Documentos, Documentos Iglesia, La familia - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Febrero 26, 2009 22:25 - 0 Comments

La familia, escuela de justicia y paz - Conclusión y notas

ÍNDICE

Ahora podemos responder sintéticamente a la pregunta inicial, ¿qué aporta la familia a la sociedad?, de la siguiente forma:

1. La familia es garantía de futuro para la sociedad. En ella se transmite el bien fundamental de la vida humana y se dan las condiciones idóneas para la educación integral de los hijos. Ella es la que procura el tesoro de la gene-ración y la que contribuye decisivamente a que los hijos sean buenos ciuda-danos.

2. La familia es transmisora del patrimonio cultural. “Es en el seno de la fami-lia donde se trasmite la cultura como un modo específico del existir y del ser del hombre”[23]. En la familia comienza a forjarse la integración de ca-da individuo en su comunidad nacional -lengua, costumbres, tradiciones-, asegurando la subsistencia del pueblo al que cada uno pertenece. En ella se va conociendo la historia a través del diálogo con los padres y los abuelos, un diálogo entre generaciones de singular importancia, que produce esa memoria viviente que forja la identidad personal.

3. La familia aporta a la sociedad mucho más de lo que haría la suma de cada uno de sus miembros porque en ella se cultiva el bien común. Por eso, sin la familia, la sociedad no recibiría ese plus propio de la familia. Como hemos señalado, el bien común familiar no consiste sólo en lo que es bueno para cada uno de sus componentes, sino en lo que es bueno para su conjunto, alimentando así el desarrollo y la cohesión social.

4. La familia, además de garantía de estabilidad, es ventajosa para las admi-nistraciones. En efecto, la familia, además de proporcionar sujetos de pro-ducción económica, es un factor de cohesión social que en muchas ocasiones actúa como “colchón solidario” ante diversas coyunturas adversas. En la ac-tualidad, la familia se ha convertido en el núcleo de estabilidad para los miembros con problemas de desempleo, enfermedad, dependencia o margi-nación, aliviando los efectos dramáticos que dichos problemas ocasionan. La familia es hoy el primer núcleo de solidaridad dentro de la sociedad, que lo-gra lo que las administraciones públicas difícilmente pueden cubrir.

5. La familia es el primer promotor de los derechos del hombre, pues tanto éstos como la misión de la familia tienen como destinatario último a la per-sona.

6. La familia y la sociedad son interdependientes, por lo que todo lo que afec-te a la sociedad[24], tarde o temprano, afectará a la familia y viceversa. Por este motivo se puede afirmar:

a) La familia personaliza la sociedad. En la familia se valora a las personas por su propia dignidad, se establece el vínculo afectivo y se favorece el desarrollo y la maduración personal de los hijos a través de la presencia y la influencia de los modelos distintos y complementarios del padre y la madre.

b) La familia socializa la persona. En ella se aprenden los criterios, los valo-res y las normas de convivencia esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y para la construcción de la sociedad: libertad, respeto, sacrificio, generosidad, solidaridad.

En estos días pasados hemos contemplado a la Sagrada Familia en Belén y en Nazaret. La Sagrada Familia está llamada a ser memoria y profecía para todas las familias del mundo. En ella, el Verbo de Dios vivió y, a través de la familia, nos transmitió gran parte de su vida, que es para todo hombre luz para cono-cer la inmensidad a la que ha sido llamado: construir ya en esta tierra “el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la jus-ticia, el amor y la paz”[25]. Desde el corazón de México, éste es el don y la tarea a la que se convoca a todas las familias del mundo. Que a ello nos ayude la materna intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe.

Muchas gracias.

Notas

[1] Juan Pablo II, carta a las familias “Gratissimam sane”, 2 de febrero de 1994, 2.
[2] Juan Pablo II, exh. ap. Familiaris consortio, 17.
[3] “La familia, en cuanto es y debe ser siempre comunión y comunidad de personas, encuentra en el amor la fuente y el estímulo incesante para acoger, respetar y promover a cada uno de sus miembros en la altísima dignidad de personas, esto es, de imágenes vivientes de Dios” (ib., 22).
[4] Ib., 43.
[5] Consejo pontificio “Justicia y paz”, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 164.
[6] Cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1907-1909.
[7] Cf. Consejo pontificio “Justicia y paz”, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, nn. 489-493.
[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 29, a. 1.
[9] Platón, República, IV, 18 44 d.
[10] Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, Libertatis nuntius, 6 de agosto de 1994, nn. 6-10.
[11] Juan Pablo II, carta enc. Sollicitudo rei socialis, 39.
[12] Juan Pablo II, Discurso al Congreso teológico-pastoral del II Encuentro mundial de las familias, Río de Janeiro, 3 de octubre de 1997, n. 3; cf. Familiaris consortio, 18.
[13] Juan XXIII, carta enc. Mater et Magistra, n. 39. Cf. santo Tomás de Aquino, Contra gentiles, 3, 130; Pío XI, carta enc. Quadragesimo anno, n. 137; Juan Pablo II, carta enc. Dives in misericordia, n. 12.
[14] “Por sí sola la justicia no basta. Más aún, puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor” (Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 2004, n. 10).
[15] Cf. P. P. Donati (a cura di), Riconoscere la famiglia: quale valore aggiunto per la persona e la società?, edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo 2007, pp. 63-173.
[16] Cf. Consejo pontificio para la familia, XVIII Asamblea plenaria: “I nonni: la loro testimonianza e presenza nella famiglia” Familia et Vita, Anno XIV, n. 4/2008.
[17] Cf. E. Herltfelter, I Congreso de educación católica para el siglo XXI, ed. Instituto de política familiar, Valencia 2008.
[18] “Donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natu-ral el camino de la paz” (Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 2006, n. 3).
[19] “…Respetando a la persona se promueve la paz, y construyendo la paz se ponen las bases para un autén-tico humanismo integral. Así es como se prepara el futuro sereno para las nuevas generaciones” (Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 2007, n. 1).
[20] Cf. Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 2008, n. 3.
[21] Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 1993, n. 5.
[22] Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz de 2008, n. 5.
[23] Cf. Juan Pablo II, Discurso a la Unesco, 2 de junio de 1980, n. 6.
[24] “¿Cuál será el grado de moralidad pública que asegure a la familia, y sobre todo a los padres, la autoridad moral necesaria para este fin? ¿Qué tipo de instrucción? ¿Qué formas de legislación sostienen esta autori-dad o, al contrario, la debilitan o destruyen? Las causas del éxito o del fracaso en la formación del hombre por su familia se sitúan siempre a la vez en el interior mismo del núcleo fundamentalmente creador de la cultura, que es la familia, y también a un nivel superior, el de la competencia del Estado y de los órganos, de quienes las familias dependen” (ib., n. 12).
[25] Misal romano, Prefacio de la misa de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.



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