Sacerdocio escolapio - Written by Archivo Calasanz on Martes, Mayo 18, 2010 17:33 - 0 Comments

EL SACERDOCIO ESCOLAPIO; 2. Breve paseo diacrónico por la realidad sacerdotal

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El sacerdocio escolapio hoy.
Cómo vivir el ministerio en la escuela.
(Madrid-Valencia; Abril, 2010)
Carles Such

2. Breve paseo diacrónico por la realidad sacerdotal

De entrada aviso que se trata de un apunte para situarnos en contexto.

Sería muy interesante un estudio concienzudo al respecto, pero no es el momento.

Vayamos a la civilización que vayamos, desde Egipto o Sumeria o las civilizaciones indígenas de América, África u Oceanía, ha existido siempre una casta sacerdotal. Sin entrar en muchos detalles podemos decir sin temor equivocarnos que todas ellas comparten ciertos rasgos que identifican o dan entidad a los sacerdotes, en pocas palabras:

Son hombres –varones- mayoritariamente.

Suelen formar casta, grupo aparte, y casi siempre es de tipo generacional (se pasa de padres a hijos).

La función primordial es ser intermediarios entre los humanos y dios, por tanto, son personas que llegan a rozar la realidad de dios, tratar con él, lo que requerirá de unas normas de pureza estrictas. El sacerdote debe ser purificado y llevar una vida ascética que lo haga digno de entablar trato con los dioses. Esto determinará numerosos rituales de purificación, ropajes diferenciadores y, en general, una vida apartada y diferenciada del resto de sus contemporáneos.

Nuestra tradición judeocristiana no se diferenciará mucho de esta realidad sacerdotal, pero vale la pena marcar algunas de las peculiaridades para entender el desarrollo posterior, pues es esta tradición judía la que dará paso al sacerdocio cristiano y también las contaminaciones y adherencias del mismo.

El sacerdocio en Israel.

Tampoco voy a realizar un estudio pormenorizado pero sí marcar algunos de los hitos que configuran la experiencia sacerdotal en el Pueblo de Israel, de la cual, Jesús será no solo heredero, sino culminación.

En la tradición judía el oficio sacerdotal no es un monopolio, el que ejerce de tal, suele ser el padre de familia (patriarca) y con la entrada de la monarquía asumirá este papel el mismo rey.

Propiamente conocemos la tribu de Leví como la primera casta sacerdotal, cuando propiamente no se les atribuyó una función sacerdotal cuanto algunas funciones cúlticas que el resto de tribus no podían asumir, y para no descuidar el culto, establecen a éstos para que puedan dar respuesta a esta necesidad y que con el tiempo irán exclusivizándose y adquiriendo el oficio sacerdotal. Así elevarán a Aarón como cabeza visible de su ‘casta’ para fundamentar su papel relevante en el pueblo. Pero será Salomón el que los condene a un papel secundario por deponer a Abiatar y unir el ministerio sacerdotal en una sola persona, que recayó sobre Sadoc y sus sucesores los saduceos (etimológicamente hijos de Sadoq). Después del destierro el sumo sacerdote asume funciones de gobierno y, curiosamente, con los reyes asmoneos, se invierten los papeles asumiendo los reyes las funciones del sumo sacerdote. Así pues, se convertirán en un compendio de poder político-religioso ocupando puestos de gobierno y las máximas autoridades religiosas (el sumo sacerdote). Cabe señalar, que esta tradición sacerdotal está tan unida a la vida política de Jerusalén y cúltica del templo que con la destrucción de Jerusalén y del Templo en el año 70 d C. se extinguió también esta dinastía.

Ni que decir tiene que este contacto con Dios efectuado por el Sumo Sacerdote en nombre del pueblo realizado una vez al año el día de la Expiación, hará de la persona que lo ejerce un claro ejemplo de toda la tradición sacerdotal de los pueblos primitivos (pureza ritual, vestimentas, ritos preparatorios, etc.)

En el principio, las funciones sacerdotales en Israel son las de bendecir, ofrecer sacrificios y ofrendas, instruir y juzgar (funciones propias de patriarcas familiares). Vista la evolución de la dinastía sacerdotal, no es de extrañar las numerosas denuncias que aparecen contra los sacerdotes en los libros proféticos. Mucha miga podríamos extraer de este proceso para explicar o ilustrar adherencias en el ministerio sacerdotal actual.

Jesús no será ajeno a este proceso en que degenera el sacerdocio y estos excesos vividos por la casta sacerdotal.

En este proceso se sitúa el sacerdocio del Mesías, del cuál se dice que será sacerdote. Es muy llamativo, que Jesús no se empareje en ningún momento con esta tradición levítica-aaronita-saducea en ningún momento.

Tampoco consta en su genealogía una vinculación dinástica a estas familias.

Podríamos decir que en los evangelios, Jesús responde a todos los requisitos mesiánicos menos al de sacerdote. ¿Cuándo entonces se vincula a Jesús con el sacerdocio? Muy posteriormente, en la primera comunidad cristiana, cuando surge cierta nostalgia entre los judeocristianos a la institución sacerdotal y la práctica cúltica vinculada al Templo. En ese momento se escribe el texto más esclarecedor y definitivo para ilustrar el sacerdocio de Cristo y, por tanto, cualquier tipo de servicio o ministerio sacerdotal a partir de Él; me refiero a la Carta a los Hebreos, que como bien sabéis ni la escribió Pablo ni fue dirigida a los judíos-hebreos. (Comentario aparte lo que expresan algunas comentaristas de la Carta cuando afirman que lo que fue un término de la comparación para expresar que se había superado, pasó a ser el centro de la reflexión y práctica sacerdotal posterior).

Me resultaría interesantísimo poder reflexionar sobre la misma, pero ni dispongo del tiempo necesario para hacer una lectura pausada y detenida, ni de recursos personales para ser fiel al texto sin glosar en exceso.

¿Cuál sería la gran sorpresa de esta carta sabiendo que se centra en el sacerdocio? Que no vincula a Jesús, el Mesías ya resucitado, ni a la tribu de Leví, ni a Aaron, ni a Sadoq y los saduceos. Para buscar un arquetipo, un modelo al que asimilar a Jesús, desarrolla la figura algo misteriosa del sacerdote Melquisedec. ¿Por qué es una sorpresa? Porque su sacerdocio no está arraigado a ninguna dinastía, y ni siquiera es israelita. Se desconoce su nacimiento o su genealogía sacerdotal y el dato de su muerte. Es por ello que prefigura el ‘sacerdocio para siempre’ que tan bien será de aplicar a Cristo.

¡Y cuánto me gustaría seguir por aquí! Pero hemos de avanzar. Por ello, de manera sintética, qué supone según la carta a los Hebreos el sacerdocio de Cristo:

Él es el Sumo sacerdote y tras Él no habrá ya más otro. En Cristo se concluye la dinastía sacerdotal y concluye o culmina dicho ministerio.

Se convierte en víctima y sacerdote, de manera que su sacrificio es ‘una vez para siempre’. Ya no se hace necesario presentar más sacrificios a Dios, ni expiar pues en Él todo ha quedado restaurado. Dicho con palabras llanas al estilo de la carta es el “puente definitivo” entre Dios y los hombres. El acceso es libre e ilimitado. Ya no hay mediaciones sino la que se da en Él.

Dicho con las únicas palabras que tomo de un teólogo biblista, en este caso del cardenal jesuita A. Vanhoye, quizá el mayor estudioso de la carta a los hebreos: En Cristo es, pues, abolida la distinción entre sacerdote y víctima, entre culto y vida. por otra parte, este sacrificio, siendo el cumplimiento de la voluntad de Dios, agrada a Dios, es aceptado por Dios, transforma la humanidad de Cristo y la une perfectamente a Dios. Así son abolidas todas las separaciones entre Dios y la víctima-sacerdote. Al mismo tiempo es abolida la última separación, o sea, entre el sacerdote y el pueblo, porque el sacrificio de Cristo es un acto de solidaridad extrema con los hombres, hasta tomar sobre sí su muerte para salvarles.

Consecuencia básica y fundamental: ya no requerimos del servicio sacerdotal porque todo el pueblo (y recoge aquí profecías del AT) es sacerdotal, esto es, tiene acceso directo a Dios. El velo del templo se ha rasgado para siempre (recordar el relato joánico de la Muerte).

Ciertamente, no podemos pasar este año sin hacer una lectura meditada y orante de la carta a los hebreos. Yo incluso, me atreví a hacerla emparejando el texto bíblico con puntos de nuestras Constituciones. Está sin acabar, pero hay párrafos de la carta que he llegado a conectar hasta con 17 puntos de las Constituciones (el capítulo 2, 5-18). Quizá se deba a la centralidad de Jesucristo y la dinámica de su Encarnación y de su Pascua.

Así pues, todo este proceso acaba precisamente con la abolición del sacerdocio como institución. Ni más ni menos. Y en una propuesta hermosísima de asumir el sacerdocio común como una entrega generosa de nuestra vida por los demás. He aquí el fundamento del nuevo sacerdocio: que mi vida sea un reflejo de la presencia de Dios en la tierra.

¿Dónde nace entonces nuestro sacerdocio? Los apóstoles no requirieron de él ciertamente. En las primeras comunidades cristianas hacían falta personas que ejercieran la caridad (diáconos) y que presidieran las celebraciones (presbíteros). Solo a partir de la segunda generación emparejan la vieja institución superada en Cristo a la necesidad de perpetuar el ministerio apostólico de cuidado y transmisión de la fe recibida. Y será una nueva historia, descubrir cómo a lo largo de los siglos, esta institución ha ido adquiriendo muchas de las peculiaridades del antiguo sacerdocio. Pero he de avanzar si quiero llegar al sacerdocio escolapio.



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