Documentos, Documentos Iglesia, La familia - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Febrero 26, 2009 22:15 - 0 Comments

La familia, escuela de justicia y paz - 4. Familia: encarnación paradigmática entre justicia y caridad

ÍNDICE

La familia no es para la persona humana una estructura externa y accesoria. Por el contrario, es el ámbito privilegiado para el desarrollo y crecimiento de su personalidad, conforme a las exigencias de la dimensión social constitutiva de la persona. “La familia, fundada en el amor y vivificada por él, es el lugar en donde cada persona está llamada a experimentar, hacer propio y participar en el amor sin el cual el hombre no podría vivir y su vida carecería de senti-do”[12]. De ahí que el valor del amor, junto con el de la libertad y de la justi-cia, ocupe el centro de la función de la familia en la sociedad. En la propuesta cristiana, el primado lo detenta la caridad. La caridad engloba y encarna todas las virtudes, pues consiste en participar de la vida de Cristo, hombre perfecto.

Si es cierto que existen unas diferencias en cuanto a su finalidad específica, caridad y justicia pueden y deben integrarse. Para alcanzar este fin, y si se quiere que ambas virtudes se complementen para solucionar los problemas so-ciales, hace falta que se cumplan las siguientes tesis:

a) No hay caridad sin justicia: la caridad tiene carácter “de fin”, mientras que la justicia cumple el cometido “de medio”. Por tanto, así como no se alcanza el fin sin el uso de medios, de modo análogo faltará la caridad en la convi-vencia si la justicia (medio) está ausente de la vida social. Observando tan-tas injusticias sociales, cabe concluir que se está aún lejos de alcanzar la caridad.

b) No hay justicia si falta amor: por la misma doctrina de relaciones “medios-fin” se confirma esta tesis, ya que no tiene sentido esforzarse en poner unos medios (justicia) que no están orientados a fin alguno (caridad).

c) El cumplimiento de la justicia es una condición permanente de la caridad: un estado de justicia facilita relaciones estables de caridad entre las perso-nas y, al contrario, la injusticia es fuente constante de conflictos.

Por tanto, es muy conveniente conjuntar el ejercicio de la justicia y la cari-dad, que “son como las leyes supremas del orden social”[13]. A este respecto, Juan Pablo II escribe: “La justicia por sí sola no es suficiente (…). La experien-cia histórica ha llevado a formular esta aserción: summum ius, summa iniuria (el derecho sumo -estricto-, comporta la suma injuria)”[14].



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