Como Grano de Trigo, S. José Calasanz - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Noviembre 12, 2008 16:48 - 0 Comments

C.G.T - C. 04 - La pesadilla de Calasanz

Calasanz, grano de trigo

Calasanz, grano de trigo

ÍNDICE

¨Soporte los agravios con paciencia… A mí me condujeron al Santo Oficio sin saber por qué, y después que me lo dijeron, vi que en aquello era inocente. El Señor quiere probarnos por el camino de la tribulación. Si embargo, anímese a padecer, ‘porque es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios’¨ (Act 14, 22) Calasanz

Es un cuadro con dos planos. El primero Calasanz dormido sobre la mesa de su cuarto (luz tenue) soñando lo que se produce al otro lado del escenario. El segundo el sueño de Calasanz: Mario Sozzi y el Monseñor Albizzi. Sería interesante crear un ambiente propio de un sueño, quimérico.

Aparece Calasanz durmiendo y al otro lado Mario Sozzi dirigiéndose al Monseñor, todo él muy puesto, en una sede de su categoría. De fondo hay una composición musical: La conspiración.

Mario: (Se escucha de repente el diálogo que ambos estaban teniendo)
Eminencia, intentan ponerle en entredicho y, con usted, a todo el Santo Oficio. No obedecen lo que les mandó y me ignoran y humillan (bajando el tono de voz), especialmente los herejes escolapios que siguen a ese tal Ga-lileo. Figúrese, forman grupos contra mí y me rechazan; ahora que no es por mi … (vuelve a bajar el tono y se le acerca) aparentemente me da la razón en todo, pero intuyo que el padre Fundador los instiga para que tengan esas conductas conmigo…

Albizzi: (muy engolado)
¿Y dice usted que sigue a ese tal Galileo, ese científico loco que dice que la Tierra se mueve alrededor del Sol, ¡Ja, ja, ja!, ¡Qué bajo ha caído!. No sabe que toda la ciencia que hay que saber está ya en el Libro Sagrado (lo coge y se lo enseña con descaro).

Mario:
Sí, sí, incluso le ha pedido que dé unas clases de física a los religiosos que está formándose para las escuelas.

Albizzi:
Me están cansando esos religiosos con sus continuas desobediencias. Hace poco los tuve que apresar por sus intromisiones con el padre fundador a la cabeza. Cierto que fue un equívoco, pero les está bien empleado por dudar de este Santo Dicasterio.

Mario: (repugnantemente pelota)
Así es eminencia. Sepa que tiene en mí a su más fiel servidor y que estoy dispuesto a sufrir cualquier ultraje contra mi persona, pero lo que nunca toleraré son los insultos y entredichos a su reverendísima eminencia y al santo tribunal del que usted es asesor.

(Entra en ese momento el Secretario del Cardenal y acaba la música de fondo)

Secr.:
¡Eminencia! Le espera el Cardenal nepote para tratar el tema del filósofo Campanella.

Albiz.:
Gracias, en seguida voy.

Secr.: (Dándose cuenta de la presencia de Mario)
¡Buenos días P. Mario!

Mario:
¡Buenos días señor Secretario !Si no es una indiscreción, ¿puedo preguntarle qué pasa con el Señor Campanella?.

Secr.:
Como sabe, sus obras se apartan de la sacrosanta doctrina de la Iglesia y conducen al error en las almas. (Cambiando de tono, en confidencia). En el fondo, me da lástima, creo que lo van a tener en la sombra varios años. Ya sabe, la Inquisición no tolera un mínimo desvío.

Mario:
¡Ah…! (Simulando sorpresa …) No, ante todo, ¡la pureza de doctrina!

Secr.:
Pero, no me desvíe del tema, ¿no vendrá a descubrirnos otro caso como el de aquella dama que acogía aparentes niñas huérfanas que utilizaba para la prostitución…?

Mario:
Ya quisiera descubrir los casos de corrupción que asolan nuestra sociedad para presentarlos antes ustedes y extirparlos de raíz para bien de Nuestro Señor y la Santa Madre Iglesia…

Albiz.:
¿Cómo se llamaba la” fulana” aquella?

Mario:
Faustina señor. Sólo escuchar su nombre me produce escalofríos. Qué pocas entrañas se necesitan para abusar de unas pobres jovencitas inocentes…

(En ese momento tose exageradamente el Cardenal como para advertir al Secretario que ya está bien de conversación)

Secr.: (Entendiendo el mensaje)
Perdone eminencia, ya me voy. (Haciendo un gesto a Sozzi) P. Mario.

Albizzi:
Está bien P. Mario, su fidelidad y lealtad serán recompensadas oportunamente, como con el caso de la Faustina. Ciertamente, gracias a usted descubrimos aquel foco infecto de mujeres pecadoras… O qué decir del descubrimiento sobre algunos de sus hermanos escolapios que siguen a ese hereje de Galileo. Cómo unos hombres que se deben dedicar a estar con los mocosos van a per-der el tiempo y a mancharse con la compañía de ese loco que afirma que la tierra se mueve alrededor del sol, ¡qué atrevimiento, pretender corregir a Dios !…

Mario: (con falsa modestia y despidiéndose con exagerada reverencia)
Eso no es nada. La providencia quiere que me lleguen a mí estas noticias. Tan solo soy un pobre y sencillo servidor de su santidad y de la Iglesia. (Inclinando la cabeza al ver que el Cardenal se dispone a marchar) ¡Eminencia!

(Desaparece el cardenal de la escena y queda solo Mario hablando solo con una música de fondo.)

LA PESADILLA DE CALASANZ

Mario:
¡Ja, ja! Tengo al cardenal en el bote. Tan sólo hay que saber manejar con destreza las mentiras y disimular una fiel y sumisa lealtad. Se van a enterar todos esos florentinos que quieren hacerme la vida imposible. Le han impuesto al viejo General que me haga Provincial y me he encargado de reclutar lo mejor de la Orden. El pobre viejo solo hace que quejarse y decirme que le estoy desmantelando los colegios pero (risa sarcástica y cruel) obedece como un dócil corderito… ja, ja, ja! pobre hombre.

El personaje se mueve por el escenario en un tono dramático, entre el miedo y el suspense unido a la parodia. Durante la canción, Sozzi va merodeando por la habitación de Calasanz donde éste se mueve inquieto e incómodo soñando.

Mario Sozzi:
Provincial yo quiero ser y llegar muy alto,
y que al verme aparecer, todos se postren.
El poder me ciega, ¡Yo Provincial quiero ser!

Sí. Pronto, muy pronto ese cargo será mío. ¡Estoy seguro!

Siento que llamado estoy, para grandes cargos.
Harto a la escuela voy, ¡cuánto mocoso!
En el Vaticano, mi nombre empieza a sonar.

Escucha atentamente, santo de los niños
despierta de este sueño y ya verás
lo que te está esperando,
la muerte de tu obra,
los niños en la calle,
el fin de las escuelas.
Mi nombre va a ser grande,
toda Roma va a postrarse
y voy a conseguir arrebatarte
todo cuanto Dios te concedió.

¡Calasanz!, ¡Despierta de una vez!
¡Conseguiré cuanto quiera,
aunque para ello tenga que destruir
todo lo que se ponga en mi camino!
¡¡Sí!! ¡¡Todo será mío!!

Viejo y chocho está usted, debe retirarse.
Y su cargo es para mí,
nadie resiste a mi gran encanto,
mi genio y mi ambición.

Vete de esta pobre Orden
salva al menos tu pellejo
vete donde el sol no nazca,
vete al cielo
¡¡¡O al infierno!!!

Reza por todos tus niños
si es que aún te quedan fuerzas.
Pronto llegará mi hora
¡¡Y tu inclinarás la cabeza!!

¡Calasanz!, ¡Estás acabado!
¡Sí! ¡Ya oigo el clamor de la gente gritando mi nombre!
¡Mario!, ¡Mario SOZZI!

Siempre fui un hombre de bien
¡Nunca me arrastré!
Nadie más podrá lograr
que este mundo
sólo haya justicia…

¡GRACIAS TE DOY MI SEÑOR!

(Con la risa hiriente y molesta de Mario Sozzi se va oscureciendo la escena hasta que simula llamar a una puerta, entra y queda tan solo el resplandor de la luz que sale de la estancia abierta)

Este diálogo solamente se oye.

Mario:
¡P. Cherubini!

Cher.:
Qué hay, querido P. Mario

Mario:
Todo va de maravilla. Tengo al viejo contra las cuerdas. Pronto el Santo Oficio nos va a dejar la Orden en bandeja.

Cher.:
Está bien. Tengo pensado escribir otras Constituciones y eliminar así tanta pobreza y austeridad. Voy a hacer unas reglas a nuestra medida, ja, ja, ja.

Mario:
Ja, ja. P. Esteban Cherubini, es un genio.

Cher.:
Lo segundo será tirar de la Orden a esos escolapios de Nápoles que me humillaron e injuriaron diciendo por ahí que había abusado de los niños. (Irónicamente) Nada más lejos de mí.

Mario: (Solemnemente)
P. Esteban Cherubini: Provincial de Nápoles; P. Mario Sozzi, General de la Orden. ¡ Suena bien!.

(Comienzan a reírse y comentar cosas mientras se va perdiendo la voz y la luz).



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