Documentos escolapios, Portada - Written by Archivo Calasanz on Miércoles, Agosto 27, 2014 12:13 - 0 Comments

¡Ay de mí si no evangelizare! - Sobre la reactivación de nuestra pastoral

€Ephemerides Calasanctianae

Salutatio Patris Generalis

Carta a los Hermanos

Salutatio julio de 2011

“Sobre todo”. Así enfatiza Calasanz el centro de nuestro ministerio, cuando dice que “será cometido de nuestra Orden enseñar a los niños, desde los primeros rudimentos, la lectura correcta, escritura, cálculo y latín, pero, sobre todo, la piedad y la doctrina cristiana” (C 8).

Os escribo esta carta pensando en ese “sobre todo”. Os escribo sobre la dimensión pastoral de nuestra misión, tal y como yo la veo en este momento de las Escuelas Pías. Lo hago porque pienso, sinceramente, que no estamos dando la talla en nuestra pastoral. Es más, en algunos lugares hemos incluso retrocedido y en otros nos conformamos con algunos aspectos propios de la tarea evangelizadora, sin duda importantes, pero insuficientes. Pienso que debemos hacer una autocrítica sincera en este aspecto y tratar de reaccionar, de revitalizar -también- nuestro ministerio en su dimensión evangelizadora y

pastoral.

1 - Unas sencillas constataciones.- Uno de los frutos que estamos consiguiendo gracias a la nueva estructura de los Secretariados Generales es que estamos teniendo acceso a un mejor análisis de nuestra propia realidad. Como sabéis, el Secretariado General (SG) de Ministerio hizo un estudio sobre nuestra pastoral y detectó algunos datos que nos pueden ayudar a comprender lo que vivimos. Pensad que son datos globales y que en cada Demarcación podemos tener una imagen concreta de lo que hacemos, pero yo escribo pensando en la Orden. Es interesante que sepamos que, junto a mucha dedicación y esfuerzo, se constata que:

a. Muchas Demarcaciones reconocen que la pastoral no está siendo fácil, que hay fatiga en muchos de los agentes de pastoral, que no tenemos proyectos claros y completos, que disminuye nuestra capacidad de convocatoria y que, en muchos lugares, estamos lejos de que nuestras plataformas ministeriales estén concebidas desde el eje de la pastoral.

b. La priorización de limitaciones hecha por el SG de Ministerio nos dice que estas son nuestras principales necesidades: formación y dedicación de los agentes de pastoral (incluidos los religiosos), falta de proyectos claros y completos, así como de análisis de los contextos en los que trabajamos, y dificultades para recuperar la centralidad de la pastoral en nuestros centros. Esta es la síntesis que nos ofrece el equipo que nos ha ayudado a estudiar nuestra realidad. Por supuesto, resumir en dos párrafos toda esta amplia realidad es muy audaz o imprudente, pero he querido expresarlo así para clarificar una convicción: es cierto que trabajamos, y mucho, pero también lo es que no estamos llevando adelante nuestra acción evangelizadora con toda la claridad, centralidad y consolidación de la que somos capaces y que necesitan nuestros niños, jóvenes y familias. Se impone una “reacción pastoral”, hermanos.

2 - Estamos trabajando en colegios, en escuelas populares, parroquias, diversas plataformas de educación no formal y en otro tipo de obras. Lo hacemos en contextos bien distintos, y esto hay que tenerlo en cuenta. Y no sólo distintos, sino cambiantes. Pero, ¿tenemos clara la importancia de la dimensión pastoral de nuestro ministerio, y que la hemos de impulsar con claridad y vigor? Sólo a título de ejemplo os recuerdo lo que dijo el pasado Capítulo General sobre nuestras escuelas:

“Debemos superar la noción de que la pastoral es sólo un aspecto de la escuela católica, una asignatura más, y presentar la pastoral como una dimensión que atraviesa todo el proceso educativo y toda la realidad de la escuela, haciendo de la pastoral el valor fundamental de nuestra escuela, revalorizando así nuestra identidad y constituyendo una escuela en clave pastoral”

[1.46º Capítulo General, Declaración “Nuestra escuela en clave pastoral”, nº 1 ] Es cierto que estamos trabajando en lugares muy diversos, con posibilidades muy distintas para nuestra acción pastoral. Pero, estemos donde estemos, lo que nunca podemos olvidar es que la pastoral es central en nuestro ministerio y que el anuncio de la propuesta cristiana es irrenunciable para nosotros. “Evangelizar - educando” significa que hacemos todo lo posible para, desde una educación integral, acompañar a los niños, jóvenes y familias a su encuentro con el Señor Jesús, un encuentro que dé plenitud a sus vidas y les fortalezca para ser personas capaces de trabajar por un mundo mejor según los valores del Reino de Dios. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” [2. Benedicto XVI, “Deus charitas est” ]

3 - Pienso que para entender bien lo que nos está pasando, para analizar bien nuestras deficiencias en la pastoral, debemos centrar nuestra atención en la fe que proponemos, la Persona que anunciamos, el estilo de vida que deseamos testimoniar, la raíz de los valores en los que educamos y el sentido de nuestra vocación de educadores, de religiosos y de sacerdotes. Estamos para educar en esta fe y para acompañar a los destinatarios de nuestra misión hacia este encuentro completo y transformador a través de nuestro ministerio educativo y pastoral. Reflexionar sobre la claves de nuestra fe desde una perspectiva pastoral y pedagógica nos ayudará a entender lo mucho que nos queda por hacer.

Al menos esa es mi convicción.

La fe que proponemos y en la que queremos educar es así:

a. Está centrada en Jesús de Nazaret. Es su Persona y su propuesta lo que anunciamos y tratamos de proponer. Hemos de estar convencidos de que no se llega a ser cristiano sin hacer de Jesucristo el centro de la propia vida y sin vivir esta fe en la comunidad cristiana. Esto nos tiene que orientar mucho a la hora de definir nuestras prioridades.

b. Es una fe que supone un estilo de vida. Por eso nuestra pastoral parte de la persona, se acerca a ella en su situación, se desarrolla desde el acompañamiento, busca la propuesta vocacional, sugiere una manera de vivir, se sostiene desde un proyecto personal de vida. No es sólo un conjunto –necesario- de conocimientos, ni una serie de celebraciones –fundamentales- desconectadas de la vida o que no conducen, progresivamente, a un encuentro con el Señor que se convierte en eje de la propia vida.

c. Se consolida en la experiencia de Dios, se expresa en la oración, se fortalece en la celebración de los sacramentos, necesita de tiempo específico para el encuentro con Dios, pide pedagogía de la oración y de la gratuidad.

d. Va consolidándose desde una adecuada y progresiva formación, en diálogo con la cultura y la sociedad, en todo lo que significa la fe cristiana.

e. Se expresa en el amor, en el compromiso cristiano, en la acción solidaria, en el voluntariado, en las opciones a través de las que las personas van aprendiendo que la vida sólo sirve si se entrega.

f. Se comparte en grupo y en comunidad, a través de un itinerario abierto y compartido en el que las personas van adquiriendo conciencia alegre de su pertenencia a la Iglesia y experimentan la llamada a la comunidad.

g. Y, para nosotros, es una fe enriquecida con el carisma de San José de Calasanz, que lo ofrecemos como don, como clave desde la que pueden descubrir con nitidez que la fe puede vivirse desde contextos eclesiales diversos y que las Escuelas Pías son uno de esos contextos, precisamente el que les ha engendrado como cristianos.

Podríamos citar más características, pero me quedo con estas, sólo para expresar de qué hablamos cuando hablamos de pastoral. No podemos ofrecer a los jóvenes algo más pequeño que esto; se merecen una propuesta seria, creíble y exigente.

Sólo así responderán, “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe [3”. Lema de la Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011.]

4 - ¿En qué necesitamos reaccionar?

No pretendo dar ninguna “receta”, ni creo ser la persona más preparada para ofrecer una reflexión sobre esta cuestión. Pero como escolapio y como responsable de la Orden, sí creo que debo intentar responder a esta pregunta. Me gustaría ofreceros estas pistas para vuestro camino:

a) En primer lugar, quisiera que os sintierais aludidos por esta pregunta: ¿en qué debo reaccionar? Si creo que las cosas ya van bien, que la calidad de mi/nuestra pastoral es buena, si siento que no puedo/debo hacer más, si pienso que en mi contexto lo que hay que hacer es lo que hago y lo demás son “propuestas externas”, no vale la pena que sigas leyendo. Yo sí que creo que debemos reaccionar.

b) ¿Vivo mi vida escolapia, formo a los jóvenes escolapios, transmito ese necesario celo apostólico propio de todo testigo de la fe? La pastoral exige tiempo, dedicación e inconformismo. Y mucho. Sólo así se consolidan los proyectos pastorales y podemos ofrecer a nuestra Iglesia y a nuestra Orden plataformas creíbles de vivencia de la fe.

c) En nuestras Demarcaciones, ¿tenemos proyectos completos e integrales de pastoral? ¿Contemplamos en ellos la dimensión académica, la extraacadémica, las peculiaridades de una parroquia o de un centro de ENF (educación no formal)? ¿Tenemos prevista la formación –también cualificada- de agentes de pastoral? ¿Conectamos con las propuestas y sugerencias que recibimos desde la Iglesia?

d) Nuestra Orden debe apostar por una pastoral de procesos o por procesos de pastoral. No me importa el nombre que le demos; lo que importa es que en nuestros colegios, en nuestras parroquias, en nuestras obras, impulsemos y acompañemos procesos pastorales completos en los que los jóvenes crezcan como personas y como cristianos y puedan, en su omento, optar como adultos por la fe en Jesús. Por eso, una de las prioridades que vamos a tratar de trabajar estos años en la Orden es esta pastoral de procesos, constituyendo un pequeño equipo de trabajo que nos ayude en este camino.

e) Debemos mejorar nuestra formación en pastoral y la formación de las personas con las que trabajamos y que son agentes de pastoral educativa en nuestras obras. Una cosa es trabajar con muchas personas que tienen buena voluntad y disponibilidad para el trabajo, y otra conseguir agentes de pastoral (catequistas, monitores, responsables de grupos, acompañantes) que estén bien formados, que disfruten de su servicio pastoral, que se mantengan más de cinco años en el trabajo, que no lo hagan sólo mientras son estudiantes, que vivan aquello en lo que educan, que sepan, por ejemplo, casarse y encontrar un trabajo adulto y seguir dedicando su tiempo a los niños y jóvenes. En muchos lugares me estáis diciendo algo que es importante: nos cuesta colocar la vocación de agente de pastoral fuera del ámbito del tiempo libre o de la edad de la juventud florida. Y esto es básico para una comunidad cristiana que crea en su futuro.

f) Debemos aspirar a construir “horizontes” para la pastoral. Cuando un proceso camina hacia algún lugar, cuando existen espacios comunitarios de fe adulta en los que los jóvenes pueden ver que es posible vivir aquello en lo que se les educa, entonces la pastoral crece y se fortalece. Por eso es tan interesante trabajar, donde sea posible, por ir configurando comunidades cristianas escolapias que podamos ofrecer como una buena posibilidad de inserción eclesial. Nuestra Iglesia necesita alternativas para los jóvenes; no perdamos la oportunidad de aportar algo bueno en esta gran tarea común de todos los cristianos.

g) Demos a nuestra pastoral un claro tono y carácter vocacional. Ayudemos y propongamos a los jóvenes a que se esfuercen por dar una respuesta vocacional a su fe, en discernimiento de lo que Dios espera de ellos. Y en esa búsqueda, propongamos también la vida escolapia como un horizonte posible, necesario y querido por Dios. De la adecuada relación entre la pastoral general y la pastoral vocacional dependerá buena parte de las posibilidades de una respuesta generosa por parte de los jóvenes.

No quisiera caer en el exceso de propuestas que nos puedan hacer pensar que estamos ante una tarea complicada. Pido a todos que reflexionen sobre la pastoral que estamos llevando en nuestras Demarcaciones y que pensemos si no hay algo más que podamos hacer. No olvidéis que, como en otras dimensiones de nuestra vida, necesitamos “proyecto, responsable y equipo”.

También en esta tarea evangelizadora, que es tan nuestra y tan querida por nuestro santo fundador.

Os envío un abrazo fraterno y mis mejores deseos para todos.

Pedro Aguado

Padre General



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