S. José Calasanz, sJC - Maestro y Fundador - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Noviembre 12, 2008 20:02 - 2 Comments

sJ.C. - C. 01 - Peralta de la sal, su patria

ÍNDICE - SIGUIENTE

Peralta de la Sal es hoy un pueblo de la provincia de Huesca. Su nombre comple-to e histórico es Peralta de la Sal y de la Honor, con categoría de Villa. En 1970, por razones de administración pública, los tres municipios colindantes de Peral-ta, Calasanz y Gabasa decidieron voluntariamente fusionarse en uno solo con el nombre oficial de Peralta de Calasanz, con capitalidad en el primero de ellos. (1) No obstante, la nueva denominación no ha sustituido a la antigua y el pueblo na-tal de San José de Calasanz sigue llamándose como antes.

Su nombre propio —Peralta—, si hay que buscarle alguna etimología plausible, la más obvia es la latina ‘Petra alta’ (piedra alta), como aparece ya desde finales del siglo XI en bulas papales y sigue luego en otros documentos a través de los siglos, (2) aunque la primera vez que se la cita (en 1077) se la llama simplemen-te Peralta. (3) La aludida ‘Petra alta’ estaría relacionada con la iglesia que efec-tivamente está adosada a un peñasco cimero; más aún, el crucero actual —que debió de ser la nave única de antaño— está semiexcavado en la pared rocosa, que acertadamente han dejado al desnudo en las recientes restauraciones. Y por detrás de la iglesia sigue alzándose el roquedo, que como esperón de nave rema-ta el cerro.

Su primer apellido —de la Sal— le viene de las abundantes salinas en las que el agua se remansa al sol y hace de la sal uno de los productos característicos de la villa. El segundo —de la Honor— evoca el hecho de haber sido, desde las profun-didades del Medievo hasta el siglo pasado, cabeza de una baronía con todos sus derechos y peculiaridades. Hoy día, lejos ya de estructuras señoriales, ha recu-perado en cierto modo su antigua capitalidad al constituirse ese nuevo munici-pio, llamado Peralta de Calasanz. Y si es verdad que esta moderna denominación hace referencia al pueblo vecino, con el que se ha fusionado, es inegable que evoca espontáneamente al ‘Calasanz de Peralta’, su hijo más preclaro.

1.A los cuatro vientos

En un viejo censal, fechado en Peralta el 18 de agosto de 1566, se situaba al pueblo con estas palabras: «Dicho lugar de Peralta de la Sal y sus términos están sittos dentro del presente reyno de Aragón y conffrontan con términos de los lu-gares de Calasanz, Sanct Esteban de Littera, del Campell, Tamarite de Littera, Çorita y Gavasa». (4) La descripción no era completa, pues se olvidaron de Aza-nuy, que entonces y ahora se interpone entre Calasanz y San Esteban de Litera en la linde occidental, y también omitieron a Baells en la linde oriental, situado entre Alcampel y Zurita.

Los siglos transcurridos desde el citado censal han alterado notablemente esta descripción, mucho más si tenemos en cuenta la constitución reciente del muni-cipio de Peralta de Calasanz, cuya extensión total es de 114,9 km2., mientras el solo término de Peralta de la Sal tiene 45,39 km2. El mencionado censal, en efecto, dice que Peralta confronta al sur con Tamarite de Litera, pero hoy día entre ambos términos hay tres enclaves (Alcaná, Pelagriñón y Rocafort), arbitra-riamente anejos a Gabasa, Alcampel y San Esteban de Litera, que formaban par-te de la histórica baronía peralteña, junto con el poblado de Cuatrocorz, inclui-do todavía hoy en el término de Peralta. Por otra parte, Zurita ha quedado in-corporada a BaelIs. (5)

De norte a sudoeste cruza el término de Peralta el río Sosa, formado por sus dos afluentes de cabecera, el Zurita y el Calasanz, que recogen sus aguas de los ba-rrancales del este y del norte en tierras de Zurita, Gabasa y Calasanz, y se en-cuentran a pocos pasos de la salida de Peralta. Más al sur, otros dos barrancos, el Cananillo y el Lareñ, recorren el término de este a oeste, engrosando un poco más —cuando llueve— el escaso caudal del Sosa, que vierte sus aguas en el Cin-ca, después de pasar por Monzón.

Pocas son las tierras de Peralta que se benefician de las aguas del Sosa, ya sea por su escaso caudal, ya sea más bien por lo accidentado del terreno. Pero no faltan zonas de regadío en sus riberas y alguno que otro cañaveral, como el que acompaña al río Calasanz hasta su entrada en Peralta, que atraviesa de norte a sur partiendo en dos la población. En sus tierras de cultivo, casi en su totalidad de secano, predominan los olivares y viñedos y en menor grado el almendro y los cereales.

La mayor parte del término es montañosa e inculta, abundando el monte bajo. Aunque, propiamente hablando, no se trata de montaña, sino de colinas y alto-zanos que sitúan toda la superficie municipal a una altura media de 500 a 600 m. sobre el nivel del mar, quedando el pueblo a 523. Entre esas ondulaciones desta-ca el macizo del Tozal Gordo, con 784 m. de altura, y junto a él su gemelo, el collado de la Mora, con 769 m., en cuya plataforma se yergue aún, altivo y ma-jestuoso, un torreón de dorada piedra de sillería, verdadera atalaya que domina todo el término de Peralta y alrededores, reliquia insigne de lo que fue castillo de Momagastre desde el tiempo de los moros. En torno a él se extiende una in-mensa alfombra de pinos y encinas, mucho más abundantes en los siglos pasa-dos, como asegura Ignacio de Asso a fines del siglo XVIII al mencionar los «dilata-dos carrascales en los términos de Peralta, Zurita, Gavasa», etc. (6)

A unos mil metros al este de la villa, en la confluencia de los barrancos del Ma-nantial, la Collenera y la Poza Grande, se concentran las aguas de sus tres fuen-tes saladas en unas 300 balsas o salinas, que convierten toda aquella rinconada en un enorme tablero cuadriculado en que se combinan el blanco de la sal con las tonalidades de azul y verde de las aguas estancadas en evaporación. La pro-ducción anual a principios de siglo era de unos 500.000 kg. de sal y hoy día gira en torno a los tres millones, según declaración del actual dueño. Hasta no hace mucho, la explotación era comunitaria entre todos los propietarios de la villa.

En tiempos pasados, su peso económico debió de ser muy considerable. Cuando Felipe V, por Real Decreto de 1708, incorporó a la Corona todas las salinas del Reino de Aragón, el párroco de Peralta, don Antonio Zaydín, «en nombre de su Capítulo Eclesiástico, Ayuntamiento y Vezinos», escribió un memorial al Rey su-plicándole que devolviera a sus antiguos propietarios sus derechos sobre las sali-nas, poniendo de relieve, no sin cierta exageración, la importancia que tenían para la economía local: «La Villa —decía— y sus individuos padecen en sumo gra-do con el menoscabo del producto de las Salinas, por ayer dependido siempre de él para la manutención de sus casas y familias y quedan totalmente perdidos… Que aviendo franqueado la Divina Providencia a la escasez y miseria del terreno de la dicha Villa el arbitrio de la Salina para subvenirse en sus necesidades con sus réditos, desposseyéndose de ellos queda constituida en lance tan lastimoso, que a mucha parte de sus moradores les es preciso desertar con el dolor de no tener medio para no perecer, pues no dando de sí sus cortas tierras los frutos ne-cesarios para alimentarse… no hallan senda para el alivio, en tanto que ya mu-chas familias le buscan mendigando por puertas.» Y no eran menores los efectos desastrosos para el mantenimiento del culto y el clero, pues «gran parte de las rentas del Curato han consistido siempre en los derechos de Primicia de la Sal y distribuciones del producto de dichas Salinas con que está dotado», quedando por su incorporación al Real Patrimonio «en mísero y deplorable estado e imposi-bilitándose para los muchos y piadosos cargos que tiene annexos en la misma Iglesia, en tanto que se halla esta en el lastimoso lance de faltarle la devida asistencia y sus muchos feligreses pobres, defraudados de la limosna». Y con-cluía, en síntesis, que este expolio de sus derechos dejaba «el Curato sin primi-cias; los Beneficios sin rentas; los Padres (escolapios) sin alivio; la Iglesia sin as-sistencia; el Culto Divino disminuido; las Almas sin sufragios; los Legados sin cumplimiento; la Villa extenuada y sus Vezinos sumamente desvalidos». (7)

Tal vez haya exageración en ponderar los desastres ocasionados por la nacionali-zación de las Salinas, pero ciertamente nos da la impresión de lo que significa-ban para la subsistencia del pueblo. Y aunque este memorial es de 1708 o algo posterior, no parece abusivo suponer que en tiempos de José de Calasanz tuvie-ran idéntica importancia económica dichas salinas. Realmente, el apelativo «de la Sal» era para Peralta algo más que un distintivo nominal.

2. La Villa de Peralta

En 1677 el P. Luis Cavada, Provincial de las Escuelas Pías de Cerdeña, fue a Bar-bastro con un compañero para fundar el primer colegio escolapio de España. Y no sin emoción recordaba años más tarde, al escribir en castellano la ‘Corónica de esta nuestra Provincia de Sardeña’: «Instado el P. Provincial de los deudos de nuestro Ven. Fundador, passó con su compañero a la Villa de Peralta y fueron los primeros que lograron la dicha de entrar y besar el suelo de las casas donde na-ció el Ven. Padre, cuya imagen hallaron colgada junto al Altar mayor de la Iglesia Parroquial…», (8)

Esta primera visita de escolapios a Peralta de la Sal fue una ocasión propicia pa-ra recoger datos de la familia y del pueblo del Fundador y mandarlos a Roma. Y en este interesante informe, escrito en italiano, decía el P. Cavada entre otras cosas:

«La Villa de Peralta de la Sal … dista de los confines de Cataluña dos leguas; de la ciudad de Barbastro, cuatro; de la Villa de Benabarre … dos leguas; de la ciudad de Lérida, siete y de la ciudad de Urgel, dieciocho … No es muy grande la Villa, pero es buena y al presente se compone de 116 fuegos o ca-sas, gente afable y pacífica; y si bien está situada dentro de Aragón, es de la diócesis de Urgel, ciudad de Cataluña, en los Pirineos … y comúnmente en Peralta se habla más en catalán que en español …; no muy lejos de la Igle-sia en la parte más llana de la Villa, están situadas las casas que fueron de sus afortunados padres, donde nació …». (9)

La expresa referencia de las distancias que separan a Peralta de las villas o ciu-dades de Barbastro, Benabarre, Lérida y Urgel, tiene su explicación, pues era sabido que el P. Fundador había estado en ellas. Hay que notar, sin embargo, que el número de fuegos o vecinos que nos da el P. Cavada es exagerado, pues por otras estadísticas consta que Peralta tenía 59 fuegos en 1495, 62 en 1542, 87 en 1650 y 90 en 1713, (10) Si aplicamos el índice demográfico comúnmente acepta-do de 4,5 habitantes por fuego, tenemos la siguiente estadística: en 1495 tenía Peralta 265 habitantes, 279 en 1542, 391 en 1650, 405 en 1713. y José de Cala-sanz nació en 1557.

De las dos partes en que el río Calasanz divide el pueblo, la más pequeña es la de la izquierda del cauce, unida a la mayor por un puente de dos arcos bajos, cuyos sillares desgastados revelan sus muchos siglos de existencia. En la ribera derecha, precisamente junto al puente, estaban situadas «las casas», de que hablaba el P. Cavada en 1677, apenas veintinueve años después de la muerte de José de Calasanz (+ 1648), y, por tanto, con suficiente garantía para que sus pa-rientes y los ancianos de la villa supieran a ciencia cierta dónde había nacido su ya famoso compatriota. En 1693 empezaron los largos trámites para fundar una casa escolapia, que fue un hecho en 1697, aunque sólo en 1715, adquiridas las venerables casas, solar natalicio del Santo, pasaron a habitarlas los escolapios, empezando una transformación que duraría siglos hasta el momento presente. (11)

El pueblo, en la margen derecha del río Calasanz, queda agazapado en una hon-donada, como partido en dos mitades que se miran de frente, con sus calles y sus casas recostadas en las dos laderas, que bajan a encontrarse en lo que, en días de lluvia, se convierte en torrentera, cuyas aguas fangosas van a parar al río Calasanz, que bordea la villa. La impresión es que las cosas han cambiado poco desde mediados del siglo XVI y que hoy día sigue el mismo trazado de calles, arriba y abajo por las laderas, en las que alternan las viejas paredes de adobe o de piedra; las portadas en arco de dovelas o ladrillo, sobre las que todavía se ve alguno que otro escudo heráldico de infanzonía; las ventanas y ventanucos de los pisos altos; el juego de luces y sombras proyectadas por la diversidad de alturas, de entrantes y salientes de los edificios; fachadas desnudas y desconchadas jun-to a otras pulidas y recién enjalbegadas…

La iglesia parroquial de Santa María sí que ha cambiado, pues a la primitiva ro-mánica, de la que apenas quedan huellas, sucedió la actual, más espaciosa, ocu-pando gran parte del solar antiguo. La transformación se llevó a cabo probable-mente en la primera mitad del siglo XVII, mientras José de Calasanz estaba en Roma. Queda, sin embargo, como preciosa herencia del templo anterior, la ma-ciza y sencilla pila bautismal en la que fue bautizado el Santo y siguen bautizán-dose los niños de su pueblo.

Peralta no se ve hasta que se llega al borde de la hondonada que la acoge. Por lo que hace pensar si su nombre —salva su evidente etimología latina— tenga muy poco que ver con alturas y rocas encastilladas. Su nombre no nace por referencia al lugar que ocupa —aunque no falte la «piedra alta» ya mencionada—, sino que es probablemente nombre común, pues hay Peraltas en Navarra, Gerona, Tarra-gona, Albacete y otras dos en la misma provincia de Huesca. Incluso en la vieja toponimia urgelesa existen Peralta, Peramitja y Perabaixa (Peralta, Peramedia y Perabaja). Y no se puede excluir la hipótesis de que los repobladores urgelitanos le dieran el nombre de su lugar de origen, como ha sido norma en todas las con-quistas.

3. Mirando hacia atrás

Desde cualquier paraje del término de Peralta se divisa la silueta señera de la torre de Momagastre —quizá del latín ‘Magnum Castrum’—, recortada en el hori-zonte. Es una de las imágenes que quedó impresa en las pupilas de José de Cala-sanz desde niño. Un buen día debió de preguntar a alguien, su padre tal vez, qué era aquello. Y lo más probable es que le respondieran que había sido un castillo moro, porque en España, casi de norte a sur y de este a oeste, todos los castillos en ruinas se dice haber sido moros, mientras no se pruebe lo contrario. En este caso era cierto. Pero seguramente no sabrían decirle mucho más: hubo un tiem-po en que estas tierras habían sido conquistadas por los moros y luego, pasados algunos siglos, fueron reconquistadas por los cristianos. La historia de siempre.

No tendría sentido alguno remontarse tan atrás, hasta los siglos XI y XII para na-rrar la historia de un hombre que murió a mediados del XVII, si no fuera necesa-rio para explicar una situación problemática, incluso polémica y conflictiva hasta nuestros días. El P. Cavada hacía notar en su citado informe que Peralta «dista dos leguas de los confines de Cataluña» y, no obstante, en ella «se habla más en catalán que en español»; «está situada dentro del reyno de Aragón», pero «es de la diócesis de Urgel, ciudad de Cataluña». Y hasta hace pocos años se podía aña-dir que Peralta y algunos pueblos de su alrededor pertenecían todavía al obispa-do de Urgel, mientras en torno a ellos todos pertenecían al de Lérida. ¿Por qué tantas anomalías?

Es asunto de la historia civil y eclesiástica particularizada seguir paso a paso el complicado proceso de reconquista de este territorio incluido entre los ríos Cin-ca y Noguera Ribagorzana, así como la variable anexión de sus parroquias a las distintas diócesis, abadías y colegiatas. Pero no podemos menos de evocar en breves líneas el panorama histórico que nos aclare la situación especial de la vi-lla de Peralta, que condiciona indudablemente la biografía de José de Calasanz, sobre todo en los treinta y cuatro primeros años de su larga vida, transcurridos en España.

En la crónica del moro Rasis se cuenta que por el año 922 Muhamad ibn Lubb hizo reforzar, entre otros, los castillos de ‘Mamagasra’ y ‘Calazany’ (Momagastre y Calasanz). (I2) Eran las dos fortalezas que defendían todo el territorio que constituye hoy el municipio de Peralta de Calasanz.

A mediados del siglo siguiente, el que fue primer rey de Aragón, Ramiro I(1035-1063), al morir inesperadamente su hermano Gonzalo, anexionó sus estados de Sobrarbe y Ribagorza a su reino, y con sus nuevas conquistas llevó sus fronteras meridionales hasta los castillos de Laguarres, Lascuarre, Luzás y Viacamp, re-conquistando luego Benabarre. Intentó apoderarse de Graus, pero murió en el cerco (1063). En defensa de los sitiados habían acudido el rey moro de Zaragoza y el infante castellano, luego Sancho II, en cuya hueste iba el Cid, mozo enton-ces de veinte años.

El hijo y sucesor de Ramiro I, Sancho Ramírez (1063-1094), continuó la recon-quista, tomando definitivamente Graus (1083), y luego Monzón (1089). Para la conquista de Barbastro acudieron incluso huestes internacionales, alentadas por el papa Alejandro II en una especie de cruzada prematura. La ciudad fue ganada (1064), pero al año siguiente volvió a manos del rey moro de Zaragoza, y no fue definitivamente reconquistada hasta 1101. Por estas fechas, pues, el Reino de Aragón llegaba por el este hasta el Noguera Ribagorzana, y por el sur tenía su frontera en una línea marcada por Viacamp, Benabarre, Estada, Estadilla y Mon-zón. De hecho, en 1085, Sancho Ramírez confirmaba a Raimundo Dalmacio, obis-po de Roda desde 1087, todas las donaciones hechas a su predecesor Salomón, añadiéndole las décimas de Estada, Estadilla y de todo el territorio entre el Cin-ca y el Noguera Ribagorzana y desde Benasque hasta Monzón. (13)

Mientras esto ocurría en el Reino de Aragón, los condes de Urgel y Barcelona pa-saban el río Noguera Ribagorzana y extendían sus conquistas en la Baja Ribagorza y la comarca de La Litera hasta la línea fronteriza de Benabarre, Graus, Estada, Estadilla, Barbastro y Monzón, a la que iba llegando a su vez el rey de Aragón. En estas empresas guerreras de los aliados condes catalanes, descuella particular-mente el caballero urgelitano Arnaldo Mir de Tost, quien en 1048 promete ya dar a la abadía de San Pedro de su villa y señorío de Ager las décimas de todas las tierras y castillos que vaya ganando a los moros desde el Noguera Ribagorzana hasta el Cinca. (14) En años sucesivos, los condes aliados rescatan castillos y lu-gares, como Miravet, Estopiñán, Camporrells, Casserres, Falç, Purroy, Pilzán, Ca-ñelles… En 1077 la donación al monasterio de Alaón de la iglesia del Vilet o Siu-rana, entre Gavasa y Peralta, nos asegura que dos años antes se había consagra-do la iglesia de San Miguel de Gavasa. (15) Y esto sugiere que la vecina Peralta de la Sal estaba ya conquistada también por esos mismos años, junto con el es-tratégico castillo moro de Momagastre.

Desde estas posiciones del sur que le aseguraban las espaldas partió la ofensiva del conde de Urgel Ermengol IV en 1083 para rendir la encastillada fortaleza mo-ra de Calasanz. En ese año hace donación a Santa María de Solsona de ciertos bienes, décimas y primicias del castro de Gavasa, «que nos dio Dios omnipoten-te», para que —entre otras cosas— «nos dé, él que es la salud de los cristianos y redimidos, esta villa llamada Calasanz, que tenemos sitiada». (16) Este difícil y largo asedio se vio reforzado por tropas de Pallars y del rey Pedro I de Aragón, que aliándose con Ermengol IV planearon la conquista simultánea de Calasanz al norte y de San Esteban y Tamarite de Litera al sur, en 1089. La fortaleza de Cala-sanz cayó en 1090 y tiempo le faltó al conde urgelitano para hacer donación de la nueva parroquia, allí establecida bajo la advocación de San Cipriano, a su predilecta abadía de Santa María de Solsona. (17) A esa misma canónica del con-dado de Urgel siguió haciendo donación el año siguiente de 1091 de las iglesias de San Miguel de Momagastre y de San Bartolomé de la villa de Albelda de Lite-ra, arrebatadas a la morisma, como dice el conde en el pergamino de donación. (18)

4. Los primeros señores de Peralta

Uno de los signatarios de las mencionadas donaciones de Ermengol IV fue el ca-ballero urgelitano Rolando Ramón, (19) que participó en el asedio y rendición de Calasanz, recibiendo en recompensa del conde de Urgel el señorío de Peralta y tierras vecinas. En su testamento de 1096 deja un legado para edificar la iglesia de Peralta y una manda perpetua de sus bienes señoriales —de «su dominicatu-ra», dice— para alimentar una lámpara durante la cuaresma. (20) El hecho de que se preocupe igualmente de las lámparas de las iglesias de Calasanz, Gavasa y Purroy, hace pensar que su señorío o dominicatura abarcaba también esos luga-res recién ganados. Y la sospecha se confirma, pues en 1153 su hijo Rolando de Puigroig (Purroy) reitera la donación de la iglesia del Vilet o Siurana, sita entre Gavasa y Peralta, al monasterio de Alaón, precisando que la recibió en testamen-to de su padre, a quien se la había donado el conde de Urge. (21)

A finales de 1096 o principios de 1097 los sarracenos recobraron la villa y castillo de Calasanz. Y esta vez acudió sólo el rey de Aragón, Pedro I, y sus hombres, empezando el asedio en 1098 y consiguiendo rendir la fortaleza definitivamente en 1102, poco después de haber reconquistado también la ciudad de Barbastro (1101). Villa y castillo de Calasanz quedaron bajo la soberanía de los reyes de Aragón hasta mediados del siglo XII. Pero al quedar constituido como príncipe consorte el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, por su matrimonio con Pe-tronila de Aragón, hubo algún arreglo por el que la villa y castillo de Calasanz quedaban anexionados al condado soberano de Urgel. En efecto, Ermengol VII en su testamento de 1167, al dejar heredero de todas sus posesiones a su hijo Er-mengol VIII, menciona expresamente entre ellas a los castros de Albesa, Albelda, Ager, Casserres, Pilzá, Puigrog, Gavasa, Calasanz, Momagastre. (22) No nombra a Peralta, pero queda incluida en los términos de Momagastre, dado que Peralta no era ni tenía probablemente castillo alguno, y en aquellos siglos son los casti-llos y no los pueblos los que llevan anejos los términos y derechos feudales. Y bajo el dominio de Ermengol VIII siguen todavía los castillos de Calasanz y de Momagastre en 1206, en que los da en tenencia a Pedro Ferrández de Castro, fu-turo suegro de su hija y heredera del condado de Urgel, Aurembiaix. (23)

Cuenta Zurita en sus Anales que en el año 1203, al tratar Ermengol VIII de Urgel los desposorios de su única hija, Aurembiaix, con Álvaro, hijo de don Pedro Fe-rrández de Castro, se estipuló que si el conde tuviera algún hijo varón que here-dara el condado, Aurembiaix «sucediese en el honor que tenía en Ribagorza, que eran estos nueve castillos, Albelda, Momagastre, Pelegrino, que ahora dicen Pe-lagriño, Rocafort, Calasanz, Gavasa, Purroy, Pilzan, Caserras». (24) El conde mu-rió (1208) sin hijos varones y, por tanto, su hija de menor edad quedó sucesora de todo el condado. Empezó entonces una larguísima contienda con los vizcon-des de Cabrera, que pretendían ocupar legítimamente el condado, enfrentándo-se con los reyes de Aragón, protectores de la condesa Aurembiaix.

Lo importante para nuestra historia es que desde la reconquista de las tierras de la Baja Ribagorza y la Litera hay un núcleo que se mantiene integrado al conda-do de Urgel indefectiblemente hasta la incorporación de dicho condado a la Co-rona, y que luego seguirá subsistiendo como baronía hasta la supresión de seño-ríos, decretada por las Cortes de Cádiz (1812).

No es fácil precisar a través de los siglos los castillos, villas y pueblos que forman la que acabará llamándose «Baronía de Peralta». Entre los nueve recién nombra-dos como «honor» en Ribagorza se desgajarán algunos, como Albelda y Calasanz, y se añadirán otros, como Zurita y Cuatrocorz, a las listas en las que no siempre se lee el nombre de Peralta, que queda como agazapada al amparo del castillo de Momagastre.

Probablemente el acto de creación de dicha baronía den¬tro del condado de Urgel lo constituya la donación que Aurembiaix firmó en Toledo el 1 de mayo de 1226 a favor de Ramón de Peralta, agradeciendo los servicios que le había prestado a ella misma y a su madre, la condesa Elvira, y los que el padre de Ramón, Gui-llermo de Peralta, había prestado al conde Ermengol VIII, padre de Aurembiaix. La donación perpetua, para él y sus descendientes, se centra en el castillo de Momagastre, «que está junto a Peralta», con todas sus pertenencias y «señorío», en franco y libre alodio. Y además le concede en feudo ciertos derechos de seño-río sobre los castros de Gavasa, Purroy, Rocafort y Pelagriñón, aceptando el homenaje de fidelidad que le ha prestado, considerándolo como vasallo. Quiere que toda esta donación sea válida «per secula seculorum». (25)

Antes de 1231, en que murió la condesa Aurembiaix, Jaime I había incorporado a la Corona el condado de Urgel y exigía a Ramón de Peralta la entrega de los cas-tillos ribagorzanos. Hubo pleito y la sentencia definitiva de 1234 obligó al rey a respetar los derechos de Ramón de Peralta sobre Momagastre y sobre los demás castillos ya nombrados, apoyándose en la donación de Aurembiaix, (26) Con ello quedaba sólidamente establecido el señorío de los Peralta sobre la llamada luego «Baronía de Peralta».

5. Peralta de la Sal en la diócesis de Urgel

Indudablemente, la reconquista se lleva a cabo con cierta inspiración religiosa de liberación de tierras y gentes, antes cristianas, del dominio de los sarracenos. Se implora la protección divina, y en prueba de agradecimiento por el favor re-cibido o garantía de futuros auxilios, no sólo se reconstruyen o edifican templos y se alargan los límites diocesanos, sino que se hacen donaciones de tierras, diezmos, derechos, iglesias nuevas a ciertos santuarios, monasterios, canónicas, abadías por las que los conquistadores sienten particular devoción o interés.

Arnaldo Mir de Tost beneficia con donaciones de iglesias cercanas a Peralta su predilecto monasterio o canónica de San Pedro de Ager, mientras su señor, el conde de Urgel Ermengol IV, prefiere hacer las suyas a Santa María de Solsona, como consta en las referentes a Gavasa, Calasanz, Momagastre y Albelda de Lite-ra. Y junto con éstas debió de hacer lo mismo con la iglesia de Peralta, pues con fecha de 1097 el papa Urbano II confirma las posesiones de la canónica agusti-niana de Solsona, entre las que nombra a las «ecclesiam de Mamagastra, eccle-siam de Petra alta»; (27) Eugenio III ratifica en 1150 la aprobación de su prede-cesor y enumera entre otras muchas las siguientes: «ecclesiam de Albella, eccle-siam de Calasanz, ecclesias de Momagastre, de Petra alta, de Balager, de Albe-sa.». (28) Y lo mismo se repite en otros documentos de 1180 y 1188: «ecclesiam de Calasant, ecclesias de Albella, de Momagastre, de Petra alta, de Albesa..». (29) La adscripción de estas iglesias a la canónica agustiniana de Solsona se hace, naturalmente, con la aprobación del obispo de Urgel, en cuya diócesis es-tán situadas todas ellas, salvos siempre los derechos episcopales inviolables. (30)

Otras donaciones o adscripciones se hacen directamente a la Iglesia de la Seo, de modo que mientras Peralta, Momagastre, Calasanz, etc., quedan adscritas a Santa María de Solsona, las de Caladrons, Pilzán, Fet, Finestres, etc., se adjudi-can a San Pedro de Ager, y las de Gavasa, Rocafort, Purroy, etc., se vinculan di-rectamente a la Seo. (31)

Al finalizar el siglo XIII la canónica de Solsona ejercía su patronato sobre 75 igle-sias pertenecientes no sólo al obispado de Urgel, sino también al de Vich, Barce-lona, Lérida y Zaragoza. Pero mucho antes de que fuera convertida en colegiata (1592) y transformada en diócesis (1593), la parroquia de Peralta de la Sal fue vinculada directamente a la Seo de Urge!. Durante la infancia de José de Cala-sanz contaba con 13 beneficiados, que desde tiempo inmemorial —se dice— eran nombrados por el obispo de la diócesis. (32)

La parroquia de Peralta queda, pues, enclavada ininterrumpidamente en la dió-cesis de Urgel desde el principio, es decir, desde mediados del siglo XI, ya sea como dependiente de la canónica agustiniana de Solsona, ya sea como vinculada directamente a la Seo.

José de Calasanz, desde el día desconocido de su bautismo, perteneció, pues, a la diócesis de Urgel. En muchos documentos oficiales que le atañen figura como nota individuante y personal la aclaración de que es «de la diócesis de Urgel», tanto él como su parroquia, dando la impresión de ser algo más que una referen-cia protocolaria. Veamos unos pocos: en las cartillas de sus ordenaciones de mi-norista y diácono figura que el ordenado José Calasanz es «Urgellensis dioece-sis»; (33) en Roma no olvida tampoco su pertenencia a la diócesis urgelitana en los documentos para pedir beneficios eclesiásticos, (34) igualmente hace constar la diócesis al inscribirse en ciertas Cofradías romanas; (35) en 1623, ya Fundador y Ministro General de las Escuelas Pías, al resumir en una especie de informe la historia de su institución, alude a sí mismo llamándose «José de la Madre de Dios del lugar de Peralta de la Sal diócesis de Urgel, en el Reino de Aragón», (36) etc.

La profunda estima que sintió siempre por su diócesis la manifestó en los años de servicio que le dedicó antes de salir de España y en los primeros de su estancia en Roma, hasta que se entrega de lleno a sus Escuelas Pías. Pero aun después, no faltan detalles de la persistencia de esa estima, por ejemplo: el primer intento de fundación escolapia en España es para su diócesis de Urgel, aunque fracasó por los conflictos de la «guerra dels segadors»; manifiesta su nostalgia al decir: «si no tuviera ochenta años como tengo, iría con mucho gusto a esa fundación»; (37) a estas alturas de su larga vida, sigue todavía deseoso de servir a su diócesis en todo lo que pueda. (38)

Peralta de la Sal permaneció incardinada a la diócesis de Urgel hasta el 1 de enero de 1956 en que, a la luz de las exigencias del art. 9 del concordato de 1953 sobre la reordenación de límites de las diócesis, pasó a la de Lérida. (39)

6. Peralta y Cataluña: raíces profundas

Aunque ya estamos dentro, parece obligado advertir que en este tema tan vi-drioso y polémico hay que entrar de puntillas y hablar casi en voz baja. Provoca reacciones en su aspecto histórico civil y en el eclesiástico, al considerarlo en términos de geografía histórica general y también en su expresa y personalísima referencia al Fundador de las Escuelas Pías. Y es un tema que no podemos silen-ciar.

Las primeras discusiones serias empezaron en tiempos de Jaime el Conquistador, precisamente en un reinado en que estaban en juego los destinos del Condado de Urgel y se llevó a tribunales la supervivencia de la recién constituida «honor» o baronía de Peralta de la Sal. Los datos escuetos son los siguientes: en 1243, al dividir sus Estados, Jaime I convoca Cortes en Daroca para los aragoneses, en las que juran a su hijo Alfonso como sucesor suyo en Aragón, cuya frontera determi-na que sea, por oriente, el río Segre. Los catalanes protestan, y en las Cortes de Barcelona del año siguiente (1244), en que se jura al infante Pedro como herede-ro en Cataluña, consiguen que el monarca cambie su decisión y ponga la frontera de Cataluña en e! Cinca. Los aragoneses no se resignan, pero tienen que esperar pacientemente hasta las Cortes de Zaragoza del año 1300, en que Jaime II fija la nueva frontera divisoria en el río Noguera Ribagorzana, término medio entre el Cinca y el Segre, quedando definitivamente incorporadas al Reino de Aragón las comarcas de Sobrarbe, Ribagorza y la Litera, y con ellas Peralta de la Sal.

Por los años 1610-1611, Juan Bta. Labaña, describiendo el Reino de Aragón, pre-cisaba: «El río Noguera Ribagorzana es raya de Aragón y Cataluña…». (40) Y lo mismo repetía casi dos siglos después el geógrafo Ignacio de Asso: «Algo más co-pioso es Noguera Ribagorzana, que forma los límites entre Aragón y Cataluña». (41).

Si es cierto, pues, que cuando nació José de Calasanz, en 1557 su pueblo llevaba ya 257 años perteneciendo al Reino de Aragón, no se puede olvidar que desde su reconquista, en torno a 1075, hasta 1300, pasaron otros 225 años, en que Peralta formó ininterrumpidamente parte del condado catalán de Urgel y estuvo, ade-más, durante el último medio siglo dentro de los límites oficialmente declarados de Cataluña (1244-1300). Y esos primeros dos largos siglos influyen poderosa-mente en la contextura social y cultural de Peralta.

Aunque la reconquista no suponía un barrido total de las gentes conquistadas, indudablemente había una incorporación notable de repobladores, cuando no se fundaban nuevos pueblos. Y esos repobladores —victoriosos— imponían sus cos-tumbres, sus leyes, su religión, su lengua. Y de todo ello, solamente la religión era común entre Aragón y Cataluña. De modo que Peralta de la Sal, durante esos dos largos siglos de pertenencia a Cataluña, vivió en un ambiente en que las cos-tumbres, leyes, instituciones y lengua eran sencillamente catalanas. A lo que hay que añadir los casi cinco siglos que la parroquia —con toda la profunda influencia que supone en la vida colectiva de un pueblo— llevaba integrada a la diócesis catalana de Urgel, ya directamente a La Seo, ya dependiente de la canónica agustiniana de Solsona, cuando vino al mundo José de Calasanz.

Ciertamente, los 257 años de pertenencia al Reino de Aragón debieron influir pa-ra cambiar muchos aspectos de la vida peraltense, y sobre todo para crear una conciencia individual y colectiva de «ser aragonés». Pero quedaron otras cosas, atávicamente enraizadas todavía y que se manifiestan en los años históricos de la vida de José de Calasanz. Bastaría recordar la institución catalana del «hereu» con las características «capitulaciones matrimoniales»; la posible opción en al-gunos casos de acogerse a los fueros de Aragón o a los Usatges Y costumbres de Cataluña. (42) Y sobre todo la lengua.

Prácticamente son nueve largos siglos que se habla la misma lengua en Peralta, desde aquel lejano último tercio del siglo XI hasta el día de hoy, y casi medio mi-lenio hasta los días del nacimiento de José de Calasanz.

A los filólogos no les causa sorpresa alguna el constatar hoy la resistencia del ca-talán en la franja más o menos ancha entre el Cinca y el Noguera Ribagorzana. Hay ciertas comarcas entre los ríos Cinca e Isábena en las que se distinguen zo-nas de transición del aragonés al catalán y del catalán al aragonés, mientras en otras se habla simplemente el catalán, que por sus matices especiales se le lla-ma ribagorzano o literano (de la Litera), muy similar al catalán occidental, de Lérida, que tiene también sus propias modalidades si se lo compara con el de Barcelona o de otra comarca catalana. El que se habla en Peralta hasta el día de hoy es, pues, el catalán ribagorzano o literano. El calificativo de «chapurriau», con que se le califica, tiene cierto matiz despectivo, probablemente debido a quienes, por ser de habla unívoca castellana, difícilmente pueden distinguir ma-tices en otra lengua extraña, que suponen, en este caso, mal hablada.

Si esto vale para el día de hoy, es innegable que será más válido si lo referimos a hace cuatro siglos. Y los escritos conservados de aquella época, procedentes de Peralta y su comarca, nos cercioran de esa realidad. Por lo que atañe concreta-mente a José de Calasanz, hay que recordar sus años de universidad en Lérida y los cinco (1587-1592) que transcurre en su diócesis de Urgel, en ambiente, por tanto, netamente catalán. Como muestra de su pulcro y elegante catalán han quedado, entre otras, doce cartas que escribió como secretario del cabildo de Urgel. (44). De su abundante correspondencia romana queda solo una carta en catalán, de l620. (45) Pero consta que en 1638, a sus ochenta años, todavía es-cribió otra carta en catalán al obispo de Urgel. (46) A pesar de su edad y de los muchos años que había vivido en Roma, difícilmente podía olvidarse de lo que era su lengua materna, la lengua de su pueblo.

Los años que vivió en Cataluña y el contacto con los catalanes contribuyeron na-turalmente a que José de Calasanz se formara de ellos un concepto personal, que se trasluce en tres cartas dirigidas al P. Melchor Alacchi, a quien había man-dado a España a fundar la primera casa escolapia en Guisona, en la diócesis de Urgel: «La Nación Catalana —dice— no tiene igual en el mundo para quien se porta bien con ellos, y al contrario para quien se porta mal». (47) Y con nuevos matices: «la nación catalana es singular en benevolencia con quien se porta bien, porque son personas realistas (reali) y de gran juicio y prudencia» (48). Preciosos elogios, sin duda, pero —como hace notar acertadamente el P. Leode-gario Picanyol, comentando en italiano la primera carta citada— «del modo con que se expresa el Santo en este lugar, yo diría que no se consideraba como per-teneciente a la “Nación Catalana”, lo cual concuerda, además, con otra frase de carta escrita anteriormente al mismo P. Alacchi, en que Calasanz se declara “de Nación aragonés”» (49). Habla, en efecto, de Cataluña como de una nación dis-tinta de la propia, en la que él no se incluye. Y es que Peralta de la Sal estaba —como decía el P. Cavada en un párrafo ya citado— «a dos leguas de los confines de Cataluña». No eran muchas, pero las suficientes para poder sentirse plena-mente «en el Reino de Aragón».

7. En el Reino de Aragón

La frontera trazada en 1300 era un hecho incontrovertible. Los de Peralta de la Sal, de tiempos de José de Calasanz, lo sabían y así lo hacían constar en sus do-cumentos. En un censal fechado en Peralta el 18 de agosto de 1566 se especifica que «dicho lugar de Peralta de la Sal y sus términos están sittios dentro del pre-sente Reyno de Aragón» (50). En las Capitulaciones matrimoniales de Pedro Cala-sanz Gastón, hermano mayor del Santo, estipuladas en Peralta el 20 de febrero de 1576, se dice que «no se haze el presente matrimonio, ni los presentes Capí-tulos según fueros ni observaciones del presente Reyno de Aragón»; y luego, al referirse a los bienes que aporta el marido, se advierte que no se nombran, pero se consideran especificados «devidamente y según fuero del presente Reyno de Aragón»; y de nuevo, repite que tales bienes los tiene «por nombrados, confron-tados y especificados devidamente y según fuero del presente Reyno de Aragón, queriendo que la presente obligación sea especial y surta todos aquellos efectos que son de especial obligación según fuero y observancias del dicho Reyno» (51). En 1579, otro documento notarial empieza así: «En el lugar de Peralta de la Sal y ante la presencia del mag.co Juan Porquet bayle y juez ordinario del dicho lugar de Peralta de la Sal en el Reyno de Aragón…» (52). Con fecha de 29 de mayo de 1607 hace su testamento en Tamarite de Litera «Cosme Sala pagés veí y natural del loch de Peralta de la Sal regne de aragó». Y comenta con cierta sorna don José Merigó, que lo trascribe: «es un testamento en buen catalán que prueba que Peralta era Aragón» (53). En un mismo día, el 26 de julio de 1617, dos espo-sos hacen testamento en Peralta de la Sal, él llamado «Antonio Adeva, labrador vezino de la Villa de Peralta de la Sal», y ella «Margalida Pilçano muyger que soy de Antonio Adeva vezinos de la villa de Peralta de la Sal», y ambos no enumeran sus bienes, pero los tienen como especificados «según fuero del presente Reyno de Aragón» (54). Al morir en Roma el Fundador de las Escuelas Pías, se pidieron informes a su pueblo natal sobre su familia, y se redactó un solemne atestado notarial, fechado el 26 de mayo de 1651, en que se dice: «Habrá más de cien años que en el dicho lugar de Peralta de la Sal del obispado de Urgel en el Reino de Aragón…» (55).

Todos estos testimonios son de gente de Peralta, contemporáneos de José de Ca-lasanz, que manifiestan espontáneamente su convicción de ser del Reino de Ara-gón. Y con no menor claridad se expresa el Santo en sus escritos personales. Con fecha del 8 de noviembre de 1587 extendía Calasanz en Balaguer un documento para el párroco de su pueblo, recordando que el día 3 había estado allí de Visi-tador el canónigo Rafael Gomis, a quien acompañaba el joven presbítero Cala-sanz como secretario, y escribía en latín: «en la villa de Peralta de la Sal del Re-ino de Aragón diócesis de Urgel» (56). En un largo informe de 1623 sobre los orí-genes de las Escuelas Pías, se nombra a sí mismo de este modo: «José de la Ma-dre de Dios del lugar de Peralta de la Sal diócesis de Urgel en el Reino de Ara-gón» (57). Pero, sin duda, la afirmación más rotunda del Santo es la de la carta fechada el 7 de agosto de 1632 y dirigida al P. Alacchi en que dice: «…por ser yo de nación aragonés, pero de sentimiento y costumbres romano, porque hace ya más de 40 que estoy en Roma, olvidado completamente de la Patria» (58)

Probablemente no había tal olvido, dado el matiz «diplomático» de la expresión. Las dificultades en Venecia provenían de su nacionalidad «española» y no preci-samente «aragonesa» (59). Pero él evoca espontáneamente su cualidad de ara-gonés y no de español. Y no debía de tenerlo muy oculto, pues los que convivie-ron con él, sobre todo en los últimos años de su vida, todos sabían que Peralta de la Sal estaba en el Reino de Aragón, y lo lógico es suponer que la fuente de información no podía ser otra más que él mismo. Veamos algunos ejemplos, re-copilados por el P. Antonio Vidal, de los testigos que depusieron en el Proceso de Beatificación. El P. José Fedele: «Yo sé que… nació en España, en un lugar lla-mado Peralta, del Reino de Aragón, diócesis de Urgel»; el P. Benito Quarantotto: «Sé que el Siervo de Dios… nació en España, en el Reino de Aragón, en el lugar dicho Peralta de la Sal, diócesis de Urgel …»; el P. Gabriel Bianchi: «…y el lugar donde él mismo nació se llama Peralta, en el Reino de Aragón dentro de la dióce-sis de Urgel …»; el P. Alejo Armini: «Yo sé que este Siervo de Dios es natural de Peralta de la Sal, lugar del Reino de Aragón y en los límites de él, diócesis de Ur-gel, vecino a Cataluña» (60).

Uno de los testigos más enterados del asunto era, sin duda, el canónigo y peni-tenciario de Lérida, y gran amigo del viejo Fundador en sus últimos años, Miguel Jiménez Barber, quien en el primer proceso informativo deponía en julio de 1551: «Sé dónde está el lugar de Peralta de la Sal, por el que se me pregunta. Mi madre era de un lugar distante tres millas de allí y yo de seis [Binaced] y este lugar está en el Reyno de Aragón» (61). El mismo testigo recuerda que cuando estudiaba José Calasanz en la universidad de Lérida «toda la juventud de nuestro país de Aragón le habían elegido a él para prior de la nación» (62). Y según los estatutos —salva la confusión de la palabra prior, aquí empleada— cada una de las tres naciones de la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña y Valencia) elegía su «conseller» del Rector, que tenía que ser de la nación de los electores. Los de Aragón eligen, pues, a Calasanz por ser aragonés.

Otro testimonio interesante es el de la Virreina de Cerdeña, cuyo hermano, el marqués de Aytona, era entonces el señor de la Baronía de Peralta, como lo había sido la madre de ambos, doña Margarita de Castro y Alagón, Señora de la Casa de Castro. En carta del 30 de julio de 1646, escribía la Virreina al casi no-nagenario Fundador: «supe que V.P. Rma. era Aragonés y de su nombre no puse duda si conocía la Casa de mis padres» (63).

Los dos máximos cronistas o historiadores de primera hora, tanto de la Orden de las Escuelas Pías como de su Fundador, fueron los PP. Vicente Berro y Juan Carlos Caputi. De ambos tenemos dos curiosos testimonios sobre el tema que nos ocu-pa. El primero tuvo el detalle de apostillar el nombre del Fundador en el mismo título de sus memorias, que traducido literalmente dice: «Anotaciones de la Fundación de la Congregación y Religión de Clérigos Regulares Pobres de la Ma-dre de Dios de las Escuelas Pías, erigida por el P. José de la Madre de Dios, en el siglo José Calasanz Aragonés, recogidas por el P. Vicente de la Concepción, Sa-cerdote Profeso de la misma Religión» (64).

El testimonio del P. Caputi es más explícito y dice así:

«Habiéndome sido ofrecidas por personas de consideración las instancias del Rey de Francia por algunos Sres. Catalanes, que pretendían que N. V. P. Fundador hubiese nacido en el Reino (sic) de Cataluña y vasallo del Rey de Francia, que en aquel tiempo lo había ocupado en parte, yo renuncié a aquellas ofertas, sabien-do que el Padre era del Reino de Aragón y no catalán, porque cuando ocurrió su muerte en 1648 hubo contrastes entre los Aragoneses y Catalanes, pues cada uno de ellos pretendía ser su compatriota, pero hubo un Doctor Aragonés que aportó historias del Reino de Aragón, donde se decía que no sólo la familia de Calasanz, sino también Peralta de la Sal estaban bajo el dominio del Reino de Aragón, co-mo nuestro mismo Padre decía ser Aragonés y en todas las Cofradías donde se inscribió en Roma constaba como D. José Calasanz Aragonés» (65).

8. José de Calasanz y Zaragoza, San Lorenzo y la Virgen del Pilar

En 1592, Felipe II empieza a tratar con Roma la secularización del cabildo de Ca-nónigos Regulares de San Agustín, de la Seo de Zaragoza. Dos años más tarde manda a su embajador una lista con 21 candidatos a las canonjías, que son 24. Y añade otros ocho «que están en esa corte» de Roma, para que de ellos se elija a los tres restantes. Todos los elegidos «se han de tener por los mejores sujetos del Reino de Aragón», dice el Rey. Y en 1952 (sic) aparece en el Archivo de la Seo de Zaragoza una lista de 28 futuros canónigos para aquel cambio de cabildo, y en el n.26 se lee: «El Dr. Josephed (sic) de Calasanz, natural de Peralta, junto a Monçón, que está en Roma» (66). De no haberle tenido por aragonés, su nombre no figuraría en esa lista.

No se sabe si relacionado con la asignación de esta canonjía zaragozana, como esquema de un trabajo de concurso, o con qué finalidad, escribió Calasanz una página memorable en la que contrapone los méritos y deméritos de Roma y Za-ragoza, quedando triunfante la última. El texto está en italiano, excepto una ci-ta de San Ambrosio y el último párrafo, alusivo al Pilar, que están en latín. La exageración de los méritos de la cristiana Zaragoza frente a los de Roma es pa-tente. Y se acentúa más el «aragonesismo» al escribir que, «según afirma Pru-dencio, fue efecto de la sangre de S. Lorenzo aragonés el haber triunfado Roma de los ritos de los dioses falsos. Así que Roma mandó a Zaragoza tiranos que mar-tirizaron a sus hijos y Zaragoza mandó a Roma al invictísimo mártir San Lorenzo, que la hizo triunfar de la falsa veneración de los ídolos» (67).

Es cierto que Prudencio exalta en esos términos la figura del mártir San Lorenzo en las cuatro primeras estrofas del segundo himno de su Peristefanon (68). Pero ni en todo ese larguísimo poema de 584 versos, ni en el otro dedicado a los már-tires de Zaragoza (69), alude una sola vez Prudencio a la nacionalidad de Loren-zo. Y, dado el tema, debía haberlo hecho, si lo consideraba de Zaragoza o al me-nos español.

A renglón seguido del citado párrafo añade Calasanz, como un mérito más de Za-ragoza: «Palabras de la Virgen a Santiago: Y permanecerá este Pilar en este lugar hasta el fin del mundo, y nunca faltarán seguidores de Cristo en esta Ciudad» (70). El que dijo de sí mismo que era «aragonés de nación», no podía menos de expresar de alguna manera su veneración por Zaragoza y especialmente por la Virgen del Pilar.

9. La Real Casa de Castro y los barones de Peralta

Doña Catalina de Moncada y Alagón, virreina de Cerdeña (71), en la ya citada carta dirigida al P. José de Calasanz con fecha del 30 de julio de 1646, le decía: «Mi hermano el Marqués de Aytona, es Señor de la Casa de Castro, porque fue de mi madre, que era hija de la Baroneça de la Laguna, que pudo conocer en Ara-gón V. P. Rma.» (72). Y terminaba la carta con estas palabras autógrafas, llenas de afecto: «Por ser tan mala mi bista, no va esta de mi mano. V. Pad.d no se ol-vide de encomendarme a Dios ni de acer esperienzias de lo que le estimo». Y el anciano Fundador, pocos días antes de cumplir sus ochenta y nueve años, le res-pondía: «A mis antiguas obligaciones de rogar siempre por la Ilma. y Excma. Casa de Moncada se añade ahora la nueva que me impone V. E. con su carta, en la que me cuenta algunos infortunios que han afectado a su Excma. Casa en años pasa-dos». Y después de darle palabras de aliento y cristiana resignación, terminaba: «Mientras tanto rogaré continuamente al Señor que conserve por muchos años la salud a toda la Casa de V. E. y en particular a sus dos hijos y les aumente cons-tantemente la gracia divina. Que es lo que yo, como afectísimo servidor y vasallo le puedo desear, presentándole mis respetos» (73).

El llamarse vasallo no era una simple expresión de pleitesía a una alta dama de la aristocracia española, sino la alusión o reconocimiento de una realidad histó-rica. Pero ese vasallaje no era debido a la Virreina, sino a su Casa de Moncada, y en concreto a su hermano el Marqués de Aytona, por ser entonces el Señor de la Casa de Castro, y como tal, Señor de la Baronía de Peralta de la Sal.

En el citado párrafo la Virreina da el entronque de la Casa de Castro: su madre heredó los títulos de la Casa de Castro por ser hija única de la Baronesa de la La-guna. Y su madre fue doña Margarita de Castro y Alagón, Señora de la Casa de Castro y de todos sus numerosos títulos y estados, entre los cuales el de Barone-sa de Peralta de la Sal. En 1610 había casado con don Francisco de Moncada y Moncada, tercer Marqués de Aytona y Señor de la Casa de Moncada y de todos sus no menos numerosos estados y títulos. Con este matrimonio quedaban unidas para el futuro las dos grandes Casas de Castro y de Moncada.

Doña Margarita de Castro y de Alagón había heredado los estados de la Casa de Castro de su propia madre, doña Estefanía de Castro y Cervellón, XXIII Baronesa de la Laguna, que había casado con don Martín de Alagón y Espés, todavía vivos cuando su hija se casaba en 1610 con el heredero de la Casa de Moncada y Ayto-na. Ese mismo año escribía J. B. Labaña en su Itinerario del Reino de Aragón, al llegar a Castro: «Este castillo y su baronía dio el rey Don Jaime I a Fernando Sán-chez, su hijo y de una doncella noble, cuya baronía posee hoy el barón de la La-guna por su mujer, doña Estefanía de Castro y Cervellón, cuya hija heredera casó ahora este año de 1610 con el hijo heredero del virrey, que es el marqués de Ay-tona» (74). Y con estas referencias nos remonta Labaña al origen de la baronía y Casa de Castro.

Escribe Zurita que en 1275 murió el hijo bastardo de Jaime I, don Fernán Sán-chez, casado con doña Aldonza Jiménez de Urrea, dejando de ella un hijo llama-do don Felipe Fernández, «de quien descendieron los señores de la casa de Cas-tro»”. En la larguísima lista de «honores» o posesiones que acumuló en vida el infante bastardo figura naturalmente Castro, que dio nombre a la nueva dinastía o Casa de Castro, y junto a ella, la villa de Estadilla, que será luego cabeza de baronía (76).

Por aquellos mismos años, pues, en que la condesa de Urgel, Aurembiaix, habla-ba de su «honor» de Ribagorza y lo daba, parte en alodio y parte en feudo, a Ramón de Peralta, y éste conseguía de Jaime I el reconocimiento de sus dere-chos señoriales sobre aquella «honor», surgía adosada a su límite occidental otra «honor» o baronía: la de Castro” (77). Y aunque el fundador de la nueva dinastía era un bastardo, no dejaba de ser hijo de Rey, por lo que sus descendientes lle-varon siempre el título pomposo de Reales Señores de Castro, una de las Casas nobles de mayor prestigio en el Reino de Aragón.

A mediados del siglo XIV, la heredera de la baronía de Peralta casó con el here-dero de la Casa de Castro, quedando unida en adelante la baronía de Peralta a la Real Casa de Castro. Nuevos enlaces entre herederos añadieron otros nobles ape-llidos con la consiguiente anexión de sus estados y señoríos a la Casa de Castro, como los Pinós y los Cervelló. Un siglo más tarde, por ejemplo, con fecha de 10 de marzo de 1452, don Felipe Galcerán de Castro dicta testamento en catalán y enumera sus baronías así: «Perçó nos Felip Galcerán de Castre, Señor de les Ba-ronies de Castre, de Peralta, de Tremacet e de Crabera (sic), e de les Honors de Monclús e de Olsó, e de la vila de Guimerá e del loch de Danycaula, volens e co-bejans venir a la santa Gloria del Paradís…¨ y nombra heredero universal: «hereu universal instituhim al dit nostre net Felip de Castre [cuyo padre, también Feli-pe, ya había muerto] de tots los Castells, viles e lochs de les dites Baronies e honors… ab les jurisdictions altes e baixes, civils e criminals, mer e mixte impe-ri…» (78).

En estas cláusulas testamentarias observamos que los estados o señoríos de la Casa de Castro no se reducen a las baronías de Castro y de Peralta, sino que hay otras más, que desaparecen luego de sus títulos mientras se añaden otras nuevas por testamentos o enlaces matrimoniales. Queda patente, por otra parte, el ple-no dominio sobre sus tierras y vasallos, con plena jurisdicción hasta de horca y cuchillo, como era común generalmente a todos los grandes títulos de la noble-za.

La falta de herederos directos hizo surgir hacia mediados del siglo siguiente un ruidoso y larguísimo pleito, cuyos principales contrincantes eran el vizconde de Ebol y el barón de la Laguna (79), quedando vencedor este último, llamado don Berenguer Arnaldo de Castro, casado con doña Leonor de Boixadors y Requesens. Parece ser que el barón había ya muerto en 1559, dejando un hijo de su mismo nombre, de modo que la baronesa doña Leonor fue quien rigió los destinos de la Casa de Castro en nombre propio y en el de su hijo durante veinte años, prácti-camente durante toda la infancia y juventud de su ilustre «vasallo», el futuro Fundador de las Escuelas Pías.

En un censal, firmado en Peralta de la Sal el 18 de agosto de 1569, leemos los nombres de esos tres Señores de Castro, junto al de Pedro Calasanz, padre de nuestro Santo, y baile de Peralta de la Sal:

«Sea a todos manifiesto que yo Francisco Nabal Infanzon e notario domici-liado e habitante en la villa destadilla assi como procurador que soy de los muy Illtres señores Doña Leonor de Boxados y de Castro viuda de Don Beren-guer de Castro madre y fijo de la casa y baronías de Castro y de la villa e baronía de Peralta de la Sal constituido y substituido legítimamente en pro-curador sobredicho mediante Instrumento público de constitución y substi-tución fecho e ottorgado por el dicho señor Don Berenguer de Castro en nombre suyo propio. Et assí como procurador legítimo de la dicha señora donya Leonor de Boxados y de Castro madre suya que fecho fue en la villa de Estadilla a quatro días del mes de Deziembre del año contado del naci-miento de nro Señor Jesu Xpo de mil quinientos cinquenta y nuebe…»

Y al final:

«Intervenimos y fuimos presentes los infrascriptos y siguientes. Et primo nos Pedro Calasanz bayle, Antón Sala de la Pila y Pedro Pallarés jurados del di-cho lugar de Peralta de la Sal…» (80).

En 1579 el barón de la Laguna aparece ya casado con doña Margarita de Alagón y con un hijo de su mismo nombre, pero lo que decide en el documento lo hace en nombre propio y en el de su madre, que debió de conservar sus títulos hasta la muerte (81). Sin embargo, con fecha del 17 de octubre de 1580, dicho barón hace un nombramiento y alude a su padre difunto, pero ya no nombra a su ma-dre (82), por lo que cabe suponer que ya había fallecido doña Leonor, la barone-sa a quien tantísimas veces oyó nombrar en su propia casa y debió conocer per-sonalmente el niño y el joven José Calasanz Gastón.

Todavía una última generación de barones de Peralta pudo conocer Calasanz has-ta que dejó España en 1592. El primogénito de los últimos barones nombrados murió aún joven, quedando heredera universal de la Casa de Castro la hija Este-fanía que casó con don Martín de Alagón y Espés, convertido en Barón de la La-guna. En los gravísimos sucesos ocurridos en Zaragoza en los años 1591 - 1592 en torno a Antonio Pérez tuvo parte importante el referido barón, a quien el Conde de Luna califica de «hombre mozo y de poca experiencia» (83). Ambos señores de Peralta siguen ostentando sus títulos en 1614, cuatro años después de que su hija y heredera doña Margarita de Castro y Alagón casara con el heredero de la Casa de Moncada. En la apertura de un testamento hecho en Peralta el 4 de fe-brero de 1614 se dice:

«Ante la presencia del Magnífico Monserrate Joan Sala, Bayle General de la Baronía de Peralta de la Sal por los muy Illes. Señores D. Martín Despés y de Alagón y donya Estefanía de Castro y Cervellón conyuges, barones de la La-guna, biscontes de Illa, señores de la Cassa y Estado de Castro y de la Baro-nía de Peralta elegido y nombrado por sus señorías…» (84).

Esta era la baronesa de la Laguna «que pudo conocer en Aragón V. P. Rma.», co-mo le había escrito al casi nonagenario Fundador de las Escuelas Pías la Virreina de Cerdeña. Y se agolparían en su memoria tantos recuerdos de su infancia y ju-ventud…

10. Autoridades y jerarquías

Todas las baronías y señoríos que poseían los Reales Señores de Castro se agrupa-ban en tres títulos que acabamos de ver junto a sus nombres: barones de la La-guna, vizcondes de Illa y Señores de la Casa de Castro. La baronía de la Laguna estaba en el Principado de Cataluña, el vizcondado de Illa en el Rosellón y la Ca-sa de Castro en el Reino de Aragón. De las tres demarcaciones, la más antigua y de mayor prestigio era la Casa de Castro, no sólo por su rango de Reales Señores, sino también por el número de baronías, castillos, villas y demás señoríos que poseía, todos ellos en el Reino de Aragón. Y cada una de esas tres demarcaciones de sus extensos estados señoriales tenía al frente un baile general, cuyas incum-bencias eran representar a sus Señores y ejercer funciones de justicia, adminis-tración y defensa de los derechos y contribuciones de sus señores, nombrar pro-curadores y fiscales y aun otros oficios públicos, usando de absoluta y plena au-toridad. Así puede verse, por ejemplo, en el nombramiento que en 1580 hace don Berenguer de Castro de baile general de toda la Casa de Castro en la perso-na de Pedro Castany, vecino de Casserres, aclarando expresamente que posee «una potestad tan absoluta como la tienen en Aragón los señores de baronias» (85).

Además del baile general de toda la Casa de Castro, cada baronía tenía su baile general y cada villa o pueblo su baile local, todos ellos con funciones similares de representación de la autoridad del barón, de administración de bienes comu-nes y señoriales, percepción de diezmos y demás contribuciones baroniales y administración de justicia en el ámbito concreto de su jurisdicción. Generalmen-te los bailes locales de las cabezas o capitales de baronía solían ser a su vez bai-les generales de toda ella, como ocurría en Peralta de la Sal.

A imitación del gobierno central de todo el Reino de Aragón, también la Casa de Castro, como otras Casas nobles, tenía al frente de sus estados, junto al Baile General, el Gobernador General, de mayor categoría que el anterior y con cierto rango de nobleza, si no era incluso de la misma familia de los Señores. Sus fun-ciones principales giraban en torno al mantenimiento del orden público y a la defensa armada o dirección general de las milicias señoriales. En un protocolo de 1614, anteriormente citado, hemos leído el nombre del «Bayle General de la Ba-ronía de Peralta». En el siguiente se nombra al baile local de Pelagriñón, locali-dad perteneciente a la haronía de Peralta, y al Gobernador General de toda la Casa de Castro. El documento lleva fecha del 6 de noviembre de 1595:

«Yo, Miguel Juan Ballester, vecino del lugar de Pelagriñón, Bayle y Juez or-dinario de dicho lugar por los Muy Ilustres Sres. D. Martín Despés y Da. Este-fanía de Castro y Cervellón, cónyuges, barones de la Laguna y señores de la Casa de Castro y de la baronía de Peralta de la Sal y de la Honor, y del dicho lugar de Pelagriñón, de licencia y permiso y facultad a mí dada por el Ilustre Sr. D. Blasco de Aragón, Gobernador de la tierra de Castro y de la Baronía de Peralta de la Sal y de la Honor…» (86).

Estas autoridades inciden directamente en la vida histórica de la haronía de Pe-ralta, como en cualquiera otra de las baronías, villas y demás señoríos de la Casa de Castro. Pero la Casa de Castro entera formaba parte del Reino de Aragón y por tanto estaba sometida a sus fueros, a sus Cortes, a sus autoridades, a sus avatares históricos, exactamente igual que otros condados y señoríos. Ciertas expresiones de autores modernos insisten excesivamente en el carácter autóno-mo de la baronía de Peralta, como si esta autonomía la desligara del Reino de Aragón, a ella y a sus señores barones, dejándolos en un estado de independen-cia soberana y conexión directa con la persona del rey (87). Sin embargo, no fal-tan documentos, directamente relacionados con la familia de Calasanz, que pre-sentan con naturalidad la lista de jerarquías cuya autoridad era reconocida en la baronía de Peralta junto a la específica de los Señores de Castro. Así, en las ca-pitulaciones matrimoniales de Pedro Calasanz, hermano del Santo, y estipuladas en la misma villa de Peralta el 20 de febrero de 1576, se lee:

«… prometieron y se obligaron la una y la otra parte et e converso por todas y cadas unas cosas sobredichas con los incidentes dependientes y emergentes de aquellas anexas y conexas hazense cumplimiento de derecho y de justicia de-lante del Señor Rey, Regente el oficio de la General Gobernación de Aragón, Justicia de Aragón, Oficial Eclesiástico del Obispo de Urgel, Juez ordinario de la Casa de Castro y delante de otros cualesquiera jueces y oficiales, así ecle-siásticos como seculares y a los lugartenientes de aquellos y de cada uno de ellos…» (88).

Diez años antes, el baile de Peralta, Pedro Calasanz, padre del Santo, los jurados y representantes de la villa se reúnen para nombrar ante notario sus procurado-res estables en Zaragoza, ante las autoridades competentes del Reino de Aragón, a «Joan de Pilares y Joan de Lambea notarios causídicos habitantes en la ciudad de Zaragoza y el lugarteniente del çalmedina de la misma ciudad de Çaragoza y a los andadores de los jurados de aquella…», para que les representen «delante el Justicia de Aragón o sus lugartenientes o delante el official eclesiástico o se-glar… del Rmo. señor obispo de Urgel y delante de cualquier juez y official ecle-siástico o seglar…», y están dispuestos a cumplir lo prometido «y a oír senten-cias de condemnación y mandamento de pagar del senyor Rey y de su lugarte-niente general primogénito o regente el officio de la general gobernación, justi-cia de Aragón e de sus lugartenientes o de cualquiere dellos y del dicho señor official eclesiástico…» (89)

No eran, pues, las autoridades de la Casa de Castro las únicas que tenían juris-dicción en sus estados, sino que eran reconocidas también - y a ellas cabía ape-lar— todas las que eran comunes al Reino de Aragón, al que pertenecía Peralta de la Sal. Las que no tenían que ver con la baronía de Peralta, ni con la entera Casa de Castro, eran las del vecino Condado de Ribagorza. Pero también este poderoso y prestigioso Condado se consideraba parte integrante del Reino de Aragón, como cualesquiera otros estados señoriales y baronías enclavados dentro de sus fronteras (90)

11. Lugares de la tierra de Castro y baronía de Peralta

Las baronías, villas, castillos, lugares y demás señoríos que formaban las tierras de la Casa de Castro en Aragón giraban en torno al Condado de Ribagorza y algu-nos lugares eran verdaderos enclaves. En 1577 —tenía entonces veinte años José de Calasanz— el Conde de Ribagorza, don Martín de Gurrea y Aragón, enumera los 33 lugares que formaban la Casa de Castro, creyendo falsamente que todos ellos habían sido del Condado y que Jaime I se los había dado a su hijo bastardo Fernán Sánchez (91).

No es fácil, sin embargo, concretar entre todos ellos cuáles formaban parte de la baronía de Peralta. En 1677, el P. Cavada decía: «la villa de Peralta de la Sal es actualmente de la Real Casa de los Señores marqueses de Aytona y cabeza de una baronía de nueve lugares…» (92). Y lo más probable es que dichos lugares fueran: Peralta, Momagastre y Cuatrocorz, todavía hoy en el término municipal de Peralta; los tres enclaves del sur: Pelagriñón, Rocafort y Alcaná, de los cuales los dos primeros constan como pertenecientes a la Casa de Castro, y por analogía debió pertenecer también el tercero, dada la actual anexión a Gabasa y su ads-cripción entonces a la diócesis de Urgel; y finalmente, las tres localidades del noreste de Peralta: Gabasa, Zurita y La Cuba (93).

No obstante, en un instrumento de procura del 25 de abril de 1615 se dice que «fue convocado y ajustado el Consejo General y plenario de los síndicos Genera-les de la Baronía de Peralta de la Sal, prohombres y mensageros de todas las vi-llas y lugares de la Varonía de Peralta de la Sal…», y continúa luego: «Intervini-mos y fuimos presentes los infrascritos y siguientes a saver es todos los prohom-bres y mensageros de los dichos lugares de la dicha Varonía de Peralta…», y se nombran los lugares de Peralta de la Sal, Gavassa, Çurita, Casserres, Castarnella (sic), Aler, Peragriñón y Pueio (94). De los ocho nombrados —y no nueve— cuatro coinciden con la lista anterior (Peralta, Gabasa, Zurita y Pelagriñón), sin que se-pamos por qué no se nombra alguno de los otros cinco mencionados. Por otra parte, Caserras, Casterlenas, Aler y Pueio de Marguilén están alejados del bloque compacto que forman los nueve lugares que hemos sugerido, y aunque todas esas localidades fueron de la Casa de Castro, no parece que la razón por la que se reúnen sus síndicos sea la pertenencia de todas ellas a la baronía de Peralta.

«Afectísimo servidor y vasallo» de la Casa de Castro se declaraba José de Cala-sanz en su citada carta a la Virreina de Cerdeña. Y en esa expresión se encerraba una concepción de la vida y de la sociedad que se remontaba a los tiempos de la reconquista y continuaría substancialmente viva hasta las Cortes de Cádiz. La baronía de Peralta no era ninguna excepción, sino que se regía por las mismas instituciones comunes a toda la Corona de Aragón y aun a todos los señoríos de España. Los Señores de Castro eran fuente primaria de la autoridad civil, judi-cial, administrativa. Sus nombres estaban presentes en todas partes. Y sus inter-eses también. Y el sistema señorial se apoyaba económicamente en la contribu-ción de sus vasallos.

Tales tributos, sin embargo, no iban directamente a las arcas de los Señores. Lo normal era que arrendaran sus baronías, sus diezmos, sus derechos por ciertas cantidades anuales, de modo que los arrendatarios pagaran a sus Señores esas cantidades fijas estipuladas, encargándose ellos de cobrar directamente a los vasallos sus contribuciones personales. En Peralta, por ejemplo, encontramos a este vecino, que fue Baile General en 1614, de quien se dice:

«Monserrate Joan Sala, infançon, domiciliado en la villa de Peralta de la Sal, arrendador de la diezma de Peralta, Gavassa, Çorita y Quatrecorz por los muy Illes. Sres. D. Martín Despés y Alagón y D. Estefanía de Castro y Cerve-lló, conjuges, Barones de la Laguna, vizcondes de lila, Señores de la Casa de Castro y quattro castillos y de la Baronía de Peralta de la Sal» (95).

Y siendo las salinas una de las principales fuentes de ingreso de los vecinos de Peralta, no es extraño que los barones sacaran de ellas gran provecho, como puede verse en esta acta notarial inédita por la que las salinas que son de su propiedad señorial, y a la vez el diezmo de la sal que se extraiga de todas, se arriendan al mismo concejo de la villa, en 1592:

«Yo, don Martín Despés, varón de la laguna y señor de la Casa de Castro, domiciliado en la ciudad de Çaragoza… arriendo a y en vosotros los justicia, jurados, concejo y universidad y singulares personas y vecinos y habitantes de mi villa de Peralta de la Honor y de la Sal, para vosotros y a quien voso-tros durante el tiempo infrascrito querreis: a saber es las salinas que tengo en los términos de la dicha Villa… juntamente con el derecho del diezmo a mi como a señor de la dicha Villa perteneciente de toda la sal que se hiziere en los términos de la dicha villa y esto por el tiempo de 6 años los quales comenzarán a correr el primero día del mes de enero del año primero ve-niente de 1593 y fenecerán el último día de diciembre de 1598, por precio, si quiere arrendamiento en cada año de 1.600 sueldos jac…» (96).

Habían pasado los tiempos, por otra parte, en que los señores vivían en castillos o palacios señoriales de sus propios feudos. Normalmente residían en las grandes ciudades, como el barón de la Laguna y señor de la Casa de Castro, «domiciliado en la ciudad de Zaragoza», y que precisamente en estos años se ve gravemente comprometido en las perturbaciones provocadas por la fuga de Antonio Pérez en la capital del Reino de Aragón.

La injerencia en el campo eclesiástico era también nota común a la nobleza, que había fundado beneficios en las iglesias y mantenía el derecho de presentación o simplemente por tratarse de iglesias radicadas en sus señoríos. Ni faltan ejem-plos de los señores de Castro en el área de sus tierras señoriales (97). Pero no sólo los nobles, sino también las familias privadas y los municipios podían patro-cinar tales beneficios eclesiásticos, como veremos en un caso relativo a José de Calasanz, y consta también en otro relacionado con la villa de Peralta (98).

Sobre este fondo de historia lejana y próxima y estas circunstancias geográficas, económicas y sociales vino al mundo José Calasanz Gastón en la villa y haronía de Peralta de la Sal, diócesis de Urgel y Reino de Aragón.

Notas

1 La fusión y su nuevo nombre fue sancionada por decreto del Jefe del Estado con fecha del 26 de febrero de 1970, previa aprobación del Consejo de Ministros del 20 del mismo mes y año (Cf. B.O.E. 59 [10 de marzo de 1970] 3901 y PanEs 3-4 [1970] 58).
2 En una bula de 1097 Urbano II habla de «ecclesiam Mamacastra, ecclesiam de Petra alta» (cf. J. VILLANUEVA, Viaje literario a las iglesias de España, v.9, p.222-224); Eugenio III, en otra bula de 1150 habla también de «ecclesiam de Calasanz, ecclesias de Momagastre, de Petra alta…» (cf. P. KEHR, Papsturkunden in Spanien, 1, p.328 - 329), etc.
3 «Inter terminos Gayas (sic) vel Peralte» (cf. doc. íntegro en F. CASTILLÓN CORTADA, Presencia benedictina en el valle del Cinca (Huesca): Hispania Sacra 27 [1974] 12 1-122.
4. Cf. RevCal 147 (1925) 178.
5. Cf. mapa 326 del Inst. Geogr. y Catastral.
6 J. DE Asso Y DEL Río, Historia de la economía política de Aragón (Zaragoza 1798) p84.
7 Archivo privado de Casa Zaydín (Peralta). Copia impresa.
8 Cf. EGC II, p. 26.
9 RegCal 13,6.2.
10 Cf. Gran geografia comarcal de Catalunya, vol. 12 (1984) p.432; I. J. DE Asso y DEL Río, o.c., p.308. Este autor da 62 fuegos en 1495 y 87 en 1650.
11 Cf. C. RABAZA, Historia de las Escuelas Pías en España, vol. 1 (Valencia 1917) p.45-51.
12 Cf. J. POCH, Castell i Vila de Calassanç: Cat. 168 (1975) 3.
13 E. GROS BITRIA, Los límites diocesanos en el Aragón oriental, Guara edit. (Zaragoza 1980) p. 77-78; J. M. LA-CARRA, La reconquista y repoblación del Valle del Ebro, en La reconquista española y la repoblación del país (Zaragoza 1951) p.43-44; J. POCH, La «Señora» de la Villa de Calasanz, el año 1381: Argensola 61-64 (1966-67) 61-62.
14 «… Et in omnibus terris et kastris quas et que adquisituri sumus, Deo dante, ex partibus Hispanie, videlicet de ilumine Nogere usque ad alveum Cinche decimam partem et promittimus et damus» (cf. J. POCH, Lugares ca-lasancios en el Condado de Urgel: Archivum 2 [1977] 229-230, 247-248).
15 «… dono et concedo ecciesia Sancte Marie de Siurana (o del Vilet) tibi Bernardo Abbati Alaonensi… Que ec-clesia… inter terminos Gayas (sic) vel Peralte, que modo possidere videtur… hec descriptio facta est in se-cundo anno post consecrationem Sancti Michaelis de Gavassa et Sancti Martini de Nercha sub era MCXV» (cf. F. CASTILLÓN CORTADA, o.c., p.121).
16 «Et in illo castro que nuncupant Gavasa, quod dedit nobis omnipotens Deus, damus… Domino Deo et Genitrici sue alme Marie Celsone… ut et Ipse qui est salus christianorum atque redemptorum donet nobis hanc villam Calasancio nomine advocatam, quam tenemus obsessam ut in nostra potestate sit captam» (P. PUJOL I TU-BAU, Sant Josep de Calassanç Oficial del Capitol d’Urgell, [Barcelona 1921] p8-9, n. 1).
17 Cf. J. POCH, Lugares calasancios…, p.232-233, 250-251.
18 Ib., p.233-234.
19 Véase en tres documentos (ib., p.249-251).
20 Asigna «IIII uncias ad edificamentum de Ipsa ecclesia de Petra alta, cum una lampade quod ibi ardeat in die-bus sanctis quadragesimis, de ipsa dominicatura» (ib., p.235).
21 La iglesia de Vilet, hoy simple ermita, constituyó un Priorato, adscrito al Monasterio de Alaón hasta la des-amortización del siglo pasado. Cf. F. CASTILLÓN CORTADA, El Priorato de S. María de Vilet y sus intentos inde-pendentistas del Monasterio de Alaón.’ Analecta Sacra Tarraconensia 51-52 [1978-1979] 101-115. El cit. doc. latino puede verse íntegro en ib., p127-128.
22 Cf. J. POCH, Lugares calasancios…, p.253 y 235-236.
23 «Ego itaque Ermengaudus jam dictus Comes convenio vobis Petro Ferrandi tradere et deliberare Castrum meum de Montmegastre tenendum et habendum per me… Convenio etiam vobis Petro Ferrandi jam dicto tra-dere et deliberare Castellum Calasancii tenendum per me…» (ib., p.238, n.38).
24 ZURITA, Anales de la Corona de Aragón, 1.II, c.57.
25 «… ego Orembiaxia filia quondam bone memorie Ermengaudi Comitis Urgellensis… dono inter vivos vobis Raimundo de Peralta et omni vestre posteritati… in perpetuum concedo castrum et villam de Momagastre, quod est prope Peraltam… cum omnibus pertinentiis et senioratico pro vestro et pro francho libero et inge-nuo alodio… et penso habeatis super castris et villis et senioratico de Gavassa, et de Podio Rubeo, et de Ro-cafort, et de Pelagriño, et super omnibus ad ipsa castra, villas et senioraticum pertinentibus…» (cf. todo el larguísimo doc. en J. P0CH, o.c., p.254-255).
26 «Sit notum cunctis, quod post multas contenciones diucius agitatas inter III. Jacobum Dei gr. Regem Aragonum ex una parte et Nobilem virum Raymundum de Peralta ex altera parte super potestate videlicet de Montema-gastre et super potestatibus castrorum Podii rubei, Gayase, Rochefortis et Pelagrinonii… Nos igitur… arbi-trantes, dicimus… quod dictus Dom. Rex difiniat et absolvat et remittat in perpetuum per se et successores suos dicto Raymundo de Peralta, et suis successoribus potestatem de Montemagastro ut dictus Raymundus de Peralta habeat dictum Castrum pro suo alodio francho et libero… Item Dominus Rex det eidem Raymundo de Peralta et suis successoribus omnes reditus et expletos praedictorum quattuor Castrorum retentis sibi et suis successoribus potestate, fidelitate, homagio, pace et tregua in ipsis quatuor Castris, secundum consuetudinem Barchinone…» (cf. ib., p259-260).
27 Cf. VILLANUEVA, Viaje literario, t.IX, p.222-224.
28 P. KEHR, Papsturkunden in Spanien, I. Katalonien (Berlín 1926) p.328-329. En la bula de Urbano II no se nom-bra a Calasanz porque en ese año de 1097 estaba de nuevo en manos de sarracenos.
29 Cf. VILLANUEVA, o.c., t.IX, p.40-55; D. COSTA Y BOFARULL, Memorias de la ciudad de Solsona y su Iglesia (Barcelona 1959) v.II, p.64O-652, docs. XVIII-XXII; J. POCH, Castell i Vila de Calassanç: Cat. 168 (1975) 4-5.
30 Así consta en este doc. del 10 de noviembre de 1163: «Et ego Bernardus Urgehlensis episcopus et clerici Urge-llensis ecclesiae Coelsonensem ecclesiam, quae ad nostram diocesim sive regimen pertinet… laudamus… quascumque possessiones, quaecumque bona eadem ecclesia impraesentiarum iuste et canonice possidet… Ecclesias, videlicet de Chalasanz, ecclesiam de Muntmagastre, de Petraalta… Has ecclesias concedimus cleri-cis coelsonensis ecclesiae cum veteribus capellaniis, reservato nobis in omnibus Integre jure pontificali…» (VILLANUEVA, o.c., t.IX, p.228-234).
31 Cf. J. POCH, Lugares calasancios…, p.236.
32 En un protocolo notarial del Capítulo y Beneficiados de Peralta (22 de marzo de 1610) se lee: «No ignoren ni ignorar poden V.M., Señors Rector y beneficiats de la Comunitat de la iglesia parrochial de Peralta de la Sal, diócesis de Urgeli, com de temps immemorial a esta part y que no hi ha memoria de homens en contrari, tots los beneficis de dita Iglesia Parrochial, los quals canonicamente son estats provehits per dit Ordinari de Ur-gell…» (cit. en J. POCH, De la «batllia» i del catalá parlat i escrit a Peralta de la Sal, Cat 210 [1978] 7).
33 Cf. AnCal 50 (1983) 269-270.
34«Josephus Calasanz, presbyter Urgellensis, Sacrae Theologiae Doctor», dice al pedir un beneficio en Fraga en 1592 (cf. EphCal 11 [1960] 309); «Josephus Calasanz, presbyter Urgellensis dioecesis, magister in Theolo-gia…», escribe al pedir un canonicato en Barbastro en 1594 (cf. EphCal 6 [1957] 147); «Josephum Calasans presbiterum Urgellensis Civitatis vel dioecesis…», en 1596 (ib., p.148). Otros doc. romanos en EphCal 6 (1959) 223-225.
35 «Don Giuseppe Calasantio, Sacerdote della diocesi de Urgelle…», en 1599 (cf. EphCal 9-10 [1959] 328-329); «R. Giuseppe Calasani Sacerdote Urgellensis dioecesis», en 1600 (ib., p.332).
36 Cf. EGC II, p.17O.
37 Cf. c.2902. Carta fechada el 1 de julio de 1638, dirigida al P. Melchor Alacchi que está tratando de fundar un colegio en Guisona, diócesis de Urgel.
38 En mayo de 1638 unos sacerdotes de Urgel le visitan y dice «a’quali ho offerto tUtto quello che potró fare in servitio suo» (c.2858).
39 Cf. el decreto de la Sda. Congr. Consistorial en Boletín Oficial del Obispado de Urgel, 98 (1955) 241-245. Al presentar dicho decreto el obispo de Urgel, en una especie e despedida a sus hasta entonces feligreses expre-saba su pesar por desprenderse de Peralta de la Sal en la que había nacido San José de Calasanz, diciendo: «¿Y cómo no Sentir honda emoción al “desprendernos” de Peralta de la Sal, cuna del gran pedagogo y Santo español, José de Calasanz, gloria inmarcesible del Clero secular de la Diócesis de Urgel y Fundador insigne, después, de las Escuelas Pías?». Y recordaba en síntesis sus andanzas por dicha diócesis (cf. ib., p.24O).
40 J. B. LABAÑA, Itinerario del Reino de Aragón (1610-1611), en J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal, t.II (Aguilar, Madrid 1959) p.225.
41 I. DE ASSO, Historia de la economía política de Aragón (Zaragoza 1798) p.82.
42 En las capitulaciones matrimoniales de Juan Carpi con Esperanza Calasanz, hermana del Santo, se lee: «… el qual matrimonio no ba según fueros y observancias del presente reyno de Aragón, ni prácticas, ni constitucio-nes de Cataluya (sic)» (RegC 74,53). En las capitulaciones matrimoniales de su hermano Pedro Calasanz con Jerónima Paúl se hace notar también: «y no se hizo el presente matrimonio ni los presentes Capítulos según fueros ni observancias del presente Reyno de Aragón ni costumbres de Cataluña, sino…» (RegCal 13,6-8).
43 Cf. Gran Enciclopedia Aragonesa, t.III: Catalán en Aragón; t.VIII: Literano; t.XI: Ribagorzano. Amplia bibliogra-fía citada. En un doc. impreso de Carlos III de 1762, en reconoce la infanzonía de los Bardaxí, residentes en Fonz, villa al oeste de Peralta, se lee: «Que por la proximidad de Cataluña a la dicha Villa de Fonz, en esta, hablando vulgarmente en Cathalán, pronuncian el Bardaxi en Bardachín…» (Arch. privado de Casa Zaydín, de Peralta de la Sal).
44 Cf. P. PUJOL I TUBAU, Sant Josep de Calassanç…, p.70-79; EGC, X, p.395-419. Sobre estas cartas y otros doc. de Calasanz y de Peralta de la Sal, en catalán, véanse los artículos siguientes de J. POCH-M. PUIG: El catalá escrit de Sant Josep de Calassanç: Cat 149 (1973); El carteig catalá de S. Josep de Calassanç: Cat 160 (1974); Dos nuevos escritos autógrafos del Fundador de la Escuela Pía: PanEs 40-41(1974) 60-64. Y de POCH, Encara més prosa catalana del prevere J. Calassanç: Cat 206 (1978); De la ¨batllía¨ i del catalá parlar i escrit a Peral-ta de la Sal (segles XVI - XVII): Cat 210 (1978) 5-8; Encara més catalá parlar i escrit a Peralta de la Sal: Cat 212 (1979) 12-14; Un altre document calassanci a la catedral d’Urgell: Cat 217 (1979) 4-8; Mostra inédita de catalá del comtat de Ribagorça (segles XIV - XV): Cat 222 (1980) 3-7; Plet de requestes a Peralta de sal. El litigi fou formular en catald: Cat 260 (1983) 11-13.
45 C.45.
46 «El P. General muestra estar muy contento de que la Escuela Pía sea entrada en España y me escribe en len-gua catalana y yo también le quiero responder en la mesma lengua» (EGC VI, p.139, comentario a la c.2858).
47 C.2902. Y anteriormente había dicho: «espero gran provecho en esa Nación, la cual con los forasteros que se portan bien es amable y pía como ninguna otra Nación» (c.2858). La idea de Nación era distinta de la nuestra, y en la Corona de Aragón tenía connotaciones propias, pues la formaban las tres «naciones» de Aragón, Cata-luña y Valencia.
48 C.2932. Con estas palabras define el concepto que los catalanes llaman «seny» como característica étnica.
49 EGC VI, p.374. El mismo comentario escribió ya Picanyol en Rass 18(1951) 19.
50 Cf. RevCal 147 (1925) 178.
51 RegCal 13,6.8. La misma referencia al «presente Reino de Aragón» aparece en las capitulaciones matrimonia-les de Esperanza Calasanz (cf. n.42 de este capítulo).
52 AEPZ, Peralta, 4.
53 RegCal 74, n.226.
54 Cf. J. POCH, Tres testamentos del padre del fundador de las Escuelas Pías: AnCal 40(1978) 487, 489.
55 Cf. RegCal 13,6.8. Versión libre en BAU, BC, p. 11.
56 «in vila Peraltae Salis Regni Aragonum dioecesis Urgellen» (cf. RevCal 150 [1925] 410).
57 EGC II, p. 170. En otro informe casi inédito, del 1634, se repite la frase, cambiando «del Reino», en vez de «en el Reino» (cf. RegCal 11, XI).
58 C.1849.
59 Véase un esbozo de la polémica sobre el significado y alcance «diplomático» de esta y otras expresiones simi-lares en CS, v.I, p.330, n.II.
60 Cf. A. VIDAL, De re calasanctiana: RevCal 152 (1925) 550-553.
61 Procln, p.209. Estuvo en Roma e Italia al menos los años 1645-1648. Volvió a Roma en 1651 y fue escogido para declarar como testigo en el Proceso de Beatificación de Calasanz, como lo hizo en julio-agosto de 1651. Dijo tener entonces 38 años y ser doctor y canónigo penitenciario de la catedral de Lérida (cf. EHI p.165-168; EC p.24 1-242; S. GINER, El proceso de Beatificación de San José de Calasanz [Madrid 1973], ICCE, p.8O).
62 Procln, p.213-214.
63 EHI, p.1463-64.
64 Cf. BERRO I, p.49.
65 S. GINER, o.c., p.114, n.98 (texto italiano original).
66 Cf. J. POCH, Mossén Josep Calassanç a la diócesi d’Urgell (1587-1591): Cat 195 (1977) 38-40.
67 Cf. fotocopia, transcripción y traducción del documento en A. CASTILLO GENZOR, Calasanz. Abolengo y ejecu-toria: Raza y Fe: Doce de Octubre (Zaragoza 1966) 18-19.
68 Cf. A. PRUDENCIO, Obras completas (BAC, Madrid 1950) p.488.
69 Cf. ib., p.54O-551.
67 El texto latino en este doc. calasancio dice: «verba Virginis ad Sanctum Jacobum: Et erit Pilare istud in loco isto usque ad finem mundi et Christum colentes numquam ex bac urbe deficient». El párrafo aparece en el famoso doc. (también latino) conservado en el Archivo del Pilar, pero se ha antepuesto la frase «verba Virginis ad Sanctum Jacobum», y el texto original lleva alguna variante: «erit que pilare illud in loco isto usque in fi-nem mundi» (cf. España Sagrada, t.30 [1775] p.426-428. Traducción y comentarios interesantes en Z. GARCÍA VILLADA, Historia Eclesiástica de España [Madrid 1929], t.I, parte 1a., p.67-79). La versión cambiada debió de sacarla Calasanz del oficio propio de la Virgen del Pilar, que Clemente VIII acababa de aprobar para su templo zaragozano.
71 Su esposo don Luis Guillén de Moncada y Aragón fue Virrey de Cerdeña los años 1644-1649 (cf. J. MATEU IBARS, Los virreyes de Cerdeña. Fuentes para su estudio [Padova 1964-67] v.II, p.52-60).
72 EHI, p.1463-1464. El hermano de la Virreina era don Guillén Ramón de Moncada y Aragón, Señor de la Casa de Moncada y heredero de todos sus títulos, como el de IV Marqués de Aytona, Conde de Osona, Vizconde de Illa, Gran Senescal y Maestre Racional de Cataluña, Comendador de la Fresneda, Gentilhombre de la Cámara de S. M. y Mayordomo Mayor de la Reina y Grande de España y Señor de la Casa de Castro y de la Baronía —entre muchas otras— de Peralta de la Sal. Casó con doña Ana de Silva y Portugal y murió en 1670 (cf. GARCÍA CA-RRAFFA, Enciclopedia heráldica y genealógica hispano-americana, t.57 [Moncada]).
73 CS, c.658.
74 J. B. LABAÑA, o.c., p.159.
75 ZURITA, I.III, cap.95.
76 cf. A. VIDAL, De re calasanctiana: RevCal 150 (1925) 408. El autor enumera 76 localidades, pertenecientes a las bailías de Zaragoza, Ribagorza y Barbastro, en las que tenía «honores» el referido infante.
77 Con esa precisa denominación se califican las posesiones de Fernán Sánchez, perdidas durante la guerra que entabló contra su propio padre, el rey Jaime I, y su hermano Pedro III de Aragón, y restituidas por Alfonso III al hijo del bastardo, Felipe de castro (ib., p.183-184).
78 Deferencia del P. Poch (carta del 1 de marzo de 1964), con referencia a la Bibl. de la R. Acad. de la Historia, colección Salazar y Castro, sin precisar más. Probablemente residía en Estadilla, pues dice: «En aprés elegim e assignam la sepultura de nostre cos… en la Iglesia del sr. Sant Esteve de la vila nostra de Stadella» (ib.).
79 con fecha del 28 de agosto de 1546, los Diputados del Reino de Aragón escribían al Príncipe Felipe (II): «Agora se ha ofrecido que aviendo pleyto sobre la casa de castro, que es una de las principales deste Reino, entre el vizconde de Ebol y el Varón de la Laguna y otras partes…» (ib.).
80 Cf. Revcal 147 (1925) 178, 180.
81 «Nos dompnus Berengarius de Castro, Baro de la Llacuna tarn in nomine nostro proprio quam etiam nomine multum Illis. domine dompne Eleonoris de Boxadors et de Castro, et dompnus Berengarius de castro filius pri-mogenitus dicti multum Illis. dompni Baronis et multum Illis. domine Margarite de Alagón huius consortis…» (J. PocH, Aportación documental a la historia de la Universidad de Huesca durante la segunda mitad del siglo XVI: Ancal 15 [1966] 237, n.189). El doc. lleva fecha del 5 de abril de 1579.
82 Cf. n.85 siguiente.
83 Cf. F. DE GURREA Y ARAGÓN, Conde de Luna, Comentarios de los sucesos de Aragón en los años 1591 y 1592 (Madrid 1888) p.72.
84 Cf. J. POCH, Manuscrito inédito del siglo XVIII, de los Calasanz de la villa de Casserres: AnCal 19 (1968) 66.
85 «Nos dompnus Berengarius de Castro olim de Cervelione, dominus domus de Castro in Aragonia, vice comes comitatus de Illa in comitatu Rossilionis ac Baronis de la Llacuna in Principatu Cathaloniae, filius multum Illis. domini Berengarii Arnaldi de Castro, olim de Cervelione quondam patris nostri… creamus et constituimus vos eundem honorabilem Petrum Castany… in baiulum generalem totius terre et ditionis dicte domus nostre de Castro necnon quorumvis castrorum sive castellorum, terminorum, villarurn, locorum et pertinentiarum eius-demdomus nostre de Castro… Itaque vos quamdiu de nostro processerit beneplacito sitis baiulus generalis… regatis et exerceatis ipsum baiuliae generalis officium in tota dieta terra, etc. sicut per baiulos generales predecessores vestros peragi et exerceri solitum est et debet etiam cum creatione procuratorum, fiscalium atque etiam curn absoluta potestate et quemadmodum domini baron larum habent et tenent in Aragonia…» (ib., p.64).
86 Cf. BAU, BC, p.19. He aquí a otro baile general de la Villa y Baronía: «Con licencia y permiso del magnífico Joan Sallent bayle general de la dicha villa de Peralta y su Baronía…» (11 de diciembre de 1610) (cf. J. POCH, De la «batllia» y del catalá Parlat…: Cat 210 [1978] 6). En 1641, durante la «Guerra dels segadors», preparan la ofensiva los de la zona ribagorzana y, tomadas las decisiones, se dice: «Avisar a los quatro castillos, Villa de Estadilla y las demás Villas y Lugares de la Casa de Castro toca al señor don Félix de Alagón, su Gobernador» (cf. J. DE MONER, Biblioteca de escritores ribagorzanos [Zaragoza 1884] p.270).
87 «Sólo a partir de 1300 la villa de Casserres quedó dentro del reino de Aragón pero formando parte de la autó-noma Baronía de Peralta, al igual que Peralta de la Sal, Gavasa, Purroy, etc. y sin subordinación alguna ni a Aragón ni al Condado de Ribagorza. Los señores barones de Castro-Peralta, en la posesión y régimen de su ba-ronía únicamente dependían del monarca de España» (J. POCH, Manuscrito inédito del siglo XVIII…, p.24-25).
88 Cf. J. POCH, San José de Calasanz “oficial Eclesiástico» de la Villa de Tremp (1589-1591)”: AnCal 4 (1960) 327, n.I.
89 Cf. A. VIDAL, De re calasanctiana: RevCaI 147 (1925) 179.
90 Don Martín de Aragón, Conde de Ribagorza, escribe en un informe de 1554: «Los Señores de vasallos que el Condado tiene en Ribagorza y jurisdicción sobre ellos y los cuales entran en los brazos de las Cortes generales en el Reino de Aragón, son…» (J. M. DE MONER, Biblioteca de escritores ribagorzanos, p. 54). «El Condado es-tá situado dentro del presente Reino de Aragón…» (ib., p.67).
91 He aquí la lista: Estadilla, Estada, Olbena, Castro, Puebla de Castro, Sequastiella, Obiergo, Bolorina, Baraso-na, Pueyo Marguilén, Casterlenas, Aler, Castillon Roig, Purroy Caserras Penavera, PERALTA DE LA SAL, Gavasa, Çurita, Camporrels, Momagastr Pelagriñón, Rocafort, Juseu, Laguarres, Lasquarre, Luçan, Balls, Naça, Cuba, Caldaró, yegua y Montalt (P. POCH, La infanzonía de los Calasanz: AnCal 7 [1962] 47). La lista, sin embargo, no parece completa, pues falta entre otros el lugar de Cuatrocorz, perteneciente a la baronía de Peralta. La enumeración que hace Labaña de los lugares del barón de la Laguna, además de incompleta es inexacta (Cf. J. B. LABAÑA, o.c.); Hacia 1622 don Felipe Luis Piérrez escribe un Alfabeto de lugares del Condado de Riba-gorza y sus límites y enumera 203 villas y lugares integrantes dicho Condado, entre los que equivocadamente incluye a Gabasa, que era de la Casa de Castro (cf. J. M. DE M0NER, o.c., p.241-247).
92 Cf. J. POCH, San José de Calasanz hijo de Peralta de la Sal: Argensola 28 (1956) 355
93 De las nueve localidades enumeradas aparecen siete en la lista del Conde de Ribagorza citada en la n.91 ante-rior: Peralta, Gabasa, Zurita, Momagastre, Pelagriñón, Rocafort y La Cuba. Cuatrocorz es citada junto con Pe-ralta, Gabasa y Zurita, cuyas «diezmas» arriendan los señores de Castro al que fue baile de Peralta, Monserra-te Joan Sala, en 1614 (cf. PanEs 9 [19701 136). Uno de los enclaves (Pelagriñón) pertenecía, sin duda, a la ba-ronía (cf. texto relativo a la n.86), luego lógicamente debían pertenecer también los otros dos (Rocafort y Al-caná), lo cual explicaría la anormal pertenencia actual, lejos de su término principal. Aunque es difícil ubicar hoy un pueblo en Momagastre, donde quedan ruinas del castillo y la ermita de la Mora, consta que aún había parroquia en 1542, según documentos del archivo parroquial de Peralta (cf. Rass 26-27 [1957] 24), y en 1576 en que muere su párroco (cf. n.97 siguiente). También es significativo que la parroquia de Alcaná fuera de la diócesis de Urgel, según consta en esta relación, fechada el 17 de octubre de 1588, en la que su párroco nom-bra procurador a José de Calasanz, secretario entonces del Cabildo de Urgel: «rdus dnus Jacobus Betrán (sic) pbr rector parrochialis ecclesie loci del Canar urgelen. dioc. sub invocatione Ste Margarite urgelen. qui… constituit in procuratores certos etc… illustrem dom. Hieronimum Çaportella I.V.D. Josephum Calasanz et Andream Roger pbros dicte urgelen. dioc.» (Documentos de Merigó, en RegCal 74,58).
94 Arch. privado de Casa Lamarca, de Peralta de la Sal, notario Pedro Fortón, 1615, 25 de abril, f.9Oss.
95 Cf. J. POCH, El primer documento conocido de Peralta de la Sal: PanEs 9 (1970) 136.
96 Arch. Protocol. Zaragoza, D. Fecet, 1592, f.1129 (19 de diciembre). En 1708, al incorporar Felipe V las salinas del Reino de Aragón al Real Patrimonio, el párroco de Peralta, en un memorial de protesta, reconoce los de-rechos señoriales de la Casa de Castro sobre las salinas de Peralta, diciendo: «…pagando igualmente de tiem-po inmemorial [los vecinos] diezmo de Sal y treudo por derecho de Dominicatura a los Marqueses de Aytona, Señores temporales de la referida Villa y Primicia al Rector de la Iglesia Parroquial de ella, en la misma forma que de los demás frutos que producen otras heredades» (Arch. privado de Casa Zaydin, de Peralta, Memorial impreso).
97 En 1576 fallece el rector de Momagastre, don Pedro Texidor, y don Berenguer Arnaldo de Castro y Cervellón, barón de la Laguna y de Peralta, de cuya iglesia dependía la de Momagastre, presenta candidato para la rec-toría vacante (cf. J. POCH, Los Calasanz peraltenses y la parroquia de Peralta de la Sal: PanEs 7-8 [1970] 105). Con fecha de 24 de abril de 1528 consta: «Portio in ecclesia Statellae per resignationem ad praesentationem domine Gm (Guiomar) Marie de Castro et portionariorum dicte Ecclesie». Y en el mismo código: «B(eneficium) Sanctarum Crucum in ecciesia S. Stephani Statellae per resignationem ad presentationem domine Guiomar de Castro et abbatis dicte ecciesiae», con fecha del 15 de mayo de 1529 (Arch. Catedr. Lérida, Beneficios en las Parroquias de la diócesis, f.29v-30v).
98 «Calaçans. B(eneficium) S. Anthonii in ecciesia de Calassans per obitum ad presentationem Juratorum de Pe-ralta de la Sal alias de la Honor», con fecha del 17 de octubre de 1471 (ib., f.5).



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pulidor de suelos
Dic 20, 2011 10:42

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[...]Archivo Calasanz - sJ.C. - C. 01 - Peralta de la sal, su patria[...]…

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Mar 22, 2012 0:06

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