sJC - Maestro y Fundador - Written by Archivo Calasanz on Martes, Marzo 24, 2009 16:36 - 3 Comments

sJC - C3 - INFANCIA HOGAREÑA Y PRIMEROS ESTUDIOS

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San José de Calasanz, maestro y fundador
Severino Giner Guerri, escolapio
BAC, 1992

CAPÍTULO 3
INFANCIA HOGAREÑA Y PRIMEROS ESTUDIOS

Era ya el octavo hijo de Pedro Calasanz y María Gastón. Le habían precedido otros siete hermanos. El primogénito se llamó Juan y le siguieron María, Juana, Magdalena, Esperanza, Isabel y Pedro (1), sin que sepamos la fecha de sus naci-mientos, ni el orden de su entrada en este mundo. Pero vivían los siete el día —desconocido también— en que nació el último de los hermanos. Le llevaron a bautizar a la desaparecida y antiquísima iglesia, sobre la que se edificó la ac-tual, pero la pila bautismal sigue siendo la misma. Y le pusieron por nombre Jo-sé: José Calasanz Gastón.

1. La fecha de nacimiento

En el informe notarial que en 1651 mandaron a Roma el Rector y Beneficiados de Peralta de la Sal sobre lo que sabían del Fundador de las Escuelas Pías y su fami-lia, lamentaron «que el dicho lugar de Peralta de la Sal, donde nació y fue bauti-zado el Doctor Calasanz, de ocho años a esta parte ha sido invadido, saqueado y quemado por los franceses dos veces, y a esta causa se han perdido las escrituras de dicho lugar, y entre ellas los cinco libros parroquiales (quinque libri) en donde estaba escrito el bautismo de dicho Doctor Calasanz y por este respecto no pue-de sacarse la fe de su bautismo». (2)

La quema de estos libros ha llevado al retortero a los biógrafos del Santo de Pe-ralta, particularmente a algunos de nuestro tiempo, deseosos de aquilatar la fe-cha exacta de su nacimiento. Pero, como en otros detalles comunes, también en éste hay que recordar a otros santos españoles, contemporáneos y aun posterio-res al nuestro, cuya fecha natalicia se ignora, como San Juan de Ribera (3), San Ignacio de Loyola, (4) San Juan de la Cruz, (5) San Vicente de Paúl, (6) San Anto-nio María Claret. (7).

El desconcierto empezó la misma mañana en que estaban expuestos sus restos mortales en la iglesia romana de San Pantaleón. Al consignar la noticia en su dia-rio —después de pedir información—, Teodoro Ameyden añadía que era «un hom-bre de 93 años», y la misma edad le daba la gacetilla diaria ‘Avvisi di Roma’ del 29 de agosto de 1648. (8) Entre los declarantes en el proceso ordinario (1651-53), el H°. Lorenzo Ferrari dijo también que «era de 93 a 94 años», aunque lue-go dijo simplemente que tendría «unos 90 años». (9) Probablemente sería él quien informara a los diaristas de primera hora, reflejando la incertidumbre que reinaba en la comunidad escolapia de San Pantaleón, pues aquel mismo día se grabó en una lámina de plomo, colocada en el féretro, una inscripción con el nombre, edad y fecha de la muerte del venerable difunto, y decía que había muerto a los noventa y dos años, (10) mientras en el acta notarial de defunción se insinuaba la duda al decir «a los 92 años de edad aproximadamente». (11) Po-cos días después, el P. Bonaventura Catalucci compuso un esbozo biográfico, co-nocido como ‘Breve notizia’, afirmando que había nacido en 1556 o bien en 1558, el mismo día en que murió San Ignacio de Loyola (31 de julio de 1556). (12) El P. Vicente Berro admitió también la disyuntiva de los años, pero corrigió el día, diciendo que fue el 3 o el 4 de septiembre y que fue bautizado el 11 del mismo mes. (13)

Entre todas las dudas se impuso finalmente como fecha de nacimiento el 11 de septiembre de 1556, (14) aunque no sepamos a ciencia cierta por qué prevaleció la fecha del 11, que Berro señaló como la de su bautismo, y no la del 3 ó 4 de septiembre. La sutileza de Berro al distinguir entre bautismo y nacimiento y la credibilidad que merecen sus afirmaciones, confirmadas normalmente con otros documentos, son garantía para admitir esas fechas como las más probables.

Todavía el P. Bau en su Biografía crítica de 1949 mantenía, con muchas razones documentales, el 1556 como año del nacimiento, pero proponía por su cuenta como fecha el 9 de diciembre. (15) Y, fiel a esta tradición, la Orden entera de las Escuelas Pías celebró con solemnidad en 1956 el IV Centenario del nacimiento de su Fundador.

2. Una tradición equivocada

En el voluminoso número 12 extraordinario de Revista Calasancia, dedicado a la celebración del mencionado centenario, publicaba el P. Bau un artículo sobre ‘La data natalicia de San José de Calasanz’, proponiendo con abundancia de razo-namientos una nueva fecha: el 31 de julio de 1558, con lo que paradójicamente dejaba injustificada la celebración centenaria. (16) Con ello volvía a reasumir la fecha propuesta por la ‘Breve notizia’ en cuanto al día y mes, inclinándose por el 1558 en vez del 1556, ambos allí indicados disyuntivamente.

La publicación del ‘Epistolario’ del Santo, llevada a cabo en los años 1950-1956, había enriquecido el fondo documental, pues en 10 cartas habla de su edad. Con tales testimonios personales era imposible mantener la fecha natalicia tradicio-nal de 1556. La antiquísima tradición proponía la alternativa de 1558. Y por sal-varla tuvo que plantear el P. Bau la hipótesis gratuita de que «el Santo siempre computa a la manera clásica, es decir, por años no acabados de cumplir». (17) Basados en esta hipótesis, todos los cálculos sobre las afirmaciones personales del Santo sobre su edad señalan el 1558 como año natalicio. Pero si partimos de la hipótesis contraria, como es normal, todos los datos convergen en el 1557.

El P. Picanyol, al comentar las cartas calasancias en que se alude a la edad, y en otros escritos suyos, incluso expresamente dedicados al tema, no salió del dile-ma: «… una de dos: o eran cumplidos o por cumplir… Si los tenía ya cumplidos, había nacido en 1557; si eran por cumplir, en 1558. Y nos quedamos siempre con la duda». (18) A veces, sin embargo, exagera la incertidumbre, viendo dificulta-des donde no las hay. (19)

La solución, pues, está en averiguar cómo contaba sus años el Santo. Bau no se preocupó de probar su hipótesis, convirtiéndola sin más en tesis. Y ya hubo antes otros que propusieron el año 1557 con sólo atenerse al modo común de computar la edad. (20) Y es la postura más lógica. No hay ningún indicio documental que insinúe que Calasanz contara «su edad» por años empezados y no cumplidos. Y ciertas expresiones suyas difícilmente pueden entenderse en la hipótesis de Bau. (21).

No ya diez sino trece son las referencias explícitas del Santo a su edad, y sin hipótesis preconcebidas, es decir, suponiendo que cuenta los años como todo el mundo entonces (22) y ahora, todas señalan como año natalicio el 1557. (23) A ellas pueden añadirse algunas otras de cartas a él dirigidas, cuyo cálculo nos lle-va igualmente al mismo año, (24) como también uno de los informes del P. Pie-trasanta, que en su oficio de Visitador se enteraría personalmente de la edad del Fundador. (25)

En su modo ordinario de referirse a la edad de los demás cuenta por años cum-plidos, y por tanto no hay razón alguna para suponer que usara medida distinta para contar los suyos. Cuando toda la Orden está pasando la gravísima crisis de los Hermanos que pretenden ser sacerdotes, se recurre al Papa en demanda de solución y por decreto de 22 de octubre de 1639 se decide que deben ser reco-nocidos como clérigos todos los Hermanos reclamantes que hayan hecho la pro-fesión solemne «antes de los 21 años cumplidos». (26) Y a raíz de esta decisión hay gran cantidad de cartas del Santo en que habla de los años de diversos «re-clamantes», preguntando «si han profesado antes de los 21 años»; «que mues-tren legítimamente haber profesado antes de los 21 años»; «en cuanto a aquellos de 21 años»… (27) Lógicamente, aunque no especifique si son años cumplidos o por cumplir, es obvio que se trata de años cumplidos, como exige el Breve ponti-ficio.

Lo mismo hay que decir cuando alude a los dieciséis años de edad para hacer la profesión, pues unas veces dice expresamente «16 años cumplidos» y otras omite la palabra «cumplidos», porque se sobrentiende. (28) Igualmente se expresa sin especificar al hablar de edades en que por derecho sabemos que se entendían años cumplidos, como para ordenarse de sacerdote, para poder confesar, para ser nombrado maestro de novicios. (29)

Todos estos casos concretos nos cercioran de que sería absurdo que el Santo hablara de la edad de los demás, entendiendo normalmente los años cumplidos, y que solamente cuando se refería a los suyos los entendiera no cumplidos. Con lo que podemos concluir que por sus propias alusiones directas hubo de nacer en 1557.

3. Lo que seguramente no fue

Los hagiógrafos tradicionalmente llenaron la infancia de sus héroes de maravi-llas, adornándoles con generosidad de toda suerte de dones y virtudes, dando pie a los pintores para que pusieran aureolas doradas sobre sus cabecitas rubias. Y así se hizo, naturalmente, con San José de Calasanz, incluso haciendo surgir una estrella que anunciara su nacimiento. «Era el niño obedientísimo a sus pa-dres —dice Armini— y crecía no con otros entretenimientos que no fueran de de-voción y oraciones… se le veía modesto en el rostro, moderado en las miradas, compuesto en las acciones y tan comedido en el hablar que no salían de su boca palabras que no fueran honestas, y ni siquiera las soportaba en otros, y si las oía, se cubría el rostro de vergüenza…, y era cautísimo en todo lo que pudiera con-taminar su inocencia virginal, en la que era tan diligente, que no permitía fácil-mente a su madre que le viera desnuda parte alguna de su cuerpo…». (30) Y Ta-lenti añadía, después de la frase citada, que copió de Armini: «… lo afligía con asiduas maceraciones, pues deseoso de oírse contar ejemplos de Santos y ávido de leer sus vidas, quería emularlos en cuanto fuera posible en aquella edad, con mortificar sus sentidos, con penitencias y asperezas, obligando no raras veces su delicado cuerpecito a tomar sobre tierra desnuda o sobre duras tablas el breve sueño que le concedía». (31) Bau aludía también a estos relatos tradicionales: «… miraba con aversión los juegos y las diversiones pueriles; no se le vio ni una sola vez correr o saltar sin recato, ni molestar con sus gritos, ni incurrir jamás en las travesuras de aquella edad…». (32)

Hoy día, a un niño así, probablemente se le llevaría al psiquiatra. ¿Cómo no iba a correr y a saltar con los demás niños por las empinadas calles de su pueblo, y lle-narse de barro jugando en el arroyo en días de lluvia, y perderse en los cañave-rales del río? ¿Cómo iba a dejarle su madre dormir en el duro suelo o sobre ta-blas? ¿Cómo iba a permitirle que no se dejara lavar de arriba abajo cuando lle-gaba sucio de los barrizales o lleno del polvillo penetrante de las eras en los días de la trilla?

En realidad, las noticias fidedignas que tenemos son humanamente sobrias y en cierta medida abundantes, sin necesidad de recurrir a esas fantasías inverosími-les y hoy día inaceptables.

4. Los principios de su piedad

El H°. Lorenzo Ferrari, que cuidó al Santo durante sus últimos seis años, certificó en el proceso ordinario:

«Oí decir al mismo P. José que su padre y su madre le educaban en el temor de Dios y le hacían aprender las buenas letras; y por él mismo supe también que, siendo pequeñito, sus padres lo educaban separándole de las malas compañías, para que se acostumbrara desde entonces al temor de Dios; y que así deberían hacerlo todos los padres y madres para formar a los hijos en el temor de Dios»; (33) «y una vez que me exhortaba a mí y a otros súb-ditos jóvenes a la piedad cristiana, nos decía que él, de pequeño, atendía a las devociones y rezaba siempre el Oficio Parvo de la Virgen y otras devocio-nes, pero muy particularmente el Santísimo Rosario». (34)

Hubo, además, otro testigo de excepción, que acudió a la Iglesia de San Panta-león, mezclado entre la muchedumbre, para venerar el cadáver del Santo, ex-puesto el día 26 de agosto de 1648. Se llamaba don José Marquet (35) y había sido Arcediano de la Iglesia de Perpiñán en el Rosellón, entonces español. Estaba hospedado junto a la iglesia de Montserrat, de la Corona de Aragón, en Roma. Una vez cumplido su homenaje, entró en la sacristía y se presentó: era natural de Peralta de la Sal, había sido compañero del P. José Calasanz y tenía su misma edad. (36) Y con la emoción del momento empezó a evocar recuerdos de la leja-nísima infancia de su santo amigo. Y en torno a él debieron de arremolinarse al-gunos Padres, que luego hicieron sus declaraciones procesales, como Scassellati y Quarantotto o el historiador Caputi, apelando a esta conversación.

Entre otras cosas dijo el viejo sacerdote que había asistido a la escuela de Peral-ta junto con el P. Fundador y que a veces el maestro le hacía subir a una silla y «le hacía recitar los milagros de Na. Sra., tal como se los enseñaba su madre». (37) La insinuación evoca naturalmente la celebérrima obra de Gonzalo de Ber-ceo, y es probable que mucha gente supiera de memoria gran parte de tales poemas, aun sin saber leer. Y no es de maravillar que el pequeño José Calasanz hubiera aprendido algunas estrofas de labios de su madre, y subido a una silla empezara, por ejemplo, diciendo:

«Amigos e vasallos de Dios Omnipotent
Si vos me escuchássedes por vuestro consiment
Querría vos contar un buen aveniment:
Tenédeslo en cabo por bueno verament…».

Y más de una vez acabara recitando:

«A la Virgen gloriosa todos gracias rendamos,
De qui tantos mirados leemos e provamos:
Ella nos dé su gracia que servirla podamos,
E nos guíe fer cosas por ond salvos seamos».

La entrañable devoción mariana de José de Calasanz «de la Madre de Dios» hun-día sus raíces profundas en aquellas horas de Peralta en que su madre le hacía repetir una y otra vez, con ternura, las bellísimas estrofas monorrimas de Ber-ceo. Y probablemente, en los atardeceres de invierno, junto al fuego del hogar, mientras la madre preparaba la cena y las hermanas ponían la mesa, el pequeño José dirigía el Rosario, contestándole devotamente toda la familia.

5. El demonio entre los olivos

El nonagenario don José Marquet, entre sus recuerdos de infancia, evocó uno en la sacristía de San Pantaleón, por el que prácticamente ha pasado a la historia. He aquí cómo lo cuenta un testigo:

«Me contó un tal D. José Musquez en la sacristía de nuestra Iglesia de San Pantaleo, al tiempo en que el siervo de Dios [Calasanz] estaba expuesto en la iglesia, el 26 de agosto de 1648, un hecho singular del mismo siervo de Dios, sucedido en su tierna edad de cinco años próximamente, en dicha su patria de Peralta. El referido D. José me dijo así: “Padre, no os maravilléis de que este siervo de Dios sea santo; porque ya de niño, siendo yo su paisa-no y de su misma edad poco más o menos, se salió de casa y de la villa con un cuchillo o puñalito desenvainado en la mano. Yendo así y preguntándole yo dónde iba, me respondió: Quiero ir a matar al demonio, porque es ene-migo de Dios”». (38)

Aunque esta declaración es de 1690, mantiene una sobriedad tanto más admira-ble cuanto que ya al cabo de un mes de su primera narración había sido ampulo-samente dramatizada.

En efecto, el P. Catalucci, en la ‘Breve notizia’, dijo simplemente que «en com-pañía de otro compañero suyo salía del pueblo para matar al demonio como a su enemigo» Pero el panegirista, P. Jacinto de San Vicente, para quien se había hecho el esbozo o ‘Breve notizia’, hizo subir al niño a un olivo y el demonio le hizo caer de la rama «y dar en tierra con tan fiero golpe que según la relación del amigo, debía de haber quedado muerto. Mas patrocinado por el auxilio del cielo, se levantó como un nuevo Anteo, con más furiosa resolución de acometer y matar al diablo, que le había hecho caer; por lo cual anduvo buscándole por los árboles de alrededor». (40)

La escena es totalmente verosímil, salvo que el niño —y menos aún sus compañe-ros— viera al diablo o a su mala sombra entre las ramas, y si efectivamente llegó a encaramarse y se dio un batacazo, acusaría el golpe y terminaría allí la aventu-ra. Y no se puede menos de evocar la escena paralela de Santa Teresa y su her-mano Rodrigo, que salen furtivamente de casa y traspasan las murallas de Ávila para irse a tierra de moros a ser descabezados por amor de Cristo. En ambos ca-sos hay un reflejo del espíritu religioso de la España de entonces y sobre todo del ambiente profundamente cristiano del hogar propio.

No parece justo, sin embargo, que esta aventura se convierta en una obsesión para algunos biógrafos que proyectan la sombra del diablo sobre la vida entera del Santo, casi como un omnipresente antagonista. (41) Ni menos aún que se perturben los floridos años de su infancia y adolescencia con nuevas y repetidas visiones y ataques violentos, como fantasea Talenti: «el demonio… se esforzaba en aterrorizarle y estorbarle en las obras santas, apareciéndosele en formas horribles de atroces y monstruosísimas fieras, e incluso intentó varias veces aho-garle y precipitarle en un pozo». (42) La vida, incluso para los santos, es mucho más normal y humana de lo que suelen escribir los novelistas de siempre y los hagiógrafos de otros tiempos.

6. La profecía de las acémilas

Las evocaciones anteriores tenían un testigo directo, presencial: don José Mar-quet. Pero hubo otra anécdota de origen más tardío, que se incorporó a las na-rraciones tradicionales de la infancia, y que indudablemente ha de tener un fon-do histórico, pues no podía mantenerse su recuerdo —si era falso— más de un si-glo. Se la contaron al P. Luis Cavada al pasar por Peralta en 1680 y él la evoca en una carta del 5 de agosto de 1690, y dice:

«Ahora me acuerdo que estando en Peralta de la Sal, me contó un anciano sacerdote de allí, que había oído decir a su padre, que sintiéndose muy afli-gido el padre de N.V. Padre por causa de ciertas personas de Cataluña a quienes había adelantado dinero para que le trajeran hasta su casa la canti-dad de trigo que necesitaba para su provisión, y habiendo fallado a su pala-bra, no tenía de dónde proveerse. Pensando en ello y lamentándose paseaba por la plaza, delante de su casa. Y en esto, volvió de la escuela su hijo, esto es N. Ven. Padre, de quince años más o menos, y sabiendo la causa de la aflicción de su padre, le consoló diciéndole que no se preocupara, sino que confiara en Dios, que cuanto antes le proveería. Aquella misma tarde llega-ron algunos de los esperados con acémilas cargadas de trigo. Y se tuvo por profecía. Lo dicho por este sacerdote (sobrino o nieto del Maestro Ibáñez que fue condiscípulo de N. V. Padre desde la gramática) podrán confirmarlo otros sacerdotes jóvenes…». (43)

Más que provisiones para su propia casa, es probable que se tratara de algo rela-cionado con su oficio de Baile General de la baronía de Peralta, pues la cantidad de provisiones que sugieren las mulas, en plural, parece exceder las necesidades de una sola familia, aunque fuera numerosa, como lo era la suya. Por otra parte, no son compatibles la edad de quince años con el venir de la escuela local, pues a esa edad debía estar ya estudiando latines o Artes, como era frecuente, (44) y en Peralta, como diremos luego, no había escuela de latín. La misma anécdota en sí adquiere más verosimilitud aplicándola a un niño pequeño, cuyas gracias y ocurrencias se recuerdan luego con simpatía, e incluso como genialidades —profecía en este caso—, más que las de un mozalbete de quince años. Es, pues, más acertado poner el acento en el detalle de que el niño venía de la escuela y no en la edad concreta de los quince años.

7. Sus primeras letras

En Peralta, pues, había una escuela de primeras letras. A ella aluden la anécdota anterior y los recuerdos de don José Marquet al evocar al pequeño José Calasanz Gastón recitando los Milagros de Nuestra Señora. Este último detalle piadoso po-dría hacernos suponer que la escuela se tenía en la parroquia por alguno de los beneficiados que la servían, que no eran pocos. (45) La escuela era entonces só-lo para niños y a ella fueron también los dos hermanos mayores, Juan y Pedro Calasanz, pues nos consta documentalmente que tanto Pedro el padre como Pe-dro el hijo sabían escribir, (46) y lógicamente también Juan sabría. Sin embargo, la madre y la hermana Esperanza dicen no saber escribir, (47) y lo más probable es que tampoco supieran las otras hermanas. Raras eran las mujeres que supie-ran leer y escribir, sobre todo en ambientes rurales.

En la escuela o en la parroquia aprendió también el catecismo. En esos años de su infancia se estaba celebrando el Concilio de Trento (1545-1563), en cuya se-sión XXIV (11 de noviembre de 1563) se prescribió que al menos los domingos y días festivos se enseñara los rudimentos de la fe a los niños en las parroquias. (48) En 1561 había publicado el dominico fray Pedro Mártir Coma un catecismo en catalán y en los años siguientes el obispo de Urgel, don Pedro Castellet (1561-1571), lo había repartido por toda la diócesis para que sirviera de texto en la en-señanza de los niños y fuera leído públicamente en las iglesias a los fieles en los días festivos. (49)

En Peralta no había escuela de latín. Desde Roma, el 25 de noviembre de 1592 escribía el Doctor Calasanz al párroco de su pueblo, don José Texidor, aludiendo a la carta que le había escrito el 29 de septiembre: «Hame parescido muy acer-tado que hayan conduhido Maestro que enseñe latinidad en esse lugar, que será facilitar a los padres que hagan aprender letras a sus hijos, que es una de las mayores herencias que les pueden dexar». (50) Efectivamente, «el consejo y universalidad» de Peralta había ‘conduhido’ para maestro a «Antonio Rauleda licenciado, natural de Castigaleu», pueblo del Condado de Ribagorza, al norte de Benabarre. (51) Cuando acabó, pues, la escuela elemental, José Calasanz Gastón tuvo que salir de Peralta para seguir estudiando, por deseo de sus padres. Y agradecido por ello, reconocía luego —en su ancianidad romana— que era la me-jor herencia que le habían dejado.

Antes de que el estudiante saliera del pueblo, habían dejado el hogar paterno dos o tres de sus hermanas: la mayor, María, se casó en 1561 con Pedro Ferrer y siguió viviendo en Peralta; hacia 1565 se casó Juana con Juan Blanch, «alias Agostí», y se fue a vivir a Benabarre, de donde era el marido; y probablemente en esos mismos años, entre 1561 y 1565, se casó también Magdalena con el pe-raltense Antonio Juan Pastor, quedándose en el pueblo. (52) Junto a sus padres seguían Juan y Pedro, Esperanza e Isabel.

8. La escuela de Estadilla

Puestos a elegir una escuela de gramática o latinidad relativamente cercana a Peralta, no eran escasas las posibilidades. En los conventos de frailes solía haberlas para los propios aspirantes de la Orden, y admitían también a externos, bajo ciertas condiciones. Los trinitarios tenían casas en Lérida (fundada en 1201), Balaguer (1300), Monzón (1282), Fraga (1549), Barbastro (1559) y también en Estadilla (1540). (53) Se sabe que en algunas de ellas tenían tales escuelas de gramática, como en Monzón, Lérida, Estadilla. (54) En Benabarre había también estudio de gramática, que llevaba uno de los beneficiados de la colegiata, y en 1610 se fundaría el Colegio de dominicos, llamado de Linares, cerca de la pobla-ción, así como los carmelitas descalzos fundarían también un convento con estu-dio de gramática en Tamarite, hacia 1594. (55)

El entonces baile de Peralta no dudó en escoger para su hijo estudiante la escue-la de Estadilla, cabeza de la baronía de Castro. Hoy día, en la parte alta de la villa hay unas ruinas que se dice pertenecieron al antiguo convento de trinita-rios. No parece, sin embargo, muy aceptable tal identificación, pues, en primer lugar, el gran salón con arcos apuntados y muros de sillería tiene más aspecto de castillo o palacio medieval que de convento de frailes erigido a mediados del si-glo XVI; en segundo lugar, como precisa un cronista, «este convento en todo este siglo cuarto (siglo XVI), de que hablamos, siempre fue muy pequeño», e incluso por este motivo se decretó por dos veces, en 1567 y en 1590, cerrarlo, aunque no se cumplió; (56) en tercer lugar, hay ciertas referencias que sitúan el castillo-palacio de los Señores de Castro en la parte alta de la villa baronial, precisamen-te donde se hallan las ruinas en cuestión, (57) mientras se dice que el convento trinitario estaba fuera de la población. (58)

La pequeñez del convento, de que nos acaban de hablar, nos sugiere la imposibi-lidad de que admitieran alumnos internos. Por tanto —y en nuestro caso— el pe-queño José Calasanz residiría en casa de algún familiar o amigo de sus padres, lo cual no parece tan inverosímil si pensamos en las relaciones que tendría su pa-dre, como baile de Peralta, con gente de Estadilla, cabeza de la baronía de Cas-tro. (59)

No es aventurado suponer que tanto la escuela de gramática de Estadilla como las demás que tuvieran los trinitarios en Monzón, Barbastro, Fraga, Balaguer y Lérida se acomodaran al plan de estudios de las escuelas menores universitarias, sobre todo al del Estudio General de Lérida, al que en cierto modo estaban su-peditadas geográficamente, y en términos más generales a todo el ámbito de la Corona de Aragón.

En dichas universidades el estudio de la gramática se dividía en tres cursos: pe-queños, medianos y mayores. Los alumnos solían tener de diez a catorce años normalmente. El texto básico era el Nebrija. En las clases de pequeños y media-nos se estudiaban los principios gramaticales y la sintaxis, y en la de mayores la prosodia y la retórica. Los autores latinos solían ser Luis Vives (Diálogos), Teren-cio (expurgado), Cicerón, Julio César, Salustio, Tito Livio, Tácito, Virgilio, Hora-cio, Marcial.

9. El poeta perdido

En el primer esbozo de biografía —la ‘Breve Notizia’ de septiembre de 1648— se aludía a estos estudios preuniversitarios del Santo, diciendo que «después de haber estudiado gramática y retórica con mucho provecho en verso y en prosa, fue mandado a la Universidad de Lérida…». (60) De su viaje por Barbastro, Pe-ralta y Benabarre en 1677, el P. Cavada escribía mucho más tarde, en carta del 5 de agosto de 1690, al P. Armini, entonces General de la Orden:

«Recuerdo también que el Vicario de Benabarre, muy amigo de D. José [de Calasanz y Bardají, Señor de Ramastué y del Estall], tenía también un libro, como un Ritual Romano, manuscrito, de varias y elegantísimas Poesías espa-ñolas compuestas por dicho Ven. Padre [Fundador] mientras estudiaba en Lérida, Valencia, Huesca (Osca), etc., cosa exquisita, sobre el Sacramento, Misterio de la Trinidad y otros temas sacros, etc. y se podría al menos sacar copia para editarlos a su tiempo». (61)

Y en otro lugar volvía a recordar el P. Cavada estas poesías, diciendo en castella-no: «Sólo no pudo el P. Provincial conseguir del sobredicho Vicario un libro en cuarto folio de varias poesías a lo divino, tan elegantes como doctas, del dicho Ven. Padre, que dice allí él mismo las trabajó, cuando cursaba los estudios en las universidades de Lérida, Valencia, etc.». (62)

Todo hace suponer que algunas de estas poesías las compusiera el Santo en Esta-dilla, pues allí estudió la retórica «con mucho provecho en verso y en prosa», como dice Catalucci, y entre los temas escogidos figura el misterio de la Trini-dad, que evoca fácilmente la influencia espiritual de los trinitarios. Además, Ca-vada añade un etc. a las universidades nombradas. Probablemente sería un libro en el que el estudiante Calasanz escribió sus versos juveniles durante su carrera, desde que se puso en contacto con la retórica y poética. Y hay que lamentar pro-fundamente que el P. Cavada se preocupara tanto de mandar a Roma el ramaje híbrido de un supuesto árbol genealógico y no tuviera paciencia para sacar copia de aquellas poesías «a lo divino, tan elegantes como doctas», que hubieran hecho las delicias de tantas generaciones de escolapios. ¿Se perdió, pues, un poeta?

10. «El santet»

Los tres años en Estadilla —probablemente entre los diez y catorce de su edad— debieron de ser muy importantes en su vida. El adolescente dejó de ser niño. Por primera vez vivía fuera del calor del hogar. Era una emancipación prematura, pero definitiva. Y es indudable que los religiosos trinitarios dejaron su huella es-piritual en aquellos años, sin descartar posibles relaciones futuras en Lérida, Va-lencia y Alcalá de Henares, donde tenían colegios mayores universitarios para los suyos dichos religiosos y precisamente en Lérida, Valencia y Alcalá hizo Calasanz sus estudios universitarios.

Uno de los momentos solemnes de estos años fue el de su primera comunión. Y con ella empezaba para el muchacho la práctica de los sacramentos de la peni-tencia y eucaristía. De los dos temas de sus poesías expresamente mencionados, uno se refería al Smo. Sacramento.

No hay que extrañarse de que en el proceso lento en que se va tejiendo su bio-grafía de santo, se vayan acumulando noticias, anécdotas, detalles referentes a su vida espiritual. Afortunadamente, hubo alguien en cada una de las etapas primeras de su vida que nos dejó algún recuerdo de su convivencia. De la escuela primaria de Peralta nos habló don José Marquet. De este período de Estadilla adujo don Miguel Jiménez Barber el testimonio fidedigno de otro condiscípulo y amigo del estudiante Calasanz:

«Sobre la educación del P. José en su puericia, puedo decir lo que oí a los viejos y ancianos de aquel país, como fueron el citado Antonio Calasanz [«hijo de un hermano del abuelo del P. José» —dijo antes—] y el Sr. Francis-co de Ager, ministro familiar del Santo Oficio, que fue condiscípulo del P. Jo-sé, con el que estudió de pequeño en Estadilla, esto es, era llamado por to-dos el santet, que quiere decir el santito, añadiendo que nunca iba a clase sin hacer antes oración, y así lo hacía cada día, aunque sus condiscípulos se le burlaran». (63)

El detalle de que se recuerde el apodo que le pusieron sus compañeros y preci-samente en catalán —el santet—, lengua común en aquellos pueblos, es garantía no sólo de la verdad del apodo mismo, sino especialmente de todo lo que con él querían significar. Algo tenía aquel muchacho de Peralta que no tenían los de-más. Ni le importaba el mote, ni se sentía cohibido porque sus costumbres reli-giosas provocaran las fáciles burlas de sus compañeros. Aunque no todos proba-blemente, pues más de uno de ellos fue luego religioso o sacerdote.

Efectivamente, en la visita que mucho más tarde —en 1585-86— hizo Calasanz al monasterio de Montserrat, acompañando al obispo de Lérida y Visitador Apostóli-co, don Gaspar Juan de la Figuera, se encontró entre los monjes a Fray Diego de Marquina, de veintiocho años de edad y doce de vestición religiosa, natural de Estadilla. (64) Siendo, pues, de su misma edad, es muy probable que asistieran juntos a la misma escuela de los trinitarios, dado que ambos siguieron luego ca-rreras eclesiásticas. Igualmente podríamos conjeturar que asistió también a la escuela de gramática de Estadilla don José Marquet, de la misma edad y condis-cípulo de Calasanz en la escuela elemental de Peralta y que no pudo tampoco estudiar latines en su pueblo. Y lo mismo podríamos suponer de otros sacerdotes coetáneos y paisanos suyos, que fueron luego beneficiados en Peralta, pues nor-malmente los patronos de esos beneficios eran de Peralta y solían concederse a los propios parientes. (65) Y eran sobre todo los destinados a la carrera eclesiás-tica los que tenían que frecuentar las clases de gramática y latín, y por tanto es lógico que los de Peralta fueran a Estadilla hasta que en 1592 se «condujo maes-tro de latinidad».

11. La temprana vocación sacerdotal

De todo lo dicho en torno a la infancia de José Calasanz Gastón, se infiere que era un chico bueno y piadoso. Más todavía, por lo que declaró su condiscípulo respecto a su piedad en Estadilla, podría aplicarse también a estos años lo que otro testigo afirmó en general de toda su infancia:

«La puericia del P. José fue timorata de Dios y con indicios de no mediocre santidad. Frecuentaba mucho las devociones y exhortaba a los niños de su edad al temor de Dios y a la piedad cristiana». (66)

No parece, pues, prematuro conjeturar que en este ambiente propicio maduró su vocación sacerdotal. Su actitud personal de piedad, la influencia de los religiosos educadores y los supuestos compañeros que más tarde fueron también sacerdo-tes, inducen a pensar en ello. Documentalmente nos consta que en 1571, cuando contaba el muchacho trece años y medio, ya sabían sus padres que quería ser sacerdote. En efecto, el 8 de marzo de dicho año hizo testamento su padre y «en una de sus cláusulas —dice el P. Jericó— encarga y manda a su hijo y heredero, que se llamaba del mismo nombre del padre, don Pedro, no sólo que lo manten-ga [a José] con la decencia correspondiente a su calidad, dándole todo lo que hubiere menester, sino que confiando (añade) sea clérigo, le sea dado patrimo-nio suficiente para subir a los órdenes sacros, si ya beneficio alguno no tubiere». (67)

Mal se aviene esta expresión testamentaria con la idea tradicional de que el pa-dre se oponía a la vocación sacerdotal de José, porque quería dedicarle a la mi-licia. Y es que se creía que tanto su padre como su hermano Pedro habían ocu-pado honrosos puestos militares, fieles a la supuesta gloriosa tradición familiar, y el pequeño José debía seguir sus huellas. (68)

Hay un fondo de verdad en esa tradición, pero ni tiene que ver con la milicia, ni referirse tampoco a este momento histórico en que no había motivo alguno para justificar la oposición paterna. Probablemente por aquellas fechas había muerto el primogénito Juan en edad adulta, y el padre quiere dejar las cosas arregladas y hace testamento, nombrando heredero a Pedro, con quien la hacienda y el apellido quedan a salvo. El hijo menor, por tanto, puede seguir tranquilamente su vocación clerical, respaldado con la ayuda económica de su hermano, en caso de que los padres hayan muerto.

Cinco años más tarde, en las capitulaciones matrimoniales del referido Pedro, fechadas el 20 de febrero de 1576, los padres volverán a confirmar al mayor co-mo heredero universal, reservándole de nuevo el adecuado patrimonio al hijo menor José, que un año antes había recibido ya la tonsura clerical (17 de abril de 1575). (69) Y ni en 1571 ni en 1576 hay indicio alguno de la «repugnancia de don Pedro a los designios de su hijo, que manifestaba abiertamente su vocación al estado eclesiástico», como creía también el P. Jericó, aun después de leer ambos documentos. (70)

Con estas salvedades testamentarias se acomodaba Pedro Calasanz, padre, a las costumbres locales y regionales, que respetando la vocación de los hijos meno-res, imponían a los herederos la obligación de sustentarles y acogerles hasta que pudieran valerse por sí mismos, una vez recibidas las órdenes mayores. (71) No hubo, pues, desavenencia alguna entre el baile de Peralta, don Pedro Calasanz, y su hijo José, sino todo lo contrario, pues el padre «confiaba» en que su hijo fue-ra clérigo. Y el muchacho, probablemente aquel mismo año de 1571, al terminar el curso, dejó Estadilla en pleno verano y se volvió a su pueblo a pasar las vaca-ciones.

12. El bandolerismo ribagorzano

Desde que vino al mundo hasta que se fue de España (1557-1592), José Calasanz vivió en el largo reinado de Felipe II (1556-1598). Y hasta Peralta llegarían los ecos, atrasados de meses, de las andanzas de los Tercios Españoles por los cami-nos de Europa, y de las naves y galeones de nuestra Armada por todos los mares del mundo. Precisamente aquel verano de 1571 se estaban concentrando en Sici-lia las fuerzas navales de la Liga Santa —España, Venecia y Roma—, que con más de 250 naves y 25.000 hombres iban a enfrentarse con los turcos en aguas de Le-panto.

Estas y otras noticias similares mantenían en vilo a los pueblos de España con la esperanza de las victorias y el temor de las posibles derrotas. Y desde que em-pezó la gran aventura imperial con Carlos V, apenas si quedaba tiempo de sosie-go. Batalla tras batalla, derrotas y victorias en la vieja Europa, mezcladas con las conquistas del Nuevo Mundo, o los nuevos descubrimientos de islas en mares desconocidos y todavía sin nombre, llenaban de satisfacción —y de angustias— a los españoles que quedaban en la península. Y el niño, el joven y el adulto José Calasanz no podía quedarse indiferente.

No obstante, junto a las glorias de aquel imperio en que no se ponía el sol, que-daban en casa las miserias de todos los días, que parecían no tener solución. Y una de ellas, como plaga endémica, incurable, era el bandolerismo. No era un fenómeno propiamente casero. Aunque sus orígenes se pierdan en la noche de los siglos y se advierta su presencia constante en toda la cuenca del Mediterrá-neo, (72) fue particularmente virulento en la segunda mitad del siglo XVI en toda la Corona de Aragón. (73) El futuro sacerdote José Calasanz vivirá momentos de angustia en sus meses de permanencia en Urgel y repartirá arcabuces a los canó-nigos de la catedral, quedándose él con uno para defenderse de los bandoleros. Y algunos años antes, cuando reside durante un tiempo en Montserrat, le habla-rán de sus fechorías en el mismo monasterio y oirá los disparos de sus trabucos retumbar en las oquedades de la montaña.

Pero no sólo eso. En realidad, desde niño se acostumbró a oír contar casos y co-sas de bandoleros. Y no eran cuentos para no dormir. Se hablaba de ello con nombres concretos de pueblos y de personas. Efectivamente, tras unos años de relativa calma, «el bandolerismo… volvió a reaparecer con mayor fuerza en la década de los sesenta. Durante más de diez años todo el Norte será recorrido sin cesar por cuadrillas, sin que las autoridades pudieran controlar la situación hasta 1572. Una vez más, Ribagorza, la comarca de la Litera —a la que pertenece Pe-ralta de la Sal— y Barbastro fueron las zonas donde con mayor fuerza prendió el bandolerismo. “Entendido avemos —escribía Felipe II— que en la villa de Monçón y su castillo y en Tamarite y otros lugares alrededor se recogen muchos bandole-ros y salen de allí y saltean los caminantes y cometen otros delitos dignos de re-paro”». Don Juan de Gurrea por su parte, en un informe a la Corte, comunicaba la situación del condado: «donde los insultos verdaderos y atroces se cometen y andan los lacayos con toda soltura es en el condado de Ribagorza… [y] estando el condado limpio de vellacos, lo está todo él [el reino de Aragón] y particular-mente la tierra de Monçón, Balbastro y Tamarite, por estar más propinqua dél». (74)

Las amenazas, el soborno y el miedo forzaban a los vecinos de aquellos pueblos a acoger a los bandoleros, con las consiguientes quejas de las autoridades y los in-evitables choques sangrientos, como el ocurrido, por ejemplo, en abril de 1561 en Binaced, diez kilómetros al sur de Monzón. Allí se había refugiado el bandole-ro Amendaño con treinta y cinco delincuentes, todos condenados a muerte. Acu-dió Lorenzo Juan, un terrateniente de Fonz, pueblo vecino de Peralta, acompa-ñado de más de cien hombres, y en el enfrentamiento murió Amendaño con vein-ticinco de los suyos y otros veinte del bando de Lorenzo. (75)

La gravísima situación movió a Felipe II a escribir el 20 de junio de 1561 a los concejos municipales de Barbastro, Monzón, Sariñena, Tamarite, los lugares de la Casa de Castro y del condado de Ribagorza y al Justicia de Aragón, para que unieran sus fuerzas contra el enemigo común, el bandolerismo. (76) Por esas fe-chas, Pedro Calasanz, padre del Santo, era baile general de toda la Baronía de Peralta; más todavía, precisamente en ese período de mayor virulencia del ban-dolerismo que abarca la década de los sesenta hasta 1572, estuvo al frente de la bailía local y general de Peralta, (77) y debió tratar muchas veces en el concejo cuestiones de bandoleros, tanto más si se piensa que los pasos de «Calasanz y el Coll de Gabassa» eran particularmente peligrosos. (78) Y por ese Coll de Gabassa tuvieron que pasar algunas veces los Calasanz-Gastón de Peralta, camino de Be-nabarre, donde vivía al menos desde 1565 una de las hijas, Juana, casada con Pedro Juan Blanch. (79)

Uno de los factores que influían en la persistencia del bandolerismo en aquella zona era la ausencia habitual de los señores, tanto los condes de Ribagorza y du-ques de Villahermosa como los barones de la Laguna, Señores de la Casa de Cas-tro, que tenían su residencia normal en sus palacios de Zaragoza. (80) Por ello, «en la década de los sesenta, Felipe II recordaba al barón de La Laguna su pro-mesa de residir en los lugares de la casa de Castro “para effecto de no permitir que por ellos anduvieran bandoleros y gente de mal vivir”». (81)

Contra esta plaga insanable recurrió también el Rey a la Santa Sede diversas ve-ces, consiguiendo de Gregorio XIII la derogación del derecho de asilo para los fa-cinerosos y bandoleros que se refugiaban en lugares sagrados, en toda la Corona de Aragón, (82) y también penas gravísimas contra toda clase de provocadores, protectores y participantes en banderías, tanto si se trataba de príncipes, mar-queses, condes, barones y demás gente titulada como de cualquier clase de se-ñores temporales. (83) Pero la amplitud de posibles implicaciones en tales con-denas pontificias causó desazón y graves escrúpulos de conciencia en muchísima gente, particularmente en Aragón, por lo que la Diputación tuvo que recurrir al Rey suplicando la abolición de la constitución pontificia por «el daño que reciben las almas de muchos deste Reyno con las censuras del motu proprio de los vando-leros no obedeciéndolo como manda su Majestad, ni habiendo fuerças para hazérseles guardar por ser muchos y andar por las montañas en quadrillas y el peligro y escrúpulo de otros muchos que los tratan sin poderlo escusar de donde se siguen grandes inconvenientes y clamores y los habrá mayores en las Cortes». (84)

Pero en todo esto entraba ya el aspecto político y social del bandolerismo, que complicó todavía más el problema y del que volveremos a hablar más adelante.

Notas

1 Cf. J. POCH, Tres testamentos…, p.446.
2 Cf. BAU, BC, p.11-12. Sobre este malhadado vandalismo del mariscal francés La Mothe, pueden verse más deta-lles en J. P0CH, La «fe de baptisme» de Calasanz: Cat 246 (1982) 13-15. Un capitán, testigo ocular de los hechos, escribió una carta-informe, publicada en Barcelona en 1643, mientras duraba aún aquella «Guerra dels Segadors», y decía entre otras cosas: «Sa Excelencia [La Mothe] ab sa gent comensá a jugar de fet, saquejant y destruint las majors vilas de Ribagorsa, com són Calasans y Peralta de la Sal y moltas altras desta frontera…» (ib., p.14).
3 Cf. R. ROBRES LLUCH, San Juan de Ribera (Barcelona 1960) p.10, n.1.
4 Cf. R. GARCÍA-VILLOSLADA, San Ignacio de Loyola (BAC, Madrid 1986), p.57-6O.
5 Cf. CRISÓGONO DE JESÚS, Vida y obras completas de San Juan de la Cruz, (BAC, Madrid 1946) p.21, n.19.
6 Cf. J. HERRERA-V. PARDO, San Vicente de Paúl: biografÍa y escritos (BAC, Madrid 1950) p.33. En p.35, n.1, re-sumen de la discusión sobre su probable origen español, aunque indudablemente sus padres eran de Tamarite de Litera. El hermano de José de Calasanz, Pedro, casó con Jerónima Paul, de Juseu.
7 Cf. C. FERNÁNDEZ, El B. P. Antonio M. Claret (Madrid 1946) t.I, p.26.
8 Cf. SÁNTHA, SJC, p.3, n.1.
9 Cf. ProcIn p.608 y 618.
10 «Hic requiescit corpus Ven. Servi Dei P. Josephi a Matre Dei Scholarum Piarum Fundatoris et Propagatoris. Obiit anno aetatis suae LXXXXII, die 25 augusti anno Domini 1648» (BAU, BC, p.47).
11 «In nonagesimo secundo aetatis suae anno circiter vocatus a Deo animam ei reddidit» (ib.).
12 Cf. BAU, RV, p.11.
13 “li fu da Dio dato [a sus padres] a dí 3 o 4 settembre 1556 o come altri dicono 1558 questo celeste Pargoletto, il quale a dí 11 dell’istesso mese essendo rigenerato nel Sacro Fonte Battesimale, fu chiamato Gioseppe» (BE-RRO I, p.53. Corregido).
14 Los, tres máximos biógrafos calasancios admiten unánimes esa fecha. Cf. A. ARMINI, Vita del Ven. Servo di Cristo P. Giuseppe della Madre di Dio (Roma 1710) p.8; V. TALENTI, Vita del Beato Giuseppe Calasanzio della Madre di Dio (Firenze 1917) p.1; U. TOSETTI, Compendio storico della Vila di S. Giuseppe Calasanzio (Firenze 1927) p.4.
15 BAU, BC, p.42-68.
16 Cf. RevCal. 12 (1957) 25-37. Precedentemente, presentaba la misma tesis en su obra, publicada aquel mismo año, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cuba’ (Habana 1957) p.9-l3. Y la mantenía en su postrera obra BAU, RV, p.25-26.
17 Cf. BAU, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cuba’, p. 11. La fórmula «clásica» aludida es la de annum agens, aunque es igualmente clásica la que computa por años cumplidos annos natus.
18 Rass 26-27 (1957) 48; ID., ‘Sulla data di nascita di S. Giuseppe Calasanzio’: Rass 18(1951)20-39.
19 «Si noti che in questa lettera [c.2902] del Iuglio 1638 il Calasanzio asserisce di trovarsi nell’etá di 80 anni; in un’altra, invece [c.3134], scritta un anno dopo [3 de septiembre de 1639]… confessa di averne 82, dal che appare chiaro quanto fragili e incerti siano gli argomenti ricavati dalle lettere per stabilire la data di nascita del nostro Santo» (EGC VI, p.374, com. a la c.2902). Sin embargo, el Santo es muy preciso, pues si nació a primeros de septiembre, como afirma Berro, y el 11 de julio de 1638 dice que tiene 80 años, nació en 1557. Y si el 3 de septiembre de 1639 dice que tiene 82 es igualmente exacto, pues en esos días de septiembre cum-plió los 82, y por tanto nació en 1557. Si, por hipótesis, contaba annum agens, el cálculo daría 1558 las dos veces.
20 Cf. E. LLANAS, ‘Escolapios insignes’, t.I, p.10ss.
21 El 15 de septiembre de 1635 dice: «trovandomi gravato di 78 anni» (c.2441). Si acababa de cumplir los 77 a primeros de mes (pues nace en 1558), ¿cómo puede sentir el peso de los 78 que acaba de empezar? El 8 de di-ciembre de 1646 escribe: «sebene mi ritrovo nella vigilia di anni novanta» (c.4429). Si por hipótesis nació en 1558, tenía 88 cumplidos en septiembre anterior, que no son vigilia de los 90. En ambos casos es más lógico partir de 1557.
22 Sin intención de probar plenamente la tesis, proponemos dos ejemplos, el primero de don Francisco Motes, que conoció a Calasanz en Claverol, a sus 14 ó 15 años, y que al dar su testimonio de ello dice, con fecha de 2 de diciembre de 1648, tener 73 años, y nació el 21 de febrero de 1575. Luego los tenía ya cumplidos desde el 21 de febrero de 1648 (cf. J. POCH, ‘Un documento inédito sobre S. José de Calasanz: Argensola 42 [19601 103, n.8). El P. Pennazzi había nacido el 1 de enero de 1620 y el 30 de octubre de 1643 dice: «tengo 24 anni non finiti ancora» (EC, p2038). Le faltaban dos meses para terminarlos o cumplirlos.
23 El 23 de septiembre de 1620, en el Proceso Ordinario del V. P. Glicerio Landriani, testifica tener 63 años (cf. Rass 26-27 [1957] 48); el 9 de agosto de 1631: «entro adesso in 74 anni» (c.1662); el 8 de abril de 1634: «come vecchio di 76 anni» (c.22l3); el 15 de septiembre de 1635: «trovandomi gravato di 78 anni» (c.2441); el 11 de julio de 1638: «se non fussi dell’etá di 80 anni che sono» (c.2902); el 5 de febrero de 1639: «io con passare 80 anni» (c.3036). Tanto si había nacido en 1557 como en 1558, ya había pasado los 80. El 3 de septiembre de 1639: «essendo di anni 82» (c.3134); el 10 de mayo de 1642: «per la grave etá di 84 anni non posso faticar» (c.3987); el 22 de septiembre de 1646: «di etá di 89 anni» (c.4408); el 8 de diciembre de 1646: «mi ritrovo ne-lla vigilia di anni 90» (c.4429); el 5 de octubre de 1647: «con esser vecchio di 90 anni» (CCP, p347); el 2 de noviembre de 1647: «sebene sono nonagenario» (c.4505); junio de 1648: «vecchio di novanta anni» (EGC, X, c.4554).
24 El P. F. Salazar Maldonado (3 de septiembre de 1641): «Se V.P. non scriveva, essorno quelli charatteri d’huomo d’etá di 84 anni, senza occhiali e con cattiva penna, era difficile a credere esser quella sua mano» (EHI, p.1860); P. J. Orselli a Calasanz (14 de diciembre de 1642): «e li dissi [al rey de Polonia] la gran consola-tione che ne sentirebbe S.P. nella sua vecchiaia d’85 anni, e S.M. gradi l’officio dandomi la mano e replicando l’etá di S.P. cioé di 85 anni!» (EEC, p.987). Cf. también EHI, p.136, n.2.
25 «in riguardo dell’etá di 88 anni, nella quale si ritrova». Relación de julio de 1645 (EGC, IX, p.209). Los cumpli-ría en septiembre, pero los redondea, pues le interesa «hacerle viejo» para nombrarle un Vicario General.
26 «omnes Religiosos reclamantes hujusmodi, qui emiserunt professionem ante vigesimum primum annum elap-sum esse veros clericos…» (EGC, IX, p.110).
27 Cf. c. 3193, 3200, 3437, 3560, 3802, 3809, 3853, etc.
28 «Quanto al punto d’haver fatto la professione prima di 16 anni compiti…» (c.2244); «ayer fatta la professione avanti l’anno 16…» (c.3946).
29 «per esser sacerdote non solo basta haver la etá di anni 25 ma ancora…» (e. 1588). Era una exigencia del Concilio de Trento (ses. 23, De refor., c.12); yo creo —dice— que el P. Ignacio «abbia l’etá di 35 anni et gli anni di professione non sono necessari…» (c.3708). Era exigencia de Clemente VIII, Cum ad regularem (cf. T. SCHAEFER, De Religiosis [Roma 1947] p.505). «Quanto de confessori sebene non arrivino a 30 anni, non essen-dovi altri V.R. puó dispensare con essi» (c.3756).
30 ARMINI, Vita, p.11-12.
31 TALENTI, Vita, p.4.
32 BAU, BC, p.70.
33 SANTHA, SJC, p.5, n.5.
34 BAU, BC, p.81.
35 En italiano le llaman Muschez o Mosques, etc., pero debe ser Marquet, pues todavía hoy existe en el pueblo de Calasanz la llamada «Casa Marquet» y alguna que otra vez aparece ese apellido en los libros parroquiales. No obstante, ha desaparecido por completo en Peralta de la Sal.
36 Caputi decía que tenía 93 años en esta ocasión (26 de agosto de 1648) (cf. Notizie historiche, VI, n.479: Eco-Cen 4 [1946] 20), pero en otro lugar (Miracoli e grazie, RegCal 27, p.91 v) afirma que en 1649 tenía 92; luego en 1648 tenía 91, como el Santo al morir, pues los hubiera cumplido al empezar septiembre. El P. C. Scasse-llati dice que «era de su misma edad» (cf. BAU, BC, p.83).
37 Cf. BAU. RV. P.32.
38 Ib, p.3O. Esta declaración procesal, de 1690, es del P. Benedicto Quarantotto, y no Saliniero, como escribe Bau. Cf. S. GINER, ‘El proceso de Beatificación de San José de Calasanz’ (Madrid 1973) p.169, y CS, I, p.165, n.6.
39 Cf. BAU, RV, p. 11. Fotocopia de la primera página de este documento, en cuyo Primer párrafo se narra el hecho, en C. BAU, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cataluña’ (Barcelona 1951) p.16-17.
40 BAU, RV, p.29. Berro dice que se rompió la rama, pero le pareció que la madera de olivo es demasiado resis-tente y dijo que era una higuera: «andato in quello oliveto, sali in un albero di fichi, rompendoseli sotto u ra-mo in che era salito» (BERRO I, P.53-54). Cf. ARMINI, ‘Vita’, p.10; TALENTI, p.2-3. En 1904 se erigió una capi-llita, ‘el pilaret’, en un ribazo cercano al pueblo, para conmemorar el hecho (véase una reproducción en dibu-jo en TIMÓN-DAVID, ‘Vida’, p.2-3, lám.). El furor antirreligioso lo destruyó al Principio de la guerra de 1936-39, y en 1956 fue reconstruido con aspecto diverso y más monumental.
41 A modo de escarceo véanse las siguientes referencias al demonio en la obra hagiográfica del P. Talenti, en menos de cien páginas de las 700 que tiene la obra: «Due mezzi singolarmente aveva usato il demonio per im-pedire l’ampliazione delle Scuole Pie a lui si nocevoli» (p.213); «Erano di gran travaglio al B. Gioseppe quei pregiudizi che… apportava il demonio al suo Ordine» (p.217); «glielo aggravava enormemente il demonio» (p.239); «Si gran detrimento apportavano all’inferno le Scuole Pie, e tanto sempre maggiore se lo presentiva da esse il demonio, che rabbioso…» (p.244); «Lo scatenamento di tutto l’inferno per eccitare tempeste a sommergere le Scuole Pie…» (p.250); «ne tralasciava il demonio, finto Angelo…» (p.252); «il demonio non avrebbe ottenuto di darvi la burla.., e udirono ridere e sghignazzare il demonio per la burla fatta…» (p.259); «Nel 1636 ritrovó il demonio come costringere il B. P.» (p.261); «Non desisteva il demonio di continuamente soffiar nel fuoco…» (p.269); «Temendo l’infernale avversario…» (ib.); «Ma con l’aiuto di Dio non riusci al demonio…» (ib.); «La nuova zizzania che seminava il demonio…» (p.273); «furono eccitati dal nemico infer-nale…» (ib.); «erano dal demonio spinti a mutar Religione…» (ib.); «permisse Dio al demonio di indurli…» (p.277); «Proseguiva pertinacemente il demonio a fomentare…» (p.282); «si erano lasciati troppo potente-mente superar dal demonio» (p.283); «Non mai cessava il demonio… di soffiare…» (p.286), etc. (V. TALENTI, Vita).
42 Ib.. n.6.
43 RegCal 28, p.466-468.
44 El P. Jerónimo Nadal, S.I., visitó en 1554 el Noviciado de Gandía y en la lista de candidatos incluyó al siguien-te: «A. Capilla, valenciano, de 14 años, muy salado y reposado, bachiller en artes, de muy buen talento» (cf. Epistolae P. H. Nadal, S.J. ab anno 1546 ad 1577, v.I (1546-1562) [Madrid 1898], Apéndice, n.VI, p.758-761). Se trata del futuro obispo de Urgel, gran amigo de José Calasanz.
45 He aquí la comunidad de beneficiados de Peralta de la Sal, en torno al año 1566: «Rector m°. P. [mossen Pe-re] Gul. b. [beneficiat] de S. Domingo la torre. M°. Antoni Sala b. de la Concepció. M°. Joan Texidor b. de S. Joan. M°. Pere Sales b. den ribe y guimeret. M°. Pere Gasseu b. de Nra. Sra. de la Purificació. M°. Andreu Se-llens b. de S. Michel den rufes. M°. Pere Texidor b. dels Angels paga com a rector de Monmagastre. M°. Joan Renyina b. de S. M. dels Pastors. M°. Jaume Sallent b. de S. Michel den Piquer. M°. Antoni Gasseu clerge b. de S. Michel. Joan Baile non in sacris b. S. Antoni. Joan Santiberi b. de S. Cebriá et Vincentii. lo be. de S. Michel de Montaner vagué» (Arch. Epis. Urgel, Reg.36, años 1566-1606, f.178).
46 De ambos hay firmas; el padre, por ejemplo, firma en las Capitulaciones matrimoniales de su hija Esperanza: «Yo Pedro Calasans firmo lo sobredigo (sic)» (Doc. Merigó, RegCal 74, n.53. Fotocopia en EcoCen 3-4 [1949] 30-31, lám. XIII). Y el hijo: «Testigos fueron a las sobredichas cosas los Rdo. Mossen Pedro Gui presbítero y Pedro Calasanz menor ferrero, habitantes en el dicho lugar de Peralta de la Sal en la nota original de la qual están las firmas y suscripciones que de fuero del presente reyno se requieren» (AEPZ, Peralta, 4).
47 En las Capitulaciones matrimoniales de Esperanza Calasanz (25 de enero de 1547), antes de la firma del pa-dre, Pedro Calasanz, firma el siguiente: «Yo Miguel de Ager soy testigo de lo sobredicho y me firmo por Juan Carpi padre y fijo [el hijo era el novio] y Madalena Abela, Speranza Calasanz [la novia] y María Gastona [su madre] que dijeron no sabían scrivir y por lotro testigo [Miguel Mola]» (Doc. Merigó, RegCal 74, n.53. Fotoco-pia en EcoCen 3-4 [1949] 30-31, lám. XIII).
48 «Iidem [episcopi] etiam saltem dominicis et aliis festivis diebus pueros in singulis parochiis fidei rudimenta et obedientiam erga Deum et parentes diligenter ab iis, ad quos spectabit, doceri curabunt» (Sess. 24, Dec. de Refor., c.4).
49 El catecismo se titulaba: ‘Doctrina cristiana utilissima per a tots los fels cristians’. En 1566 publicó el mismo autor otra obra, titulada ‘Directorium curatorum’ y lo dedicó al obispo Castellet, de quien decía en la ‘Episto-la nuncupatoria’ de la introducción: «ha enviats per tota la diocesis llibres en llengua cathalana de la Doctrina per a que los minyons fossen ensenyats y se lligen publicament en les Esglesies de son bisbat tots los díes de festa» (cf. Cat 227 [1980] 2 1-22).
50 C.4.
51 (18 de octubre de 1592). “Conducción de ferrero. Eadem dic et loco.., llamado convocado y ayuntado el con-cejo y universalidad del dicho lugar de Peralta y congregado y ajuntado por mandamiento y llamamiento y de la forma y manera en el precedente acto de conducción del maestro contenida y expresada. (El acto de refe-rencia: conducción de maestro Antonio Rauleda licenciado natural de Castigaleu presente el consejo y univer-salidad siguientes…)» (Doc. Merigó, n.l95).
52 Cf. J. POCH, Tres testamentos…, p.448-449.
53 Cf. PI. MARCHIONI, ‘Note sulla storia delle origini dell’Ordine della SS. Trinitá’ (Roma 1973), p.227-237. En esta obra se dice que en Estadilla se fundó en 1550, como también en Fr. S. CALVO, ‘Resumen de las prerro-gativas del Orden de la Sma. Trinidad, Redención de Cautivos y de los Varones ilustres que han florecido en él’ (Pamplona 1791) p.618. Lo cierto, sin embargo, es que se fundó «por los años 1540, porque el año 1541 se celebró cap. prov, en… Zaragoza, y en dicho cap. fue admitido el convento de Estadilla… con el siguiente decreto: «Item statuimus quod domus Sti. Bartholomei de Estadilla sit unita Ordini et Religioni SSmae. Trinita-tis» (L. REYNES, Chronica de la Provincia de Aragón del Orden de la SS. Trinidad, vol. IV, cap. 15. ms-copia en el Arch. S. Carlo. Roma).
54 En el de Monzón estudió Pedro Cerbuna y del Negro, obispo de Tarazona y fundador de la Universidad de Zara-goza. El de Lérida fue convertido en 1574 en Colegio de estudios superiores para trinitarios, anexo a la Uni-versidad, como lo había sido el de Alcalá de Henares en 1525, primero de los agregados a la Complutense (cf. L. REYNES, oc., vol. IV, cap. 2).
55 Tanto de Benabarre como de Tamarite habla J. B. LABAÑA, ‘Itinerario del Reino de Aragón’, en J. GARCÍA MERCADAL, ‘Viajes de extranjeros por España y Portugal’, II, p.223-224 y 229.
56 Cf. L. REYNES, o.c., cap.19.
57 «Estadilla fue una de las plazas más fuertes de la época de la Reconquista y de la Edad Media, por lo que fue residencia de sus señores los Barones de Castro, cuyo palacio tenían en el castillo que ocupaba la parte más alta de la población. Hoy está destruido…» (G. GARCÍA CIPRÉS, Linajes de Aragón, v.III, p.277). En el solar del supuesto convento se ha levantado en estos años en que escribimos esta obra un edificio público, en cuyo in-terior se conserva restaurado el gran salón gótico mencionado.
58 «El Ven. P. Fr. Antonio Sanz nació en Valencia y… se retiró a nuestro convento de Estadilla en Aragón en la diócesis de Lérida, que en aquel tiempo estaba situado en una colina distante media hora de la referida villa y consagrado a San Bartolomé…» (Fr. S. CALVO, o.c., p.291-292). Sigue diciendo el autor que el P. Sanz murió en 1670, mientras la verdad es que asistió, como Ministro de Estadilla, a los cap. prov, de 1580, 1583, 1586 y 1589, muriendo en este último año, como prueba L. REYNES (o.c., cap.37). Luego, al decir «en aquel tiempo», se refiere a aquellos años. Las inexactitudes en que incurre con frecuencia el P. S. Calvo permiten pensar que exagera también al decir que el convento estaba a «media hora» de Estadilla. Quizá sea «media legua» y que se asentara en la colina cercana a la población y luego cambiara de residencia.
59 Todavía hoy se mantiene en Estadilla cierta tradición que señala la casa llamada «Sardi» como la que habitó el estudiante José Calasanz y en una de sus habitaciones se colocó el 25 de agosto de 1916 una lápida conmemo-rativa.
60 Cf. BAU, RV, p.11.
61 RegCal 28, p.469. Trad. directa del original, mal citado en Rass 26-27 (1957) 56.
62 ‘Corónica de esta nuestra Provincia de Sardeña’, cit. en EGC, II, p.26.
63 ProcIn, p.212-213. Por este texto se supo que estudió en Estadilla, pero la tradición hablaba de una escuela local con algún dómine, profesor de latines, como ocurrió en Peralta en 1592. En 1949 todavía el P. Bau hablaba del dómine de Estadilla (BAU, BC, p.83), pero en 1963 cita ya a los trinitarios (BAU, RV, p.33). Docu-mentalmente, sin embargo, no consta expresamente que Calasanz fuera alumno de tales religiosos, mas todo hace suponer que así fue.
64 Cf. J. POCH, ‘El Fundador de las Escuelas Pías en la Historia Eclesiástica de la Corona de Aragón’: AnCal 20(1968) 409, n.201.
65 La comunidad de beneficiados de Peralta o parte de ella en 1600 era la siguiente: «Se juntó la Rda. Comuni-dad de los venerables Rector y Beneficiados de la Iglesia de Peralta de la Sal, M°. Joseph Texidor, M°. Miguel Salas mayor, M°. Joan Altemir, M°. Gaspar Salas, M°. Jayme Huguet, M°. Miguel Salas menor y M°. Thomas Teres en el lugar acostumbrado…» (Cit. en A. VIDAL, ‘De re calasanctiana’: RevCal 150 [1925] 409-410). Con-fróntense los apellidos de esta lista de beneficiados y los de la consignada en la n.45 de este mismo cap., con las siguientes listas de participantes en concejos de Peralta: (en 1566) «Et primo nos Pedro Calasanz bayle, Anthon Sala de la Pila y Pedro Pallarés jurados del dho lugar de Peralta de la Sal, Phelipe Sala, Joan Eximeno, Joan Gil, Anthon Nofre, Martín Altemir, Miguel Morella, Mateo de Viu, Pedro Sala, Anthon Gomez, Anthon Sa-la, Joan Ferruz, Andrés Pastor, Joan Rañina, Joan Uguet, Pedro Pilzano, París de Salas, Joan Porquet, Anthon Gastón, Joan de Viu, Pedro Gastón, Anthon Mele, Jayme Altemir, Ramón Gil, Monserrate Sala, Francisco Leo-nar, Arnau Santiveri y Ramón Comas labradores vecinos y habitadores del dicho lugar…» (RevCal 147 [1925] 180). Y en 1592: «Et primo nos Anthon Sala major, Joan Gil jurados, Nicolau Albano, Anthoni Joan Pastor, Joan Uguet, Pedro Altemir, Pedro Forton, Joan Sala de la Fuente, Anthoni Naval, mre. Barthomeu del Fort te-cedor, Pere Chicot, Joan Ferrus, Cosme Sala, Miguel Sala, Josepe Texidor, Josepe Rayna, Martín Arasanz, Ant-honi Adena, Pedro Ranina, París Sala, Barthomeu Yglesia, Pere Leunart, Arnau Santiben, Josepe Meler, Pene Çaidy y Anthoni Gacent todos vezinos y habitadores del lugar de Peralta…» (Doc. Merigó, RegCal 74, n.195). Con ambas listas, además, se reconstruye un reducido censo de los contemporáneos de José Calasanz en su propio pueblo, con quienes tuvo que tratar y convivir tanto él como su familia.
66 Testimonio Procesal del H°. Lorenzo Ferrari (cf. BAU, RV, p.34).
67 J POCH, ‘Apórtación documental biográfico-calasancia’: AnCa! 22 (1969) 266. «De este testamento —aclara Jericó— y de otros dos que otorgó el mismo don Pedro catorce años después [1585 y 1586], y se hallan origina-les en San Estevan de Litera, tengo copia» (ib.), hoy desaparecida.
68 Cf. texto cit. en la n.52 del c.2: ARMINI, ‘Vita’, p.13; TALENTI, ‘Vita’, p.6. Ambos biógrafos se basan en tes-timonios anteriores, como Berro: «Voleva il Padre del nostro Gioseppe in questo tempo impiegarlo nella mili-tia come esso, et era antica grandezza di sua Casa, pensó il nostro Gioseppe di sfugire questo con l’andata alli studii delle Universitá piú insigni della Spagna» (BERRO, 1, p.55).
69 «… y más reservándose los dichos donantes [sus padres], que de los dichos bienes de la presente donación puedan dar a los dichos Josepe Calasanz y Ysabel Calasanz hijos suyos en patrimonio [para José] y en dotes [para Ysabel] todo lo que a los dichos donantes les parecerá y bien visto será conforme a la facultad de su ca-sa y bienes y costumbre del dicho lugar de Peralta entre semejantes personas de su estado y condición» (Reg-Cal, 13, 6-8).
70 Cf. J. POCH, I.c.
71 En 1614 «Juan Sallent, labrador, vezino del lugar de Peralta de la Sal», dispone en su testamento: «Item dexo a mi nieto Jayme Sallent que sea criado y mantenido en mi casa dándole lo necessario, vestido y calçado y quando llegare a edad de catorze años —José Calasanz cumplía catorce en 1571—, que aya de decir si quiere ser clérigo, y si quisiere, en tal caso quiero y mando que mi heredero abaxo nombrado le aya de mantener en los estudios, dándole lo necessario honestamente bestido y calçado, hasta edad de 24 años…» (cf. J. POCH, ‘Tres testamentos’…, p.485). En 1557 Monserrat Calasanz de El Grado (supuesto por Merigó y Bau hermano mayor del padre del Santo) ordena en su testamento a su heredero universal que «sea tubido y obligado a te-ner y mantener a mi hijo Martín en los estudios y darle lo necessario hasta edad de 25 anyos y darle patrimo-nio suficiente para tomar órdenes» (Doc. Merigó, I.c., n. 133). En las Capitulaciones matrimoniales de Espe-ranza, hermana del Santo, en 1574, los suegros disponen que su hijo (hermano del novio y futuro sacerdote) «M°. Martín Carpi tenga en la casa de dicho contrayente una cámara con su cama todos los días de su vida na-turales» (ib., n.53).
72 Cf. F. BRAUDEL, ‘El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II’ (México 19762), t.II, p.123-125.
73 Cf. S. GARCÍA MARTÍNEZ, ‘Bandolerismo, piratería y control de moriscos en Valencia durante el reinado de Felipe II’ (Valencia 1977); ID., ‘Bandolers, corsaris i Moriscos’ (Valencia 1980); J. REGLA, ‘El bandolerisme ca-talá al temps del barroc’ (Barcelona 19662); G. COLAS-J. A. SALAS, ‘Aragón en el siglo XVI. Alteraciones socia-les y conflictos políticos (Zaragoza 1982).
74 Cf. G. COLAS-J. A. SALAS, o.c., p.163.
75 Ib., p.164.
76 Ib.
77 Cf. J. POCH, ‘Aportación documental biográfico-calasancia…’, p.266; ID., ‘Aportación documental a la histo-ria de la Universidad de Huesca…’: AnCal 15 (1966) 236, n.189.
78 Cf. G. COLAs-J. A. SALAS, o.c., p.170 y 186.
79 Cf. J. POCH, ‘Tres testamentos…’, p.449, n.7.
80 «El muy Iltre. señor don Alonso de Gurrea y Aragón, conde de Ribagorza, domiciliado en la ciudad de Çarago-za…» (28 de junio de 1544) (cf. J. LÓPEZ NAVÍO, ‘Testamento de Micer Juan Calasanz’ (Zaragoza 1966) p.17; «Yo Don Martín Despés, varón de la Laguna y señor de la Casa de Castro, domiciliado en la ciudad de Çarago-za…» (19 de diciembre de 1592) (Arch. Prot. Zaragoza, D. Fecet, 1592, f.1129).
81 Cf. G. COLAS-J. A. SALAS, o.c., p.184.
82 Un primer decreto para Cataluña, Rosellón y Cerdaña fue expedido el 1 de octubre de 1572 (cf. Bullarium Romanum, t.VIII [Nápoles 1883], p.19-21); en los mismos términos, casi literales, se expidió otro para Aragón y Valencia el 23 de junio de 1573 (cf. ib., p.49-50).
83 Hubo otros dos decretos o constituciones pontificias contra las banderías o sus fautores, ambas dirigidas a Aragón, Valencia, Cataluña, Rosellón y Cerdaña: la primera (15 de mayo de 1573) condenaba a la vez el duelo y los bandos (cf. ib., p.45-48); la Segunda (15 de febrero de 1577) referente sólo a las banderías y en términos casi literalmente idénticos a la anterior (cf. ib., p.169-171)
84 Cf. G. COLAS-J. A. SALAS, o.c., p.172-173.



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