Como Grano de Trigo, S. José Calasanz - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Noviembre 6, 2008 16:41 - 1 Comment

CGT - C. 10 - TÚ ME CAMBIASTE EL CORAZÓN

ÍNDICE

¨Estén ahí todos con ánimo esforzado para servir al Señor en sus miembros, que son los pobres. Para que podamos oír a su tiempo: ‘Cuanto hicisteis a uno de es-tos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis´¨ (Calasanz: 26-4-1647)

(Calasanz en el cielo. Aparece Calasanz caminando por la escena a semios-curas. En un rincón se ilumina una luz que irá creciendo en tamaño e intensidad durante toda la escena, momento en el que concluirá el cuadro y la obra. Esta explosión de luz contrasta con el cuadro anterior que ha sido todo a oscuras.)

Cal.:
Dios mío, qué te voy a decir. No tengo nada que presentar ante ti que no me hayas dado. Todo lo mío, lo que ha nacido de mí; ya lo ves, pobreza y debili-dad. Si algo bueno hay en mí; es enteramente tuyo, tuyo, Señor,… Pero tengo que atreverme a pedirte que cuides las escuelas, ¿qué digo? ¡si son tus escue-las! y siempre han estado en tus manos… Me gustaría tanto encontrar al bueno de Glicerio, o al P. Casani o al viejete de Dragonetti, ¡ellos sí le habrán hablado ya de las escuelas! ¿quiénes mejor que ellos? seguramente han sido los que me han traído aquí… Pero, ¿qué digo ahora? Las escuelas son obra de Dios y me las encomienda a mí y las dejo en la ruina,.., no tengo ninguna defensa, mi presencia es mi fracaso, qué voy a decir: ‘Padre, aquí estoy y sabes lo que soy’ ‘Padre, no lo he sabido hacer mejor’,… (deambula dubitativo en silencio, al momento se oye una sonrisa y un suspiro) ¿quién me habré pensado que soy? hablo como si pretendiera ver a Dios, sólo pensarlo me da… (se emociona y no puede acabar la frase) …me conformaría con saber que todos los co-laboradores de las Escuelas Pías descansan felices aquí; ellos se lo merecen…

(La luz se ha hecho más intensa y grande y Calasanz se aproxima con temor hacia ella, a distancia)

Cal.:
Yo, oh, yo no… no sé,… quizá,… si al menos,…no puedo.

(Aparece un niño que va hacia Calasanz observándolo con descaro. Se sitúa delante de él y le hace una seña para que se agache. Calasanz extrañado se inclina hasta ponerse a su altura, en ese momento, el niño comienza a mi-rarle el rostro de cerca y a estirarle de los carrillos, tapando la barba con la mano, imaginando pelo en su calva… como queriendo reconocer a un joven que se ha hecho viejo. Al final del reconocimiento, sonríe contento y dice:)

Niño: (dirigiéndose a la luz)
No hay duda, Padre, es él. Más paliducho y viejete, flacucho (le toca la barri-ga) y con pelillos blancos en la cara, pero no hay duda, es el ‘santet’, el mis-mo que nos predicaba en Peralta desde lo alto de una silla y nos recitaba con tanto cariño aquellos versos sobre la Virgen. Sí; es él, sólo a él se le pudo ocu-rrir coger un cuchillo para ir a matar al demonio, (dirigiéndose a Calasanz) ¿todavía te duele el morrazo, José? ¡Qué alegría tenerte aquí! No hay duda Pa-dre, sigue teniendo la misma mirada. Vayamos José

(coge a Calasanz de la mano para llevarse hacia la luz pero no logra moverlo y se va él solo hasta que se pierde en la luz).

(Mientras que estaba acabando la conversación con el niño, aparece por la escena un joven que también se dirige hacia Calasanz)

Joven:
¡No necesito ver más! ¡Mi viejo amigo Calasanz! (lo abraza)

Cal.:
¡Mateo!

Mateo:
¿Te sorprende yerme en el Cielo? No me extraña, pero creo que en parte te lo debo a ti, amigo. Mi ángel de la guarda. ¿Qué sería ahora de mí de no haberte encontrado en Lérida en aquel ambiente de la universidad? Cuánto mal hice con mis mentiras, mis jaleos y mis trapicheos… pero te encontré providen-cialmente. Si no hubiera sido por tus consejos y tus ayudas… ¿ recuerdas? ¡Venga! Vayamos

(lo rodea con el brazo por el hombro y se lo intenta llevar hacia la luz. Viendo que Calasanz permanece inmóvil lo deja y se funde con la luz -que se va haciendo más grande y luminosa-).

(Igual que ha entrado Mateo en escena, aparece ahora una mujer que se co-loca delante de él para mirarlo de cerca)

Mujer:
¡Increíble! Tiene el mismo temple y la misma mirada que cuando era joven. He de reconocer que de haberme aceptado en Valencia tu vida no hubiera sido tan bien aprovechada. Ciertamente me enamoré, eres un hombre al que una mujer gustaría compartir su vida. En fin, yo me quedé compuesta y sin novio pero,… ¡cuántos niños se han beneficiado! Pensé que tu amor podía ser para una sola persona, y sentí ganas de ser yo, perdona José, sentí verdaderamente el amor, pero no supe descubrir la tierna inclinación del tuyo… (pensar que hubiera privado a tantos niños de un amor tan tierno)… Venga, pasemos

(de nuevo lo invita a caminar hacia la luz y viendo que Calasanz no se mue-ve se funde con la luz dejando a Calasanz).

OPTATIVO. No salió en el estreno.

(En ese momento aparece una vara por los aires que va a parar cerca de Calasanz golpeando el suelo. Se oye la voz de lejos de dos hombres ru-dos)

Hombre 1:
¡Caramba, ése sí que ha sido un buen lanzamiento! (se para y mira a Cala-sanz reconociéndolo) ¡Si es nuestro cura Calasanz! ¡cuánto tiempo! ¿Sigue lanzando tan bien como entonces padre? (ofreciéndole la vara) Ya ve, no-sotros seguimos practicando.

Hombre 2:
Gracias a usted pudimos afrontar la vida de otra manera allá en las serra-nías de Urgel. Le prometo que no volví a utilizar el trabuco, bueno, tan solo una vez, pero fue en legítima defensa.

Hombre 1:
¿Qué, sigue cargando burros sobre sus hombros? (Se ríen estrepitosamen-te) ¡Venga! pruebe, vayamos, vayamos (le dan la vara para que tire y se van hacia la luz insistiéndole en que tire y vaya con ellos).

(En ese momento aparecen tres hombres, uno de ellos, el más joven se adelanta corriendo. El último va con su bastón, aunque intentando co-rrer también)

Landriani:
¡Padre José, padre José! (lo abraza) ¡Por fin en casa!

(Calasanz emocionado también lo abraza).

Casani:
¡Qué alegría encontrarnos de nuevo!

(también se abrazan)

Dragonetti: (sofocado y sin saludar)
Usted cree padre José, el Padre Celestial dice que en el Cielo todos hablamos una misma lengua y que a nadie le hace falta estudiar el latín (bajando el tono de voz) si lo conociera bien no diría esas cosas, ¡será atrevido!

Landr.:
¡Venga! No le entretengamos que todavía está por llegar lo mejor.

(Lo coge del brazo y se lo empieza a llevar hacia la luz -que sigue creciendo- Calasanz empieza a caminar pero al instante se para, ellos insisten pero lo dejan y se funden con la luz)

(Van apareciendo, finalmente muchos niños. Primero uno pequeño. Ellos son los que definitivamente van a conducir a Calasanz hacia la luz, hacia el Pa-dre-Dios).

Niño peq.:
Eres tú, el viejete y bueno de Calasanz. Siempre intuí que en tu rostro serio disimulabas una sonrisa y cuando rezábamos o nos enseñabas cosas en la clase, la sonrisa escondida nos envolvía y nos hacía sentir bien. Tocaste mi corazón, bueno, el de todos, y los llenaste de ilusiones. Creíste y confiaste en nosotros. Nos hablabas de Dios como de un papa encantador; no me fue fácil imaginarlo, tan sólo me ayudaba verte a ti. Recuerdo un día al llegar a casa encontramos a papá borracho y pegando a mamá, mi hermano mayor me abrazó y me miró con tu mirada aprendida y me susurró al oído tus mismas palabras: ‘con cosas que no comprendemos, incluso las que nos hacen daño, Dios, nuestro Padre, nos habla como a hijos; si acogemos de Dios los bienes, ¿no vamos a acoger los males?’ Yo no lo acababa de entender, pero me tranquilizó y dejé correr las lá-grimas por mis mejillas. Mi hermano me besó y alivió el fuerte dolor que se me había puesto aquí (señalándose la tripa). Padre José, en la tierra tuve un papá que le costaba amar pero, gracias a Dios, también tuve un maestro que me en-señó a perdonar.

(En ese momento se agarra de su cuello y lo abraza fuertemente. Comienza la música y los niños lo rodean mientras cantan)

ME CAMBIASTE EL CORAZÓN

Niño 1:
Mi vida no fue así,
un dulce ir y venir,
sabía robar, amenazar y mentir;
mi pan fue la violencia y el rencor
y de mis padres ¿qué sé yo?

Niño 2:
Contigo descubrí la amargura
de sentir que mi flor se quedaba marchita
y al darme tu paz y tu ternura
rebrotó en mi alma la vida.

Niño 1 / Niño 2:
Tú me cambiaste el corazón
contigo descubrí el amor.
Tú me cambiaste el corazón,
con el AMOR de DIOS.

Calasanz:
Oh Padre, sólo le hablé como a un hijo,
abracé su dolor contenido
y vendé sus heridas pasadas
sus ojos me hablaban de ti
y no pude eludir el calor de su mirada.

Niño 3 Calasanz
Tu fuiste para mí Te aseguro yo no fui.
el guía a seguir Fue el Señor quien vino a ti.
En mi infancia,
Marcaste tus huellas. Fue la voz de Jesús.
Encontraste en mí la alegría Encontré en vosotros la alegría.
Y me enseñaste a compartirla Descubrí el amor de Dios

Calasanz y niños:
Tú me cambiaste el corazón
contigo descubrí el amor.

Tú me cambiaste el corazón,
con el AMOR de DIOS.
con el AMOR DE DIOS.

(Una vez se funden todos en la luz y la música continúa, la luz brilla du-rante un tiempo y van apareciendo miles de fotografías de niños de todos los colores, escuelas de todos los países, escolapios de todo tipo… signifi-cando la fecundidad haciendo ver que el GRANO DE TRIGO HA MUERTO Y HA DADO MUCHO FRUTO.)



1 Comment

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Luciano David
Feb 20, 2011 5:10

que hermoso, es la primera vez que leo algo de esta obra de teatro, la canción me encanta y siempre trae a mi memoria los rostros de los niños con los que misionamos en Quimilí. Me encantaria alguna vez ver un video de esta obra.

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