Reflexión - Written by Archivo Calasanz on Jueves, Junio 9, 2011 6:30 - 0 Comments

NÚMERO, 1

¿Y, … ESO PARA QUÉ SIRVE? - I

Imagino que esta pregunta debe ser patrimonio del estudiantado universal. Es frecuente sobre todo en matemáticas. Está, por ejemplo, su humilde servidor, entusiasmado, desplegando en la pizarra la demostración de cualquier teorema, y de repente se escucha una voz: ¿Eso para qué sirve? Este s.h.s suele contestar con cualquier cosa –respetuosa, desde luego, con su puntito de broma- que se ocurra en el momento. Simplemente escurrir el bulto para poder terminar de explicar el teorema que está en plan del día. Pero el resultado es que no contesto la pregunta que por importante y justa merece ser atendida. Es una de las tantas respuestas que le debo al estamento estudiantil. Voy a honrar la deuda.

Es justa porque los conocimientos que se dan en la escuela, instituto, colegio, internet, … están compartimentados en contenedores llamados asignaturas. Una asignatura presenta unos conocimientos y otras, otros; y por esto mismo, falsos. Se presentan huérfanos, sin su ‘qué’, ‘por qué’, ‘cómo’; como fantasmas aparecidos de repente, como revelados tal cual por un dios que baja de las alturas para civilizar una humanidad poco humana. Son ‘conocimientos’ sin el contexto, desde el más amplio hasta el más inmediato por lo que no tienen sentido y por tanto indigeribles. Cualquier teorema –por ejemplo- que se presente así, en vacio, no puede dejar de llevar al alumno - espectador a que se pregunte: ¿Esto a cuento de qué? La respuesta: ‘está en el programa’ no es una buena respuesta.

La pregunta ¿para qué sirve esto? Es, además de justa, saludable para la escuela pues obliga a darnos cuenta de una de las contradicciones que es la escuela: para enseñar de forma graduada, ordenada, sistemática, accesible tanto a las progresivas capacidades del@ alumn@ como a su unidad a lo largo de todo su proceso escolar, debe diseccionar el cuerpo de conocimientos de la humanidad, reducirlos a pequeñas cápsulas que se supone el@ alumn@ pueda asimilar -¿no sería mejor, recrear?- con facilidad y, así, llenamos la escuela de ‘sinsentidos’: ¿Esto para qué?

Para honrar la deuda trataré de contestar el ¿para qué sirve? tomando como ejemplo el tema del NÚMERO. Veré si soy capaz de mostrar en forma entendible, aunque necesariamente breve e incompleta, el ‘Qué’, ‘Cómo’, ‘Por qué? ¿Para qué?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Contexto? del número.

Comienzo presentando el primer contexto, ‘mi subjetividad’. ¿Por qué he escogido el NÚMERO y no otro tema? Pregunta que ya hace intuir que los números tienen existencia más allá de las matemáticas pues están motivando que la subjetividad reaccione: este tema, como cualquier otro, se integra en nuestra persona, nos transforma a la vez que lo transformamos aunque no nos demos cuenta.

Por qué, pues, el tema del número. El número es expresión de una de las primeras, si no la primera, gran revolución a través de la cual la humanidad dio un gran salto adelante; Es testigo del big – Bang de la historia: está a la base del nacimiento de la sociedad tal como la conocemos hoy, es decir de nosotros y nuestro mundo.

Miras a tu alrededor, por la ventana estás viendo a una mamá que está intentando que el bebé aprenda a decir que tiene DOS años. Lo hace tomándole la manita, suavemente le cierra sobre la palma de la mano TRES deditos, dejando extendidos el índice y medio. Y se llena de orgullo cuando alguien le pregunta a su bebe ¿Cuántos añitos tienes? Y el bebe extiende el bracito mostrando los DOS dedos extendidos.

Ves al encargado del mantenimiento tomar MEDIDAS del vano de una puerta, anotarlas en un papel, e imaginas que ahora va al taller y con las MEDIDAS anotadas construirá una puerta que calzará exactamente en el hueco para la puerta.

Ves a un@ compañer@ que está CONTANDO CON LOS DEDOS teniendo los ojos cerrados. Piensas que está repasando los puntos de un tema para el examen de dentro de un rato.

Esto te lleva a pensar lo satisfecho que estás por haber invertido las ganancias del trabajo del verano comprándote ese potente ordenador que es tu orgullo. Tiene tantos TERABITES, nosecuantos GIGABITS, y muchisísimos hertzs.

A la vez piensas si la DOCENA Y MEDIA de gaseosas que has comprado será suficiente para ver, este sábado, con el grupo de amigos en la tele la película ‘666, EL ENGENDRO DEL MAL’, mientras tu hermanit@ que está preparando el examen de la catequesis para la primera comunión; l@ oirás recitar, una vez más, que los mandamientos de la Ley de Dios son DIEZ.

Pensando en lo bien que lo pasas los fines de semana, te lamentas que los fines de semana sólo tengan días de 24 HORAS y horas de SESENTA MINUTOS.

Todos estos son números, pero no lo son de la misma forma.

El bebé, un tanto precoz pero no tanto como para saber qué es DOS, qué es NÚMERO, al mostrar los dedos está ejecutando un gesto introyectado que se activa cuando oye la palabra ‘añitos’ (¿educación? conductivista) –Pregunta al margen: ¿Cuánta de nuestra conducta es libre y cuanta responde a desencadenantes?-. Bueno. Sigo con el número. Llegará un día que se hará como luz en la mente del exbebé. Comprenderá que los dedos y su vida aunque distintos: uno es una parte de sus extremidades; la otra, entre otras muchas cosas, es duración. Pero tienen algo en común: el ‘dos’… Se dará cuenta que este ‘dos’ no es algo que pertenece a las cosa: mis dedos, lo que está durando mi vida; Sino que es algo que él crea y que aplica a las cosas en aquello que es común a las dos realidades distintas: la mente del exbebé es capaz de crear realidades inexitentes, capaz de captar realidades que siente distintas a sí mismo, capaz de analizarlas, ver semejanzas y diferencias, capaz de aplicar a las realidades que no son él, realidades que él ha creado.

Este dominio sobre el mundo le parece al exbebé tan grande que desconfiando de sí piensa que es revelación de una divinidad. El número considerado, pues, como misterio pertenece al ámbito sacerdotal: son el lenguaje sagrado que la divinidad nos ha revelado para comunicarnos con ella: los mandamientos de la Ley de Dios son 10: ni 11, ni 9, exactamente 10 y el nombre de ‘la bestia’ es 666. Nos ayudará a contestar: ¿Por qué en la pulpería compramos por docenas? ¿Por qué el reloj marca de cero a doce? ¿Por qué el carpintero se fía de su papelito? ¿De dónde salen los ‘teras’, ‘gigas’, ‘megas’ ‘bites’ ‘bits’



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