Personal, Reflexión - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Mayo 12, 2011 5:59 - 0 Comments

Atardecer de un Viernes Santo

Anocheciendo el viernes Santo
Manuel Nebot, escolapio

Querido Abba:

¡Tan igualado! Perdona, pero tantas veces le hemos oído llamarte así que ya es costumbre pensarte como su abba y no podemos reconocerte ni llamarte de otra forma. Aparte que nos mandó que así te llamáramos.

En este momento de tregua. ¡Qué tregua! ¡Todos los nervios en tensión!, Tanto ha acontecido: Miedo. Angustia. El peso enorme de la frustración por resultar tan cobarde. ¡Cuánto pesa la mala conciencia! La vergüenza de la traición ¡Por pies hemos salido todos! ¡al ruido de los caites lo hemos dejado solo!

¡Cara e’barro! Con todo lo que ha ocurrido aun me atrevo a escribirte, y de ipegüe, te llamo Abba, como Él.

Aunque no todos lo han abandonado. Los pajarillos muy benditos: el Macua, y su prima hermana l’Oroneta, le han sido leales. Han hecho todo lo que han podido para estar a su lado dándole su cariño, mitigando sus dolores. Ahora están pasmados. No les cabe en su cabecita este asesinato oficial. Estas avecillas, siempre tan activas, nerviosas y volanderas, están, aleladas, con la cabecilla bajo el ala. Igual toda la creación. Toditita está desconcertada, sin saber qué pensar, qué hacer. Tan contenta como se la veía por tener a su Señor, mejor, ¡a su Amado! en medio de ella. Así el travieso viento. Nervioso, es un puro ir y venir. ¡Nunca sabemos de dónde viene y a donde va! Cómo se entretenía molestando a sus discípulos zarandeando la barquilla. ¡Cómo se divertía asustando a sus discípulos! Hasta que Él le decía: “Vale. Ya está bien” Y el viento, como perrillo travieso se alejaba sonriendo recordando la cara de espanto de los discípulos. Y ahora …

¡Dios! ¿Qué nos ha pasado?

El poder de los poderosos, el temor de los temerosos se han aliado para que tu Hijo, nuestro Chus, haga en soledad el camino del Calvario, cargando su cruz, en donde y en ella es clavado hasta la muerte.*

*Nota de la viejita rezadora: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos porque por tu Santa Cruz has redimido al mundo entero. Y a mí, pecador@”

La vida que pensaba tenerla a manos llenas al conocerlo se me ha ido por entre los dedos. ¡Qué triste este día!

Nos han matado al Buen Chus, a tu Hijo.
Lo hemos asesinado. Te he matado al Hijo.

Confiaba en sus amigos, en los que mojaban su pan en la salsa del mismo plato. Sus amigos lo hemos traicionado. Pedro, Judas, Manolo …

Ahora que está en la muerte:

¿Qué va a ser de nosotros?

¿No permitirás que se quede en la muerte?
¿Verdad?

¿Recuerdas cuándo empecé a conocerlo? A Él, no a un catecismo.

Todo empezó aquel día ¿Recuerdas? cuando decía que no te necesitaba?

No te necesitada para comprender el mundo, que no eras una hipótesis necesaria. ¡un mito! La realidad se explica a sí misma. Que muy bien podemos pasarnos –podía pasarme- sin ti. Recuerdas cómo todo esto se reforzó cuando descubrí el marxismo. Conociendo qué, cómo y hacia dónde ¿Qué más necesitaba para entender la historia y mi historia?

No te necesitaba para nada.

Ahora te diría que necesitarte, lo que se dice necesitarte, en lo de antes, pues no te necesito. No te necesito, simplemente te amo. Ni sé por qué, ni cómo, ni para qué. Simplemente así es.

El amor revela una dimensión nueva de la realidad: las cosas no son solo caparachos; son profundidad, son consistencia, son densidad, son un sentido que mira hacia el infinito. En definitiva: misterio. Para conocer no basta con el conocimiento de la superficie; por más que se experimente, se elaboren hipótesis, razonamientos, tesis, teoremas, corolarios: mientras no se conozca, también, en toda su profundidad, no se conoce.

¿Acaso la teoría más abstracta de la más abstracta ciencia no es la reliquia fósil de problemas tremendamente humanos? ¿Acaso toda idea por ideal que sea, antes de estar en la mente no ha estado en el estómago de los sentidos?

Las mujeres que amo son las que, día a día, me enseñan en el amor empírico la verdad del Amor. Qué mejor catequista para un varón que una mujer.

En esta catequesis no se necesitan muchos, ni profundos pensamientos, ni largísimos diálogos, discusiones sin fin, peroratas de ‘¿cuándo terminará?’, razones contra razones. Ni siquiera se necesitan palabras. En el humilde silencio del simple estar ahí, frente a la amada, es contemplar la síntesis de toda la creación.

La piel de la mujer amada es superficie de mar que cubre profundidades inimaginables. Una historia hecha de esperanzas, ilusiones, frustraciones, desengaños, dolor y alegría y todo vivido como mío: Una historia que es de ella pero por ser de ella es mía; sufrimiento, de ella y por eso, mío; sus alegrías, de ella, pero mías también.

En la mujer amada abro la puerta a una infinidad de mundos llenos de misterio, pero, a pesar de ser misterio, me siento vitalmente comprometido con ella, con el misterio.

En la amada, en el Amado, se unen Misterio y Compromiso personal.

Solo el amor consigue que uno con los ojos cerrados se arroje al vacío, pues en definitiva, el misterio termina en resolverse en el Todo, o en el Algo, o en la Nada

Al entrar por la puerta de la amada y descubrir el misterio del ‘otro’ y sumergirme en él, ocurrió un accidente: no me quedé en ella, sino que pasé de largo hasta que topé con cerca. Un topetazo bien duro, de los que hacen ver estrellas; en este caso, tu Hijo.

Aquí comencé a conocer a tu Hijo
¿Recuerdas?

Pasaron días y días, hasta que llegó aquella noche

Aquella noche que estaba sin poder dormir a causa de unas grandes fiebres de una gran malaria que me atrapó. Recuerdas el suave susurro de motor ralentizado. Y entre el susurro deslizante, el ruido seco del engranar un cambio de marchas. Falta de aceite o descuido del que maneja. Recuerdas que me levanté de la cama a mirar con cuidado por la ventana. Abajo en la calle una patrulla de la guardia se deslizaba apenas con un susurro –menos el cambio de marcha-. Allí estaba todo: la tanqueta, el jeep con la cincuenta, el yipón cargadito de guardias. Susurrando iban patrullando alrededor del colegio.

¿Recuerdas qué pensé al ver esta susurrante patrulla? En esa como jaculatoria de la oración de completas: ‘Fratres, sobrii –Si. Así en latín me vino a la mente-. Pues ‘Fratis, sobrii stote et vigililantes, quia adversarius vester, diabulos, tamquan leo rugens circa quarents quem devoret’. Para los que no sabemos latín, copio la traducción de este consejo de San Pedro: ‘Hermanos, sean fuertes y estén vigilantes porque su enemigo, el diablo, como un león hambriento ronda buscando a quien devorar’.

Esto es la introducción. Lo importante está en lo que sigue: ‘Quae resistite fortes in fide’. Es decir: ‘Al cual resístanle firmes en la fe’. Recuerda cómo se derrumbó todo mi mundo. Solo hacerse presente en mi mente ‘fortes in fide’ sentí que mi mundo se derrumba; ¡Apocalipsis personal! Ese punto fuera de mí en el que pensaba estar apoyándome para sostener y mover el mundo, al menos mi mundo, desapareció, y yo me derrumbé con él. Fue la toma de conciencia que, a pesar de todas las apariencias, mi conocimiento de tu Hijo no iba más allá de una máquina de Arquímedes: la palanca que necesita un punto exterior para mover el mundo. Ese punto exterior, pensaba, era tu hijo, nuestro Chus.

Parece que tu Hijo no quiere ser engranaje de ninguna máquina.

Pasaron los días de este Arquímedes frustrado.

Hasta que llegó el día de entrar Montaña Adentro …

Sabrás que en Nicaragua -¡claro que lo sabes!- decir Montaña Adentro es decir Misterio.

Este Adentro es el de las montañas que abrazan, apretujan, doblegan, rigen y dirigen al río Sinacapa. ¿Recuerdas? Un río a veces de una gran docilidad: se cruza de piedra en piedra. A veces, bravío, de aguas chúcaras y abundantes, rojas, violentas; cruzarlo ahora, es tener el agua en la cintura y el temor en el corazón; temor a perder pie por el agua tan fuerte, tan rápida; por algún tronco que o, solapado, viene escondido entre el ramerío que arrastra, o, chúcaro, dando saltos como potro desbocado sobre la superficie del río.

¿Recuerdas aquel día en que Amytis rabió de envidia? La bella reina, esposa del poderoso Nabucodonosor II, orgullosísima de sus jardines colgantes que el rey, su esposo, había construido para ella en Babilonia. La reina se dolió con gran dolor por sus jardines. Si colgantes ellos, aquí, orilla del humilde Sinecapa, vio el jardín total; el ambiente del vado que utilizaba para cruzarlo de repente se transformó en jardín: todo floreció. Las orillas, el rio, el aire, las matas. Todo, todo florece ¡Toditita la atmósfera que me envuelve! Miraba hacia lo alto, miraba río arriba, miraba río abajo, miraba la otra orilla: todo era un agitarse de florecillas multicolores. La hermosa reyna Amytis nunca más volvió a pasear por entre los jardines colgantes con gran dolor de su esposo, el poderoso rey Mabucodonosor II. Por mi parte nunca antes, ni nunca después vi ni veré tanta mariposa junta.

Sabes que conocí bien esta montaña, hasta bien adentro. Recuerda cómo me convertí en un buen baquiano, capaz de ir de cualquier punto de la montaña a cualquier otro, sin camino, sin haberlo hecho antes, sin GPS ni ordenador, sin brújula -ni magnética, ni inercial-; viendo apenas más allá de las narices, rodeado de un materío de varejones más alto que uno, todos cuajaditos de aceradas y enormes púas ya que, como sabes, es un bosque del trópico seco –Sí, ya sé que lo sabes. Pero es maña de maestro estar dando clase siempre-. Pero, sea cómo sea y a pesar de todo, y sin brújula, siempre encontraba el camino. También te darías cuenta que me convertí en un aceptable rastreador. Sabía quién andaba por delante en el camino, con quién me encontraría al llegar al ranchito que iba.

Esto me permitió perderme sin estar perdido dentro de la montaña y entrar en los misterios de Montaña Adentro.

¿Recuerdas la Catedral de Montaña Adentro?

En medio de montaña tan quebrada, de senderos estrechísimos que en muchos solo se podía caminar poniendo un pie delante de otro. Rodeado de una maraña de aceradas, largas, espinas. Allí, en medio de tanta quebrazón, inesperadamente, en un momento, como aparecida, estaba la catedral: un llano grandecito, el piso de rala y baja hierba. Árboles uniformemente repartidos; rectos, de tronco liso, sólo en la altura se abrían en bóveda gótica. En un extremo, en el lado más corto, una gran círculo construido con piedras, palos y grandes, largos, huesos. Este círculo encerraba una cruz, construida con los mismos materiales,-piedras, palos, huesos- sus extremos tocaban el círculo. Quedé intrigado. Días más tarde regresé para ver la cruz circulada y examinar todos los detalles pero no pude, allí estaba la cruz y círculo, totalmente deformados pero reconocible –topología campesina- para quién sabía. Parece que se dieron cuenta que me di cuenta del lugar. A pesar de que la zona es muy despoblada siempre se sabía lo que estaba haciendo. ¡Si aprendí a medio rastrear, los pocos habitantes de la zona, mejores rastreadores que uno sí serían! Lo cierto es que se dieron cuenta que había estado rondando el sitio un curioso. Algo pude deducir: que lo que allí se celebraba no era para curiosos. Que el lugar es lo suficiente sagrado como para no desaparecer sin más la cruz con el círculo. Ahí terminó mi investigación. Me di por enterado que ‘eso’ no era para mí.

El misterio de la Catedral Montaña Adentro.

Recuerdas el Pueblo Montaña Adentro: esas casas como abandonadas en medio del bosque; Me hablaron de una colonización antigua, desaparecida por los ajustes de cuentas entre familias. Explicación muy posible pues ha ocurrido muchas veces, pero que en este caso no lo explica todo: las casas no parecían destruidas, ni tenían la estructura de los ranchos de los colonizadores, más bien eran de madera, como prefabricadas; estaban muy juntas y no dispersas como están los ranchos en las comarcas; no se veía, como en las películas, salir palos por entre medio de las rendijas de las paredes, de las puertas, ventanas. Más que reabsorvidas por el bosque parecían camufladas en él.

El misterio del Pueblo Montaña Adentro.

¿Y el misterio de la cususa? ¡La Destilería Montaña Adentro!

¿Y el misterio del ranchillo y la viejita?

¡Ni ranchito era! Cuatro paredes y techo de cañas atadas. ¡Sin puertas! Chiquitillo. Apenas para una tijera, un taburete y mesita. Y una anciana acostada en la tijera.

Mal pensando sería si haciendo caso a los hermanos Grimm pensara en una bruja que en medio del bosque pasa esperando al infeliz que se le acerque para hacerle cualquier barrabasada. Pensaría mal e injustamente pues resultó ser un lugar santo como horita mismo se verá.

Sabes que a la viejilla la visitaba con frecuencia, y que una vez a la semana celebraba la eucaristía con ella en el mínimo espacio del ranchillo.

Lo que pasó ese día sólo tú lo sabes. Solo cuento lo que vi, sin añadir ni quitar. En una de las misas, en el momento que empezaba la consagración llegaste tú. Sin ruido, sin trompetas ni aleluyas, pero tu Presencia empezó a llenar el ranchillo ¡tan chiquitico! Tu Presencia empezó como una nubecilla apenas perceptible que poco a poco, suavemente, fue creciendo cada vez en luz más densa. No la acompañaba ninguna multitud de ángeles; silenciosamente, a tu lado, te acompañaban la Paz y la Sabiduría. Tu Presencia cada vez más total, universal, con una luz cada vez luminosa; era cosa de ver cómo te dejabas abrazar por el ranchillo entre sus brazos de paredes de cañas.

¡Era de más ver la carilla tan alegre del ranchito! Él tan pequeñillo tenía abrazado entre sus pobres brazos de caña y estrechaba contra su corazón la totalidad de lo que existe: Tu Presencia amorosa y liberadora.

Este ranchito tan pobrecillo, tan chiquitito, con solo viejilla y curilla, pero que en su pequeñez contiene la plenitud de tu Gloria, toda tu presencia de amor liberador; este ranchito capaz de unir en un solo abrazo tu Gloria y los pobrecillos, en este momento, una viejita y un curilla. Este ranchito es tu Hijo, nuestro Buen Chus.

Intuir el Corazón del Buen Chus y quedar cautivado, es todo uno.

Todo es conocerlo por de afuera: lo que da densidad a lo que existe, el punto situado fuera para mover el mundo, el Salvador, el Cristo, con sus atributos y predicados; pero intuir su corazón e intuirse uno mismo en él es quedar inmerso en Tu Presencia de Amor que Libera; es quedar fascinado.

Tanto como para comer de su mismo pan, de mojarlo con salsa del mismo plato.

¡Qué vergüenza! Tan gran amistad, tanta como para comer del mismo pan, está envuelta en tanta fragilidad que es capaz hasta de traicionar al amigo.

Y ocurre lo que ocurre, que el Buen Chus está muerto. Lo he asesinado, lo hemos matado ante el pasmo de toda la Creación.

No sale de su asombro, escandalizada y ofendida por todo lo que le hemos hecho en ella. No entiende nada, no sabe qué hacer, no sabe qué va a pasar con ella. La piedra que sostiene los cimientos de la creación la hemos despedazado. El Buen Chus está muerto. ¿Quién nos dará la vida? ¿Nuestra historia por dónde caminará? ¿Bajo qué estrellas edificaremos nuestra casa si ya no las hay? ¡Qué ayuno más verraco!

¿Qué va a ser de nosotros?

¡Abba, no dejes a tu Hijo en la muerte!

¡Abba dame las lágrimas de Pedro
y aleja de mí el mecate de Judas!

Te dejo, Bueno, dejo la carta …

… Pareciera que el sol comienza a levantarse por el oriente

Tu hijo en tu Hijo
Manolo



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