sJC - Maestro y Fundador - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Marzo 4, 2009 18:28 - 2 Comments

s.J.C - C.02 - Linaje y familia

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San José de Calasanz, maestro y fundador
Severino Giner Guerri, escolapio
BAC, 1992

CAPÍTULO 2 - LINAJE Y FAMILIA

Sin darle excesiva importancia al asunto, el anciano Fundador de las Escuelas Pías conversaba a veces con «su paisano», el joven Miguel Jiménez Barber (1), sobre viejas historias, muy leja-nas, de personajes famosos que creía sus antepasados. En sus declaraciones procesales de 1651 decía el ya canónigo de Lérida, don Miguel:

“Me contó una vez un suceso ocurrido en tiempos de un Rey de Aragón, al cual, haciendo la guerra en Cataluña, el abuelo o bisabuelo del P. José, con setenta ballesteros, le salió al en-cuentro en el lugar de Corvins, en la cruz situada fuera de dicho lugar a una milla o más, y habiéndolo encontrado allí con toda la mencionada gente traída a sus expensas, se postró a los pies de su Rey de Aragón, el cual le abrazó y recibió con mucha amabilidad, agradeciéndo-le sumamente el servicio y obsequio que le prestaba, como reñeren más ampliamente las his-torias de escritores de dicho Reino» (2).

El suceso constaba, efectivamente, en varias obras editadas, como los Anales, de Zurita, o la Vida de Jaime I, de Gómez Miedes, basadas en la Crónica del Rey Conquistador o Libre deis Feits, y se trataba de Beltrán de Calasanz y no del abuelo o bisabuelo del P. José (3). De estos últimos, sin embargo, era más fácil hablar y también de ellos hablaron, por lo que dice Bar-ber: «recuerdo que muchas veces en conversación le he hablado y traídole a la memoria sus parientes, que tenía en su pueblo y en el mío y en el de mi madre, y le recordaba muchos pa-rentescos, incluso con nuestra familia, que emparentaba con los Calasanz en tercer grado de añnidad…, y de estas cosas hemos hablado juntos muchas veces» (4).

Hay que lamentar que el canónigo leridano no diera más detalles de estas conversaciones, al menos el nombre de los abuelos de Calasanz. Hubiera ahorrado muchísimas páginas escritas desde entonces, que han dejado el problema sin resolver, pues todavía hoy ignoramos quiénes fueron los abuelos paternos —y maternos— del Santo. Y con esta rama de los Calasanz de Pe-ralta, cortada de su tronco, apenas si vale la pena examinar de nuevo, no ya el árbol genealó-gico, sino el bosque crecido desde los primeros años que siguieron a la muerte del Fundador hasta nuestros días. No obstante, no podemos marginar totalmente este complicado problema.

1. Mentalidad barroca

Indudablemente, era un honor poderse considerar pariente del Fundador de una Orden religio-sa, del que se estaba tratando el proceso de Beatificación. El canónigo leridano nos acaba de dar el primer ejemplo. Y tras él habrá otros que con más o menos verosimilitud presentarán sus credenciales, aduciendo troncos, ramas o injertos para colocarse en el ramaje del mismo árbol genealógico. Sin la adecuada documentación nadie podía contradecirles y vivieron, al menos, satisfechos de su posible parentesco, sobre todo si entre sus apellidos primeros figura-ba el de Calasanz.

Hacia 1700 el escolapio P. José Font estuvo por tierras de Peralta de la Sal y sacó la impresión de que «todas las familias con apellido Calasanz pretendían estar emparentadas con el Ven. P. José Calasanz» (5). Alguien estaría en lo cierto, pero no era posible saber quién. Incluso, al cabo de un siglo después de su muerte, todavía se esforzaba alguno por descubrir su parentes-co con el Fundador recién beatificado. Así, en 1751, don Antonio de Sangenís y de Calasanz presenta sus disquisiciones genealógicas, confesando sus temores y sintiendo «no poder dar perfecto cumplimiento, conforme mi voluntad desea, a cosa tan laudable como es el liquidar [demostrar] legítimamente el parentesco de un esclarecido héroe de nuestra Iglesia Romana, como es el Beato Patriarca P. Joseph de la Madre de Dios, olim de Calasanz… con la solariega y antigua Cassa, olim de Castany, de Calasanz, et nunc de Sangenís, del lugar de Casserres, reyno de Aragón…» (6)

No hay que olvidar que el Fundador de las Escuelas Pías vive y muere en época del barroco (1557-1648), y que el largo proceso de su beatificación, que dura un siglo (1648-1748), se lleva a cabo en ese mismo ambiente barroco. La beatificación y canonización son un proceso de glorificación, en el que todo lo que contribuye a exaltar y engrandecer la figura del futuro Santo es válido y sumamente apreciado. Por ello, no sólo las virtudes heroicas, la santidad y los milagros favorecen esa glorificación, sino también lo que la sociedad aprecia como valores humanos. Y tales son, entre otros, los estudios universitarios y consiguientes diplomas acadé-micos, los títulos nobiliarios, las relaciones con las dignidades oficiales y la aristocracia, la riqueza y posición social de la propia familia. De todo ello se echará mano en nuestro caso, exagerando ciertamente los tonos, pero sobre un fondo de verdad incuestionable.

En este proceso de glorificación están interesados los escolapios y a la vez todos los que pre-tenden ser parientes del P. José de Calasanz. Y entre unos y otros le cargarán de doctorados a él, de oficios y dignidades a su padre, de riquezas a su hogar y de rancia nobleza a toda la fa-milia. El peligro en estos casos es la reacción contraria, al descubrir grietas en ese compacto monumento. Y algo de esto hubo, no resuelto todavía con serena objetividad. A una visión más ecuánime quisiéramos contribuir con las páginas que siguen.

2. Raíces, tronco y ramas

Los que se afanaron en probar su parentesco con el P. José Calasanz tuvieron que acudir a los papeles y documentos de la propia familia o de otros fondos públicos para remontar el pasado y encontrar el entronque con los Calasanz de Peralta. Para algunos fue suficiente llegar a ese entronque. Otros, sin embargo, se esmeraron más reconstruyendo el tronco hasta llegar a raí-ces tan profundas como inverosímiles. Estos genealogistas no sólo se interesaron, por tanto, en patentizar su parentesco con el Fundador, sino que ennobleciendo su tronco ancestral y sus raíces comunes, se ennoblecían a sí mismos.

Los panegiristas y biógrafos italianos, a la hora de construir el árbol genealógico de su Padre Fundador, tuvieron que manejar las cartas, memoriales y declaraciones juradas, provenientes de España, sin muchas posibilidades de comprobar la veracidad de las noticias y con la normal predisposición de dignificar su estirpe. De todos estos biógrafos hay dos particularmente im-portantes, que influyen poderosamente en toda la hagiografía calasancia, y son el P. Alejo Armini y el P. Vicente Talenti (7). El primero escribió: «entre las más nobles y antiguas fami-lias del Reino de Aragón, se cuenta la de los Calasanz, que después de 560 años se conserva gloriosamente. Esta nobilísima prosapia reconoce sus orígenes de Benabarre, cabeza del con-dado de Ribagorza, de un tal Ximeno Fortuñón, que vivió en torno al año 1126 y del que se hace mención en las Crónicas de Aragón» (8). Talenti es más explícito: «Los primeros escrito-res de la Vida del Beato José y las memorias de la estirpe calasancia, comienzan la genealogía de esta familia con Ximeno, primero de tres hermanos Fortuñones… El origen de la estirpe Fortuñona… es de los Reyes de Sobrarbe: Ximeno, Iñigo, Fortuño y Sancho, llamados también los primeros Reyes de Navarra» (9).

Se llega así a poner al descubierto las últimas raíces legendarias de este árbol y en ellas corría savia-sangre de reyes. El árbol fue creciendo, no siempre con ininterrumpida descendencia directa. Su fornido tronco medieval recibe el apellido Calasanz del castillo homónimo, con-quistado definitivamente por Pedro I de Aragón en 1102 y anexionado al Condado de Urgel hacia mediados del siglo XII.

Algunos de los primeros personajes llamados «de Calasanz» tenían su propio apellido familiar, pero al recibir el castillo de Calasanz «en señorío» o «carlanía» o «tenencia» se llaman tam-bién «de Calasanz». Tal «señorío» o «carlanía» no es tampoco necesariamente hereditaria, por lo que algunos de esos primeros «Calasanz» que aparecen en el tronco medieval del árbol ge-nealógico de nuestro Santo no sólo no se llaman Calasanz, sino que ni siquiera fueron de la misma familia. Lo cierto es, sin embargo, que en ese tronco calasancio tradicional no hay nin-gún personaje legendario, sino que todos están documentalmente comprobados, y de muchos de ellos incluso se conocen sus mutuas relaciones familiares (10). Pero, indudablemente, no puede aceptarse como tronco ni como árbol del que brote sin solución de continuidad en 1557 y en Peralta de la Sal José Calasanz Gastón.

Si del tronco pasamos a las ramas, la confusión y desorientación es mucho mayor. Los genea-logistas, pretendidos parientes del Santo, fueron los primeros en provocar tales confusiones. El P. José Jericó, uno de los más beneméritos investigadores en temas calasancios, por cuyas manos pasó toda la documentación española conocida hasta entonces y aun por él descubier-ta, confesaba sinceramente en 1746: «La mayor dificultad que yo encuentro consiste en en-troncar a Pedro, padre de N.V.P., en el Árbol genealógico» (11). Y después de dos largos siglos persiste todavía la misma dificultad, a pesar de las investigaciones y nueva documentación de los últimos tiempos.

3. Los últimos intentos de solución

Cuando en 1680 llegó a Peralta de la Sal el primer escolapio, P. Luis Cavada, deseoso de reco-ger noticias sobre el P. Fundador, le presentaron a sus parientes más cercanos, sobrinos en tercero o cuarto grado. Y le dijeron que después de ellos los más cercanos eran los Calasanz de Casserres y tras éstos los de Benabarre (12). Esa fue la idea común de los biógrafos, hasta que en 1932 don José Merigó, cura párroco de Tamarite de Litera, revisando documentos no-tariales, dio con un tal Pedro Calasanz Pano, que ejerce de herrero en 1536-1537 en El Grado, localidad ribagorzana junto al Cinca, no lejos de La Puebla de Castro, y que desaparece de allí en 1539. A los pocos años aparece en Peralta de la Sal un Pedro Calasanz, herrero también, casado con María Gastón, padre de San José de Calasanz. De donde concluía que ambos Pedros eran la misma persona: «… entiendo —decía— que Pedro Calasanz, herrero de Peralta de la Sal, es el mismo Pedro Calasanz, herrero de El Grado» (13). A esta sorprendente coincidencia se añadía otra: los Calasanz de El Grado y los de Peralta decían tener parientes en Juseu, pueblo vecino, de la Casa de Castro (14).

La nueva tesis causó cierto impacto, pero tuvo tímida respuesta (15). Más tarde, en los años 1949-63, el gran biógrafo P. Bau reasumió y difundió muy convencido la idea nueva de Merigó en varios de sus escritos (16). Pero ni las razones del mismo Merigó, ni las nuevas y amplias consideraciones de Bau convencieron demasiado y fueron, en parte, contradichas (17). El pro-pio Merigó, para dar fuerza a su argumentación, escribió: «ni en Azanuy, Benabarre, El Grado, Tamarite, Barbastro, Monzón, Ballobar, Castellón del Puente, ni en Nápoles, poblaciones a donde se había extendido la familia Calasanz a mitad del siglo XVI, he sabido encontrar otro Pedro que el herrero, que ya en 1539 no está en El Grado y sí en Peralta de la Sal» (18). Y la enumeración no era completa, pues faltaban, entre otras, Casserres, Calasanz y Juseu, en cu-ya última localidad hacía notar Merigó que tenían parientes los Calasanz de El Grado y de Pe-ralta.

El mismo Merigó respondía a su argumento, pues en otro artículo posterior confesaba haber encontrado luego a un Pedro Calasanz en Benabarre que interviene en un documento de 1529 (19). Y en 1546, también en Benabarre, aparece otro Pedro Calasanz, en el que centraron su atención otros dos ilustres investigadores de temas calasancios, los PP. José Poch y José López Navío, afirmando primero y negando después su identidad con el padre del Santo de Peralta (20).

La dificultad, pues, es real, y a pesar de la abundante documentación descubierta en los últi-mos años, estamos como al principio. La larga lista de pueblos, enumerada por Merigó, en los que existían Calasanz ya en el siglo XVI, nos da idea de las posibles hipótesis sobre el lugar de origen del padre de nuestro Santo. Y aun limitándonos a la villa de Benabarre, la más señalada tradicionalmente, no sólo se encuentran en abundancia los Calasanz, sino incluso los «Pedro de Calasanz», contemporáneos, que agudizan el problema y lo vuelven casi insoluble (21). Las dudas y cambios de opinión de los especialistas en estos temas nos confirman en la idea (22).

4. Infanzonía de los Calasanz

Cuando José Calasanz Gastón llegaba a Roma a sus treinta y cuatro años, en los primeros me-ses de 1592, llevaba entre sus pocos objetos personales un sello nobiliario, que por sus seme-janzas con otros conocidos del mismo apellido pertenecía a los Calasanz (23). Y en las prime-ras cartas que conservamos de su amplísimo epistolario estampó ese sello familiar junto a su firma. Las dos primeras están escritas desde Urgel y Tremp, lo cual indica que debió de usar el sello corrientemente en sus actos públicos o correspondencia particular, ya en España. Las otras cinco las escribió desde Roma al párroco de su pueblo, don José Texidor, añadiendo al sello familiar y a su firma el título de doctor, recién conseguido (24). El sello lo conservó celo-samente durante toda su vida, aunque no volviera a usarlo ya nunca desde 1599. Hoy es una preciosa y curiosa reliquia.

Es obvio que él mismo sabía que su familia pertenecía de alguna manera a la nobleza de Ara-gón. Y lo mismo supieron también sus contemporáneos en aquella Roma barroca de los siglos XVI-XVII, aunque a ciencia cierta no llegaran a distinguir el grado de nobleza. En los primeros funerales solemnes que le hicieron ya salió a relucir públicamente su alcurnia y su escudo fa-miliar. Y varios testigos del primer proceso informativo (165 1-1653) le calificaron también de noble, entre los cuales el ya mencionado don Miguel Jiménez Barber, paisano y confidente del Santo, particularmente en estos asuntos familiares: «he oído decir —declaraba— que nació de la familia de los Calasanz, la cual en dicho lugar [de Peralta] son ‘Idalgos Infanzones’ (sic, en castellano), que quiere decir Gentiles-hombres y, según las leyes de aquel Reino, gozan de todos los privilegios que gozaban los Infantes hijos de los Reyes de Aragón…» (25).

En el mismo sentido se expresaron los primeros testimonios jurados llegados a Roma desde España. Baste recordar el del Ayuntamiento y Párroco de la villa de Peralta, que en 1673 vol-vían a insistir:

«En cuanto a la calidad de los ascendientes y calificación de la casa y familia de los Cala-sanz, es Noble, y si de esto será menester hacer informe auténtico y jurídico, se servirá V. P. mandar aviso a esta Comunidad [de sacerdotes de la parroquia] y a esta villa» (26).

A cualquiera que lea los largos memoriales y declaraciones de los procesos de beatificación y los alegatos de sus parientes reales o supuestos, «esta manera de hablar con tanta prosopope-ya de ramas y casamientos, de vástagos y estirpes, de señores de lugares y de casas las mejo-res de las villas, pudiera remontarle a esferas de idealización en que Casserres y Claravalis, Benabarres y Peraltas, le sonara a algo así como Covarrubias y Medinacelis, Aytonas y Monca-das, Albas y Osunas. Pero una simple ojeada a un vulgarísimo mapa, o un recorrido por aque-llos humildísimos lugarejos, obliga a descender inmediatamente de las alturas y pone en con-tacto con la más ordinaria vulgaridad. Simples hidalgos o infanzones, con un ‘de’ en el apelli-do y un blasón en el portal; pero nada de palacios…» (27).

Y eso es todo: infanzones nada más. Y nada menos. Es un título o estado de nobleza típica-mente aragonés. He aquí cómo lo aclaran los especialistas: «la constitución del rei¬no aragonés propio presenta una particularidad que no se observa en parte alguna: la de haber tres grados de nobleza: la de los barones (o ricos-hombres), la de los caballeros y la de los infanzones… En Cataluña y Valencia los nobles no tienen todos igual poder y riqueza, pero todos son de ca-tegoría idéntica. En Aragón formaban los ricos-hombres brazo aparte en las Cortes…» (28). «Los infanzones son los que siguen a los caballeros en orden de categoría, no por inferior a ellos, sino porque no estaban investidos de la caballería. El infanzón es el verdadero noble típico aragonés; equivale al hijodalgo de sangre y solar conocido en Castilla. El verdadero in-fanzón es el de nobleza de inmemorial. Son los descendientes directos por línea recta de va-rón de los primeros nobles infanzones que a las órdenes de los ricos-hombres de natura hicie-ron la Reconquista. También son hijos o descendientes de caballeros, de mesnaderos y hasta de ramas menores de los ricos-hombres. Su nobleza no tiene fecha; es verdaderamente de inmemorial…» (29).

Esta era la nobleza de los Calasanz: la infanzonía de inmemorial. El primero en especificar la cualidad o grado de nobleza del Fundador de las Escuelas Pías, ya en 1651, fue «su paisano», el canónigo de Lérida, don Miguel Jiménez Barber, que como aragonés conocía perfectamente el significado y grado de tal nobleza y que incluso en contexto italiano usó la palabra típica y exacta, aplicada a los Calasanz de Peralta: eran «Infanzones» (30).

5. «Etnicamente…»

Comentando Picanyol la carta en que José de Calasanz se declara expresamente «aragonés de nación», escribe: «lo cual quiere decir que él se consideraba, al menos civilmente, si no aun étnicamente, como perteneciente a Aragón» (31). Y lo más probable es que si le hubieran ins-tado a que se definiera sobre tales adverbios y otros similares, hubiera declinado la respuesta, insistiendo en lo que añadió a renglón seguido de declararse aragonés: «pero de sentir y cos-tumbres romano, pues son ya más de 40 años que estoy en Roma, olvidado por completo de la patria» (32). Pero no todos se conforman con esta respuesta. Ni vamos a volver de nuevo so-bre lo ya dicho anteriormente. No obstante, después de lo que acabamos de exponer sobre su árbol genealógico, la expansión geográfica de su apellido y la nobleza de su familia, parece que es ineludible una referencia a su «etnia».

Aunque Peralta de la Sal perteneció al Reino de Aragón ininterrumpidamente desde 1300, po-día haber ocurrido que el árbol genealógico de los Calasanz hundiera sus raíces más allá de las fronteras de dicho reino, o que las ramas más recientes de donde pudo nacer el brote de Pe-ralta hubieran surgido más allá del Noguera Ribagorzana, línea fronteriza entre Aragón y Cata-luña, en cuyo caso podría proponerse la cuestión de orígenes étnicos, distintos de los geográ-ficos. Pero por todo lo que llevamos dicho y todo lo que puede leerse de los especialistas en temas calasancios, particularmente del P. Poch, todos los personajes conocidos que integran el tronco y las ramas de los Calasanz, incluso toda la pléyade de Calasances contemporáneos del Santo de Peralta, tienen su origen común en tierras ribagorzanas, y los pueblos nombrados por Merigó y otros eruditos, en los que se documenta la presencia de Calasances, son también ribagorzanos, de la Litera o muy cercanos. Es decir, los Calasanz, desde que se conocen, tie-nen sus orígenes en Aragón, tanto más si el apellido proviene del pueblo homónimo, que, co-mo Peralta de la Sal, quedó definitivamente incorporado a dicho reino desde el año 1300.

Tamizando las exageraciones que sobre la nobleza de José de Calasanz han dicho los biógra-fos, nadie jamás le ha negado tal título y los más críticos y documentados han confirmado la aclaración de don Miguel Jiménez Barber de que era «infanzón», y concretamente con «infan-zonía de natura o de inmemorial», propia de los Calasanz (34). Y es obvio que este título de nobleza era típica y exclusivamente aragonés, distinto de los existentes en las otras naciones de la Corona de Aragón (Cataluña y Valencia) y de la Corona de Castilla. Luego, siendo «infan-zón de inmemorial», forzosamente la «etnia» de los Calasanz tenía que ser aragonesa, tam-bién de inmemorial.

6. El apellido «de Calasanz»

Entre los derechos de los «infanzones», como de todos los nobles, se reconoce el de anteponer un de al apellido. Pero en la abundante documentación publicada o inédita referente a los Calasanz puede observarse que en los siglos XIII - XV lo normal es que todos los Calasanz lleven la partícula ‘de’, mientras que a partir del siglo XVI abundan más los Calasanz sin ‘de’. No obstante, hay muchos casos en que la misma persona, en documentos diversos, a veces lo lle-va y a veces lo omite; tratándose de la misma familia y en el círculo restringido de abuelos, padres, hijos, hermanos, a unos les dan el apellido con ‘de’ y a otros no; incluso se observa esta variedad en personas que se califican expresamente de «infanzones» o «señores de luga-res.» (35)

En nuestro caso, hemos de decir que en la no escasa documentación referente al hogar peral-teño de los Calasanz no hay ni un solo documento en que aparezca el ‘de’. En los censales, testamentos, capítulos matrimoniales, enumeración de bienes, instrumentos de venta y otras escrituras notariales, en las que intervienen o se nombran al padre y hermanos del Santo, in-cluso algunas veces con las firmas personales de Pedro padre e hijo, nunca consta el ‘de’. Véase, por ejemplo, este párrafo de los capítulos matrimoniales del primogénito y heredero Pedro, en que se nombra a todos los miembros de la familia:

«Item, es pacto y condición entre las dichas partes que el dicho Pedro Calasanz menor trae y los dichos Pedro Calasanz y María Gastón sus padres le dan… reservándose los di-chos donantes… a dicho Pedro Calasanz hijo suyo contrayente matrimonio, a Jusepe Ca-lasanz, María Calasanz, Juana Calasanz, Madalena Calasanz y Ysabel Calasanz fijos su-yos…» (36).

Por lo que al Santo se refiere, hay que constatar igualmente que jamás usó el ‘de’ antes de su apellido, desde las dos primeras firmas que estampó como testigo, siendo aún estudiante en los años 1573 y 1577 (37), hasta el final de sus días.

En sus primeras cartas romanas que conservamos no olvida lucir su flamante título de Doctor y su sello familiar de infanzonía, pero se firma «Joseph Calasanz» (38). En la abundante colec-ción de documentos curiales de los Archivos Episcopal y Capitular de Seo de Urgel, en que aparece su nombre y su firma, tampoco aparece el ‘de’ ni una sola vez (39). Hay otro fondo documental muy rico en firmas autógrafas o citas de su nombre y apellido, como son los libros de cuentas del mercader Antoni Janer, en cuya casa de Seo de Urgel se hospedó varios meses el joven curial Calasanz. En ellos se firma unas 30 veces «Joseph Calasanz» y otras diez en latín «Josephus Calasanz». El mercader por su cuenta le nombra unas 150 veces así: «Juseph Calesans» y sólo dos veces le añade el ‘de’ (46).

Salvo raras excepciones (41), ha predominado casi absolutamente la denominación José de Calasanz, más concorde con la exaltación barroquizante de épocas pasadas, y que la larga cos-tumbre de siglos ha consagrado. Eliminarla hoy, por criticismo histórico, sería pecar contra la eufonía al menos, además de que en justicia podrían haber usado también el ‘de’ los Calasanz de Peralta, como hicieron otros sin más títulos que el común de infanzonía de inmemorial.

Modernamente, los escritores catalanes suelen usar la modalidad Calassanç, sobre todo en contexto catalán, pues así suena fonéticamente la palabra castellana Calasanz. No obstante, ni el Santo personalmente, ni la documentación contemporánea que a él se refiere, tanto en textos castellanos como catalanes, usan jamás esa versión. Véase lo que escribe sobre el asun-to el P. Picanyol, especialista en caligrafía calasancia y perfecto conocedor del idioma cata-lán. Traducimos del latín:

«Se ha discutido mucho cómo escribía el Santo su propio apellido: Calassans, Calasanz, Calasans o Calasanç. Por todos los documentos vistos por nosotros en España y sobre todo por los examinados en Urgel, se nota gran diferencia y variedad; prevalece la ‘s’ final; una vez sin duda aparece la ‘z’; otras veces, sin embargo, la ‘z’, o tal vez la ‘ç’, pero según su forma antigua (b), pues el signo ‘ç’ no aparece nunca usado por él mismo, aun-que con frecuencia se use al principio o en medio de la palabra, como puede verse en el autógrafo que presentamos… En ninguna parte se usa el ‘de’, empleado en España desde mediados del siglo XVIII (42), ni tampoco la doble ‘s’ en medio del apellido, como se ve a veces cuando otro escribe el apellido… En las cinco primeras cartas que se conservan en Roma, en algunas hay ‘s’ al final, en otras aparece la ya mencionada z (b), como se de-duce fácilmente, pues el mismo signo usa en medio de las palabras que hoy se escriben así: hacer, parece, hacienda…» (43).

Y es curioso constatar que en esta meticulosa distinción de las variedades usuales del contro-vertido apellido haya omitido precisamente la más generalizada en los últimos tiempos: CA-LASSANÇ.

Un detalle más: en 1623, el Santo Fundador escribió un breve informe sobre el origen y desa-rrollo de las Escuelas Pías, y decía que entre los primeros asociados «vive al presente José de la Madre de Dios, del lugar de Peralta de la Sal, diócesis de Urgel, en el Reino de Aragón…» (44). En 1634, el escolapio Juan B. Morandi, entonces archivero de la Orden, hizo una copia, alargando las noticias hasta ese año, y amplió el citado párrafo de este modo: «vive al presen-te el Muy R. Pre. José de la Madre de Dios, así llamado ahora, y antes José Calassanz del lugar de Peralta de la Sal, diócesis de Urgel, del Reino de Aragón, en España…». Pero el Santo Fun-dador tachó el título reverencial Muy R. y detrás del primer José puso una llamada marginal con esta frase, que luego tachó también: «Calasanz, de la diócesis de Urgel, ahora llamado» (45).

7. Pedro Calasanz, baile de Peralta

El oficio de baile (batlle, balle, bayle) era común en toda la Corona de Aragón (Aragón, Cata-luña y Valencia), en todos sus grados de baile general y local y con sus funciones de represen-tación señorial, cobranza de tributos y administración de justicia.

Cuando los primeros escolapios llegaron a Peralta de la Sal en 1680, los vecinos recordaban todavía por haberlo oído decir —hacía ya más de un siglo— que el padre del Fundador había sido baile general. Así se expresaba el P. Luis Cavada:

«La villa de Peralta es actualmente de la Casa Real de los Sres. Marqueses de Aytona y cabeza de una Baronía de nueve lugares, gobernada siempre por persona principal que llaman Bayle General, a quien están subordinados los otros particulares Bayles de las otras villas y lugares. Y este puesto de Bayle General de toda la Baronía lo tuvo muchos años D. Pedro Calasanz, que fue padre del Ven. Fundador, que dejó muy plausible me-moria de la gran rectitud y vigilancia con que administraba la justicia». (46)

La noticia ha sido ampliamente confirmada, pues en documentos de 1559, 1564 y 1571 apare-ce «Pedro Calasanz, bayle general»; y en otros de 1566, 1569 y 1572 se firma «Pedro Calasanz, bayle» (47). La mezcla de fechas haría suponer que al menos desde 1559 hasta 1572, ambas inclusive, fue a la vez baile local de la villa y baile general de toda la baronía de Peralta. He aquí un texto en que se habla de una reunión del concejo, tenida el 18 de agosto de 1566 en Peralta: los llamados y convocados

«se adjuntaron a la baxada de la iglesia del dicho lugar donde y según otras veces para tales y semejantes actos y negocios el dicho consejo es acostumbrado congregar y ajun-tarse en el qual dicho concejo y en la congregación de aquel intervinimos y fuimos pre-sentes los infrascriptos y siguientes. Et primo nos Pedro Calasanz bayle, Anthon Sala de la Pila y Pedro Pallarés jurados de dicho lugar de Peralta de la Sal…» (48).

Consta, además, que desde 1551 formaba parte del «concejo particular» como «prohombre», junto con el bayle y jurados de la villa (49). Esta temprana pertenencia al concejo y su larga permanencia como baile de la villa y haronía, quizá durante todo el ventenio 1559-1579 (50), hace pensar que debía ser natural de Peralta y no venido de fuera, pues no parece probable que se eligiera para tales cargos a un advenedizo.

Pero persiste la duda, pues no hay huellas de otros Calasanz peralteños anteriores a él o con-temporáneos que pudieran ser sus parientes.

8. Pedro Calasanz, «ferrero»

En 1921 publicó el canónigo urgelense don Pedro Pujol i Tubau la preciosa monografía sobre San José de Calasanz, oficial del cabildo de Urgel, y en el apéndice documental incluía el acta de la recepción de tonsura, en la que se leía su nombre y el de sus padres y decía: «Josephum Calasans, filium legitimum et naturalen Petri Calasans, fabri fe… et Marie Gastona, conju-gum, loci Peralte de la [Sal, Ur] gellensis diocesis» (51). Las palabras fabri fe… (‘fabri ferra-rii’ = herrero), aplicadas al padre del Fundador de las Escuelas Pías, causaron un inesperado estupor. Nadie hubiese podido sospechar que de la noche a la mañana retemblara y aun se desplomara todo aquel retablo barroco en el que, junto a la hornacina central del Santo de Peralta, estaban las de sus padres. El baile general y gobernador de la baronía de Peralta, cu-ya nobilísima estirpe procedía de las casas reales de Navarra y Aragón, había sido sencillamen-te un herrero. Hoy, sin embargo, el estupor es nuestro, cuando leemos páginas como las que escribió el director de Revista Calasancia, desconcertado por la novedad e incluso escéptico ante la lectura de la palabreja. Casi como curiosidad merece la pena citar unos párrafos:

«Pudo D. Pedro de Calasanz encontrarse en este caso [venir a menos por ser segundón] y en el de ganarse honradamente la vida, sujeto al yunque de un oficio duro y penoso. Pe-ro esto en nada empañaría el brillo de su luciente escudo, largamente bruñido por las acciones esforzadas de una estirpe añeja y generosa, limpiamente macerada en el tro-quel de los siglos… D. Pedro de Calasanz podría ser un indigente, sin dejar de ser —como lo era— noble por los cuatro costados. José era hijo de David, no obstante ser también carpintero… Pero [la palabra herrero] se opone a la creencia, basada en el testimonio de todos los biógrafos… de que D. Pedro Calasanz era Gobernador, Barón, Juez o Bailío de la villa de Peralta de la Sal… El primogénito murió en los preparativos de adiestrar sus tropas para incorporarse al proyecto de Felipe II de anexionar Portugal a los múltiples florones de la Corona de Castilla… ¿Cómo se concilia todo esto con los humildes menes-teres de un ‘fabri ferrarii’? De ninguna manera. Ni aun cuando incluyamos a D. Pedro Ca-lasanz en el número —bien distinguido por cierto— de los rejeros admirables que llenaron de obras maestras las Capillas y las Catedrales del Alto Aragón y de Cataluña». (52)

Queriendo confirmar o desmentir la noticia del Archivo urgelitano, se desempolvó el docu-mento correspondiente, en pergamino, que el Santo se había llevado a Roma junto con los demás atestados referentes a las otras ordenaciones, y se vio, con no menos estupor, que habían sido raspadas las palabras ‘fabri ferrarii’, pero todavía se adivinaban los rasgos largos de las dos efes. Indudablemente, alguien en aquellos primeros momentos que siguieron a la muerte del Fundador raspó cautelosamente la palabra, creyéndola un desdoro para su gloria. El primero que habló de la raspadura fue Berro y la atribuyó píamente a la humildad del Fun-dador, sospechando que lo raspado era un título honorífico. (53)

Pero hay más. En 1746 don José Bardaxí, benemérito buceador de escritos notariales referen-tes a los Calasanz de Peralta y colaborador del P. José Jericó en sus pesquisas, escribía que en las numerosas escrituras en que se hablaba de Pedro Calasanz «hallo el reparo que en todas le dan el título de Ferrero» (54). Pero el P. Jericó nada dijo en sus obras del sorprendente des-cubrimiento, ni tampoco lo comunicó al P. Talenti, a quien tantos datos ofreció para su gran biografía. Y si se lo dijo, se lo calló igualmente el biógrafo toscano.

A los documentos leídos por Bardaxí y no conservados, se añadieron otros descubiertos por don José Merigó, como las capitulaciones matrimoniales de Esperanza Calasanz, hermana del Santo de Peralta, en las que varias veces se nombra a su padre «maesse Pedro Calasans ferrero» Y precisamente apoyándose en la homonimia y en el común oficio de «ferrero», identificó un Pedro Calasanz de El Grado con el de Peralta, sacando, además, las cosas de quicio al afirmar: «Me he persuadido que Pedro Calasanz, padre de S. José, ni es hermano de Miguel y Juan Ca-lasanz de Benabarre, ni tuvo jamás los títulos nobiliarios que se le dieron. Fue sencillamente natural de El Grado… y tuvo el oficio de herrero, habiendo de sudar ante la fragua y el yun-que para criar a su familia». (56)

Pero Merigó sabía que el título nobiliario aragonés de infanzón no estaba reñido con oficios manuales, pues entre la inmensa colección de escrituras notariales por él exhumadas había copiado los datos siguientes: «Yo, Miguel Morillo calcetero infançon…»; «Juan de Blecua sas-tre infançon…»; «Yo Johan de Naya molinero infançon…» (57). Y con razón le replicaba el barón de Valdeolivos: «Todas las familias que enlazaron con los Calasanz eran de una misma clase social; luego, sin duda, los Calasanz pertenecían a la misma. El poseer cierta fortuna no era requisito indispensable para ser infanzón; lo que se exigía eran otras condiciones compati-bles hasta con la miseria». (58)

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9. Las herrerías de Peralta

El retintín de los martillos sobre el yunque no acaba de complacer los oídos de algunos histo-riadores calasancios modernos, como el P. Poch, que se esfuerza por convertir el humilde ofi-cio de «herrero- herrador de pueblo» en «maestro armero», «maestro de hazer pedreñales» (scopetarius). Cuando el padre del Santo —escribe Poch— «apareció calificado de ‘fabriferra-rius’, la posición económico-social de los Calasanz peraltenses pareció uncirse exclusivamente a la dura situación del “pobre herrero” del lugar. Ni un solo documento ha corroborado el ‘fa-briferrarius’, como equivalente al simple herrero de yunque y martillo. Para nosotros el ‘fabri-ferrarius’ en cuestión —habida cuenta de instrumentos archivísticos de la época y de aquellos lugares, en familias semejantes— hay que identificarlo con el “maestro armero” (scopetarius) de algunos documentos» (59)

Hemos leído antes que no se quería oír hablar de yunques ni martillos en absoluto, ni para for-jar rejas catedralicias. Y lo más normal es que la herrería peralteña de los Calasanz fuera simplemente eso: una herrería de pueblo, que lo mismo sirve para arreglar aperos de labranza que para poner herraduras a las bestias o para cualquier otra chapuza vulgar y corriente que pidan los vecinos.

Casualmente se conserva un documento, firmado en Peralta el 18 de octubre de 1592, en que el concejo y jurados deciden dar la herrería municipal, por espacio de un año, a un vecino de Pelagriñón asignándole salario y obligaciones. A la vez aluden a otra herrería del mismo pue-blo, que pudo ser propiedad particular, pero cuyas funciones son las mismas. Dos herrerías en un pueblo tan pequeño como Peralta y dedicadas a los mismos menesteres dan la impresión de que son rentables y de que hay trabajo para ambas. Y la explicación hay que buscarla no sólo en las ocupaciones ordinarias de cualquier otra herrería de pueblo —con las que difícilmente podrían mantenerse las dos—, sino sobre todo en el tráfico de la sal, cuyo acarreo —casi hasta nuestros días— se hacía a lomos de borriquillos y otras bestias de carga, cuyas herraduras exi-gían con frecuencia muchos golpes de martillo sobre los yunques de ambas herrerías. Véanse unos párrafos de esta «conducción de ferrero»:

“… conducimos para ferrero del dicho lugar [de Peralta] a vos el honor. Joan Sala ferre-ro natural del lugar de Pelagrinyon a tiempo y por tiempo de un anyo… por precio… y salario de una fanega de trigo y otra fanega de cebada por par de bestias de labor que en dicho lugar habrá con los pactos y condiciones siguientes, et Primero es condición que el dicho ferrero sea obligado de luciar todas las rexas y axadas estrechas de los vezinos de dicho lugar durante dicho anyo tantas vezes quantas fuere menester… Item que sea obligado de ferrar dicho ferrero todas las cavalgaduras de los vezinos de dicho lugar pa-gándole de las ferraduras de las mulas y machos a nueve dineros por ferradura y de los burros a ocho dineros por ferradura y de referrar qualquier pie se le dé a tres dineros por pie… Item es condición que si el dicho ferrero hiziese faltas muy notables a culpa suya de no tener persona y aparejo para luciar las rejas y otras ferramentas de los vezinos de dicho lugar que se offrecerá puedan los sobredichos a costa del dicho ferrero yr a luciar al otro ferrero de dicho lugar las vezes que como dicho es faltare…». (60)

De la abundancia de trabajo en las herrerías de Peralta puede dar idea no sólo el hecho de que fueran dos, sino también la insinuación de que el herrero tiene otra persona de ayudante. No sabemos si Pedro Calasanz ejercía su oficio en esta herrería municipal o en la otra que se menciona. Como en ninguno de los testamentos o capitulaciones matrimoniales de sus hijos o enumeración de bienes, cuyos textos completos o aludidos conservamos, se menciona la herrería, cabría concluir que no era propia, ni hereditaria. (61) Lo que sí nos consta es que su hijo y heredero Pedro era también herrero, y lo lógico es que trabajara en la herrería de su padre. (62) Pero tanto si era propia como si era municipal, el documento leído las pone a la par en cuanto a las tareas de oficio, y no hay alusión alguna a «armas ni pedreñales». Cuando en 1592 se arrienda la municipal a Juan Sala, vecino de Pelagriñón, ya habían muerto los dos «ferreros» Calasanz.

El Santo Fundador de las Escuelas Pías tuvo siempre particular cariño por los borriquillos y los sabía cuidar y almohazar, quejándose de quienes los maltrataban. A sus 72 años se lamentaba: «no me extraña que haya muerto el borriquillo, porque no todos saben tener cuidado de las bestias como conviene y ordinariamente se mueren por el poco cuidado y porque se las mal-trata sin darles el pienso y el descanso debidos. En adelante téngase más cuidado y no confíe el Superior en la diligencia de un mozo, sino que las observe con frecuencia». (63)

Es probable que esta debilidad por los borriquillos y el modo peculiar de tratarlos le vinieran de aquellos lejanos años de su infancia, cuando las recuas de asnillos paraban junto a la herrería de su padre, esperando el turno para que les arreglaran las herraduras antes de subir la cuesta hacia el valle de las salinas. ¡Cuántas veces, en las frías tardes de invierno, acurru-cado junto a la fragua y tirando de la cuerda de los fuelles, quedaría estático mirando el hie-rro candente que su padre y su hermano mayor batían sobre el yunque con sus martillos rítmi-camente acompasados!

10. María Gastón, la madre

No hubo nunca intento alguno de pergeñar el árbol genealógico de los Gastón, de quienes pro-cedía María, la madre del Santo. No quedó, sin embargo, relegado al olvido ni su nombre ni la nobleza de su familia, que debió ser de infanzones, como los Calasanz. Documentalmente aparece radicada en Peralta y conocemos más detalles de su familia, mientras su marido Pe-dro Calasanz se nos ha presentado absolutamente aislado, sin padres, ni hermanos, ni casa solariega, ni lugar de origen seguro.

Don Miguel Jiménez Barber, el «paisano» del Fundador, dijo que «el padre del P. José se lla-maba Pedro Calasanz y la madre María Gastón, de familia noble, tanto en la tierra de Peralta como fuera, a saber, en Monzón, que es villa principal de aquel país y van allí todos los reyes a celebrar las Cortes y cuenta entre las suyas a esta familia de Gastón». (64) Cuando el P. Ca-vada llegó a Peralta en 1680 le informaron también de la familia de los Gastón y le dijeron que «el mismo puesto (de baile general) y los otros más honrosos de la villa ocuparon y ocupan hoy todavía los parientes de la madre de nuestro Ven. Padre, Da. María Gastón, que es una familia de las mejores que hubo y que se conservan aún hoy en Peralta». (65)

Un hermano de María Gastón, llamado Pedro, está presente en las capitulaciones matrimonia-les de sus sobrinos Pedro y Esperanza Calasanz Gastón y en otros documentos contemporá-neos. (66) Probablemente de este Pedro, heredero de la casa paterna de los Gastón, proviene el nombre de una casa, muy cercana a la Iglesia, que sigue llamándose «casa de Peregastó». Al casarse María Gastón con Pedro Calasanz, entre otros bienes, recibió en dote unas casas colindantes con las de su hermano Pedro, a las que se alude en 1576 en las capitulaciones ma-trimoniales de Pedro Calasanz Gastón. (67)

El gran conocedor de noticias peraltenses, P. Jericó, deduce de un interesantísimo documento que veremos luego, que el padre de María y de Pedro Gastón debió de llamarse Juan, y por la abundante dote que dio a su hija se trasluce que sería efectivamente «una familia de las me-jores que hubo» en Peralta. (68)

11. Una familia bien acomodada

El desconcertante descubrimiento de que el padre del Fundador había sido herrero llevó a consecuencias extremas, negándosele todo título de nobleza y reduciéndole a la penosa situa-ción «de sudar ante la fragua y el yunque para criar a su familia». (69) Si había que elegir en-tre nobleza y riqueza, la preferencia iba por la primera: «D. Pedro de Calasanz podría ser in-digente, sin dejar de ser —como lo era— noble por los cuatro costados», decía el P. Huertas. (70) Y no había por qué exasperarse tanto. La nobleza era de ínfimo grado —infanzonía—, pero era nobleza al fin. La herrería era un hecho innegable, pero ni era señal de indigencia ni re-curso único para sostener la numerosa familia de los Calasanz-Gastón.

La preocupación por asegurar el porvenir de la hacienda familiar, nombrando heredero único, es ya un indicio de que no se estaba en la pobreza y que había algo considerable que salva-guardar. Y Pedro Calasanz padre hizo en su vida tres testamentos, respectivamente en 1571, 1585 y 1586. El P. Jericó, que leyó los tres —y no conservó ninguno-, dijo que «de ellos se co-lige que don Pedro Calasanz era uno de los Cavalleros más ricos de aquel País, pues a más de alcanzar sus bienes para poner en estado a siete hijos, hace varias mandas y fundaciones de caridades no pequeñas para aquel tiempo». (71)

En las capitulaciones matrimoniales de su primogénito Pedro, en 1576, lo constituye práctica-mente heredero, de nuevo, pero se reserva para sí mismo 4.000 sueldos jaqueses; 2.000 más para su mujer; garantiza con bienes inmuebles los 3.600 que aporta la nuera, Jerónima Paúl, al matrimonio, además del ajuar; y como le quedan aún dos hijos solteros, añade la siguiente cláusula: «reservándose los dichos donantes [Pedro y María] que de dichos bienes de la pre-sente donación puedan dar a los dichos Josepe Calasanz y Ysabel Calasanz, hijos suyos, en pa-trimonio y en dotes todo lo que a los dichos donantes les pareciere y bien visto será conforme a la facultad de su casa y bienes y costumbre del dicho lugar de Peralta entre semejantes per-sonas de tal estado y condición». (72)

La última exigencia denota una posición social no común, que revela algo más que el simple estado económico. Pero todo el larguísimo texto de estas capitulaciones es en cierto modo un espejo de la posición socio-económica de la familia. En efecto, basándose exclusivamente en él, el Dr. Felipe Matías Llopis, catedrático de la universidad de Barcelona, dio en 1963 este juicio: «Vistas las Capitulaciones matrimoniales de 1576 de Pedro Calasanz Gastón, se obtiene la impresión de una situación económica de propietarios rurales de clase media, antes acomo-dada que modesta, sin llegar a la posición que solían tener las clases nobiliarias superiores». (73)

Sus cinco hijas las casó: a María y a Magdalena en Peralta; a Juana en Benabarre; a Isabel en Arén y a Esperanza en Alcampel, dándoles la dote «correspondiente a su estado y condición». De todas ellas se conservan tan sólo las capitulaciones de Esperanza, casada en 1574 con Juan Carpi, infanzón de Alcampel. La novia aportó de dote «1700 dineros y una cama con dos me-dios cofres». Y el marido era heredero universal de su casa. (74) Además, pagó todos los gas-tos de la carrera sacerdotal de su hijo José, de quien decía ya en 1571, al nombrar heredero universal a su primogénito Pedro, que «no sólo le mantenga con la decencia correspondiente a su calidad, dándole todo lo que hubiera menester, sino que confiando sea clérigo, le sea dado patrimonio suficiente para subir a los órdenes sacros, si ya beneficio alguno no hubiere». (75) Y toda la carrera del joven clérigo Calasanz fue un recorrido por diversos centros de estudio, como fueron Estadilla y las universidades de Lérida, Valencia, Alcalá de Henares y Lérida de nuevo, que debían costar no pocos doblones al «infanzón-herrero» de Peralta.

Todos estos gastos para «colocar» debidamente a sus hijas e hijos suponen necesariamente un sustento económico que a duras penas puede depender de los golpes de martillo sobre el yun-que de la herrería. No obstante, visto lo dicho, tampoco hay que infravalorar las entradas que provenían del «duro trabajo» de la fragua, siendo además dos, padre e hijo mayor, los que lo llevaban.

No hay que olvidar, sin embargo, los veinte años más o menos en que fue baile local y general de Peralta y su baronía el cabeza de familia, Pedro Calasanz. Las bailías de pueblos, villas y baronías eran honrosas y codiciadas, pues además de la distinción social, las ventajas del po-der y el mando, y el provecho del trato con «los Señores», llevaban consigo unos emolumentos considerables, derechos bayulivos por intervenir en muchos actos de administración y de justi-cia, participación proporcional en el cobro de diezmos, contribuciones, arrendamientos y de-rechos y regalías señoriales, etc. (76) Y veinte años de bailía son muchos años.

En una vieja «Centena» o catastro de Peralta, que abarca los años 1500-1626, se citan indirec-tamente fincas y posesiones de Pedro Calasanz. Se ha perdido la Centena que le correspondía a él, y por tanto las referencias conservadas son incompletas. Con todo, se aprecia que debe-ría de tener una hacienda considerable como agricultor. Se enumeran doce piezas, de las cua-les justamente la mitad se dice fueron «dadas a Pedro Calasanz por dote de su mujer», y las otras seis fueron adquiridas por compraventa. Se habla de casas, viñas, campos, una salina, olivares, un linar, dos huertos, era y pajar. (77).

Todo ello nos fuerza a concluir que la familia Calasanz-Gastón debía sus ingresos a la bailía, honrosa y productiva, a la hacienda agrícola y a los sonoros golpes de los martillos sobre el yunque de la herrería.

Cuando llegó a Roma el hijo del herrero de Peralta, tuvo un rasgo emotivo: mandó a su pueblo un cáliz de plata y oro, y puso al pie esta inscripción: Pro ferro aurum et argentum. 1593 (oro y plata en vez de hierro). No tenía por qué avergonzarse ni ocultar siquiera que era hijo de un herrero. Hoy el cáliz se conserva con veneración en su propia casa natalicia de Peralta. (78)

Notas

1 Cf. n.61 del cap. anterior. En 1645 Calasanz, al recomendarle al nuncio de Venecia, le deñne «un sacerdote spagnolo e paesano mio detto D. Michele Barberi» (c.4297). Y Barber en 1648 recuerda «el amor y voluntad que el Pre. General me tenía» (EC, p.242).
2 ProcIn p.211-212.
3 Cf. ZURITA, Anales, I.II, c.86; B. GÓMEZ MIEDES, Vita et Res gestae Jacobi I Regis Aragonum, 4, p.80. En una de las versiones del Libre dels Feits (Bibi. Nac. Madrid, ms. 10.121) se lee: «anam a Albesa e no y trobam los de Tamarit ne los altres sino tant solament en Bertran de Calaçanç ab LX o LXX homens a peu…» (cf. fotocopia en AnCal 19 (1968) 32-33 y 35-36; otras aclaraciones en J. POCH, La infanzonía de los Calasanz: AnCal 7 [1962] 52 n.33).
4 ProcIn p.210. Damos nuestra traducción personal, direc¬ta del italiano. En este caso hay que advertir que el código Vaticano (Arch. Congr. SS. Rit., Proc. 2696), del que es copia el referido, añade «di afñnitá» a las pala-bras «in terzo grado».
5 Cf. EcoCen 3 (1945)16-17.
6 Cf. J. POCH, Manuscrito inédito del siglo XVIII, de los Calasanz de la villa de Casserres: AnCal 19 (1968)13.
7 Cf. Fuentes y bibliografía, III. Bibliografía calasancia selecta.
8 ARMINI, o.c. n.4.
9 TALENTI, o.c., p.VIII.
10 Entre la abundante bibliografía de los últimos años en torno a este tema, véase: BAU, BC p.23-38; ID., Revi-sión de la Genealogía de San José de Calasanz: RevCal 12 (1957) 39-51; BAU, RV p.15-20; J. POCH, Referencias genealógico-calasancias en la provincia de Huesca: AnCal 5 (1961) 107-126; ID., Manuscrito inédito del s. XVIII…, p.7-74; ID., La infanzonía de los Calasanz, p.27-57; ID., Tres testamentos del padre del fundador de las Escuelas Pías: AnCal 40 (1978) 478-479, n.35; ID., La «señora» de la villa de Calasanz, en el año 1381: Ar-gensola 61-64 (1966-67) 53-64.
11 Cf. EcoCen 11-12 (1948) 78
12 Cf. BAU, BC, p.25.
13 Cf. J. POCH, Referencias genealógico-calasancias…, p.160; V. FAUBELL, Antología periodística calasancia, p.3O.
14 El mencionado Pedro de El Grado era hijo de Margarita de Pano, casada con Juan de Calasanz. y nieta de Jua-na de Calasanz, la cual última en su testamento nombra a «Andreu Calasanz, hermano mío, habit. en el lugar de Juseo» (cf. y. FAUBELL, o.c., p.31). En las cap. matrimoniales de Pedro Calasanz Gastón, hermano del San-to, con Jerónima Paúl, que era de Juseu, se nombra a «Mosen Matheo Calasanz del lugar de Juseu y de… pa-rientes y propinquas personas del dicho Pedro Calasanz» (cf. AnCal 5 [1961] 144). No consta, pues, la relación de parentesco entre Andreu y Mateo Calasanz. Por otra parte, el apellido Calasanz de Pedro Calasanz Pano ló-gicamente es de su padre, mientras el Andreu Calasanz de Juseu es hermano de la abuela de dicha Margarita Pano, llamada Juana Calasanz. Nos quedamos sin saber, pues, de dónde provenía el Calasanz de Pedro de El Grado.
15 Cf. V. FAUBELL, o.c., p.32-43.
16 Cf. BAU, BC, p.36-39; ID., Revisión de la genealogía…, p.59-71; BAU, RV, P.16-18.
17 Cf. J. POCH, Referencias genealógico-calasancias…, p.160-162.
18 Cf. V. FAUBELL, o.c., p.3O.
19 Ib, p.31-32.
20 «Yo me atrevería a sostener que el Pedro de Calasanz que casa con María Gastón (padres del Santo), es el hermano de micer Juan (que hace testamento en 1546 y nombra a su hermano Pedro de Calasanz)… No nos dice en el documento si Pedro estaba ya casado, sino solamente que vivía en Benabarre. ¿Se casó en esa ciu-dad? ¿O se casó en Peralta y el matrimonio se fue a vivir a Benabarre y allí nacieron los primeros hijos?» (J.L. NAVÍO, Testamento de Micer Juan Calasanz [Zaragoza 1966], p.10). Pero luego, en otro artículo posterior tra-za un árbol genealógico en el que aparecen dos Pedros, padre e hijo, en vez de uno, y el hijo sería el padre del Santo (cf. ID., Don Juan de Mercado y Calasanz: AnCal 20 [1968] 466). «Este don Pedro de Calasanz de Be-nabarre (del testamento de Micer Juan, de 1546) es, a nuestro entender, el don Pedro Calasanz que de Bena-barre pasó a la villa de Peralta de la Sal» (J. POCH, Aportación documental a la historia de la Universidad de Huesca, durante la segunda mitad del s. XVI: AnCal 15 [1966] 245). Y dos años más tarde: «¿Mantenemos aque-llas nuestras afirmaciones, identificando al hermano de micer Juan de Calasanz… con el don Pedro Calasanz, de Peralta, padre de San José de Calasanz? No hemos dado aún con el dato… que nos haya obligado a aban-donar nuestra aseveración…» (ID., Manuscrito inédito del s. XVIII…, p.54). Pero en 1969 cambió de opinión y la volvió a cambiar en 1978, como veremos.
21 «El obstáculo radical para llegar a definitiva conclusión estriba en los varios Calasanz, llamados Pedro, por aquellos años, en Benabarre y en otras villas de la Baronía de Peralta» (J. POCH, Manuscrito inédito, p.88). «Acudimos, como es de suponer, a los “libros parroquiales” de Benabarre para dilucidar la cuestión… El reco-rrido de los años 1529-1552 no dirimió el caso porque el frecuentísimo “Pedro de Calasanz” no viene consig-nado con relación familiar alguna» (ib., p.55).
22 Quien más se ha distinguido en estas investigaciones es el P. Poch, que después de aceptar Benabarre como lugar natal del padre del Santo (cf. n.20), escribió en 1969: «Para nosotros, D. Pedro Calasanz fue oriundo de la villa de Juseu… De Juseu pasó a Peralta de la Sal, donde casó (hacia 1537-38) con María Gastón» (J. POCH, Aportación documental biográfico-calasancia: AnCal 22 [1969] 276). Y en 1978: «En cuanto a la villa natal de don Pedro Çalasanz, nos mantenemos en la afirmación de que su padre y él fueron naturales y habitantes de Peralta de la Sal, a pesar de dudas y disquisiciones que —desde el s. XVIII hasta nuestros días— asignaron a don Pedro Calasanz natalicio en otras villas (Benabarre, Azanuy, El Grado, Juseu, etc.)» (ID., Tres testamentos…, p.440).
23 Cf. BAU, BC, p.2, 32-33; J. POCH, Heráldica y sigilografía calasancia: Argensola 38 (1959) 97-106; ID., Manus-crito inédito…, p.62.
24 EGC, II, c.1-7.
25 ProcIn p.211; BAU, BC, p.5-7. La identificación de Hidalgos e Infanzones no es una simple aclaración de Jimé-nez Barber, sino que consta a veces en las Reales Provisiones Ejecutorias, en que se reconoce la infanzonía de inmemorial, como en el caso de los Zaydín de Peralta: «Fallamos.., declarando como declaramos que los di-chos Don Julián Zaydín… han sido y son Infanzones e Hijos-dalgo de sangre y naturaleza y que como tales han devido, podido, pueden y deven gozar de los Privilegios, Exempciones y demás Prerrogativas que gozan los demás Infanzones de este Reyno» (Arch. privado de Casa Zaydín, de Peralta, ms). Lo mismo puede verse en esta otra ejecutoria de los Bardaxí: «… hagáis observar y guardar todas las Essempciones, Privilegios, Hono-res, Franquezas y Libertades de que gozan los demás Infanzones e Hijosdalgo de Sangre y Naturaleza de dicho nuestro Reyno de Aragón…» (ib. Doc. impreso en 1762).
26 BAU, BC, p.13.
27 Ib., p.35.
28 A. JIMÉNEZ SOLER, La Edad Media en la Corona de Aragón (Barcelona 1944) p.264-266.
29 J DE RUJULA Y DE OCHOTORENA, Noblezas regionales españolas (Madrid 1932) p.29-32.
30 Cf. J. POCH, La infanzonía de los Calasanz, p.27-57. En este artículo se aducen las dos citas precedentes, con otras muchas.
31 EGC, V. p.93.
32 C.1849.
33 En 1381 era «señora de los lugares de Calasanz, Fenestres et Camporrells et otros lugares sitiados en el Con-dado de Ribagorza, dentro del Reyno de Aragón», la hija de don Hugo de Anglesola, el cual pretendió asistir a las Cortes de Aragoneses en Zaragoza aquel año, como «tutor et curador» de su hija, señora de tierras arago-nesas. Pero se le excluyó, alegando que «el dito Mossen Huch no podía seyer en las ditas Cortes como tutor et curator de la dita su filla, por razón que el dito Mossen Huch es notoriament Cathalán et domiciliado et here-dado en el Principado de Cataluña et Catalán, ni otro ninguno estrangero del dito Reyno non podía seyer en las ditas Cortes» (J. POCH, La señora de la villa de Calasanz en el año 1381, p.56-57).
34 Cf. J. POCH, La infanzonía de los Calasanz, p.27-57; ID., Manuscrito inédito del s. XVIII…, p.33-69; ID., Tres testamentos…, p.478-480, n.35-37; ID., Heráldica y sigilografía calasancia: Argensola 38 (1959) 97-106.
35 «La mag.a señora Rafella Bellet viuda mujer que fue del q. discreto Ramón Calaçans not. hab. en la villa de Benabarre… hace procuradores suyos… al mag° señor moss. Joha. Calaçans señor de Claravalls hab. en la di-cha villa de Benabarre» (Doc. Merigó, RegCal 74, n.41). En el testamento de Domingo Mola es testigo: «Magni-ficus Sebastianus de Calasanz dominus loci de Claravalis», quien se firma luego: «yo Sebastiá Calasanz me fir-mo…» (ib., n.44). «Yo Sebastiá Calasanz inffançon, hab. en la villa de Tamarite… agora de presente consti-tuyo… general procurador mio assaber es al mag°. Juan de Calasanz señor de Claravalls padre mio…» (ib., n.45). «Juana de Calasanz mujer que soy de Domingo de Pano hab. en el lugar del Grado… Andreu Calasanz hermano mio hab. en el lugar de Juseu…» (ib., n.3); «Domingo Pano hab, en el Grado… Andreu de Calasanz del lugar de Juseo cunyado mio, del dote de mi mujer Joana Calasanz… Margarita de Pano viuda del q. Joha de Calasanz nieta mia» (ib., n.8); «Margarita de Pano viuda relicta del q. Joha Calasanz hab, en el lugar del Grado… (sus hijos) Monserrat, Pedro, Miguel, Maria y Johaneta Calasanz… fago eredero mio universal a Mon-serrat Calasanz hijo mio…» (ib., n.33); «Capitulaciones matrimoniales entre Monserrat Calasanz hijo legiti-mo… de los hon. Joha de Calasanz y Margarita de Pano q. vecinos del lugar del Grado…» (ib., n.35). Las úl-timas cuatro citas textuales se refieren a la familia Calasanz de El Grado, que algunos (Merigó y Bau) suponen hogar de origen inmediato del padre del Santo de Peralta. Siendo los mismos apellidos comunes Calasanz y Pano, aplicados a las mismas personas, llevan u omiten el ‘de’, como ocurre en las primeras tres citas respec-to a los Calasanz de Claravalls. Cf. también J. POCH, Manuscrito inédito…, p.33-46.
36 RegCal 13, 6-8.
37 Cf. J. POCH, Aportación documental a la historia de la Universidad de Huesca…: AnCal 15 (1966) 224, n.169.
38 C.1-7.
39 Cf. P. PUJOL I TUBAU, Sant Josep de Calassanç Oficial del Capitol d’Urgell (Barcelona 1921) Apendix II, p.81-89.
40 Cf. ID., Noves dades de l’estada de Sant Josep de Calassanç al bisbat d’Urgell (1587-1591), Apéndices docu-mentales, ms. inédito. Una copia en mi poder por deferencia del P. Poch.
41 El P. José Jericó tradujo al castellano la obra del P. Urbano Tosetti, Compendio storico della vita di S. Giu-seppe Calasanzio (Roma 1767) y omitió el de: Compendio histórico de la vida de San Joseph Calasanz (Valen-cia 1768). Ya antes, al editar su obra ‘Varones insignes en santidad de vida…’ (Valencia 1751), trató en pri-mer lugar del Fundador, llamándole simplemente «Joseph Calasanz». El P. Antonio Vidal justifica la supresión del ‘de’ en su artículo ‘De re calasanctiana’: RevCal 146 (1925) 105-106. También el P. L. Picanyol alude so-meramente al asunto (cf. EGC II, p.25).
42 La primera biografía del Santo, impresa en España en 1675, seguía omitiendo el ‘de’: P. E. DE SOTO REAL y PIRISI, Vida del Bienaventurado P. y Ven. Siervo de Dios Joseph Calasanz de la Madre de Dios, Fundador de la Orden de los Clérigos Pobres de la Madre de Dios de la Escuela Pía. En Madrid (1675).
43 Cf. L. PICANYOL, De cognomine Calasanctii scribendo: EphCal 2 (1932) 58-59. El P. J. Poch en sus innumera-bles artículos sobre el Santo emplea sistemáticamente Calasanz cuando escribe en castellano, y Calassanç cuando escribe en catalán. Cito íntegro el mencionado párrafo latino de Picanyol en su artículo ‘San José de Calasanz y seis obispos espanoles’: RevCal 12 (1957) 127, n.23.
44 EGC II, p.170.
45 RegCal 11, XI. El documento está en italiano, pero el apellido aparece tal como lo citamos.
46 Cf. BAU, BC, p.18. La dependencia de los bailes locales respecto al baile general de Peralta puede observarse en el siguiente documento, fechado en Pelagriñón el 19 de diciembre de 1593: «Yo Miguel Juan Ballester, ve-zino del lugar de Pelagriñón bayle y juez ordinario de dicho lugar… de licencia y permiso y facultad a mí por el muy magco. Joan Sallen bayle general de la dicha haronía de Peralta de la Sal y de la honor por sus señores para lo infrascrito hazer y otorgar…» (Doc. Merigó, Regcal 74, n.214). En el texto citado en la nota 86 del cap. anterior, con fecha del 6 de noviembre de 1595, se lee la misma fórmula, pero los permisos los da el «Gobernador de la tierra de castro y de la Baronía de Peralta de la Sal y de la honor», mientras aquí es el «Bayle General de dicha baronía». El P. cavada no es exacto al hablar de «Gobernador de toda la Baronía», pues no existía tal cargo, sino el de «Gobernador de la tierra de castro» y «Bayle General de la haronía».
47 cf. J. POCH, Aportación documental a la hist. de la Univ. de Huesca…, p.236, n. 189; ID., Aportación docu-mental biográfico-calasancia, p.266.
48 A. VIDAL, De re calasanctiana: Revcal 147 (1925) 180. Aclaremos que las reuniones se tenían «a la baxada de la yglesia del dicho lugar», pero no a la intemperie, sino en la casa consistorial que allí estaba, como se dice en otro documento del 13 de diciembre de 1592: «in loco de Peralta de la Sal.., convocado y ajuntado el di-cho concejo en las casas vulgarmente dichas de la Villa del dicho lugar, donde, etc…». En esta reunión se de-cidió edificar «unas casas… delante de las cassas que de presente son y se dizen de la villa…», es decir, «dos cassillas al lado de la grande para vender la sal… con sendas ventanas para hechar la sal» (cf. Doc. Merigó, Regcal 74, n.196). Debía tratarse de depósitos municipales para almacenar hasta su venta el producto de las salinas.
49 Cf. J. POCH, Tres testamentos…, p.464, n.24.
50 Cf. ib., p.464.
51 Cf. P. PUJOL I TUBAU, Sant Josep de Calassanç…, p.82. Traducción: «José Calasanz hijo legítimo y natural de Pedro Calasanz, herrero, y de María Gastón, cónyuges, del lugar de Peralta de la Sal, de la diócesis de Urgel».
52 A. HUERTAS, La Primera Biografía (1675) de S. José de Calasanz: RevCal 139 (1924) 658-659. Ya Talenti rela-cionó a Pedro Calasanz hijo con el proyecto de la conquista de Portugal (cf. TALENTI, Vita, p.13-14).
53 Cf. BERRO I, p.52. Y el texto de las Dimisorias en AnCal 50 (1983) 269.
54 Cf. texto completo de la carta en AnCal 22 (1969) 268, n.4.
55 Cf. Doc. Merigó, RegCal 74, n.53.
56 Cf. V. FAUBELL, o.c., p.27.
57 Cf. Doc. Merigó, n.109.
58 Cf. V. FAUBELL, o.c., p.41.
59 J. POCH, Aportación documental biográfico-calasancia, p.275; ID., Manuscrito inédito deis. XVIII, p.8-9. Se citan algunos «maestros de hazer pedreñales» y «scopetani». Es interesante constatar que la hermana del Santo, Juana Calasanz, estaba casada en Benabarre con «Pere Joan Agostí», que califican como ferrer en ca-talán y scopetarii en latín. Cf. ID., El Fundador de las Escuelas Pías en la Historia Eclesiástica de la Corona de Aragón: AnCal 20 (1968) 305, n.84; Rass 26-27 (1957) 43-44.
60 Doc. Merigó, n.195.
61 Con plausible intuición sospecha el P. Poch que el P. Jericó, tan solícito en conservar documentos calasancios y mandarlos, además, transcritos a Roma, tuvo interés en no dejar copia de testamentos, capitulaciones ma-trimoniales, etc., en que constara el oficio de «ferrero» de Pedro Calasanz padre, y por tanto no tenemos más datos sobre el asunto (cf. J. POCH, Tres testamentos…, p.475-477).
62 En un instrumento público de venta, firmado en Peralta, a 20 de mayo de 1576, se lee: «Testigos fueron a las sobredichas cosas los Rdo. mossen Pedro GuI presbítero y Pedro Calasanz menor ferrero habitantes en el dicho lugar de Peralta de la Sal…» (AEPZ, Peralta 4). En documento del 15 de octubre de 1570 se lee: «Juan Rius herero (sic) hab. en el lugar de Peralta de la Sal…» (Doc. Merigó, n. 181), que debía ejercer su oficio en «la otra» herrería, distinta de la de los Calasanz.
63 C.1233.
64 BAU, BC, p.8.
65 Ib., p.18.
66 En las Cap. matrimoniales de Esperanza se nombra a «Pedro Gastón y maese Pedro Juan Agustín cunyado y tío suyo» (Doc. Merigó, n.53). El segundo estaba casado con Juana, hermana de Esperanza. En las Cap. matrimo-niales de Pedro se nombra al Rdo. Mosen Matheo Calasanz de Juseu, a Juan de Lujuanes de Pla de Castellón y a «Pedro Gastón de Peralta, parientes y propinquas personas del dicho Pedro Calasanz» (cf. AnCal 5 [1961] 144). En un censal de 1566, junto a «Pedro Calasanz bayle» se nombran a «Anthon Gastón» y «Pedro Gastón» (RevCal 147 [1925] 180). En 1555 aparece haciendo negocios en Tamarite de Litera «Pedro Gastón hab. loci de Peralta de la Sall» (sic) (Doc. Merigó, n.42). En 1502-1506 se nombra a «Johannes Gastho» y «Raymundus Gas-to», como habitantes en Tamarite (ib., n.74-76). En 1592 hay un «Joan Gasto», Jurado de Gavassa (ib., n. 194).
67 «… unas casas sitiadas en el dicho lugar de Peralta de la Sal que confrontan con casas de Pere Gastó con co-rral de Rahina y con via publica» (RegCal 13, 6-8).
73 Cf. J. POCH, o.c., p.275.
74 Doc. Merigó, n.53.
75 Cf. J. POCH, Tres testamentos…, p.446.
76 En un nombramiento de baile, hecho en 1574 por los Señores de Castro, don Berenguer y doña Eleonor, se alude así a los emolumentos económicos del oficio «… vestrumque bajuliae officium…; et habeatis et reci-piatis vestrisque utilitatibus applicetis ea salaria, lucra et emolumenta quae per alios qui hucusque dictum of-fitium retinuerunt, juste sunt solita exigi et recipi assueta. ..» (J. POCH, Aportación doc. a la historia de la Univ. de Huesca: AnCal 15 [1966] 237, n.189).
77 Cf. J. POCH, Aportación doc. biogr.-cal…, p.272-274.
78 Véase fotografía en EcoCen 3-4 (1949) lám. XI-XII.



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apellidos
Dic 12, 2011 5:22

apellidos…

[...]Archivo Calasanz - s.J.C - C.02 - Linaje y familia[...]…

empresa de mudanzas
Dic 24, 2011 17:58

empresa de mudanzas…

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