Espirituslida calsanacia - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Septiembre 16, 2010 10:24 - 0 Comments

E.Calasancia - 01: E.Calasanz; II: Patrística calasancia

ÍNDICE

1. ESPIRITUALIDAD DE SAN JOSE DE CALASANZ

II. PATRÍSTICA CALASANCIA

14. Del mismo modo que el testimonio de la vida de la primitiva Iglesia,
descrito en los Hechos de los Apóstoles, constituye para los fieles cristianos un grato recuerdo, un modelo y un incentivo, así también es para nosotros de gran consuelo recordar los primitivos tiempos de las Escuelas Pías, cuando muchos de nuestros hermanos, confortados por la presencia personal del Santo Fundador o por su recuerdo reciente y vivo, llevaban una vida religiosa de perfecta observancia, con gran alegría y caridad, con espíritu de plena abnegación y humildad y en santa emulación para llegar a la santidad y desempeñar con perfección el ejercicio de las escuelas (65)

15. Teniendo en cuenta las palabras de nuestro santo Patriarca:
“al principio todas las Religiones suelen vivir con gran fervor” (66) no podemos menos de recordar con gran veneración a aquellos varones, insignes por su piedad y su ciencia, que como fúlgida corona rodeaban al Santo Fundador y trabajaban con él guiados por el mismo espíritu. Esa circunstancia hace que los debamos considerar siempre como genuinos intérpretes del espíritu de Calasanz y “padres” de las Escuelas Pías. Su vida y su testimonio constituyen un óptimo criterio y fuente de nuestra espiritualidad, y por tanto podemos hablar de “Patrística calasancia”.

16. Aquellos venerables predecesores nuestros,
como hijos fidelísimos, bebían en el ejemplo del santo Fundador el fervor hacia el Smo. Sacramento y la Pasión del Señor, junto con una tiernísima devoción a la Madre de Dios (67) y al mismo tiempo una plena dedicación al ministerio de las escuelas (68), en pobreza y humildad (69), en caridad y laboriosidad (70), en castidad y obediencia (71).

Y no solo no abandonaron el espíritu y propósitos del santo Fundador. sino que más bien lo aumentaron con su interés en promocionar dentro de la sociedad a los niños pobres (72): y fueron imitadores del Padre en su humanidad, bondad y amplitud de mente y de corazón (73). Sin embargo, la paciencia heroica y la fortaleza, la fe y esperanza, con que emuló a los antiguos patriarcas, la, pobreza suma y la austeridad admirable fueron dotes personales del santo Fundador (74), para ejemplo y edificación nuestra. Estas eximias virtudes en su integridad no pasaron a formar parte del patrimonio de la Orden (75).

Hay que mencionar el desarrollo de otros elementos calasancios, como el interés por la formación de los futuros maestros (76), el cultivo de las ciencias (77), la admisión de alumnos de cualquier clase social (78) y la actividad sacerdotal con los adultos (79).

17. Entre aquellos Padres,
representantes de la genuina espiritualidad calasancia, permítasenos citar a quienes sobresalieron en alguna virtud especial.

Si pensamos en el ejercicio del nuestro ministerio, es figura relevante el anciano P. Dragonetti, dedicado plenamente a la escuela en edad muy avanzada (80); destacan el Venerable Glicerio por su pericia en la catequesis (81), el P. Onofre Conti por su celo en la propagación del Instituto (82), el P. Lorenzo Santilli por su espíritu sacerdotal (83), el P. Ambrosio Leailth en el apostolado por la conversión de los herejes y en la asistencia a los apestados (84), el P. Luis Mallone en su solicitud por los pobres (85), los hermanos Cl. José y P. Juan Francisco Apa por su dedicación a los estudios (86) y el P. Angel Morelli en el cultivo de las ciencias (87).

Si atendemos a la observancia religiosa, son figuras eminentes el P. Pedro Casani por su suma pobreza y austeridad (88), el P. Casimiro Bogatka por su obediencia sincera (89), el hermano Antonio Bernardini por su vida de oración (90), el P. Santiago Graziani por su observancia íntegra (91), el P. Domingo Franchi por su veneración a las Reglas (92).

Una pureza eximia distinguió al P. Gellio Ghelini (93), la devoción a la Pasión al hermano Juan Macari (94), el amor a la Sma. Virgen al clérigo Rodolfo Petrignani (95), la humildad al hermano Luis Levati (96), la ecuanimidad al P. Francisco Castelli (97), una filial devoción al Santo Fundador fue el distintivo del P. Vicente Berro (98), y su particular fidelidad a Calasanz el del P. Juan García del Castillo (99).

18. En esta primera edad, pese a las fragilidades
propias de la naturaleza humana, aparece ya claramente delineada la figura del religioso escolapio, eminente no solo por las virtudes pedagógicas, a ejemplo del Santo Fundador, sino también por la unión fraterna en una vida comunitaria que se muestra llena de alegría, caridad, presencia de Dios, observancia de las Reglas y mutua emulación para el bien (100).

Notas

(65) “… viviéndose con grandísima observancia…
dándose gran importancia a toda mínima falta y por ella se imponía rigurosa penitencia, aunque fuese sin culpa y se estuviera con tantas ocupaciones, haciendo cada uno de nosotros varios oficios, pues y los maestros acompañaban (a los niños a sus casas) y de éstos quien se ocupaba también del Refectorio y Despensa, quien de la Guardarropía, quien de la Zapatería y otras cosas, y los destinados a pedir limosna tanto de pan, como leña o dinero, tenían orden de volver a tiempo para acompañar a los alumnos, y por la tarde todos ayudaban a las escuelas. Porque el número de alumnos era de más de mil, repartidos en trece Escuelas, con dos o tres Maestros por Escuela excepto la de gramática que tenían un solo maestro y se soportaba con gran alegría toda gran mortificación, y si alguno, condescendiendo a su debilidad, se lamentaba, muy pronto se enmendaba con el ejemplo y fervor de los otros: existiendo en todos una Santa Emulación de vencer al compañero en Caridad, Humildad y otras Mortificaciones de Silencio etc. y desafiándose a ellas uno al otro para su mayor ejercitación, ayudándonos mucho el ejemplo de nuestro P. General…” (Berro, Mem. Hist., t. I, p. II, pp. 54-55).

“por el vehemente deseo de alcanzar la perfección religiosa, profesada en aquellos principios con todo esmero por los primeros Padres de la Religión, llamados verdaderamente pobres de la Madre de Dios, tales en los hechos y en el nombre, porque profesando si bien con voto simple suma pobreza, puedo yo testigo de vista aseverar con qué estrechez se vivía en aquel tiempo, cuando no existiendo reglas particulares, que contuviesen con discreto freno el ardiente fervor de la principiante Religión, dependía el vivir de personas deseosas en grado extremo de padecer y renovar en el mundo una vida Apostólica” (P. Baldi, “Vita del Padre Abbate Glicerio Landriani” - RSD 39, p. 49).

(66) “habiendo sido fundada en aquellos días la Religión
de las escuelas pías, sabiendo él (Ottonelli) que todas las religiones en sus principios suelen caminar con fervor y observancia mayor, eligió aquella, que le pareció más conforme también al fin de sus santos deseos…” (Testificación de Calasanz sobre el P. Ottonelli; RSD 60, 8, p. 23).

(67) Acerca de la devoción a la Pasión de N.S. Jesucristo
Baste recordar además de lo dicho en la nota 94, el uso de meditar cada día por la mañana sobre dicha Pasión. He aquí los títulos de las meditaciones contenidas entonces en el libro de preces:

“El domingo por la mañana: Meditación de la liberación de los Santos Padres del Limbo y gloriosa Resurrección de N.S.”
“El lunes por la mañana: Meditación del lavatorio de los pies a los Apóstoles, Institución del Santísimo Sacramento, y Oración en el Huerto de Cristo N.S.”
“El martes por la mañana: Meditación de la Captura y viajes a los tribunales de N.S.”
“El miércoles por la mañana: Meditación de la flagelación en la columna de N.S.”
“El jueves por la mañana: Meditación de la Coronación de espinas de N.S.”
“El viernes por la mañana: Meditación de la Cruz a cuestas y Crucifixión de N.S.”
“El sábado por la mañana: Meditación de la Herida al Costado de N.S., descendimiento de la Cruz y su Sepultura”. (Essercitii Spirituali, RC 14,74).

“José de Calasanz, llamado de la Madre de Dios, del Reino de Aragón, ha fundado en estos nuestros tiempos la Orden de Clérigos Regulares bajo el título de pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías con gran beneficio de la Niñez y provecho del mundo cristiano por la enseñanza de la piedad y docencia de las letras.

Cuyo culto singular a la Bienaventurada Virgen y afán de veneración atestiguan la denominación dada a la sobredicha Orden y a sí mismo de la Madre de Dios; los ayunos mandados en las vigilias de las fiestas de la misma con ley de más estrecha templanza; la prescrita fórmula de rezar en la que se contienen en honor de ella las letanías, Salmos y Antífonas que forman con sus letras iniciales el nombre de MARIA y que los Religiosos de dicha Orden deben recitar cada día (como acostumbraba a hacer en otro tiempo el monje loscioni sic); y finalmente el escudo de la Orden rodeado por todas partes de brillantes rayos y en el que aparecen el anagrama de las palabras griegas y latinas MARIA, MADRE DE DIOS, con una corona y una cruz. Habría ciertamente que decir en este lugar muchas otras cosas sobre dicha devoción, pero como el humildísimo y modestísimo Padre todavía vive contando, cuando se entrega esto a la imprenta, 85 años, para que no parezca querer adular y para seguir el ejemplo de la Santa Iglesia que alaba después de la muerte, engrandece después de la consumación, no diré nada más de él.” (P. Hip. Marraccio, ‘Fundatores Mariani’, Romae 1643).

“Ante todo ha parecido a los PP. Capitulares, por unanimidad, que nuestra Congregación venere siempre y honre con culto singular a la Beatísima Virgen María Madre de Dios, y por lo tanto entre sus festividades más solemnes sean las principales y más veneradas por nosotros aquella en que la misma Congregación fue fundada, esto es, la Anunciación, y después su Asunción” (Acta Cap. Gen. A. 1659; Archivum Scholarum Piarum, I, p. 13).

(68) Baste citar entre los innumerables testimonios uno sólo:
“Las Escuelas Pías… tienen por proprio ministerio la buena educación de los niños, elogiadísima hasta por los sabios paganos, como también por los sabios cristianos y los sagrados concilios, para la tranquilidad de las naciones, buen gobierno de los pueblos, fidelidad de los súbditos y obediencia a las leyes humanas y divinas, hasta llegar a ser llamada por el gran Gerson reforma del Cristianismo y por S. Carlos a propósito de la Doctrina Cristiana Reforma del Mundo: como aquella que da el buen principio del vivir, del que por lo general depende el buen progreso y término de la vida, y de la vida buena todo bien temporal en ésta y eterno en la otra; como en los Proverbios, 22 ‘Adolescens iuxta viam suam etiam cum senuerit non recedet ab ea’” (‘Instruye al niño en su camino, que aun de viejo no se apartará de él’ Prov. 22,6). Pues la buena educación no consiste tanto en las letras y buenos modales, en que se paran muchos, cuanto en las buenas costumbres y Temor de Dios, el cual se adquiere no con el “Doce me dicere” (Enséñame a decir) sino con el “doce me facere” (Enseñame a hacer), no con el aprender la doctrina cristiana, el “quid agendum” (Qué hacer), sino la práctica de la doctrina cristiana, el “quomodo agendum” (cómo obrar), es decir cómo confesarse y comulgar, cómo hacer oración, oír misa y santificar las fiestas, cómo leer libros devotos y oír la palabra de Dios, cómo resistir a los vicios y realizar los actos de virtud, cómo comportarse en las tentaciones, dificultades y peligros, y cosas semejantes, muy a menudo mal sabidas y peor ejercitadas aún por los más sabios del Mundo. Por lo que ¿qué maravilla que haya tales engaños y abusos de tan poca devoción y fruto espiritual, y tantas iniquidades y escándalos, que se ven, sin contar otros males quizá peores que no se ven, producido todo no tanto por la naturaleza mal inclinada, cuanto por la mal educada juventud? ¿Y qué maravilla que haya tantas miserias y castigos de la justicia divina, no sólo privados, como perdidas de bienes, privación de hijos, decadencias de casas, y extinciones de familias y linajes, sino también públicos, como guerras, pestes y carestías, levantamientos de pueblos, revoluciones en los estados, rebeliones en los Reinos, y otros? De los cuales no apareciendo más ciertas razones, podemos sin mucho peligro de equivocarnos atribuírlos a los grandes pecados que reinan, como lo atribuyen muchos siervos de Dios y Confesores que conocen las conciencias de todos, y las horrorosas figuras impresas a menudo por el Demonio en las blandas ceras de las almas de los niños para convertirlas desde el principio en detestables a los ojos purísimos de Dios, siendo muy difícil poderlas ya nunca borrar bien, porque “Quo semel est imbuta recens servabit odorem texta diu” (La vasija nueva conserva largo tiempo el olor con que ha sido impregnada una sola vez); o como sucedió a los hebreos en tiempos del Rey Sedecias: “Quia filii Israel, et filii Iuda erant iugiter facientes malum in oculis Dni ab adolescentia sua” (Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá desde su adolescencia continuamente obraban el mal a los ojos del Señor).

“Ahora bien esta verdadera y pía educación es la que profesan principalmente las Escuelas Pías, según el texto de las Constituciones: “Pietatem precipue” (Principalmente la piedad) y del Breve Fundacional: “Precipue in fidei Catholicae rudimentis, bonis et piis moribus, ac demum Xpiano more educan &” (Educarlos principalmente en los rudimentos de la fe católica, en las buenas y piadosas costumbres, y finalmente en el modo de vivir cristiano). Pero acompañándolo con las letras más necesarias, según el mismo Breve, para así con el señuelo de estas letras atraer a todos a dicho convite más fundamental de la Devoción.

“Empresa verdaderamente grande no sólo por dichas consideraciones y por el gran número de niños en todas partes mayor siempre que el de cualquier otra edad, sino también por el gran provecho, que se espera, de mies tan grande, y por el gran premio que se promete a los operarios que “fecerint et docuerint” (hicieren y enseñaren). Empresa gratísima no sólo a Dios, “Sinite parvulos ad me venire” (Dejad que los niños se acerquen a mí), y a los Ángeles mayormente a los Custodios “qui semper vident faciem Patris (que ven siempre la faz del Padre), sino también a los hombres de bien, y a los mismos Obispos y Pastores de las Iglesias para el más fácil gobierno de su grey,y solamente molesta a los malos hombres y a los Demonios.

“Empresa finalmente tan necesaria y útil a los Padres y Príncipes, no sólo para el bien de sus hijos y súbditos, sino también por la obligación de justicia que tienen de dicha educación ‘sub poena peccati mortalis ut p. Nav.: in Manuali cap. 14 n. 17’ (bajo pena de pecado mortal como dice p. Nav. en el Manual cap. 14, n. 17), como descuidada a veces por pocos escrúpulos, si no omitida por la mucha soberbia humana, que muchas veces aprecia más la apariencia que la substancia, y más las cátedras de los Doctores que los bancos de los niños; por lo que bien dijo Jeremías: “Pueri petierunt panem, et non erat qui frangeret eis”. (Los niños pidieron pan y no había quien se lo desmenuzara) …” (P. Castelli, Apología de las Escuelas Pías - RC 14, 60xxxx, p. 1)

(69) “Nuestra Religión está fundada
con suma Pobreza y suma humildad en conformidad al ministerio y obra que hace de enseñar a los niños pequeños pobres y paupérrimos, los cuales necesitan más que los demás de quienes les desmenucen el pan … y este bajo ejercicio de humildad de enseñar a los pobres que no hacen los demás religiosos, no se podría conservar entre nosotros, si no hubiese suma pobreza” (Mem. a. 1644 - RC 14,64x)

“Por esto las ha querido Dios (a las Escuelas pías) y para que cualquiera por pobre que sea pueda utilizarlas y nadie pueda excusarse el día del juicio de no haber educado bien a sus hijos por haber nacido pobre … queriendo como Padre de todos y sin preferencias por nadie proveer a todos de cosa tan útil y necesaria ha querido juntamente que esta Religión, conforme al título que le han concedido los Sumos Pontífices de Pobres de la Madre de Dios, se desposase indisolublemente con la Sta. Pobreza viviendo como pobre … sin temor que llegue a faltar ninguna cosa necesaria, para no agraviar a tan buen acompañamiento de la Pobreza y desconfiar de tantas prendas de la divina providencia, como son cuantos alumnos tenemos …” (P. Castelli, Apología, RC 14,60xxxx pp. 7-8).

“El Instituto de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, Beatísimo Padre, es necesario para el servicio de Dios … Dicho Instituto es imposible que pueda conservarse; en el estado de Congregación en que actualmente se encuentra, sin el vínculo de los votos requeridos, simples por lo menos … y esto es evidente dada la asperidad de la vida, viviéndose de limosna en pobreza, vistiendo un hábito vil, yendo descalzos, durmiendo mal … y trabajando en la primera educación de los niños instruyéndoles y acompañándoles después a sus proprias casas, obra considerada tan vil y abyecta … Es necesario asimismo el vínculo de los votos … el de Pobreza primeramente por la asperidad de vida en que viven, y después para no tener ocasión de convertir en venal una obra de Dios, que se hace por amor suyo sin recompensa, pidiendo a los alumnos o a sus padres dinero u otra cosa … Todas estas razones hacen que este Instituto de los Padres de las Escuelas Pías, apoyado todo en asperidades, y pobreza y obras viles a los ojos de los hombres, sea diversísimo del Instituto de los Padres de S. Felipe Neri, que viven de copiosas entradas, con casas magníficas, comodidades y servicio, y con obras nobles …” (Memorial para pedir la restauración -Eph. Cal. 1961, pp. 111-112)

(70) “Por lo tanto siendo este Instituto
tan agotador por ser de los que portant pondus diei et aestus (soportan el peso del día y el calor), gritando en la escuela, y no de aquellos que cantan en el coro; y tan difícil por tratar con tantos niños, como tantos cachorros o potros indómitos, y por otras circunstancias que agravan mucho la carga de los religiosos y el gobierno de los superiores; cuanto amoroso por ser los niños no menos atrayentes que entretenidos, y cuanto pío por enseñar por solo amor de Dios la piedad y devoción con las letras más necesarias praesertim pauperibus iuxta Breve erectionis (principalmente a los pobres, según el Breve fundacional), merece ser compadecido como parto de Osa todavía informe en algún aspecto, y ser favorecido con gracias especiales y protegido en modo particular como obra de Dios tan combatida por el Demonio en estos principios …” (P, Castelli, Apología, p. 8 - RC 14,60xxxx).

“Mandan dos horas y media de clase cada vez, lo que hace cinco horas al día, sin contar la Misa, Padrenuestros, letanías, acomodo de locales y filas, lo que con el acompañarlas y conducirlas desde la escuela a la Iglesia y de la Iglesia a casa comporta por los menos otras dos o tres horas, si no más, entre la mañana y la tarde, que hacen unas ocho horas al día de ocupación con los alumnos y por consiguiente entre gritos y ruidos, sin contar las horas de Regla, de obediencia y otras coyunturas o necesidades cotidianas hasta de cepillarse el polvo, limpiarse, y lavarse muy a menudo los pies. De donde puede deducirse qué tiempo nos quede para dormir, como para estudio, oficio, misa, oración y lectura espiritual, si no para las preparaciones y para otras actividades internas o de supererogación” (P. Castelli, ‘Discorso sopra I’Istituto delle Scuole Pie”, RC 14,60xxx, p. 2).

“Yo no puedo creer que V.R. se desaliente en lo más mínimo, porque siempre le he considerado uno de los más seguros y constantes Rectores de toda la Religión, y es en las necesidades donde se conocen los que aman al Instituto, como han demostrado cuatro de nuestros Rectores en estas calamidades y miserias, a saber, el de Savona que ha hecho siempre de Rector, de Maestro de la primera escuela, de Confesor las fiestas por la mañana en la Iglesia y por la tarde de Catequista en la Catedral, y ha continuado así hasta que le ha llegado ayuda, así han hecho también los Rectores de Pisa y de Florencia aun siendo forasteros, y además el de Norcia, y todos comenzarán o han comenzado ya las escuelas para este año y yo creo también que Dios bendito habrá dado a V.R. el mismo espíritu y fervor” (4507).

“Si nosotros hiciésemos el trabajo que hacemos por respetos humanos, seríamos muy infelices, pero lo hacemos por amor de Dios, de quien esperamos la recompensa” (Cf. 2843).

(71) “Es verdad con todo que teniendo
cada Instituto por objeto principal alguna virtud particular, además del universal de la ‘Caridad, tienen necesidad también de algún particular preventivo contra el vicio contrario; por lo cual, siendo el objeto de este nuestro la buena y pía educación de los niños, por sí mismos no menos atrayentes que entretenidos, y por otros respectos propensos a cobrar mutuo afecto a los maestros, como éstos a ellos, y así expuesto a algún peligro de amor impuro, necesita no sólo buenos preventivos de ejercicios devotos para conservar el espíritu y de vida austera y mortificada para frenar la carne, sino también buenos correctivos de penas proporcionadas a vicio semejante, y €en particular de una abertura para poder expulsar a los vehementer (grandemente) sospechosos, pues esta materia es de las que como dicen los Doctores se prueba dificilísimamente (ut aiunt Doctores difficillimae probationis: en el original) y este Instituto es de los que en tal materia no consienten dilación del remedio…” (Cualidades del estado más conveniente al Instituto de Ia buena educación, RC 14, 60xxxxxx).

“… por lo que se refiere al buen olor de la honestidad, yo por cuanto he podido recoger de las declaraciones hechas en la indagación de la visita, encuentro generalmente que no hay nada que desdiga de su estado religioso y que en este campo se conserva el buen nombre y la buena fama” (Primera relación del P. Pietrasanta - Epist. IX, p. 129).

“Con mucho gusto he oído que su Beatitud ha encargado a V.S. la incumbencia de arreglar las cosas de la Religión de los Padres de las Escuelas Pías… Yo por tanto que he tocado con la mano la inocencia de sus costumbres y el provecho poco común causado a la gente de estos estados educando a la juventud, ruego de todo corazón a V.S. que les favorezca…” (Carta del Príncipe Leopoldo, día 10 iul. 1655 Eph Cal. 1961, p. 107).

“Perdóneme Su Paternidad si parece que yo quiero elegirme lo que he de hacer y no esperarlo de la obediencia; porque estoy dispuesto a no hacer nada de cuanto he dicho y ocuparme solamente de la escuela, que la obediencia quiera…” (Carta del Cl. José Apa a N.S.P. RC 16, I-m-4).

“Creo que V.P. quedará asombrado al ver carta mía, es la ocasión la que me hace poner las manos en el papel, este silencio mío tan largo no ha procedido de otra cosa que de un respeto de un hijo indigno hacia un Padre tan digno, ahora con la presente vengo a prostrarme a sus pies y a reconocerle ahora más que nunca como mi verdadero y legítimo Padre, como siempre le he considerado y consideraré hasta la muerte, y dado que ahora ha llegado a Nápoles Monseñor de Conversano, que se hospeda en nuestra casa del Espíritu Santo, me hizo llamar y me dijo que V.P. le había informado acerca de mi persona, y me enseñó una lista en la que me ví escrito diciendo que fuese a Turi para la escuela de aritmética, yo le respondí que estaba pronto a, la obediencia de mis superiores; me ha parecido bien antes de marchar avisar a V.P. para que me diga lo que debo hacer, porque yo no estoy para separarme de su voluntad ni un mínimo pelo… estaré esperando lo que me mande V.P., y ahora que Dios nos ha querido mortificar por mis pecados, quiero hacer el instituto con mayor solicitud y fatiga, y dar el ejemplo que debe dar un hijo de tal Padre y Religioso, y finalmente pido a V.P. humildemente su santa bendición. Nápoles 10 de abril de 1646” (Carta del P. Juan de S. Antonio a N.S.P. - RC 17, Neap. Vari).

(72) “… Ahora algunos de nuestros Religiosos,
que aman poco la observancia de este Instituto no bien entendido por muy pocos, desean entre otras relajaciones el no enseñar a los pequeñitos pobres, para los que fué fundado este Instituto, ni tampoco acompañarles a sus casas, detestan además la suma pobreza, y la disciplina y mortificación, cosas necesarias para mantener en pie el Instituto. Ahora bien considérese si tales Padres son a propósito para pedir la reforma de las Constituciones, y si hay otras personas, que puedan conocer en este particular las cosas que más necesita el Instituto, sino el mismo Padre, que hizo las Constituciones, movido como se debe creer por el Espíritu Santo, y que tiene la experiencia de tantos años y del dicho Instituto, afirmando dicho Padre, que este Instituto se fundó para ayudar a los pobres no sólo en las letras, sino en lo que más importa, el santo temor de Dios, viendo que ninguna otra Religión quiso asumir este asunto de enseñar a los pobres, a los que Cristo nuestro Señor recomendó muy particularmente en el Santo Evangelio. Se debe por lo tanto fortificar y no relajar esta obra santa en esta materia de los pobres, y es necesario para conservarla en la observancia requerida que los Religiosos no sólo observen la santa pobreza, sino también practiquen diversas mortificaciones, como se contienen en dichas Constituciones” (Memorial del año 1644 para que no se cambiaran las Constituciones - RC 14, 64).

“Suprimiéndose este instituto se haría grandísimo daño a los pobres, que no tienen modo de pagar al maestro, y por tanto no podrían aprender las letras, que junto con la doctrina cristiana y las buenas costumbres se enseñan en dicho Instituto, pero de esto no se sigue, que no suprimiéndose, haya de enseñárseles sólo a leer, escribir y contar, y no la gramática, porque desde el principio del mundo hasta hoy ha escogido Dios entre los pobres a muchos que han resultado insignes filósofos, teólogos, grandes científicos y graduados en las mayores dignidades. Léanse y tráiganse a la memoria todas las historias antiguas y modernas, y esto baste” (Memoríal de año 1644 o 1645 “Che l’instituto delle Scuole Pie non debba alterarsi” – RC 14, 61x).

(73) “El Instituto de los Padres de las Escuelas pías es comúnmente considerado tan útil, y además por su modestia tan acepto en este Reino, que estas Majestades lo tienen bajo particular patrocinio. Y pues desearía, que en esta coyuntura de nuevo Pontífice se le pudiera restablecer en su estabilidad anterior, vengo con la presente a recomendarlo muy vivamente a la protección de V. Excelencia. Aquí los herejes no tienen la menor dificultad en enviar a sus Escuelas a sus hijos pequeños para que aprendan a leer y escribir. De lo que podrá fácilmente deducir V. Excelencia de cuánta utilidad puede resultar a la Iglesia de Dios este Instituto bien gobernado… pues no puede ser que con aquellos primeros rudimentos no se imprima también en aquellas tiernas mentes alguna marca de piedad católica…” (Carta del Gran Canciller de Polonia, Eph. Cal. 1961, p. 102).

“Los Padres de escola pía vinieron a fundar a esta ciudad llamados de ella muchos años ha; y en todo este tiempo se han experimentado muy buenos efectos de suavidad y buenas letras tanto en la educación de la juventud como en la frequencia de Sacramentos que hay en gran concurso en su Iglesia…” (Carta de los Regidores de la Ciudad de Cagliari, 15 agosto 1655 - Eph.Cal. 1961, p. 109 – En castellano en el original).

“Gozo al saber por mis Padres su buen estado de fuerzas corporales (así el Señor se las aumente infinitamente) y me honro de que Ud. no se olvide de mí. Deo gratias. Me olvidaba decirle que el Sr. Marqués Strozzi le envía sus mejores respetos, y lo mismo hacen el Revmo. P.D. Benito, Campanella, su discípulo el Sr. Juan Borrelli, el Sr. Magiotti y muchos de nuestros Padres, entre los cuales yo no ocupo el último lugar en el deseo de servirle. Nuestro P. General reconoce que le está muy obligado por los favores que me hace Ud. a mí y a los demás Padres nuestros…” (Carta del P. Michelini a Galíleo - Picanyol, ‘Le Scuole Pie e Galileo Galilei’, pp. 52-53).

“Dicho Padre (Michelini) ha resultado de mi completa satisfacción, y confieso no haber conocido hombre de igual inteligencia, recto y sincero: se muestra afectísimo a las cosas de V.S. de modo que no he podido desear más; y en suma, me parece un espíritu elevadísimo sobre la clase ordinaria de los hombres probos, porque no sólo está dotado de gran saber, sino que también me han encantado su modestia y discreción…

“… He quedado asombrado de su sabiduría, maravillado de su agudeza de ingenio, satisfechísimo del sincero amor que tiene por V.S., y encantado de su bondad…

“… V.S. gustará la dulzura y suavidad de este buen Padre, que yo considero el summum, pareciéndome cortado justo a la medida de la verdadera escuela de V.S., de inteligencia sublime y modestísimas pretensiones, condiciones que han de hacerle agradabilísimo a esa nobleza…” (Cartas de D. Benito Castelli a Galileo - Picanyol, ibid., pp. 77-78)

(74) Baste recordar aquí lo dicho en las notas 14 y 34 principalmente.

(75) “… proviene .de la misma índole del Instituto, el cual aunque por sí mismo es santo, en la práctica no parece que sea juicioso, uniendo dos cosas que es difícil unir, y son suma austeridad en la comida y suma fatiga, siendo su profesión extremamente laboriosa. Y así en las indagaciones que he hecho durante la visita, casi todos comúnmente rechazan la desnudez de pies y piernas, la abstinencia y ayunos que tienen cada semana, de los cuales uno es a pan y agua, las tres disciplinas también de cada semana y los cilicios de hierro de los viernes, la camisa de sayo y las camas con sólo paja, que ni siquiera se renueva a veces en cinco o seis años, la comida ordinaria bastante escasa, que por lo general es de sobras y alimentos no en venta, de modo que con sólo nombrarlos pueden producir náusea, y cosas semejantes, en las cuales se pide reducción y moderación aun por los que quieren permanecer en la religión” (Primer informe del P. Pietrasanta Visitador - Epistolario de N.S.P., vol. IX, p. 127).

“José Pertazzi, sacerdote de la Congregación de las Escuelas Pías… habiéndose enterado del próximo ajuste de la dicha Congregación, movido por puro celo del servicio de Dios, humildemente sugiere las siguientes cosas para dar alguna perseverancia al Instituto:

Y primero se debería prohibir a dichos Padres ir descalzos…

2. Se les debería prohibir acompañar a los alumnos a sus casas…

4. Se debería dar facultad al P. General con los Asistentes de poder moderar las antiguas Constituciones, que consideren inobservables, no obstante la prohibición de no poder cambiarlas sin el Capítulo General y siendo favorables las 5 sextas partes de la Religión…” (Memorial del año 1656 - Eph. Cal. 1961, p. 116).

Véanse también las Actas del Capítulo General del año 1659, donde no aparece ya en la fórmula de la profesión la expresión “suma pobreza” ni tampoco se encuentra la promesa: “Prometo además y juro no procurar nunca ni consentir por razón alguna que lo que mandan las Constituciones de nuestra Congregación sobre la Pobreza se cambie, a no ser cuando por causa justa pareciera que la Pobreza habría de estrecharse más”. En dichas Actas aparecen ya también algunas mitigaciones de Ia pobreza y la austeridad (Archivum Scholarum Piarum, I, pp. 16 ss.).

(76) “Hemos determinado y establecido
en nuestro Consejo, para eliminar las Doctrinas peregrinas e introducir Doctrina sólida y uniforme, crear para beneficio común de toda nuestra Congregación aquí en Roma un Estudio General, al que cada Provincia mande dos sujetos escogidos, introducidos en las bellas letras, y de ingenio y buenas costumbres comprobados con fe del Provincial y sus dos Consultores, y también del Rector de la casa, donde los jóvenes vivían de comunidad, y para su sustentamiento la misma Provincia aplique dos Misas cotidianas o bien el equivalente de dicha limosna. Así pues, V.R., en ejecución de esta determinación nuestra, hará la sobredicha erección de los Jóvenes según el modo prescrito y los enviará a Roma cuando refresque el tiempo. Pero advierta bien por favor, que puedan dar resultado y en breve tiempo ser provechosos a esa Provincia, que nosotros por otra parte le aseguramos nuestra diligencia y vigilancia de su instrucción… Roma, 25 de Junio 1661” (Carta del P. Scassellati a los PP. Provinciales - Eph. Col. 1961, p. 233).

“Primeramente considero que nuestra Religión es muy activa, ordenada a la erudición de la juventud y a guiar a las almas en el conocimiento de Dios, por lo que no pudiendo enseñar el que no sabe, es necesario que quien debe ser maestro, aprenda primero como discípulo, y cuanto más aproveche él en las ciencias, tanto más felizmente podrá profesar el Instituto. Y si a este principio se me responderá que siendo el Instituto para enseñar letras humanas, caligrafía y aritmética, bastará aprender sólo estas cosas y nada más; replicaré que nosotros no sólo tenemos que dedicarnos a las escuelas inferiores, sino que también en virtud de nuestras Constituciones debemos catequizar e instruir en los principios de la fe y del temor de Dios por medio de Catecismos, conferencias, Congregaciones y sermones en nuestras Iglesias; oír confesiones, ser Superiores, asistir a moribundos, y tratar todo el día con los prójimos, quienes fácilmente nos piden consejo para sus intereses espirituales y temporales, de donde si no sabremos más que un precepto de Gramática, un verso de Virgilio, un hermoso tipo de letra y la regla del tres, no absolveremos plenamente todos los ministerios que nos impone el mismo Instituto: ser Superior es tener cura de almas, confesar y juzgar. ¿Cómo por tanto podrá hacerse bien por quien es ignorante? …

“Muchas otras ventajas me parece se sacarían del cultivar los estudios. En primer lugar entrarán en nuestra Religión muchos buenos ingenios y personas educadas, a las cuales les disuaden hoy sus Parientes y amigos principalmente por esta razón de que no se estudia, que no se puede medrar como en las otras, que se quedarán siempre unos ignorantes y capaces de enseñar sólo el ABC; esto cesará cuando se vean grandes hombres y no inferiores a los que destacan en las otras Religiones, y profesar un Instituto de escuelas inferiores será considerado obra de elección y caridad, no de ignorancia y necesidad. 2. La Juventud se educará más religiosa y tranquila, no sólo porque, como conocieron también los paganos, el saber infunde conocimiento del propio estado y prudencia gobernarse bien, y contribuye en gran manera consecución de un ánimo bien ordenado, lo que en nosotros Cristianos y mucho más en nosotros Religiosos es acrecentado e informado por el mayor conocimiento de Dios y por la caridad con la cual más conocido más se ama, sino también porque las inteligencias cuanto mayores son, tanto más exigen ocupaciones más consistentes; por lo cual cuando empiecen a prendarse de las ciencias, objetos y pastos más proporcionados a sus entendimientos, cogerán afecto al estudio, estarán más retirados y no se les verá ociosos dando vueltas por dentro y fuera de casa en busca de entretenimientos, charlas y a veces murmuraciones, y esperando tras un breve trascurso de años haber de entregarse totalmente a las ciencias, las irán cultivando siempre, y en poco tiempo se verá la Religión florecer de sujetos sin prejuicio, es más con decoro del Instituto, que resultará más acreditado y más provechoso y por lo tanto más deseado y subvencionado con más abundantes limosnas por los pueblos, como oímos en las otras Religiones. 3. Nuestros mismos Religiosos vivirían con ánimo más alegre, más encariñados con la Religión, que reconocen les ha mejorado tan bien con las virtudes; cesaría aquel sumo abatimiento de ánimo, en que les vemos envilecidos, y desaparecerían aquellas voces comunes y perniciosas, según las cuales tanto importa en las Escuelas pías estudiar y ser docto, como darse la buena vida y permanecer ignorante, porque les parece que con todos sus esfuerzos tienen que estar siempre condenados a una miserable escuelita, de lo cual se desengañarían, cuando vieran el honor mayor que reciben con el ejercicio de las ciencias superiores y la profesión de estudios mayores, aun dentro de los muros domésticos, por los cuales se les estima más dentro de la Religión y por consiguiente se le prefiere a la hora de distribuir cargos y encargar asuntos…” (Carta del p. pirroni, 12 nov. 1681 - Archivum Scholarum Piarum, III, pp. 51-55).

(77) Véanse las notas 73 y 87 y en general “Le Scuole pie e Galileo Galilei” del P. Picanyol

“… ¿cuánta mayor sabiduría no se encontraba entonces que ahora? Tenían la cátedra de Matemáticas en la célebre universidad de Pisa, dieron principio a los estudios de las ciencias en Cerdeña… Hecha la profesión vayan a las casas de Estudios donde permanezcan otros dos años estudiando Humanidades, tan necesarias a nuestro ministerio, otros dos años estudiando Filosofía, a la que irá siempre unida como lección extraordinaria la Matemática…” (P. Pirroni, ibidem, pp. 52-53).

(78) “De grandísisimo mérito
por establecer y ejercitar en la Iglesia con amplitud de caridad un eficacísimo remedio preservativo y sanativo del mal, inductivo e iluminativo al bien, de todos los muchachos de toda condición y así de todos los hombres que antes pasan por esa edad… supuesta por tanto la utilidad y necesidad de esta obra que abraza todas las personas y condiciones y lugares…” (Mem. Tonti - Eph. Cal. 1967, pp. 473 y 475).

“Quiero decir que nuestras Reglas son para enseñar a los pobres y no a los ricos (cuando con todo no faltasen otros maestros), siendo para los ricos todas las otras Religiones, pero nosotros solos para los pobres” (Mem. a. 1644 – RC 14, 64x).

“En cuanto a lo que me escribe V.P., que yo le diga mi opinión acerca del volver a Florencia, yo, Padre mío, estoy aquí para obedecer; y así como para venir aquí, no repliqué la más mínima palabra, así para marcharme querría hacer lo mismo, porque por gracia de Dios me basta el ánimo para estar en todas partes, máxime queriéndolo mis mayores. Pero bien querría, si tuviese que decir mi opinión, como me manda V.P., querría digo que pensase V.P. que yo he estado seis años en Florencia, cuatro de los cuales en particular, en los que hice la Escuela de los Nobles, trabajé como un perro, e hice cosas, que como me parecía debían ser gratas a todos, y no obstante por mi mala fortuna no contenté a algunos de los nuestros, y en particular a V.P. y al P. Francisco Asistente; y esa fue la raz6n, de que yo con gusto a su primera indicación, sin esperar la obediencia, me marchase; porque si he de trabajar y no he de contentar primeramente a Dios y después a mis Superiores, que ocupan el lugar de Dios, no conviene que me ponga a hacer nada V.P. no quiere aquella Escuela de los Nobles en Florencia, ahora bien ¿por qué tengo yo que mantenerla con su disgusto? Quiero y debo más bien mirar la voluntad de V.P. que la de quien sea, con tal que sea hombre; ahora aquí estoy en paz y tranquilidad…” (Carta del P. Juan Francisco Apa a N.S.P.; 30 nov. 1641 - RC 15, Neap.).

“… el instituto de las Escuelas Pías si se pondera sin pasión, no sólo no ocasiona daño, sino que en todo y para todo es de grandísima utilidad, abrazando comúnmente a todos pobres y ricos en las Ciudades en que ha sido introducido… la Religión de las Escuelas Pías, la cual no debe mirarse solamente aquí en Roma, sino en todos los sitios a donde se ha extendido enseñando en las Ciudades en que no hay otros Religiosos a todos; y aún aquí no son todos obreros, sino hijos de hidalgos y de Nobles de sus países, y en algunas Ciudades en particular quieren los Nobles más bien ser educados por los padres de las Escuelas Pías, como hombres que viven lejos de intereses, que por las otras Religiones, y así se acostumbra en Florencia, en Pisa, en Ancona y en otros lugares, donde si no son nobles, los mismos nobles son los que recomiendan los pobres a las escuelas, y hay pobres, que son nobles venidos a menos…” (Mem. a. 1644 o a. 1645 ‘Que no deba cambiarse el instituto de las Escuelas Pías’ - RC 14, 61x).

(79) “Y si la S. Iglesia acostumbra conceder
esta gracia a tantos otros Institutos, por qué no a éste que puede decirse compendio de los otros Institutos, no sólo por ayudar al prójimo en caso de necesidad en todo lo que es ayudado por los otros, sino por preparar y disponer las almas con una buena educación para la competencia de todos los otros…” (Mem. Tonti - Eph. CaL 1967, p. 476).

“V.R. como Sacristán haga comprender al P. Visitador que esa Iglesia es antigua, de devoción, parroquial y situada en el corazón de Florencia, y que por razón de la costumbre no se puede hacer todo lo que requeriría la conveniencia de la Casa y de la observancia, que no obstante hay Epikeia, que es una equidad que hay que guardar en la observancia de la leyes” (Ct. 2409).

“Las provincias de Germania y Polonia por lo que se refiere a las parroquias, si se presenta el caso, lo someterán al P. General y sus Asistentes” (Cap. Gen. a. I665 - Archivum, II, p.14).

“tanto en la educación de la Juventud como en la frequencia (sic) de sacramentos que hay en gran concurso en su Iglesia” (Regentes de Cágliari, a. 1655 - Eph. Cal. 1961, p. 109).

“… mientras no quiere ayudarnos el Papa mismo: cosa de grandísimo escándalo entre los herejes, que aprecian sanamente al Instituto y nuestra vida, y muchos se convierten siempre como por la mano, y los tantos ya convertidos, que son por así decirlo incontables, se confirman mayormente en la santa fe católica. Y entre otros nuestros Padres convirtieron aquí en Bohemia a un excelente Pintor, de 70 años de edad, el cual hará 8 o 9 meses que murió, pero ¿cómo? Santísimamente, habiendo recibido de nuestros Padres todos los Santísimos Sacramentos. Y tenía un hijo ya hombre, igualmente pintor, pero hereje obstinado, quien se encontró a la muerte de su padre con nuestros Padres, que le recomendaban el alma, y el hijo todo triste y melancólico con lágrimas observaba diligentemente los actos y palabras de su padre, que entre las otras gracias que agradecía a Dios bendito, la primera era haber conocido y abrazado por nuestra mano la santa fe católica; en este fervor, espíritu y devoción con maravilla de los circunstantes exhortó a su hijo a hacerse enseguida católico, que si no, supiese que sería condenado eternamente, pues no había en todo el mundo otra fe viva que la Santa Fe Católica Romana, que le habían enseñado nuestros Padres. A estas palabras respondió el hijo con gran sentimiento: ‘No dudéis, Padre mío carísimo, que yo haré con muchísimo gusto lo que me ordenáis, y os prometo cumplirlo todo mañana, antes de que vuestro cuerpo sea enterrado’. Cumplió puntualmente lo prometido al día siguiente, en que se confesó con nuestros Padres y comulgó después en nuestra iglesia, y este hijo, actualmente hombre, vive siendo un óptimo católico, y ahora le he hecho pintar un hermosísimo cuadro de S. Felipe Neri para nuestra lglesia. En suma no sé decir más que faltando las Escuelas Pías en Germania, Bohemia y Polonia, faltará una gran parte de la santa fe católica…” (Carta del P. Novari, 5 íun. 1647 - Eph. Cal. 1960, p. 130).

(80) “El año 1603 vino a ayudar dicha obra
un venerable anciano de mucho espíritu, que había tenido escuela de gramática y humanidades en Roma por quizá más de 40 años y ahora se encuentra en la edad de 110 años, el cual ha perseverado siempre y persevera en dar clase con las mismas fuerzas como si fuese joven con gran provecho de los alumnos, llamado Gaspar Dragonetti de Leontino en Sicilia” (Ct., 132 a).

“el Padre Gaspar Dragonetti, quien siendo de edad de ciento quince años y más… está con todo eso sano y robusto, y no solo ve sin lentes y tiene los dientes, sino que trabaja cada día enseñando gramática a los niños, que tienen en aquellas escuelas, profesión que me contó ha ejercido públicamente más de setenta años…” (Relación de Pedro de Valle; Eph. Cal. 1960, p. 171).

“Su vida de cada día era esta: Por la mañana se levantaba muy temprano y hacía una hora de oración mental, y después preparaba las lecciones de la escuela (la cual no dejaba nunca, sino por enfermedad, y cuando sucedía esto, hacía que vinieran los alumnos a su cuarto y enseñaba desde la cama); dado el toque para la escuela iba y hacía los ejercicios acostumbrados y tenía una voz sonora, que se oía bien lejos, y nunca usó gafas ni jamás le faltó un diente, y acabada la clase iba a misa, la cual terminada se retiraba a su cuarto y hacía media hora de oración mental, y después comía y luego reposaba un poco, y hecha de nuevo oración, se preparaba a la clase a la que iba al toque y hechos los ejercicios y acabada volvía al cuarto y hacía una hora de oración mental, y llevaba también a hacerla a algunos alumnos; acabada la cual cenaba, estaba un poco y hecha oración iba a descansar” (P. Govotti, ‘Cose particolari de moribus et vita del Pre Gaspare Dragonettí delle Scuole Pie’, RSD 60, 8; Eph. Cal. 1960, pp. 170-171).

“Al P. Gaspar que tenga cuidado de su salud y trabaje poco, que yo aprecio tanto la oración que hace en su cuarto como el trabajo de la escuela, y tengo gran consuelo cuando oigo que se tiene cuidado de que esté bien…” (Ct. 56).

“He visto con consuelo cuanto me escribe y quisiera saber quién está en la escuela inferior a la del P. Gaspar, y quién en la otra más inferior y quién en la otra más inferior aún y que alumnos hay en cada escuela y sobre todo deseo que en la escuela del P. Gaspar no haya si no alumnos grandes aunque los pasen de la 2a y 3a clase, y los otros vayan a otra escuela, de modo que el P. Gaspar no haya de luchar con cerebros de muchachitos que no conocen su provecho e impiden el de los grandes…” (Ct. 52)

“Un día pasó el Papa Urbano VIII por la plaza de S. Pantaleo yendo hacia S. Pedro y vió aquel anciano venerable que estaba sentado en una silla fuera de la puerta de la iglesia. Preguntó al Card. Mellino su Vicario quién era aquel hermoso anciano con una barba tan larga que parecía otro S. Pablo primer eremita y que tenía tantos niños alrededor.

Le contestó que era el P. Gaspar Dragonetti, que tenía la primera escuela en S. Pantaleón, y así de anciano explicaba las lecciones con una memoria tan grande, que causaba estupor.

Le entró curiosidad al Papa de oírle explicar una lección de Virgilio, pues era muy erudito en las bellas letras, y le mandó decir que fuese por la mañana a Montecavallo, pues quería oirle explicar una lección de Virgilio.

Contestó que iría a cumplir la obediencia y haría cuanto le mandaba y que si quería algo más le avisase.

No es necesario más, lleva tu Virgilio, que no le quiere dar más molestias.

Por la mañana el buen anciano con su bastoncito se fue a Palacio, donde estuvo esperando sentado un buen rato y todos aquellos Prelados hablaban entre sí de diversas historias, y como se hacía tarde y no parecía iba a empezar la Audiencia, dijo al Maestro de Cámara: Señor es tarde y yo no puedo esperar más pues soy viejo, ha pasado la hora de comer, diga al Papa que si lo desea volveré otra vez, pero que no me haga tardar y perder el tiempo que los alumnos son los perjudicados; y dándole los buenos días se volvió a Casa sin decir más. Cuando le fue referido al papa se puso a reír diciendo: pobre anciano, tiene realmente razón; y le mandó a decir que fuese al día siguiente después de comer, que le oiría con mucho gusto. No quiso que se le mandase una Carroza diciendo que iría poco a poco, bastaba que le acompañase alguien.

Fué el venerable anciano y fue introducido inmediatamente, besado el pie al Papa lo hizo sentar, sacó de la bolsa su Virgilio, se hizo la señal de la Cruz, y como si estuviera en la escuela dijo que estuvieran atentos, pues no sólo estaba el Papa sino toda la Cámara Secreta, preguntó qué libro le gustaría que explicase, y se le respondió que el que él quisiera. Abrió el libro al azar y comenzó con una voz sonora, variándola cuando hacía falta con tanta gracia, que el Papa quedó maravillado, hizo tantas elucidaciones, que parecía hubiese preparado aquella lección por mucho tiempo, luego al improviso hizo un epigrama en alabanza del Papa, quien quiso que se escribiese.

El Papa le preguntó cuántos años tenía, qué régimen alimenticio seguía y en que se ocupaba durante el día. ‘Beatísimo Padre, contestó, los Años son muchos, cumplí los cien hace tres años. Como lo que me da el P. General, para cenar un poco de sopa de pan. Me ocupo en la Escuela con mis alumnos. Por gracia de Dios estoy sano y no me falta ningún diente, hago un poco de ejercicio cuando me lo permite la obediencia, y no me puedo quejar de la providencia Divina, en la que está apoyada nuestra Religión como el P. General la ha dotado.

El Papa le preguntó, que viera lo que necesitaba, que le dijese libremente lo que deseaba. Contestó que él no necesitaba nada, que muchas gracias, le bastaba su bendición; le besó de nuevo el pie; le bendijo diciéndole que tuviese cuidado y no trabajase tanto porque la edad era mucha y las fuerzas no podían resistir”.

“Replicó que mientras tuviera aliento trabajaría en la escuela como había prometido a la Beatísima Virgen, la cual le mantenía con aquel vigor para bien de los niños Pobres para que les enseñase primero el camino del cielo y después las letras humanas” (Caputi, Not. Hist., t. I, par. III, pp. 34v. - 35, nn 135-138).

(81) “Yo me encuentro en las Escuelas pías de Roma,
Donde concurren hasta 800 entre niños y jóvenes, y hasta ahora no se ha enseñado más que Gramática, y yo he venido aquí sin buscarlo, sólo por pura obediencia a los superiores; bien es verdad que mi corazón lo deseaba mucho, pero no lo manifestaba para no evidenciar afecto a cosa alguna, sino estar todo resignado al querer de Dios N.S. y de los Superiores. Ahora estoy seguro de que es vocación de Dios y espero que el Señor se querrá servir de mí para esta obra suya, que es de tanta importancia, que me causa estupor, pues estos hijos de Pobres, que suelen ir por las plazas sin ningún freno de Temor de Dios N.S. entregándose a toda clase de deshonestidad en palabras y malas acciones, aquí se apartan del ocio y del mal y con la ayuda divina se ocupan en ejercicios para el espíritu y para el conocimiento de la Doctrina cristiana. Aquí se les da papel, plumas, rosarios, catecismos, libros espirituales por amor de Dios y oficios parvos de la Virgen para que dejen las cosas vanas y se inflamen en el servicio de Dios, y verdaderamente no se puede decir lo importante que es para estos niños, que todavía no se han habituado mal inclinarles al lado bueno. ¡oh qué facilidad, qué dulzura se experimenta! Gloria Patri et Filio …” (Carta del Ven. Glicerio, 29-IX-1612; RSD 38, I, 2).

“Habiendo visto el gran fruto que podía obtenerse de las plantas tiernas de dócil juventud con suma gloria de su divina Majestad, se dedicó a ello tan de corazón, que nada estimó más, y el día último de mayo de 1612, a los cinco años aproximadamente de su conversión, vino a cohabitar con el sobredicho P. Prefecto de las Escuelas Pías… Aquí empezó a desplegar mayormente las velas de su fervor el Abad Glicerio siempre más encendido en el amor de Dios, que le había llamado a tan santa obra; y puesto que sabía que todas las virtudes sin la raíz de la humildad pronto se secan, y aquélla si no tiene por fin la caridad tanto para con Dios como para con el prójimo se llama virtud mal cimentada y más bien hipocresía, aumentó e incrementó en él el humilde desprecio de sí mismo, basado en un conocimiento bajísimo de su nada, ocupándose siempre €en las más viles faenas de la casa, como barrer, lavar platos, servir en la cocina, limpiar de las paredes las telarañas (cosa que quiso hacer hasta el final de su vida, y para lo cual se había procurado una larga asta a la que había atado una escoba, y las quitaba de los muros y techos aun delante de conocidos personajes), limpiar los lugares comunes de la casa y principalmente los de los alumnos, lavar los pies. a los forasteros que se alojaban en casa, y otras cosas parecidas como había hecho siempre desde el principio de su conversión … Pero como sabía que entre las cosas principales, que se deben infundir en las almas de los jóvenes, están los misterios de nuestra santa fe, se entregó principalmente a imprimir su conocimiento en los muchachos, enseñándoles la Doctrina Cristiana no sólo en las escuelas, de lo que se hace especial profesión por ser este uno de los primeros fines del Autor de tan santo instituto, sino también en las iglesias primarias de Roma, donde era enviado por el P. Prefecto de las Escuelas Pías” (P. Baldi, o c. - RSD 39, pp.2I y 26v).

“Tenía además tan gran fervor en enseñar la Doctrina Cristiana, en Roma o donde se encontraba, a los niños y a los pobres y a las demás personas, y de ordinario los días de fiesta para ir pronto a esa obra, que se acostumbra hacer en las iglesias después de comer, no se preocupaba de comer mal y de prisa, yendo durante el verano por el gran sol y durante el invierno con lluvias y fango a donde se le mandaba, y en particular a S. Adrián en Campo Vaccino, de cuyo Catecismo fue Prior muchos años, permaneciendo mientras vivió y organizando dicho Catecismo con tal diversidad de órdenes, clases y maestros, que era una maravilla el concurso grande que había sea de niños como de niñas, teniendo a las niñas separadas con su Priora y maestras con cortinajes, para que no pudiera vérseles e hicieran su tarea con más tranquilidad, y esto lo sé por haberlo visto muchas veces. Daba por amor de Dios no sólo a los niños pobres, sino también a los campesinos que venían para aprender la Doctrina Cristiana, un panecillo a cada uno los Domingos, y además estampas, rosarios, medallas, catecismos y de los grandes, y otras cosas parecidas, y procuraba ayudas y limosnas del Limosnero del Papa para los enfermos, en particular para los catequistas cuando estaban enfermos o necesitados. Acabado el catecismo solía reunir a todos los catequistas exhortándoles a frecuentar dicha obra con gran fervor y con el orden y método que ellos usaban, y a la par a vivir cristianamente frecuentando con devoción los Santísimos Sacramentos. Cuando comulgaban iba con ellos a comulgar, y les llamaba a la Comunión los días señalados para ello. De modo semejante exhortaba algunas veces a las maestras, para que unidas y con fervor enseñasen la Doctrina Cristiana y buenas costumbres a las niñas; fue verdaderamente el modo que él tenía de organizar y enseñar el catecismo a mi modo de ver más que humano… En Roma iba muchas veces a otros Catecismos a ayudar y organizar lo que era conveniente, bien donde le parecía o donde se le mandaba por parecer más necesario y oportuna su ayuda, pero particularmente iba con gran cariño a la iglesia de Santa María de Grottapinta, donde iban solamente a aprender las oraciones y cosas necesarias los pobres campesinos, que trabajaban toda la semana en el campo, y unas pobres ancianas que necesitaban aprender las cosas necesarias, y esto lo sé por haberlo visto muchas veces y porque me pedía permiso para ir… Fue de singular humildad y desprecio de sí mismo y lo evidenciaba en todos sus actos no preocupándose de ser de familia tan noble, sino que tenía de sí mismo un vilísimo concepto…” (S. José de Calasanz - RSD 41, pp. 36 v ss. y 41 v-42).

“La fama de insigne catequista de que gozó en vida el Ven. Glicerio Landriani continuó viva después de su muerte con el bellísimo sobrenombre que le asignó el pueblo romano de ‘Restaurador de la Doctrina Cristiana en Roma’ (Picanyol, ‘Un Apostolo della Dottrina Cristiana in Roma. Il Ven. Glicerio Landriani delle Scuole Pie’, in ‘Rassegna di Storia e Bibliografia Scolopica’ III, 1938, p.11).

(82) “Le corresponde verdaderamente, en el pleno sentido de la palabra, el título que le da el ‘libro de los difuntos’: ‘Padre y fundador de muchas provincias y propagador de las Escuelas Pías’. Hizo realmente mucho por las provincias de Sicilia y de Nápoles; restauró enteramente las de Germania y Cerdeña y puso los cimientos de las de Polonia, Austria y Hungría, siendo por un breve período también Provincial de Roma. De las provincias que existían entonces sólo la de Liguria y la Toscana no le tuvieron por Superior; solo ellas no experimentaron el resultado inmediato de sus paternales providencias. Las provincias ultramontanas en cambio se lo deben todo o casi todo: vocaciones autóctonas, fundación, propagación, organización, disciplina, espíritu, método pedagógico, orientación científica y práctica. Es verdad que a menudo el ‘espíritu motor’ fue el mismo Calasanz, mientras vivió, como resulta de su correspondencia, pero la práctica ejecución de las normas calasancias y su prudente adaptación al ambiente y a las circunstancias particulares fueron completamente obra suya, fruto de sus fatigas y cuidados” (‘De un manuscrito no publicado del P. Sántha, p. 89).

“Estime V.R. que Dios le ha elegido para Padre común tanto de las Casas de Alemania, como de las de Polonia, y cobre grandes alientos que Dios le protegerá y defenderá para que pueda fundar mejor nuestro Instituto en esas partes, y aquí no omitiremos el rogar a Dios que le dé el espíritu y fervor que son necesarios para superar todas las tribulaciones y adversidades que le puedan ocurrir” (Ct. 4067).

“Después de muchos peligros por parte de los Herejes Valones, que con injurias y amenazas nos evidenciaban el odio, que tienen a los Católicos Papistas y en particular a los Jesuítas, y llevando nosotros un hábito casi igual al de dichos Padres, nos habrían gustosamente saludado con las carabinas y hachas, armas que usan con grandísima destreza, pero como no ha sido así la voluntad de Dios, no han podido desahogar su rabia, sino sólo con palabras. Hemos llegado finalmente a salvo a esta ciudad de Cracovia, y de aquí esperamos partir a la primera ocasión para Varsavia, donde creo encontraré cartas de V.P. para aquella fundación junto con las del Emo., nuestro Protector. De cuanto allí nos ocurra, informaré a V.P. Estos Carmelitas Descalzos nos dan esperanza grande, de que las cosas procederán con grandísimo acrecentamiento de nuestra Religión, y que ya se ha hablado de ello entre estos Grandes del Reino, los cuales nos estaban esperando. Yo encomiendo todo al Señor, conformándome en todo con su Santísima Voluntad, y rogándole que obre según lo que El es, como pido a V.P. que haga lo mismo. Onrnia possibilia sunt Deo, et non est abbreviata manus eius. Et potest de lapidibus filios Abrahae suscitare. (Todo es posible a Dios y no se ha acortado su mano. Y puede hacer salir de las piedras hijos de Abraham). Y quiso por medio de los más viles soldados de Gedeón destruir a sus enemigos. Et vilia elegit (Y eligió a lo vil). Nosotros no dejaremos de hacer lo que podamos, según aquel poco talento. que ha querido darnos su Divina Majestad para el acrecimiento de nuestra Religión pobre y salvación del prójimo por medio de nuestro instituto. Si después resulta de otro modo, fiat voluntas Dei (hágase la voluntad de Dios). Este es asunto, que interesa más a Cristo, que quiso morir por la salvación de las almas, que a nosotros, que no hemos derramado nuestra sangre. Y por último nos encomendamos a sus Santas Oraciones y Sacrificios, pidiéndole la santa bendición. En Cracovia el 5 de julio de 1642 … Onofre del Ss. Sacramento” (Ep. 41; Sántha ‘Epístolae ad S. Josephum Calasanctium…” Romae 1969, pp 232-233).

“Esta Provincia consta de presente de tres Casas con cerca de sesenta Religiosos, de los que la mayor parte es del país. Hay noviciado. Hay (para los juniores) un doble Estudio de Retórica y de Filosofía. Los nuestros se dedican a las tareas escolares, cultivando estas tiernas plantas, instilando en las almas de los muchachos la piedad y Religión Católica, verdadero medio y único remedio para reformar, o mejor dicho, dar nueva forma a esta pobre Cristiandad informe y deforme de veras de veras (sic). No se descuida con todo (aunque esto resulte más difícil y sea menos seguro) el atender at mismo tiempo con Catecismo, Confesiones y Sermones a la instrucción y confirmación en la fe de los Católicos, y a la conversión de los Herejes, aquéllos ya enraizados en la ignorancia y los abusos, y éstos de tal manera arraigados en sus perversas opiniones, que sólo la mano del Altísimo es capaz de desarraigarlos; pero alabado sea el Señor … pues con estos medios los Católicos se van reformando en las costumbres, reverencian y frecuentan los Sacramentos (Allí donde antes no sabían apenas si existían Sacramentos, o si lo sabían los despreciaban), abandonan los antiguos abusos … y se ejercitan en otras Obras de piedad, conformándose con la Iglesia Romana en tal manera, que parece ya, que estas ciudades, donde viven los nuestros, y que en otro tiempo fueron todas herejes, no se diferencian en nada por lo que se refiere a devoción y frecuencia de Sacramentos e ir a la Iglesia, aun en los días feriales, de esas Italianas … En cuanto a los Herejes enteras ciudades, depuestos sus errores, abrazan la fe verdadera y católica; otros, oyendo los Sermones y Catecismo, se convierten. Otros por propia iniciativa (dejando los Religiosos más cercanos) vienen a abjurar la Herejía en manos de nuestros Padres … Estos son progresos pequeños sí, si se mira a la inmensidad de esta Mies, pero grandísimos, si se atiende a la pequeñez y debilidad de nuestra Orden … Su Divina Majestad mire desde el Cielo esta Viña plantada por su Derecha y mande aptos Obreros para cultivarla… (P. Conti al Card. Cesarini, 10 enero 1640 - Sántha, ibid. pp. 159 - 160, nota 7).

(83) “Ha querido el Señor llamar
a sí al P. Lorenzo el día primero del presente con mucha devoción, queda aquella casa sin confesor y la religión sin uno de los más fervorosos sacerdotes que tenía, hagan ahí los sufragios acostumbrados que ese Padre merece se cumpla bien con él” (ct. 106).

“… me pide la lista de algunos de nuestros Padres, muertos en opinión de santidad … El segundo, P. Lorenzo de la Cruz, en el siglo Santillo, de Espoleto, muerto en Narni en 1622 el 1 de junio” (Ct. 4238).

“El segundo, P. Lorenzo, era de raro talento para convertir al santo temor de Dios a los alumnos más díscolos, que venían a las Escuelas, y cuando murió fué enterrado en el pavimento de la Iglesia de Narni, y a los nueve o diez meses de su sepultura, se encontró su cuerpo entero sin la menor señal de corrupción, y el pueblo confluyó para verlo como cosa milagrosa. Era de pequeña estatura, de pelo castaño, de cara modesta y mortificada, de cerca de 38 años” (Ct. 4242).

“Tuvo tal afán por ayudar a las almas, que se sometía a toda gran penalidad para ayudarlas particularmente por medio de la Confesión, en la que no sólo era muy asiduo, sino que también por ella se quedaba muchas veces sin comer …” (Berro, o. c., t. I, I. II, Cap. 2, p. 8).

“Hallándose en Roma, ya ordenado de Sacerdote, se alistó entre los professores de las Escuelas Pías, por los años de mil seiscientos y doze, y como era muy versado en la erudición sacra, y profana, y juntamente se hallaba adornado de grande caridad, es indecible lo que trabajó bajo la disciplina el Beato Calasanz, no solo en los exercicios de las Escuelas Pías, sino también en el Confessionario por averlo dotado el Señor de particular gracia para consolar afligidos, y tuvo tal aplicación a este santo ministerio, que olvidado de sí mismo, tal vez, passó tres días sin tomar sustento. Fue Confessor en diversos Monasterios de Sagradas Vírgenes, que adelantaron mucho en la perfección religiosa, guiadas del fervor de su caritativa prudencia, celebran nuestras memorias más antiguas en este Venerable Varón una gracia especial, que le comunicó el Señor para enderezar los discípulos de más torcidas inclinaciones,. y perversas costumbres, de suerte, que bastaba ser discípulo suyo para ser virtuoso y exemplar” (P. Jericó, o. c., pp. 94-95).

(84) “Entre las otras pérdidas
entristeció mucho al B. José la del óptimo P. Ambrosio Leailt, tirolés, quien habiendo vestido el sacro hábito en Roma y profesado fué enviado por él con los primeros a fundar en Moravia; y con cuán copioso fruto trabajó por la inocencia de sus costumbres, su cristiana teología y su celo apostólico, lo hemos indicado ya varias veces en el decurso de esta historia. Era tan ferviente contra las herejías, que le llamaban ‘martillo de los herejes’; tan diligente e incansable en el instruir a los niños en la santa fe católica romana, que llegaba a ser maravilloso; y siempre infatigable por la salvación de las almas, no se concedía a sí mismo ningún reposo. Siendo Rector y sostén de la casa de Nicolsburg, invadido el país por la peste, se sacrificó prontamente al servicio de aquellos sus prójimos, y contagiado también él murió allí en olor de santidad el 15 de Octubre de 1645, a la vigorosa edad de 43 años. El día 18 del mismo mes escribe desde Strasnitz al Beato el P. Glicerio Mezzara: ‘Aprovechando la ocasión de saludar a S. Paternidad y pedirle su santa bendición antes de morirme en estas partes donde reina la peste, le doy noticias de Nicolsburg, conforme en aquella casa el Domingo pasado pasó de esta a la otra vida improvisamente mientras estaba en la meditación de la mañana el celoso, el caritativo, el auxilio de los moribundos, el incansable, el óptimo religioso P. Ambrosio, sostén de aquella casa; y otros dos religiosos murieron hace pocas semanas también de peste’. El día 23 del siguiente Diciembre escribe desde Nicolspung al mismo Beato el P. Alejandro Novari: ‘He venido aquí desde Litomisl con otro sacerdote para ayuda de esta ciudad en la administración de los Santísimos Sacramentos, pues pasó a mejor vida nuestro bueno y santo, e infinitamente estimando por todos, P. Ambrosio, Rector de esta casa. Cuán grande haya sido el dolor de todos por la pérdida de dicho Padre, no podría explicarlo con pocas palabras: ha sido grandísimo, y muestra de ello es que cuotidianamente vienen los de aquí a llorar ante su sepulcro en nuestra iglesia. Murió de peste mientras estaba en la oración; ha ido a recibir el premio de sus trabajos de manos de Aquel que es remunerador de todas las buenas obras hechas por amor suyo” (Talenti, o. c., pp. 389-390).

“El P. Ambrosio de S. María, de la familia Leailth, de Bolzano en el Tirol, Sacerdote, insigne por la inocencia de costumbres y erudición científica, cuyo nombre corre célebre todavía por Alemania. Se dirigía contra los herejes con tan gran fervor, que era llamado por muchos martillo de las herejías. Catequista diligente e incasable enseñaba a los niños de modo maravilloso los rudimentos de la fe ortodoxa. Mirando por la salvación de las almas, no se concedía a sí mismo ningún descanso. Deplorando la peste que asolaba Nicolspurg el año 1645, sirvió espontáneamente con suma caridad a la gente contagiada, finalmente atacado por la misma enfermedad, víctima de la caridad murió allí mismo en Moravia el día 20 de Octubre de 1645, a la edad de 43 años” (Necrologio – Eph. Cal. 1939, p. 56).

(85) “Emprendió diversas obras pías
para beneficio de los pobres, educación de las niñas, y seguridad de las doncellas, que por su pobreza vivían arriesgadas. La mayor hazaña, que justamente se pondera de él, sirviéndole no pocas plumas de Panegiristas, es la construcción del célebre Hospicio llamado el Albergo, que possee Genova con embidia de todas las naciones de Europa: … El mayor milagro, que se€ reconoce en este Venerable Religioso es, que aviendo passado por su rnano inmensos caudales, ya para la construcción del Albergo, ya con otros piadosos destinos, nunca solicitó, ni destinó la más pequeña limosna en beneficio suyo, ni de la Casa de las Escuelas pías de Genova, que entonces se hallaba en grande estrechez y pobreza; y diziendole, por qué lo hazía así? respondía, imitando el heroico desinterés de su Beato Fundador: Porque el Señor nos quiere pobres” (P. Jericó, Varones …, pp.277-278).

“Indujo al Sr. Manuel Brignole a que fabricara el maravilloso edificio del insigne Albergo en Carbonara para hospicio de Pobres, donde por una parte se mantienen cerca de quinientos pupilos trabajando en las diversas especialidades de la lana asistidos por un Párroco designado para ellos y otros sacerdotes que les cuidan: y por otra se mantienen cerca de mil pupilas que hacen diversos trabajos de seda y de aguja con la asistencia bien ordenada de varias maestras vestidas con el habito de S. Francisco” (P. Gabriel de la Anunciación, 14 marzo 1693 - RSD 60, 18).

“El P. Antero María de S. Buenaventura, Agustino Descalzo, en su libro titulado ‘Los Lazaretos de la Ciudad y Litoral de Génova en 1657’ Cap. 10, lib. 1, tratando del Lazareto de la Consolación escribe estas precisas palabras: ‘También me espera el P. Juan Bautista Ferrari de las Escuelas Pías, llagado en el cuerpo, mientras se dedicaba a sanar las Almas. Este poco antes de entregar su alma al Creador, me advirtió de que el P. Luis de la misma Orden, no cesando de emplearse en beneficio del prójimo, habiendo caído enfermo, iba a ser traído a la Consolación: me dolí y me alegré al mismo tiempo, porque si me afligía el peligro de tan gran hombre, me complacía el tener ocasión de servirle; es superfluo querer loarlo a los presentes, cum sole clariora sint eius opera (siendo sus obras más brillantes que el sol), pero para ejemplo de la posteridad, no conviene que tan gran hombre quede olvidado: sepa por lo tanto el mundo, que en Genova y su distrito no hay plaza, ni calle, ni casa, que no hayan participado de sus virtudes; no hay Parroquia, ni Convento de Monjas, ni Casa de Recogimiento de muchachas, ni Hospital o Lazareto, ni Asilo de Huérfanos o Pupilos, a los cuales no haya comunicado su celo, su misericordia, sus ejemplos; en suma en esta ciudad y Diócesis, y más allá todavía, non est qui se abscondat a calore eius (no hay quien se escape de su calor …)” (RSD ó0, I7).

(86) “ … entre éstos hubo algunos que dieron grandísimos resultados tanto en las letras humanas como en el espíritu, de los que citaré solamente tres que podían competir con cualquer hombre docto: dos de ellos fueron hijos de Anielo Apa, quien componía Comedias e improvisaba escenas y máquinas para efectos que no tenía igual / su oficio era hacer ribetes de seda /. Tenía, entre otros, dos hijos que tomaron el hábito de las Escuelas Pías, uno llamado H. Tomás (en realidad José de S. Nicolás, n.d.t.), quien era un poco cojo pero de un ingenio tan alto y un espíritu tan devoto, que el P. Fundador lo envió a Alemania a la primera fundación de Nicolspurgh, y obtuvo tal provecho con su modo de enseñar, que el Cardenal Dietrichstein lo estimaba tanto, que a menudo lo iba a escuchar y quedaba maravillado viendo la modestia, espíritu y facilidad para enseñar, no sabiendo a veces desasirse, pues era tan grande su virtud, que atraía a aquellos Príncipes del Imperio, quienes yendo a veces a visitar al cardenal, él la primera cosa que hacía era llevarles a oir al P. Tomás, y todos quedaban maravillados, llegando así entonces las escuelas a conseguir tal nombre en Alemania, que cada Príncipe deseaba hacer una nueva fundación de la nueva Religión que se había introducido en aquella Región, como se€ lo escribía desde Roma el venerable padre al P. Juan Francisco de Jesús (Apa) a Narni en fecha 23 de julio con estas textuales palabras: ‘Me escriben de Moravia que allí os desean para aquellas escuelas desde el año pasado, esperando que restablecerá la memoria del buen nombre que consiguió su hermano, amado singularmente por el Emo. Sr. Card. Dietrichstein. Espero que en Otoño se hagan cambios de maestros & (Ct.2414)’, Todo esto lo escribe de propia mano al P. Juan Francisco.”

“No quiero dejar de decir que a este H. Tomás, mientras era clérigo, lo tenían como Portero de la Casa de la Duquesca porque era casi deforme, tenía las piernas torcidas, las manos casi contrahechas, la cata negra y padecía alguna enfermedad.

“Un día fueron dos Padres de S. Francisco de Paula a la Casa de la Duquesca para pedir a algún padre que les hiciera una composición porque debían celebrar la fiesta de su Santo, y encontrando en la puerta al H. Tomás, éste les preguntó qué deseaban, contestaron que querían hablar con algún Maestro, para que les hiciera algunas composiciones para la fiesta de su Iglesia con el fin de excitar mayormente la devoción. Respondió el H. Tomás que esperaran un poco, que se las haría él, pues los padres se habían ya retirado y era hora de silencio. Cogió el tintero, pluma y un pedazo de papel y en un santiamén les hizo dos bellísimos Epigramas, quedando aquellos padres maravillados diciendo que si el Portero hacía aquellas Composiciones, qué no harían los Maestros de escuela; despidióles el H. Tomás diciéndoles que volvieran a los cuatro o cinco días, que les daría el resto de las Composiciones, como hizo, y con ellas maravilló a toda la Ciudad. Todo esto lo he oído contar muchas veces, contándolo nuestros Padres para ejemplo de los otros Jóvenes” (Caputi, o. c., t. I, 1. I, pp. 10-11).

“En cuanto a que el H. José de S. Nicolás vaya a estudiar teología, no se debe escandalizar ninguno de los nuestros, pues él antes de entrar entre nosotros había ya hecho el curso de la filosofía y ahora en poco años puede ser apto para ayudar a los nuestros en las ciencias, pues no tenemos otro que al P. Provincial, y luego cuando tengamos suficientes humanistas enviaremos algunos a estudiar ciencias mayores, y este hermano es tan humilde que acabada la teología volverá a enseñar humanidades …” (Ct. 1513).

“ … Moravia donde están nuestros Padres, entre los cuales ha muerto en el mes de agosto uno de los mejores jóvenes en letras y buenas costumbres de toda la Religión José de S. Nicolás de Tolentino, natural de Nápoles, hagan ahí los sufragios …” (Ct. 1901)

“Ni me gusta el decir de algunos, que opinan que nuestro Instituto se ha de hacer como se puede. A mí me parece que se debería hacer como se debe … Las cosas perfectas son las que se hacen como se deben, y no como se puede … Todas las Religiones son velas puestas en el candelabro de la Iglesia y deben irradiar esplendor e iluminar a la Iglesia según el propio instituto; la vela que no ilumina o da humo es inútil …” (P. José Apa a N.S.P. - RC 16, 1-m-4).

“El segundo hijo de Anielo Apa, el fabricante de ribetes, que este era su verdadero oficio, fue el P. Juan Francisco de Jesús; la estima que de él tenía el venerable Padre Fundador, puede verse en las cartas que le escribía tanto a Narni, cuando era clérigo, como a Florencia y a Nápoles … Este P. Juan Francisco supo cautivarse de tal manera la benignidad del Gran Duque de Florencia y de toda la Nobleza de aquella Ciudad, que le tenían en gran estima y veneración; fundó una Escuela y Congregación de Nobles, siendo educada por él casi toda aquella Nobleza no sólo en las letras humanas, sino también en el espíritu, en el que hicieron grandísimo provecho, y dejó tal recuerdo, que permanecerá siempre su nombre por muchos siglos.

“No sólo fue óptimo Maestro, sino también muchas veces Superior de aquella Casa, saldando muchas deudas dejadas por el P. Mario y dejando el buen olor de la paz mantenida en la casa, como aparece todo en las sobredichas cartas, si bien para no alargarme demasiado no pongo todos los detalles.

“Conrpuso una Gramática en Florencia, y habiéndola usado por muchos años con gran provecho de los alumnos, pidió permiso al P. Fundador para imprirnirla, quien le respondió que llevase una consigo al Capítulo General en Roma, con fecha 22 de marzo 1641: ‘Al P. Juan Francisco de Jesús, quien Nuestro Señor guarde del mal. Florencia. Pax Xpi. Le agradecería que se encontrase en Roma al tiempo del Capítulo General y trajese consigo la gramática bien escrita, para que se tome una resolución acerca del modo de imprimirla, de modo que de todas maneras la gramática venga a Roma. La presente carta le puede servir como obediencia y le haré ver si no le estimo más de lo V.R. cree. Acerca de su venida escribo al P. Rector, elegido vocal. quien podrá venir en su compañía y la del P. Luis, que es cuanto se me ocurre por ahora, en Roma el día 22 de marzo de 1641. Siervo en el Señor, José de la Madre de Dios’ (Ct. 3572), toda de su mano …

“La gramática la imprimió después el P. Juan Francisco en Nápoles el año 1655, siendo adoptada por toda Europa, y encontrándome yo en Roma me escribieron de muchas partes que se la consiguiese, como hice muchas veces. El año 1671 la buscaba para sus hijos un Caballero que había oído la gran facilidad con que se enseñaba, encontró una por desgracia en poder de un Libero, que como la quiso de todas maneras, le hizo pagar un zequín; y por este motivo el P. Carlos Juan de Jesús, Provincial de las Escuelas Pías en el Reino de Nápoles, queriendo poner en ejecución un decreto del Capítulo Provincial del año 1670 que prescribía se usase en nuestras escuelas la gramática del P. Juan Francisco de Jesús, hizo hacer una segunda edición en el año 1672, dedicándola al Sr. Nicolás, Juez, Príncipe de Calamare, y Correo Mayor de su Majestad.

“Publicó también una colección de cien ejemplos para la escuela de leer y escribir, que fué reeditada en Génova, en Sicilia y en otros lugares donde hay escuelas nuestros, y para que no se perdiera la memoria en Nápoles el mismo Provincial P. Carlos Juan la ha hecho reeditar el año 1672, dedicándola por medio de tercera persona al Sr. Marqués D. Fernando Vaino. De ella sacan los alumnos gran fruto y utilidad, no sólo en el estudio sino también en el espíritu, que es el fin de nuestro Instituto, como le escribe nuestro venerable Padre al mismo P. Juan Francisco cuando estaba en Narni.

“De otras obras hablaremos en otra parte de cómo y dónde las hizo, pero no quiero dejar de hablar aquí de las obras espirituales que compuso e hizo representar a sus alumnos Nobles en Florencia, con decorados y bellísimos artificios, siendo necesario volverlas a representar más y más veces para el Gran Duque, la Gran Duquesa y Príncipes hermanos, como también para los dos Cardenales Carlos y Juan Carlos de Médicis, quienes no se cansaban nunca de oírlas y verlas representar. Y si quisiera decirlo todo no acabaría de escribir, pero sólo he querido tocar los temas” (P. Caputi, ibid., pp. 11-12); véase también Picanyol “La Scuola dei Nobili di Firenze e il suo Fondatore Giovan Francesco Apa”, 1939).

“He visto cuanto me escribe V.R. sobre la gramática, que dice ha acabado ya de corregir … A mí me complace en gran manera que haya sido aprobada por hombres muy inteligentes y que a su tiempo se imprima para común utilidad, y después de haberla visto se dará el permiso de imprimirla, como he comunicado ya a los PP. Asistentes. … Y yo por el gran deseo que he tenido desde el principio de encontrar un método breve y fácil, en cuanto fuese posible, para enseñar la lengua latina, ordené a V.R. que enseñase este método a tres o cuatro de nuestros Padres para utilidad de nuestra Religión, pero el enemigo se interpuso e hizo que V.R. dejase tal enseñanza y volviese a Florencia, y Dios bendito habrá sacado este fruto que se haya acabado dicha gramática ahí en Florencia con toda perfección … y tenga la seguridad V.R. de que yo amo con todo el corazón al religioso que trabaja por amor de Dios …” (Ct. 4021).

“Le escribía también acerca del Estudio, que se podría aquí hacer bien, fácilmente, con tal que V.P. quisiera mandarle sujetos, que no tuviesen que dar clase, porque podrían aprender de mí, tal como las sé, no sólo la gramática, humanidades y Retórica, sino también algo de griego y de filosofía, y Dios no me quiere hacer digno de esto en la Religión; la gramática gusta aquí a todos, a nosotros y a los de fuera, y creo que con la ayuda de Dios haré alguna cosa en esta provincia, con tal que V.P. quiera tomar la protección” (Carta del P. Juan Francisco Apa a N.S.P., 2 nov. 1641 - RC 15, Neap. 5, 1)

(87) “ … tendrá verdaderamente que escribirse
con caracteres de oro en los fastos del Instituto Calasancio el nombre del P. Angel Morelli, aquel que, no habiendo vacilado nunca ni desviado en medio de tantas dificultades y borrascas, único glorioso supérstite – sobreviviente - de aquella pléyade de escolapios galileanos, recogió y conservó íntegra la herencia del sumo Galileo, su venerado Maestro, para trasplantarla a nuestra casa de Chieti, desde donde irradió a toda la Orden a finales del Seiscientos. Esta es la gloria del gran P. Morelli, el más auténtico representante para nosotros, repitámoslo todavía, de la escuela escolapia galileana …

“ … la casa de Florencia, el clérigo Angel fué uno de los enviados a ella para aprender las matemáticas … no son para decir cuántos y cuáles debieron ser los progresos hechos en aquellas ciencias, para merecerse el honorífico título de ‘matemático’, con que se le indica en los catálogos. El Santo Fundador era informado de todo y se alegraba en su corazón; es más, interesándole que la orientación científica comenzada con tan buenos resultados en Florencia, bajo la protección de Galileo, se extendiese a otras casas y regiones de Italia, y hasta el extranjero, llamó en agosto de 1635 al P. Morelli a Roma para enviarlo a la reciente fundación de Mesina. … en marzo de 1636 consta ya su presencia en aquella casa, donde hizo en seguida amistad con Juan Alfonso Borelli, catedrático de matemáticas de la Universidad local … dos grandes hombres, Borelli y Morelli, que encontraremos seguidamente en Roma para rendir a la ciencia un señalado servicio …

“ … Por la solicitud del P. Morelli surgió en Chieti, desde 1660, el primer Juniorato escolapio de la Orden, en el cual debía resurgir y después extenderse por todas las provincias la orientación científica netamente galileana … El P. Moreli, que en 1658 había ya rendido un servicio a la ciencia en colaboración con Borelli - / Esto fue cuando ‘los Príncipes de Toscana decidieron hacer traducir al latín y publicar la paráfrasis árabe de los Cónicos de Apolonio, contenida en un precioso códice que les había llegado de la Biblioteca del Patriarca de Antioquía. Fué encargado de la traducción Abram Echellense, orientalista residente entonces en Roma, y de la revisión y redacción matemática.Juan Alfonso Borelli. El trabajo comenzó por los tres últimos libros, desconocidos hasta entonces y muy deseados. Terminados éstos, Borelli volvió de Roma a Pisa y dejó encargado de la revisión y corrección científica de los libros I-IV al p. Angel Morelli, a quien conocía y apreciaba merecidamente desde hacía muchos años … / - cultivó siempre con gran pasión los estudios matemáticos obtuvo el título de Ingeniero Real o Arquitecto del Reino de Nápoles por los servicios públicos prestados en este campo (para que la Ciudadela Pescatera en el mar Adriático fuera más sólidamente fortificada, y junto con las aguas estancadas al rededor, con defensas no ínfimas. sino fortificaciones superiores, se encontrara finalmente un camino apto para la llegada y retirada de la corriente, acudieron a él los príncipes del Reino de Nápoles…) … Juntó a una vasta ciencia una preclara virtud, lo que hace verdaderamente de él el prototipo y modelo perfectísimo del escolapio”, (Picanyol, ‘Le Scuole Pie e Galileo Galilei’, Roma 1942, pp,100-106)

“Habiendo llegado de Fanano el Clérigo Juan no seréis ya necesario para dar clase y mi intención es que aprendáis en el menor tiempo que os sea posible las matemáticas y también algo de caligrafía, pues tengo esperanzas de fundar con beneplácito común nuestras escuelas en Venecia …” (Ct. 1925).

“Le escribí en el correo anterior que V.R. se dedicase con toda diligencia a las matemáticas, lo que me agradaría mucho, teniendo como tiene ahí óptima ocasión con el H. Francisco de s. José (Michelini) quien si llegase a faltar sin dejar alguno que las supiese, nos causaría descrédito, pues hemos empezado ya esta enseñanza …” (Ct. 2251).

“Me gusta que estudien matemáticas, pero con tal que no dejen el estudio de la virtud, la perseverancia da la corona. … Dios bendito haga prosperar sus estudios para mayor gloria suya. Deo gratias.” (Ct. 2302).

“Ocúpese en perfeccionarse lo más que pueda en las matemáticas, pues se ve que son gratas al mundo” (Ct. 2358)

(88) “Las vigilias de este pío religioso
eran continuas, consumiendo gran parte de la noche en la oración y lectura de libros sagrados. Y no le molestaba mucho el sueño que para satisfacer a la necesidad de la naturaleza tomaba por breve espacio, perseverando por muchos años, sobre una estera extendida sobre las desnudas tablas. Ya que los frecuentes ayunos, además de la acostumbrada parsimonia y bien a menudo a pan y agua, lo mantenían en vela y no lo forzaban a un largo reposo. y tales padecimientos los aceptó siempre voluntariamente por puro amor de Dios y como consecuencias propias de la pobreza evangélica. Y esto le acontecía particularmente en algunas nuevas Fundaciones del Instituto en diversos lugares, en las cuales, siendo gran verdad que los comienzos llevan consigo dificultades, padecía toda molestia imaginable y sobre todo de las cosas aun necesarias al sustentamiento, aunque escaso, de la vida; y con su ejemplo y alegre sufrir y también con palabras animaba a sus religiosos a padecer alegremente por amor al crucificado, a quien habían abrazado desnudo en una Cruz cuando se ataron con la pobreza del estado religioso” (P. Armini; RSD 59, 1)

“se gloriaba de ser pobre como otros se avergüenzan de parecerlo; es más acostumbraba por lo común firmar al pie de las cartas con el título de ‘Pedro Pobre’ (Pietro Povero). Pero para no serlo sólo de nombre y dar a entender cuánto amase esta virtud, se complacía en experimentar sus efectos en la comida y en los vestidos, que llevaba de ordinario rotos o remendados, usando bonetes sin tira en la parte interna, por lo que se esparció entre los nuestros la fama de que él usaba bonetes de cartón pintados de negro” (P. Cereseto, ‘Memorie Storiche intorno ai Venerabili delle Scuole Pie’ (vers. P. Jericó), Genova 1846, p. 184).

“Vuestra Caridad me da gracias por la camisa que le mandé, que es cosa de ningún valor, y estoy obligado a socorrerle por el afecto, como haré siempre, si Dios quiere, quien no obstante que somos 25 bocas nos provee con tanta providencia, que nos obliga a fiarnos completamente de su Majestad: porque no nos deja tener nada superfluo, pero a su tiempo sin diligencia nuestra nos manda lo que necesitamos, como hemos experimentado ya por dos veces una detrás de la otra, que cuando estábamos terminando la harina y el pan, nos ha provisto de una carga de trigo cada vez, de parte que no esperábamos absolutamente y menos habíamos procurado. No suceda jamás que yo me preocupe con ansiedad por las cosas temporales, las cuales nos promete el Señor dárnoslas y suministrárnoslas y como por añadidura. Et haec omnia adücientur vobis (Y todo esto se os dará por añadidura). Tendría gran gusto que este espíritu se extendiese en nuestra religión, y por tanto se inculcase a la juventud … En Origina a 9 de julio de 1624 … Pedro Pobre” (Ep. 6, RSD s.1).

“Deseo en gran manera que forme a los novicios primeramente en sentir las cosas de Dios y tratarlas magníficamente (sic) y con devoción actual, y en ser en grado sumo partidarios de la Pobreza, para que se acostumbren a desear todas las cosas que nos pertenecen a nosotros sea en casa como en la iglesia en aquellos términos que exige nuestra suma Pobreza, y por lo tanto a aborrecer en gran manera toda cosa, aunque mínima, de la que se pueda prescindir razonablemente. Siga, Padre mío, este estilo, que se hará a sí mismo y a sus discípulos hombres de una pieza y obtendrá de Dios bendito cuanto desea … En Génova 22 Septiembre 1634 … Pedro Pobre” (Ep. 41, RSD s.1)

“Ha querido Dios bendito que a nuestro P. Pedro de la Natividad de la Virgen después de larga enfermedad se le agravase el mal con un catarro muy fastidioso, y como en el curso de su vida había vivido muy devotamente así ha querido Dios Bendito que el jueves por la noche 17 de los corrientes a las dos y media de la noche a los 76 años de edad muriese santamente. Conducido su cuerpo a la iglesia durante todo el Viernes hubo una afluencia innumerable de gente; sobre las gracias que algunos hayan recibido no diré nada por ahora, salvo que fue necesario retirar el Cuerpo dentro de Casa para impedir tanta concurrencia, y esperamos que ayudará más a la Religión en muerte que en vida. Tengan la bondad de hacerle los sufragios ordinarios y ya les daré aviso, si sucede algo nuevo acerca de dicho Cuerpo”. (Ct. 4497).

“y si por casualidad se hubiese de tomar información acerca de la vida y virtudes del P. Pedro Pobre, nuestro Asistente, hará V.R. todas las diligencias que sean necesarias…” (Ct. 4501).

(89) “El Eminentísimo S.R.E. Cardenal Francisco de Dietrischstei …
había fundado en Nicolsburg un Seminario para nueve adolescentes, y encomendó su cuidado perpetuo a los Padres de las Escuelas Pías en cuanto llegaron a Alemania. En dicho Seminario hacía de Preceptor de los sobredichos alumnos, que se llaman también Lauretanos, un cierto Casimiro Bogatka, Polaco, oriundo del Palatinado, es más de la misma ciudad de Poznam, quien como hubiera observado la angélica vida, singular modestia y raros ejemplos de virtud de los Escolapios, conquistado por el amor de la Escuela Pía pidió e impetró ser admitido en ella. Con todo antes de ser admitido al hábito, se le puso como prueba de su virtud el ir a la Ciudad con la larga Cruz procesional, que suele usarse para las ceremonias de la Iglesia, y allí pararse en medio de la plaza y llamando a los niños catequizarlos. No rechazó el joven de cerca ya del 27 años y bien educado este nuevo y primer género de mortificación, sino que con ánimo alegre y pronto cumplió lo mandado. Habiendo dado por tanto tan ilustre prueba de obediencia y de ánimo realmente abnegado, cambió su traje secular por el religioso el día 6 de diciembre de 1635, y así entró en las Escuelas Pías el primer Polaco para Clérigo, viviendo todavía el Venerable Patriarca José de Calasanz, tomando por nombre Casimiro de la Inmaculada Concepción. ¡Quién podría explicar ahora, con qué grandes esplendores de virtud brilló en el noviciado, cuántas y qué grandes pruebas dió de la llamada obediencia ciega! Emitida la profesión solemne y finalmente promovido a la dignidad del sacerdocio, no perdió nada del primitivo espíritu, sino q.ue perseveró hasta la muerte constantísimamente en la exactísima observancia de la disciplina regular como si fuera un novicio …

“Sobresalió singularmente en la obediencia de manera que nunca siguió su voluntad o juicio propios. A menudo era enviado a Lublovia o al pueblecito cercano llamado Gnisna a pie, pues en aquellos tiempos nuestros Religiosos no usaban caballos o carruajes para viajes de una o dos millas germánicas; así pues sucedía que volviendo del camino cansado y sudando, pasando por el pueblo de Rusbach de abajo, era invitado por el Párroco del lugar Estanislao Sniewzkiewicz, gran benefactor de nuestra Casa de Podolín, que estaba ante la puerta de la Casa Parroquial, a entrar y reparar las fuerzas perdidas por el largo camino a pie con un poco de vino o de cerveza. Le ofrecía esta caridad dicho Párroco muy frecuentemente, pero nunca pudo conseguir del buen Padre o que entrara o que reparara sus fuerzas comiendo o bebiendo algo, pues siempre respondía que no tenía permiso para ello; y así saludando brevemente al amabilísimo Párroco proseguía su camino. Lo mismo observaban en él también otros amigos y benefactores nuestros seglares, que nunca se desviaba a otro sitio o a otra casa sino sólo a donde era enviado, sea para evitar la inútil conversación, trato y familiaridad con los externos estando contento de conversar consigo y con Dios, sea para no hacer nada que no hubiera mandado la obediencia” (P. Picanyol; Eph. Cal. 1939, pp. 56-58).

(90) “Este Venerable varón era sin duda
acreedor a más noticias de las que yo he podido adquirir porque en lo poco que sabemos ay mucho que admirar. Nació en Luca … De pocos años se alistó entre los Professores de la Congregación de Luca, y fue uno de los que en el año de mil seiscientos y catorce, vinieron en virtud del Breve de Paulo V a las Escuelas Pías. Aficionóse notablemente a los exercicios del Instituto; assí quando el mismo Pontifice fundó su Congregación Paulina, fué de los que quedaron en ella, y aun tuvo el honor de ser de los catorce, a quien el día de la Encarnación vistió el Abito de las Escuelas Pías el Beato Joseph Calasanz, y quiso llamarse Antonio de S. Joseph. Pagábanle los niños la caridad, que exercitaba con ellos en la enseñanza amandolo mucho, y teniendolo en tan alto concepto, que lo llamaban ‘el Santo’: y quando él les dezía que lo encomendaran a Dios, ellos le respondían: Vos sois un Santo, y no necesitais de nuestras oraciones. Como se hallaba bien instruido en las Letras Humanas, y Filosofía, fué admitido para Clérigo en la Congregación luquesa, y para el mismo estado tomó el Abito de las Escuelas Pías; pero aviendo leido antes de professar lo que San Juan Chrisostomo escrive de la grandeza de la Dignidad Sacerdotal, le hizo tanta impresión, que pidió la professión para Lego, u Operario. Hizieronle varias instancias, assi nuestros Religiosos, como sus Parientes, para que siguiera la carrera del Sacerdocio; pero él a todos respondía constante unas temerosas palabras. ‘O quam res formidanda, et Angelicis etiam humeris tremenda Sacerdotalis Dignitas! Excusatum me, Patres et Fratres, habete. Scio ego. Scio ego’ (Oh qué cosa terrible y tremenda aún para los hombros de los Ángeles la Dignidad Sacerdotal! Disculpadme, Padres y Hermanos. Yo sé. Yo sé). … Conservó intacta la pureza y fué muy dado a la contemplación de las cosas celestiales, en la qual llegó a tan alto grado, que unido íntimamente con Dios, nada le distraía. Solos tenía veinte y quatro años quando lo encontró la muerte en Roma en el día doze de Agosto de mil seiscientos y diez y nueve … Quando llegó a Narni la noticia de la muerte de este Venerable Hermano dixo el Venerable Pedro Cassani, varón de grande espíritu y perfección de vida, una palabras que lo engrandecen mucho: ‘Ha muerto un Hermano de tanta perfección, que si a todos quantos nos hallamos en la Comunidad nos destilaran, no sacarían tanto espíritu, como tenía él solo. Varones como éste embía el Señor en los principios de los Institutos, para que se aumenten y crezcan por sus méritos, y sirvan a sus successores de modelo de virtud y perfección.’” (P. Jericó, o. c., pp. 80-83).

(91) “Al P. Santiago de santa memoria
ahí no le han conocido, pues era religioso de gran perfección. El Señor le ha dado su gloria y dejará en la relajación a quien no le imite, y en la hora de la muerte se sabrá quien ha caminado por la via estrecha de la observancia de la regla y quien ha caminado por la via de los sentidos; la Religión ha perdido o el mejor o uno de los mejores que tenía” (Ct. 2280).

“Grave enfermedad que tuvo nuestro V.P. General y Fundador …, En este tiempo llegó de Fanano el P. Santiago de S. Pablo, oriundo de Sasolo en el estado de Modena, Religioso de grandísima perfección: et in regulari observantia alter Bernardus (y en la observancia regular otro Bernardo): universal en todas las ciencias; a quien había mandado llamar nuestro V.P. Fundador y General, y se decía que le había nombrado su Vicario General en caso de muerte. Yo mismo le conduje al Cuarto de nuestro V.P., quien cuando se acercó a la cama para la bendición le abrazó con mucho afecto, demostrando grandísima alegría por su llegada” (Berro, o.c., t. I, 1. 2, cap. 16, p.74).

“Tendría muchas cosas que escribir a V. Paternidad muy Rev.da pero temo aburrirle; porque a muchas no me contesta y yo quedo después confundido en parte por no saber su mente y en parte por no acordarme de las cosas que le he indicado, dado que le compadezco no poco; pero lo hacía de buena gana ya para que V.P. lo supiese todo, ya porque recuerdo cuanto se lamentaba el año pasado conmigo de los Rectores, que no le referían el mal comportamiento de los súbditos, sino cuando era ya irremediable. Resumo en pocas palabras: yo considero imposible restablecer la observancia regular con otro que están infectados, si no es con una ayuda extraordinaria desde el cielo: pues cada día se prueba lo contrario … Hasta aquí he tenido alguna esperanza; pero ahora la abandono …” (Carta del P. Graziani a N.S.P. 13 mayo 1634 - RC 15, Neap. I1).

“Al P. Santiago de S. Pablo Asistente y Visitador General de las Escuelas Pías en Nápoles. Dios sabe cuánto siento los trabajos de V.R., que aunque parezcan perdidos crea que tienen grandísimo valor ante Dios el cual no mira tanto la obra y su resultado cuanto la intención con que se hace” (Ct. 2246).

(92) “La carta de V. Paternidad
me ha causado grandísima consolación, pues es un claro testimonio de su salud, la cual le deseo por muchos años para ayuda de nuestra Religión Pobre. No puedo estar si no con alegría, prometiéndome S.P. en esta su carta que rezará por mí, lo cual me hace estar seguro con tal ayuda de que no ofenderé a Dios y que alcanzaré la humildad, necesaria para poder caminar yo con estos Novicios por el camino de la perfección haciendo siempre la voluntad de Dios y de S.P. Aquí, por gracia de la Divina Majestad las cosas van bien y con paz, primero por las oraciones de V.P. y después por la diligencia del P. Provincial, quien camina en la observancia de nuestras constituciones yendo él delante con su buen ejemplo. Le quieren todos y en particular estos Señores. El Señor inspiró a V.P. a que mandase él y nosotros; si venía otro no sé cómo hubieran ido las cosas. Cuando llegue el P. Pedro Asistente quedará contento por el buen gobierno del P. Provincial. yo por mi parte procuraré hacer cuanto puedo y sé, pero siempre ayudado por las oraciones de V.P. Leo cada día nuestras Constituciones para poderlas observar si puedo y cuando las he acabado, las vuelvo a leer desde el principio y cuando mis superiores mayores quieran (mientras yo las guarde) que se observen, continuaré guardándolas, cuando no, esté seguro V.P. que enseguida dejaré de guardarlas. Esto lo digo viendo que la ruina que hay en nuestra Religión Pobre, ha venido primero por no haber querido oír a V.P. y segundo, por no haberse observado nuestras constituciones y bulas de los Sumos pontífices y finalmente los Capítulos Generales. Esté seguro V.P. que si yo hubiese creído que tan pronto y a los comienzos de una Religión se debía hacer tan poco caso de las constituciones y manejar dinero y comenzar la destrucción, no hubiera tomado nunca el hábito de esta Religión la cual me parece que en tanto se mantiene en cuanto V.P. la ayuda. Yo, con todo, no me desaliento - digo esto con lágrimas - porque amo a la Religión.” (Ct. del P. Franchi a N.S.P., 1 de marzo de 1642 - RC 18, 9-1).

“Han llegado además aquí a Roma las relaciones que me ha enviado el Padre Provincial sobre los buenos progresos que hacen ahí nuestros religiosos, y me complazco en sumo grado: y para darles más autenticidad, he hecho sacar copia para enseñarlas a la congregación de propaganda Fide. Con ellas además han llegado las composiciones de esos jóvenes, los cuales, si llegan a juntar, como esperamos, con las Letras la perfecta observancia de nuestras constituciones, llegarán seguramente a gozar la primavera celeste que es mucho más segura de la que puede verse en estas partes; máxime perseverando bajo la disciplina de V.R. (P. Franchi) la cual no deje de escribirme, si llegase otra ocasión o de progreso en la fe o de provecho en los estudios: a fin de que nos sirvan de algún consuelo con estas tribulaciones que ahora padecemos” (Ct. 4111).

“Fue un varón tan insigne en el desprecio del mundo como consagrado totalmente a las observancias de la disciplina religiosa. Resplandecía en él una admirable sencillez de costumbres y candor, de tal manera que era amado por todos con quienes le acontecía tratar … Es más, los mismos herejes de los que Scepucium y Hungría entera están llenos, acogían su trato, de modo que algunos de ellos acostumbraban a decir: que si todos los católicos fuesen talmente sinceros como el P. Juan Domingo en la probidad de costumbres e integridad de vida, ellos abrazarían la fe católica fuera de toda controversia” (Eph. Cal. 1939, p. 120)

(93) “Hoy, que es 4 de Octubre,
he recibido una carta de V.S. fechada el 25 de Abril, y aunque me haya llegado tarde a las manos, he recibido grandísima consolación al saber algo de las muchas gracias, que Su Divina Majestad se complace conceder a quienes se encomiendan con devoción al P. Gellio de santa memoria, mi queridísimo compañero por tantos años y hermano en el Señor; y como yo he conocido por de dentro la bondad de dicho Padre, no me resulta difícil creer tales cosas, en particular la incorrupción de su cuerpo, después de haber estado siete meses bajo tierra, que yo por mi parte creo que se habría conservado incorrupto muchísimos años, pues suele ser gracia particular de los que en vida conservan la nitidez y pureza tanto del cuerpo como del alma, y en esto él fue vigilantísimo, y había llegado a tal altura de oración, que parecía que su mayor gusto era estar entre los niños de edad pura, y enseñarles a amaf al Señor y a rezar, e igualmente parecía que con su pureza él como un imán atraía a sí los corazones de los niños puros, que no sabían encontrar en la escuela mayor gusto que el estar en compañía de dicho Padre, lo que, semejante efecto tan extraordinario, hasta hoy no he notado en ningún otro sujeto. Podría escribir todavía de los afectos que tenía en la oración y meditación de la Pasión del Señor, y del don singular de lágrimas, y del celo ardentísimo del honor de Dios; pero por estar a punto de partir para Frascati, lo dejo de presente. Daré los impresos a quien me ordene el P. Simón Fiori, e igualmente una pequeña caja con algunos manuscritos todos del carísimo P. Gellio de buena memoria, de cuya intercesión espero no poca utilidad para estas escuelas” (Ct. 16).

“ … al Papa, quien mostró y dijo alegrarse de que tal obra hubiese comenzado en su Pontificado; le ha sido presentado un detallado informe de todas la actividades, y en particular ha puesto en el memorial, que de las lecturas espirituales y oraciones continuas está encargado un Sacerdote de edad madura de cultura y espíritu grandes, y porque se trataba de oí, quise hacerlo quitar, pero no quiso … recayendo sobre mí la parte del espíritu de estos niños y de su oración …” (Cartas del V. Gellio Ghellini, 1602 - RSD 60, 5)

(94) “He recibido la carta de V.R.
del 19 de los corrientes, en la que me pide la lista de algunos de nuestros padres, muertos en opinión de santidad; por ahora le mando los nombres de cuatro, que fueron de los primeros, a saber:

El P. Tomás de la Visitación, español, antes apedillado Vitoria, de Sevilla, muerto en Moricone en 1622.

El segundo, P. Lorenzo de la Cruz, en el siglo Santillo, de Espoleto, muerto en Narni en 1622 el I de junio.

El tercero, y primero de los Hermanos, Juan de S. Carlos, llamado de la Pasión por su grandísima devoción a la Pasión de Cristo, en el siglo Juan Macario, muerto en Poli en 1643.

El cuarto y segundo Hermano, Luis de S. Bartolomé, llamado en el siglo Levato, de Bérgamo, muerto en Roma en 1636.

Todos los cuales dieron grandísimos signos de santidad tanto en vida como en muerte, lo que escribiré en otra ocasión” (Ct. 4238).

“en cuanto a los cuatro religiosos muertos en opinión de santidad le puedo decir ahora … El Hermano Juan de S. Carlos, llamado de la Pasión, quien fué recibido a Ia edad de cerca de 59 años, era sencillo y devotísimo de la Pasión de Cristo, la cual cantaba generalmente con tanto espíritu, que muchas veces no podía contenerse y saltaba por el fervor, especialmente cuando estaba solo en la cocina, su ocupación mientras tuvo fuerzas para hacerla. Era de mediana estatura, barba blanca, cara mortificada con la boca estropeada sin dientes, de cerca de 85 años” (Ct.4242).

“Aquí me parece poder describir un suceso ocurrido en la casa de S. Pantaleón de Roma al Hermano que por muchísimos años hizo de cocinero llamado Juan de San Carlos, en el siglo Juan Macario del estado de Génova, el cual había sido por 23 años esclavo de los Turcos, y vistió nuestro santo hábito en Roma el día 23 de Julio de 1617, y por ser devotísimo de la Pasión de N.S. Jesucristo se le llamaba por antonomasia el Hno. Juan de la Pasión. A este nuestro Hermano había concedido el Señor el don de lágrimas y una ternura de corazón tal que continuamente oraba y lloraba aun trabajando en la cocina, y varias veces durante el día y la noche por exceso de devoción gritaba saltando y bailando: ‘La Pasión de N.S. Jesucristo esté siempre en nuestro Corazón! Viva Dios, viva Dios!’ ya sea estando en su cuarto o en la cocina o por la casa a menudo prorumpía en estos excesos de amor de Dios.

Estando, pues, una vez este nuestro Hermano en la cocina con gran perplejidad por no saber dividir las porciones para la comunidad, puesto que por la pobreza de la casa tenía poquísima cosa o sea una sola torta hecha por él muy pobremente en una tortera y la Comunidad era cerca de cuarenta religiosos; no sabía, digo, encontrar el modo de dividirla en partes iguales para todos y dibujándola con el cuchillo muchas veces y no saliéndole bien las porciones se afligía y al mismo tiempo alababa y enaltecía a la Santa Pobreza; pidiendo a su Divina Majestad la gracia de poder satisfacer a todos, levantó el cuchillo para comenzar a cortar la torta con la esperanza de que Dios se lo haría lograr. En esto se sintió quitar el cuchillo de las manos y al mismo tiempo decir: ‘Torpe, no lo sabes hacer’ y volviéndose nuestro Hermano Juan sobredicho, vio un Fraile menor, el cual con el cuchillo que le había cogido, dibujó y cortó la torta y devolviéndole el cuchillo, dijo: ‘Aquí tienes. Las porciones están justas. Dale una a cada uno’. Y se dirigió hacia la puerta de la cocina para irse; de lo que admirado nuestro Hermano y por tanto deseoso de saber quien fuese aquel fraile, le corrió detrás siguiéndole; pero no habiendo podido encontrarlo ni verlo más, se tuvo por cierto que había sido cosa celestial y el mismo Seráfico Padre S. Francisco de Asís, como Padre de la Santa Pobreza y como quien se la había dado por esposa a nuestro venerable Padre José, Fundador. Esta aparición y que fuese el Seráfico Padre S. Francisco era voz común por toda la casa de S. Pantaleón cuando yo llegué a Roma en 1624, y duró siempre entre nuestros religiosos antiguos en todas partes.

Y yo ahora me persuado que desde entonces nuestro Venerable Padre Fundador dio orden que al final de la comida, dadas las acostumbradas gracias al modo romano, se recordase la Pasión del Señor por el Hermano Cocinero, por la mañana y la noche de la siguiente manera: Arrodillado el Hermano Cocinero en medio del Comedor dice en alta voz: ‘Acordémonos Padres y Hermanos de imitar la Pasión de N.S. Jesucristo, porque es el verdadero camino para ir al Cielo’. Así se ha usado y se usa también ahora que estamos en 1663″ (Berro, o.c., t. I, I. I, cap. 27, pp. 48 v-50).

(95) “ … anteayer por la noche murió el hermano Rodolfo ya profeso con muchos signos de santidad y de favores de la Sma. Virgen, harán ahí los sufragios acostumbrados” (Ct, 314).

“A los pocos meses de haber hecho su profesión solemne enfermó de mortal gravedad el óptimo clérigo Rodolfo Petrignani, romano. Joven señaladísimo por la impoluta inocencia, por sus angélicas costumbres, por la candorosa blancura de alma y por todas las demás virtudes, profesaba una tenérrima devoción y filial amor y servidumbre a la Virgen María, quien le favoreció de modo singular con apariciones y consuelos, y el día 29 de agosto, precedido y acompañado por extraordinarias muestras de santidad entregó su espíritu al Señor, a la edad de dieciocho años” (Talenti, o.c., pp. 172-173).

“Por sus virtudes y virginal candor mereció, que la Virgen Santísima se le apareciesse en varias ocasiones con su precioso Hijo en los brazos, el qual trasladado a los de este dichoso Hermano, le hazia grandes caricias, sintiendo al mismo tiempo dulces deliquios su alma. En uno de estos favores Madre e Hijo lo combidaron para el Cielo; admitió el combite el inocente joven, y llamado de su amoroso Dueño voló a los brazos del que tantas vezes quiso hazer trono de los suyos” (P. Jericó, Varones Insignes, Valencia 1751, p. 108).

(96) “El Hermano Luis, que fué de paciencia
y también silencio singulares, fué encargado de salir a mendigar y con su modestia conseguía limosnas grandísimas, se tenía en bajísimo concepto, no se alteraba nunca por muchos y muchos ultrajes que se le hicieran o dijesen; y la santidad de su vida se descubrió más particularmente en el trance de la muerte, porque poco antes de expirar desafiaba a todos los demonios del infierno a que se le presentaran, porque, decía, a pesar y despecho de todos ellos ‘Misericordias Domini in aeternun cantabo’ (Cantaré eternamente las misericordias de Dios), con no poca admiración de quien se encontraba presente, viéndole desafiar con tanto ánimo a los demonios infernales. Era de estatura ordinaria, de poca barba, pelo negro, nariz aquilina, de color oscuro, de cerca de 55 años de edad” (ct. 4242).

“Esta mañana ha pasado a mejor vida el H. Luis, mendicante del Noviciado, el cual parecía y era considerado un paleto, y anoche hallándose oprimido por los dolores, no sólo cantaba en alta voz ‘Misericordias Domini in aeternum cantabo’ y recitó el miserere y otras cosas devotas, sino que por último desafiaba a todos los demonios del infierno, a que viniesen todos juntos, que él no les tenía miedo. Así que vemos que los simples e ignorantes arrebatan el Cielo, y los sabios y letrados Dios sabe cómo lo pasan en aquel instante” (Ct. 2626).

“Le hago saber cómo nuestro H. Luis, mendicante del Noviciado, que parecía y él se hacía simple, murió hará ocho o diez días no como simple sino como muy sabio, y cuando estaba a punto de morir desafiaba a todos los demonios del infierno, a que viniesen delante de él, y después cantaba fuerte ‘misericordias Domini in aeternum cantabo’, ha estado tres o cuatro días en el catafalco sin enterrar y se le manejaban las manos como cuando estaba vivo, de modo que en el espacio de once o doce años ha conquistado una eternidad de gloria; ahora vayan los nuestros huyendo el trabajo y pretendiendo el lugar más honrado, y al ñnal se encontrarán quizás muy arrepentidos y engañados, y al paraíso no se va si no por amor, y tantos grados tendrá uno de gloria cuantos lleve de amor o caridad, y cuanto más se humilla uno por amor de Dios es señal de que le ama más, e igualmente cuanto más pobre se hace uno por amor de Dios tanto más amor de Dios demuestra, y algunos pierden este gran amor por el afecto extraordinario que tienen a un libro, a un sombrero, a un estuche o a otra semejante bagatela, pues los que tienen algún poco de soberbia carecen del amor de Dios, porque ‘superbis Deus resistit, humilibus autem dat gratiam’ (Dios resiste a los soberbios, da la gracia a los humildes)”. (Ct. 2630).

(97) “Fué recomendable por el celo de la observancia
unido a la prudencia, a él le encomendó algunas veces el Fundador los relajados para que bajo la más estricta disciplina de Francisco se corrigieran y enfervorizaran. Nombrado por Gregorio XV tercer Asistente General, dió muestras de grandísima prudencia en el prestar consejo y en el componer las cosas difíciles, siendo para el Venerable Fundador amigo en sumo grado y de la mayor confianza … Designado Provincial de Liguria mostró prudencia en el gobernar, mansedumbre mezclada con severidad en el corregir, celo en promover el Instituto, la actuación de una rara virtud en todas las cosas. Introdujo las Escuelas Pías en Florencia, y como primer Superior de las mismas en esa ciudad las dirigió de modo sobresaliente”. (P. Picanyol, Eph. Cal. 1939, p. 90).

“Me encuentro un poco afligido y quizá más por las aflicciones de V. Paternidad que por las mías, pues me parece que V.P. muestra un poco de inquietud por razón mía. Desde que comenzó hace un mes o dos este bendito asunto de Florencia, V. Paternidad - por el deseo, creo, de esta fundación - empezó a mostrarme algún deseo de mi presencia en dicha ciudad, continuando después a indicármelo cada vez más calurosamente. Y yo, aunque no deseaba otra cosa, estando un poco más informado que Ud. sobre este país y de algunas circunstancias por las cuales era conveniente al principio navegar bajo agua, y sobre todo retenido en Genova por varias dificultades que ni siquiera V.P. las conoce todas, y cuando las sabrá a su tiempo, se maravillará mucho de la divina providencia, más que de mi poca prudencia, he diferido mi venida todavía menos por amor suyo de lo que lo habría hecho, pues por lo demás bien veía que había tiempo, si bien quizás la excesiva simplicidad por no decir torpeza e inexperiencia del P. Arcángel, que exagera toda pequeña cosa y toma por cosa hecha cualquier buena palabra, sin considerar la pericia de las personas prudentes, haya quizá apremiado a V.P.” (Carta del P. Castellí a N.S.P. - 11 dic. 1629. – RC 15, Lig.).

“Escribí a V.P, algo acerca de mis motivos para entretenerme en Genova y no correr tan de prisa a Florencia, y para no dar nombramientos tan facilmente a los jóvenes … pidiéndole que excuse mi acostumbrada libertad con aquella facultad que su bondad me ha concedido siempre de meter la lengua en todas partes; que por lo demás quizá también yo sabría estarme retirado y en santo silencio en la ventana viendo quien pasa, o con los ojos cerrados dejando vigilar a los otros, pero no creo que llegue nunca a hacerlo, pareciéndome que sería infiel al amor de un amantísimo y amadísimo Padre como retengo y retendré siempre a V.P. etiam si me occidas (aunque me matara)” (id. - 15 dic. 1629 - RC 15 Lig. ).

(98) “La mala noticia que me da V.P.
en su carta del 3 de los corrientes, me ha traspasado el corazón, si bien para dar ánimo a los demás, no lo demuestro al exterior, y me valgo de lo que V.P. me escribe en la suya para consuelo mío y de todos los demás; con todo esto no me puedo alegrar el corazón, porque me parece que es cosa tan contraria a la Divina Voluntad y a la justicia, que no puedo llegar a comprender como pueda un hombre llegar a hacer un despropósito tan grande; y habiendo hablado de ello a Mons. Internuncio, lo he encontrado todavía incrédulo a tal noticia, y dice que su hermano de ahí no le escribe nada acerca de nuestros asuntos, y que fácilmente habrá sido alguna persona apasionada que habrá querido darle este dolor a V.P., y parece imposible que el Papa, después de tantas instancias de tantos potentados, se haya decidido a tomar tal resolución: estoy seguro que Dios nos ayudará, y mantendrá a V.P. con buena salud, siendo esta la sola alegría de mi coraz6n, para que pueda defendernos a todos de las manos del enemigo infernal, quien con todos sus seguaces ha abierto los brazos para tragarnos a todos, Yo quiero de cualquier manera que sea morir a los pies de V.P.” (Carta del P. Berro a N.S.P. – 10 marzo 1646 - RC 17, Neap. 1).

“A prirrcipios de enero de l&7, suprimida ya la Religión, vino a Roma como secretario del Santo Fundador, quien estimó en sumo grado hasta su muerte a nuestro Vicente … Su gran obra, además de una pequeña vida del S. Fundador conservada en parte por el P. Caputi, son las ‘Memorias Históricas’, divididas en tres tomos y cada torno en tres libros. Dichos tres tomos se encuentran reunidos en un solo y gran volumen bien encuadernado. Las ‘Memorias’, escritas con sumo esmero, óptimo método y riguroso orden aun cronológico, quieren ser una como crónica de la Orden, si bien añadiendo siempre la finalidad de ensalzar la figura de Calasanz, cuya vida narra íntegramente … El P. Berro, tan consagrado al S. Fundador, retuvo consigo desde el año 1648, por lo menos en la mente si no por escrito, el acervo de noticias sobre la vida de Calasanz recogido por él mismo mientras fue secretario del Santo y durante su gestión como Procurador o Postulador de la Causa de Beatificación, iniciada en 1650. Él en efecto llevó a término los dos primeros procesos, es decir el de ‘no culto’ y el ‘ordinario’ sobre las virtudes; en este último el diligentísimo Postulador presentó para el examen sobre la vida y milagros del Fundador más de treinta testigos, elegidos entre muchos, dispuestos a declarar sobre las heroicas virtudes y vida del Venerable Siervo de Dios … En cuanto a su índole personal hay que decir que se trata de un varón docto, religioso y grave; baste para demostrarlo considerar cuanto lo estimó Calasanz, y cuan íntimo trato tuvo con el Santo hasta su muerte, y finalmente cuantos y cuan grandes cargos ejerció en la Orden, antes y después de la Restauración. Pero la principal cualidad entre todas las que le adornaron, fue la tenacidad en la observancia regular y el amor al Instituto, y finalmente la veneración hacia el Santísimo Fundador, en la que no fue segundo a nadie” (Picanyol, Eph. Cal. 1932, pp. 21-23).

(99) “Por las presentes se da fe cierta,
de que el P. Juan María apedillado en el siglo Castilla entró para ayudar las escuelas en el mes de Abril del año 1611 y ha trabajado siempre, como cualquier otro, sin interés alguno, siendo entonces todos nosotros seculares; es más después poseyendo algunos buenos beneficios en España en su patria, los ha dejado para no marcharse del ministerio de las escuelas, y habiendo de una sola vez de sus utilidades 200 escudos de oro, los gastó todos en servicio de la casa sin contar otros dineros que antes en diversas ocasiones había aportado al Instituto. Y luego el año 1627, viendo yo el celo y diligencia con que ayudaba a la obra, resolví para mejor ayudar a la obra que vistiese nuestro hábito con común satisfacción de todos los de Casa, y habiéndose portado bien algunos años con nuestro hábito le nombré Superior de la casa de Frascati, y seguidamente ha perseverado siempre con mucho provecho de las escuelas, y en una congregación tenida ante el Emo. Sr. Card. Ginetti, Vicario de N.S., examinados los religiosos que había entonces fue nombrado por orden de dicho Sr. Cardenal Asistente General en el lugar del difunto P. Pablo y en el Breve fue puesto así como profeso tácito de hacía muchos años, y después para que constase que había hecho la profesión solemne, la hizo confirmando la tácita, como consta en el libro de los profesos, y por su virtud y largo trabajo merece toda gran alabanza y premio, y yo como testigo de vista extiendo la presente relación firmada de propia mano. En Roma, el día 1 de enero de 1643. Yo José de la Madre de Dios …” (Ct. 4077 a).

“ … el M.R.P. José de la Madre de Dios … juró, dijo y depuso como sigue: Desde hace cerca de quince años conozco a dicho Padre Juan aquí en Roma, con ocasión de los estudios que ha heco en estas nuestras escuelas, y sé que quiere vivir y morir aquí en Roma en servicio de nuestras escuelas, por habérselo oído decir a él en diversas ocasiones y momentos; sé también que es persona de bien, temerosa de Dios y que frecuenta las Iglesias y los Smos. Sacramentos…” (Eph. Cal. 1961, p. 65)

“Ya que ha querido Su Divina Majestad llamar a sí a nuestro Padre General … supliquemos a Su Divina Majestad que quiera por los méritos de tan gran hombre volver a mirar al Instituto y dirigirnos a los que quedamos por el camino que a El le plazca. Por lo tanto rogamos a VV.RR. que quieran mantener no sólo aquella fraternidad y correspondencia, que han demostrado siempre mientras vivía nuestro buen Viejo, sino también aquella constancia y perseverancia en la Obra, la que esperamos adquirirá mayor estabilidad por su intercesión en el Cielo, como prometió antes de morir. Les exhorto a no dudar que nosotros los de Roma haremos y seremos los mismos para con VV.RR. a quienes auguramos desde el Cielo toda verdadera y santa prosperidad. Roma, a 29 de agosto de 1648 … Juan de Jesús María” (Eph. Cal. 1963, p. 89).

“Estén por lo tanto, Padres míos, con buen ánimo, et estote fortes in bello (y sed fuertes en el combate), porque el Señor les consolará con abundante bendición, esperando de sus liberalísimas manos después de la mortificación un cúmulo de alientos temporales y espirituales: pues aunque estemos humillados y mortificados in conspectu hominum (ante los hombres), estamos exaltados y vivificados in conspectu Dei (ante Dios); pues qui minor est inter vos, maior est in regno caelorum (el que es más pequeño entre vosotros, es el mayor en el reino de los cielos), y el Sumo Pontífice respondió a una Señora, antigua fundadora de una casa nuestra, y que para la misma causa quería hacer lo mismo, que mientras hubiera un solo Padre en la casa fundada por ella, no quería de ninguna manera que se llamase a otra Religión, y recuerden que David declaró reo de muerte al rico, que tomó la oveja del pobre, teniendo él en su poder tantos millares. Non est abbreviata manus Domini. (No se ha acortado la mano del Señor). Maledictus homo qui confidit in homine (Maldito el hombre que confía en el hombre). Habeatis spem contra spem (tened esperanza contra toda esperanza), porque este nuestro Abraham, que no tiene otro que al pequeño Isaac, verá dilatada su pobre Religión como las estrellas del cielo y las arenas de la playa del mar.

“Querría llenar la hoja de esperanza, de certeza; pero qué mayor esperanza y certeza que tener al Señor compañero en las tribulaciones? Cum ipso sum in tribulatione (Estoy con él en la tribulación).

“Todas las historias profanas, eclesiásticas, sagradas, que he leído, demuestran con mil ejemplos que siempre después de gran cautividad, penuria, tristeza y tribulaciones han seguido libertad, abundancia, alegría y descanso. Así debemos también nosotros esperar de las liberalísimas manos del Señor, que prueba a sus elegidos con aflicciones para consolarles y enaltecerles después mayormente en esta y la otra vida, que nos conceda el Señor… Roma 18 noviembre 1651… Juan de Jesús María” (Eph. Cal 1961, p. 71).

(100) Véase la nota 65.

“Quedaba yo también grandemente edificado por su gran caridad para con los pobres… como era también ardentísima su caridad para con todos nosotros y anhelaba que todos tuviesen las cosas necesarias conforme a nuestra pobreza, y cuando le faltaba algo necesario a alguno de nosotros, se privaba él mismo de lo que tenía y lo daba al que lo necesitaba, como yo mismo he experimentado ya, que faltándome una cosa para vestirme y viendo él que no la tenía, se privó en seguida de la suya y quitándosela de encima me la entregó para que la usara yo, y cuando pasaba alguno de nuestros Padres para otra Casa le miraba en seguida lo que llevaba puesto y si le faltaba algo necesario hacía que se le proveyera en seguida… En 1639 nuestro Venerable P. Fundador me mandó a Campi para Rector de aquella casa… y al despedirme del Venerable Padre, me recomendó vivamente la observancia de nuestras Reglas y en particular que se observase la Visita hecha por el P. Juan Bautista de S. Tecla, y que mandase dos de los nuestros a Nápoles, y que si los Padres después de haber acompañado a los alumnos a sus casas quisieran ir a tomar un poco de aire, fueran donde no hubiera casas fuera del pueblo, y que no perdiesen nunca de vista la presencia de Dios exigiendo esto nuestra descalcez, y me dió otros muchos y santos avisos acerca de la observancia…” (P. Fco. de S. Carlos - RC 28, p. 44).



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