hagan los mismo)) (c. 4075). «…y que yo desde pequeño he res¬petado como Padres envia¬dos por Dios para ayuda univer¬sal del mundo, como ha demostrado la experien¬cia)) (Mon¬callero, 82). Esto no quita que Calasanz fuera cons¬ciente de la oposi¬ción que mostraban muchas veces co¬ntra los religiosos (cc. 3860, 3901, 4357), y contra las es¬cuelas (c. 3852). El santo estuvo siempre por encima de las peque-ñe¬ces humanas.
20 de enero
1. He mandado decir al P. Gaspar cuál es mi ánimo hacia él para que se encuen¬tre tranquilo y camine en el servi¬cio de Dios hasta la muerte (Al P. Castilla, Roma, 63- 1621).
2. Me gustaría que el Sr. Cosme se preocupase por el P. Abad, que no perdiese tiempo y también que se por¬tara bien con los más pequeños que será algo muy agra¬dable a Dios y a mí me creará una obligación grande (Ibidem).
3. No pienso moverme de Narni hasta que no haya termi¬nado las Constituciones, que van muy adelantadas, pero el responder a tantas cartas dos veces por se¬mana, me hace perder dos días (Ibidem).
4. Me da gran consuelo que desee y procure ser mortifi¬cado y humillado, ya que es la verdadera senda para al¬canzar la perfección en esta vida y la gloria en la otra (Al P. Cherubini, Nápoles, 771-1628).
5. He hablado con el H. Tomás; yo quiero ser medio para reconciliar los ánimos en santa caridad; Vuestra Reve¬rencia muéstrese como padre amoroso, que es¬pero que el Hno. corresponderá de su parte (Al P Fedele, Roma, 4083-1643).
1. Merece la pena fiarse de ÉI
a) Para percibir la acción de Dios en uno mismo hay que asomarse a lo que ha sido la historia personal. Uno des¬cubre que a él le ha sucedido en clave menor lo que en forma maravillosa le sucedió al Pueblo de Dios. Enton¬ces comprende los textos bíblicos en los que se celebra al Dios de la salvación, al Dios que ha sacado al hombre de las tinieblas, y lo ha liberado del pecado y de la muerte. Y en esas experiencias, como saldo y suma de todas ellas, comprende que me¬rece la pena fiarse de El. Sólo contemplando el amor salvador de Dios descu¬bre el hombre en quién puede apoyar su existencia. Al final llega a darse cuenta que el acto supremo de la li¬bertad consiste en entregarla al Amor abso¬luto de Dios. Pero un Dios que conduce la historia. Por eso en la expe¬riencia cris¬tiana la libertad se engarza con la fe.
b) El hombre se fía de Dios. Pero hay que discernir seme¬jante confianza. Es fun¬dante cuando sabe integrar la ne¬gación de expectativas, por muy buenas y evan¬géli¬cas que parezcan. Es cierto que el hombre aprende a fiarse de Dios desde situaciones de necesidad. Pero si al salir del apuro, Dios no significa al-go nuevo, es señal que lo ha manipulado en función de las propias necesi¬da¬des. Y si la confianza persiste tan sólo cuando Dios pa¬rece responder a las pe-ti¬ciones, es que de igual modo se le ha manipulado. Por eso hay que ver si esa confianza permanece cuando aparentemente Dios no responde a las peticio¬nes, no cumple las expectativas. Es el auténtico crisol de la verdadera con-fianza.
c) Si tan importantes son para Calasanz mortificación y humillación no es por una especie de dolorismo, tantas veces privilegiado inútilmente en la vida cris¬tiana. Se trata más bien de que no respondiendo a las expectati¬vas del deseo, resultan lugar exquisito para personali¬zar la verdadera confianza en Dios. Si en medio de la humillación y el desprecio sigues confiando, estás más cerca de la liberación.
2 La redacción de las Constituciones
En el Breve de erección del Instituto se concedía la facul¬tad de componer unas Constituciones que lo rigiesen. Pa¬rece que en un primer momento Calasanz, sin experien¬cia de vida religiosa, prefirió encomendar su composición al P. Casani, religioso desde hacía 23 años. Pero el resul¬tado no agradó al santo. Finalmente el cardenal Giusti¬niani le ordenó que se retirara al colegio de Narni y las escri¬biese allí. Esto debió suceder en septiembre u octu¬bre de 1620. Hoy nos da noti¬cia de esa elaboración y del tiempo que disponía semanalmente para la misma. El 17 de febrero de 1621, después de cuatro meses de oración y trabajo, termi¬naba la redacción. Conservamos el origi¬nal en un cuaderno de 22 hojas de apre¬tada y hermosa letra.
21 de Enero
1. La paciencia es muy necesaria y aun muy útil en el reli¬gioso, sobre todo supe¬rior; el Señor que da el peso para llevar, concede también las fuerzas, si humilde¬mente y con perseverancia se lo piden. Los que tienen grandes necesi-da¬des son los que saben pedir, y con la gracia del Señor se supera des¬pués to-da dificultad. Pro¬cure comprender y consolar a los enfermos, pues en oca¬siones suele aprovechar más el consuelo del supe¬rior que las medicinas (Al P. Tencani, Nursia, 140-1623).
2. Procure estar muy vigilante de los de casa, quitándoles aun las más mínimas ocasiones de relajación (Al P. Cas¬tilla, Frascati, 772-1628).
3. Me alegro enormemente de que el Señor ayude siem¬pre a sus siervos, y saque bien del mal; no dudemos de nuestros asuntos puesto que se encuentran, pri¬mero en las manos de Dios, y después de estos Eminentísimos Sres. Cardena¬les, quienes pienso que arreglarán las co¬sas como y cuando se espera. No con¬viene esperar ayuda de los hombres, que fallan con facilidad, sino de la mano piadosa de Dios que ayudará a su obra (Al P. V. Berro, Nápoles, 4252-1645).
4. Entre tanto vaya maniobrando con cautela e intente además hacer la visita a todas las casas lo mejor que pueda, tomando las determinaciones que crea conve¬nientes. Y si por casualidad al querer comenzarla al¬guno le opusiere re-sis¬tencia, anote Vuestra Reverencia a todos aquellos que se lo impidan y que conste esto en documento de notario seglar, en caso de no encon¬trar en casa quien fuese apropiado para semejante ofi¬cio. Anote también a quienes acep¬tan la visita y recoja su deposición según costumbre, como suele hacerse de cada cosa (Al P. Costantini, Génova, 3237-1640).
1. Los que tienen grandes necesidades son los que saben pedir
a) Tienes que confrontarte en este momento con tu vida para que lo dicho no quede en ilusión engañosa, sino que tenga fundamento de verdad. Por eso:
— ¿qué es lo que prefieres en la vida? ¿Acaso un mundo ordenado?
— ¿buscas tener todo atado, demasiado seguro, bien hecho?
— ¿no hay detrás de todo eso un sistema de seguridad?
b) Con Dios se tiene siempre la sensación de vértigo. Y lo que produce vértigo es esto: que Dios entre en la histo¬ria humana. Es un vértigo tal que sólo puede ser sopor¬tado cuando uno ha conocido que su amor es fiel. Que salva por en¬cima de todo.
c) Para personalizar todo este tema es preciso acercarse a la Palabra y descubrir en ella la acción de Dios. Por¬que para muchos todavía la biblia es texto ideoló¬gico, de piedad o de conducta. Pero no lo han descubierto en su fuerza libera¬dora, como verdad que atañe a las grandes cuestiones humanas, a lo más pro¬fundo del hombre. La Palabra como fuerza de salvación es algo que es preciso experimentar.
d) Es hermosa la conciencia de Calasanz: «los que tienen grandes necesidades son los que saben pedir». Por eso, para que el hombre sepa pedir, con frecuen¬cia Dios lo si¬túa en necesidades, a veces muy duras; lo que desde el sentido lo concebimos desgracia, desde la misericor¬dia de Dios es la mayor gracia que nos podía otorgar. Un buen día uno descubre que la llaga dolorosa que tanto le había humillado, ha sido la puerta para conse¬guir lo que tanto ansiaba.
2. El P. Juan Bautista Costantini
Romano de nacimiento, es uno de los primeros que in¬gresa en la Congregación Paulina. Toma el hábito el 28 de enero de 1618. Después de pasar por diversos cole¬gios, es enviado a Florencia. Allí le aqueja una enferme¬dad más psicoló¬gica que corporal, y no encon¬trando paz ni en Génova ni en Nápoles, en 1632 con otros cinco religiosos es enviado a Moravia. Pasa por Ni¬kolsburg, y en Stras¬nitz es nombrado Maestro de Novi¬cios. En 1637 se encuentra en Roma. En 1638 es nombrado por Calasanz Visitador y Comisario General para resolver el difícil problema de los Hermanos Opera¬rios en Nápoles. En 1639 recibe el mismo encargo para Génova, y allí permanece hasta abril de 1640, sin resolver de verdad el problema. Llega a ser Procurador General en 1642, pero al año si¬guiente es apartado del cargo por el P. Pietrasanta. Se retira a la casa de s. Lo¬renzo in Piscibus, noviciado romano, y muere en 1649.
22 de Enero
1. Haremos oración para que el Señor muestre su santa voluntad (Al P. Cananea, Frascati, 284- 1625).
2. Todos los de casa tienen que ayudar ahí buscando limos¬nas. Si todos se pre-ocu¬pan de ayudar al prójimo como se debe, el Señor no dejará de socorrer¬nos inspi¬rando a muchos a dar limosna; pero si las escuelas no van bien, ni tam¬poco va bien la observancia de las re¬glas, no se deben maravillar de que el Se-ñor les deje pa¬decer (Al P. Reale, Cárcare, 773-1628).
3. Procuren que nadie esté ocioso, sino traten de compor¬tarse con caridad y concordia entre todos, y así serán amados y bendecidos por Dios (Idem).
4. Juntamente con la carta de Vuestra Reverencia he reci¬bido el informe particu¬lar sobre cada clase y sobre el número de alumnos que hay en ellas. Aunque me pa¬rece que todas van bien, en la de los pequeños han hecho mal admi¬tiendo más de 190, sin contar los que cada día van llegando. Para ellos son ne-ce¬sarios cuatro maestros, pues no hace poco un maestro si enseña bien a 50. Por el contrario, siendo tantos no podrán ser bien educados y de este modo perderá el buen nombre. Ponga remedio para el futuro (Al P. Peri, Carma¬ñola, 3022-1639).
5. Siento que hasta ahora no hayan hecho aprender a to¬dos los alumnos los mis-te¬rios de la vida de Cristo ben¬dito y los ejercicios espirituales con los actos de las vir¬tudes más necesarias. Procuraré enviarle cuanto an¬tes alguna hoja con esas cosas (Idem).
6. Mientras Dios bendito me conceda vivir no dejo ni de¬jaré de pedirle con la mayor humildad posible por V.S. Illma., para que en medio de tantas tribula-cio¬nes como existen hoy día y otras que vendrán quizás mayores, S.D.M. dé a V.S. Illma. un corazón lleno de caridad y pa¬ciencia cristianas para que sepa su-perar las tribulacio¬nes e imperfecciones de su pueblo con mucho mé¬rito y aprovechamiento de su grey (A mons. Papa¬coda, Lecce, 4526-1648).
7. Yo no eximo a nadie del mérito de la santa observan¬cia, pues en ella hay gran mérito (Al P. Cananea, Fras¬cati, 283-1625).
1. La verdad más plena del hombre está en el amor
a) En este proceso cristiano es preciso dar un paso más. No basta haber descu¬bierto un Dios vivo, es decir, perso¬nal, que ha dado razón de sí y se ha reve¬lado. Ni es suficiente llegar a percibir y experimentar la locura de su acción sal¬vadora. Queda pendiente una pregunta: ¿para qué todo eso? No se busca el hecho desnudo; el hombre inquiere los porqués. Y ante la maravilla asom¬brosa de lo que ha visto, busca también su porqué.
b) Pues bien, el acto que fundamenta esta relación única, nunca previsible desde la razón, ni desde la religión, es la alianza. Parece imposible, pero es así: lo que funda¬menta esta historia es que por puro amor Dios se ha es¬cogido un pue¬blo, y ha hecho alianza con él, alianza de fidelidad.
c) Este designio suyo, este modo de obrar, no era previsi¬ble. Ni desde la razón, porque el mundo amoroso no es deducible racionalmente — el encuentro per-so¬nal no es deducible racionalmente —, ni desde la religión, por¬que no te¬nía porqué haber sido así. En todo caso —y como mucho— era deducible que Dios llegara a amar a alguien, pero no a un tú con un nombre concreto. Esto es un acontecimiento de libertad y gracia, que sucede libremente en la existen¬cia humana. Que yo signifique para Dios, de forma que me llame a vincularme a El, no es deducible desde ningún presupuesto ni siquiera reli¬gioso. Sólo se en¬tiende cuando el amor es vivido como valor.
d) Precisamente este es el paso que hay que personalizar a lo largo de estos dí-as. El hombre que ha recorrido un camino hasta aquí, se pregunta «porqué», y en la res¬puesta a ese ¨porqué¨ se encuentra con la maravilla que lo ha cer¬cado hasta ahora. Ahí aparece la alianza, que no es simplemente un hecho ocu¬rrido a un pueblo, es el fundamento que sostiene su más íntima y plena re¬lación con Dios.
e) Ese ¨amados y bendecidos por Dios¨ que cita hoy Cala¬sanz es el fundamento de todo. Hay que procurar no in¬terpretar moralísticamente esas palabras como si el amor dependiera de lo que hace el hombre. No, ese amor es fundante, es lo primero. Si no lo entendemos así, no comprendemos nada de Dios.
2. Número de alumnos por clase
En la sistematización de las clases, una cuestión muy im¬portante para Calasanz fue el número de alumnos en cada una de ellas. Comprendió que sólo con un nú¬mero limi¬tado se podía obtener un buen resultado. Si se rebasaba ese número se ponía en peligro toda la actividad pedagó¬gica del educador. Por eso, aun cuando había con frecuen¬cia penuria de personal no quiso que se sobrepasa¬sen los 50 alumnos, salvo raras excepciones. Pero, por otra parte, nunca quiso gastar maes¬tros con poco número de alumnos, aun siendo defensor de clases distintas por edad y unidad didáctica, permitiendo enton¬ces la unificación.
23 de enero
1. De lo que se dice de algunos de esa casa que no se pre¬ocupan de la perfección religiosa, estén seguros que ate¬soran para sí mismos la ira, y pronto, con la ayuda del Señor, se darán cuenta de esto; no saben lo que im¬porta procurar ahora la perfección, dado el poco tiempo que tenemos; el Señor se lo hará com¬prender (Al P. Cherubini, Narni, 578-1627).
2. Eso mismo de sustituir en una escuela por ausencia de un maestro lo he hecho yo a menudo y no he perdido con ello crédito alguno ante los seglares. En cam¬bio, en¬tre nuestros religiosos, cuando uno llega a Superior de una casa, parece que queda libre para siempre de dar escuela y es una gran tentación por la que muchos de los nuestros se han dejado vencer (Al P. Fedele, Ná¬poles, 2798-1638).
3. Oigo también que mandan a Roma al H. Juan Bautista de la Estrella, con lo cual muestran poca prudencia y poco amor a la Religión, pues mandan a Roma a sujetos que les parecen inquietos o pocos útiles para sus casas, mientras que en Roma tendrían que estar las personas de mayor virtud y prestancia de toda la Religión; pues de esta casa, que está a la vista del Pontífice y de los Carde-na¬les, debe salir el buen nombre de la Religión. Considere, pues, V.R. qué afecto tiene a la Religión quien manda a la casa de Roma a los religiosos más in¬quietos y más imperfectos que tiene (Idem).
4. Espero que Dios bendito dé a V.R. y a sus compañeros espíritu y fervor incluso hasta el derramamiento de la sangre para superar todas las adversidades que puedan suceder (Al P. Conti, Nikolsburg, 4089- 1643).
5. Procure V.R. ayudar al prójimo en toda ocasión y de todas las formas posibles, ya que así demostrará que ama verdaderamente a Dios (Al P. Novan, Litomysl, 4085-1643).
1. La realización del hombre depende del horizonte en el que se sitúa
a) La posibilidad de personalizar esa realidad depende del concepto de realiza¬ción que tengas. Hay quien pre¬tende realizarse ¨desde fuera”. Entonces se vuelve de una actividad desbordante. Hace cosas y ocupa su vida en realidades que están fuera de él: arte, filosofía, de¬porte. Son motivaciones accidentales de autorrealiza¬ción. Estamos en la superficie del ser. No se ha profundi¬zado, aunque aparentemente se ha podido en¬tregar la vida.
b) Otros buscan la realización ¨desde dentro¨. El hombre se descubre como por-ta¬dor de valores. Más allá de moti¬vaciones accidentales busca la realiza¬ción pene¬trando en la profundidad de su ser, comprometiendo la vida con esos va-lores humanos. Trabaja entonces por la verdad, la justicia, la solidaridad, el sentido del deber, realizando su vida desde la libertad.
c) Pero se puede buscar la realización «desde el amor». Aquí el hombre se da cuenta de que el amor le sobre¬pasa. Intuye que sus exigencias son mayores que él mismo, que el horizonte del amor le abre a caminos nue¬vos e insospe-cha¬dos. El hombre toma conciencia de que es un ser abierto al infinito, al ab-soluto. Y la misma dinámica que le demuestra esa apertura, esa meta, le lleva a intuir que ese absoluto es sólo Dios. Se da cuenta también que por sí mismo y sus propias fuer¬zas o decisión, ni siquiera por la dinámica interna que siente y que le conduce al «Otro», no puede conocer el nombre personal, la in¬timidad de ese absoluto.
d) Ahí estriba la paradoja humana: el hombre no puede realizarse plenamente sino en el Infinito, y, por otra parte, ese Infinito no le pertenece, le sobre¬pasa.
e) Desde todo lo que escribe es evidente que Calasanz se sitúa en la tercera po-si¬ción. Pone constantemente el amor como soporte de todas las cosas. De una u otra manera aparece en tres textos de los cinco elegidos para hoy. Es ver¬dad que no emplea nuestro lenguaje; ni hace falta. En su terminología —y mucho más en su vida—, el amor es el fundamento de todo lo que hace.
2. Calasanz como ejemplo
Dos hechos parecen contradictorios: por una parte, apa¬rece la humildad, que es una de las experiencias religio¬sas del santo; por otra, en ocasiones —hoy es una de ellas— Calasanz se pone como ejemplo. Que las dos reali¬dades se den juntas, quiere decir que él no las veía exclu¬yentes. He aquí un aspecto que delata la presencia del Espíritu en la vida de Calasanz: que realice feliz¬mente, sin ningún as¬paviento y sin problema alguno esas síntesis paradójicas en su vida. Eso no se puede hacer si no se está poseído por el Espíritu, que después de todo da lo que el hombre por sí mismo no puede alcanzar.
24 de enero
1. Advierta a todos que ninguno de los nuestros pegue directamente en la carne a los alumnos sino sobre los calzones y, si merecen un castigo mayor, que va¬yan a V.R., y procure que en esto se observen las Constitucio¬nes pues de otro modo los maestros poco prácticos harán cosas inconvenientes; vaya pasando a menudo por las escuelas y mire cómo se comporta cada uno (Al P. Castilla, Fras¬cati, 1307-1630).
2. Para tener ante el Señor una recompensa meritoria el hombre debe responder bien por mal (Al P. Alacchi, Me¬sina, 2667-1637).
3. Ponga todo empeño en portarse afablemente con los obstinados, para que re-co¬nozcan su error y se humi¬llen, que es el camino más seguro (Al P. Costan¬tini, Gé¬nova, 3238-1640).
4. Yo como pobre y de edad avanzadísima no deseo tener cosas superfluas y quiero morir pobre de cosas terrenas (Al P. Andolfi, Chieti, 4433-1647).
5. Obsequiará de mi parte a Mons. Ilmo. el Arzobispo, ase¬gurándole que me acuerdo de encomendarle al Se¬ñor en todas las misas para que le conceda tal abundan¬cia de caridad que pueda dar a todos sus súbdi¬tos y particularmente a los eclesiásticos (Idem).
1. La intimidad de un Dios que se entrega indefenso
a) Quien se ha situado en esa tercera perspectiva puede comprender que el hom¬bre ha sido llamado al amor. Comprende también que el hombre necesita relacio¬narse Con un tú personal. Como ningún tú humano es ab¬soluto, la bús¬queda del absoluto en el que él pudiera realizarse no se da en el tú humano, aunque en cierto modo el tú absoluto se revela en el amor humano. Amo a otro cuando de verdad le amo como persona, como al¬guien en sí, pero cons¬tato que la fuente de ese amor no está en mí. Por eso en el fondo de todo amor humano se encuentra escondida la necesidad del amor al Absoluto. Pero como resulta que el hombre no puede alcanzar la intimidad de ese Absoluto, la gran maravilla es que él mismo ha querido sellar con el hombre una Alianza de amor. Dios es amor y como amor se hace fuente en el corazón humano.
b) He aquí el resultado de este proceso de realización cuando llega a las profun-di¬dades más hondas del cora¬zón humano, allí donde se detecta el amor. Uno llega a conocer que en lo más profundo ya no puede obrar sino como don que se le ha concedido, porque allí aparece el Absoluto sobre el que no tiene nin-gún poder, y que tan sólo puede recibir como don y misericordia. Y ahí apa¬rece el Dios de la revelación, que es el Dios de la Alianza. Se ha revelado como amor personal. En esa en¬trega se revela la gratuidad del amor. La suya es una intimidad que se entrega indefensa.
c) Devolver bien por mal —lo pide hoy Calasanz— sólo se puede hacer desde esa fuente de la experiencia de la gratuidad de su amor por nosotros.
2. Castigos
El castigo corporal era empleado comúnmente en tiem¬pos de Calasanz, y fue permitido y aconsejado por el Concilio de Trento. El santo lo admitió como úl¬tima ra¬zón, y siempre de acuerdo a unas normas que lo restrin¬gían. Métodos preventivos, tanto naturales como espirituales, debían usarse antes que nin¬gún otro me¬dio. Debían darse por parte del Prefecto; nunca en la iglesia o mien¬tras se les acompañaba a casa; guardando siempre el pudor, nunca por im¬pulso de ira del educa¬dor, y sin poner en peligro la salud; debía Ser justo, aunque benigno, adecuado a la falta, y a poder ser susti¬tuido por otro medio. Castigos y proceso de los mismos: negación del premio que se daba a los apli-ca¬dos; corrección de palabra; banco de los Perezosos; cas¬tigo corporal y, fi-nalmente, expulsión.
3. 1656: Alejandro VII restituye las Escuelas Pías a Congre¬gación de Votos sim¬ples.
25 de enero
1. De lo que dice de las camisas y pantalones, procure que para cuando vaya yo, haya las necesarias, que no está bien que nuestros hermanos vayan sucios por¬que todo se gasta en la construcción, ya que si ahora no se puede finalizar com¬pletamente la obra, se hará des¬pués (Al P. Giacomelli, Moricone, 1053-1629).
2. Si nosotros no tenemos aquí tela para vestir a los nues¬tros que van por Roma con bastante indecencia, ¿cómo vamos a tener para vestir a los de Frascati? (Al P. Casti¬lla, Frascati, 1308-1630).
3. Debemos pedir al Señor que en todo y por todo se cum¬pla su santísima volun¬tad (Al P. Alacchi, Venecia, Moncallero 4-1631).
4. La pasión vehemente ciega a los hombres (Al P. Rai¬mondi, Narni, 2183-1634).
5. A su petición, fundada en el sentido contrario al espí¬ritu, le respondo como respondería un padre a un hijo de pocos años que pide la espada, el puñal, o el arca¬buz: no es a propósito la petición, y así por el bien del hijo no lo com¬place… Ruegue al Señor, y yo también lo haré, para que le dé luz para huir del mal y abrazar el bien, que es cuanto le recomiendo de veras por ahora como pa¬dre espiritual (Al H. Narisi, Poli, 2498-1636).
6. Alabo profundamente su buen deseo de fatigarse de todo corazón en servicio de la Religión, y sepa que siendo su fatiga por amor de Dios, superará todas las oposiciones, pues la verdadera virtud sale siempre a flote sobre los apasiona¬dos, como el aceite sobre el agua, y teniendo V.R. a Dios de su parte, no debe te¬mer a los adversarios, a los que dentro de poco procura¬remos darles reme¬dio. Procuraré no sólo no man¬dar por ahí a gente inútil, sino también apartar a alguno de los inquietos. Mientras tanto, ruego al Señor que dé a V.R. y a los que sienten verdadero celo por la Religión un aumento continuo de espíritu y fervor para mayor gloria de S.D.M. (Al P. Ministro. Génova, 3891-1642).
7. Así como Cristo bendito se hizo maestro de la santa humildad, queriendo que aprendiésemos de él, así V.R. ha de procurar que estos jóvenes aprendan esta virtud, teniendo a Cristo bendito por maestro, y a V.R. por su repetidor (Al P. Manzella, Nápoles, 3883-1642).
8. Aunque alguien le escribiera que nuestra obra no tiene remedio, espero con todo que el Señor nos ayudará an¬tes de lo que algunos creen. V.R. exhorte a todos a la santa observancia y perseveren en dar las clases con dili¬gencia, y esté seguro que donde faltan los medios humanos, llegan los divinos. Hagan ora¬ción y persistan en el trabajo (Al P. Cavallari, Palermo, Moncallero 88-1647).
1. La alianza no es un derecho
a) La alianza se fundamenta en la iniciativa libre de Dios. Antes que nada está el Amor y la libertad del Amor. Y es ese Amor el que fundamenta todo. Nuestro ser y nues¬tra filiación. Nuestra existencia y el ser hijos su¬yos. Quiere decir que no nos ama porque seamos, ni por¬que seamos sus hijos. Es al revés. Somos y somos sus hijos debido a su Amor. Si no, no sería fundamento.
b) La alianza no es un derecho. No se nos debe. Es un acto libre que Dios ha hecho en favor de su pueblo. El hace el favor de querernos. No nos pertenece. En esa alianza es donde somos.
c) La alianza de Dios no se comprende desde las nuestras. Porque las humanas están transidas de bilateralidad. Son el pacto entre iguales. La cooperación de dos en pie de igualdad. Pero la alianza que Dios ha hecho es to¬talmente dis¬tinta. Porque la primacía la tiene la unila¬teralidad. Su amor es lo primero. La iniciativa es suya. Es cierto que el hombre responde, y ¡a respuesta es suya. Pero ha sido una respuesta suscitada por El. Bí¬blicamente, no hay bilateralidad sin unilateralidad. Bíblicamente su amor crea el nuestro; su elección es el ori¬gen de todo.
d) ¿Por qué modernamente hay una cierta prevención en decir que Dios elige, da libremente a quien quiere y como desea? Al hombre moderno eso le suena a pri¬vile¬gio, a exclusión de otros, como si Dios estuviera come¬tiendo una injusti¬cia al obrar así. Le dirá el vaso al alfa¬rero, ¿porqué me has hecho así, cuando ser así es ya gracia? ¿Nos va a saber malo que El sea generoso? ¿A qué tenemos derecho? ¿Es que tenemos derechos ante El?
e) Alianza, elección, es la admiración gozosa de su amor gratuito, que escoge a quien quiere, y me escoge a mí, pobre, para demostrar que ama a todos.
f) Calasanz, desde su perspectiva, lo dice muy clara¬mente: «En todo ha de cum¬plirse la voluntad de Dios», lo que ocurre es que «la pasión vehemente ciega a los hombres».
2. El P. Luis Raimondi
Murió joven, a los 40 años, pero su vida fue ajetreada. Entró en el Instituto en 1628. Después de ocupar diversos superioratos, fue nombrado Visitador General de ¡as ca¬sas de Nápoles. Pero las comunidades napolitanas no lo aguantaron y tuvo que ser llamado a Roma. En el capítulo provincial romano, fue el cabecilla de los acusadores del P. Alacchi, y él mismo fue impugnado por Alacchi y Sozzi. En el capítulo general se repite la contienda, de forma que los Presidentes del capítulo privaron a Alacchi y Rai¬mondi de voz pasiva para ser superiores hasta el próximo Capítulo General, y los desterró de Roma. En octubre de 1640 aparece investigando el espinoso asunto del P. Ma¬rio. Murió tísico en 1642 en Nápoles.
26 de enero
1. Le escribí acerca del memorial que ha redactado el H. F. Fco. de Cárcare, que ha dejado nuestra Religión en poca estima ante los cardenales Sto. Onofrio y Ginetti, y también ante el Papa, quien ha mandado al Vicegerente que se in-forme de las cosas contenidas en dicho memorial. Ahora este miserable va buscando testigos por casa para probar sus calumnias, y he oído que ha escrito a sus conocidos que están en otras casas, y aunque yo lo tengo recluido para que no salga de su cuarto si no para los actos comunes, no le faltan compañe-ros que van a escondidas por él donde quiere (Al P. Cherubini, Ancona, 1957-1633).
2. Me parece que mientras no anden de acuerdo los dos no conseguirán nada en el servicio de Dios ni en el del Colegio. Ninguno de los dos debe obstinarse en su opinión, sino que como siervos de Dios cuando uno propone alguna cosa y da sus razones, el otro debe con tranquilidad decir su parecer y presentar de la misma manera sus razones; entonces, sin pasión alguna, resolver ambos lo que parece más conveniente. Pero si Ud. pretende que para ser más prácticos debe hacerse cuanto Ud. quiere, y el otro opina que, por ser sacerdote, se le ha de tener el respeto debido a un sacerdote —y en esto tiene razón—, enton-ces si no lo hacen, obran mal. Uno y otro deben someter su parecer a lo que parece más conveniente para bien del Colegio, lo que deben tratar entre us-tedes con mucha paz y sin pasión, porque de otro modo demuestran tener po-co temor de Dios. Por encima de todas las cosas del mundo ambos deben per-manecer en este santo temor y no reñir entre Uds. ni con los seglares. En su-ma, les recomiendo la paz y la unión entre Uds. como Cristo la recomendó a los Apóstoles (Al P. Sorbino, Cesena, 1958-1633).
3. Si alguna vez nuestros religiosos han demostrado constancia y firmeza en el Instituto, la deben demostrar sobre todo ahora cuando parece que todo el mundo está armado contra nosotros, esperando, sin embargo, como yo espero, que donde falten los hombres suplirá Dios. Por tanto, V.R. asegure a todos esos Padres que el Señor nos mandará el remedio a fin de que el poder de los ene-migos infernales y de los hombres no prevalezca contra nosotros. Si aquí ocu-rriera algo que fuera necesario o conveniente comunicarlo a V.R. y a esas otras casas, lo escribiremos. Haga oración por nosotros (Al P. Grien, Nikolsburg, 4435-1647).
4. Alabo grandemente la humildad de V.R. que odia los títulos honoríficos y se entrega gustosamente a los trabajos por puro amor de Dios. En esto deseo que V.R. vaya purificando cada vez más en sí mismo todas las acciones con el amor de Dios, siendo verdad que quien ama la tierra se convierte en tierra, quien ama el oro en oro y quien ama a Dios «unus spintus fit cum eo»; así superará todas las tentaciones del enemigo infernal, y continuará siempre ayudando al prójimo con mucho mérito propio (Al P. Mussesti, Pisa, 4527-1648).
1. La conciencia de la elección se fundamenta en la Palabra
a) El hecho de la alianza, la maravilla de su amor no se entiende en cuanto estas realidades quieren entenderse racionalmente. Porque llega a sonar como pre-potencia de Dios que El haga el favor de quererte. E incluso para algunos sue-na a injusticia que El haya escogido portentosamente a quien ha querido. El hombre quiere proyectar en Dios ciertas categorías racionales democráticas que constituyendo uno de los adelantos de nuestro mundo, piensa que tienen que darse del mismo modo en Dios. Y todo lo que suene a favor, elección le parece ir contra esas categorías.
b) La alianza y el mundo de Dios lo entiende sólo quien escucha en acto de amor. Toda la salvación consiste en esto: que toda realidad en cielo y tierra se con-centra en la alianza. Esto se entiende si se ama.
c) Por la alianza entramos en la intimidad misma de Dios. Llegamos a su mismo corazón. A lo más profundo de su ser, allí donde El entrega a su Hijo y expira al Espíritu de Amor. Y esto es también fruto de su omnímoda libertad. Es lo que la biblia llama «elección». Esta elección no se da en un momento sino que se trata de una permanente elección de amor. Es lo que la biblia denomina «fide-lidad». Dios es fiel. El ha sido y me será siempre fiel. Pues bien, esta elección que al ser permanente se hace fidelidad, queda sellada por la alianza. Por eso la alianza se comprende en contexto de amor y permanencia.
d) La conciencia de la elección no se fundamenta en ti, sino en la Palabra, y en ella se hace evidencia clara. Hay una historia de fidelidad contigo. ¡Deja que tu corazón respire ese aire que le da vida!
e) Es este amor el que va purificando todas las acciones del hombre. Por eso in-siste Calasanz en él. Efectivamente nos hacemos a semejanza de lo que ama-mos. Quien ama a Dios se hace un espíritu con él.
2. El H. Juan Francisco Castilla
Uno de los religiosos nefastos en los comienzos de las Escuelas Pías. De él hace mención hoy Calasanz. Entra en la Orden en 1623. Encontrándose en Frascati, en 1632 cursa sus estudios filosóficos con Campanella. Vuelto a Roma comienza su infame acción contra la Orden y su Fundador. Envía un memorial al Papa y a cier-tos cardenales de curia en el que se queja de la extensión del Instituto, acusa a muchos superiores, y pide un Visitador Apostólico. Aunque más tarde firma un segundo memorial negando lo dicho en el primero, sin embargo, los efectos del primero influyeron, y de hecho se prohibió la extensión de la Orden. En 1634-35 está en la casa de 5. Salvador Mayor donde mantiene amistad pública con una mujer. En 1638 tiene que ser sacado de Nápoles por su amistad con una viuda. Al año siguiente está en Génova en actitud rebelde. En 1640 deja la Orden habien-do probado la nulidad de su profesión «per vim et metum)
27 de enero
1. Nosotros procuraremos servir al Señor en nuestra vocación y las cosas del mundo que vayan como puedan, pues todo será para mayor gloria de S.D.M. y mayor utilidad de su Santa Iglesia (Al P. Castilla, Roma, 65-1621).
2. A lo que se dice de que algunos se muestran amigos nuestros, le respondo que nuestra confianza está puesta sólo en Dios, que nunca falla en las necesidades (Al P. Cananea, Frascati, 287-1625).
3. El Señor por su misericordia ilumine al Sr. Aniello y a la Sra. Delia le dé mucha paciencia para que sepa llevar esta dura cruz con mucho mérito (Al Sr. A. Fal-co, Nápoles, 1055-1629).
4. En cuanto a mi ida a Nápoles el espíritu y la voluntad están dispuestos, pero la salud no responde (Al P. Cherubini, Nápoles, 1057- 1629).
5. La sra. Delia es digna de compasión, pero si recibe con paciencia esta adver-sidad tendrá gran mérito en ello; en cambio si le falta la paciencia, padecerá la adversidad y sin mérito. Yo haré todo el esfuerzo posible para bien de su consorte y para tranquilidad suya (Idem).
6. El superior debe ser guía en todo y para todo, y enseñar con el ejemplo a los súbditos, y atraerlos poco a poco a la verdadera observancia (Al P. Reale, Cár-care, 1058-1629).
7. Respecto a lo nuestro, se urge de modo que según dicen la próxima semana se tomará la última decisión. Algunos afirman que con un Breve se reducirá la Re-ligión a Congregación de votos simples o bien quedará sujeta a los Ordinarios o bien se prohibirá enseñar latín. Esto lo van propalando algunos que quisieran la destrucción. Lo cierto es que nuestra Religión tiene grandísimos y potentí-simos adversarios. No obstante, no perdemos la esperanza de que permanezca en pie y, como le he dicho, se tiene por cierto que esta próxima semana harán Congregación los Cardenales y publicarán la solución de 5. 5. (Al P.V. Berro, Nápoles, 4327-1646).
1. La respuesta de la fe
a) A la Alianza se responde con la fe. El hombre lo hace auténticamente y desde lo más profundo de su vida. Ahí aparece la fe. Que es creer en ese amor per-sonal que nos ha salido al encuentro, libremente, fielmente, sorprendente-mente. Que nos ha hecho posible llamar a Dios «tú»: ¨mi rey¨, «mi señor», ¨mi todo¨.
b) El «tú» no puede ser manipulado ni objetivado. Ni el de Dios ni el de los de-más. No se le puede instrumentalizar. No podemos relacionarnos con él en función del propio provecho. Esto hay que tenerlo muy en cuenta en las rela-ciones que mantenemos con los otros y con Dios.
c) El cristianismo se define desde una relación interpersonal con Jesucristo. No se trata de normas, reglas o cumplimiento. Se define por lo interpersonal, por lo relacional, por el otro como una relación de amor conmigo.
d) La auténtica fidelidad no puede ser otra cosa que expresión de amor. Ser fiel a alguien por puro deber quiere decir que no existe auténtico amor. La verda-dera fidelidad brota no de un deber, sino de amor. Pero este amor aun en el plano humano, no lo producimos nosotros. Ni tiene otra fuente que el amor que Dios nos tiene.
e) Aquí está el misterio del amor. Al ser el hombre un ser autónomo, libre, en-cuentra que se realiza «entrando» en el otro. En el plano de Dios, el hombre alcanza su plena realización cuando por la alianza es introducido en la intimi-dad del amor de Dios.
f) La confianza en Dios estalla precisamente como fruto de la conciencia de sa-berse amado de esa manera, tan incomprensible y gratuitamente. Es la con-fianza que atraviesa los textos calasancios de hoy y que llega a convertirse en una de las líneas características de la vida del santo.
2. El P. Juan García de Castillo
Uno de los religiosos que con más cariño amó Calasanz. Nació en Lugar de Soto (Segovia). Aparece en las Escuelas Pías en abril de 1611 y allí hace de maestro, confesor y ecónomo. En 1617 recibe el hábito de manos del Fundador, pero sin que tenga valor jurídico, pues no estaba preparado para dejar algunos beneficios eclesiásticos que poseía en España. En 1631 entra en el noviciado, y el 18 de abril de 1634 confirma de modo solemne la profesión emitida antes. Cuando fal-ta Calasanz, aunque no es muy apto para el gobierno, se encarga de s. Pantaleón y del cuidado de la Orden. Su vida transcurre en el silencio, dedicándose a las escuelas y al cargo de confesor. Su nombre no aparece en los importantes acon-tecimientos que perturban a la Orden. Humilde y ajeno a cualquier interés, fue estimado por todos, y así pudo visitar varias veces al P. Mario en el lecho de muerte y recibir la última Confesión de Cherubini. Muerto el santo, trabajó por su beatificación y la reintegración de la Orden. Conoció una reintegración parcial y fue nombrado 2.° General del Instituto. Murió en 1659.
28 de enero
1. Escribí al P. Maestro Santa que dijera a alguno de los PP. Jesuitas que nuestra obra no les causará trastorno alguno, sino que será de ayuda, ya que todos nuestros escolares de latín tendrán que ir a sus escuelas, y procuraremos que vayan bien preparados en el santo temor de Dios (Al P. Alacchi, Palermo, 2186-1694).
2. Aquí se ha hecho casi público que el Sr. Lorenzo se hace capuchino. El Señor le dé su gracia, pues haría una santa cosa dando un puntapié al mundo que no es más que un gran mentiroso, promete grandes cosas y no las cumple. Bienaven-turado aquel que lo sabe despreciar de verdad (Al P. Salazar Maldonado, Cese-na, 2187-1634).
3. Respecto a las escuelas, me parece gran imprudencia el aceptar más de las que se pueden tener; si las clases son seis y los alumnos 300, hay número sufi-ciente para hacer provecho en ellas. No deberían abrir las escuelas antes de que estuviera hecha la iglesia, las clases necesarias e igualmente los cuartos. Siento mucho lo que oigo decir, que las habitaciones son estrechas y angostas, y que están a la vista de los vecinos; en todas las ventanas nuestras que dan a las ventanas de los vecinos pongan cuanto antes celosías «ad lucem tantum», como se acostumbra a hacer en los monasterios de monjas o de religiosos re-formados (Al P. Peri, Carmañola, 3025-1639).
1. Significado incondicional del amor de Dios
a) Para personalizar esa Alianza de amor hay que reflexionar sobre la propia his-toria como historia de amor de Dios en nuestra vida. Recordar acontecimien-tos, situaciones, sucesos, experiencias… Entonces resumir toda la vida, dán-dose cuenta que si adquiere sentido es desde la fidelidad de Dios.
b) No hay que quedarse en poesía. Hay que llegar a percibir el significado incon-dicional de Dios en la vida. Porque la fidelidad no es una obligación pesante, sino el más dulce deber, la verdad más profunda del propio ser.
c) Quien ha descubierto el significado del «tú» sabe que no se pertenece a sí mismo, Y su vida adquiere valor incondicional desde la incondicionalidad del amor de Dios.
d) Para que la madurez afectiva experimente la alianza hace falta que experi-mente la libertad y la gratuidad. Entonces experimenta la fidelidad y la pose-sión.
e) Desde esa vivencia uno sabe relativizar todo. Sólo el amor es digno de fe. Y es el que constantemente recrea a la persona. Por eso se puede despreciar todo aquello que no sirve al amor. Dice Calasanz: «Bienaventurado aquel que lo sa-be despreciar de verdad».
2. El P. Pedro Salazar Maldonado
Napolitano de nacimiento, recibió el hábito en su ciudad natal en 1628. Durante dos años, de 1632 a 1634, reside en Cesena junto al p, A. Sorbino llevando la administración de los bienes del colegio Nazareno. No se entendieron bien los dos religiosos, como se ve por cartas del santo. En 1641 está en la fundación de Cáller; prácticamente nunca la abandonó, por lo que puede ser considerado fun-dador de la provincia de Cerdeña. En la segunda mitad de 1655 vuelve a Roma y colabora con los PP. Conti y Scassellati en el restablecimiento de la Orden. La muerte le sorprendió en el barco de vuelta a Cáller. Su cadáver fue arrojado al mar, al haber muerto de peste. Era el 23 de junio de 1656. Si no careció de una cierta ambición Personal, ésta fue abundantemente compensada por el entu-siasmo Con que trabajó por el bien de la Orden.
29 de enero
1. Me parece locura muy grande la nuestra si, fatigándonos como nos fatigamos, pretendiésemos la recompensa temporal de los hombres. Por otra parte, si nos dedicamos a este ejercicio, me parece que sería hacer gran ofensa a la divina Providencia, que procura lo necesario a los pájaros del campo, no tener fe en ella, habiendo probado por experiencia durante tantos años el cuidado que de nosotros ha manifestado el Señor (Al P. Alacchi, Venecia, 1961-1633).
2. En cuanto a las tentaciones, si V.R. tuviera un poco más conocimiento de la asistencia del Ángel Custodio y tratara con él más familiarmente, sentiría muy grandes y evidentes ayudas, pero se requiere gran pureza de corazón. Si cuan-do el enemigo le sugiere algo grande, lo rechazara pronto y, no pudiendo, re-curriera a la ayuda del Ángel Custodio, encontraría remedio; y, mire, no se cumpla aquel dicho «si iniquitatem aspexi in corde meo non exaudiet Domi-nus». Procure, pues pedir, esa ayuda y nosotros aquí haremos oración por la victoria (Idem),
3. Espero que V.R., junto con los demás Padres, habrá procurado poner orden en las escuelas, de manera que sean pocas pero bien atendidas. Ponga un supe-rior que vigile a los maestros y alumnos, para que se adelante en las letras y en el santo temor de Dios. Otro, sacerdote, clérigo o hermano, que tenga ta-lento y sea celoso de la Obra, que se preocupe de las cosas temporales. Pero el principal de la casa, que vigile las escuelas, que si van bien no sólo cumpli-remos con la obligación que tenemos, sino que podremos esperar del Señor los bienes temporales necesarios y abundancia de los espirituales. Así, pues, se debe insistir más en esto que en cualquier otra cosa (Al P. Alacchi, Mesina, 2670-1637).
4. Desearía que antes el H. Carlos Antonio, aunque tiene la edad (de ordenarse), se ejercitase en el oficio de aprender y enseñar, pues una vez sacerdotes no se preocupan más de estudiar, y al no ser aptos para una escuela, rehuyen la en-señanza y esto causa la ruina de la Religión. Lo mismo digo del H. Antonio de Borzonasca; si hay algún sacerdote que no dé escuela, a fin de que no esté ocioso y deje de merecer, mándele que ayude a recitar en alguna clase o que catequice a los alumnos para que sepan confesarse bien y comulgar, y lo nece-sario para salvarse. Que nadie tenga escondido el talento (Al P. Tocco, Carma-ñola, 3027-1639).
1. Repercusión del amor de Dios en el corazón humano
a) ¿Cómo es el proceso que ha realizado el creyente hasta ahora? Después de una mirada rápida sobre su vida e historia, se ha asomado a la imagen de Dios. No como problema de ideas abstractas, sino como experiencia viva. Ha tenido la percepción del Dios vivo y verdadero. Y ahí ha pretendido estructurar la luz de la propia verdad según la luz de Dios y su mirada. Ha vivido también la expe-riencia de una salvación ¡naudita. Más que como acontecimiento externo y vi-sible, como realidad íntima, personal, pero no por eso menos real. Puede con-tar cómo ha sido esa salvación; en qué ha consistido. Dónde se encontraba im-potente, y a dónde ha sido conducido por Dios de una manera sorprendente. Y cuando quiere dar razón de todo ello, aparece que se debía a la alianza que Dios había hecho con él. En ella el hombre se siente amado incondicionalmen-te. No hay condición para el amor sino el mismo amor. El amor de Dios tiene en sí la garantía de sus preferencias de amor por el hombre. Todo esto es lo que ha experimentado el creyente. Y no ha quedado en la cabeza. Ha sido rea-lidad viviente. Realidad personalizada.
b) Brota inmediatamente una pregunta. Cuando el hombre se encuentra con to-do eso, con ese Dios que se ha introducido de semejante manera en su vida, ¿qué ocurre en su corazón ? ¿Qué supone todo esto para sus actitudes básicas? ¿Qué es lo que origina en la estructura de su ser? Porque es imposible que el hombre viva a ese Dios sin que le despierte algo por dentro.
c) Antes de seguir adelante y asomarnos los días siguientes a lo que ocurre, ¿qué experiencia tienes tú mismo? ¿Percibes ahora algo por dentro? ¿Has personali-zado, al menos fundamentalmente los temas pasados? Nunca hablamos de per-fección, de cien por cien, sino de apertura a esas realidades.
d) Mira los dos primeros textos escritos hoy por Calasanz, ¿no son una respuesta al amor de Dios sentido diariamente? ¿No lo dice con estas palabras: «habiendo probado por experiencia durante tantos años el cuidado que de nosotros ha manifestado el Señor»?
2. EI P. Santiago Tocco
Una vida trabajada por la enfermedad que le llevó al sepulcro a los 36 años de edad. Vistió el hábito en Génova, en 1627. En 1638 va a Carmañola como supe-rior, pero tiene que abandonar el cargo por enfermedad. Nombrado Provincial de Liguria, se encuentra sin fuerzas para llevar a la práctica el Breve de Urbano VIII, «Religiosos viros». En esta situación Calasanz se ve obligado a enviar al P. Cos-tantini como Visitador y Comisario General, lo que no tolera el P. Tocco. Por su actitud opuesta al Visitador, logra que se vaya. Como la enfermedad va minando su salud y se muestra débil frente a los «reclamantes», Calasanz le obliga a ir a Roma. Estará ya a merced de su mal, que le Impedirá cualquier otro servicio. Muere en 1642.
30 de enero
1. No me puede dar mejor noticia que avisarme del aprovechamiento de los es-colares y de los de casa (Al P. Castilla, Frascati, 581-1627).
2. Yo aprecio su tranquilidad más que la casa de Frascati y muchas otras (Al P. Castilla, Frascati, 1059-1629).
3. Es muy importante que el noviciado vaya al principio con la virtud y el buen ejemplo debidos. V.R. al menos una o dos veces por semana vaya a verlo e in-fórmese a menudo si les falta algo. Exhorte a los novicios a olvidar las cosas del mundo y a concentrar su atención en llegar a ser soldados valerosos en la vida espiritual; lo lograrán si con particular interés aprenden la virtud de la santa humildad, que nuestros profesos de esa casa no han sabido encontrar, si-no que en lugar suyo han encontrado la maldita soberbia. V.R. haga saber a todos que la santa humildad es el signo ordinario de la predestinación y la so-berbia de la reprobación. Cristo bendito dijo así: «A fructibus eorum cognosce-tis eos». VR, procure curar a sus hijos enfermos en lugar de tenerlos siempre enfermos, pues estando enfermos, más bien causan molestias que ayuda (Al P. Romani, Florencia, 3011-1639).
3. Estoy convencido de que Dios le ha concedido una gracia singular al darle gus-to por la enseñanza, y desprecio por cualquier otro oficio (Al P. Fedele, Nápo-les, 2799-1638).
4. Han llegado a Roma tres hermanos jóvenes sin barba, y lo que es peor con hábitos tan maltrechos que me admiro no hayan muerto por el frío y mal tiempo, en especial teniendo manteo y hábitos malos y sin nada debajo; es señal o bien de grandísima pobreza o de muy poca caridad de los Superiores quienes no creo que vayan tan mal vestidos; es preciso poner remedio en este punto (Idem).
5. Convénzase que Dios bendito ha elegido a V.R. para nuestras casas de Alema-nia y Polonia, y comprenda que para corresponder a semejante vocación debe tener V.R. un ánimo grande para entregar toda la vida a esta empresa, si así lo quiere Dios; semejantes resoluciones agradan mucho a S.D.M. (Al P. Conti, Nil-colsburg, 4087-1643).
1. Disponibilidad a la voluntad de Dios
a) El primer reflejo espiritual que se produce en el creyente ante ese Dios que ha aparecido en su vida es una actitud básica de disponibilidad a la voluntad de Dios. Que es no pertenecerse a sí mismo, porque ser amado y amar es des-cubrir el gozo de obedecer. No pertenecerse a sí mismo que incluye el dispo-nerse a la voluntad de Aquel que ha hecho alianza con nosotros.
b) Esta disponibilidad a la voluntad de Dios es la expresión más radical de la ex-periencia del amor. Esto porque el creyente sabe qué es lo que merece la pe-na, y a quién puede entregar su vida. Conocer ese Amor absoluto hace posible la existencia.
c) Este reflejo espiritual está muy cerca de la humildad de la que tan amplia y hermosamente habla hoy Calasanz. Lo hemos dicho otras veces, lo repetimos hoy para no seguir haciéndolo en el futuro, el santo no emplea el lenguaje que usamos nosotros; pero el problema no es de lenguaje, sino de contenidos. Esta unión entre disponibilidad a la voluntad de Dios y humildad ha salido ya, y aparecerá otras veces; ocurre que debido a la dinámica que seguimos, y preci-samente para diseñar un itinerario, no se puede comentar puntualmente las cosas cuando aparecen en Calasanz, sino cuando llega su momento en el pro-ceso. Pero esto no nos arrebata la memoria del pasado.
2. El P. Juan Domingo Romani
Entró escolapio, 1620, siendo ya sacerdote. Su vida estuvo teñida de dificultades tanto con la autoridad eclesiástica, como con los superiores de la Orden. En ene-ro de 1647 obtuvo el Breve para pasar al clero secular. En 1629 había sido envia-do por su provincial, el P. Castelli, a Milán para aprender el método de Gaspar Scioppio. A finales de año lo mandan a Florencia como Vicesuperior y para ense-ñar ese método. Después de varios destinos, a finales de 1634 el Fundador lo en-vía a Palermo. Allí no se comporta prudentemente en la predicación, y en junio de 1636 interviene el santo Oficio, apartándole de todo, junto con el P. Macario de Boloña, sacerdote novicio. Esto dura hasta diciembre, cuando por fin es acu-sado tan sólo de imprudencia en la predicación. En septiembre de 1637 se en-cuentra de Superior de Florencia, allí ayuda a los escolapios galileanos y él mis-mo es tenido por uno de ellos. Se preocupa de la Escuela de Nobles y de la nueva gramática latina, escrita por el P. Apa. Viene acusado ante el santo Oficio, junto con otros escolapios, por el P. Mario Sozzi, y es privado del rectorado y de la voz activa y pasiva. Estando de Rector en Nápoles, en 1646 tiene que dejar la ciudad cumpliendo el mandato del cardenal Ascanio Filomarino al no ser napolitano.
3. 1626: Erección canónica de la Provincia Romana.
31 de enero
1. Me desagrada mucho la enfermedad de la orina del P. Gaspar; por favor, tén-gase el cuidado necesario, ya que deseo verlo sano para el año santo, si así lo quiere el Señor (Al P. Castilla, Roma, 66-1621).
2. Si hubiera mandado la tela para los colchones, tendríamos para dejarles a los forasteros cuando se hospedan en casa; ahora, en cambio, cuando llega uno, es preciso que alguien de casa se quite el colchón y se lo dé a él (Idem)
3. Aquí hace un viento tan fuerte y tanto frío que en varias ocasiones se me han helado los pies, lo que no me ha sucedido en Roma (Idem).
4. V.R. ore a Dios por él, y procure servir de verdad al Señor con edificación del prójimo, porque es mucho mejor el buen nombre que muchas riquezas (Al P. Alacchi, Venecia, 1743- 1632).
5. Aquí oraremos por los asuntos de Alemania, que si el Señor no lo remedia di-cen que van muy mal (Idem).
6. No me puede V.R. dar mayor consuelo que procurando con toda diligencia que se observen nuestras Constituciones, pues me parece que en el pasado no se han observado mucho en esa casa, ni en la de la Duchesca, y V.R. adquiriría gran mérito ante Dios si durante su gobierno se introdujera de algún modo la observancia religiosa. Procure que se observe el silencio y el retiro de todos en la propia habitación, en donde pueden leer libros espirituales y sacar provecho para el alma. Procure que nadie maneje dinero a no ser el ecónomo, el que hace las compras y el sacristán cuando lo meta en la caja. Procure también que tengan las cosas necesarias, pues entonces se pueden hacer o6servar nuestras Reglas sin protesta alguna, y vaya con frecuencia a visitar las clases para que los maestros cumplan con su deber y los alumnos aprendan Como le he dicho, no me puede dar mayor consuelo que éste (Al P. d1 Rosa, Nápoles, 3898-1642).
1. La aprobación de las Constituciones
Tal día como hoy, el año 1622, eran aprobadas definitivamente las Constituciones de Calasanz. Terminaba así la gran obra del santo. Las Constituciones era lo que más amaba. Cuando destruyan el Instituto, le quedarán fuerzas para luchar a fin de que no se las cambien. Estaba convencido que había esperanza mientras no se las tocaran. Y al menos en esta batalla, venció. Aunque no hagamos más men-ción de ello, a lo largo de muchos días aparecerán textos que evidenciarán cuan-to estamos diciendo. Ese amor a las Constituciones se manifiesta también hoy: ¨No me puede dar V.R. mayor consuelo que procurando con toda diligencia que se observen nuestras Constituciones¨.
El 17 de febrero de 1621 había concluido el santo la redacción de su obra. Le es-cribía al P. Castilla: «Por la gracia de Dios he terminado ya las Constituciones». A finales de mes volvió a Roma. Iba con la intención de presentar cuanto antes a la Santa Sede el texto de las Constituciones para su aprobación. El 16 de marzo a través del cardenal Protector presenta las Constituciones y pide al mismo tiempo que la Congregación Paulina sea elevada a rango de Orden Religiosa con votos solemnes. De esta manera el Fundador pretendía conseguir una mayor estabili-dad en el compromiso de los religiosos que redundaría en la consolidación defini-tiva de su obra.
Después de sortear el escollo del cardenal Tonti y conseguida la elevación a Or-den de la Congregación Paulina*, se abordó el tema de las Constituciones. La Congregación de Regulares comenzó el estudio del nuevo texto, corregido por Calasanz siguiendo las observaciones que se le hicieron en el primer dictamen, en el mes de septiembre. El cardenal Tonti y el P. Bagnacavallo —General de los Conventuales y amigo personal del santo— examinaron texto y observaciones Ca-lasanz aceptó la mayor parte de las observaciones de los censores. La Congrega-ción de Regulares dio su voto afirmativo al nuevo texto aprobándolas en la sesión que tuvo el 14 de septiembre. Finalmente el 16 de octubre el Papa dio su bene-placito. Sin embargo el Breve de aprobación «Sacri apostolatus ministerio» no se hizo público hasta el 31 de enero de 1622. Meses antes escribía el santo: «El Se-ñor, por su sola misericordia y sin mérito alguno nuestro, ha hecho que los sres. Cardenales de la Congregación de ReguIares hayan dado firmísima y perpetua estabilidad a nuestra Congregación declarándola Religión, concediéndole los vo-tos solemnes y aprobando nuestras Constituciones; y todo ello con el común aplauso de todos los sres. Cardenales» (c. 82).
2. 1622: Gregorio XV aprueba las Constituciones de la Orden.
Nota
* Tal día como hoy – 18 de noviembre -, era el año 1621, el Papa Gregorio XV elevó la Congregación Paulina a Orden dentro de la Iglesia de Dios, suprimiendo todo límite geográfico a su extensión:
«Nuestro amado hijo José de la Madre de Dios, Prefecto General de la Congregación de los Clérigos Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías de Roma, nos hizo saber recientemente que los clérigos de su Congregación profesan los tres votos simples de pobreza, castidad y obediencia, y que, por un deseo de mayor perfección, nos suplicaban humildemente que los declarásemos votos solemnes.
A nuestros venerables hermanos los cardenales de la Santa Iglesia Romana encargados de los asuntos de Obispos y Regulares dimos la encomienda de estudiar atentamente este problema y de comunicarnos sus conclusiones; y, según deliberación tenida el 31 del pasado mes de agosto, manifestaron que podía aprobarse como Orden de tres votos solemnes la mencionada Congregación de los Pobres de la Madre de Dios, erigida por la autoridad de nues-tro predecesor Clemente VIII de feliz memoria, confirmada por nuestro predecesor Paulo V de santa memoria y actualmente enclavada en la iglesia de 5. Pantaleón de Roma.
Nos, en la medida de nuestra fuerzas ante el Señor, deseamos acoger favorablemente estos buenos deseos de José y de los referidos clérigos y distinguirlos con especiales gracias y beneficios. Y así, por las presentes absol-vemos y consideramos absueltos a cada uno de ellos de toda sentencia de excomunión, suspensión, entredicho y demás sentencias eclesiásticas, censuras y penas, a iure o ab homine, originadas por cualquier motivo o causa, si acaso han incurrido en ellas y tan solo para conseguir el efecto de esta Carta; y atendiendo a las peticiones que humildemente nos han presentado, por las presentes y con nuestra autoridad apostólica aprobamos y confirma-mos la anterior deliberación, la corroboramos con nuestra potestad perenne e inviolable y suplimos todos y cada uno de los defectos de derecho y de hecho que en ella puedan encontrarse.
Decretamos que este Breve sea y permanezca válido, firme y eficaz, que surta y obtenga efecto pleno e íntegro, y que favorezca completamente a José y a los citados clérigos, con todo y por todo.
En conformidad con este Breve deberán juzgar y sentenciar los jueces ordinarios y delegados, incluso auditores de las Causas del Palacio Apostólico; y será nula y vana toda acción atentatoria interpuesta por cualquier autori-dad, con deliberación o por ignorancia…
Roma, San Pedro, bajo el anillo del Pescador, a 18 de noviembre de 1621, año primero de nuestro pontificado».
Crónica - Efemérides - Mar 5, 2010 12:03 - 0 Comments
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