Espirituslida calsanacia - Written by Archivo Calasanz on Viernes, Marzo 5, 2010 18:48 - 0 Comments

ESPIRITUALIDAD CALASANCIA, 0 - Introducción

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Declaración sobre la espiritualidad calasancia
Capítulo General Especial
1971

INTRODUCCION

1. Siendo la última norma de la vida religiosa
el seguimiento de Cristo (1), de modo que por él los religiosos, percibiendo fruto más abundante de la gracia bautismal (2), “se unan a Dios por la profesión de los consejos evangélicos” (3) es evidente que muchos elementos esenciales han de ser comunes (4) a las “espiritualidades” de las diversas Religiones.

Pero el hombre consagrado a Dios, al contemplar a Cristo Señor, iluminado por una verdad especial, se siente movido a imitar una virtud particular, o se consagra, según el carisma recibido, al ejercicio de algún ministerio nuevo para bien de la iglesia. Ejercen también gran influjo en la vida espiritual las cualidades personales, las circunstancias culturales y las condiciones de tiempos y lugares. Por eso ha florecido en la Iglesia tan variada multitud de “espiritualidades” (5). Estas se especifican por diversos elementos, pero principalmente por el ministerio adoptado para procurar la salvación de los hombres. La misma espiritualidad se alimenta y se desarrolla con el ejercicio de ese ministerio.

La Santa Madre Iglesia, solícita por conservar esta variedad con que Dios maravillosamente la ha adornado, advierte a los institutos religiosos que deben reconocer y mantener fielmente el espíritu y propósitos propios de los Fundadores, así como las sanas tradiciones (6).

2. Entre los diversos institutos
tiene lugar propio en la Iglesia el nuestro, cuyo nombre es: Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías.

El mismo nombre pone de manifiesto los preciosos elementos de cuya armónica conjunción procede la vida espiritual calasancia (7), con aquella forma peculiar con que quedó establecida por el Santo Fundador y los primeros escolapios (8), la cual se ha desarrollado homogéneamente y habrá de desarrollarse todavía en el transcurso de los tiempos (9).

Del carisma recibido nacen en nuestra Orden la vida religiosa (10) en la cual cada escolapio y toda la comunidad tienden a la santidad por el camino de los consejos evangélicos, el oficio de instruir (11) a los niños y jóvenes en la piedad y en las letras por medio del ejercicio de las Escuelas Pías, y el ministerio sacerdotal (12) de la palabra y de los sacramentos entre los alumnos.

Por consiguiente, cuando nuestros religiosos todos cooperan al apostolado de la Orden, según la obediencia y la propia condición viven todos el mismo género de vida espiritual y los méritos son comunes a todos.

3. El Capítulo General Especial
concede el primer lugar a la renovación espiritual, siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, según el cual “hay que considerar seriamente que las mejores acomodaciones a las necesidades de nuestro tiempo no surtirán efecto si no están animadas de renovación espiritual a la que hay también que conceder siempre el primer lugar en la promoción de las obras externas (13).

Para conseguir este fin, tiene gran importancia recoger los elementos de la vida espiritual calasancia, tanto en la figura de N.S.P., que por medio de ellos elevó su vida hasta las cimas de la santidad, corno en los escolapios, que bebieron su vida espiritual en la fuente auténtica del Santo Padre, y en el desarrollo histórico de la Orden en el que se ha conservado, desarrollado y ampliado legítimamente el patrimonio del Fundador.

Si la espiritualidad calasancia hunde sus raíces en este sólido fundamento, podrá escrutar las necesidades y las circunstancias cambiantes de la juventud de nuestro tiempo y del futuro y darles una respuesta conveniente y oportuna.

El Capítulo General se propone exponer de qué forma y con que medios hay que convertir hoy en vida propia la espiritualidad calasancia.

Notas

Introduccion

(1)
Concilio Vaticano II, Decreto sobre la vida religiosa, Perfectae Charitatis, n. 2, a.

(2)
Cfr. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la lglesia, Lumen Gentium, n. 44, a.

(3)
Concilio Vaticano II, Decreto sobre la vida religiosa, Perfectae Charitatis, n. 2, e.

(4)
Toda espiritualidad tiene un fin común: la unión con Dios; un modelo: Cristo Jesús; una fuente de energía: la gracia santificante; esto en cuanto a su estructuración. Como elementos esenciales comunes también a todas hay que mencionar: un punto de partida: el dogma de la caída y de la Redención; y una ley interna, fundamental, constituída por ‘un ritmo en dos tiempos’; la eliminación de obstáculos y la unión positiva con Dios (cfr. ‘Dict. de Spiriualité’, voz “Ecoles de spiritualité”).

(5)
“Hay diversidad-de dones, pero uno mismo es el Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Señor. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos” (1 Cor. 12, 4 - 6).
“… de los (ministerios) propios y particulares es necesaria toda multiplicidad, la cual Dios inspira a sus verdaderos siervos en los diversos tiempos para ayuda de su lglesia” (Memorial Tontí - Eph. Cal. 1967, p. 474)

En cuanto a los factores o elementos de diversificación que determinan las diferentes espiritualidades cfr. entre otros A. MATANIC, “Le scuole di spiritualitá nel Magistero Pontificio”, La Scuola Editrice, Brescia, 1964, pp. 31 ss. Séanos lícito aquí resumirlos:

1) En primer lugar la preferencia dada a una determinada verdad de fe, o al menos un modo particular de entenderla, de resaltarla o de formularla. (Se trata aquí del primordial y más poderoso elemento de diversificación).

2) Una virtud determinada, o varias virtudes, que cierta espiritualidad se propone realizar particularmente a imitación de Cristo y siguiendo la experiencia o las enseñanzas del Fundador. (Principio de naturaleza más bien práctica y de aplicación general).

3) La gracia particular de Dios que mueve o mantiene la obra fundacional de una familia religiosa, y por ende su espiritualidad (Es elemento ontológico sobrenatural, casi incontrolable por la ciencia e invisible al ojo humano).

4) El ambiente histórico de una fundación, por lo que se refiere al tiempo y al espacio (Elemento relacionado con el anterior).

5) La personalidad del Fundador, con todas sus dotes y cualidades, ya naturales ya sobrenaturales (Relacionado a su vez con el precedente. Elemento subjetivo, psicológico, conectado con la experiencia múltiple del Fundador).

6) El fin u objeto específico secundario que se propuso el iniciador de una fundación. El fundador adoptó medios particulares de apostolado, y tuvo una experiencia totalmente propia de la que todavía se aprovechan sus seguidores (Factor tan importante que determina en gran parte una espiritualidad, y constituye su esencia y su ideal. En buena parte precisa lo que llamamos notas o características distintivas de una espiritualidad. Aunque se le llama fin secundario, es esencial a una dada espiritualidad).

(6)
“Cede en bien mismo de la Iglesia que los institutos tengan su carácter y función particular. Por lo tanto, reconózcanse y manténganse fielmente el espíritu y propósitos propios de los fundadores, así como las sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio de cada instituto” (PC 2b).

(7)
“El Escolapio encuentra la más válida garantía de su fidelidad a la concepción originaria de Calasanz, en la medida en que consigue superar los desarrollos unilaterales que lo llevarían hacia formas de simple profesor laico o de sacerdote no educador o de religioso contemplativo” (Comisión Permanente).

“… mire bien de no engañarse por ver la necesidad que tienen ahí de confesores, y nuestro instituto principal son las escuelas, de manera que si debiera sufrir un ejercicio por el otro, es mejor que sufra el ejercicio de la Confesión que el de la Escuela, porque confesores no faltan y Maestros hay tan pocos…” (Ct. 3871).

“Le aseguro que haciendo esto por pura caridad adquirirían mayor mérito ante Dios que si hicieran oración, siendo verdad aquel dicho… ‘Qui orat bene facit sed qui iuvat melius facit’ (El que reza obra bien, pero el que ayuda obra mejor)” (Ct. 4204).

“Exhorto a todos a poner gran diligencia en ayudar a los alumnos, lo que se hace con gran provecho por medio de la oración” (Ct. 776).

Véase también SANTHA, “S. José de Calasanz” BAC 1956, pp. 108-132.

(8)
La espiritualidad de una Orden religiosa no coincide de por sí íntegramente con la espiritualidad del propio Fundador, si bien ésta constituya generalmente su parte principal. Existen siempre elementos personales irrepetibles y que como tales el Fundador no ha transmitido a su obra. La realización concreta de los primeros discípulos, que con feliz término se ha llamado para nosotros “patrística calasancia”, es un óptimo criterio para discernir los elementos que realmente el Fundador ha transmitido a su obra.

(9)
Hay elementos en toda espiritualidad que provienen de las coordenadas temporales y geográficas en que se desenvuelve. Por otra parte en el decurso de los tiempos también la espiritualidad común de la Iglesia se enriquece con nuevos elementos, que pasan por lo tanto a formar parte de las diversas espiritualidades específicas. La “sana tradición” así. pues, mientras por una parte va enriqueciendo la espiritualidad originaria al compás de la Iglesia, es al mismo tiempo apto criterio para distinguir los elementos esenciales - permanentes en todo contexto temporal y geográfico - de los que dependen de cada tiempo y son por lo tanto caducos (cfr. ES II, 17).

(10)
Asimismo por tanto le pertenecen todas las riquezas espirituales de la vida consagrada de los religiosos, que provienen esencialmente de su entrega total y especial a Dios:

“La vida religiosa no es contemplación: la contemplación puede practicarse quedándose en el mundo. Con mayor razón la vida religiosa tampoco es actividad apostólica: el apostolado pertenece de igual modo al clero secular y también a los seglares. La vida religiosa es consagración a Dios, vida para Dios solo” (‘Documento manuscrito de Ia U.S.G.’). Esta noción a menudo y expresamente se encuentra en la doctrina del Concilio, p.e. “Se entrega totalmente a Dios sumamente amado” (LG 44a), ‘vivan para Dios solo’ (PC 5a). Cfr. también a nuestro Santo Padre: “Adhiérase a Cristo Señor, para quien solo viva y a quien solo complazca” (Const., P.I, Cap.IV, 2).

(11)
También la espiritualidad del maestro, definido por S. José de Calasanz “cooperador de la verdad” (Const. Prooem, n.3), es rica de exigencias y hermosuras.

“Y como la obra, a que nos dedicamos, es de tanta importancia que requiere operarios dotados de máxima caridad, paciencia y de las demás virtudes” (Const. Prooem. 8).

“Porque vosotros no trasmitís solamente una fría enseñanza de determinadas materias, sino que por medio de ella formáis y plasmáis el alma del adolescente. No se puede por lo tanto dar lo que no se posee: y no se forman los hombres a la vida cristiana, si no se poseen en abundancia las dotes que únicamente convierten la vida en maravillosamente bella y digna de vivirse. Necesitáis por lo tanto una mirada sobrenatural, que os haga penetrar siempre más a fondo la grandeza y dignidad de vuestro trabajo, visto como precioso auxilio a la obra de Cristo, de la Iglesia y de la familia en la educación de las almas juveniles; necesitáis las buenas y amables virtudes cristianas, que os introduzcan ordenadamente en el organismo social de la Iglesia: las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, las cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Pero sobre todo - lo repetimos - necesitáis una participación consciente y fervorosa a la verdadera vida sobrenatural…” (Alocución de Juan XXIII a los Maestros Católicos del 19 mar. 1960; cfr. “L’Etlucazíone”, E.p., 1962, p. 684).

(12)
Y pertenecerán por lo tanto a su espiritualidad todas las riquezas de la espiritualidad sacerdotal, eue proceden sobre todo:

a) de su consagración nueva, que es ontológica, y que exige la consagración moral, ascética, espiritual;

b) de su íntimo contacto con Cristo, que ya no les llama siervos sino amigos;

c) de su misión de salvar almas. (cfr. OT 3 y 4; PO 2 y 13; y también MATANIC, “Vocazioni e spiritualíta”, 1968, pp. 94-96).

Por lo que se refiere a los Hermanos en este aspecto, deben fundar su espiritualidad en la colaboración que prestan a los sacerdotes para el desempeño de su misión (cfr, Mt. 10,41: “Quien recibe o un profeta, en su calidad de profeta, paga de profeta recibirá; y quien acoge o un justo, a título de justo, paga de justo recibirá”).

(13)
Concilio Vaticano II, Decreto sobre la vida religiosa, PC 2e.



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