Formación Profesorado Calasancio - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Septiembre 22, 2010 11:16 - 0 Comments

FPCal - T01: Metodología (Emilio Martínez)

METODOLOGIA PARA LA FORMACION DEL PROFESORADO

Emilio Martínez de León

1. Introducción

Querido amigo: tienes en tus manos y a tu disposición un conjunto de fascículos dedicados a la formación permanente de los profesores de los colegios escolapios, tanto seglares como religiosos.

1. Desde instancias externas e internas se viene insistiendo en la importancia de la formación permanente de los docentes y nuestra propia experiencia nos lo atestigua claramente. Razones de todo tipo avalan esa necesidad: cambio social, avances técnicos, redefinición de la finalidad de nuestros Centros en un nuevo marco legal, nueva evangelización.

2. Son muchos los que se preguntan o buscan la razón de ser de los Centros católicos en la actualidad. El Estado o las distintas Administraciones Públicas llegan cada vez a más alumnos y la escolarización, globalmente considerada, es un hecho consolidado.

3. A la anterior pregunta se dan diversas respuestas que resumimos de la siguiente forma: el futuro de los Centros católicos reside en que sepan dar una educación de calidad (que no significa elitista) y específica (que no significa cerrada).

4. Dentro de la especificidad de los Centros católicos estamos los escolapios. Somos menos en número y parece ser que atendemos a más alumnos. Esto significa, que si no es por convencimiento de la misión del seglar en la Iglesia, tendrá que ser por necesidad, su incorporación a la tarea educativa (no solo docente) de nuestros Centros.

5. Los folletos pretenden transmitir una forma de especificidad: el espíritu calasancio, que es EDUCADOR que lleva a cabo una OBRA en un contexto ESCOLAPIO (bloque A) y más concretamente en una DEMARCACION y con un PROYECTO EDUCATIVO (bloque B) que se encarna en un Centro con dinámica propia (bloque C).

2. Los fascículos

1. Cuando se planteó el tema de la formación de los profesores de las Escuelas Pías en el espíritu escolapio, se pensó en unas cuantas personas a las que encomendar cada uno de los apartados y se les dio unas normas para que, respetando la variedad de estilos, el conjunto tuviera una cierta homogeneidad.

2. Me permito recordar esas normas ya que, conociendo los orígenes del proyecto, se puede facilitar la comprensión del por qué, para qué y cómo actuar.

Decía en una carta el P. Miguel Ángel Asiain:

“1º Piensa que el tema que redactas va dirigido a los numerosos profesores (religiosos y laicos) de nuestros Colegios.

2º El tema ha de ser narrativo, pero es preciso que aparezca claramente el esquema del mismo, para facilitar la comprensión.

3º Cada tema:
* ha de desarrollar cada uno de los epígrafes
* cada epígrafe ha de tener unidad en sí pero al mismo tiempo ha de unir y situar cada epígrafe en el interior del tema y de todo el bloque.
* cada epígrafe ha de concluir en un cuestionario que facilite el diálogo.

4º El lenguaje ha de ser asequible, sin tecnicismos innecesarios.”

Las ideas expuestas dan ya algunas claves de lo que se pretende y de cómo utilizar el material.

3. Los fascículos son, pues, instrumentos de trabajo que se ponen en manos de los coordinadores de las reuniones y de los mismos participantes. Aportan ideas y datos y ofrecen un desarrollo de los mismos.

No se deben utilizar de manera inflexible sino como punto de apoyo para el desarrollo de las reuniones.

El material formativo que contienen habrá que integrarlo dentro de otras instancias, igualmente formativas, que pueda tener ya preparadas y organizadas la Demarcación o el Colegio.

3. Las reuniones

3.1 Quién convoca

Cada Centro, o cada Demarcación, deberá señalar la persona más adecuada en la circunstancia concreta que vive cada Comunidad Educativa. Es conveniente, no obstante, sea alguien con cargo y responsabilidad conocida, con capacidad “legal” de convocatoria (si además la tiene “real”, mejor).

Debe tenerse en cuenta que, ordinariamente, no va a ser el que luego dirija las reuniones sino que representa la autoridad en el Centro.

3.2 Quién dirige o coordina y cómo

3.2.1 Quién dirige

En primer lugar, se debe tener en cuenta que, según el grado de evolución de las distintas Comunidades educativas, habrá lugares donde, más que “dirigir”, realmente se “coordine”, pero habrá otros que necesiten un estilo más predeterminado.

Conviene que la/s persona/s (dos o tres por Comunidad educativa, según su tamaño) que se vayan a encargar de dirigir/coordinar las reuniones no sean directivos porque su imagen, generalmente, viene determinada en otro encuadre. Deben ser personas que sepan coordinar una conversación con actitudes de cercanía a sus compañeros, que sean sabios en humanidad más que en conocimientos, y a los que se debe proporcionar con anterioridad una metodología, tarea que puede asumir la Congregación Provincial a través de la persona que estime más oportuna ya sea en reuniones previas o por medio de unos folios, al modo de los cursos a distancia, confeccionados por un experto en dinámica de grupos.

3.2.2 Cómo dirige

En el párrafo anterior ya se apunta una vía, que será completada más adelante cuando se trate la dinámica de las reuniones.

Aquí nos vamos a ceñir exclusivamente a las actitudes o talante de la/s persona/s que coordinarán las reuniones. No se pretende ser exhaustivo; es una mera enumeración que nos puede ayudar a perfilar la figura del coordinador. Un libro antiguo de Luis Alonso Schökel (Pedagogía de la comprensión, Barcelona 1960), enumera una serie de actitudes, algunas de las cuales pueden servirnos como punto de referencia, para fomentarlas o para rechazarlas. Pongamos tres de cada campo.

3.2.2.1 Actitud dogmática. “Los ingleses son un pueblo de opiniones. Los alemanes son un pueblo de problemas. Los españoles son un pueblo de convicciones. Aparte lo que la cita pueda tener de estereotipo, refleja tres posibles posturas ante lo que se vive… y ante lo que se dice en una reunión donde hay diversidad de pareceres.

Resulta evidente que el que dirige/coordina/preside una reunión debe saber aceptar y fomentar las opiniones, ser flexible, convivir armónicamente con la opinión contraria y departir gustosamente con ella. “La opinión detesta la rigidez del dogma y la urgencia de la acción consecuente”.

Los cambios que se pretenden con estas reuniones no serán ni por la fuerza ni de repente. Estamos con adultos con una estructura personal ya hecha.

3.2.2.2 Actitud dilemática. “O todo o nada”. Hay que evitar los extremos, las euforias y las depresiones, la bondad total y lo pernicioso total ( “bonum ex integra parte, malum ex quocumque defectu” ), en definitiva, el sectarismo.

No vamos a reunir a los “mejores”, a los “adictos”. En personas que se juntan para compartir hay que suponer la buena voluntad en todos.

3.2.2.3 Actitud condenatoria. “Yo tuve un profesor de metafísica que en el apartado correspondiente de cada tesis no decía “adversarios”, sino “sententiae”. Porque estimaba que en muchas cuestiones filosóficas disputables no se trata de auténticos adversarios, sino de distinta forma de pensar”.

Todas las personas tienen algo de verdad y se debe aprovechar. En una reunión donde se comparten ideas y, sobre todo, experiencias ocurre lo mismo que en la vida del hombre: “Muchas veces se equivoca mientras busca la verdad. Algunas veces se equivoca mientras busca la originalidad… La tendencia a la verdad es natural en el hombre; mientras no tercien temores o deseos, ajenos a la verdad pura, pero adheridos a sus consecuencias, podemos fiarnos de la recta intención del hombre”.

Quien modera una reunión debe ser tolerante, que es distinto de no tener opinión, porque siempre busca aglutinar, no dividir, comprender, no condenar. No todas las verdades son “la verdad”, muchas son simplemente puntos de vista verdaderos.

3.2.2.4 Actitud comprensiva. “El diálogo presupone y engendra comprensión de la verdad ajena; que es enriquecimiento de la propia”. Pero también se deben comprender lo que son, o nos parecen, “errores” ajenos. Los que viven en tranquila posesión de la verdad, sin molestarse en pensar, son con frecuencia radicalmente incomprensivos”.

Se debe intentar siempre el diálogo, no la polémica ni la dialéctica. En el diálogo hay comunicación de la persona entera, en la polémica o la dialéctica sencillamente no hay comunicación. Con el diálogo no relativizamos, renunciamos y compartimos.

3.2.2.5 Actitud sistemática. En una reunión pueden producirse muchas intervenciones en libertad… y anarquía. Los folletos que tratan los diversos temas ya son una sistematización, pero el folleto no es más que un instrumento.

Convendrá que el moderador de la reunión se haga un sistema (trabazón) previo para que siga un esquema (aunque sea flexible) y llegue a unas conclusiones. No obstante, cierta capacidad de repentizar sobre la marcha puede venir bien en grupos ricos o dinámicos que pueden hacer evolucionar los temas de forma imprevista.

En cualquier caso, el moderador debe saber suscitar interrogantes a los cuales, si el grupo no es capaz de hacerlo, debe dar respuesta para no producir una sensación de vacío.

3.2.2.6 Actitud dinamizadora. Para dinamizar lo mejor es ser dinámico o, por lo menos, no entorpecer la dinámica del grupo. Estas reuniones pretenden que las personas tomen postura y lleguen a la acción, a corto o a largo plazo. Pero nadie se mueve si no tiene motivos. Y no hay mayor motivación que encontrar a alguien que tenga motivos y los sepa transmitir.

Por eso el moderador no debe ser un simple “enterado” del tema sino alguien que lo viva. De ahí la importancia de encomendar esta tarea a alguien entusiásticamente calasancio, que deje hablar a las personas, que discretamente haga participar a todos, que se mueva a nivel experiencial y no sólo a nivel intelectual.

Para ello es muy útil seguir los criterios que suelen tener los que llevan dinámica de grupos. No hace falta ser un experto, pero sí es conveniente dominar algunas técnicas. Ver, por ejemplo, el libro publicado en el ICCE “Técnicas de dinámica de grupos”, de Raymond Hostie. Puede servir de ayuda.

3.3 A quiénes dirige o coordina

3.3.1 A un grupo de educadores, religiosos y laicos, que se supone están interesados en su formación permanente y en el intercambio cordial de sus experiencias como personas y como tales educadores.

3.3.2 Hay dos cuestiones que se deben tener presentes: en primer lugar, la motivación de los asistentes a las reuniones. Un poco más arriba se ha hecho alusión a la misma. El interés está en relación directa con la motivación que se haya transmitido y personalizado.

En segundo lugar, parte de ese interés también depende de que las reuniones “sirvan para algo”, que la gente no salga de las mismas con sensación de vacío o pérdida de tiempo. Por eso parece oportuno saber dosificar las ideas con la transmisión de experiencias, lo conceptual con lo cordial, lo serio con lo humorístico, lo sistemático con lo espontáneo.

3.3.3 Los reunidos no son “alumnos” sino adultos con ideas y hábitos arraigados que no van a cambiar rápidamente. Con ellos hay que saber “ganar” y “perder” tiempo. Se llega mejor por la experiencia de lo vivido que por grandes síntesis de ideas o sistemas.

3. 4 Dinámica de las reuniones

3.4.1 Si pretendemos que las reuniones discurran normalmente bien, además de poner los medios para ello habrá que remover los obstáculos y hay uno que, siendo tema indudablemente importante, puede bloquearnos: el aspecto laboral del Centro. Debe quedar claro que el tema no se minusvalora, pero que las coordenadas de estas reuniones son distintas. Cada cosa en su momento, aunque el clima que se respire en este punto puede influir, a veces decisivamente, en la actitud del personal contratado.

3.4.2 Aunque la historia y el tamaño de cada Centro condicionarán la formación del (de los) grupo (s), generalmente se admite que los que trabajan en una misma etapa o tramo educativo (Educación Infantil y Primaria, Educación Secundaria; E.G.B. y BUPCOU) tienen intereses y relaciones más afines, por lo que cada Comunidad Educativa decidirá la conveniencia de agrupar a los participantes según su inserción en la misma.

3.4.3 Una buena interacción entre el que preside/coordina/dirige el grupo y el mismo grupo es la base para que las reuniones discurran con fluidez. El protagonismo fundamental lo debe tener el propio grupo, aunque depende de la madurez de los integrantes.

En los puntos anteriores, sobre todo en los referentes a las actitudes del coordinador, ya están apuntadas varias ideas que servirán a una de las partes.

Para el conjunto, se deberá tener en cuenta que nadie quede excluido en la posibilidad de intervenir, sin distinción real o formal entre religiosos y seglares; y también lo dicho al final del apartado anterior.

3.4.4 La metodología a seguir estará en función de las características del grupo. No obstante, dado que lo que se pretende con estas reuniones es la formación de todos y cada uno de los asistentes, parece adecuado seguir los principios de la educación personalizada que tanto se ha utilizado en los últimos años a raíz de la Reforma de los años 70. Los podríamos resumir en cinco (J. María Valero García, Educación Personalizada, ¿utopía o realidad?, Ediciones Paulinas, Madrid 1976):

3.4.4.1 La actividad: toda ayuda innecesaria retrasa el desarrollo normal del alumno (del participante). Se trata de convertir al asistente en participante, al mero espectador en actor.

Será buen dirigente/presidente/coordinador el que sepa orientar, el que haga reflexionar, el que provoque la búsqueda, la iniciativa, la creatividad. El que exponga lo estrictamente necesario sin privar del ejercicio y el esfuerzo al participante.

La mera aceptación de conocimientos ya hechos (la materia de los distintos folletos) no es educativo sino informativo, favorecedor de cierta pasividad.

3.4.4.2 La individualización: no hay dos alumnos (participantes) que sean enteramente iguales. Se debe intentar configurar a cada individuo según sus

posibilidades. “Educar es procurar un encuentro personal, buscar caminos de relación profunda, relación de persona a persona”.

No debemos olvidar que en estas reuniones se buscan no sólo los conocimientos sino, sobre todo, la educación de unos a otros a través de las vivencias y experiencias que son las que más llegan, cuando tienen una cierta importancia, a las personas que van a participar. Y esto no se puede conseguir si se encuentran como grupomasa, sino cuando se sienten personas, con sus propias características, aceptadas tal como son.

3.4.4.3 La sociabilidad: nada humano debe ser indiferente al alumno (participante). Característica esencial de la persona es la de ser sociable.

Este método “abre caminos que favorecen la convivencia dentro de la cooperatividad y la amistad… la apertura a los otros, disponibilidad, diálogo, consulta libre a los compañeros, respeto a los demás, interés y atención a los acontecimientos de los otros a nivel personal, familiar…”.

Se debe cuidar que el clima cordial no derive en una falta manifiesta de vertebración de las reuniones, pero todo lo que sea socializar la experiencia es impulsar la sociabilidad, compartir, crear lazos, comprometerse con el grupo.

3.4.4.4 La libertad: no puede haber verdadera educación si no se dan opciones. Toda educación que se basa en fórmulas impositivas está llamada al fracaso.

La libertad en las reuniones, empezando por la asistencia a las mismas, no va en contra de una dirección de las mismas. El que asiste acepta unas mínimas normas que repercuten en el bien común de todo el grupo. Por dentro de esas normas debe haber libertad de iniciativa, libre juego de aportaciones.

La libertad va íntimamente ligada a la creatividad y a la responsabilidad, aunque se puedan producir equivocaciones.

3.4.4.5 La creatividad: no saldremos de lo vulgar si no fomentamos la creatividad. Si el dirigente/presidente/coordinador se empeña en decir todo lo que ya viene expresado en los distintos folletos y los toma no como instrumentos sino como vía única y segura impedirá la evolución del grupo y quizás llegue a provocar cierta falta de interés y el aburrimiento.

En mayor o menor grado, todo el mundo tiene creatividad. Sería una lástima desperdiciar las aportaciones de algunas personas por mantener una actitud encorsetada, poco flexible o restrictiva

3.4.5 Por último se debe señalar que el éxito de una reunión depende en cierta medida del clima de la misma. Hay que crear ese clima antes ya de las reuniones: una encuesta previa a los Directores detectando ambiente y cuestiones que interesan, una buena presentación de los objetivos y contenidos generales, sea a nivel de Comunidad Educativa o de Provincia, una publicación con estilo. . . cualquier cosa adaptada a los diversos grupos y que suponga cercanía personal.

3.5 Tiempo: cuándo y cuánto

3.5.1 El momento de tener las reuniones habrá que integrarlo dentro del plan de formación que pueda tener la Demarcación o el Centro. En todo caso, se comprende que deben evitarse los momentos inmediatamente posteriores a situaciones estresantes. Debe buscarse un tiempo en el cual haya un cierto sosiego anímico, que no se esté excesivamente pendiente del reloj. En bastantes sitios los viernes por la tarde son peligrosos porque se inicia ya el fin de semana. Pero también depende de la motivación y el interés suscitado.

3.5.2 En cuanto a la duración de las reuniones parece que el tiempo mínimo adecuado es de hora y media, teniendo en cuenta que se debe exponer el tema y luego centrar el diálogo para llegar, si procede, a unas conclusiones.

3.6 Periodicidad

Para mantener el ambiente formativo y, por otra parte, no cansar, parece lo más adecuado no menos de una reunión mensual. Cada Centro sabrá estimar si es posible hacerlas con más frecuencia. Como siempre, lo funcional será el criterio que debe prevalecer.

4. El mantenimiento o seguimiento

4.1 Uno de los temas importantes que plantea cualquier grupo es que, una vez completada su finalidad primera, nos preguntamos: y ahora, ¿qué? Hay que prever el final de la utilización de los folletos. Aunque se acaben, lo que no podemos desaprovechar es el ambiente formativo y de convivencia que se haya creado.

4.2. Cuando un grupo funciona bien, se crean expectativas que hay que cuidar y resolver. No se pueden frustrar esas esperanzas. De ahí la importancia de un plan preparado y organizado en la Demarcación o en el Centro que se vaya ampliando y renovando de forma permanente.

Este plan será la verdadera renovación pedagógica de los Centros.



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