sJC - Maestro y Fundador - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Julio 22, 2009 22:37 - 0 Comments

sJC - C07: Al servicio del cabildo de Urgel

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San José de Calasanz, maestro y fundador
Severino Giner Guerri, escolapio
BAC, 1992

CAPÍTULO 7
AL SERVICIO DEL CABILDO DE URGEL

Indudablemente, el medio año largo pasado al servicio de don Gaspar Juan de la Figuera había sido rico en experiencias. Para un joven inteligente como él, los meses de Monzón le permitieron asomarse al complicado mundo de la alta política, y aunque no estuviera particularmente interesado en ella, era inevitable —en una villa tan pequeña— captar ideas e intencionalidades; egoísmos e intereses nacionales, regionales, personales; subterfugios, intrigas, tejemanejes, trapicheos; contrastes entre prepotencias y servilismos… Todo un mundo de caracteres diversos y de problemas graves.

Pero como sacerdote —y más como futuro Fundador de una Orden religiosa— la oportunidad de participar, al menos como observador y testigo de excepción, en los dramáticos problemas que la reforma de agustinos y benedictinos habían originado, era una gracia impagable, y una escuela excepcional para la maduración de su personalidad.

Por añadidura, después de la fuerte experiencia en Montserrat, se le ofreció la ocasión providencial de retirarse durante casi un año a su pueblo natal, donde pudo rumiar sus recuerdos con serenidad y pensar en el futuro con optimismo.

1. Un año entero en Peralta

La decisión de Calasanz tras la muerte de La Figuera en Montserrat fue idéntica a la que tomó en Barbastro al morir Urríes. Su misión y oficio habían terminado. No tenía ya nada que hacer allí. No parece, Pues, improcedente tomar al pie de la letra su tardía declaración: «El dicho obispo [La Figuera] murió en dicha Visita y Yo me bolbí a mi Patria». (1) El visitador murió el 13 de febrero de 1586. Fácilmente, pues, hacia finales de mes llegaría Calasanz a Peralta.

El P. Bau escribió que «el año entero de 1586 es el más falto de noticias de toda la vida calasancia». (2) No hay, efectivamente, un solo documento que nos dé su nombre, desde su declaración personal, relacionada con la muerte de La Figuera el 13 de febrero de 1586, hasta exactamente el 12 de febrero de 1587 en que consta su presencia en Seo de Urgel. (3)

Nos es difícil comprender que un hombre como él —cuyo futuro conocemos— se pase un año entero en su casa paterna sin ocupación alguna. No cabe suponer que encontrara labor pastoral adecuada en su parroquia, que constaba entonces más o menos de 300 almas y tenía a su servicio, además de párroco, una docena de beneficiados. (4) En este caso, pues, el joven presbítero no hace más que acomodarse con plena normalidad a lo que hacen gran parte de los eclesiásticos de su tiempo, que sin obligaciones pastorales viven de algún beneficio o del propio patrimonio en sus casas. El gozaba de un beneficio no residencial en Monzón, y tenía además suficiente patrimonio paterno. La única diferencia notable entre Calasanz y la docena de beneficiados de Peralta estaba en que para éstos la vida de beneficiado tenía caracteres de estabilidad, mientras lo que retuvo a Calasanz aquel año entero en su pueblo no era algo estable, sino circunstancial: la atención que exigía la delicada salud de su padre.

A ello hay que añadir la preocupación por la tensa situación sociopolítica, que atenazaba al vecino Condado de Ribagorza y sus territorios aledaños, particularmente las tierras de Castro. Efectivamente, después de la muerte del conde de Ribagorza, don Martín de Gurrea y Aragón (1581), Felipe II se negó rotundamente a dar posesión del Condado al legítimo sucesor don Hernando, con la esperanza de incorporarlo definitivamente a la Corona. La insoportable situación de abusos y violencias cometidas por los rebeldes movieron a los diputados aragoneses de las Cortes de Monzón a pedir al rey que diera posesión del Condado a su legítimo dueño. La junta especial, que para tratar este asunto había nombrado el monarca, dio su resolución positiva, exigiendo que intervinieran en ello «los Ministros y oficiales de su Magestad». (5) Y, en efecto, al terminar las Cortes, y precisamente hacia mediados de enero, estando el rey «en Ulldecona dio provisiones para que D. Manuel de Sesse, Bayle General de Aragón, le pusiese en posesión de dicho Condado» a don Hernando. (6)

El baile general salió de Zaragoza hacia Benabarre, y a pesar de que iba en nombre del monarca no fue recibido con mejor trato que el que habían dispensado poco antes a los emisarios de la Real Audiencia y del Justicia de Aragón, de modo que la embajada fue un fracaso. Al llegar a Benabarre, encontró la villa levantada en armas y ocupada militarmente por las gentes de Juan de Ager, quien impidió incluso la reunión del Concejo General, en el que tenía que leer el baile una carta del rey, dirigida a los rebeldes. Pero hubo más; al parecer —según Lanuza— «intentaron luego de amenazar al Bayle y según algunos dizen, de matarle, y huyo de esconderse en otra casa y salir secretamente de la villa, y de todo el Condado con la mayor priesa y silencio que fue posible». (7)

Al salir Sesse del Condado, el cabecilla Juan de Ager y sus huestes atacaron a los adictos del conde, robando y saqueando sus casas y atentando directamente contra sus vidas. El indigno comportamiento de los rebeldes con una personalidad tan significada como el baile general de Aragón provocó una ola de indignación en todo el reino. Y a pesar de las súplicas por una intervención enérgica del rey para castigar los desmanes de los insurrectos y cumplir su promesa real de dar posesión pacífica del Condado a su señor legítimo, don Hernando de Gurrea y Aragón, Felipe II siguió pasivo e indeciso, mientras todo aquel territorio sufría las consecuencias de una auténtica guerra civil. Pero la inhibición del monarca forzó al conde de Ribagorza y sus partidarios a empuñar las armas contra los rebeldes a finales de mayo de 1587. (8)

Toda esta panorámica de agitaciones, disturbios, violencias y algaradas que se encuadran entre el mes de enero de 1586 y mayo de 1587 nos dan una razón poderosa por la que José Calasanz, liberado dramáticamente del servicio a La Figuera, debió de acudir presuroso a Peralta y permanecer junto a su padre todo aquel año, el último de su vida, con el recuerdo doloroso de la muerte del hermano Pedro y la angustia de que algo parecido pudiera ocurrir. El pueblo de Calasanz, lugar natal de Juan de Ager, cabecilla de la insurrección, estaba en poder de los rebeldes, y casi a un tiro de piedra de la indefensa Peralta.

2. La muerte de su padre

El día 7 de noviembre de 1586 hace su tercero y último testamento el anciano Pedro Calasanz «y dexa heredero a su hijo Mosén Joseph Calasanz Presbítero y nombra a dos hijas por nombre Juana y Madalena». (9) El P. Jericó leyó también ese testamento y comentó: «no nombra más hijos en la legítima que a Mosén Joseph Calasanz y Juana y Magdalena Calasanz, de donde se infiere que habrían muerto las demás, pues sólo en este caso o en el de hallarse profesas las podía Omitir». (10) No obstante, el P. Poch creyó por confusión que aún vivía por estas fechas en Peralta la otra hija, María, sugiriendo que debió de morir hacia 1601-1602. (11)

A estas alturas de su larga vida el pobre anciano había perdido ya a su mujer, a sus hijos Juan y Pedro y a sus hijas María, Esperanza e Isabel. Le quedaba en Peralta sólo a Magdalena y en Benabarre a Juana, quién sabe con qué temores y angustias en aquellos meses aciagos de disturbios y violencias. Pero, sobre todo, estaba junto a él su hijo José, su benjamín y heredero universal, que le hablaría entonces más que nunca de Dios, en aquel hogar en que ya no se oían desde mucho tiempo repiquetear los martillos sobre el yunque, pero sí que se podía ver en aquellas noches de su último invierno, a través de las ventanas, el cielo inmenso de Peralta, con todas las estrellas encendidas, que le recordaban la antigua promesa: «Así será tu descendencia».

El P. Jericó afirma categóricamente: «murió de esta enfermedad el padre de don Joseph en brazos de este piadoso sacerdote». (12) Pero ¿cuándo? Entre las notas recogidas por dicho P. Jericó, fechadas en 1746, consta que había en la iglesia de Peralta un cuaderno con la fundación de aniversarios por los difuntos, y entre ellos una nota que decía: «Aniversario fundado por el Doctor Joseph Calasanz». No especificaba el año de su fundación, pero sí el día de la celebración, que era el 27 de febrero. (13) De aquí dedujo el P. Bau, con cierta duda, que el padre del Fundador murió el 27 de febrero de 1586. (14) Pero el testamento de noviembre de ese mismo año desmentía la suposición. El P. Poch propuso luego que la fecha debía ser el 27 de febrero de 1587, como consecuencia de las disposiciones testamentarias, que escrupulosamente cumpliría el hijo, y esto aun a sabiendas de que documentalmente nos consta que José Calasanz estaba en Urgel, al servicio del Cabildo, desde el 12 de aquel mismo mes. (15)

Nos parece inadmisible que, después de casi un año en que José renuncia a cualquier otra ocupación por estar junto a su padre, le deje precisamente unos 15 días antes de su muerte, cuando probablemente, dada su edad y enfermedad, daría ya indicios de que se acercaba su fin. Más todavía, según la hipótesis que hemos propuesto, la razón por la que Calasanz no se incorporó a su propia diócesis, apenas ordenado sacerdote, y buscó una ocupación junto a los vecinos obispos de Barbastro y Lérida, fue precisamente la preocupación por mantenerse cercano a Peralta para atender a su padre. No iba, pues, a incorporarse ahora antes de que muriera, cambiando de idea cuando las circunstancias parecían aconsejar lo contrario.

El P. Talenti dijo a este respecto que, una vez muerto su padre, Calasanz «instituyó un aniversario perpetuo por las almas del Purgatorio». (16) Pudo ser cierto, y resolvería el caso, pues no sabemos cuándo empezó a celebrarse. Pudo también ocurrir que en las disposiciones testamentarias de su padre constara alguna manda para sufragios de su esposa, María Gastón, cuya muerte pudo ocurrir un 27 de febrero, o incluso que esta fecha fuera la de la muerte de Pedro, el hijo víctima de las insurrecciones de Ribagorza, y en ella pudiera, incluso, celebrarse un aniversario por las almas de todos los difuntos de la familia Calasanz-Gastón, con lo que podría entenderse a la vez la sugerencia recogida por Talenti. No es, pues, forzoso admitir que el aniversario recuerde la fecha de la muerte de su padre.

3. La llegada a Seo de Urgel

A principios de febrero de 1587 salió José de su pueblo y emprendió el camino de Seo de Urgel. La única hermana que residía fuera de Peralta era Juana, pero acudiría desde Benabarre para estar junto a su padre moribundo hasta que le enterraran en la antigua iglesia parroquial. Esta reunión de todos los hermanos fue una ocasión propicia para que José hablara de su propósito de incorporarse definitivamente a su diócesis de Urgel. Había cumplido a conciencia sus deberes de hijo y heredero-protector de su padre, y quedaba ya libre para disponer de sí mismo. Antes de partir, tuvo que arreglar también las cuestiones derivadas de su calidad de heredero universal. Lógicamente, no podía encargarse de las fincas y hacienda paterna, ni tenía tampoco necesidad por el momento de renunciar a sus derechos.

Recogió, pues, sus cosas personales y a lomos de cabalgadura se alejo de Peralta, que pronto quedo escondida en su hondonada. En vez de subir a Benabarre y pasar por Tremp, atravesando los valles de los dos Nogueras hasta el Segre, quizá prefirió bajar hasta Balaguer y seguir el curso del Segre que le llevaba directamente a la Seo por camino más llano. Así evitaba meterse en aquel avispero del Condado de Ribagorza, vigilado y controlado por los insurrectos vasallos y plagado de bandoleros, y se libraba de los tortuosos caminos de montaña que subían y bajaban de río a río.

Por poco que sintiera la belleza del paisaje no podía menos de admirar la grandiosidad de los desfiladeros cortados a pico para dar paso a las aguas del Segre, claras, transparentes; la imponente escabrosidad de algunos recodos cuyos riscos se recortan en el cielo como crestería de catedral; los recovecos del camino pegado a las paredes “rocosas o lanzado de parte a parte sobre la corriente del río, sobre puentes cargados de siglos; y al final la espectacular ensenada verde, casi llanura, sobre el fondo escenográfico del Pirineo, entonces ya blanco con las nieves de invierno. Y allí, a sus pies, Seo de Urgel.

4. La diócesis de Urgel

La extensa diócesis urgelitana abarcaba entonces un área limitada al norte por la frontera pirenaica; al este y sur por una línea cuyos puntos de referencia podemos colocar en las cabezas de arciprestazgo de Puigcerdá (cuyo territorio llega hasta el santuario de Nuria), Bagá, Berga, Cardona, Guissona, Agramunt y Balaguer; al oeste por otra línea intermedia entre los dos ríos Noguera, añadiendo los tres enclaves de Castanesa, Arén y Peralta de la Sal, a occidente del Ribagorzana.

Según documento redactado por José Calasanz el 12 de octubre de 1587, la diócesis de Urgel estaba dividida en 17 «oficialatos» o arciprestazgos, a saber: La Seo, Cerdaña, Tremp, Balaguer, Guissona, Agramunt, Sanahuja, Oliana, Pons, Sort, Tirvia, Cardós, Berga, Bagá, Cardona, Solsona y Sant Llorens. (7) En todo este dilatado territorio diocesano había villas y lugares con sus respectivos términos en los que la Mitra tenía plena jurisdicción temporal, civil y criminal, con todas las prerrogativas de pleno dominio secular, administración de justicia, recaudación de impuestos, nombramiento de autoridades y oficiales, etc. Así, por ejemplo, todavía en el siglo pasado la Mitra urgelitana mantenía su pleno señorío temporal en la ciudad de Urgel y su término y en las villas de Sanahuja, Guissona y Tremp y sus respectivos términos, todas ellas cabezas de arciprestazgo, además de otras villas y lugares. (18)

En tales casos, los Oficiales Eclesiásticos, como representantes de la Mitra episcopal, ejercían la potestad temporal en los lugares de su jurisdicción señorial. En algunos de ellos, además, desempeñaban las funciones y gozaban del título de Vicarios Generales en todo el ámbito de su oficialato, como Balaguer, Tremp, Sanahuja, Agramunt, Guissona, etc., a los que se añadía el Vicario General de toda la diócesis, residente en La Seo. (19)

La amplitud de jurisdicción señorial sobre ciudades, villas, lugares y territorios que tenía cierta jerarquía del clero secular y regular no era algo exclusivo de la diócesis de Urgel ni de las demás de Cataluña, Sino que se daba en toda España.

Tales omnímodos poderes feudales podrían hacer creer lo que afirma Joan Reglá: «como el resto de España, el estamento eclesiástico catalán es muy rico», basándose en un memorial de fines del siglo XVI de Pedro Núñez de Salcedo, tan exagerado que el propio Reglá asegura que «algunos hallazgos aislados rectifican esencialmente estas cifras». No obstante, continúa diciendo con poca lógica, que «de todos modos, un hecho parece evidente: la riqueza de los obispados pirenaicos, sobre todo el de la Seo de Urgel…». Y, en efecto, según este memorial, las rentas anuales de los obispados de Cataluña en ducados serían: Tarragona, 16.000; Lérida, 6.000; Tortosa, 20.000; Gerona, 5.000; Barcelona, 12.000; Solsona, 40.000, y Urgel, 70.000. (20)

Más cercano a la realidad histórica se mostraba, sin embargo, dicho historiador en otro escrito anterior, en que decía: «al parecer, descollaba por su pobreza el clero secular de Cataluña… consta que en 1564 fue elevado un memorial a la curia pontificia en solicitud de que se permitiese la pluralidad de beneficios a los clérigos catalanes para poder vivir. Ello fue denegado». (21)

Cálculos más fidedignos de 1534 dan a la diócesis de Urgel 3.300 ducados anuales de renta, más otros 700 para pensiones, o sea 4.000, colocándola detrás de Tarragona (que va en cabeza del Principado con 6.000 de renta y 3.000 de pensiones) y de Barcelona (?), Lérida y Tortosa. Sólo Gerona y Vich le siguen. (22)

Una renta total de 4.000 ducados anuales era ciertamente pobre y escasa para una diócesis como Urgel, que además de los gastos comunes a todo obispado, (23) tenía que proveer a la propia defensa contra los hugonotes que pasaban las fronteras y contra la peste endémica del bandolerismo que infestaba su territorio. Y así lo reconocía precisamente José de Calasanz, hablando al virrey de Cataluña de rentas y gastos de defensa. (24)

Cuando a primeros de febrero de 1587 llegó a La Seo de Urgel José Calasanz, la diócesis se hallaba en sede vacante. El último obispo había muerto el 8 de diciembre del año anterior. Fue el camaldulense fray Hugo Ambrosio de Moncada, quien había ordenado de sacerdote a Calasanz el 17 de diciembre de 1583 en el castillo episcopal de Sanahuja. El gobierno de la diócesis estaba, pues, en manos del Cabildo.

5. La ciudad de La Seo

Quizá era la primera vez que entraba Calasanz en la ciudad episcopal de Urgel, en aquel invierno de 1587. Era realmente una ciudad episcopal, no sólo porque el obispo era su único señor temporal, además de eclesiástico, sino porque su mismo nombre le venía de la sede episcopal: La Seu. En su misma entraña llevaba, pues, el sello indeleble de su medievalismo, expresado en la armonía —fusión en su caso— del poder espiritual y el temporal.

La Seo de Urgel —caso excepcional en la historia— fue Seo «mucho tiempo antes de ser ciudad». (25) Y por ello, la máxima expresión de sus valores medievales y síntesis de su pasado es su catedral, mitad templo, mitad fortaleza, dedicada a Santa María. La actual —que es ya la cuarta de la historia— data de la segunda mitad del siglo XII y su estilo románico acusa fuertemente la influencia lombarda. Su ábside central, coronado por la airosa galería practicable de arquillos, se asomaba a la muralla, como un bastión más de defensa. Y todo su cuerpo externo, engastado en sus cuatro robustas torres angulares, da aún la impresión de mole compacta, encastillada, inexpugnable. Su interior, de altísima nave central, severa, luminosa, obliga a concentrar la atención en el marco espléndido de su ábside, donde antaño se acogía, como en una gigantesca hornacina, la venerable talla románica de Santa María de Urgel, del siglo XIII, hoy en el Palacio. El recoleto claustro románico, también del siglo XIII, mantiene todavía su sabor de simplicidad y serena elegancia medieval.

La inmutable atmósfera creada en estos ambientes parece borrar distancias y trasladarnos a aquellas postrimerías del siglo XVI, en que —por algunos años— aparecía y desaparecía por las galerías del claustro y las naves de la catedral el joven presbítero José Calasanz.

Mas no sólo se respiraba Edad Media en la catedral. La misma contextura urbana conservaba todo el encanto de las ciudades medievales, cercadas de murallas, por cuyas puertas, torreones, almenas y barbacanas —burlando siempre la vigilancia, los bandos públicos y las precauciones extremas— penetraban implacablemente las pestes, las guerras y los bandoleros.

Sus calles eran estrechas, oscuras, no siempre limpias, salvo la calle Mayor con sus amplios soportales, abrigo seguro en los frecuentes días de lluvia y de frío, lugar de encuentro, paseo y mentidero de la villa. En uno de sus extremos todavía hoy se conservan las medidas, públicas para el grano, allí instaladas desde 1579. A pesar de sus transformaciones urbanísticas modernas, sigue siendo La Seo «una de las poblaciones de Cataluña menos desfiguradas en su fisonomía de población medieval». (26)

No menos medieval era también el tráfico industrial y comercial en aquella pequeña ciudad pirenaica a fines del siglo XVI, debido, sin duda, a su alejamiento de los grandes centros comerciales del Mediterráneo. No obstante, parece que en aquellos años vivió La Seo una época de relativa prosperidad. (27) Y esto a pesar de que, según cálculos estadísticos, el censo urbano debía oscilar entre los 1.100 y 1.500 habitantes. (28) Y uno de los representantes del comercio local era Antonio Janer, a cuya casa precisamente fue a parar como huésped José Calasanz.

6. En casa de Antonio Janer

Antonio Janer i Catá, hijo de un notario real de Barcelona, llegó a Urgel hacia 1584 y se casó al poco tiempo con Juana, viuda del mercader Juan Gallart, cuyo oficio continuó desempeñando con extraordinaria habilidad y provecho. Su tienda era una auténtica «botica» de pueblo, donde hay de todo, además de que el tendero era un comerciante nato, capaz de proporcionar todo lo que se le pidiera. El compraba y vendía trigo, vino, aceite, sal, anchoas, sardinas, azúcar, queso, cera, papel, libros, breviarios, materiales de construcción, cuerdas, capazos, tela, botones, cintas, capas, alforjas, pieles, cueros, armas, piezas de orfebrería, etc., y a la vez contrataba bestias de carga, era prestamista, etc. Y por si esto fuera poco, su casa era también fonda, donde admitía huéspedes a pensión completa.

Toda esta variada actividad comercial le obligaba a llevar escrupulosamente cuenta de entradas y salidas en dos libros complementarios, el Diario o ‘Manual’ y el ‘Mayor’, que afortunadamente se han conservado (29) y constituyen un arsenal inapreciable de noticias referentes a Calasanz, dado que abarcan los años 1587 a 1592 en que estuvo en su diócesis, antes de partir para Roma. Más en concreto, fue admitido como huésped en casa de Janer el día 1 de junio de 1587, sin que sepamos dónde residió desde primeros de febrero, en que llegó a La Seo, hasta últimos de mayo de ese mismo año; probablemente en casa de algún eclesiástico, como el organista de la catedral, mosén Pere Rostoll, de cuya amistad nos consta. (30) Y el día 1 de febrero de 1589 dejaba de hospedarse en casa de Janer. (30) No obstante, mantiene con el comerciante relaciones cordiales, pues sigue su cuenta corriente de entradas y salidas tanto en los meses de estancia en La Seo como luego en Tremp.

Junto con Calasanz comparten el hospedaje de Janer otros eclesiásticos, como el cura de Canilló, mosén Esteve Belzors, durante un mes escaso (18 de agosto de 1587 a 10 de septiembre de 1587), y mosén Joan Morer, durante ocho meses y medio (9 de marzo de 1588 a 14 de diciembre de 1588). (32) También admitía pupilos, como el hijo del campesino Juan Moles, durante tres meses y medio (enero a abril de 1588). (33) Tenía en casa, también, al hijo de su mujer, llamado Jerónimo Gallart, que era todavía niño, cantor de la catedral. (34) Tuvo igualmente en casa estos años a algún mozo, pinche o criado, indispensable por lo que se ve, dado el movimiento de la tienda. (35)

Sin duda es más interesante saber que Calasanz tiene también su propio criado, llamado Jaume Joan Coromines, natural de Urgel, pero vive también en casa de Janer desde el día en que entró Calasanz, quien le paga —además del sueldo— pensión completa y vestido. (36) Este muchacho o joven le acompañó muchas veces, tanto durante su estancia en La Seo como luego en Tremp, cuando iba de visita a lomo de mula por aquellas parroquias perdidas entre montañas. Y el trato diario de tantos meses con «su amo», el sacerdote Calasanz, le decidió a imitarle y se hizo clérigo. Y Calasanz le consiguió un beneficio eclesiástico no residencial en la colegiata de Orgañá, concedido el 25 de marzo de 1589 por el obispo Capilla. (37) Entonces no existía aún el seminario tridentino en Urgel, y por tanto el reclutamiento y formación del clero quedaba en manos de párrocos, sacerdotes, colegios universitarios, etc. En este caso, Coromines tuvo la fortuna de tener como preceptor, ‘maestro’, tutor, amo y amigo excepcional a José Calasanz. Y seguía llamándose todavía «su criado». El 20 de noviembre de 1590 anota Janer que Calasanz le ha pagado, desde Tremp, 16 sueldos para comprar un breviario a Coromines «para que diga el oficio romano». (38) Probablemente era ya sacerdote. Cuando Calasanz se fue a Roma, su querido Coromines consiguió un beneficio en la catedral de Urgel, pero lo disfrutó poco tiempo, pues murió en 1603. (39)

«Así, pues —escribe Pujol i Tubau—, la casa de Janer era algo más que un establecimiento de fría especulación mercantil. Era, ante todo, un lugar confortable y patriarcal, francamente acogedor. Muy en consonancia con su temperamento bonachón, el hogar de Janer conservaba todas las esencias de la vida familiar ancestral, tan intensamente cristiana en una ciudad como La Seo, trabajadora y recoleta, dentro de un ambiente saturado de espiritualismo». (40)

En sus libros de cuentas escribió Janer el nombre de ‘Calesans’ unas 120 veces, en relación con su debe y haber o citándole como testigo en muchas transacciones con otros clientes. Unas 32 veces puso él mismo su firma con esta expresión: «En presencia de mi, Joseph Calasanz, prever…», o bien diez veces en latín «Ita est, Josephus Calasanz». Y algunas de esas firmas avalan las cantidades que el buen Janer dejaba en el anonimato o tenía la delicadeza de recordar el destinatario de la limosna del mosén de Peralta. (41) Entre ellas cabe resaltar el recuerdo piadoso que conserva del santuario de Montserrat, pues el 18 de noviembre de 1588 pide a Janer veinte reales «per donar a caritat a N. Sra. de Montserrat». (42)

Es indudable que por la tienda de Janer pasaría toda la población de La Seo, si pensamos que en aquellas fechas no superaba los mil quinientos habitantes. Y por tanto, era una ocasión más para que el joven Calasanz alternara con todos. Es probable que se encontrara bajo los soportales de la calle Mayor, «pero —concluye Pujol i Tubaua pesar de la abundancia de datos no podemos precisar la calle de la ciudad donde estaba la casa de Janer». (43) Y es una lástima.

La estima y la confianza que sintió Calasanz por este honrado comerciante fueron avaladas luego al ser nombrado cónsul de la ciudad. Cuando murió, en 1606 Calasanz hacía casi quince años que estaba en Roma. Y es probable que recibiera pronto la noticia, así como los elogios de su buen gobierno y de su preocupación por los pobres, de los que se hacía eco autorizado el obispo Capilla, un mes apenas después de su muerte. (45)

7. Época de postconcilio

Las épocas postconciliares promueven y fomentan los intentos de reforma, sobre todo después de concilios tan decisivos en la historia de la Iglesia como fue el de Trento. El ambiente de vida cristiana que se respiraba entre el clero y el pueblo de la diócesis de Urgel no debía ser muy diverso del de otras regiones españolas en este período postridentino. En todas partes había abusos, vicios, malas costumbres que corregir y voces de reformadores celosos que, como en todos los tiempos, presentan cuadros muy negros que justifiquen sus reformas.

Ya desde 1581 el Dr. Pedro Gervás y de las Heras consigue interesar a Felipe II en la fundación de un colegio de jesuitas para las comarcas pirenaicas «desde el Condado de Cerdania hasta Sobrarbe que son como 20 leguas de tierra en largo y otras tantas de ancho», y se establecería en su villa natal de Arén en plena Ribagorza y diócesis de Urgel. Y a raíz de esta propuesta fundación el rey escribe cartas al promotor de la idea, Gervás, a los obispos de Barcelona y Urgel y al Provincial de los jesuitas correspondiente, encomendándoles calurosamente la iniciativa. (46)

Para justificar la necesidad y urgencia de tal fundación, da el rey en sus cartas unas pinceladas con que describe someramente la situación religiosa de ese territorio, que comprende prácticamente todo el obispado de Urgel, en torno al año 1580. Indudablemente, las cartas del monarca reflejan las que le escribe Gervás, que conoce el terreno. He aquí los párrafos más significativos:

«… vos el Dr. Pedro Gervás… nos havéis hecho relación que por haver mucha falta de personas eclesiásticas de letras y vida exemplar, los moradores de los dichos montes [Pirineos] están mal instruidos y doctrinados y por ser tierra muy fragosa y aparejada para delictos se cometen en ella muy de ordinario y a más desto por la mala vecindad que tienen de los herejes de Francia que familiarmente comunican con ellos, hay peligro evidente no se les apegue algo de sus malas costumbres…». (47) «[Gervás] nos ha referido el peligro grande en que están los que viven en los Montes Pirineos desde el condado de Cerdania hasta Sobrarbe… que se les apegue algo de la secta luterana assí por ser los eclesiásticos y seglares muy ignorantes y dispuestos para tomar cualquier error como también para tratar cada día y comunicar muy amigablemente y familiarmente con los luteranos…; los monasterios de cuyas cumbres en tiempos pasados eran instruidas y conservadas aquellas partes están casi perdidos y los que allí residen son ignorantíssimos…» (48) «Entendido habemos que la mayor parte de los que habitan en los Montes Pirineos… son muy ignorantes y dispuestos para tomar qualquier error assí ya por la mucha comunicación que tienen con los luteranos de Francia que son muy vezinos suyos como por ser mal enseñados y inclinados a hechice.. ría, latrocinios y otros delictos y peccados…». (49)

Sabido es que Felipe II sentía una obsesión contra los herejes y luteranos, y ésa era una de las motivaciones más decisivas en su política religiosa, particularmente en la creación o desmembración de obispados cercanos a los Pirineos. Era, por tanto, un acierto proponerle la fundación de un colegio de jesuitas en aquellas tierras pirenaicas, expuestas al peligro de contaminación luterana. El colegio se fundó efectivamente en La Seo, y no en Arén, como quería Gervás, pero sólo en 1599. Y un año antes, al pedir los jesuitas autorización al P. General, le presentaban el mismo cuadro de 1581, más oscuro todavía, como puede verse en este párrafo: «Es tierra de gentes muy necesitadas de doctrina, ignorantísimos y poco menos necesitados que indios porque por las razones dichas, en aquellas tierras hay pocos curas que sepan y cultiven las ánimas de sus fieles… y los eclesiásticos allí biven con mucha libertad sin poderlo remediar sus pastores porque se les atreven y son rebeldes…» (50) ¿No se había hecho nada, pues, en casi veinte años?

Probablemente hay más generalización y exageración que verdad, y lo que es imputable a unos pocos termina siendo signo de una depravación general. En la diócesis de Urgel, por otra parte, dado que en algunos arciprestazgos la autoridad civil y eclesiástica era la misma, se puede sospechar que las quejas del clero interesado no siempre atañen al ámbito puramente religioso y las rebeldías, atrevimientos y delitos pueden referirse a veces al cobro de contribuciones o a la simple jurisdicción temporal. (51)

No parece justo, pues, que se carguen las tintas para que en ese supuesto cuadro tenebrista resalten la acción transformadora del colegio de jesuitas o el gobierno providencial del celoso obispo Capilla o la labor pastoral de José de Calasanz. Era, sin duda, un campo difícil para quienes tenían que recorrer la diócesis visitándola hasta los más apartados rincones, debido a la aspereza de su geografía y también a dos problemas característicos de la región: el peligro de la contaminación de los herejes, ya aludido, y la plaga del bandolerismo. Calasanz fue uno de esos visitadores incansables, pero antes que él y junto a él hubo también otros, que se esforzaron por mantener, mejorar y reformar la vida del pueblo y del clero.

Desde que terminó el Concilio de Trento en 1563 la provincia eclesiástica tarraconense, a la que pertenecía Urgel, celebró varios concilios provinciales para aplicar la reforma tridentina. Tales fueron el de 1564-65 bajo el arzobispo Fernando de Loaces; el de 1572-74, bajo Gaspar Cervantes de Gaeta (1568-1575); tres más bajo Antonio Agustín (1576-1587), y otros tres bajo Juan Terés (1587-1603). (52) Y es innegable que tales concilios tenían repercusión en cada una de las diócesis, aun con la lentitud y resistencias consiguientes a toda reforma. Así, por ejemplo, en la primera reunión del Cabildo de Urgel a la que asiste Calasanz como secretario, apenas llegado (13 de febrero de 1587), se decide distribuir por toda la diócesis las Constituciones Tarraconenses, nuevamente impresas por mandato del concilio provincial terminado el 10 del mes anterior. (53)

Un indicio de la sensibilidad religiosa de la ciudad de La Seo en aquellos años de la permanencia de Calasanz puede ser el número elevado de cofradías, más o menos relacionadas con los gremios de artes y oficios, teniendo en cuenta la escasa población, que —como ya vimos— no llegaba a 1.500 habitantes. Tales eran la de Nuestra Señora de la Piedad, la de los Santos Blas y Ermengol, la de los Santos Juan y Odón, la de San Eloy, la de San José, la de San Ivo y San Sereno, la de Nuestra Señora del Rosario, la de San Marcos, la de la Santa Cruz, la de la Purísima Sangre de Jesucristo. (54) Es probable que Calasanz fuera cofrade de alguna de ellas —aunque no nos consta—, dado que en Roma formará parte de varias y pronto le veremos inscribirse en una de Tremp.

8. Secretario del cabildo

El día 12 de febrero de 1587 empezaba a ejercer Calasanz sus nuevos oficios de secretario del cabildo y maestro de ceremonias de la catedral de Urgel, y los mantuvo hasta el 27 de enero de 1589 «en que se despidió», como precisa el libro de cuentas. (55) Pero ambos nombramientos no figuran en el libro de actas, porque no se los dieron en forma oficial, sino provisionalmente, quizá —comenta Pujol i Tubau— «porque temieran que el ilustre alumno de nuestras Universidades de mas renombre no duraría mucho tiempo en este país, o tal vez porque no tenía ningún beneficio canónico». (56)

Su antecesor, mosén Pere Laudes, fue, en efecto, beneficiado de la Catedral y había recibido oficialmente ambos nombramientos, el de secretario en 1574 y el de maestro de ceremonias en 1578, siendo el primero en ejercerlo, pues este último oficio fue creado aquel mismo año. (57) Por ambos cargos recibía Calasanz un sueldo anual de 60 libras, (58) cantidad notablemente exigua, insuficiente e inadecuada a tales oficios, (59) si se tiene en cuenta que no era beneficiado, como su predecesor. (60) Tal vez por su obligada asistencia al coro —dado que era maestro de ceremonias— percibiera las retribuciones periódicas ‘inter’ presentes, como ocurría con su amigo mosén Pere Rostoll, organista, mucho mejor pagado que Calasanz, pues recibía 100 libras anuales. (61)

Ciertamente, no era muy espléndido el cabildo urgelitano en sus salarios, lo cual confirma la idea de que la iglesia de Urgel era pobre. Calasanz pagaba de pensión a Antoni Janer 70 libras anuales por sí mismo y por su criado Coromines, (62) es decir, 35 cada uno, para lo cual no le bastaban, naturalmente, las 60 que recibía del cabildo. Mucho menos para el vestido, viajes y otros gastos de ambos. Janer pagaba a sus mozos o criados 10 y 14 libras anuales, (63) a las que si añadimos las 35 de pensión que no pagaban, resultan 45 ó 49 libras anuales, no tan lejos de las 60 de Calasanz. De algún sitio tendría que sacar las muchas libras que necesitaba para sí y para su criado y para sus abundantes limosnas. Y no podía ser otra fuente más que su patrimonio familiar.

Y no es que tuvieran poca importancia estos oficios. «Fue, sin duda, el de secretario —escribe Pujol— uno de los cargos más principales en las antiguas corporaciones capitulares, pues además de tener a su cuidado el libro de actas, con su obligada asistencia personal a las sesiones para dar fe de los acuerdos tomados, corría a su cargo la expedición de la correspondencia oficial de la corporación». (64) En los casi dos años completos que ejerció de secretario, tuvo que escribir muchas páginas —casi todas en perfecto catalán— en seis libros distintos, concernientes al cabildo. (65) Y en esas numerosas páginas autógrafas no se sabe qué admirar más, si su preciosa caligrafía o la fluidez y elegancia de su prosa literaria. El tantas veces citado historiador y canónigo don Pedro Pujol i Tubau, experto conocedor de los archivos eclesiásticos de Urgel, no podía contener su admiración por ambos aspectos: «Era —dice— un excelente calígrafo. Su letra es de un carácter hermoso y contrasta visiblemente con los otros escribas inmediatamente anteriores y posteriores, que estuvieron al servicio del cabildo». (66) Y ante una página histórica, de que hablaremos luego, referente a la «Armada Invencible», exclama Pujol: «Dejemos que nos lo cuente con su clara prosa, ingenua y penetrante nuestro egregio escriba que, dicho sea de paso, no tuvo antes ni después de él quien le superase, ni que le igualase siquiera en la presentación literaria, bajo el doble, aspecto, material y formal, de los acuerdos del cabildo». (67) Todos sus admiradores están de acuerdo en exaltar la pulcritud y belleza caligráfica de la primera página de los llamados «capítulos pascuales» de 1588, repetidamente editada en muchas publicaciones. (68)

La nitidez y elegancia de su caligrafía, aprendida en España, no parece superada en sus largos años romanos. Basta comparar páginas de aquí con páginas de allá. El futuro maestro de escuela, que enseñará a escribir a los niños romanos, tendrá siempre una obsesión por la buena caligrafía, haciendo de sus escuelas de San Pantaleón una auténtica cantera de pendolistas. (69) Cercano ya a sus ochenta y cuatro años confesará con sencillez: «Yo he estado siempre ocupado en muchas cosas y he aprendido a escribir a la perfección… para poderlo enseñar a los nuestros». (70) No sólo fue maestro de niños, pues, sino también maestro de maestros en el arte de la caligrafía. Y para ello todavía quiso recibir ulteriores lecciones perfeccionistas de uno de los más insignes calígrafos de la Roma de su tiempo, Ventura Sarafellini, a quien contrató para sus Escuelas Pías. (71)

9. Maestro de ceremonias de la catedral

Al crearse el oficio de maestro de ceremonias en la catedral de Urge! el 4 de mayo de 1577, se alegó como razón que «en las ceremonias antiguas de esta iglesia y en las del oficio romano no se guarda el orden que sería menester, no habiendo nadie que tenga de ello particular cuidado». (72) El nuevo cargo se adjudicó al secretario del cabildo, el beneficiado mosén Pere Laudes, quien probablemente poco pudo hacer, por su avanzada edad, pues en agosto de 1582 pedía se le dispensara de asistir a maitines en atención a sus treinta años de servicio a la Iglesia. (73).

El 12 de febrero de 1587, con nombramiento oficial o sin él, sustituye Calasanz a mosén Laudes en ambos oficios de secretario del cabildo y maestro de ceremonias. Respecto a estas últimas, tendría que preocuparse por poner al día, según las nuevas exigencias tridentinas, no sólo lo propio del rito romano, común a toda la Iglesia latina, sino también las «ceremonias antiguas», típicas de la Iglesia de Urgel, como recordaba el cabildo al crear el nuevo cargo. Y para ello tuvo que basarse necesariamente en el Ritual urgelitano, editado en Zaragoza por vez primera en 1536 por el obispo Francisco de Urríes (1534-1551), y que, corregido y reformado en ediciones posteriores, ha llegado hasta nosotros. (74).

Es probable que su preocupación por el ceremonial le incitara a profundizar en el misterio de la liturgia y llegaran a sus manos obras publicadas en aquellos años y que, dadas sus muchas ediciones, debieron gozar de gran divulgación. Tales fueron las de dos autores medievales, uno del siglo XII, Juan Beleth, y otro del siglo XIII, Guillermo Durando (+ 1296), que llevan el mismo título: ‘Rationale divinorum officiorum’. (75). Y que tales obras debieron llegar a Urgel lo comprueba la edición de 1617 del ‘Rituale urgelitano’, pues al final de la primera parte recomienda a los párrocos que expliquen el significado de las ceremonias y los misterios que encierran, sirviéndose de las obras de Durando y Beleth precisamente. (76) Pero lo más interesante es que al morir Calasanz, entre los pocos libros de uso personal que tenía en su habitación, figuraba uno —celosamente conservado hasta hoy—, titulado ‘De ritibus Ecclesiae Catholicae’, de Juan Esteban Durando (Roma 1591), cuyo contenido y método de exposición es similar a su homónimo medieval. (77).

Indudablemente, en toda su vida de sacerdote y Fundador, Calasanz mantuvo una profunda veneración y estima por la liturgia, tanto en el aspecto ceremonial como en su significado teológico y espiritual. En sus Constituciones dedicará un capítulo entero a la observancia de las ceremonias y cuidado del ajuar del culto, y lo empezará así: «Conviene mucho a la dignidad de la Iglesia que los llamados al ministerio del altar conozcan perfectamente los ritos y ceremonias sagradas». (78) Y en numerosas cartas, particularmente a sacerdotes noveles, abrirá su alma para inculcarles la devoción, el respeto, la riqueza de vivencias que él mismo sentía en la celebración de la Misa. Valgan algunos ejemplos:

«Celebre la Misa con mucha humildad y antes de comenzar considere que va de parte de toda la Santa Iglesia a hacer una embajada al Padre Eterno, no sólo para exaltación de la Santa Fe católica y el perdón de los pecados, sino también para el socorro de las almas de los difuntos»; «los nuevos sacerdotes estén bien instruidos y sepan que deben hablar con gran devoción con el Padre Eterno y con la Santísima Trinidad, para que puedan sacar de la Misa el debido provecho para sí mismos; que atiendan lo que significan las palabras que dicen y no se acostumbren a decirlas de prisa»; «Exhórtele de mi parte que procure tener gran reverencia al Padre Eterno cuando dice la Misa, y que se dirija a él con gran devoción y temor diciendo al final de cada oración per Dominum nostrum Jesum Christum. Si se acostumbra a este pensamiento sacará gran provecho para su espíritu». (79).

El día 17 de marzo de 1588 se tomó un acuerdo en la sala capitular que el secretario Calasanz consignó debidamente en el Libro de Conclusiones del Cabildo. Se trataba de las preces especiales que Felipe II había pedido a las iglesias de España por el éxito de la Armada Invencible. He aquí el acta:

«Convocado el Capítulo al son de campana, como es costumbre…, fue leída una carta de Su Majestad en la que encargaba con gran instancia al dicho Ilustre Capítulo que, habiendo Su Majestad aprestado una armada muy copiosa para la conquista del Reino de Inglaterra, para alcanzar el fin que con el favor del Señor se desea y se pretende para aumento de la fe Católica, extirpación y castigo de los infieles y herejes, se hagan plegarias particulares con las que, aplacado Dios Omnipotente de su ira, muestre su benignidad y misericordia, concediendo feliz suceso en dicha jornada. Y dicho Ilustre Capítulo, en conformidad, determinó que el día de N. Señora, que será el 25 del presente mes [la Anunciación], se haga una procesión solemne y general por la ciudad, avisando y mandando a todas las parroquias de la Ribera que asistan, con la devoción y solemnidad posible, a dicha procesión; y además, fue determinado que todos los domingos y fiestas de precepto, al principio de las Vísperas, se exponga el Smo. Sacramento sobre el altar mayor hasta que, terminadas las Vísperas y hecha una procesión en torno al coro, sea devuelto al sagrario, con la debida ceremonia. Y se determinó también que, todos los días, después de Vísperas y Laudes se hagan las debidas conmemoraciones para dicho efecto; todo lo cual se continuará haciendo durante la dicha necesidad y jornada, con lo que sea el Señor servido dar feliz éxito y victoria a los cristianos. Amén». (80)

La gran Armada zarpó de Lisboa el 20 de mayo con 130 naves y cerca de 20.000 hombres. Hubo que hacer escala en La Coruña y el 12 de julio se dio de nuevo a la mar la Invencible…, que dejó de serlo a finales de mes frente a las costas inglesas. «Pocas catástrofes tan graves registra la Historia». (81) En España probablemente esperaban un segundo Lepanto.

Mientras tanto, es decir, desde el 25 de marzo hasta finales de julio de 1588, el maestro de ceremonias José Calasanz se esmeró para que se cumplieran los acuerdos que, como secretario del cabildo, había consignado en el libro de actas. Y hubo preces diarias especiales, funciones eucarísticas y procesiones dentro de la catedral todos los domingos, y, además, una magna y solemnísima procesión por toda la ciudad el día de la Anunciación, con asistencia de los pueblos cercanos. Y yendo y viniendo de aquí para allá, entre velas, hachones, palios, incensarios, estandartes, alfombras y flores aparecía y desaparecía, como en volandas, el joven maestro de ceremonias.

10. En pie de guerra

No es novedad en esta historia hablar de bandoleros. Uno de los telones de fondo de la vida de Calasanz en España es, sin duda, el bandolerismo, tanto en su aspecto más crudo de bandas de forajidos sin ley, que han hecho del pillaje, del saqueo y del crimen un modo de vivir, como en su aspecto más provisional, de gentes que se ponen al servicio de banderías personales o ideológicas, recurriendo igualmente al robo, al incendio, a la extorsión y al asesinato como medios de persuasión violenta. En todos los tiempos han convivido juntas ambas formas de bandidaje, pero especialmente en las últimas décadas del siglo XVI dejaron sentir su fuerza. Y Calasanz había sido testigo de sus desmanes, tanto en su propio hogar, con la muerte de su hermano Pedro en tierras ribagorzanas, como en la perturbada soledad monástica de Montserrat.

La diócesis de Urgel, por su vecindad al sur de Francia, revuelto entonces por los hugonotes, sufría este drama con especial intensidad, pues a los aspectos comunes del bandolerismo se unía el fanático desenfreno de los herejes, que no sólo amenazaban desde lejos, sino que dejaban sentir su presencia virulenta en los alrededores de Seo de Urgel. Y era el cabildo, más que el obispo —ausente o en sede vacante—, el que se sentía responsable de la defensa armada, dadas las características de señorío medieval que mantenía el obispado en casi todo su territorio. No es de extrañar, pues, que en la distribución de cargos, que solía hacerse en los llamados «Capítulos Pascuales», aparezcan los Consellers de guerra. Y ellos son los que en toda esta larga contienda con los hugonotes y bandoleros reúnen el «consejo de guerra» para determinar lo que se ha de hacer. (82)

A pesar de la pobreza de la diócesis, el cabildo tiene que proveer la ciudad de toda clase de armas y municiones; hacer obras en la catedral para que sirva de fortaleza y castillo de guardia, en caso de necesidad; pagar a espías y correos al servicio de la defensa pública. Pero lo que no quiere es cargar también con la paga de soldados, pues siempre que han ido, ha sido a sueldo del rey. (83) Esta fue una larga contienda entre el cabildo y el virrey de Cataluña, el primero empeñado en que los pagara el virrey, y éste no menos obstinado en que corriera a cargo del cabildo, obispo y ciudad a partes iguales. Y se trataba tan sólo de 60 soldados, mientras del puerto de Lisboa saldrían unos 20.000 para la conquista de un reino del que luego no se sabría qué hacer. Llega a ser hasta trágicamente cómica la súplica desesperada del cabildo: «volvemos a suplicar a V. Exa. que nos mande hacer la merced, pues con 60 soldados bajo el mando del capitán Argensola… tendríamos confianza de estar seguros contra diez mil franceses». (84) Esto se escribía en mayo de 1583. Y cuatro años más tarde, en mayo también, redactaba Calasanz, en nombre del cabildo, su primera carta al virrey, que aún seguía negándose a pagar aquellos deseadísimos 60 soldados que no llegaron nunca. (85)

Esta actitud pasiva y despreocupada del virrey hace decir a Pujol: «Dejaba mucho que desear la conducta de los virreyes y en general de todos los funcionarios reales, tanto del orden judicial como del administrativo, más atentos a mejorar su posición que a velar por el cumplimiento estricto de las leyes y asegurar inflexiblemente la administración de la justicia». (86) Quizá no fuese tanto el egoísmo lo que les impidiera intervenir, sino la escasez de recursos en gentes y dinero para atender a todos sus frentes, como las amenazas constantes de los turcos en las costas mediterráneas, o la frontera francesa en sus pasos más orientales, o la preparación y reclutamiento de la imponente Armada Invencible. (87) Pero todas estas razones no convencían mucho a quienes sentían la amenaza diaria, y para ellos tan importante era defender la ciudad de Urgel del ataque de los hugonotes como todas las costas catalanas del peligro de los turcos. (88)

En realidad se temía más a los hugonotes que a los bandoleros. Así se desprende de las 24 cartas del cabildo, publicadas por Pujol, que van desde 1581 a 1587, antes de la llegada de Calasanz a La Seo. Y el temor y terror del cabildo estaba justificado, pues si llegaban, entrarían a sangre y fuego en la ciudad y —como buenos herejes— se ensañarían sobre todo con la catedral y el clero. Las noticias que les llegaban de las crueldades que estaban cometiendo en el fronterizo condado de Foix eran para estremecer a cualquiera: «hace pocos días —escribían al ausente obispo Moncada el 25 de mayo de 1582— en dicha villa [de Foix] los hugonotes han matado a más de cien hombres católicos y entre ellos a un canónigo, al que después de muerto han quemado en medio de la plaza». (89). Y un año más tarde, el 3 de mayo de 1583, decían al virrey: «Cuán importante sea la defensa de esta ciudad para la honra de Dios y de Su Majestad, puede considerarlo V. Exa. pues si ellos entraran, lo que Dios no permita, maltratarían —como han hecho en Cerdaña— los retablos y altares, los cuerpos santos y las reliquias y, en fin, profanarían las iglesias». (90) Ciertamente, era para echarse a temblar. El 23 del mismo mes volverían a escribir inútilmente al virrey: «cada día tenemos nuevas de que [los ladrones luteranos] aumentan en número y amenazan que han de entrar quemando y matando». (91) El único remedio que veían era que el virrey mandara soldados, y en caso de que se negara «no tenemos otro remedio para el clero —decían al virrey— sino dejar la iglesia y nuestra casa y bienes y transferirnos a otra parte segura, como creemos que lo hicieron nuestros predecesores en semejantes necesidades de guerra». (92)

Pero no se fueron. Tampoco llegaron por el momento los hugonotes a las murallas de la ciudad. Los temores de ataques inminentes disminuyeron. Hay alguna que otra escaramuza de bandoleros, que en años pasados preocupaban de vez en cuando seriamente, (93) pero aun entonces se les considera aliados con los herejes de Francia.

Es indudable que Calasanz, desde lejos, estaba enterado con más o menos detalles de lo que pasaba en Seo de Urgel y en el resto de su propia diócesis. Pero también en su misma tierra, como vimos, estaban todos en pie de guerra, por la actitud rebelde de los insurrectos de Ribagorza. Sabía, no obstante, que al encaminarse hacia Seo de Urgel no iba a encontrar precisamente un remanso de paz.

11. Arcabuces para los canónigos

Bajo los pórticos de la calle Mayor, uno de los temas obligados de todos los corrillos era «los bandoleros». Desde la muerte del obispo Moncada (8 de diciembre de 1586) habían aumentado sus atrocidades y su arrogancia. Los períodos de sede vacante eran propicios a los desórdenes, y especialmente de aquél, de dos años, escribió Pujol: «Aquella larga temporada que el Obispado de Urgel estuvo sin prelado ocasionó al país grandes perjuicios. Son inenarrables los crímenes, opresiones y excesos de toda clase que se cometieron en este tiempo; los bandoleros y otra gente perdida, dándose cuenta de la falta de prelado y por tanto de señor de la ciudad, único que con eficacia podía dar órdenes al veguer, su representante, para que movilizara a su gente y se aplicara la justicia con todo rigor, se envalentonaron extraordinariamente». (95) Y las doce cartas escritas por Calasanz, como secretario del cabildo, reflejan en todo su dramatismo los desmanes de los bandoleros y las angustias de los moradores de la ciudad, durante este aciago período de sede vacante.

En el verano de 1582 mandaba el virrey de Cataluña, duque de Terranova, al cabildo de Urgel que se proveyeran de 200 arcabuces para la defensa de la iglesia. Los canónigos hicieron una supervisión de su arsenal disponible y resolvieron comprar 70 arcabuces con sus frascos y suplementos y 100 picas, pidiéndolas al virrey mismo, confiados en que su criterio de selección era la mejor garantía de su buena calidad. (96) En la primavera del año siguiente vuelven a pasar revista a su armería y escriben al nuevo virrey, conde de Miranda, pidiéndole que mande escogerles y comprarles cien arcabuces con sus suplementos. (97)

Mas no sólo se preocupan los canónigos de tener el arsenal abastecido, sino también de designar a los jefes de grupos de diez, cincuenta y cien, y asignarles los sitios que deben ocupar en caso de necesidad. (98) Todo esto no debería ser cosa del cabildo, sino de los cónsules de la ciudad, pero —se lamentaban los canónigos en mayo de 1583— «los cónsules de esta ciudad… se comportan tan flojamente en la guarda de la ciudad, que ni en centinelas, ni en hacer ronda, ni en procurar municiones se ve en ellos fervor de guerra…». (99) Para colmo, añaden, los habitantes de esta ciudad no tienen experiencia de armas y son tan pocos que «apenas se puede contar en toda la ciudad con cien hombres para la defensa, y como la ciudad es muy antigua, tiene gran cerco y está muy poco poblada». (100)

Este estado de cosas y escasez de brazos para empuñar arcabuces nos explican perfectamente la página escrita por Calasanz, recién nombrado secretario del cabildo, que empezaba así: «Memorial de los arcabuces que se han dejado a los señores canónigos el 13 de abril de 1587…». Y seguía la lista de todo el venerable cabildo con la asignación consiguiente de su arcabuz y adminículos, y al final constaba también: «Calasanz, un arcabuz con frasco y frasquillo sin bolsa». (101)

La situación, en efecto, se agravaba de día en día. El 25 de mayo escribía Calasanz al virrey su primera carta oficial en nombre del cabildo, a la que seguirían otras nueve —todas ellas, naturalmente, en hermoso catalán— pidiendo auxilio desesperadamente y relatando hechos espeluznantes, casi como una crónica de lo que pasaba en la ciudad. He aquí una antología de párrafos selectos:

(25 de mayo de 1587) «… celosos de la honra de Dios y de su Majestad y afligidos por la tiranía de esta tierra y de tanta sangre derramada por los caminos, que tenemos presente por la muerte de dos hombres, que estos foragidos han degollado hace dos días, en tierra de su Majestad y en el camino real, al volver de esta ciudad, adonde habían sido llamados para declarar…» (102)
(25 de junio de 1587) «… bandoleros y gente facinerosa que va por las comarcas, y que nos tienen tan acosados, derramando sangre de los pobres pasajeros con tan horrendas crueldades que no podemos dejar de importunar y suplicar a V. Exa…; parece que las diligencias que se han hecho estos días los han encarnizado tan de veras que sin ocasión ni propósito matan y desfiguran a pares a los hombres en diversas partidas de esta tierra…» (103)
(Agosto de 1587) «Por muchas otras cartas hemos escrito y avisado a V. Exa. de la tiranía grande y abusos que cometen los foragidos en esta tierra, y continuando en ello, hemos oído en este punto el estrago y crueldad que ahora, de nuevo, en nuestra villa de Alós han hecho, en la que han matado a dos o tres hombres y quemado algunas [casas?] y tienen sitiada a la mayor parte de la gente de dicha villa en la iglesia…» (104)
(Septiembre de 1587) «… ni la gente facinerosa deja de perpetrar cada día enormes crueldades matando y descuartizando a hombres por caminos y poblados, además de la tiranía de los caminos por los que de ninguna manera se puede pasar sin caer en manos de ladrones que los despojan… [y los hugonotes] ya se atreven a robar en las iglesias como han hecho en la villa de Andorra que han dejado sin el Santísimo Sacramento…» (105)
(Octubre de 1587) «… es ya tanto el descaro y nos tienen tan acosados que la mayoría de los días llegan hasta la puerta de la ciudad persiguiendo y matando a quien les parece y, como sus maldades van cada día en aumento y hay aquí tan poca justicia, lo cierto es que no sólo no nos dejarán salir de la ciudad, como ya no osamos hacer ahora, sino incluso de nuestras casas…» (106)
(Enero de 1588) «Si esta ciudad, por estar sin justicia y —por observar la nueva constitución— desarmada, no pudo resistir a unos pocos bandoleros que la víspera de Reyes llegaron al único portal que estaba abierto y allí asesinaron a dos pacíficos ciudadanos y si diariamente tenemos avisos de que los herejes de la frontera de Francia arden en deseos de saquear esta iglesia, que Dios ha puesto para la defensa de estas comarcas, y si diariamente tenemos ejemplos de iglesias robadas, que están más adentro del Principado de Cataluña que la nuestra, considere V. Exa. los peligros que nos amenazan y lo que quizá hubiera sucedido ya, si los puertos no estuvieran cargados de nieve, pues en esto solo consiste nuestra defensa…» (107)

La viveza con que describe José de Calasanz la gravedad de la situación hace inútil cualquier comentario. Los hechos se comentan por sí mismos.

A raíz de lo sucedido la víspera de Reyes, determinó el cabildo adelantar las Completas, rezándolas en pleno día, después de Vísperas, y no al anochecer; igualmente dejaron los Maitines para el día siguiente, al alba. Decidió también que por las noches durmiesen en la sacristía de la catedral dos hombres, eclesiásticos los dos o al menos uno de ellos, para montar guardia y vigilar por turno. (108) Y seguramente más de una noche le tocaría a Calasanz el turno de vigilante, por ser uno de los más jóvenes y robustos, como veremos luego.

A pesar de las muchas razones que impedían la intervención de las fuerzas armadas del virrey, nos quedamos con la sensación de que no era justo abandonar a su suerte a aquella gente, tan lejana y aislada, sin dar una muestra de buena voluntad, mandándoles al menos a aquellos sesenta deseadísimos soldados. Pero nada. Y no hubo más remedio que decidirse: los canónigos cargaron sus arcabuces y…

Es la última carta de Calasanz al virrey, fechada el 1 de abril de 1588. Y dice: «… como hasta ahora no hemos conseguido el remedio que confiábamos obtener de mano de V. E. por tan justo título y por tanta necesidad, ha llegado la desconfianza de unos y otros a tal extremo que habiendo pasado estos días unos cuantos luteranos de Francia en número de 20 a 30, bajo las órdenes de un tal Plometa, demostrando con sus palabras que lo harían, hoy, acompañados de otros ladrones y gente facinerosa han venido a escaramuzar esta ciudad, de manera que velando por la honra de Dios muchos eclesiásticos han tenido la necesidad de tomar las armas y en la refriega, que ha durado desde mediodía hasta la noche, han matado a un hombre de la ciudad, pero de los enemigos ha quedado un muerto en el campo y se han llevado a algunos heridos, sin que sepamos con precisión lo que pasa; de lo cual han mostrado los enemigos de Dios estar tan irritados, que se han mantenido fuertes hasta ahora, que es de noche, obligando a la ciudad a hacer centinela continua y al cabildo a proveer muy bien la defensa de la iglesia…» (1O9)

Quizá la catedral se convirtió por un día en fortaleza y desde las galerías altas de su ábside exterior asomaron los arcabuces de los canónigos, y dispararon… Y se puso el sol. Y cayó la noche del primero de abril. Y en aquellas horas finales del día escribía Calasanz al virrey… «ahora, que es de noche…»

El 27 de enero del año siguiente recibió Calasanz el sueldo que se le debía y «se despidió» del Cabildo. (110) Y ese mismo día se escribía en el libro de actas: «A los 27 de enero de 1589 devolvió Calasanz al Cabildo dos arcabuces, esto es, uno por él y el otro por Rostoll, con sus frascos y frasquillos». (111) ¿Llegó a dispararlo alguna vez?

12. «Sede vacante»

Las preocupaciones del cabildo durante la sede vacante no se centraban tan sólo en la defensa de la ciudad episcopal contra los hugonotes y bandoleros, sino que tenían de mira, principalmente, la solicitud pastoral por toda la diócesis. Y esto le honra. Llevaban ya diez meses sin prelado y con pocas esperanzas de que se nombrara sucesor con relativa rapidez. Por tanto, sintiendo que la necesidad apremiaba, decidieron en la reunión capitular del 12 de octubre de 1587 girar visita pastoral a toda la diócesis.

Se hizo, pues, el reparto de los 17 arciprestazgos del modo siguiente: se nombró visitador del oficialato de Cerdaña al decano del cabildo, Pedro Pascual; el de Urgel, o Mayor, fue adjudicado a Pablo Boquet; a Rafael Gomis le dieron los de Tremp, Balaguer, Guissona, Agramunt, Sanahuja, Oliana y Pons; a Juan Besturs le tocaron los de Sort, Tirvia y Cardós; finalmente, a Francisco Roca le encomendaron los de Berga, Bagá, Cardona, Solsona y San Lorenzo. Por los trabajos y zozobras que suponía la visita, asignaron a los canónigos Gomis y Roca 50 libras a cada uno, pues tenían mayor número de oficialatos que visitar, y a los otros tres, Pascual, Boquet y Besturs, 30 libras a cada uno, pues —aclaraba Calasanz que escribió el acta— «no tenían que visitar tanta ni tan mala tierra». (112)

Lo que no sabía aún, mientras escribía esto, es que Gomis le elegiría a él como acompañante para recorrer «tanta y tan mala tierra», entre la que estaba incluido su pueblo, Peralta de la Sal, perteneciente al oficialato de Balaguer.

Merece la pena resaltar las recomendaciones que el cabildo daba a los visitadores: no deben tomar ni pedir componenda alguna ni regalos, salvo que fueran estos de poca monta, se les ruega encarecidamente que visiten las iglesias y a quienes las rigen, con la rectitud que necesitan; finalmente les dicen que «si durante la visita robaran algo a los visitadores, el cabildo les resarcirá de lo robado, pero vayan en todo lo que lleven con moderación y sin fausto». (113) Después de lo dicho sobre el bandolerismo, no puede extrañarnos esta referencia a posibles robos y despojos de atracadores y bandidos. Más todavía, nos causa profunda admiración el pensar que de las diez cartas desesperadas que mandó Calasanz al virrey de Cataluña pidiendo auxilio contra los bandoleros, nada menos que nueve fueron escritas antes de emprender esta visita, y de ellas las dos últimas en el mes de octubre, días antes de salir de Urgel.

Tales visitas, pues, se convertían en verdaderas aventuras por aquellas escarpadas montañas, por caminos pedregosos e imposibles, por desfiladeros pavorosos, por barrancas y torrenteras inhóspitas; con la angustia de topar en aquellas soledades, en cualquier recodo del camino, con una cuadrilla de salteadores. Más de una vez evocarían aquella página de la carta de San Pablo a los Corintios, en el viejo latín de la Vulgata: «in laboribus plurimis… in itineribus saepe: periculis fluminum, periculis latronum… periculis in solitudine. . .» (2 Cor 11,23-27).

La decisión capitular se llevó a cabo inmediatamente. Se tomó el 12 de octubre, y el 25 de noviembre, al reunirse de nuevo el cabildo, se había ya realizado. (114) Janer anotó escrupulosamente los días de ausencia de Calasanz en su casa para descontarle la pensión, y dijo que habían sido exactamente 39 días de visita. (115) En este largo y pesado viaje, Calasanz hizo de secretario del visitador, y de ello han quedado —hasta ahora— dos cartas escritas por él y firmadas por el canónigo Rafael Gomis. La primera está fechada en Tremp, el día 26 de octubre, y se pide al cabildo que mande respuesta a Balaguer, donde efectivamente se firma el segundo documento el día 8 de noviembre.

No deja de tener su interés la cuestión que el visitador consulta al cabildo, referente a la iglesia de Tremp, de la que sería nombrado oficial eclesiástico año y medio más tarde (1 de julio de 1589) el entonces secretario de la visita, Calasanz. Dice la carta: «he hallado que en la definición de los testamentos el Oficial [eclesiástico] y el notario se reparten a partes iguales el derecho de los legados píos que son de valor inferior a cien libras y dicen que esto es cosa antigua y que el notario tiene arrendadas las escribanías con esos pactos del sr. canónigo Barthomeu o de los arrendadores». (116) ¿Qué respuesta dio el cabildo? ¿Gozó también de esos repartos Calasanz, cuando fue luego oficial eclesiástico de Tremp?

Por el documento firmado en Balaguer el 8 de noviembre, sabemos que cinco días antes, el día 3, visitador y secretario estaban en Peralta de la Sal, donde el párroco don José Texidor y beneficiados les presentaron una súplica de reducción de misas fundadas, que eran muchas (2.743), con un estipendio mísero de un sueldo por misa. Lo mismo hizo el párroco de Gabasa, apelando ambos a la pobreza de las parroquias. (117) Calasanz era testimonio fidedigno del estado real del clero de su pueblo y de Gabasa, por lo que el visitador, consciente de la pobreza de ambas parroquias, concedió la reducción elevando el estipendio a un real (dos sueldos). (118)

La visita a Peralta nos cerciora de que además de las siete cabezas de arciprestazgo, pasaron también por otros pueblos, y lo mismo se desprende de la carta escrita en Tremp, en que dice el visitador: «Hoy he visitado la iglesia de Tremp y he encontrado gran satisfacción tanto por la Comunidad [del clero] como por el Pueblo, y así pienso que en lo demás del Oficialato habrá poca dificultad». (119) No obstante, no pudieron recorrer todas las parroquias, pues 39 días no daban para tanto. Indudablemente para el joven sacerdote José Calasanz debió de ser una experiencia maravillosa. Por primera vez salía del ámbito cerrado de las curias episcopales y se ponía en contacto directo con la vida real de las parroquias, con la pobreza y simplicidad del clero rural y con la miseria de tanta gente del pueblo.

13. El Vicario General Antonio de Gallart y de Mongay

A últimos de enero de 1588 fue preconizado a la sede de Urgel fray Andrés Capilla, cartujo, que por hallarse comprometido con otros tres eclesiásticos en la visita apostólica de los Benedictinos claustrales y de los Canónigos Regulares de San Agustín en el Principado de Cataluña y condados de Rosellón y Cerdaña, no pudo tomar posesión de esta sede personalmente, por el momento. Pasados unos meses, optó por mandar a Urgel, para que tomara posesión como procurador suyo y Vicario General de la diócesis, a don Antonio de Gallart y de Mongay, que así lo hizo en abril de 1588. (120)

Fray Andrés Capilla había nacido en Valencia y don Antonio de Gallart también. Capilla hizo sus estudios y se doctoró en Teología en la Universidad valentina, entró en la Compañía de Jesús y fue luego Rector del colegio San Pablo de Valencia. Es posible que por estas u otras razones hubieran surgido relaciones de amistad entre los dos valencianos, Capilla y Gallart, o sus familias. Fue también Capilla el primer maestro de novicios que tuvo la Compañía en toda la Corona de Aragón, y precisamente en Tarragona. Más tarde, dejó Capilla la Compañía de Jesús y entró en la Cartuja, que «le había atraído desde joven». Profesó en la de Scala Dei, en Tarragona, en 1570. Fue sucesivamente Prior de la cartuja valenciana de Porta Coeli (1574), de Scala Dei (1575), de El Paular, cerca de Madrid (1576), de Nápoles (1579), de Milán (158 184) y nuevamente de Scala Dei (1584-86). (121)

Don Antonio Gallart hizo su carrera completa de leyes en el Estudio General de Lérida en los años 1577-1584, y es probable que cursara allí Artes y Filosofía, en los años 1575-1577. Si fue así, conoció perfectamente a José Calasanz en ambos períodos, y si sólo cursó leyes, le conoció al menos durante los dos últimos años que Calasanz estudió Teología en Lérida (1581-1583). Siguió luego Gallart en la misma universidad regentando una cátedra en los años 1584-1587, después de doctorarse en leyes en 1584. (122)

Mientras estudiaba en Lérida y ejercía de catedrático, preparándose a la vez al sacerdocio, tenía otros dos hermanos ya sacerdotes: Agustín, prior de la abadía benedictina de Gerri de la Sal, y Francisco, canónigo de Tarragona desde 1582. Este último murió en 1603 y fue enterrado en la cartuja de Scala Dei, donde fueron sepultados también otros hermanos suyos. Don Antonio mismo, en su testamento del 8 de agosto de 1609, dispuso que «dondequiera que le sorprendiera la muerte, fuese trasladado a la Cartuja de Scala Dei, y allí, en modesta sepultura, fuese enterrado al lado de sus hermanos, que, como él, habían sentido por aquella casa devoción especial». (123) Todo esto nos induce a concluir que durante el segundo priorato de Capilla en Scala Dei (1584-1586) y años posteriores hasta su traslado a la sede episcopal de Urgel —en que seguía residiendo en dicha cartuja, salvo las ausencias impuestas por su oficio de visitador—, se estrecharon los vínculos de amistad entre Capilla y los hermanos Gallart. Más todavía, en 1587 obtuvo Antonio un canonicato en la Metropolitana de Tarragona (124) y el 12 de marzo del año siguiente se ordenó allí mismo de sacerdote, por lo cual quedaba mucho más cerca de Scala Dei.

La gran estima que sentía Capilla por Gallart queda patente al designarle como procurador para tomar posesión de la sede de Urgel, añadiéndole el nombramiento de Vicario General, cuando aún no había pasado un mes de su ordenación sacerdotal. Y la carrera de honores que siguieron comprueba que la distinción con que le honraba Capilla no era simple fruto de su amistad personal, sino también de sus innegables valores personales. (125)

El 9 de abril de 1588 presentaba don Antonio de Gallart y de Mongay al cabildo de Urgel la bula papal de nombramiento del nuevo obispo y su propia autorización de procurador para tornar posesión oficial, acto que realizó tres días después en la catedral con la anuencia de toda la corporación capitular. (126) Días después hubo otra ceremonia similar ante el Concejo municipal, en que se le prestó el juramento y homenaje acostumbrado, como procurador de su señor temporal, el nuevo obispo. (127)

Desde abril, en que llegó a la Seo, hasta la víspera de Navidad, en que hizo su entrada solemne el obispo, don Antonio Gallart actuó con plenos poderes, salvo los reservados al orden episcopal. Calasanz, como secretario del cabildo, anotó en el libro de actas muchas de sus disposiciones, entre las cuales: la concesión de un beneficio eclesiástico en la parroquia de Agramunt (junio de 1588); otros en las colegiatas de Tremp, Guissona, Llimiana (julio de 1588); nombra nuevo oficial eclesiástico del oficialato de Sort (octubre de 1588); concede dimisorias a clérigos urgelenses para ordenarse fuera de la diócesis (diciembre de 1588), etc. (128) Y entre esos decretos y concesiones hay dos particularmente interesantes para nuestra historia: el nombramiento de Calasanz para Rector o Plébano (párroco) de las dos parroquias conjuntas de Claverol y Ortoneda, cuyo título le vemos atribuido por primera vez el 12 de noviembre de 1588, (129), y el permiso —firmado ese mismo día en Urgel— para edificar una capilla o ermita particular, a petición de Francisco Motes, en el caserío de Pont de Claverol, que bendeciría a su tiempo, una vez terminada, el párroco de Claverol, es decir, José Calasanz. (130) Pero de este asunto hablaremos más adelante. Notemos, por el momento, que este nombramiento no exigía residencia —no lo exigió al menos en este caso— del titular, quien designó un vicario para el cuidado pastoral directo de ambas aldeas. Con esta especie de beneficio, don Antonio Gallart daba muestras de su benevolencia, mejorando el módico sueldo que percibía Calasanz por sus servicios al cabildo.

Otra prueba de amistad y confianza que por el secretario del cabildo sentía el Vicario General interino se la dio a raíz de la muerte de su hermano, el abad del monasterio de Gerri de la Sal, Agustín Gallart. Había sido nombrado obispo de Elna, el 27 de julio de aquel mismo año 1588, sede que ocuparía veintiún años más tarde (1609-1612) el propio don Antonio Gallart. No pudo, sin embargo, tomar posesión y murió en el monasterio el día 7 de diciembre de 1588. (131) Desde Urgel emprendió viaje hacia Gerri don Antonio y se llevó por acompañante a Calasanz. La noticia la sabemos por Janer, que anotó cuidadosamente los días que estuvo de viaje, que fueron seis, y el motivo del mismo, para lo cual le pidió dinero prestado. (132)

Es probable que pasaran del valle del Segre al del Noguera Pallaresa por senderos de montaña que desde las cercanías de La Seo van a parar a Sort y que, dadas las fechas, encontraran nieve en las alturas. El nombre de Gerri de la Sal y las salinas que lo justifican —todavía hay algunas— harían pensar a Calasanz en su pueblo, aunque el paisaje era mucho más abrupto, y el río más caudaloso, y el puente románico, con su altísima y anchísima arcada única, mucho más monumental que el de Peralta. De la abadía medieval queda casi intacta la iglesia del siglo XII con sus características galerías laterales bajo los aleros y la esbelta espadaña sobre el pórtico de la entrada. Nada queda de los claustros. Sólo huellas de destrucción y abandono, consecuencia de la nefasta desamortización de Mendizábal, que suprimió el cenobio en 1835.

14. Llegada a Urgel del nuevo obispo, Fray Andrés Capilla

Las muchas súplicas dirigidas al virrey de Cataluña por el cabildo, pidiendo refuerzos contra herejes y bandoleros, fueron totalmente inútiles. Y ni amainaba el peligro ni cesaban los crímenes y excesos de los forajidos. Era evidente que la ausencia de autoridad competente —del obispo y señor territorial— envalentonaba cada vez más a los delincuentes. El obispo estaba ya designado desde principios de año, pero las obligaciones que le impuso el rey le impedían ocupar la sede. Calasanz, en nombre del cabildo, escribió una carta a Felipe II —que no ha aparecido todavía—, en la que le pedía que dejara ir a su sede al obispo de Urgel. Y con fecha de noviembre escribía otra al mismo obispo Capilla, cuyos párrafos centrales son como un último grito desesperado que añade nuevos detalles al dramatismo de las cartas escritas a los virreyes del Principado. No necesitan comentario:

«… en un tiempo como éste, tan lleno de dificultades, es prueba de la gran misericordia de Dios el darnos a Persona de tan buenas cualidades y prendas; y eso es motivo suficiente para que Vuestra Señoría nos haga la merced de venir a velar por sus ovejas y hacer frente a tantos atropellos como padecen; porque además de estar tiranizados y oprimidos esta su ciudad, comarca y caminos públicos, y de derramarse impunemente la sangre humana y de no poder los pobres ser dueños de sus haciendas y mujeres, se han entregado los gascones y otra gente facinerosa a prender a tantos sacerdotes y a maltratarlos para sacar mayores rescates, que la ciudad está llena de Párrocos, obligados a apartarse de sus residencias para evitar la muerte o el cautiverio. Y por cuanto entendemos que su Majestad impide a Vuestra Señoría que venga a verificar lo que tanto importa a esta su Iglesia, a la honra de Dios y provecho de sus ovejas hemos escrito a su Majestad suplicándole que dé licencia a Vuestra Señoría para venir a comenzar esta empresa de Residencia que es tan necesaria, y así lo suplicamos a Vuestra Señoría con todo encarecimiento». (133)

Por fin se cumplieron los deseos y esperanzas del cabildo, pues monseñor Capilla anunció a mediados de diciembre su inminente llegada a su sede. El 15 de dicho mes el Concejo municipal tuvo sesión plenaria y ante la noticia de que el obispo estaba ya en Lérida se decidió que, siguiendo la costumbre, el Cónsul ‘en cap’ (primero en dignidad) escogiera los acompañantes que creyera conveniente y bajaran a Lérida a darle «el parabién». (134) Al día siguiente, el cabildo acordó igualmente mandar a Lérida a dos representantes, que fueron el Arcediano Mayor, Rafael Gomis, y el canónigo Antonio Pablo Boquet. Y el 24 de diciembre, víspera de Navidad, hizo su entrada solemne en Seo de Urgel fray Andrés Capilla. (135)

El Vicario General, don Antonio Gallart, quedó todavía hasta mediados de enero de 1589 para informar debidamente al nuevo obispo sobre la situación y problemas de la diócesis. (136) Y no parece mucho suponer que recomendara la designación de Calasanz para familiar de Capilla, no sólo por las innegables dotes personales que debió advertir en los largos meses de convivencia, ni por la simpatía y amistad que por él sintiera, sino incluso por las experiencias anteriores en ese puesto de confianza con los obispos de Barbastro y Lérida, que podían acrecentar sus méritos ante el obispo nuevo, novato y sin experiencia alguna en el gobierno de una diócesis.

El caso es que documentalmente sabemos que el día 3 de febrero de 1589 era ya «familiar» de Capilla. (137) El 27 de enero redactó, como secretario, el acta oficial de la sesión capitular del día en el ‘Liber conclusionum’ —su última acta— y ese mismo día dejó ambos cargos de secretario capitular y maestro de ceremonias y «se despidió» del cabildo. (138) Hubo, además, otra despedida, pues sus nuevas funciones de familiar del obispo exigían residir en el palacio episcopal. Por esta razón, el día primero de febrero dejó la casa de Janer para trasladarse a palacio. (139) Cambiaba, pues, de casa y de oficio, y en cierto modo también de vida.

Notas

1 Cf. POCH, ‘El Fundador…’, p.234.
2 Cf. C. BAU, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cuba’, p.21
3 «Mossen Joseph Calaçans ha 24 de marts, 1587, ha rebut a bon compte per lo salari de secretari del Ille. capítol y de mestre de serimonies, lo qual ha comenssat als 12 de febrer» (cf. P. PUJOL, ‘Sant Josep de Calassanç…: Obra completa’, p.285).
4 Cf. n.45 del cap. 3.
5 Cf. G. COLAS-J. A. SALAS, ‘Aragón en el s. XVI. Alteraciones sociales y conflictos políticos’, p.136-137.
6 Cf. F. L. PIÉRREZ, ‘Historia del Condado (1622)’, en J. M. DE MONER, ‘Biblioteca de escritores ribagorzanos’ (Zaragoza 1884), p.160.
7 Cit. en G. COLAS-J. A. SALAS, o.c., p.138.
8 Cf. ib., p.138-140.
9 Así escribe hacia 1746 el benemérito buscador de documentos calasancios, José Bardaxí (cf. J. POCH, ‘Tres testamentos…, p.461).
10 Ib., p.460.
11 Ib., p.461-462. Bardaxí, en el texto aducido, no dice que se nombra a María (hija) el testamento de 1586. Cf. ID., ‘Mossén Joseph Calassanç a la diócesi d’Urgell (1587-1591): Cat. 195 (1977) 43. Con fecha del 25 de noviembre de 1592 escribe Calasanz al párroco de Peralta, mandando saludos «a mis sobrinas de la casa de Pere Ferrer», sin aludir a la madre de ellas, que era María, y luego «a mi hermana y sus hijas», es decir, Magdalena, cuyo hijo Antonio Juan Pastor «y a su madre» ha nombrado antes (cf. c.4). Si no da nombre a su hermana es porque sólo le queda una en Peralta, que es Magdalena. Luego María ya había muerto en 1592. Tampoco nombra a María en carta del 12 de mayo de 1593, al acusar la muerte reciente de Magdalena, como parece lógico que la nombrara (cf. c.5).
12 Cf. J. POCH, ‘Aportación documental biográfico-calas.’, p.268.
13 Cf. J. POCH, ‘Tres testamentos…’, p.468.
14 Cf. BAU, BC, p.149.
15 Cf. J. POCH, I.c.
16 Cf. TALENTI, ‘Vita’, p.21-22. Sin duda, se basó en un escrito titulado ‘Notizie prime del B°. Padre dall’infanzia 1556’ (RegCal 13,6,1), en que se lee: «Trovandosi giá il Ven. Padre sacerdote e cappellano nella chíesa Parrochiale di Santa Maria di Peralta, fondó un anniversario perpetuo che attualmente si celebra ogni anno… in suffragio delle sante Anime del Purgatorio.»
17 Arch. Cap. Urgel, ‘Liber conclusionum et statutorum ecclesiae Urgellensis a die 10 aprilis 1570 usque 18 aprilis 1608’, f.154v. Cit. en P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades de l’estada de Sant Josep de Calasanç al Bisbat d’Urgell (1587-1591) ms. (copia íntegra en mi poder), p.28, n.50. Lamentamos que este documentadísimo artículo del citado investigador no aparezca en su Obra completa (Ed. Andorra, Valls d’Andorra 1984). Los autores J. Mir y J. Poch dicen que eran ‘once’ oficialatos solamente (cf. J. MIR DURÁN. ‘S. José de Calasanz gloria de la diócesis de Urgel y honor de su clero’, en [C. Rabaza] ‘Memorias de un cronista’ [Valencia 1912], p.342; J. POCH, ‘Mossen Josep Calassanç a la diócesi d’Urgell’: Cat 195 [1977] 3). No obstante, Poch cita luego diez nominalmente (ib., p.7), entre los que no aparecen La Seo, Tremp, Sort, Tirvia y Cardós, los cinco relacionados precisamente con Calasanz. Además, aduce un documento inédito (ib., p.8) de 1671 que empieza así: «El bisbat d’Urgell consta de tretze oficialats…», y por esas fechas así era, pues al formarse la diócesis de Solsona (1593) se desmembraron de Urgel cuatro oficialatos (Berga, Cardona, Solsona y Bagá), que con los dichos 13 suman 17.
18 En un documento, fechado el 25 de noviembre de 1808, referente al obispo de Urgel don Francisco Dueña, constan los pueblos y sus términos que todavía eran señorío episcopal: «Els llocs i viles en els quals la Mitra d’Urgell té jurisdicció temporal son: la ciutat d’Urgell i son terme; Sanahuja i son terme; Guissona i son terme; Vilamitjana i terme; Tremp i terme; Pla de Sant Tirs i terme; Valldarqués i Riera Salada; Amurri i terme; Torres i terme; Arcabeli i terme; Coborriu i Llosa i terme» (cf. J. POCH, o.c., p.13).
19 En un documento de la época se lee: «Impetró por Juezes al Rdo. Obispo de Urgel o a su Official y Vicario General y un tal Juan Pujol, plebá de Balaguer que es ‘in partibus’ Vicario General sólo en Balaguer y su districto y no en la Seu de Urgell, ni en Tremps (sic), Sanahuja, ni Agramunt, donde el dicho Rdo. obispo tiene sus particulares Officiales y Vicarios Generales, porque el que es General es el canónigo Sebastián Moles que está y reside en la Seu Cathedral de Urgell» (Arch. Minist. As. Exter., fondo S. Sede, Leg. 51, s.f.).
20 J REGLÁ, ‘Els Virreis de Catalunya’ (Barcelona 19703), p.21-22.
21 ID., ‘La España de los Austrias, en Historia social y económica de España y América’, direct. J. VICENS VIVEs, t.III, p.65. En esta obra da la estadística completa del mencionado memorial. A Solsona le atribuye 40.000 ducados, mientras en la otra obra de la nota anterior le daba sólo 4.000. Lo cual nos hace sospechar que Urgel debería tener en estos cálculos 7.000 y no 70.000. De hecho, en otra relación de 1567 de un embajador veneciano se dice que Urgel tiene 7.000 escudos de renta anual, Tarragona 12.000, Barcelona 4.000, Lérida 9.000, Tortosa 14.000, Gerona 2.000 y Vich 2.000 (cf. J. ALIAGA GIRBES, ‘Relación del viaje del embajador veneciano Sigismondo di Cavalli a España [1567]’: Anthologica Annua 16 [1968] 471).
22 Cf. ‘Historia de la Iglesia en España’, dirigida por R. GARCÍA-VILLOSLADA, vol. III-1°., p.187. Respecto a las rentas del resto de España, la que va en cabeza es la diócesis de Toledo con 25.000 ducados de renta y 7.000 de pensiones, o sea 32.000 en total. Y siguen en orden descendente otras 16 diócesis antes de llegar a la de Tarragona, que es la más rica de Cataluña. De las 48 diócesis españolas no constan las rentas de 7 (Barcelona incluida) y sólo hay 13 (incluidas Gerona y Vich) cuyas rentas son inferiores a las de Urgel.
23 La renta del obispado de Barbastro por entonces, en tiempo de Urríes (1573-1585), era similar a la de Urgel, y se consideraba también pobre: «… algunos dellos (parientes de Urríes) eran pobres. Con serlo también el Obispado hazía muchas limosnas… No llegava a quatro mil ducados la renta…» (J. LÓPEZ, ‘Historia General de Sto. Domingo y de su Orden de Predicadores’ (Valladolid 1613), tercera parte, lib.I, c.64, p.276). E. Cock escribió: «Tiene la mesa episcopal [de Basbastro] cada año cinco mil ducados» (cf. E. COCK, o.c., p.1368).
24 “… nos vem impossibilitats absolutament de poder contribuir en la paga de 60 soldats… perque certificam a V. Ex. que desde aquella volta que forem contents de contribuir en semblant cosa fins ara han disminuit les rendes de aquesta iglesia cinc millia lliures y que havem gastat sis díes en fer lo cálcul de nostres rendes… que nons abastarán per les distribucions y gastos ordinaris de la iglesia que cesar no poden, ans be per suplir a aquelles haurem de manllevar diners a censal ultra de dos millia lliures que estos díes havem pres a Barcelona…» (Carta de Calasanz al virrey, fechada el 25 de mayo de 1587. Cf. EGC x, p.395). Cinco mil libras catalanas equivalían a 4.460 ducados catalanes. Un mes más tarde volvía a repetir Calasanz al virrey que no podían pagar sesenta soldados: «nosaltres escriguerem a V. Ex. que la iglesia no tenía remey de fer ho ayxí per sa pobresa» (ib., p.398). En la aludida carta al virrey (11 de junio de 1581,) era el cabildo solo el que se había ofrecido a pagar 20 soldados, si hacían lo mismo el obispo y la ciudad, y decía: «todavía ab tot que aquest Capítol está arruhinat així per los molts gastos que patí lo ivern passat com perque en los arrendaments ha disminuit de mes de mil ducats…» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, p.318). Y en otra (9 de mayo de 1583) confesaba «tenint daltra part los beneficis tant tenues que quant havem pagat lo scusado y quarta, apenas reste per apassar la vida honestament» (ib., p.323). Todo lo cual está en pugna con la riqueza de que habla Reglá.
25 Ib., p.613
26 Ib., p.567.
27 Ib., p.473-474.
28 Pujol dice que no superaba los 1.500 habitantes (ib., p.474). El «fogatge» de 1553 le daba 227 fuegos, es decir, 1.135 habitantes (cf. J. IGLESIES, ‘El fogatge de 1553’, vol. I, p.71), pero otro «fogatge» de 1564, quizá más verosímil según se explica el autor, contaba en La Seo 292 fuegos, es decir, 1.460 habitantes (cf ib., p.149-151).
29 El Manual empieza el 1 de julio de 1587 y termina el 31 de diciembre de 1590, y se conserva en la Biblioteca de Cataluña (Barcelona), ms. 1239. El Mayor empieza el 1 de julio de 1587 y termina el 31 de diciembre de 1592 y se conserva en la misma biblioteca, ms. 1240. Sobre ambos libros hizo dos estudios minuciosos don Pedro Pujol i Tubau, uno de los cuales, ya publicado en ‘Estudis Universitaris Catalans’, 18 (1933) 1-91, ha sido incluido en su ‘Obra completa’ (Valls d’Andorra 1984), p.473-554, y lleva por título ‘Antoni Janer i Catd, mercader, a la Seu d’Urgell, a finals del segle XVI’. El segundo versa sobre San José de Calasanz y sigue inédito, como hemos consignado en la nota anterior 17.
30 Así lo cree Pujol en ‘Noves dades…’, p.8, apoyado en referencias múltiples de los libros de Janer.
31 Cf. ib., p.8. Las notas de Janer dicen: «Divendres a XI de Mars, any MDLXXXVIII. Deu lo sor. Juseph Calesans 70 lliures, y son per la despesa de un any de hel y de un criat seu; la qual comensá al primer de Juny del any 1587 y finará al darrer de Maig del present any 1588…». Y el 28 de enero de 1589: «Dissapte a XXVIII de Janer 1589. Deu lo sor. Juseph Calesans 46 lliures, 13 sous y 4 dinés, y son per la despesa dél y de son criat, per vuit mesos, a rahó de 70 lliures per any» (ib.).
32 Cf P PUJOL I TUBAU, ‘Antoni Janer i Cata’ p.523
33 Ib.
34 Ib., p.478.
35 Aparecen cuatro seguidos: Pere Entreaygues (1586-1587), Tomás Peyrot (1588), Joan Berthomeu (1589), Guillem Timoneda (1589-1590) (cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.480-481).
36 Respecto a la pensión, cf. n.31 anterior. Otras notas: «(23-12-1588) per una camisola per son criat x sous»; «E a 4-2-1589 4 lliures, 9 sous, 4 diners per roba per son criat»; «(2-9-1589) 2 lliures, 14 sous per lo drap de la capa de Coromines»; «(30-6-1590) 1 lliura, 5 sous per huna capa per lo mosso»; «(11-5-1591) 4 sous per hun criat seu» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, p.19).
37 Cf. el doc. íntegro en ID., ‘Obra completa’, p.334, n.V. La recomendación de Calasanz se expresa así: «Persone tue merita quibus apud nos fidedigno commendaris testimonio…». Y figura como testigo: «presentibus ibidem Rdo. Josepho Calaçans, presbitero».
38 Cf. ib., p.486.
39 Su acta de defunción dice: «Als 8 de octubre de 1603 morí lo Rnt mossén Jaume Joan Coromines, Beneficiat de la Catedral de Urgell. Fonch sepultat en la Pietat» (Arch. parr. de Sant Ot, UrgelI, ‘Llibre de defuncions de 1598 a 1638’, 6, cit en P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, n.102).
40 Cf. ID., ‘Obra completa’, p.522-523.
41 En cinco días, desde el 19 al 24 de diciembre de 1588, consigna Janer cuatro entregas a Calasanz con la respetable suma de 16 libras y 4 sueldos «para sus intenciones» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, n.63). Y dadas las fechas se puede pensar que más de una familia pobre pasaría mejor las Navidades. Hay un asiento que dice: «Deu lo sor. Juseph Calesans Rector de Claverol 44 sous… per vestir a Bernardí per amor de Deu» (ib., p.18). ¿Quién sería? ¿Un simple mendigo callejero?
42 lb., n.61 bis.
43 P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, p.479, n.18.
44 «Als 13 juliol 1606 morí lo magnific mossen Antoni Jener, cónsol, avent rebut tots los sagraments de santa mare Iglesia. Fou sepultat en la sua capella dins la Comunitat de Urgell» (ib., p.480, n.24). Los cónsules eran cuatro y anuales, y tenían en su mano el gobierno de la ciudad. En el Acta de sepelio del obispo Hugo Ambrosio de Moncada se citan los nombres de los cuatro y se añade «consols lo any present de la ciutat de Urgeli» (Arch. Cap. Urg., ‘Liber conclusionum el stalutorum Ecclesiae UrgeL, a die 10 aprilis 1570 usque 18 aprilis 1608’, f.146v). No se puede precisar si Janer era cónsul cuando murió o lo había sido años antes.
45 El 29 de agosto de 1606, desde Sanahuja escribía Capilla una carta «Als Consols de la nostra ciutat de La Seu d’Urgell» y les acusaba de mal gobierno comparándolo con el de Janer: «… mirar nos [no se] verifique lo que tot lo mon diu que faltant lo Consol Gener tot lo bon govern ha faltat en aqueix consolat y lo mirar per los pobres» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, p.5).
46 Cf. M. JIMÉNEZ-J. SINUÉS, ‘Historia de la Real y Pontificia Universidad de Zaragoza’, t.III (Zaragoza 1929), p.35-39.
47 Ib., p.35. Carta de Felipe II al Dr. Gervás, fechada el 20 de marzo de 1581, como las tres siguientes que vamos a citar.
48 Ib., p.36. Felipe II al ob. de Barcelona. Al obispo de Urgel, don Hugo A. de Moncada, le recomienda que ayude y secunde la fundación (ib., p.38). Es la carta más corta. No hacía falta describirle lo que bien sabía.
49 Ib., p.38. Felipe II al Provincial de jesuitas.
50 Cf. ‘Urgellia’ 2 (1979) 384-385.
51 Así se adivina en esta queja del tiempo del obispo Capilla: «Pervenit ad auditum Fiscalis Procuratoris curie nostrae urgellen. aliquos esse pbros. et laicos nostrae jurisdictionis parum Deum et ‘justitiam temporalem’ timentes, qui non verentur talia comittere et perpetrare facinora et delicta ex quibus magnum curiae et ‘jurisdictioni nosirae tam spirituali quam temporali’, infertur praejudicium et populo scandalum…» (cit. por J. MIR DURÁN, ‘San José de Calasanz gloria de la Diócesis de Urgel…’, p.342).
52 Cf. ‘Historia de la Iglesia en España’, dir. R. GARCÍA-VILLOSLADA, vol. III-2°., p.30.
53 Cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Novas dades’, p.7.
54 Cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Antoni Janer i Catá…, p.355, 405, 410, 483. 598, 609. etc.
55 «Mossén Joseph Calesans deu ha 24 de marts 1587 10 lliures ha rebudes ha bon compte per lo salari de Secretari del Ille. Capítol y de Mestre de serimonies, lo qual ha comensat als 12 de febrer, X lliures… E a 7 de febrer 1589, 27 lliures, 10 sous, arebudes comptants del Sr. Canonge Cases, pagador, y son a compliment del salari que se li deu fins a 27 de gener ques despedí, XXVII lliures, 10 sous» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Sant Josep de Calassanç…’, en ‘Obra completa’, p.285). El texto va corregido según su nueva versión, más precisa, en ‘Noves dades…’, p.24, n.18.
56 Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., en ‘Obra Completa’, p.285. Poch se preguntaba quién le concedió estos oficios, si el obispo Moncada, el cabildo o lo consiguió por oposiciones Cf. J. POCH, ‘Josep Calassanç, plebá de Claverol i Ortoneda’: Cat 181[1976]3-4). No parece probable que fuera el obispo Moncada, pues murió el 8 de diciembre de 1586 y Calasanz empieza sus funciones dos meses más tarde. Sería, pues, el cabildo y de modo provisional, como supone Pujol.
57 Cf. P. PUJOL I TUNAU, o.c., p.284. Curiosamente, el breviario de este beneficiado fue adquirido el 20 de noviembre de 1590 por Antón Janer para darlo a Jaime Juan Coromines, criado de Calasanz «pera que digués lo offici romá» (ib., p.486).
58 A los asientos consignados en la n.55 anterior, primera y última entrega de salario, añádanse estos dos de anualidades: «Es li degut als 12 de febrer 1588 60 lliures per lo salari de un any dels officis de Secretari i Mestre de serimonies, lo qual ha tingut fi lo día present, LX lliures. E a 7 de febrer 1589, 57 lliures, 10 sous, per honse mesos y 15 díes serví los contrascrits Officis de Secretan y Mestre de serimonies. LVII lliures, X sous. Total CXVII lliures, X sous» (P. PUJOL I TUNAU, ‘Noves dades’, p.24, n. 18).
59 Pujol escribió equivocadamente: «Venía a percebre aproximadament unes 118 lliures anuals de sou, les quals no seríen pas una remunerasió adeguada a la tasca que devía acómplir…» (ID., o.c. ‘Obra completa’, p.285, n.21). En su estudio posterior, y a la vista de los asientos citados en la nota anterior, rectificó el error, pues en vez de 118 libras anuales eran solamente 60 (cf, ID., ‘Noves dades…’, p.24, n. 18). El error, sin embargo, acrecienta el valor de su juicio, pues si 118 libras anuales era un sueldo inadecuado, cuánto más si eran 60 solamente.
60 No obstante, por ser beneficiado, su predecesor cobraba solamente 25 libras anuales como secretario y cinco más como maestro de ceremonias, al menos en 1584, pues cuando le dieron este oficio (24 de abril de 1578) se decía en el acta «sens salari algú sed cum spe future remunerationis» (cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., ‘Obra completa’, p.284, n.20).
61 En el contrato con Rostoll se lee: «se u done al dit mossén Rostoll lo carrech de sonar los orguens en la present Iglesia ab lo salari acostumat de cent lliures y també per ésser prevere Ii síen donades les retribucions de Capítol, interessent al chor…» (ID., ‘Noves dades’, p.25, n.23).
62 Cf. n.31 de este cap.
63 A Pere Entreaygues y a Guillem Timoneda 14 libras y 8 sueldos al año; a Tomás Peyrot 10 libras y a Joan Berthomeu 10 libras 16 sueldos al año (1 libra = 20 sueldos; 1 sueldo = 12 dineros). Tal vez los dos últimos eran más pequeños (cf. P. PUJOL I TUNAU, ‘Obra completa’, p.481).
64 Ib., p.284.
65 Son los siguientes: ‘Liber conclusionum et statutorum eclesie Urgellensis a die 10 aprilis 1570 usque 18 aprilis 1608; Rational del Reverent Capítol de Urgell [de 1584 a 1591] en lo qual son continuats los comptes, entrades y exides, rebudes y dades de les pecunies e rendes del dit Rnt. Capítol; Liber distributionum conductus seu prebenda vulgo dieta Grossa… ab anno 1583 ad 1595;libro de cartas del Capítulo (1568-1588); Rationes syndicorum Barcinonis (1577-1649); Liber archivii a 1577 ad 1591 (cf. L. PICANYOL, Memoriae S. Josephi Calassanetii in dioecesi Urgellensi: EphCal 2 [1932] 56; P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.284-286, 294).
66 P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.286, n.22.
67 ID., ‘Noves dades’, p.13.
68 Cf. por ejemplo, P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, lám. entre p.288-289; EphCal 2 (1932) lám. entre p.56-57. Al principio del acta se nombra a sí mismo así: «et vocato me Josepho Calasanz Presbitero ac Illis. et perquam Rdi. Capitulo Ecclesiae Urgellensis Secretario et scriba…»
69 En 1982 hubo una exposición en el Palazzo Braschi, de Roma, sobre escritura en la Roma barroca, en que se podía ver un manuscrito de 1625 con una amplia serie de láminas de ejercicios caligráficos de los alumnos de las Escuelas Pías de San Pantaleón (cf. A. PETRUCCI, ‘Scrittura e popolo nella Roma barocca 1585-1721’, Ed. Quasar [Roma 1982] p.20, n.40). Véase un ejemplo en SÁNTHA, S.J.C., lám. entre 336-337; EcoCen 3-4 (1949) tav. XVII.
70 C.3673.
71 Hablaremos de él más adelante.
72 Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.284, n.20.
73 Ib.
74 En 1617 tuvo otra edición, cuyo título es: ‘Rituale Ecclesiae Urgellensis ad sacramenta administranda et alia parochorum munia rite obeunda’ (Tolosa 1617). En 1727-1728 y 1890-1891 lo reeditaron respectivamente los obispos Simeón de Guinda Apeztegui y Salvador Casañas Pagés. En 1934 hubo otra edición con el título ‘Appendix Tarraconensis ad Rituale Romanum’ (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘El ritu de l’administració del Vidtic en el Ritual Urgellitá de l’any 1617’: Obra completa, p.641-642).
75 La de Beleth fue publicada por primera vez en 1553 por Cornelio Laurimann, y luego en Dilingen y Anversaen 1570, y en Lyonen 1565, 1583, 1592, 1612, etc. Y las dos juntas se editaron en Venecia en 1572 y 1581 (cf. Dict. Archéol. Chrét. et de Liturgie, X, 1, c.650).
76 «Animadvertat Parochus, ad officium suum pertinere, ut explicet aliquoties populo sibi commisso caeremonias, quibus utitur Ecclesia in Adventu, in Quadragesima et aliis temporibus: et mysteria, quae in ipsis latent, aperiat; et alia arcana spiritus Ecclesiae, et significationes sacrarum rerum explicet prout inveniet in Rationale divinorum Officiorum Guilielmi Durandi et Joannis Belethi» (cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.643, n.5). Esta recomendación, empero, no pudo constar en la primera edición del Ritual de Urgel que manejó Calasanz, porque era de 1536 y el ‘Rationale’ de Beleth fue editado por primera vez en 1553.
77 Cf. F. GUILLÉN, ‘Apuntes sobre las fuentes de la espiritualidad sacerdotal de Calasanz’: EphCal 2 (1985) 70. El apellido francés de ambos autores es Durant. Es probable que Calasanz tuviera noticia de la muerte trágica de Juan Esteban Durant, presidente del parlamento de Tolosa, asesinado en una insurrección de los hugonotes el 11 de febrero de 1589 (ib., n.7), pues por entonces vivía nuestro Santo en Seo de Urgel, muy pendiente de las fechorías de los hugonotes.
78 CC 1, c.VIII, n.66.
79 C.1350, 3669, 3683. Cf. S. GINER, ‘Ideas sobre el sacerdocio en el epistolario de San José de Calasanz’: AnCal 50(1983)337-367.
80 Cf. Arch. Cap. Urg., ‘Liber conclusionum’, f.158v (cf. Cat 195 [1977] junto a p.5, sin concretar la cita).
81 P. AGUADO BLEYE, ‘Manual de Historia de España’, Espasa-Calpe (Madrid 1959), t.II, p.650.
82 En el acta de los «Capítulos Pascuales» de 1578, escrita por Calasanz, se lee: «Consellers de guerra —Lo sor. Sagrista [Onofre de Pónz], lo sor. micer [Sebastiá] Moles» (cf. ‘Liber conclusionum’ [1570-1608], f.149-151). Y he aquí la composición del Consejo: «se juntás lo consell de guerra en lo qual se determinás lo que se havía de fer, en lo qual consell ajustats los qui per asso estant diputats que son lo veguer dos dignitats y un Canonge desta iglesia, los consols y promens (prohombres) desta ciutat…» (carta del cabildo al virrey de Cataluña, fechada el 27 de octubre de 1581. Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.315, c.VIII).
83 “… sempre que lo rey ha enviat assí soldats… son estats pagats los soldats ab lo sou del rey. Mes avant entendrá V. Exa. que sería no sols difícil peró impossible poder suportar esta iglesia un cárrech tant pesat tenint ne de altres per lo mateix efecte de nostra defensa prou carregats, com es la provisió dels arcabussos, armes y municions y les obres y reparos que fem ara cada dia en la iglesia para fer ne si era menester presidi y castell de guarda y gastant lo que gastam ordinariament per correus y spies…» (ID., fecha 9 de mayo de 1583, en ib., p.322-323, c.XXI).
84 Ib., p.323.
85 lb., p.325, c.XXVII, fecha 25 de mayo de 1587.
86 Ib., p.287.
87 Así opina Poch en su artículo ‘San José de Calasanz y seis obispos españoles’: RevCal 12 (1957) 135. Y antes había escrito Bau: «Los virreyes suelen contestar excitando a la defensa, pero sin aportar tropas regulares, ni dinero para reclutarlas… La autoridad real no percibía del Principado más que los donativos votados en Cortes. En 1563 trescientas mil libras barcelonesas; en 1585, medio millón. Si con ello se habían de cubrir todas las intervenciones reales y atender a la defensa de costas y fronteras, se concibe que el rey y los virreyes se desentendiesen de toda pequeña escaramuza que requiriese mantenimiento de tropas…» (C. BAU, ‘Historia de las Escuelas Pías en Cataluña’ [Barcelona 1951] p.43).
86 El virrey escribió al cabildo ordenando que tuvieran preparada la milicia disponible para acudir a defender la costa catalana del inminente peligro turco, y el cabildo acataba las órdenes, pero hacía notar al virrey «que nosaltres estam assí en frontera de França y a una jornada del comptat de Foix, ahont vuy estant com en un port molt segur los lutherans y heretges tant inimichs de nostra sancta Fe Catholica com los mateixos turchs y son molta gent de peu y de cavail sempre en armes» (P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.314, c.V, fecha 10 de septiembre de 1581).
89 Ib., p.317, c.XII.
90 Ib., p.322, c.XX.
91 Ib., p.324, c.XXIII.
92 Ib., p.322, c.XIX.
93 Como la banda del famoso «señor» Galcerán Cadell, aliado también con los hugonotes de Francia (cf. ib., p.324-325, c.XXV y XXVI, y J. R. MONER, ‘San José de Calasanz y el bandolerismo en la Corona de Aragón’. AnCal 9 [1963] 149-152).
94 «… van per assí algunes quadrilles de bandolers dels quals nos pot esperar cosa bona, ans be se tem que tenen alguna aliança amb los hugonaus y lutherans de França y cada día augmenten en gent y maldats, homicidis y lladrocinis» (P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, p.321, c.XIX).
95 Ib., p.302.
96 Ib., p.32O, c.XVII.
97 Ib., p.321, c.XIX.
98 Ib., p.318, c.XIII.
99 Ib., p.297.
100 Ib., p.321-322, c.XX.
101 Ib., p.286.
102 EGC X, p.395.
103 Ib., p.398.
104 Ib., p.401.
105 Ib., p.404.
106 Ib., p.408.
107 Ib., p.411.
108 P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.306, n.62.
109 Ib., p330, c.XXXVII; EGC X, p.415.
110 P PUJOL I TUBAU, o.c., p.285 (cf. n.55 de este cap.).
111 Ib., p.286. Al concluir este tema del bandolerismo en Urgel, merecen recordarse dos estudios, uno de ellos ya citado en la nota anterior 93 y el otro de E. SERRAIMA, ‘Hugonotes y bandidos en el Pirineo Catalán. La actuación de San José de Calasanz en Urgel (1587-1589)’: Estudios de Historia Moderna 4(1954)207-224.
112 Cf. íntegra el acta en ‘Liber conclusionum’, f.154v (cit. en P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, n.50).
113 Ib.
114 Cf. ‘Liber conclusionum’, f.155.
115 Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.17.
116 Ib., n.51 (texto íntegro de la carta).
117 El de Peralta escribía: «Son tan exigues y tenues les distribucions e ganancies de la Parrochial de Peralta per ser la charitat ayxi de les mises fundades com de les de devoció tant poca…»; y el de Gabasa: «atenent al numero de les misses a les quals dient las araho de sou no pot bastar y a la tenuidad e pobresa de la Retoría…» (texto original en la sala de reliquias de la Casa Natalicia de Calasanz, en Peralta. Editada en EcoCen 5 [1946] 7-8).
118 «… cum nobis legitime constet de paupertate benefficiatorum communitatis Peraltae ac Rectoris Gavassae… ad rationem unius regalis pro qualibet missa reducimus ita quod ex duabus missis pro charitate unum solidum tantum habentibus unam tantum missam celebrare teneantur…» (ib.). Los títulos que ostenta el Visitador son: «Nos Raphael Gomis Archidiaconus maior (o sea, Arcipreste de Seo de Urgel) et canonicus Stae Ecclesiae Urgellen. ac pro Illii, et admod. Rdo Capitulo Administratore mensae episcopalis sede Pastore carenti, in spiritualibus et temporalibus Vicarius Generalis et Visitator…» (ib.).
119 Cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, n.51.
120 Cf. ID., ‘Obra completa’, p.302.
121 Para estas y ulteriores noticias sobre Capilla véase: ‘Escritores cartujos de España, por un profeso de la Cartuja de Na. Sra. de Aula Dei’, 1955 (inédita, dactilografiada), Madrid, Bibliot. Nacion., B.20, CAR; F. ORTÍ y FIGUEROLA, ‘Memorias históricas de la fundación y progreso de la insigne Universidad de Valencia’ (Madrid 1730) p.273-274; J. POCH, ‘San José de Calasanz y seis obispos españoles’: RevCal 12 (1957) 135-179.
122 Cf. J. POCH, ‘Otro título de doctor en leyes por el Estudio General de Lérida. D. Antonio de Gallart y de Mongay’ (3-oct. 1584): Ilerda, 36 (1975) 97-106; ID., ‘Don Antonio de Gallart y de Mongay, «bachiller en Derecho Canónico» por el Estudio General de Lérida’ (7 ag. 1581): Ilerda, 27 (1963) 8-12. En 1587 estaban estudiando en la Universidad de Lérida sus hermanastros «Cristóbal, Jayme y Andrés Gallart, hijos del Regente Gallart, del segundo matrimonio» (con una Traginer). De ellos, Jaime de Gallart y Traginer fue Rector del Estudio General el curso 1589-1590 (cf. 3. POCH, ‘Otro título…’, p.104, n.12; ‘Don Antonio…’, p.12, n.10).
123 Cf. L. B. NADAL, ‘Episcopologio de Vich’ (Vich 1904) t.III, p.287-298. Cit. en J. POCH, ‘San José de Calasanz y seis obispos españoles’, p.160, n.66, y L. PICANYOL, ‘El período español de San José de Calasanz’: Rass 26-27 (1957) 80-83.
124 Poch afirma que se lo concedió el arzobispo Juan Terés (1587-1603), apenas llegar a su nueva diócesis, e insinúa que la amistad entre ambos nació en Valencia, en 1570 (cf. J. POCH, ‘Don Antonio de Gallart y de Mongay…, p.9).
125 El 19 de septiembre de 1602 fue presentado por Felipe III para Maestrescuela de la Universidad de Lérida, a cuyo cargo iba unido el de canónigo Arcediano Mayor de la catedral; el 11 de marzo de 1609 fue nombrado obispo de Elna-Perpiñán, entonces de España, y el 19 de marzo de 1612, obispo de Vich, donde murió, el 16 de diciembre de 1613 (cf. J. POCH, l.c.; ‘Hier. Cath’., IV, p.181).
126 Cf. J. POCH, ‘Mossén Josep Calassanç a la diócesi d’Urgell’: Cat 195 (1977) 4.
127 En el acta municipal se lee: «… lo señor Don Antón Gallart com a procurador del Illustrísim Señor Don Andreu Capella bisbe d’Urgell, segons de sa procura y potestat ha feta hostentasió… ha presa ya possessió en la Iglesia Cathedral y ayzí volent passar avant sa intentió ha demanat que en poder seu fossen prestats los sacraments y homenatges que se solen prester y conforme los antepassats an acostumat prestar…» (ib.).
128 Ib. (Arch. Ep. Urgeli., ‘I. S. Capella 1588-1592’). El protocolo de todos estos decretos empieza así: «Antonius Gallart, U. I. D., canonicus Ecclesiae Tarraconensis et multi Illustris et Revmi. in Christo Patris et domini Don Andreae Capella…, Episcopi UrgeIl., in spiritualibus et temporalibus Officialis et Vicarius Generalis…» (ib.).
129 En la profesión de fe que hizo Andrés Roger en manos del Vicario General, Gallart, con fecha del 12 de noviembre de 1588, aparecen como testigos: «Reverendus Josephus Calassans presbiter atque Plebanus loci de Claverol, et magnificus Franciscus Abella, Juris Doctor, civitatis Urgelli» (Arch. Ep. Urgell., ‘I. S. Capella 1588-1592’. Cit. en Poch, o.c., p.20).
130 Cf. texto latino en J. POCH, ‘Preséncia de Josep de Calassanç a Pont de Claverol’, Cat 259 (1983) 7.
131 Cf. J. POCH, ‘Mossén Josep Calassanç a la diócesi d’Urgell’: Cat 195 (1977) 5; Hier. Cath., III, p.192.
132 «Dissapte a III de Desembre any MDLXXXVIII. Deu lo sor. Juseph de Calesans dotze sous, dich 12 sous; y son per tants de contants y al dit quan sen anava a Gerri ab lo sor. Don Anthon Gallart, pera gastar» (cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Noves dades’, n.64). En otro asiento del 25 de abril de 1589 le descuenta la pensión por los días que estuvo ausente al irse «a las honras del abad de Gerri» (ib., n.78, y J. POCH, ‘El mot «plebá»’: Cat 247 (1982) 6.
133 EGC X, p.418.
134 Cf. J. POCH, ‘Mossén Josep Calassanç a la diócesi d’Urgell’: Cat 195 (1977) 5.
135 Cf. P. PUJOL I TUBAU, ‘Obra completa’, p.309-310 y n.69.
136 Cf. J. POCH, o.c., p.5.
137 En la colación de un beneficio eclesiástico al clérigo leridano Antonio Ivars firma Capilla el documento: «Datis in palatio episcopali nostrae civitatis Urgellensis die tertia mensis Februarii, anno a Nat. Dom. 1589, presentibus pro testibus Rdo. Josepho Calaçans, pbro. et Francisco Pérez familiaribus nostris ad premissa vocatis specialiter el ssumptis» (cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.333). Con el mismo oficio se le cita como testigo en documentos episcopales del 9 y 11 de febrero y 25 de marzo (ib., p.334). El 13 de enero ya hace de testigo en documento del Registro episcopal de Capilla, pero no consta aún que sea «familiar»: «Josephus Calaçans, presbiter, plebanus de Claverol et rector…» (cf. J. POCH, o.c., p.6). Y el 21 del mismo mes aparece de su puño y letra uno de los primeros asientos de cuentas de la mesa episcopal, al que seguirán luego otros muchos en el Registro 36 de la Curia episcopal (cf. P. PUJOL I TUBAU, oc., p.338).
138 Cf. P. PUJOL I TUBAU, o.c., p.310. Le pagaron el sueldo hasta el día 27 inclusive, y no hasta fin de mes: «E a 7 de febrer 1589 a rebudes del sor. canonge Cases, pagador, y son a cumpliment del salari que se li deu fins a 27 de jener ques despedí» (ib., p.285).
139 Cf. n.31 de este cap. La primera factura se refiere al primer año exacto de pensión: 1 de junio de 1587 a 31 de mayo de 1588. Y la segunda a ocho meses, también exactos: 1 de junio de 1588 a 31 de enero de 1589 (cf. ID., ‘Noves dades’, p.8 y 17).



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