sJC (Biografía) - S. Giner - Written by Archivo Calasanz on Martes, Junio 9, 2009 18:26 - 0 Comments

S. JOSÉ CALASANZ (Severino Giner) C2: Estudios universitarios y ordenaciones

ÍNDICE

CAPÍTULO 2
ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y ORDENACIONES

Versión tradicional y datos documentales

Entre los panegiristas de primera hora no faltó quien, como el P. Scassellati, a la vez que exaltaba con ampulosos párrafos la nobleza de Calasanz y glosaba con satisfac¬ción su escudo de armas, le hacía recorrer como estudiante «las celebérrimas uni-ver¬sidades de toda España». Los cronistas y biógrafos contemporáneos fueron más discretos, empezando por el P. Catalucci, quien en una «breve noticia» que sir¬vió de esquema biográfico para la oración fúnebre que pronunció el carmelita des¬calzo fray Jacinto de San Vicente al cumplirse el mes del fallecimiento del Santo, dijo que «después de haber estudiado gramática y retórica con mucho provecho en verso y en prosa fue mandado a las universidades de Lérida, Valencia y Alcalá y se doctoró en sagrada teología, leyes civil y canónica». (1) Y éste fue el núcleo esen¬cial, repe-tido casi sin excepción por todos los biógrafos hasta nuestros días. Hubo alguno que otro, ya entre los del siglo XVII, que por su cuenta amplió las noticias, doctorándolo también en filosofía o añadiendo al trío universitario de Lérida- Valen¬cia-Alcalá los nombres de Salamanca o de Perpiñán o de Huesca.

Ha habido en tiempos recientes investigadores que han intentado encontrar el nom¬bre de José de Calasanz en los libros de matrículas y similares de las universidades de Lérida, Valencia y Alcalá. Pero ha sido en vano. Su nombre no aparece en nin¬guna de las tres. No obstante, faltan alusiones documentales de la estancia indiscu-ti¬ble del estudiante en Lérida y Valencia. Y dada la persistencia de la unión nominal de las tres, avalada por la coincidencia testifical de los primeros biógrafos y cronis-tas no hay razón para negar la presencia del Santo en la celebérrima complu¬tense. La cronología y los hechos posibilitan esta hipótesis.

Hay que añadir, sin embargo, que los datos documentales de que disponemos no nos permiten determinar con seguridad la cronología de los estudios de nuestro pro-ta¬gonista, ni los elementales, ni los de gramática, ni los universitarios. Por ello, aun los autores más recientes discrepan a la hora de presentar el cuadro cronoló¬gico de la larga carrera del estudiante José Calasanz. Pero si los biógrafos nos dicen unáni-memente que estudió gramática, leyes y teología, y estas dos últimas mate¬rias en aulas universitarias, es lógico recurrir a los estatutos académicos de enton¬ces para saber los años que tuvo que dedicar a cada período de sus estudios. De aquí que concluyamos que debió de cursar tres años de gramática, pues era exigen¬cia insos-layable para cualquier carrera universitaria e incluso estos estudios solían hacerse en las mismas universidades. Igualmente eran necesarios dos años al me¬nos de ar-tes y filosofía, o tres para graduarse. La carrera de leyes duraba en Lérida al menos cuatro años para el grado de bachiller, siete para doctorarse en derecho civil y cinco en derecho canónico. Para el título bachiller en teología se requerían cuatro años, a los que seguía cierto período de prácticas en las llamadas ¨catedrillas¨ para docto-rarse, en contraste con las ¨cátedras¨ propias de los ya doc¬tores.

De los grados académicos conseguidos por Calasanz solo nos consta documental¬mente que fue doctor en teología, pues así se firma él. Sin embargo, ningún docu¬mento oficial, ni firma propia, aluden a su graduación en derecho o en filosofía. Y sería inexplicable que en todo el largo proceso para conseguir alguna canonjía en Roma no se aludiera a sus títulos en leyes o en filosofía, si los tuviera, como se alu-de a su doctorado en teología. Que se omitiera su posible título o grado de bachi¬ller en artes o filosofía podría explicarse, pero no el silencio sobre su doctorado en le-yes, si lo consiguió, como decían sus biógrafos.

Universidad de Lérida: primer período

Terminados los estudios de gramática en Estadilla, José Calasanz Gastón, con sus catorce años recién estrenados, en el otoño de 1571, suponemos, emprende viaje hacia la ciudad del Segre. Era la primera vez que salía del ámbito de su baronía na¬tal de Peralta y Castro y traspasaba el linde fronterizo del Reino de Aragón. El anti-quí¬simo Estudio General de Lérida había sido fundado en 1300 por Jaime II, como centro universitario para toda la Corona de Aragón. Más tarde surgirían otras uni-versidades en Huesca, Zaragoza, Valencia, Tarragona, Barcelona, etc., ofuscando las viejas glorias del estudio ilerdense. Y debido a su carácter fundacional de única uni-versidad en toda la Corona de Aragón, mantuvo a través de los siglos la agrupa¬ción de sus alumnos en las tres «naciones» que componían dicha Corona: aragone¬ses, catalanes y valencianos. Por estatutos, el rector era un estudiante con plenos pode-res jurisdiccionales y académicos sobre profesores y alumnos. Cosa increíble para nosotros. Y para respetar la igualdad de derechos, cada año el rector debía ser ele-gido entre los estudiantes legistas de cada una de las tres «naciones», en turno ri-guroso. José Calasanz Gastón, como nacido en Peralta de la Sal, perteneció a la «nación» aragonesa a todos sus efectos.

Debido en parte a su propia estructura funcional, por la que el poder y la autoridad deliberante estaba en manos de los mismos estudiantes, y en parte también al ca-rác¬ter de los universitarios de todos los tiempos, el Estudio General de Lérida nunca estuvo exento de algaradas y reyertas, desórdenes y alborotos provocados por los estudiantes, tanto en el recinto universitario como en las calles y plazas de la ciu-dad. Por este motivo, y debido también al deseo de actualizar ciertos métodos y costumbres anticuadas, se había intentado una reforma en los años 1557-1559 por el obispo leridano Miguel Despuig. Pero murió el reformador sin haber conse¬guido su objetivo. En julio de 1575 nombraba Felipe II nuevo visitador-reformador al tam-bién obispo de Lérida D. Antonio Agustín Albaneli. Por estas fechas hacía ya cuatro años que frecuentaba aquellas aulas José Calasanz Gastón, y en esos años había tenido ocasión de presenciar y vivir el ambiente bullanguero, tumultuoso, levan¬tisco y perturbador de los estudiantes. Un ejemplo: el 3 de septiembre de 1574, el obispo Albanell prendió al estudiante Juan Bautista Boil, valenciano, que era el rector del Estudio General, y, dado que era clérigo, lo encerró en las cárceles episcopales. Pero la ciudad, amotinada por los estudiantes, «saco pendón y van¬dera», y reuniéndose mucha gente «con diversos géneros de armas», llegaron amena¬zantes al palacio episcopal, forzando al obispo, amedrentado, a soltar al preso.

Era de esperar. También de Lérida tenemos testimonios de la conducta excepcional del estudiante Calasanz, que sigue con coherencia lo que ya nos dijeron de sus años en Peralta y en Estadilla. Y el ambiente de Lérida era ciertamente mucho más pro-vo¬cativo y peligroso He aquí, pues, lo que declaró el testigo procesal y canónigo precisamente de Lérida, D. Miguel Jiménez Barber: «Estudiando en la Universidad de Lérida en su juventud, me contó el señor Mateo García, sacerdote y condiscípulo del Siervo de Dios, ‘siendo yo muy díscolo y teniendo a menudo porfías, a causa de las cuales me encontraba luego en grandes peligros, recurría al joven José, el cual con su consejo y ayuda me sacaba de dificultades’. Y solía decir que para él era José su Espíritu Santo, no teniendo otro consejero que él en sus apuros». (2) Este y los demás testimonios sobre la piedad del niño, adolescente y joven José Calasanz po¬drían parecernos elogios tardíos y del «común de confesores», pero la garantía de su credibilidad radica en que se nos dan los nombres concretos de los «condiscípu¬los» que recordaban estas anécdotas de sus años mozos: D. José Marquet en Pe¬ralta, D. Francisco de Ager en Estadilla, D. Mateo García en Lérida. Y no se trata de generalidades, sino de cosas y casos concretos.

Por lo que a Lérida se refiere, es curioso constatar que a sus ochenta y dos años to-davía recordaba Calasanz los tiempos azarosos de su juventud universitaria, y, co-mo entonces, seguía dando consejos a jóvenes fogosos y pendencieros. En abril de 1639 escribía al P. Fedele: «Su hermano Joaquín es tan ardiente que ha vuelto a re-ñir con algunos escolares al volver del colegio, y con un cuchillo que le vino a las manos, con otros compañeros, hirió a uno por la espalda y dicen que está grave¬mente enfermo… Le he aconsejado que vaya a Nápoles [donde estaba el P. Fe¬dele]… y si no sale de Roma y le cogen, será difícil librarlo porque est solitus delin¬quere [acostumbra delinquir]». Y en junio volvía a escribir al P. Fedele: «En cuanto a su hermano Joaquín, V. R. hágale confesarse y comulgar todos los domingos, pues haciéndolo con devoción se irán apagando los rumores – sic – (¿humores?) juveni¬les, de lo contrario encontrará alguien que tal vez le hiera sin poderse confesar. Y Dios suele permitir tales cosas a los que hacen el bravo, como tantas veces se vio en mis tiempos». (3)

En las aulas del Estudio de Lérida debió de estudiar tres años de artes o filosofía y al menos cuatro de leyes. Si hemos supuesto que en el otoño de 1571 —«confiando en que sea clérigo», como decía su padre— se trasladó a Lérida, debió de terminar filosofía en el verano de 1574. Y si estudió luego derecho durante cuatro años, de¬bió de ser desde el otoño de 1574 hasta el verano de 1578. Casualmente se conser¬van dos documentos, uno de septiembre de 1573 y otro del mismo mes del año 1577, en que firma con otro compañero «Jusepe Calasanz» y en ambos añade «es-tu¬diante». ¡Lástima que no diga de qué! Con ello nos cercioramos de que las vaca-ciones solía pasarlas en su casa o en su tierra, pues en 1577 firma en Peralta y en 1573 firmó en el pueblo vecino de Gavasa.

Su condiscípulo Mateo García, dice el canónigo Jiménez Barber, «me contó además que toda la juventud estudiantil de su nación aragonesa le había elegido por Prior de su Reino y servía de efectivo recurso a todos, y por todos era tenido como hom¬bre de toda virtud y bondad. Y esto, como digo, era en su juventud en el Estudio de Lérida». (4) Los biógrafos italianos interpretaron este nombramiento de «Prior» co-mo una especie de «Príncipe los estudiantes», de corte honorífico. En tiempos re¬cientes se creyó que podía significar rector de la Universidad, dado que en Lérida el rector era un estudiante elegido por estudiantes, de modo que Calasanz pudo ser elegido cuando tocaba el turno a Aragón. No se puede negar tal hipótesis, y todavía no se han encontrado documentos que desmientan categóricamente esta posibili¬dad. Otra hipótesis sugiere que en vez de rector pudo ser elegido consejero del rec¬tor, dado que efectivamente el rector tenía consejeros de las tres naciones, elegidos por los estudiantes de cada una de ellas. Lo extraño del caso es que Jiménez Barber era canónigo de Lérida y alumno de su Estudio, y conocía perfectamente la termino-lo¬gía exacta. ¿Como dijo, pues, prior y no rector o consejero? Moderna¬mente se ha propuesto otra hipótesis: en Lérida existía el Colegio de la Asunción o de Domingo de Pons para estudiantes becarios. Y en sus estatutos se habla del prior o rector y viceprior. ¿Residió Calasanz en este Colegio y fue nombrado rector o prior del mis-mo, dado que ese cargo lo desempeñaba también un estudiante?

Ante los acontecimientos de gran relieve en la vida universitaria de Calasanz de esta época ilerdense hay que recordar que el 17 de abril de 1575 recibió la tonsura cleri¬cal de manos de su propio obispo de Urgel, D. Juan Dimas Loris, en la iglesia del Santo Cristo de Almatá, en la ciudad de Balaguer. Había entonces estudiantes que se tonsuraban para gozar de algún beneficio eclesiástico sin intención de continuar hasta el sacerdocio. José Calasanz Gastón se tonsuró porque sentía verdadera voca¬ción Sacerdotal, testificada en 1571 por su padre. Y no gozó de beneficio eclesiás¬tico hasta recibir el subdiaconado, teniendo asegurada su subsistencia por expresa provisión padre, manifestada en el testamento de 1571 y en las capitulaciones ma-tri¬moniales del heredero, Pedro, firmadas en 1576.

El mismo año en que recibió la primera tonsura nuestro estudiante hubo otro acon-te¬cimiento importante en Lérida: la primera misión predicada por los PP. Jesui¬tas, que debió de causar gran conmoción espiritual, incluso entre los estudiantes. Y tales misiones se repitieron en los años siguientes hasta 1580. Calasanz recuerda en sus cartas algunas veces, siendo ya muy anciano, que él había respetado a los jesuitas «desde jovencito», e incluso en una de las alusiones de 1644 dice que les conoce «desde hace ya ochenta años. (5) Si el cálculo es exacto, los conocería por primera vez en 1564, a la edad de siete años, cuando todavía no había salido de Peralta. Pe-ro en estas referencias recordaría indudablemente otras ocasiones du¬rante su ju-ventud estudiantil, en que volvió a encontrarse con ellos.

Y terminados sus estudios de leyes, abandonó Calasanz el Estudio General de Lé¬rida.

En Valencia y Alcalá de Henares

¿Por qué no siguió estudiando en Lérida? Sin duda hubo razones muy poderosas pa-ra dejar la ciudad del Segre y marcharse a Valencia, tan lejos de Peralta. Y no es fácil encontrar respuesta satisfactoria. Desde luego, el Estudio General leridano había mantenido su prestigio en el campo de las leyes, pero no se había distinguido de modo especial en teología. Las exigencias de reforma en la universidad se nota¬ban tanto en Lérida como en Valencia, y de ambas podemos encontrar quejas y dic-te¬rios sobre el lamentable estado de sus estudios. En este período inmediato al Concilio de Trento, la necesidad de una «puesta al día» se nota en todas partes. En Lérida, además, el ambiente estudiantil era probablemente mucho más difícil y re-vol¬toso que en Valencia, dadas las estructuras internas de gobierno. Pero lo que más pudo influir en Calasanz para el cambio de sede de estudios fueron quizá los jesuitas. En sus conversaciones privadas seguramente aconsejaron a Calasanz, que iba a empezar la teología, que se trasladara a Valencia, donde los jesuitas tenían el Colegio de San Pablo, fundado en 1544, en el que enseñaban también teología con facultades pontificias para dar títulos académicos, y desde 1567 admitían a alumnos externos. El patriarca San Juan de Ribera reconocía la competencia con que se en-se¬ñaba la teología en colegios de religiosos, a la vez que lamentaba el estado de de¬cadencia en que se encontraba la universidad. Y ello era causa de que muchos estu-diantes abandonaran las aulas universitarias para cursar teología en las de religio¬sos. Si esto fue así, podríamos explicarnos por qué no aparece el nombre de José Calasanz Gastón en los registros de la universidad. Y, por desgracia, la expul¬sión de los jesuitas y otras perturbaciones hicieron desaparecer los archivos del Cole¬gio de San Pablo.

No falta en ninguna biografía el relato de la tentación sufrida por Calasanz cuando estudiaba teología en Valencia, a sus floridos veintiún años de edad. Una escena así sólo podía haber sido descrita por el propio protagonista y en un ambiente de suma intimidad espiritual. Y efectivamente así fue. D. Ascanio Simón había sido escolapio con el nombre de P. Jerónimo de Santa Inés, y en 1659, con miras al proceso de beatificación de Calasanz, hizo ante notario una declaración, cuyo núcleo es el si¬guiente: ¨Habiendo ido una vez a dar cuenta de conciencia al Ven. Siervo de Dios, después de haber discurrido de muchas cosas referentes al espíritu, me dijo que es-tando él a veintiún años de edad en Valencia, cuando estudiaba sagrada Teología, fue invitado por una dama a pecar y que por gracia de Dios bendito y de su excelsa Madre, eludió el lazo que le había sido tendido por el diablo, abandonando a la mu¬jer que al pecado le incitaba¨. (6) El H. Lorenzo Ferrari, en su declaración procesal de 1652, dice que el Santo se lo contó también a él, sin indicar el nombre del prota-go¬nista, pero el hermano sabía que hablaba de sí mismo, pues se lo había oído con-tar a un padre a quien ya había hecho esta confidencia. Este nuevo confidente aña-de que el joven tenía ¨un empleo ventajosísimo, de grandísimo interés y ganan¬cia suya en aquel lugar¨… ¨y él por huir de la ocasión de pecar partióse de aquel lugar, sin atender al provecho que allí abandonaba¨. (7) El fidedigno P. Berro resu¬mió lo que había oído del P. Jerónimo, diciendo que, «estudiando en Valencia, consi¬guió honesto servicio como secretario de una noble y honrada señora, etc.» (8) Si el es-tudiante teólogo tenía veintiún años, el lance debió de ocurrir durante el curso 1578-1579, el primero y único que vivió en Valencia, cursando precisamente el pri¬mer año de teología. Ya dijimos que, según nuestra opinión, el último curso de de-re¬cho cursado en Lérida fue el 1577-1578.

Según la opinión unánime de los biógrafos, el estudiante Calasanz pasó de Valencia a Alcalá, y la razón de abandonar la ciudad del Turia fue la huida de la tentación. En la primitiva «breve noticia» del P. Catalucci se lee que Calasanz «huyó de aquella casa en busca de su confesor, y allí determinó no querer ya en adelante entrar en la casa de aquella señora, como lo hizo». (9) Si estudiaba en el Colegio de San Pablo, y los jesuitas mismos se lo habían recomendado ya en Lérida, como hemos suge¬rido, cabe seguir pensando que «su confesor» fuera también jesuita y le aconsejara dejar la ciudad y seguir sus estudios en Alcalá, en que también tenían colegio, don-de hizo sus estudios, por ejemplo, el futuro obispo de Urgel y protector de Cala¬sanz, Andrés Capilla. En Alcalá había, además, un contingente notable de estudian¬tes de Aragón. Calasanz, pues, se trasladó a Alcalá, donde empezó el segundo curso de teología en el otoño de 1579, según nuestra hipótesis cronológica.

Decisión definitiva de ser sacerdote

Al norte de la Baronía de Castro y Peralta estaba situado el Condado de Ribagorza, que en los años 1578- 1581 anduvo revuelto, pues los abusos y tiranía del conde habían levantado en armas a los vasallos. La sublevación se extendió luego a las baronías vecinas, entre ellas las de Castro y Peralta. Los señores se solidarizan, co-mo ocurre también entre los insurrectos. Y el hijo del antiguo bayle general de Pe-ralta, Pedro Calasanz Gastón, acude a la liza para defender los derechos de su se-ñor. Pero en 1579 muere asesinado por los rebeldes. Y la muerte del heredero con¬mueve y trastorna los planes del afligido herrero de Peralta, quien, preocupado por el futuro de su hacienda y de la continuación de su apellido, intenta doblegar la vo-luntad de su hijo, que anda ya en su segundo año de teología con el ánimo deci¬dido de llegar al sacerdocio. He aquí cómo lo testifica en 1651 un lejano pariente del Santo: «Habiendo muerto Pedro Calasanz, su hermano, heredero de la casa y hacienda de sus padres, sin hijos, los dichos padres le quisieron hacer heredero al dicho Joseph Calasanz de sus bienes y hazienda y que él no quiso. Y esto es ver¬dad». (10) La mala nueva de la muerte de su hermano le llegó a José junto con las insinuaciones de su padre de nombrarle heredero, lo cual suponía, lógicamente, fun¬dar una familia para perpetuar el linaje Calasanz. No quedaban ya hijos varones en el hogar Calasanz-Gastón. El era el último. Por el momento dio largas al asunto, si¬guiendo el curso sin decidirse a volver a su pueblo. Pero poco después, tal vez afec¬tada excesivamente por la muerte de su hijo, murió también la madre. Probable¬mente José esperó el verano para regresar al hogar, terminado ya el segundo año de teología.

El curso entero 1580-1581 lo pasó Calasanz en Peralta la Sal. Debió de sufrir el aco-so de su padre, pidiéndole por todos los medios que renunciara a su vocación sa-cerdotal para dar herederos y perpetuidad a su casa y hacienda. Y esta batalla sería para el hijo mucho más dura y lacerante que la librada en Valencia frente a las insi-nuaciones de una dama. Y no es que sintiera una nueva tentación, ahora de bie¬nes de fortuna unidos a una vida serena y feliz de padre de familia, sino que debió de dolerle la actitud desesperante de su padre, que apreciaba mucho más la continui¬dad de su estirpe que la decidida vocación sacerdotal de su hijo, cuya paterni¬dad espiritual, fecunda y duradera por siglos, está muy lejos de intuir en aquel momento tanto el padre como el hijo. Fueron meses también en que el hijo debía estar junto al padre, que en un solo año había perdido al heredero y a la es¬posa.

El primer biógrafo de Calasanz, P. Catalucci, en su ¨breve noticia¨, después de decir que había estudiado en universidades de Lérida, Valencia y Alcalá, nos narra la ten-ta¬ción de la dama, y a continuación escribe: «Volvió a la patria.., antes de volver a la patria…», y borró ambas frases, dudando si era antes o después de volver a Pe-ralta, y siguió luego: «Enfermó gravemente, y con hacer voto de hacerse sacer¬dote, de repente recobró la salud». (11) Y las dudas influyeron también en los biógra¬fos posteriores, que no sabían cuándo ni dónde colocar exactamente esa grave enfer-medad. Nada obsta para que pensemos que ocurrió precisamente en ese año 1580- 1581, en que volvió a su casa tras los tristes sucesos ocurridos. Fue, sin duda, una enfermedad providencial, y así la interpretan todos: el hijo manifiesta al padre que, si consigue salvarse del peligro, le permita seguir la carrera sacerdotal. Y hace su voto a la Virgen en ese sentido. La recuperación de la salud, con rapidez milagrosa, convence al padre para que acepte la decisión vocacional del hijo. Y el hijo, una vez liberado de la enfermedad, espera que empiece el nuevo curso para reanudar su interrumpida carrera eclesiástica. Fue un año difícil, pero decisivo para su futuro y aun para la gloria imperecedera del apellido de su padre.

De nuevo en Lérida: órdenes sagradas

A mediados de octubre de 1581 salió de Peralta José Calasanz camino de Lérida. Camino ya conocido y tantas veces recorrido durante los siete años que había fre¬cuentado el Estudio General ilerdense. No pensó volver a Valencia ni a Alcalá para terminar sus estudios de teología, donde los había comenzado. Tal vez la avanzada edad de su padre, agravada por los disgustos del último año, le aconsejaron que¬darse más cerca. Y Lérida quedaba a una jornada o algo más de Peralta. Muchos de sus condiscípulos seguirían allí, pues apenas habían pasado tres años desde que de-jó aquellas aulas. Le faltaban solamente dos cursos de teología para dar por con¬cluida su larga carrera eclesiástica. No pensaba por el momento sacar el doctorado, aunque sólo por el momento.

Durante estos dos años debía recibir las órdenes menores y mayores para coronar sus aspiraciones vocacionales con el sacerdocio. Hacía ya siete años que había reci¬bido la primera tonsura de manos de su obispo de Urgel. Ahora, mientras estudiaba teología en el Estudio General de Lérida, no era necesario que su propio obispo le diera dimisorias o le ordenara. Para simplificar las cosas, todo ello podía tramitarse en la curia episcopal de Lérida. Pero casualmente en aquellos años (1581-1583) es¬taba vacante la sede leridana, y tuvo que intervenir para exámenes y dimisorias el vicario general, D. Jaime Mahull. (12) Y al no haber obispo en Lérida, se tuvo que mandar a los ordenandos fuera de la ciudad. Este es el motivo por el que José Cala¬sanz, junto con otros compañeros de estudios, tuvieron que trasladarse a Huesca para recibir las órdenes menores y el subdiaconado en días sucesivos, con dispensa de intersticios, los días 17 y 18 de diciembre de 1582, de manos del obispo oscense D. Pedro de Frago. Tanto en las dimisorias del canónigo Mahull como en las cartillas de ordenaciones se dice expresamente que el tonsurado José Calasanz es de la dió-ce¬sis Urgel.

En la ordenación de subdiácono, como hoy en la de diácono, tenía que manifestarse el medio de subsistencia del ordenando. Si es religioso, se dice que se ordena «a titulo de pobreza», es decir, que por el voto de pobreza su sustento está garanti¬zado por la Orden a que pertenece; si tiene bienes propios, se dice que se ordena «a título de patrimonio»; si goza de algún beneficio eclesiástico, tiene que nom¬brarse concretamente qué clase de beneficio. José Calasanz, en estos momentos, no poseía aún patrimonio propio estrictamente hablando, pues su padre todavía no le había constituido heredero universal, como lo hará en los testamentos de 1585 y 1586. Por ello se dice que posee un beneficio en la iglesia de San Esteban de Mon¬zón, que era de la diócesis de Lérida. ¿Quién se lo consiguió? Durante estos años abundan los eclesiásticos apellidados Calasanz en la diócesis de Lérida y territorios vecinos. Y hasta Roma había llegado uno de ellos, que en 1571 se le nombra así: «Antonio Calasanz presbítero y decano de los cantores de la capilla del Santísimo Padre el Papa [Pío V]». Pero en nuestro caso es mucho más interesante recordar que precisamente el día 23 de noviembre de 1582, casi un mes antes de recibir el subdiaconado José Calasanz, había sido nombrado «oficial eclesiástico» de la villa de Monzón el prior de la iglesia mayor de Santa María del Romeral de dicha villa, Dr. D. Bartolomé Calasanz. (13) No podemos asegurar a ciencia cierta que ambos Cala¬sanz fueran parientes. Pero la coincidencia de este nombramiento de D. Bartolomé y la adjudicación de un beneficio eclesiástico al subdiácono José, en una iglesia de Mon¬zón precisamente, nos sugiere que ambos Calasanz son familiares y que el re-cién nombrado «oficial eclesiástico de Monzón» debió de conseguir el mencionado beneficio a su joven pariente José.

Pasaron unos meses. La sede de Lérida seguía vacante y el problema de las ordena¬ciones en la propia diócesis tenía que resolverse aprovechando las ocasiones opor-tu¬nas. En enero de 1583 había sido propuesto para el obispado de Albarracín D. Gaspar Juan de la Figuera, obispo de Jaca, y a finales de marzo había sido aceptada la propuesta por Roma. Probablemente apenas supo su nuevo destino, D. Gaspar salió de Jaca para pasar unos meses en Fraga, su ciudad natal, esperando la con-firma¬ción y comunicación oficial de su nombramiento. Fraga pertenecía a la diócesis de Lérida. Por ello, el Cabildo ilerdense concedió a La Figuera licencia para que pu-diera ejercer toda clase de actos pontificales en la diócesis de Lérida, entre ellos te-ner ordenaciones. Y a Fraga acudió José Calasanz para recibir el día 9 de abril de 1583 la ordenación de diácono. (14)

Finalmente, el día 17 de diciembre del mismo año 1583 recibió Calasanz el sacerdo¬cio de manos de su propio obispo, fray Hugo Ambrosio de Moncada, en la capilla del palacio-castillo residencial de Sanahúja, en la actual provincia de Lérida, pero de la diócesis de Seo de Urgel. Tenía veintiséis años, pero no era una vocación tardía, si-no muy temprana, pues su padre «confiaba en que fuera clérigo» cuando aún no había cumplido los catorce años, y probablemente fue uno de esos niños que desde su primera infancia empiezan a decir que quieren ser sacerdotes. La fecha de la or-de¬nación nos sugiere que su primera misa en Peralta de la Sal fue el día de Navi¬dad. Día de gozo, sin duda, pero también de pena, pues entre los presentes a la so¬lemnidad faltaban sus hermanos Juan, Pedro y Esperanza, y sobre todo su madre. Tal vez su padre estaba ya resignado e incluso satisfecho de ver a su hijo sacerdote, sin pensar que con él terminaba el apellido Calasanz en línea directa. El neosacer¬dote era el punto final de toda una dinastía. Pero lo que no podía ni soñar en aque¬llos momentos el viejo herrero de Peralta, infanzón de natura, es que su último hijo varón, como los antiguos patriarcas bíblicos, tendría una descendencia numerosa como las estrellas, y que el apellido Calasanz se haría famoso en la historia no por las gestas de los antepasados, sino porque su propio hijo había renunciado a perpe¬tuar con sus bodas la descendencia de la familia Calasanz - Gastón. Y Dios le haría padre de muchos hijos. El verdadero honor de Peralta —«Peralta de la Sal y de la Honor» fue el nombre completo de la villa— fue José Calasanz Gastón.

Notas

1 BAU, RV. p11.
2 Ibid., p.36.
3 EGC, VII, c.3071 y 3091.
4 BAU, RV, p.36.
5 EGC, VII, c.3704 y 4075; VIII, c.4232.
6 BAU, BC, p.104.
7 Ibid., p.105.
8 V. BERRO, Memorie f.6r-7v.
9 BAU, RV, p.11.
10 Anal. Cal. 20 (1968) 254.
11 BAU, RV, p.11.
12 Anal. Cal. 15 (1966) 198-200.
13 Ibid., 20 (1968) 306.
14 Ibid., 15 (1966) 201-204; 8 (1962) 368-369.



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